Capitulo 3

Terry no podía creer lo que veía. Hacía tres meses que no había sabido nada de ella. Y ahora se presentaba así como si nada.

- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó Terry con un tono no muy amigable.

Susana se puso de pie y se dirigió a él con paso felino. Llevaba puesto un vestido rojo cortísimo y con un escote más que sugerente, que dejaba entrever sus operados senos.

Al estar frente a él, intento darle un beso en los labios, pero Terry corrió la cara.

Susana trato de ocultar su enojo ante el evidente rechazo de él.

- ¿Qué sucede cariño? ¿Acaso no te da gusto verme? – Le preguntó colocando su mano sobre el brazo de él. Terry la aparto delicadamente y volvió a cuestionarla.

- ¿Qué es lo que quieres?

- ¿Es que no puedo pasar a visitar a mi marido?

- Ya basta Susana – Contestó el exasperado. – Sabes muy bien que ya no estamos casados.

- Pero yo nunca estuve de acuerdo con eso. – Le dijo ofendida.

- Lo lamento por ti, Susana. Pero lo nuestro se ha acabado.

- Pero Terry... yo te amo – Dijo con lágrimas en los ojos. – Eres el único hombre al que he amado.

- ¿A si? – Le preguntó burlonamente. – Pues no parecías recordarlo mientras te revolcabas con Leegan.

Susana bajó la vista, e intentó parecer arrepentida. Terry no le creyó. Conocía muy bien todas sus tretas.

- Eso ha sido un error. He intentado explicártelo, pero no me has dejado.

- No creo que haya mucho que explicar.

- ¡Claro que sí! – Susana parecía desesperada. – Esa noche... Neil me obligó.

- No parecías muy incómoda que digamos. – Dijo con una sonrisa de medio lado.

- Terry, por favor, tienes que creerme. – Susana había comenzado a llorar.

Terry aún no había olvidado la noche en que había llegado a la casa de Bel Air que compartía con su entonces esposa. Ese día había regresado un poco antes de lo normal de su trabajo. Fue extraño para el encontrarse con las luces apagadas. Se dirigió directo a su habitación, pero antes de abrir la puerta pudo escuchar unos gemidos que venían del interior. Lentamente abrió la puerta, pero nada lo habría preparado para encontrarse con el desagradable espectáculo que estaba ocurriendo en aquella habitación. Su esposa, estaba en la cama con otro hombre, montándolo salvajemente, mientras él le susurraba palabras obscenas. Al parecer, ninguno de los dos había percibido la llegada de Terry, hasta que el carraspeó sutilmente. Entonces, pudo percibir la expresión de terror en los rostros de Susana y su amante. Terry salió de la habitación sin decir una sola palabra. Esperó en la sala hasta que su mujer terminara de vestirse. No tardo demasiado. Inmediatamente intento poner excusas estúpidas para justificar su comportamiento, pero había sido en vano. Terry jamás iba a permitir que una mujer se burlara de él, y mucho menos en su propia casa, en su cama. Tomo algunas cosas y paso la noche en un hotel. Al día siguiente, Terry se encargo de los papeles del divorcio. No quería esperar un segundo más para desvincularse por completo de aquella mujer. No le importó nada. Incluso accedió a dejarle la casa que habían compartido hasta el momento, además de una importante suma de dinero. Susana pareció encantada en ese momento, por eso no entendía que podría estar haciendo en esos momentos allí.

- Ya basta de tonterías, Susana. Mejor dime de una vez que es lo que quieres.

Susana se dejo de rodeos.

- Necesito dinero. – Dijo secamente. Al parecer ya había acabado la crisis emocional que había tenido segundos antes.

- ¿Qué necesitas dinero? – Preguntó Terry con incredulidad. - ¿Cómo es eso posible? Cuando nos separamos te aseguraste de quedarte con bastante dinero como para vivir cómodamente el resto de tu vida sin trabajar.

- Es que... Me ha engañado... Neil me ha engañado. – Susana ya no podía ocultar la furia en su voz.

- ¿Qué es lo que intentas decir? – Terry no podía creer lo que su ex-mujer intentaba decirle. - ¿Has dejado que tu amante te robe?

- No tienes que ser tan cruel. – Dijo ella ofendida. – Yo estaba destrozada por lo del divorcio, y Neil dijo que me ayudaría a administrar el dinero. Tienes que entenderme, no tenía idea que hacer con todo aquel dinero.

- No, claro que no. – Contestó Terry irónicamente. - ¿Cómo ibas a saber qué hacer con tres millones de dólares?

Susana apretó los labios al recordar cómo, estúpidamente, había permitido que Neil le robara.

- ¿Y qué hay de la casa? – Continuó Terry. – ¿También has dejado que te robara la casa?

Terry no necesito que le contestara. Por el rostro de Susana, ya sabía cuál era la respuesta.

- Eso no importa ahora. – Dijo Susana. - ¿Vas a ayudarme o no?

- No – Fue la seca respuesta de él.

Susana echaba fuego por los ojos. No podía creer que Terry se negara a ayudarla. No tenía dinero ni adónde ir.

Luego del divorcio, había decidido seguir los consejos de Neil e irse unos meses de vacaciones. Él le había asegurado que se encargaría de invertir todo el dinero que le había sacado a su marido, solo tuvo que firmarle un poder dándole acceso libre a todos sus bienes.

Neil era un hombre demasiado ambicioso. Susana lo había conocido poco después de casarse con Terry. Habían mantenido una relación estrictamente pasional. Neil se encargaba de darle lo que su marido no podía cuando llegaba cansado a casa después de una larga jornada de trabajo. Pero nunca imagino que le haría algo así.

Al llegar de un crucero por el Caribe, se había encontrado con que su casa había sido vendida y sus cuentas bancarias vaciadas. Intento comunicarse con Neil, pero había sido imposible. Solo en ese momento se había dado cuenta de que la había engañado como a una niña.

Ahora se encontraba en la calle, solo con la ropa que había llevado al crucero. Entonces decidió pedir ayuda a su ex -marido. Estaba casi segura que él la seguía amando. Incluso podría seducirlo otra vez y convencerlo de retomar su relación. No podía creer que la estaba rechazando.

- ¡No puedes hacerme esto Terry! – Susana había comenzado a llorar desesperada. – Se que todavía me amas.

- Eso no es cierto. – Contestó él no dándole demasiada importancia al asunto. – Estoy muy cansado, será mejor que te vayas.

- ¡No tengo a donde ir! – Gritó ella.

Terry rebusco en sus bolsillos y saco unos cuantos billetes.

- Toma - Se los tiro como a un mendigo. – Puedes pasar la noche en un hotel. Pero te recomiendo que busques un trabajo.

Susana tomo los billetes, su valija y salió de la mansión dando un fuerte golpe a la puerta.

Entonces, Terry subió a la habitación, tomo una ducha y se acostó en su cama sin remordimiento alguno. No le importaba lo que pudiera sucederle a su ex -mujer. Según él, había tenido lo que se merecía.

...

A la mañana siguiente, Candy se despertó muy temprano. A decir verdad, no había conseguido conciliar el sueño sino hasta alrededor de las 4 AM. Los acontecimientos surgidos el día anterior la habían mantenido despierta largas horas. Pensaba en su abuelo, en su madre, en Terry... ¿en Terry? ¿Por qué iba ella a pensar en Terry? Sin embargo, Candy se había encontrado a si misma más de una vez pensando en sus ojos, su boca, se preguntaba como seria besar esos labios. Pero no debía pensar en ello. Lo más probable era que él estuviera casado, era casi imposible que un hombre así estuviera soltero.

Cuando Candy bajo a desayunar, nadie se encontraba allí. Aún era demasiado temprano. Se dirigió a la cocina y se preparo un café y unas tostadas.

Estaba terminando su desayuno cuando apareció Caroline.

- Buenos días – La saludó con una sonrisa – Al parecer hoy has madrugado. Me hubieras esperado para que te prepare el desayuno.

- Da igual. – Contestó Candy levantándose y llevando la taza al fregadero.

- ¿Dónde has estado ayer? Estábamos todos muy preocupados.

- Ya lo creo. – Contesto ella irónicamente al recordar como la había tratado su padre.

- Se que no estuvo bien lo que te hiso Charles, pero debes entender, que no tener noticias tuyas en toda la tarde lo ha alterado mucho.

- ¿Sabes algo Caroline? Me importa muy poco lo que sienta Charles. – Después de decir esas palabras, Candy se dirigió a su habitación a prepararse para la escuela.

No había olvidado que a la salida, Terry pasaría por ella. Tal vez esa haya sido la razón por la cual se había maquillado un poco. Ella no solía hacerlo. Pero se convenció mil veces, de que se debía a querer dar una buena impresión a su abuelo y no por Terry.

Se vistió con una falda plisada rosa bastante corta, una remera blanca de tirantes que se ajustaba a su busto y zapatillas converse también rosas. Decidió dejar su cabello suelto, algo que rara vez hacia. Se puso un poco de perfume, se miro al espejo por última vez, tomo sus cosas y salió de la habitación. Antes de que pudiera dar dos pasos, escuchó la voz de Annie.

- Vaya, vaya. – Candy volteo y la vio. Ya estaba preparada para salir. – Veo que el patito feo ha decidido arreglarse hoy.

- No es asunto tuyo. – Le contestó Candy sin darle mucha importancia a sus palabras, pues sabía que Annie diría cualquier cosa con tal de molestar a su hermana. Por ello volvió a dar media vuelta y seguir su camino. Cuando estaba bajando las escaleras, volvió a escuchar la voz de Annie.

- Si crees que Archie se fijará en ti porque te pongas un poco de maquillaje, puedes ahorrarte las molestias. – Candy se detuvo y volteo a mirarla. Tenía una sonrisa maliciosa en el rostro. – Él me lo ha dicho. No quiere seguir saliendo con una niña como tú. Prefiere estar con una mujer de verdad, alguien que pueda satisfacerlo.

- Y esa eres tú ¿Verdad Annie? – Ahora era Candy quien sonreía – Dime una cosa... ¿Cómo logras satisfacer las necesidades de Archie? ¿Te arrodillas frente a él en el cuarto de limpieza y le das placer con tu boca? ¿O sólo utilizas tus manos? Tal vez...

- ¡Cállate! – Gritó Annie furiosa.

- No te alteres, te saldrán arrugas – Le dijo mientras seguía bajando las escaleras. Se detuvo un momento para añadir – Tal vez pueda regalarte una crema anti-arrugas para navidad o... mejor un par de rodilleras. – Candy soltó una fuerte risa dejando atrás a una furiosa Annie.

Sabía que no estaba muy equivocada con lo que había dicho. Los deslices de su hermana eran muy conocidos en toda la escuela. Aún así, le había dado mucho gusto ver el enfurecido rostro de Annie.

...

- ¡Espera! – Candy sintió que alguien la tomaba del brazo mientras caminaba por el pasillo de la escuela. Se dio vuelta y vio a Archie.

- ¿Qué es lo que quieres Archie? – Preguntó ella con fastidio deshaciéndose de su agarre.

- Creo que necesitamos hablar.

- Opino diferente. – Dio la vuelta y siguió caminando, pero Archie se puso frente a ella bloqueándole el paso. – Archie, por favor. Llegaré tarde.

- Entonces prométeme que hablaras conmigo en el receso.

Candy miró su reloj. Le quedaban dos minutos para llegar a la clase de literatura. La profesora Morgan cerraba las puertas apenas comenzaba la clase y no permitía que nadie que llegara tarde ingresara al aula.

- De acuerdo. – Le dijo resignada. – Hablaremos en el receso. Pero ahora... – Dijo empujándolo. – Fuera de mi camino.

Candy siguió caminando hasta llegar a su clase. La profesora Morgan ya estaba en la puerta mirando su reloj.

- 30 segundos más y se quedaba afuera, señorita Britter. – La profesora Morgan era, sin duda, la peor pesadilla de cualquier alumno. Una mujer de unos 60 años, aunque los estudiantes solían decir que tenía unas cuantas décadas más. Era alta y encorvada, con el cabello completamente blanco siempre recogido en un moño. Sus ojos eran pequeños y negros, ocultos tras unas gafas horrendas. Su boca formaba una línea y su nariz era como el pico de un buitre.

- Lo siento, profesora Morgan – Se disculpó Candy bajando la mirada. Esa mujer le daba miedo.

- Vaya a sentarse. – Le exigió.

Candy se sentó en su pupitre al lado de Patty.

- Tara me llamó y me conto lo que paso ayer. – Le dijo en un susurro para que no las oyera la Profesora Morgan.

- Debí haber imaginado que te pondría al tanto.

- Eso no importa ahora... tienes que contarme todo acerca de ese hombre. ¿Cómo es que se llama?

- Terry. – Respondió Candy sonrojándose ante la mención de su nombre.

- Y dime Candy ¿Es apuesto?

- ¡Patty! – Exclamó la rubia. – Eso no es lo importante. Lo que importa es que él es quien va a llevarme con mi abuelo.

- Si, por supuesto... por algo se empieza. – Dijo Patty no dándole importancia a las palabras de su amiga.

Candy no pudo replicarle, pues la profesora había comenzado la clase.

...

- ¡No puedo creerlo!, ¿En verdad se atrevió a decirte eso?

Annie estaba recostada en el campo de la escuela hablando con su mejor amiga, Eliza Leegan. Le había contado lo que la rubia le había dicho aquella mañana.

- Si. – Contesto amargamente. – Pero esto no se va a quedar así.

- Puedes contar conmigo para lo que necesites – Le dijo Eliza a su amiga. – Sabes que nunca me han caído bien ni ella, ni las estúpidas de sus amigas.

Eliza y Annie habían sido las mejores amigas desde muy pequeñas. Ambas tenían mucho en común. No era extraño ver a Eliza cada día con un chico diferente. Annie también lo hacía, solo que se ocupaba de no ser demasiado obvia frente a los demás.

Eliza era una joven alta y delgada de cabello color rojizo, no como el de Tara, sino más bien como de zanahoria. Sus ojos eran grandes y marrones, llenos de maldad.

- He estado hablando con mi hermano – Continuó hablando Eliza. – Dijo que podría conseguirnos más de esas pastillas.

- Eso sería genial. – Contestó Annie. – Tenemos que salir este fin de semana.

- Claro... podemos ir a la disco que fuimos la semana pasada... por cierto... ¿No te han dicho nada tus padres por el estado en que llegaste a tu casa aquella noche?

- Por supuesto que no – Dijo Annie soltando una risa. – Ellos confían completamente en mí. Les dije que me sentía mal y fui directo a mi habitación.

- Es bueno que no sospechen nada.

- Pero dime una cosa Eliza... ¿De dónde saca tu hermano aquellas pastillas?

- No lo sé. Nunca se lo he preguntado. No me gusta meterme en sus asuntos.

- Bueno... no es que importe mucho de todas formas. – Dijo Annie sin darle demasiada importancia al asunto.

- Pero dime, Annie... ¿Cómo has hecho para engatusar a Archie? – Le preguntó Eliza con una media sonrisa.

- Solo he hecho lo que cualquier mujer haría.

- Eso quiere decir que... – La pelirroja le dirigió una mirada inquisitiva.

- Claro – Contestó Annie con naturalidad. – Sabía que Archie estaría trepándose por las paredes al no poder acostarse con Candy... entonces decidí darle lo que necesitaba.

- Te diría que fueras con cuidado. – Comento Eliza mirando hacia adelante.

- ¿Por qué dices eso?

- Mira hacia allá. – Le dijo Eliza señalando hacia el lugar donde ella estaba mirando.

A unos cuantos metros de ellas, estaban Candy y Archie, hablando muy cerca el uno del otro. Annie ardió en coraje al verlos tan juntos.

- Te juro que no voy a permitir que ella se quede con Archie. – Y lo decía en serio. A pesar de la promiscuidad de Annie, ella siempre había estado enamorada de Archie.

Si antes detestaba a su hermana, desde que supo que Candy y Archie eran novios no pudo soportarlo, y había tenido que hacer algo al respecto. Si bien no le había resultado fácil, al final había conseguido llevarse a Archie a la cama. Después de todo, los hombres generalmente suelen pensar con lo que tienen entre las piernas.

Annie lo había decidido. Archie seria para ella.

...

- Candy, por favor, tienes que creerme. – Le suplicaba Archie. – Entre Annie y yo nunca hubo nada.

- No, Archie. Ya no puedo confiar en ti después de hacer visto como la besabas.

- Fue un error, lo admito. Sabes que a la única que amo es a ti.

- Yo ya no te amo. – Dijo Candy con seguridad. Se sorprendió al darse cuenta de que las palabras que decía eran ciertas.

- Claro que me amas. Si no, no hubieras venido vestida de esta manera hoy. – Le dijo lanzándole una mirada insinuante a la rubia.

- No me he vestido para ti.

- No lo niegues más. Sabes que mueres por besarme en este mismo instante. – Archie fue acercando su rostro al de Candy para besarla en la boca pero ella lo esquivo con facilidad.

- ¿Por qué no puedes entender que lo nuestro ha terminado? – Candy ya había comenzado a exasperarse ante la actitud de Archie.

- ¡No Candy! No lo admito. Yo se que volverás a ser mía.

- ¡Nunca he sido tuya! – Gritó ella. – Tal vez nunca te he amado.

- Puedes decir lo que quieras, se que estas ofendida en este momento, pero quiero que sepas que no me voy a dar por vencido.

- Pues te deseo buena suerte. – Le dijo Candy burlonamente antes de dejarlo solo.

Archie estaba destruido. No podía comprender como una mujer lo había dejado. Generalmente, era él quien dejaba a las mujeres y no a la inversa.

Sabía que había cometido un error, pero era un hombre, y Candy no había querido entregarse a él. Fue entonces cuando apareció Annie. Era cierto que era muy hermosa, pero Archie nunca la había mirado como más que a una compañera. Pero comenzó a perseguirlo. Entonces no pudo soportar más sus insinuaciones y decidió dejarse llevar.

La primera vez que estuvieron juntos fue después de una clase de educación física. Annie estaba empapada de sudor, y la remera blanca que llevaba puesta se le pegaba al cuerpo. Archie no pudo soportarlo. La llevo hasta el cuarto donde se guardaban los balones de futbol y la tomo allí mismo de una manera salvaje. Había estado tan desesperado que había olvidado usar protección. En un principio se asusto, pero Annie le había asegurado que tomaba la píldora. Entonces sus encuentros comenzaron a ser más recurrentes, hasta que Candy los encontró. Y todo por un estúpido beso.

El sexo con Annie era fantástico. Tenía que admitir que ella sabia como darle placer a un hombre. Pero no quería nada más que eso con ella. Annie no era una mujer para mantener una relación seria, y eso lo tenía muy en claro. Por eso no iba a permitir que Candy se fuera de su lado. Estaba seguro que lograría reconquistarla, solo le llevaría un poco de tiempo.

Estaba pensando en la manera de conseguir que Candy estuviera con él de nuevo, cuando vio que Annie se dirigía hacia él.

- Hola Archie – Lo saludo con un beso en los labios.

- Annie. – Fue lo único que dijo Archie.

- Pensé que estarías contento de verme, querido. – Le decía Annie melosamente.

- Annie... lo he estado pensando – Comenzó a decirle él – y creo que no debemos volver a vernos.

- ¿Por qué dices eso? ¿Acaso no lo pasamos bien juntos?

- Si pero...

- Pero nada. – Annie se acerco a su oído y le susurro - ¿Por qué no vamos al cuarto de limpieza?

No lo dejo contestar, pues lo tomo de la mano y lo llevo hasta adentro. Se encerraron en el cuarto de limpieza y no salieron de allí sino después de unos quince minutos.

...

Era ya la hora de la salida y Candy estaba muy nerviosa. Se encontraba en la puerta de la escuela con Patty y Tara, cuando un Mercedes negro se paro frente al edificio.

A Candy le dio un vuelco el corazón al ver a Terry, vestido de traje bajar del vehículo y dirigirse hacia ella.

- Buenos días Candy – La saludo con una sonrisa y un beso en la mejilla.

- Buenos días Terry – Candy no podía evitar poner esa cara de tonta cada vez que veía a Terry.

Luego de saludar a sus amigas, Terry condujo a Candy hacia el Mercedes, le abrió la puerta como todo un caballero y luego subió él.

Antes de arrancar el coche, Terry tomo unas cuantas fotos del bolsillo de su saco y se las entrego a Candy.

- Te prometí que te traería fotos de tu madre.

- Terry... – Dijo Candy con lagrimas en los ojos. Tomo las fotos. No podía creerlo. Era la primera vez que veía a su madre.

En la primera foto, su madre debía tener la misma edad de Candy. Era realmente hermosa y Candy pudo reconocer unos cuantos rasgos de su madre que ella también tenía, por ejemplo las pecas.

Candy pasó su mano delicadamente por encima de la foto. Sentía una emoción muy grande en ese momento. No pudo evitar que las lágrimas cayeran.

- Era muy hermosa – Dijo Candy con la voz cargada de emoción.

- Te pareces mucho a ella – Le contestó Terry mirándola fijamente. Justo en ese momento, Candy levanto la vista y sus ojos verdes se encontraron con los azules de Terry.

Sin saber cómo, sus rostros se fueron acercando hasta quedar una distancia mínima entre ellos. Fue entonces cuando Terry reacciono y volvió la vista al frente abruptamente.

- Creo que lo mejor será que vayamos al hospital. – Dijo Terry evidentemente nervioso, arrancando el coche. – Jeremy está ansioso por conocerte.

- También muero por conocerlo.

Candy no podía creerlo. Había estado a punto de besarla. Estaba segura de ello. Pero por alguna razón se había arrepentido.

- Terry...

- ¿Si?

- Cuéntame algo de tu vida. – Le pidió Candy.

- No hay mucho que contar. Creo que te hable de mi ayer en la cena.

- Pero hay cosas que no me has contado... Por ejemplo... ¿Eres casado? – Candy se moría de ganas por saberlo.

- Soy divorciado. – Contesto Terry cortante.

- Entonces... ¿Tienes pareja?

- Digamos que no estoy interesado en las mujeres en este momento.

Candy no dijo nada más y se quedo mirando al frente el resto del camino. Tenía una sonrisa en su rostro. Terry era soltero. Candy no estaba segura de tener alguna posibilidad con él, Terry la doblaba en edad y era muy elegante y distinguido y apuesto, pero al menos podría soñar. Tal vez algún día...

Con ese pensamiento Candy llego al hospital en el que estaba internado su abuelo. El corazón comenzó a latirle más fuerte.

Terry la condujo al interior, y al estar frente a la puerta de la habitación intento tranquilizarla.

- Todo va a estar bien.

- ¿Y si no le gusto? – Preguntó ella evidentemente nerviosa.

- Seria imposible que no le gustaras.

Candy le sonrió. Entonces Terry abrió la puerta y se adentraron en la habitación.

En la cama yacía un hombre de unos 80 años, de cabello blanco y algo corpulento. Al acercarse más a él, Candy pudo ver sus ojos. Eran los mismos que veía cada día cuando se miraba en el espejo. Candy sonrió y Jeremy hizo lo mismo.

- Mi pequeña Candice...

Continuará...


Muchas gracias a todas las que dejan sus reviews, y a las que no dejan pero leen la historia también =)

Voy a tratar de hacer los capítulos un poco más largos pero no prometo nada.

Besosss!