"... ruego que este corazón sea ininterrumpido ..."

Backstreet Boys "Incomplete".

Parecía tan destrozado mientras contemplaba el claro cielo nocturno. Agarró la barandilla del balcón con una desesperación que ella pensó antinatural en él. Estaba temblando "Hecate, debes prometerme", susurró, volviéndose hacia ella. Ella se quedó sin aliento ante el miedo que veía en sus ojos. "Si sucediera lo peor... debes prometerme..."

Sailor Mars estaba en la boca de la cueva, recordando vagamente la última vez que se había aventurado en esta oscuridad. Malachite los había atacado, y luego fueron llevadas a la luna. Allí, ellas recordaron...pero no era toda la verdad.

Ella siempre había sabido que algo faltaba, pero no importaba entonces, ni importaba ahora, años más tarde, mientras estaba de pie en la cueva que conducía a lo que una vez fue el escondite de Beryl. Nada realmente importaba.

Excepto eso.

Los tacones rojos hicieron ruido contra el frío suelo, enviando fuertes ecos tras ella. No le importaba que se escucharan. No quedaba nada aquí.

Mientras se aventuraba audazmente a través de la oscuridad, su mente volvió al momento en que recordo. Ella había estado orando. El fuego se elevo anormalmente alto, y su mente fue invadida por un poder familiar que trajo una ola de recuerdos a su paso. El ataque de visiones la debilitó; ella casi se desmayó, pero Hino Rei no era alguien a quien se le pudiera vencer tan fácilmente. Ella se recompuso y continuó orando.

No le importaba lo que ocurrió en el pasado. Ni un poco.

Ella siguió adelante.

Sus tacones sonaron con fuerza mientras corría por los pasillos desconocidos del Palacio Dorado Terrian. Ella ignoró los gritos de advertencia de Mercury cada vez más débiles detrás de ella. Había una magia extranjera aquí. Como guardiana de los fuegos sagrados de Mars, su deber era purificar el mal donde lo encontrara. Y toda la magia Terrana era malvada.

Ella se acercó más a la fuente, mientras se adentraba más y más profundamente en el corazón del castillo. Su sexto sentido estaba fuera de control. ¡Tenía que encontrar la fuente!

Las grandes puertas dobles doradas aparecieron al final del pasillo. Detrás de ellos estaba la magia. Ella convocó los poderes sagrados de Mars para ayudarla. El fuego se formó en sus puños cuando abrió las puertas. Con un fuerte grito de batalla, lanzó las llamas hacia adelante.

El fuego voló derecho y exacto hacia el sorprendido hombre que estaba de pie ante un altar dorado. Un fuego rugiente ardía entre dos pájaros dorados que se erguían orgullosos y fuertes con sus alas echadas hacia atrás en pleno vuelo. La túnica azul oscuro de él se hinchó mientras se giraba, con las manos extendidas hacia enfrente.

Mars sonrió para sí misma. Nadie podía detener sus llamas.

El fuego se reunió sus manos. El giró sobre sus talones mientras sus manos se movían en un arco junto al movimiento de su cuerpo. El fuego lo siguió. Se formó un anillo a su alrededor mientras guiaba las llamas alrededor de su cuerpo y las soltaba de nuevo.

Mars se congeló en shock. Ella apenas se recuperó a tiempo para reabsorber el fuego en su cuerpo. E incluso después, no pudo moverse. El fuego que se filtraba en su cuerpo no era el suyo. Jadeó cuando el calor desconocido se hundió profundamente en su alma. El sudor se formó sobre su cuerpo, y sus piernas se agotaron. Miró al extraño, mientras su flequillo de color ébano ocultaba su miedo. ¿Cómo había controlado su fuego mientras cambiaba el diseño mágico?

El extraño se volvió hacia el altar como si nada hubiera pasado, inclinó la cabeza y rezó. Sailor Mars cayó al suelo, su cuerpo ya no era capaz de hacerle frente. Su corazón estaba acelerado. Ella tenía que centrarse.

"No sé lo que dicta el decoro de su planeta, Doncella de Fuego, pero en Terra tenemos una costumbre bastante estricta al entrar en una habitación", dijo de repente. Levantó la cabeza, aplaudió dos veces y se volvió. "Se llama golpear".

Sailor Mars sintió que sus cabellos se elevaban en la parte posterior de su cuello. ¡Cómo se atrevía a hablarle de una manera tan irrespetuosa! Ella se puso de pie, la debilidad abandonó su cuerpo como si huyera de su ira. Sin embargo, la marea de desprecio disminuyó cuando vio el colgante colgando de la correa de cuero alrededor de su cuello. Era como si un poco de fuego se hubiera cristalizado; El símbolo planetario Terrian estaba grabado en el centro. Ella misma tenía el mismo colgante que llevaba el símbolo de Mars.

Era un guardián elegido de los fuegos sagrados.

Y por la apariencia de su túnica ceremonial, él era de un grado más elevado que ella. Inmediatamente se arrodilló y bajó la cabeza, avergonzada.

"Perdóname, hermano, no sabía—"

"¿Que Terra tenía un miembro de la orden?" Su tono era tanto de reprimenda como de burla. "No te preocupes, hermana celestial, muchos no lo saben".

Ella se sonrojó bajo su reprimenda. Eso era cierto. Ninguno de los miembros del Milenio de Plata creía que Terra poseyera algún remanente de las viejas tradiciones. Se creía que la llama sagrada de Terra se habia consumido antes de la Era de las Tinieblas, cuando murió el último rey mágico.

Las suaves pisadas atrajeron su atención hacia la realidad. Si lo deseaba, por orden sagrada, podría hacer que la despojaran de su posición. La sangre real no importaba en esta Orden. Cerró los ojos y esperó.

Él le puso la mano en su cabeza y le revolvió el pelo.

"No temas, Hécate, no te castigaré".

Ella se congeló bajo su toque. "Cómo…cómo…"

El se arrodilló junto a ella y le susurró al oído: "Hay una razón por la que los Elegidos Terrian fueron sellados del resto de la Orden".

Su aliento caliente contra su oreja envió un extraño escalofrío por su espalda.

Se puso de pie y salió, dejando a una Sailor Mars muy alterada sola.

Como ese día, su sexto sentido la guio a su destino. Se movió a través del laberinto de corredores como un espectro, sin temer a un Youma callejero. No había nada más en estas cuevas a lo que tuviera que temer. Ella era la Sailor Senshi más valiente, más fuerte y más despiadada. Incluso la cruel Sailor Uranus no podía vivir tan sin emociones como ella. Ella era la apasionada Sailor Mars que vivió por encima del amor. Su corazón estaba muerto, y no le importaba.

Acompañó a su princesa al palacio. Sabía que esto no era una visita diplomática ordenada por la reina, aunque su princesa había jurado una y otra vez que si. Ella estaba obedeciendo. Su princesa habría ido con o sin ella, pero Mars estaría condenada si permitiera que Júpiter o su líder cuidaran a la princesa en este peligroso planeta. Y esta vez, ella no sería tomada por sorpresa.

Entraron en la sala del trono. Mars sintió disgusto al ver a su princesa inclinarse respetuosamente ante el rey y la reina de Terra. "Bárbaros," siseó en voz baja.

Sin embargo, ella también tuvo que inclinarse. No se arriesgaría a un enfrentamiento, a pesar de sus sentimientos.

Se abrió una puerta a la izquierda de los tronos y entró el Príncipe de Terra, flanqueado por sus cuatro generales. Ella entrecerró los ojos cuando lo vio entrar. Ahora estaba vestido con su uniforme, una prístina chaqueta blanca con adornos rojos, pantalones marrones y una larga capa blanca. Dos espadas colgaban del cinturón de cuero en su cintura. La empuñadura de las espadas, notó, tenían forma de garras de águila.

Una chispa de miedo sacudió su corazón mientras sus ojos se movían hacia ella. Él sabía su verdadero nombre. Eso significaba que él tenía poder sobre ella. ¿Pero cómo lo supo?

Sus palabras desde su primer encuentro atormentaron su memoria. Una razón... ¿qué razón? Daba igual. Los terranos eran bárbaros. La Reina Serenity era una tonta por querer reabrir el comercio con personas como ellos, pero como Senshi, no iría en contra de los deseos de su Reina.

La princesa Serenity tomó el brazo del príncipe Endymion y se dejó llevar a los jardines. Sailor Mars lo siguió, y, para su disgusto, también lo hizo el Sacerdote. Caminó a su lado. Su presencia era sofocante. Podía sentir el calor de su llama interior moviéndose sobre su piel, llamando al fuego dentro de ella. Para su horror, sintió que el fuego se elevaba en su sangre como respuesta. Su magia zumbaba por el deseo de fusionarse con la suya.

Dieron vuelta a una esquina, y de repente, estaban solos.

"Parece que no prestas atención a lo que te rodea, Hecate", le reprendió. "Es una debilidad peligrosa para un guerrero".

Ella miró a su alrededor. Estaban rodeados por tres lados por un imponente seto cubierto de rosas rojas. El bloqueó el único camino de regreso al jardín. Estaba atrapada, pero no le permitiría tener poder sobre ella al mostrarle su miedo. De pie, ella echó la cabeza hacia atrás en desafío. "Presumes mucho usando mi nombre tan libremente".

Cualquier otro hombre se marchitaría bajo el fuego en sus ojos, pero no él. Él sonrió, complacido con la amenaza en su voz.

"Es tu castigo, niña", respondió él con voz sedosa. "¿No conoces tus leyes sagradas? Cuando un miembro de una orden planetaria ingresa al templo de otra orden planetaria sin ser invitado, el nombre sagrado de ese miembro se revela como un castigo por faltar al respeto a la orden sagrada. Tú irrumpiste en mi ritual, así que tu nombre se me revelo.

Eso es injusto!" espetó ella, retrocediendo mentalmente ante el tono infantil en su voz. "¡No sabía que la Orden Terrana aun se conservara"

Él se rió fríamente ante su protesta. "¿Creías que tú y las Senshi eran las únicas guerreros mágicas que quedaban en el universo? Oh, cuán arrogante se ha vuelto tu Alianza".

Ella se molestó.

"¡Sólo un bárbaro diría tal calumnia!"

"¿Quién es bárbaro, Hécate?" preguntó, reprendiéndola una vez más con el uso de su nombre. "¿Puedo preguntar la razón de tu intrusión?"

Por ley sagrada, ella estaba obligada a responder. Ningún miembro de un rango menor podría negar la verdad a un Elegido superior. Inclinando la cabeza, dijo:

"Sentí una poderosa magia cerca de la ubicación de mi Princesa. Como estábamos en Terra, sentí que era una amenaza y fui a detenerla".

"Con eso, quieres decir que toda la magia Terrian es malvada".

Ella se sonrojó, sintiendo vergüenza por sus acciones por primera vez en su vida.

Su capa crujió con la brisa mientras él se giraba.

"Me parece que la verdadera barbarie es no permitir que un pueblo avance en los caminos que antes se consideraban sagrados".

Se detuvo en la entrada de una gran caverna. La luz fosfórica cambio la habitación a un tono azul pálido. Ella se estaba acercando a su destino. Pronto, todo habría terminado. Ella volvería a la vida, y tal vez, ayudaría a sus amigas a seguir adelante también.

Makoto se había encerrado en su apartamento.

Minako estaba de gira.

Y nadie había tenido noticias de Ami en días.

Rei entrecerró los ojos. Necesitaban superarlo. El pasado era el pasado. Tenían un futuro reino para el cual prepararse. Deshacerse por los amores del pasado era una pérdida de tiempo. Cuanto antes completara su tarea, mejor.

Ella apresuro la marcha.

Pronto, muy pronto…

"¿Cuál es tu nombre?"

El levantó la vista del informe que estaba leyendo. "¿No has aprendido el sutil arte de tocar?"

Ella cruzó los brazos y se apoyó contra el marco de la puerta. "Dime."

El dejo caer el informe y lo dejó rodar hacia atrás cuando se sentó y cruzó las manos.

"No es difícil. Cuando te acerques a una puerta cerrada, forma tu puño y golpea tus nudillos contra la madera tres veces. De ahí el término 'golpear'".

Se apartó del marco de la puerta, sin estar ya intimidada por sus modales arrogantes. Ella se quedó atrás, sin embargo, porque todavía había un nivel de respeto que tenía que dejar. No admitiría que su magia todavía vibraba en su presencia. Cuanto más se resistía, más se agitaba. Ella lo evitó lo más posible, pero eso lo empeoró. Aun asi ella aguantaría. Era fuerte.

"Respóndeme".

El se puso de pie y pasó junto a ella con pasos largos y elegantes. Cuando la pasó, ella sintió que su magia saltaba dentro de ella. Presionándose contra su pecho como si tratara de escapar. Ella la obligó a volver.

Él cerró la puerta.

"Sabes mi nombre."

"No, mi Lord Jadeite", respondió ella mientras caminaba de regreso a su escritorio. "Han pasado dos meses. El castigo no debe seguir. ¡Es menosprecio!"

"No me preocupa que tengas miedo de ser controlada", dijo mientras revisaba el desorden en su escritorio. Recogió una hoja de papel enterrada, la examinó y la volvió a dejar. "Y si recuerdo, no he hecho nada que ejerza control sobre ti".

Ella apretó los puños con irritación.

"La única forma de romper el castigo es que me des tu nombre de buena gana".

El se volvió lentamente, sus ojos azules, del mismo color del corazón de una llama, se encontraron con los de ella.

"No le daré mi nombre a quien no quiera recibirlo".

Estoy dispuesta!" Ella chasqueó.

"No, no lo estas", contradijo con un movimiento de cabeza.

"¡Yo lo estoy!" Ella gimió de nuevo. "¡Lluvia en el altar! ¿Entiendes lo que me está haciendo este castigo?"

"¿Entiendes las consecuencias de tus acciones?" espetó de nuevo. El calor de la habitación aumentó visiblemente. Sailor Mars retrocedió ante su demostración de poder. Dio un paso adelante mientras hablaba, sus ojos quemaban en el alma de ella. "Exiges libertad, pero ¿A qué precio? ¡Intercambiar nombres forma el vínculo más fuerte! ¡Ni siquiera se hace entre un señor y su sirviente! Le diste tu nombre a tu princesa, pero nunca te atreverías a pedir el suyo. ¡Es algo más allá de la igualdad! Tal vínculo no debe ser tomado a la ligera".

Ella retrocedió de nuevo y se detuvo. Estaba atrapada ahora contra la puerta. Buscó a tientas el asa, pero su presencia mágica la congeló en su lugar. El calor salía de él en oleadas. Su magia corrió por sus venas, rogando ser liberada, para fusionarse con su llama más poderosa.

La Ley de Intrusión se estableció para que una situación como la nuestra no se produjera!" dijo con firmeza. "De hecho, es un castigo cruel tener tal control sobre ti. Y peor aún, si el maestro es del sexo opuesto..." Se calló. Él estaba parado directamente frente a ella. Un paso más uniría sus cuerpos.

Ella lo miró, hipnotizada a pesar de sí misma. Él era más alto que ella; Más alto, más fuerte y más poderoso. La asustó y la excitó. Su corazón tronó en sus oídos. Su garganta estaba seca. Ella tragó mientras esperaba que él terminara.

Sus ojos brillaron con indecisión. "¿Sabes por qué la Orden Terrian fue aislada del resto?" Ella sacudió la cabeza lentamente. "Es porque la llama Terriana es demasiado salvaje. Contiene dos lados, ambos peligrosos a su manera. Uno arde con la pasión por la vida; el otro arde con el deseo de destruir. La llama Terrana consume toda la maldad de las llamas planetarias. Es por eso que es la más fuerte". Él le acarició la cara con una mano temblorosa. "Es por eso que tu magia llama a la mía".

Dio un paso adelante. Ella jadeó cuando su cuerpo presionó contra el de ella. Su magia estalló a su alrededor, finalmente pudo conectarse con él a través del contacto físico.

"¿Entiendes lo que me pides?" susurró de nuevo. "Si te lo digo, no hay vuelta atrás. Si te lo digo, serás consumida".

Ella lo miró a los ojos, perdida en el remolino de poder. Era un bárbaro. Un terrian. Él tenía el control. Ella quería libertad. Quería la liberación.

Lo quería a él.

Ella asintió en silencio.

Se inclinó y le dio un suave beso en la frente. "Muy bien entonces." Sus labios trazaron un camino hacia su oído, donde susurró: "Mi nombre, mi hermosa Hécate, es Suzaku".

La puerta de entrada que bloqueaba su magia del otro se abrió, y como dos ríos que se precipitaron, su magia se fusionó.

La debilitó.

Ella se apoyó contra él y se consumió.

Ella estaba aquí.

Era una caverna pequeña y húmeda. No había luz, excepto por el débil resplandor proveniente del gran cristal que se alzaba horriblemente en el otro extremo. Caminó hacia adelante, con el rostro en blanco, hasta que estuvo cara a cara con la piedra.

El le devolvió la mirada, su rostro era una máscara de conmoción y terror.

Rei puso una mano enguantada contra el ataúd de hielo. Vibraba con energía negativa. Una fría sonrisa se dibujó en sus labios mientras lo saludaba. "Hola, mi Lord Jadeite".

No había muerto esa noche en el aeropuerto. El Fuego Sagrado de su templo le había revelado eso poco después de que se aclararon las visiones. En cambio, él estaba aquí, atrapado, esperándola.

Ahora ella podría terminar lo que comenzó.

Él se quedó de pie en el balcón mirando hacia el claro cielo nocturno. La luz de la luna perfilaba cada hendidura de su pecho, y la brisa fresca bailaba a través de su enredado cabello dorado. Estaba preocupado, ella podía sentirlo a través de su vínculo.

Ella envolvió la sábana de seda alrededor de su cuerpo y se deslizó de su cama. Sus pies descalzos la impulsaron a través del frío suelo de baldosas hasta que quedó detrás de él. La luz bailaba a través de la banda de rubí que rodeaba su dedo anular izquierdo mientras ella le acariciaba el hombro.

"Suzaku, ¿qué ocurre?"

El miró hacia abajo.

"Una criatura de gran oscuridad ha invadido Terra. Ya ha infestado a los Reinos Central, Occidental y Norte con su maldad. Sus ejércitos se están agrupando en las fronteras. Lord Nephrite y yo hemos hecho todo lo posible para contener el mal pero es demasiado. Temo por Terra". Su voz se volvió aún más grave cuando susurró: "Temo por mi Príncipe".

Habia mas. Ella esperó a que él le dijera.

Suzaku miró hacia el cielo nocturno.

"El príncipe Endymion me ha pedido que lleve a las Fuerzas Especiales en una misión de reconocimiento. Mis hombres están preparados para morir, si es necesario, para informar la fuerza del enemigo".

Estaba evitando el verdadero problema.

"Amado", susurró ella, "¿Qué te está molestando realmente?"

Parecía tan destrozado mientras contemplaba el claro cielo nocturno. Agarró la barandilla del balcón con una desesperación que ella pensó antinatural para él. Estaba temblando "Hecate, debes prometerme", susurró, volviéndose hacia ella. Ella se quedó sin aliento ante el miedo que veía en sus ojos. "Si sucediera lo peor... debes prometerme..."

"¿Qué?" preguntó ella, con el miedo apretando su estómago. Ella no entendia ¿Qué estaba diciendo?

"Este demonio está transformando los corazones de las personas al extraer el profundo mal en su interior". Se interrumpió, incapaz de soportar la verdad que estaba a punto de decir. "Dentro de mi corazón...enterrado profundamente en la oscuridad... está todo el pecado del universo. Lo contengo. Es mi carga. Temo enfrentar a este demonio, porque puedo... puedo..."

"¡Para eso!" Ella chasqueó. "¿Cómo puedes pensar que eres tan débil?"

"Soy humano, Hécate. Primero y ante todo, todavía soy humano. Y los humanos son débiles". Se volvió completamente hacia ella y le tomó las manos. "Si la batalla me transforma*, debes matarme". El rostro de ella palideció a la luz de la luna, pero él siguió adelante. "Solo tú puedes. Si ese demonio me supera, tu fuego puede salvarme. Por favor, Hecate, prométemelo".

Ella no había dicho nada. Solo asintió. Eso no era una promesa verdadera. Pero a él le dio esperanza, y por eso, se alegró. Se aferró a la creencia de que él era lo suficientemente fuerte como para no caer. Una semana después, el informe de su desaparición llegó a sus oídos. Ella había ido a Terra para exigir la verdad. Endymion no quería hablar con ella. Lord Kunzite y Lord Nephrite se estaban preparando para la guerra, y Lord Tanzanite estaba demasiado ocupado tratando de encontrar a su amado. Esa fue la confirmación suficiente.

Ella había esperado durante días dentro de su Templo, rezando para que él regresara. La princesa misma tuvo que ordenarle que saliera. No volvió a ver a su amado hasta aquel fatídico día en la luna.

Ella yacía en el campo de batalla, incapaz de respirar. El poder de los Guerreros de las Sombras era mucho más de lo que había imaginado. Luchó por ponerse de pie. ¿Dónde estaban las otras? Ella no podía verlas. Apretó los dientes y obligó a su cuerpo a moverse. Un paso a la vez. Tenía que encontrar a las demás.

"Bueno, bueno, sobreviviste", vino su voz anormalmente fría detrás de ella. Mars se volvió lentamente, con la incredulidad escrita en su rostro. Allí estaba él, su amado, vestido con un uniforme gris oscuro y una sonrisa fría en sus labios. "Entonces de nuevo, se supone que las Sailor Senshi son difíciles de matar".

No podia ser verdad. Ella trastabillo hacia atrás, incapaz de soportar la vista.

Él se rió fríamente cuando ella cayó al suelo.

"Nunca aprendiste a prestar atención a donde ibas". Sacudió la cabeza. "Una debilidad muy peligrosa por cierto, Hécate".

Mars se quedó sin aliento. El sonido de su nombre pronunciado en un tono tan lleno de odio aterrizó en sus oídos como un golpe físico. ¿Qué le había pasado para cambiarlo así? Sus palabras hicieron eco a través de sus oídos..."Dentro de mi corazón... está todo el pecado del universo..."

¿Era esta la mitad malvada de su alma? ¿De quién él le había advertido? ¿Era este el fuego que ansiaba destruir?

No. Era demasiado orgulloso para darse por vencido. ¿Pero cómo? ¡Cómo!

¿Lo hizo ella? Esa bruja ¿Fue ella?

¿O era el demonio que tanto había temido? ¿Fueron los poderes de ese demonio realmente tan fuertes que podrían vencer incluso los fuegos sagrados más fuertes?

Ella lo miró, congelada, paralizada, mientras el desenvainaba su espada.

"¡Adiós, amada!"

Mars cerró los ojos y gritó:

"¡Suzaku!"

Su brazo se congeló en medio del ataque.

"¿Cómo me llamaste?"

Ella tragó las lágrimas que crecían en su garganta.

"¿Suzaku?"

Sus duros ojos azules se fundieron en una llama líquida. Jadeite dejó caer su espada y aferro su cabeza. Gritó de dolor cuando el fuego azul lo rodeó. "Hecate..." jadeó de repente. Cayó de rodillas; una mano agarró su pecho, mientras la otra trataba de alcanzarla.

"¿Amada?" Susurró, aturdido, confundido, como si despertara de un sueño.

Ella sollozó de alivio. Él no se había ido realmente. Ella se arrastró hacia él y lo jaló contra ella.

"¡Estás vivo!" ella lloró.

Agarró sus hombros y susurró: "No, mi amor, no lo estoy". Su cuerpo temblaba por la tensión; El sudor corría por su frente. Ella observó con horror como sus ojos se volvieron hielo, luego fuego, luego hielo y de nuevo a fuego. Su alma luchaba desesperadamente contra la oscuridad. "No puedo contenerlo por mucho tiempo, no aquí. Hay demasiada maldad. Demasiada..." Se calló con un dolor visible. Su agarre sobre sus hombros se apretó. Buscó sus ojos desesperadamente. "En cualquier momento, perderé el control. Temo lo que te haré... a mi Príncipe, a este reino".

Las lágrimas brotaban de sus ojos. Ella negó con la cabeza, incapaz de soportar la idea de que se había llegado a esto. "Por favor, no me lo pidas."

Él limpió sus lágrimas con el pulgar, el amor más profundo brillando a través de su dolor.

"Lo siento mucho, amante. Pero debes olvidarme de mí".

" No!" Ella se arrojó contra su cuerpo y sollozó rota. "¡No me lo pidas!"

"Hécate..." Él la abrazó.

Ella sintió que se perdía en la oscuridad. Ella escuchó su espada cayendo en el suelo. Aún así, ella se aferró a él. No dijeron palabras mientras el conducía la espada a través de su corazón.

Rei negó con la cabeza, desterrando los recuerdos a las profundidades más oscuras de su alma. Ella había sido demasiado débil para cumplir su promesa. Pero ya no más.

Entrecerró los ojos, su resolución quieta y firme. Ella cumpliria su sagrado deber. Destruiría su maldad. Presionando ambas manos contra el hielo, susurró, "Fire Soul*".

Los Fuegos Sagrados de Mars salieron de sus manos y giraron alrededor de la prisión. Ella dio un paso atrás para mirar. El hielo se derritió en trozos que se disolvieron con un siseo, liberando una niebla negra en el aire. Observó desapasionadamente cuando el cruel guerrero conocido como el General Jadeite despertó de su sueño solo para caer en un infierno. Sus gritos de dolor cayeron en oídos sordos.

Ella vio como el Fuego Sagrado consumía su cuerpo. Era lo que el se merecía por ser débil.

De repente, desde las llamas, ella lo vio... sus ojos, fuertes y claros, mirándola. A través del fuego, lo vio sonreír. "Gracias, Hécate..." susurró.

Su corazón se detuvo.

Con un grito final, murió, su cuerpo cayó en el fuego y desapareció en ceniza.

Rei esperó con aliento contenido por lo que sucedería después.

Los momentos pasaron como una eternidad insoportable. Sin embargo, ella esperó.

Sería pronto. Todo terminaría pronto.

El dijo que su fuego lo salvaría.

Ella esperó.

Nada…

Eso no podría estar bien. Se suponía que algo iba a pasar.

"¿Suzaku?" Ella susurró. "Esto no es divertido. ¡Vamos!"

Nada.

¡Se suponía que sería salvado! ¿Qué salió mal?

"¡Suzaku!" ella gritó.

Las lágrimas brotaron de sus ojos. ¿Qué salió mal?

Ella cayo de rodillas. Las cenizas volaron a su alrededor mientras cavaba en el hollín. ¡Era Suzaku! ¡El Fénix que renacería de nuevo! ¿Dónde estaba el?

Sus dedos encontraron algo en la ceniza. Ella lo agarró y lo sacó.

Era un medallón de llamas de fuego con el símbolo Terrian grabado en el centro.

Rei se quedó en shock.

Ella había cumplido su promesa. Ella lo había matado.

Hino Rei, la apasionada Senshi que vivía por encima del amor, apretó el medallón contra su pecho y sollozó.

No era justo

Ella había cumplido su promesa. Él había caído, y ella lo había matado.

Era tan injusto.


*Decidi dejar la oración en ingles porque en el anime en japonés todos los ataques son en ingles XD

Nota del traductor:

¡Maldito "Su"! Jamas me habia dado cuenta de que esa palabrita podía ser un dolor de cabeza. Y es que cuando en ingles la oración tiene genero, al momento de ponerlo en español la traducción es "su" y te obliga a añadir mas texto para que se pueda entender.

Lamento haberme tardado tanto en este capitulo pero tuve una semana difícil entre tareas y exámenes, además de que un familiar murió, estoy a solo un par de horas de irme al funeral fuera de la ciudad y a pesar de que tengo que terminar la tarea antes decidi subirles el episodio porque sino tendrían que esperar hasta el lunes o martes.

Por cierto, el siguiente es el de Ami