El caballero feroz

El reino de Nejet había caído. Pese a su alianza con los reyes y hechiceros de Eleitias, Menftu y Rakotis (habitado este último por gente venida desde el otro lado del Mediterráneo y que hasta entonces habían vivido pacíficamente en Egipto), la derrota de los reinos llegó desde el creciente e invencible imperio de Aquem, venidos aquellos desde las tierras donde alguna vez vivieron el clan de los Ishtar.

Por un largo tiempo, los egipcios vivieron sometidos a la voluntad de los invasores, perdiendo en crudas batallas innumerables vidas y reliquias sagradas, entre las cuales, las lápidas de los Espíritus de Monstruo eran destruidas sin posibilidad de recuperar el poder que encerraban.

Los Ishar que presenciaron todas aquellas calamidades, lograron salvaguardar su preciado libro desde Nejet hasta Eleitias, además de la biblioteca, la cual, procuraban mantener fuera del conocimiento de los Aquem.

El reinado de terror llegó a su fin cuando el ejército del rey de Makedo, Alejandro el Grande, fue apoyado por los egipcios, pues aquel hombre fue visto como su salvador y al tiempo que ocurrió la derrota de los Aquem en todos sus territorios conquistados, en Egipto, Alejandro fue proclamado faraón, reconociéndose rey de los cuatro reinos que se unieron en el pasado: Nejet, Menftu, Eleitias y Rakotis. Estos dos últimos pueblos vecinos que con el paso del tiempo fueron adjuntados sus territorios, pasó a llamarse Alejandría.

Como último acto de despedida de los sobrevivientes Aquem, iniciaron un incendio en la biblioteca de los Ishtar. Poco fue lo que se pudo salvar, contando también vidas humanas del clan. Por mucho, se creyó que el nuevo incendio había sido más devastador que aquel que sufrieron en Marak.

O-O

Entre los sobrevivientes del clan de los Ishtar, un hechicero, descendiente de la familia real de Nejet e hijo de uno de los salvadores de Makedo, logró salir de Egipto junto a su familia, cruzando el Mediterráneo y llevando con ellos el Libro de Hechizos.


En otro tiempo, quizás, habría sonreído. Pero ahora no. La visión de la captura de los rebeldes, aunque le decía que había cumplido bien con su labor, no le era ni un poco satisfactorio. En medio de aquellos hombres que iban atados de pies y manos, divisó a uno muy joven, quizás -pensó-, casi de la misma edad que su hermano menor; con esa misma mirada acusadora.

Y las palabras de Noah, volvían a resonar en su cabeza:

"Y si de pronto yo tuviera uno de esos Espíritus... ¿Me ejecutarías también?"

Apartó la vista de los prisioneros mientras gruñía con fastidio. Con una mano, dirigió las riendas de su caballo, dispuesto a dar la vuelta.

Por ahora, la labor de dirigir aquella misión había concluido. El viaje de Hierles -donde se encontraban- a Liorn, donde todos aquellos prisioneros tomarían su sentencia, les llevaría algunas horas.

Su misión como Caballero de la Orden de los Cinco, había terminado. Después de ese día en adelante, Timeo, conde de Árin, se retiraría de capturar a todos aquellos practicantes y sospechosos de hechicería y ejecutar a todos aquellos que fuesen poseedores de los temidos Espíritus de Monstruo.

Era una labor que llevaba ejerciendo desde cinco años atrás por todo el reino de Árlamo y sus alrededores. Junto a sus compañeros Hermos de Grumed y Critias de Galaí, los tres hombres eran reconocidos por sus captores como los "caballeros de la muerte".

La época de los faraones había terminado desde hacía mucho tiempo atrás. Comenzaba la era de la reconstrucción.


Hasta donde había sabido siempre, su hermano mayor Timeo recorría los caminos del reino de Árlamo en una más de sus misiones bajo el servicio del rey Zigfried, el cual consistía en recaudar impuestos o captura de algunos rebeldes que se oponían a Su Majestad. Siendo así, Noah se quedaba en el palacio de Árin, acompañado por sus leales sirvientes.

Pero Noah prefería estar solo. Quedar a cargo de un palacio y su servidumbre era algo que Timeo había estipulado, sin embargo, en su tiempo libre, Noah tenía mucho qué hacer. Aunque eran pocas las personas que sabían leer y escribir por aquella época, el joven leía y escribía con mucho interés acerca de los "hechiceros naturales", estos últimos, eran gente de la cual se decía, practicaban magia desde su nacimiento, denominados así por ser ermitaños que habitaban en los bosques para su protección.

Noah no comprendía de qué o quiénes se protegían aquellos hombres, hasta que terminó enterándose de los caballeros de la muerte, enviados por el rey. Uno de los cuales, llevaba el nombre de su hermano mayor.

O-O

A la vuelta de su viaje, Timeo llegó a su palacio cuando recién había caído la noche. Bajó de su caballo, entregándolo a la servidumbre y de inmediato se adentró a las cámaras hasta llegar a su dormitorio, donde reemplazó su ropa por otra limpia. Y después, cuando pidió que le fuera servida la comida, en el comedor, su hermano menor lo esperaba. Timeo, a pesar de su agotamiento, notó que diferencia de otras veces, Noah se encontraba menos entusiasmado por su regreso.

-¿Qué te ocurre, hermano? -preguntó Timeo a Noah una vez que terminaron la cena y los sirvientes se retiraron-. ¿Pasó algo en el palacio durante mi ausencia?

-No, en lo absoluto -respondió aquel, saliendo de su lapso silencioso y sonriendo-. Es sólo que, he sabido en estos días algunas cosas...

-¿Cosas? ¿Qué tipo de cosas?

-Pues... he ido al pueblo en estos días. La última vez fue ayer, por la mañana. Todo iba muy tranquilo y cuando los sirvientes y yo nos disponíamos a volver, escuché que los hechiceros de los bosques querían un acuerdo de paz con el rey y así deje de capturarlos...

Timeo, que prestaba atención a las palabras de su hermano, sonrió cuando escuchó esto último.

-El rey sabe quienes son sus enemigos y quienes son sus leales. No deberías de preocuparte por una gente que no hace más que perjudicar desde mucho tiempo atrás. Fueron los causantes de muchas desgracias..

-Entonces, ¿tú sabes quiénes son los encargados de esa labor? ¿Quiénes son los que capturan a los hechiceros? -preguntó Noah, con algo de desconcierto, anhelante de que Timeo mostrara un poco de sorpresa e ignorancia en el tema.

Sea porque estaba de buen humor o por los efectos del vino, Timeo, por el contrario, se observaba solícito a hablar.

-Noah, hace años, entré al servicio del rey. Como sabes, es una labor de la que tengo el privilegio de tener la confianza de Su Majestad. Y ello ha hecho que desde hace mucho tiempo, exista la Orden de los Cinco, encargada de mantener la seguridad del reino si ello implica que uno de esos hechiceros sea el causante de hacer peligrarlo.

Aunque sonreía, Noah sintió dentro de su ser que lo siguiente que Timeo iba a decir, no le iba a gustar. Sin embargo, prosiguió con la plática.

-Ya veo. Y he sido testigo de que tu labor te lleva por muchas partes del reino.

-Claro. Consiguen escaparse y esconderse en pueblos pequeños, engañando a la gente del lugar para que los ayude. Pero al final, no consiguen huir de nuestra justicia. Hermos de Grumed casi es vencido por uno de ellos y por otro que tenía un Espíritu de Monstruo de una bestia. Pero logramos vencerlos. A esos, los de los Espíritus, son los enemigos más grandes.

Aunque Noah había oído hablar de dichos Espíritus de Monstruo y sus portadores, le pareció que Timeo se refería a ellos con desprecio.

-Entre ellos y los hechiceros, no han hecho más que causar desgracias en cada reino donde han aparecido. Sin embargo, su población ha bajado mucho hasta nuestros días después de que ocurrió el Día de la Ira...

-¿El Día de la Ira? -preguntó Noah, con algo de desconcierto, pues de ese acontecimiento nunca había oído hablar.

Timeo sonrió.

-Es cierto, creo que no te he contado la historia. Hace años, cuando me ordené caballero, me la relató uno de los Hermanos de la Orden. Por entonces eras más joven y creí que un relato así no te gustaría. Ahora, creo que puedes entenderla, al igual que la misión de la Orden.

Hizo memoria, aunque no se esforzó demasiado. Conocía de sobra la anécdota, pero aun así, omitió algunos detalles. Comenzó:

-En esa tierra de Alejandría, más al sur del río Nilo, hubo un reino. A los reyes de esas tierras se les llamaba "faraón" y se dice que una vez, un príncipe, hijo de uno de esos faraones, murió repentinamente. Los dioses de ese reino se pusieron furiosos, volviendo a los Espíritus de Monstruo en contra de la gente quienes los alimentaban en su cuerpo. Miles de personas murieron por ello, cayendo desfallecidos como el príncipe. En Alejandría, se dijo que ese príncipe había muerto por una enfermedad, causada por una plaga, al igual que toda esa gente de varios pueblos cercanos, pero no fue así. Los hechiceros fueron los culpables. Ese fatídico día, para Alejandría y el resto de los habitantes del Valle del Nilo, es conocido como "el Día de la Ira de los Dioses". Por eso, Critias, Hermos y yo tenemos el deber de acabar con esos individuos que posean un Espíritu de Monstruo y quienes practiquen esa magia, para que no vuelvan a ponerse en contra de los inocentes. Como Caballeros de la Orden de los Cinco, debemos evitar que un segundo "Día de la Ira" ocurra.

"Pese a cualquier cosa"-completó Noah mentalmente. Era un hecho entonces que frente a él, un "caballero de la muerte" defendía su labor.

La historia que Timeo acababa de contarle, por otro lado le resultó interesante.

-¿Cómo se llamaba ese príncipe que murió?

-No lo sé, Noah. Pero existen esos Espíritus de Monstruo y los hechiceros, quienes se protegen unos a otros para conspirar desde su nacimiento, porque donde hay uno de ellos, están los otros. Sea verdad o no que ese hombre existió, muchos pueblos hablan de que la causa de la muerte de mucha gente fue por culpa de ellos, comenzando con el príncipe.

Siguió un instante más de silencio, en el Timeo aprovechó para vaciar otra copa hasta que su hermano volvió preguntar:

-¿Y tu crees que de verdad esa gente quiere tener en ella un Espíritu de Monstruo o siendo hechiceros?

La mirada de Timeo se volvió seria. al igual que su voz.

-Lo quieran o no, su destino está sellado en nuestras manos... Debemos obediencia al rey sobre cualquier cosa...

-Y si de pronto yo tuviera un Espíritu de Monstruo... ¿me ejecutarías también?

Timeo se puso de pie, dando un golpe a la mesa.

-¡Ya basta, Noah! ¡Si dudas de mis acciones, estás dudando de tu rey!

Desde aquella plática de los hermanos, habían pasado cerca de un año, Tiempo en el cual, Timeo había continuado con su labor, pero que no olvidaba las palabras de su hermano.

O-O

La familia de Árin había obtenido su título noble y su apellido por haber defendido y mantenido con sus medios dicha región, además de sus aportaciones a la nobleza de Árlamo. Llegados desde el norte de Grecia muchos siglos atrás, la sangre bélica siempre había hecho que por lo menos un varón de la familia, por generaciones, entregase su vida a las armas.

Timeo, como primogénito, heredó el título noble, además de que desde muy pequeño, se había mostrado dispuesto a ser también el portador de las armas de sus antepasados. Eso daba cierta libertad a Noah, aunque secretamente, Timeo creía que su hermano menor iba a terminar sus días dirigiendo una abadía.


Timeo iba a tardar todavía más días en volver al palacio después de su última misión en los bosques de Hierles.

Era probable que su renuncia a la Orden no iba a ser bien recibida. Ni siquiera él creía lo que estaba a punto de hacer.

Pero no podía seguir yendo en contra de la voluntad de los que quería más allá de su lealtad. Noah, por un lado, lo había hecho molestarse cuando hablaron acerca de su labor. Pero Serenity, simplemente había cambiado su voluntad.

Hija del fallecido y respetado Caballero de Eclesto y prima de Hermos de Grumed, Timeo sentía que para ser digno de la mano de la joven, debía hacer méritos iguales o más trascendentales que el padre de la joven. Por tal causa, había aceptado ser caballero de la Orden de los Cinco, además de librar sus propias batallas en torneos con otros caballeros, en los que salía vencedor muchas de las veces.

La había conocido en un baile ofrecido por la familia de Hermos y al que su otro camarada, Critas, no había podido asistir. A partir de entonces, Serenity de Eclesto y el conde de Árin se habían visto y escrito muchas veces. Timeo consideraba que ella le otorgaba una visión del mundo más apasible, algo muy necesario para él después de haber estado por días sin dar tregua a los enemigos.

Hermos, amigo de Timeo desde la infancia, había apoyado a los jóvenes tanto como le era posible, guardando el secreto para el resto de ambas familias y conocimiento general. Timeo iba a desposarla, según le había dicho a Hermos, pero no hasta que su nombre fuera tan respetado como el de los más valientes caballeros de la antigüedad.

Sin embargo, su renuncia a la Orden haría que perdiera bastante de ese respeto y posiblemente, le tomaría más tiempo el llegar a forjar un prestigio a su nombre, pues el ser conde no era suficiente.

Pero tiempo después de la discusión entre él y Noah, Timeo pudo ver a la joven en uno de los lugares donde ella frecuentaba en compañía de sus doncellas.

Hablaron también y tal parecía que Timeo llevaba todo en su contra. Aunque Hermos y él habían mantenido con discreción su labor como caballeros de la Orden de los Cinco, salvo que Timeo, había dado una descripción más amable a la joven. Pero al igual que con Noah, lo inevitable había sucedido.

Al igual que con la plática con su hermano menor, Timeo tampoco olvidaba las palabras de Serenity, la cual, abordó el tema con su habitual voz llena de pacífica bondad:

-Por ti he sabido cuál es la labor de la Inquisición y su misión, la cual se cumple fervientemente sobre todo el reino de Árlamo sin descanso. Y cuando vienes, sé que haz cumplido con tu deber.

Él la escuchaba con atención, como siempre. Hasta que ella continuó:

-Pero ese deber, Timeo, me preocupa...

-¿Preocuparte? -dijo él, aun con la seriedad en su voz-. Armado con mi espada, usando mi armadura y al lado de mi caballo, no hay motivo para temer a nada...

-Eso es lo que me preocupa, los enemigos del reino, a los que ejecuta la Orden por tu mano... Timeo, ¿es cierto que entre los enemigos hay mujeres y niños?

De nuevo, se sentía acusado. Como si cada uno de esos hechiceros fueran los jueces, capaces de engañar al resto de la gente, por las cuales, él peleaba. Por la paz de Árlamo.

-¿Quién te dijo eso?

-Los rumores llegaron hasta aquí...

-¿Fue tu doncella? ¿Fueron tus criados?

-Fueron las voces que vienen y van por estos rumbos. Dijeron que en una villa, los caballeros de la muerte entraron, blandiendo sus espadas sobre los desarmados e inocentes, no importándoles si eran niños, ancianos o mujeres... Que lo único que supieron los sobrevivientes fue que eran enviados por la Orden...

-¿Y tú crees eso, Serenity?

-¿Serías capaz de hundir tu espada sobre un inocente?

No respondió, pero a cambio de eso, volvió a preguntar:

-¿Hermos te ha dicho algo?

-Hermos piensa de mí que sólo escucho el canto de las aves y que mi principal preocupación es mantener este jardín impecable sin saber lo que pasa más allá... Por eso confié en ti, aun antes de quererte como ahora lo hago, porque siempre me hablaste con la verdad... Y ahora te pido que me respondas con esa misma verdad...

Si admitía haber hecho todo aquello que ella describía como algo vil, se ganaría su rechazo. Hablaría, pues, con la verdad. Con esa verdad que la Orden le había enseñado.

-El reino tiene muchos enemigos, Serenity... Y no importa cuál es la cara del traidor...

-Entonces... no sólo portas la justicia, sino también la muerte...

-Es mi deber. Mi lealtad está con el rey.

-¿Y la lealtad dice que la mano férrea de la justicia llegue hasta los indefensos?

-¡Nadie que porte ese tipo de bestias sobre sí es indefenso! ¡Reinos enteros han caído en manos de los que se decían débiles para después atacar con vileza por la espalda!

Pronto, se arrepintió por haber alzado la voz ante ella, lo cual nunca antes había sucedido. Pero tantos años en la Orden, tanto tiempo obedeciendo, tanto tiempo creyendo una sola verdad, lo hacía que casi de forma involuntaria, saliera en su defensa. No quería ser la causa de la tristeza de Serenity. Sentía que la brecha causada por Noah comenzaba a agrandarse: de un lado su labor y del otro, las personas que más le importaban en el mundo.

Ella tomó la palabra antes de que él pudiera disculparse:

-¿Sería tu enemiga entonces si te ruego que no vuelvas a usar tu espada contra uno de esos que crees traidor?

-¿Pides que renuncie mi lealtad al rey?

-Pido que busques a los verdaderos enemigos y que no seas injusto...

-La razón de mi vida es pelear, por la lealtad al reino, a nuestro rey... Ser digno de tu mano un día cuando mi labor sea consagrada como la que dio paz a nuestra gente...

-Y ese día sabré que haz hecho bien, sin embargo... No quiero que a tus espaldas lleves el peso del caballero de la muerte... Termina ya tu labor con la Orden... Renuncia a ellos.

O-O

Terminada su visita a Liorn, donde la Orden de los Cinco tenía su localización y sede desde hacía mucho tiempo atrás, Timeo se despidió de sus superiores y sus camaradas. Pero antes de partir, solicitó una audiencia con el Real Regidor de la Orden, la cual, quedó pactada en tres semanas. Sólo con aquel hombre, Timeo podía tratar el asunto de su renuncia. Hasta entonces, nadie sabía su propósito de aquella reunión.

Era hora de volver a Árin, donde su hermano lo esperaba. Le transmitiría la noticia que después haría saber a Serenity por medio de una carta.


Llegó a su palacio cuando la tormenta empezaba. De un momento a otro, el viento había cambiado y el cielo se volvió negro. A sus espaldas, Timeo escuchaba los truenos que iban aproximándose, aunque no se preocupó; antes de que cayera la primera gota, ya estaría en su hogar.

Y así fue. Fue recibido por la servidumbre, como de costumbre, aunque cuando entró al palacio, notó que algo en el ambiente había cambiado, como si algo denso e invisible deambulara entre los pasillos de cada recinto.

Lo que siguió después terminó por hacer que su preocupación comenzara a crecer. Aunque su hermano Noah lo recibió con cordialidad, era difícil engañar a Timeo. Una de sus habilidades -o trabas- del conde era el ser muy perceptivo. Del mismo modo sabía cuando un prisionero mentía al oír su confesión o al escuchar hablar a alguno de sus amigos o camaradas. Sin embargo, en otras ocasiones, Timeo simplemente prefería no ver más allá. Por ahora se encontraba cansado y quizás aquello que percibía en el ambiente no era más que su propia preocupación por los eventos venideros que cambiarían el rumbo de su vida.

Noah entonces le dijo que había estado enfermo varios días atrás, incluso había padecido algo de insomnio, pero que ya se encontraba mejor.

La próxima partida de Timeo sería hasta el día de la audiencia con el regidor. Había decidido decirle a su hermano su propósito de abandonar la Orden, pero al final, decidió que lo mejor sería hasta después de la reunión de Liorn.

Esa noche a penas y pudo conciliar el sueño. Timeo pensaba mucho. Oyendo los truenos del exterior y por cada rayo que iluminaba brevemente la estancia atreves de los cristales de su dormitorio, imaginaba que de pronto había cometido un error. Que cuando llegase el regidor simplemente se disculparía por haberlo hecho viajar desde Árlamo, que después hablaría con Noah y con Serenity y les explicaría que él no había cometido ningún delito con serle fiel a su ideales. Y entonces, si lograba convencerlos, continuaría como caballero, sin importarle que los hechiceros lo llamaran de ese modo tan lleno de calumnias. Pero, so no funcionaba, si su hermano y ella terminaban por darle la espalda, entonces ¿de qué le servía seguir en la Orden sino podía tener su propia causa, la cual era proteger a sus seres queridos?

Además, aunque le costaba admitirlo, ya todo era distinto; cada vez que sus soldados capturaban a los hechiceros, de entre ellos veía a por lo menos uno que le recordaba a su hermano o a Serenity. Una vez, incluso, estuvo a punto de liberar a una joven y a su hermano menor. De haber sido así, no solamente Timeo ya no sería caballero de la Orden, sino que además sería ejecutado por traidor.

Cuando la tormenta se calmó y unas pocas gotas seguían bañando el tupido bosque que rodeaba el palacio, Timeo pudo dormir.

O-O

A la mañana siguiente, la pasó en su cámara, sin ánimo de abandonar su lecho. Parecía que las energías lo habían abandonado también.

Quizás con el propósito de no molestarlo, Noah no lo visitó, lo cual, hizo pasar a Timeo mucho tiempo a solas con sus pensamientos.

Cuando ya no fuera caballero, pasaría más tiempo en su palacio, dedicándose a una vida más tranquila. Algo que lo consumiría de tedio, pero por lo menos pasaría más tiempo en compañía de su hermano. Y después, quizás podría participar en torneos, pues aunque ya no perteneciera a la Orden, su título prevalecía, siendo suficiente para dejarlo combatir junto a otros caballeros. Aunque eso no se compara ni un poco con su labor en la Orden en cuanto a méritos y respeto se refería.

Sin embargo, ya había hecho una promesa. No había vuelta atrás. Su palabra debía ser mantenida y por aquellos que quería debía renunciar.

En los días siguientes había recuperado parte de su ánimo. Le pareció que su hogar ya no tenía esa densidad que cuando llegó. Recibió la visita de su amigo Hermos de Grumed y aún cuando conversaron y pasearon en sus caballos por los alrededores del palacio, Timeo no le habló de nada más. Como despedida, Timeo mandó un mensaje a Serenity atreves de su amigo, el cual decía que en una fecha específica, quería verla donde acostumbraban, pues iba a darle una noticia.

Pero Noah, por otra parte, no se veía mejor. Al parecer, seguía con insomnio. Timeo se propuso vigilarlo.

O-O

Noah, por su parte, desde días antes de la llegada se Timeo, había hecho un descubrimiento.

Siempre había sido más tranquilo y con un gran interés sobre las letras. Había aprendido a leer y escribir aun más joven que su hermano mayor y había hecho que una cámara del palacio fuera destinada a guardar todo tipo de libros y documentos que llegaban a sus manos, pese a que algunos no los comprendía por estar en otros idiomas, pero aun así le resultaban interesantes, imaginando o intuyendo el contenido.

Un día, Noah decidió bajar a los sótanos del palacio, sin saber que desde entonces, su vida cambiaría.

Con el propósito de surtir las reservas de vino, Noah y varios criados bajaron, alumbrados con antorchas. Por las escaleras de piedra, el joven y el resto de los hombres se topaban con toda clase se vida diminuta, tales como insectos o escuchando el chillido agudo de ratas. Decidieron entonces terminar con la labor lo más rápido posible para no toparse con los roedores.

Una vez que llegaron frente a los barriles de vino y la cámara subterránea quedó iluminada por las antorchas, Noah escuchaba a sus sirvientes ejecutar la tarea de cambiar o mover los barriles, pero la mirada del joven se fue hasta el otro lado de la cámara, a la oscuridad.

Noah no había ido nunca más allá de donde los toneles estaban, pero en cada visita, sabía que la amplia cámara continuaba con pasillos oscuros y repletos de humedad. La curiosidad lo terminó venciendo y tomando su antorcha, dejó a los sirvientes mientras que él se iba adentrando por un pasillo que lo llevó a otras cámaras.

Noah conocía de sobra el palacio, pero hasta entonces, nunca se había imaginado que su hogar, en sus sótanos, tenía dos calabozos. Provistos aun con puertas y cadenas para los prisioneros -pero carentes de alguna entrada de luz-, imaginó que quizás ni siquiera Timeo sabía de la existencia de dichas habitaciones, las cuales, se veían que no habían sido usadas en mucho tiempo.

O quizás -pensó-, era mejor que su hermano mayor no supiera que disponían de calabozos. No podría soportar ver que la Orden de los Cinco llevaran al palacio a la gente que iban capturando.

Iba a regresar con sus sirvientes, pero un ruido lo hizo volverse. Noah contempló cómo una rata salía de entre un agujero de un muro de los calabozos. Con extrema facilidad, el roedor empujó la loza de piedra para dejarla caer al suelo y después salir huyendo fuera del recinto. La rata había movido dos de esos ladrillos, pero un había caído. Noah se percató de que dichas lozas, a diferencia del resto, simplemente estaban sobrepuestas, como si hubiera algo al otro lado de la pared.

A riesgo de que otro roedor saliera desde ahí para atacarlo, Noah se aproximó para remover las piedras. Una por una, las rocas fueron cediendo, hasta que en el fondo, alumbrando con el fuego, el joven observó un manto gris y viejo que envolvía un objeto del tamaño de un cofre.

Noah lo sustrajo lentamente, pero por el peso de aquel objeto, supo que se trataba de algo más ligero y pequeño que un cofre. Quitó parte del manto que lo cubría y para su sorpresa, descubrió un libro.

Un libro muy viejo, pero muy bien conservado. Debido a la escasa luz de su antorcha, no pudo ver su contenido, pero eso no impidió que lo tomara y lo llevara fuera de aquel calabozo para llevarlo a su habitación, donde pasó parte de la tarde y noche pasando sus manos sobre las hojas.

Hasta que de pronto, en medio de la noche, las hojas se sacudieron por sí solas, asustándolo.

El reflejo de uno de los escudos de plata sujetos a la pared por delante de él, le dijo que una presencia invisible lo estaba vigilando. Era un hombre, vestido con una capa, traje blanco y adornos de oro, además de que, para su sorpresa, el rostro y cabellera de ese hombre le recordó mucho a su hermano Timeo, pero con una mirada de furia inmensa sobre sus ojos.

Cerró el libro, asustado y sin atreverse a volver a tocarlo.

Esa noche y las siguientes, Noah no durmió mucho. Sentía como si estuviera siendo vigilado desde las sombras, aunque tampoco abandonaba su propósito de saber la identidad de ese ser.


Era de noche. El palacio se hallaba a oscuras y en silencio.

Timeo había pasado su tiempo en una de las estancias del palacio, dando lectura a algunos de los mapas que su familia resguardaba desde muchos años atrás. Cuando su vista se cansó, guardó cada manuscrito, con intención de retirarse a su dormitorio. Pero antes, pasaría a la cámara de su hermano, para saber si aquel dormía o seguía padeciendo insomnio.

Tomó una luz que lo fue guiando por los pasillos y lentamente, se fue haciendo camino hasta con su hermano.

Conforme más se acercaba, Timeo percibió de vuelta aquel ambiente pesado y denso, haciendo, incluso, que la llama que llevaba fuera haciéndose más pequeña hasta casi apagarse. Nunca había presenciado algo así. Y sin quererlo, sus pensamientos se fueron hacia los hechiceros que capturaba. Ningún hechicero que había enfrentado antes había hecho tal embrujo. Y además, estaba totalmente seguro de que su hermano no sería capaz de emplear algo así. Pero la prueba estaba frente a sus ojos. Noah, de algún modo, estaba rodeado de ese tipo de magia. Timeo se inquietó. Pero antes de dar un paso más para abrir la puerta de la cámara de su hermano, se detuvo otra vez. Desde dentro, el conde escuchó una voz. La voz de su hermano, que seguía despierto.

Timeo escuchó todavía más la voz de su hermano menor conforme iba acercando su oído. Noah hablaba con alguien quien aparentemente, le respondía sin que Timeo pudiera oír la voz de ese interlocutor.

El desconcierto del conde incrementó cuando lentamente y sin que su hermano lo percibiera, abrió un poco la puerta para ver una escena de lo más extraña e inquietante:

Noah estaba sentado frente a una mesa, encima de la cual, había un libro. El muchacho no miraba las páginas del libro, sino al frente, donde había un escudo donde se veía reflejado. Aparentemente, según apreció Timeo, Noah le hablaba a su reflejo. Sin embargo, el muchacho dirigía unas palabras al reflejo, como si se tratara de un desconocido:

-¿Quién eres?... ¿Eres un rey?... ¿Proteges el libro?...

Incapaz de seguir viendo la escena, Timeo irrumpió en la cámara, sobresaltando a su hermano, quien de inmediato puso sus manos sobre el libro para cerrarlo.

-Noah, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué hablas solo? -demandó el conde, mirando a su hermano y al libro que aquel había cerrado-. Y ese libro, ¿qué es lo que tiene escrito? ¿De qué se trata todo esto?

Noah guardaba silencio, reteniendo la mirada a su hermano, en parte, sin saber qué responder.

-¡Háblame, Noah! -insistió Timeo, acercándose al joven mientras colocaba una mano sobre la mesa donde el libro estaba colocado-. ¡Exijo tu respuesta o quemaré ese libro en la hoguera! ¿Qué hay escrito ahí? ¿Dónde lo obtuviste?

-Yo... -comenzó a hablar Noah por fin, aun con dudas sobre lo que iba a decirle al conde-. Ese libro lo encontré...

-¡¿Dónde?!

-Aquí, en el palacio... Y además, desde que lo tuve en mis manos... Puedo ver a alguien...

-¿A qué te refieres con eso?

Timeo temblaba internamente. No quería que su hermano viera algo invisible para él, en especial la temida palabra "Espíritus".

-Pues... -continuó Noah-. Creo que era un hombre o un espíritu... Habita en el libro y puedo verlo reflejado en ese escudo cuando tengo el libro en mis manos. Parece que está furioso y dice palabras que no entiendo...

-Noah... -lo detuvo Timeo al ver que conforme hablaba, el joven se iba inquietando cada vez más-. ¿Comprendes lo peligroso que sería si llega a saber de esto otra persona que no sea yo?

-Si...

-Bien. Por tu bien, hermano, debo hacer lo correcto.

Timeo tomó el libro de entre las manos de Noah mientras aquel protestaba al adivinar el propósito de su hermano. Se puso de pie, pero Timeo apartó al muchacho empujándolo. Noah perdió el equilibrio y cayó al suelo sobre su costado derecho.

-¡Por favor! ¡No lo destruyas! -imploró el joven al conde, el cual, permaneció de pie, impasible- ¡Lo mantendré oculto! ¡Seré más cuidadoso!

-¡No permitiré que continúes con algo que terminará por destruirte!

"De algún modo -pensó Timeo, furioso-, de algún modo los hechiceros entraron al palacio y lograron engañar a mi hermano... Incluso los sirvientes son traidores al permitirles la entrada... ¡No me retiraré de la Orden hasta que los responsables de haber traído esto caigan ante mí..."

Timeo reanudó su camino, pero al llevar de vuelta su vista al frente para salir de la cámara, Noah pudo ver que su hermano de pronto había dejado de moverse para mirar por delante del camino que iba a recorrer, desconcertado y sorprendido.

Timeo miraba un punto fijo al vacío, palideciendo.

-¿Hermano? -preguntó Noah, observando a Timeo, quien no hizo caso a las palabras del muchacho.

O-O

En efecto. El espíritu al que se refería Noah era un hombre. Timeo advirtió que esa presencia pertenecía a otro pueblo o época pasada debido a su ropa y adornos de oro. En general, parecía una copia de sí mismo, pero con un tono distinto de su piel y ojos, además de que aquel hombre parecía furioso, quizás, por haber descubierto la intención de Timeo de querer quemar el libro.

-No te lo permitiré...

Tales palabras dichas por el ser sobrenatural, hicieron retroceder un paso al conde, pero a pesar de su desconcierto, logró hablarle:

-¿Qué eres?

-No te lo permitiré... -repitió el espíritu, con tono amenazante.

-¿Qué es lo que quieres?

La presencia no respondió, pero a cambio de eso, dio un paso al frente.

-Aléjate de nosotros -espetó Timeo al espíritu.

Sin más, Timeo soltó el libro, dejándolo caer al suelo de roca. De inmediato, la visión de aquel desconocido se había desvanecido.

O-O

-¿Hermano? ¿Qué fue lo que ocurrió?

Timeo iba recuperándose mientras veía aquel libro antiguo que su hermano de inmediato levantó.

-¡No lo toques! ¡Déjalo ahí! -ordenó el joven a Noah-. ¡O ese espíritu podría volver!

Noah, por toda respuesta a la orden de su hermano, sólo exclamó.

-¡Lo viste! ¡Tú también lo viste!

-¡Los hechiceros hicieron esto, Noah! ¡Debemos deshacernos de ese objeto pronto! ¡Aunque ese espíritu dijo que no lo permitiría, debemos quemarlo!

-¡No! ¡Esto no tiene nada que ver con los hechiceros! Este libro ha estado aquí desde hace mucho tiempo atrás. Somos sus dueños ahora y yo quiero que esté a salvo en el palacio.

Aunque Timeo estaba más tranquilo que antes, no estaba dispuesto a ceder ante la petición de su hermano.

-Noah... la Orden de los Cinco podría saber de esto y ellos no investigarán si el libro tiene o no relación con los hechiceros. Es magia después de todo y eso es suficiente para ser castigado.

-Eso no pasará. Además, está escrito en un idioma totalmente desconocido, ¿cómo podrían saber lo que dice?

-Si ellos ven también al espíritu que ambos vimos, no dudarán en acusarnos de algo a lo que yo he combatido por años... Y no soporto siquiera el pensar lo que te depararía... Así que ahora, yo te lo pido: deshazte de ese libro, hermano.

Siguió un silencio en el que Noah miraba pensativamente al libro antiguo, aun sosteniéndolo entre sus brazos.

Luego, devolvió la mirada a Timeo, para decirle:

-Tengo una amiga en el pueblo. Creo que ella podría ayudarme a decidir...

-¿Una amiga? ¿Una hechicera? -preguntó Timeo, preocupado.

-No. No es una hechicera. Pero ha venido desde Alejandría, cerca de donde era el príncipe de la historia que me contaste alguna vez. Ella sabe mucho sobre sus antepasados y creo que podrá decirnos si este libro podría pertenecer a otras tierras lejanas...

-Es peligroso, Noah. Además, esa amiga tuya podría ser buscada por la Orden.

-No lo creo. Ella no es una hechicera. Además, ya lleva tiempo viviendo en el pueblo. Su nombre es Ishizu Ishtar.

Timeo escuchó aquel nombre, sin reconocerlo como buscado por la Orden. Sin embargo, tuvo una sensación extraña en su ser.

-Ambos iremos a ver a esa mujer. Y de camino, tú me dirás cómo fue que la conociste, Noah. Y si ese libro resulta ser algo que tiene que ver con los hechiceros, lo destruiré.

-Y si no es así... ¿hablarás con el espíritu del libro? Hace un momento dijiste que lograste entenderlo, algo que yo no he podido hacer.

-Veremos... Por ahora, deja ese libro fuera de la vista de todos.

Su hermano menor asintió. Por esa noche, la tranquilidad había regresado, algo que se perdería en mucho tiempo en el palacio.


¡Hola!

¡Muchas gracias por sus comentarios y sobre todo, su paciencia!

Bueno, para este capítulo, con Alejandro, me refiero al personaje del spin-off Capsule Monsters y un poco al histórico Alejandro Magno. También, decidí usar el nombre Timeo a Timaeus. Como en sí, este y el nombre de Crítias fueron sacados de los Diálogos de Platón y como sabemos, el texto es reconocido de ese modo al castellano: Timeo (y creo que así me confundo menos para su forma humana jeje). En la serie en español latinoamericano, la pronunciación es diferente (sonando como Timáius, que a su vez parece que es la pronunciación del latín al inglés tye-MEE-us, referenciado en como Timeaus).

Igualmente, espero que siga siendo de su gusto.

¡Saludos y hasta la próxima!