Había dejado el saco con el que entrenaba hacía unos momentos para sentarse a beber agua, debía estar hidratado si quería continuar. Con los guantes a un lado, pero las vendas aún puestas, era libre de usar sus manos para sujetar la botella. Con un día a la semana de asistir al gimnasio a él le era suficiente para mantenerse activo y no dejarse quedar, además el boxeo era algo de lo que disfrutaba, sin mencionar que ayudaba a liberar estrés. A pesar de que algunos pudieran pensar que se trataba de un deporte violento, en realidad era algo gratamente saludable, ninguna de las personas que conocía de allí eran psicópatas, sino que eran tan deportistas como un nadador o un ciclista. Nunca había intentado ir al cuadrilátero, tampoco era obligatorio, él prefería quedarse con el resto de los ejercicios que el gimnasio ofrecía. Cuando terminara de beber le tocaría la soga.
—Arthur —escuchó que alguien lo llamaba, sacándolo de sus pensamientos. Hizo a un lado el agua y lo saludó. De sonrisa amable y reconfortante, con aspecto un tanto andrógino, Thomas era una de las dos amistades que había forjado en el lugar. Algo acerca de él le agradaba a Arthur y lograba hacerle sonreír sin darse cuenta. Particularmente le gustaba entrenar a su lado y observarlo cuando lo hacía por su cuenta, ya no cabía duda de que se trataba de un hombre cuando se ponía los guantes y se lanzaba a la práctica. Era un ser admirable.
Su otra amistad se encontraba en el cuadrilátero. Se concentraba en cada movimiento a la vez que intentaba contener su emoción, pues la adrenalina del momento siempre parecía ganarle. Como veces anteriores le había pasado, perdió el control en sus pies y trastabilló.
—Amelia, tranquila —dijo su entrenador. La chica asintió y procuró esforzarse en su siguiente movimiento.
Cada vez que la veía, cada semana, Arthur no podía evitar cuestionarse a sí mismo. Hubiera querido que fuera de otra manera, pero siempre que se encontraba con ella remitía a él el hecho de que Amelia era bisexual. Era una asociación instantánea en su mente, eso era lo primero en lo que pensaba al toparse con ella. Lucía tan cómoda con ser como era, lo sentía como algo tan natural como cualquier otro aspecto de sí misma. Generaba dudas en él, ¿por qué no podía sentirse de la misma forma? Hacía un tiempo que esto lo atormentaba, casi desde el momento en que la había conocido, en ese entonces había decidido olvidar quién era fuera del gimnasio y, no sabía por qué, pero le había dicho a ambos que él era bisexual también. Simplemente habían asentido y seguido con lo suyo.
En este caso Thomas es Nueva Zelanda y Amelia, como habrán sospechado, Nyo Estados Unidos.
