Maestros Tormenta
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Resumen: T3 UA desde Maestros de Fuego Control. En lo profundo de la selva de la Nación del Fuego, la pandilla descubre una pícara tribu de exiliados ninja de la tribu agua que envían a Zuko y a Katara en una misión para obtener los planes de batalla secretos de la Nación del Fuego.
Disclaimer: ALLDA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon y Paramount. No sacó ningún beneficio haciendo esta historia.
Agradecimientos: Mi lista de favoritos, especialmente a AKAVertigo y Orepookpook quienes me dieron un poco de arte fresco; y a todos los de Capstara y KZ por HABER ESTADO AHÍ y haber sido tan GENIALES. Un agradecimiento especial para Orepookpook por discutir los mejores puntos de la figura Yu Yan conmigo.
N.T.: No es mío, no es mío, no es mío. Nada de lo que ven en sus pantallas me pertenece. Que pena, no?
Noches de tormenta, días de niebla, sin final;
Tristes días cuando el sol
Brillaba con vanidad: viejo dolor y dolor
Aún sin empezar. -- Edward Thomas
Cuando abrió los ojos, un dulce extraño cubría su lengua. Miel y algo más – Kallu. Así lo había llamado Zuko. Todavía se acordaba. Aunque se había quedado dormida. ¿Cuándo había pasado eso? ¿Por la tarde? ¿Más tarde? El cielo estaba violeta, ahora -– el crepúsculo casi acababa. Alguien debió de haberla acompañado -- ¿llevado? -- hasta su habitación. Cuando se estiró, no detectó estrellas en su vista, ni sintió un aplastante dolor en la cabeza. Cuando se puso de pie, su estómago no protestó excepto para decirle cuán vacío estaba.
Hora de cenar.
Pero cuando levantó los brazos para desperezarse, su nariz le dijo algo diferente: hora de bañarse. Olió su cabello: la savia del kallu todavía estaba allí también, y cubría su cuello donde había tratado de quitárselo.
-Hora de bañarse será –anunció y agarró una toalla. Si llegas a casa ruidosa y alegre, lo menos que puedes hacer es presentarte limpia a cenar.
Sin embargo sus planes para un enjuague rápido se desvanecieron, por la presencia de Akna y otra Maestra Tormenta, Ju Li, en la cámara de baño.
-Hola, Katara –la saludó Akna-. ¿Te sientes mejor?
-Estoy muy bien, gracias –contestó Katara. Sus manos vacilaron en los nudos de su vestido. Había estado desnuda frente a Toph en incontables veces, pero Toph no podía verla. Y claro que dormía y practicaba en ropa interior pero…
-Adelante –instó Akna-. Somos todas mujeres de la Tribu Agua en una forma u otra.
Katara tenía sus dudas en cuanto a eso. Aún así, no se iba a limpiar del todo quedándose parada allí. Desató los nudos y se deslizó sus prendas fuera de su cuerpo antes de doblarlas y colgarlas del borde del abrevadero. Se metió en él y buscó el jabón.
-Ju Li calentó el agua –comentó Akna.
-Ah, muchas gracias –repuso Katara-. Está, eh, muy agradable.
Ju Li se encogió de hombros y cubrió sus ojos con una toallita.
-No dejen que me duerma.
Akna asintió.
-Seguro –miró a Katara-. ¿Quieres que te ayude con tu cabello?
-¿Qué tiene de malo? –replicó Katara.
-Oh, nada –respondió Akna-. Es sólo que pensé que podía lavarlo por ti.
Katara frunció el ceño. Esta mujer tenía el doble de edad que Sokka y era dos veces más obvia chupando las medias.
-No tienes que ser agradable de más conmigo, sabes. Ya le gustas a mi papá.
Akna se sonrojó.
-Sé cómo se siente tu padre, Katara. Y... yo siento lo mismo por él.
El agarre de Katara en la barra de jabón se ciñó y empezó a lavarse.
-Bueno, buena suerte, entonces –retrucó-. Espero que te guste la nieve, porque el Polo Sur está lleno de ella.
-Nunca he visto nieva –confesó Akna-. Bueno, no nieve real. Solo la que yo puedo congelar. Nunca he dejado esta selva.
Katara se detuvo.
-¿En serio? ¿Nunca?
-Sólo una vez –se corrigió Akna-. Cuando ayudé a tu padre a escapar fue la primera vez que salía. Los Maestros Tormenta tienen que vivir en armonía con los Guerreros Sol; si alguien nos encuentra, podrían encontrarlos a ellos también. Así que tenemos que mantenernos escondidos.
-¿Pero y si quieres irte?
El rostro de Akna se ensombreció.
-No podemos –su expresión cambió y esbozó una sonrisa-. Supongo que estoy tratando de decir que estoy un poquito celosa de ti. Eres una gran maestra, tienes toda tu vida por delante, y ya has visto más mundo que la mayoría de la gente.
Katara enjabonó sus manos y las pasó por su cabello.
-Supongo… -nunca había pensado en ello, antes. Había estado en un extremo del mundo y en el otro. Había visto ambos Polos, comido con reyes, luchado con la realeza, y conocido espíritus del conocimiento y mujeres que podían ver el futuro-. Aunque es todo por Aang –se excusó-. Si no fuera por él, todavía estaría en el Polo Sur.
-Eso no es verdad –refutó Akna-. Incluso si te hubieras quedado, seguirías siendo la persona que el Avatar escogió para que lo acompañara en su viaje. Reconoció algo especial en ti. Y no era solo tu agua control.
Katara abrazó sus rodillas y recordó la cálida y rápida impresión de sus labios sobre los de ella, la manera en que había cerrado los ojos, la manera que la sostenía y la besaba en despedida como alguien que estaba sólo saliendo fuera de la puerta, como había visto a su padre besar a su madre alguna veces durante las temporadas ocupadas.
-No estoy segura que es lo que vio.
-Te vio a ti –exclamó Ju Li debajo de su toallita-. Eso fue suficiente.
Akna sonrió.
-Era más que tu agua control. Pero también más que tu apariencia.
El horror se esparció desde el estómago de Katara hasta sus miembros.
-Esperen, ustedes saben…
-Oh, vamos –interrumpió Ju Li-. Es obvio.
-Lo que Ju Li quiere decir es que todos hemos pasado por allí antes –rectificó Akna. Su expresión se suavizo-. Debe de haber sido bastante incómodo para ti, a veces.
Katara recargó su barbilla en sus rodillas. No tan incómodo como ahora.
-Un poquito…
-Lavemos tu cabello –sugirió Akna. Se puso de pie y tambaleó hasta Katara. Levantando el jabón, enjabonó la cabeza de Katara con caricias insensibles y delicadas-. ¡Tienes tanto cabello! ¿Cómo diablos haces para manejarlo?
-… Solía trenzarlo. Pero ahora está muy húmedo -¿De veras estamos hablando sobre cabello?
-Yo lo cortaría con agua control, pero en realidad un cuchillo caliente es mejor para los folículos –observó Akna-. Quizás, Zuko…
-No.
-De acuerdo, de acuerdo, solo era una sugerencia… -Akna amasó el cuero cabelludo de Katara. Ella tuvo que entrecerrar los ojos para evitar que se le metiera jabón en los ojos-. Sabes, ustedes dos lo hicieron muy bien juntos hoy.
-Gracias. De nuevo.
-Lo digo en serio –insistió Akna-. Casi nadie consigue hacer tormenta control en su primer intento –peinó el cabello con los dedos-. Ustedes dos deben de confiar el uno en el otro un montón.
Katara se apartó y se giró para mirar a la otra maestra agua.
-¿Estás loca? ¡Zuko es un traidor! ¡Lo único que se le puede confiar hacer es lo que sea mejor para él!
-Así que es por eso que te emborracho –intervino Ju Li-. Era bueno para él.
-¡Ju Li! –Akna creó una pequeña ola de agua que chapoteó contra la otra mujer-. Estoy seguro que fue un perfecto caballero.
-¿El General es un perfecto caballero?
Akna rió.
-Quizás tengas razón, ahí –tiró del pelo de Katara- ¿Y bien?
-¿Y bien qué?
-¿Fue un caballero o no?
Katara quedó boquiabierta.
-¡No puedo creer que me estén preguntando esto! –Se giró y cruzó los brazos-. Primero que nada, no estaba borracha, estaba alegre. Intenté hacer extraño-control, luego me enfermé, y si hubiera sabido lo que me estaba dando hubiera dicho que no.
-Probablemente por eso no te lo dijo –replicó Ju Li.
-Y segundo, Zuko es un traidor, pero no es estúpido –continuó Katara-. ¡Nunca intentaría nada como eso! ¡Sokka y Aang lo matarían!
-¿Y tú no?
-¡Sólo si yo no lo hubiera hecho primero!
-No olvides a tu padre –se entremetió Akna-. ¿Hay algo que deba decirle? Cualquier pellizco o una miradita lasciva o…
-¡No! –Katara se sumergió a propósito en el agua. Cuando salió, escupió y dijo-. No puedo creerlo. He visto el mundo entero, ¿y todo lo que me preguntan es sobre chicos?
-Nos atrapó –concedió Ju Li.
Limpia y ahora incluso más hambrienta, Katara marchó a la cocina. Mejor enfrentar con la cabeza en alto. No fue tan malo como el jugo de cactus. Lo que sea que dijiste o hiciste, no puede haber sido tan malo como ver hongos gigantes en el desierto. Reticente, se acercó a los extremos externos de la luz del fuego con sus manos fuertemente unidas detrás de la espalda.
-Ey, miren quién se levantó –exclamó Toph-. ¿Se pasó con la dormida, Dulzura?
Sentado a su lado, Zuko le dio un capirotazo a Toph en la nuca. Katara sonrió y asintió.
-Sí, supongo que si.
-¿Estás segura? –Aang saltó de su lugar en el suelo-. Quería llevarte la cena, pero no me dejaron.
-Está bien, Aang. Necesitaba descansar un poco –su estómago rugió-. Aunque la comida me parece bien…
-Lo importante es que te sientes bien –afirmó su padre.
-Y que nunca, nunca harás eso de nuevo –puntualizó Sokka.
Iroh levantó su taza.
-No nos precipitemos.
-Aquí tienes –dijo Aang, alcanzándole un tazón-. Te guardamos un poco.
-Gracias –respondió-. Que lindo.
-Él no es el único al que debes agradecerle –se entremetió su padre, y cabeceó señalando a Zuko.
-¡Ah! Eh… -Katara hizo una reverencia muy formal de la Nación del Fuego-. Muchas gracias.
-Claro –respondió Zuko, y agachó la cabeza. Miró a Toph-. Muy bien, hagamos tu nombre.
Toph puso su dedo en la piedra. Con cuidado, dibujó el comienzo del carácter bei. Katara se sentó y observó como Toph se detenía en los dos primeros trazos de fong.
-Puedo sentir que me miras, Dulzura. Deja de hacerlo.
-Lo siento –se disculpó Katara. Se concentró en su comida, pero siguió mirándola de reojo.
-¿Cómo puede ser que el nombre de Toph sea tan grande? –preguntó El Duque.
-Porque soy la Campeona de Lucha con Tierra Control –replicó Toph.
-No, no, largo –corrigió El Duque, estirando sus manos de lado a lado-. Toma un montón de tiempo para escribirlo, pero poco para decirlo –resolló con fuerza.
Zuko cayó en la cuenta y eso se notó en su semblante. Le obsequió una sonrisa pequeñita.
-Ese es el nombre de su familia –dijo-. Se escribe primero –hizo un ademán con su mano izquierda-. Vamos, te mostraré -Limpiando su nariz con su manga, El Duque se levantó y se sentó a la izquierda de Zuko. Zuko humedeció su dedo en su boca y esbozó las letras para "Duque" en la piedra-. Ese es tu nombre.
El Duque se inclinó hacia delante y miró las figuras.
-¿Ese soy yo?
-Ese eras tú.
Katara era vagamente consciente de que su padre y Iroh se inclinaban ligeramente hacia delante, como si esto fuera muy importante, de alguna forma. El Duque ladeó su cabeza.
-Es bastante chico.
-Eso es porque no sé el nombre de tu familia –respondió Zuko.
El Duque parpadeó.
-¿Luchadores por la Libertad es un nombre de familia?
-No exactamente –intervino Sokka-. Pero oye, Katara y yo no tenemos apellidos. Somos simplemente "Hijos de Hakoda", o algo así.
-¿Y qué hay del pueblo dónde naciste? –continuó Zuko.
El Duque frunció el ceño y miró a hurtadillas a Iroh.
-Eh… Pipsqueak me dijo que se llama diferente, ahora.
-¿Diferente cómo? –inquirió Aang.
-Eh… -El Duque trasladó su mirada de Aang a Iroh y luego a Zuko. Se inclinó hacia delante y susurró algo en su oído. La sorpresa coloreó la cara de Zuko. Miró a su Tío y Katara vio algo inescrutable en esa mirada que horriblemente se parecía un montón a un pedido de que se lo llevaran encadenado.
-Guang zho –dijo Zuko con la voz ronca-. Tu aldea se llamaba Guang-zho.
-Ey, ¿Cómo supiste? –indagó El Duque.
-No importa –respondió Zuko-. Ahora tú eres El Duque de Guang-zho. Y así es como escribes tu nombre –dibujo los caracteres en la piedra.
-Guang-zho… -Haru frunció el ceño-. No es…
-Aterrizaje de Iroh –acertó el general en voz muy baja. Suspiró pesadamente. A su lado, el padre de Katara parpadeó una vez, luego siguió la silenciosa mirada del general hacia los dos chicos agachados en el piso. Ahora El Duque dibujaba en la espalda de Katara, y Toph dibujaba en el suelo, con Zuko sonriéndoles. El General Iroh aplaudió secamente-. Tengo una idea, sobrino mío.
-Oh, cielos –farfulló Toph.
-¿Qué es? –preguntó Zuko.
-Deberías enseñarles a tus jóvenes pupilos la historia de La Hija del Titiritero.
-¿De que va? –se interesó Suki.
Zuko se pellizcó el puente de la nariz.
-Ahora que lo dices…
-Quiero oírla –exclamó Aang-. ¡Es folklore de la Nación del Fuego! ¡Nunca sabes cuando puede ser útil!
El sonido de la palma de Sokka golpeando su rostro resonó en la habitación. Suki le pellizcó y él se apartó. Akna se acurrucó contra Hakoda y Katara se alejó sola.
-¿Es una historia romántica? –averiguó Akna.
-Esas son las únicas que conozco –respondió Iroh. Inhaló hondo, y comenzó.
"Érase una vez un habilidoso titiritero. Era tal genio que creaba títeres que podían pensar por sí mismos, aunque no se podían mover. Día tras día, los títeres se sentaban y esperaban ser usado, hablando sin abrir sus bocas.
"Pero el titiritero era un hombre muy cruel. Mandaba en su casa como en el taller y todo se movía a su capricho. Era especialmente cruel con su hija de adorable cabello largo, porque a diferencia de cualquiera en su familia, no podía controlar fuego.
"Un títere, llamado Ningyo, quién hacia las veces de espadachín, vio esta crueldad y le molestó. Día tras día, se sentaba y observaba en silencio como su maestro reprendía su hija de adorable cabello
-Tú no me sirves –decía el titiritero-. Mis obras no tienen lugar para alguien que no puede hacer fuego control. Para lo único que sirves es para aprovisionar a mis títeres con los recortes de tu pelo largo.
"Día tras día, Ningyo esperaba que la hija del titiritero llegara y le quitara el polvo. De todos los hijos del titiritero, ella era la más amable y consideraba, y esto lo hacía amarla mucho.
-¿Ves, Suki? A los chicos les gustan las chicas que son amables.
-Supongo que tú no eres un chico, entonces.
"Una noche cuando toda la familia dejo a la hija del titiritero atrás para presentar una obra, la niña cayó dormida junto al fuego mientras cepillaba su largo y adorado cabello. Pero ella no sabía que sus hermanos habían cerrado el tiro, atrapando el humo dentro de la casa. Despacio, el cuarto comenzó a llenarse de humo, y el aire su puso tan espeso y negro como el cabello que la niña estaba cepillado. Incapaz de moverse, Ningyo maldijo sus miembros de madera. Con todo su corazón deseó vida, solo para poder renunciar a ella para salvar a la hija del titiritero. El universo oyó el ruego de Ningyo y se lo concedió.
"Repentinamente, Ningyo entró en acción. Ahora de carne y hueso, saltó hacia delante para abrir el tiro, permitiendo al humo escapar. Y justo cuando estaba a punto de despertar a la hija del titiritero, los otros títeres empezaron a reír. Ellos dijeron:
-Ahora Ningyo es un hombre y no un títere, pero es inútil. Sus cuerdas están cortadas y no tiene casa. ¿Qué podría Ningyo ofrecerle a la amable joven de largo y adorable cabello?
"Al oír esto, Ningyo se desesperó. Avergonzado, escapó. Pero antes de que pasara mucho, descubrió que tenía que arreglárselas. Y al haber hecho tantas veces de espadachín sobre el escenario, encontró trabajo como guardaespaldas. Por tres años, Ningyo tuvo muchas aventuras. Creció en su nuevo cuerpo, en el que descubrió que podía sentir dolor y hambre y todas las cosas que hacían difícil la vida humana. Pero también se hizo de una reputación como un gran espadachín. Obtuvo dinero y lo ahorró, para poder regresar a su aldea y rescatar a la hija del titiritero.
-¿Y lo hizo? –inquirió Suki.
-Sí, lo hizo –contestó Iroh-. Pero cuando volvió, la hija del titiritero no estaba allí. La busco por cielo y tierra, y regresó a la casa del titiritero para preguntar por ella.
"-No tengo ninguna hija –dijo el titiritero. Enfurecido, Ningyo desenvainó sus espadas y las cruzó sobre el cuello del cruel titiritero y exclamó:
"-Dime dónde está.
-Ahora estamos llegando a algún lado –interrumpió Haru.
"El titiritero cedió y le contó:
"-Está al final de la aldea, lejos de ojos entrometidos.
"Curioso, Ningyo se trasladó hasta el final de la aldea, y encontró una mujer con un trapo atado en su cabeza.
"-Disculpa –empezó-. Pero estoy buscando a la hija del titiritero. Ella tiene el cabello adorablemente largo. ¿La has visto? –la mujer rompió a llorar y echó a correr. Cuando giraba, Ningyo quiso detenerla. El trapo quedó en sus manos, y vio que la mujer estaba calva; ¡Todo su cabello había sido arrancado de su cabeza!
"-Yo soy la hija del titiritero –exclamó-. Pero mi largo y adorable cabello se ha ido. Mi familia lo arrancó para nuestros títeres, y ahora ya no crecerá. No puedo hacer fuego control y soy fea ahora, y nadie tiene nada que yo pueda hacer.
"Oyendo esto, Ningyo bajó las espadas y se arrodilló a sus pies. Luego dijo:
"-Tú no me recuerdas, pero soy Ningyo, la marioneta. Por tres años he vivido como un hombre, sin ningún cordón y sin maestro. Pero ahora he regresado, porque cuando era solo madera y piola tú te interesaste por mí. Pero tal vez no me quieres, porque yo soy sólo un guardaespaldas y tengo muy poco para ofrecer.
"Pero la hija del titiritero sacudió la cabeza y dijo:
"-¡He oído del espadachín Ningyo! ¡Eres un héroe!
"Ningyo se levantó y tomó la mano de su novia, diciendo:
"-No soy un héroe. Solo soy lo que me diste el coraje para ser."
Iroh se detuvo, como esperando un aplauso. Suki empezó a palmear con entusiasma. Katara hizo lo mismo. Pronto toda la multitud estaba aplaudiendo.
-Aguarden –empezó Sokka mientras el aplauso moría-. ¿Eso es todo? ¿Qué pasó con su padre? ¿No van a , ya sabes, vengarse?
-¿Tuvieron muchos hijos? –preguntó Suki.
-La historia tiene muchos finales –concluyó Iroh-. Tienes que decidir cuál te gusta más.
-Entonces, venganza –sentenció Sokka.
-Ese también era el final favorito de sobrino, cuando era un niño –recordó Iroh-. Pero ahora… -Iroh no completó la frase, y sonrió-. Ahora parece que está dormido.
El grupo se giró. Zuko estaba sentado contra una columna con Toph bajo su brazo derecho y El Duque debajo de su izquierdo. El Duque se había acurrucado con su cabeza dentro de su casco, y Toph había puesto la suya sobre el regazo de Zuko. El desordenado cabello de Zuko se agitaba con la corriente de su respiración profunda y regular.
-Trabajamos bastante duro hoy –excusó Aang.
-¿Cuándo? –averiguó Katara. Por alguna razón, no se le ocurría que Zuko pudiera cansarse.
-Cuando estuviste durmiendo –respondió-. Estuvimos practicando todo el día –frunció el ceño-. Todavía no puedo hacer el rayo.
-Lo lograrás –aseveró Katara-. Zuko dijo que le tomó mucho tiempo, ¿cierto?
-Supongo…
Katara se puso de pie.
-Empezaremos de cero mañana. Ya tienes la base. Es un buen comienzo.
-Desearía poder hacer tormentas contigo –Aang suspiró, flotando sobre las piedras.
-Puedes controlar las nubes conmigo, y eso es casi lo mismo –replicó Katara.
-No –retrucó Aang-. No lo es.
Y no lo era. Al día siguiente, Aang intentó crear el rayo y explotó en su cara una y otra vez. Iroh lo animaba a descansar y que pusiera sus esfuerzos en otras clases de fuego control, pero se rehusó. Después del décimo intento Katara lo vio apretarse la zona dónde Azula le había dado e insistió en que tomara un descanso.
-¡Puedo hacerlo! –Protestó Aang-. ¡Puedo sentir las energías justo delante mío! ¡Es solo que no hacen lo que quiero!
-Avatar Aang –llamó Iroh-, debes estar calma…
-¡Estoy calmado! –Exclamó Aang- ¡Estoy bien! ¡Puedo hacerlo!
-¿Entonces por que no lo haces? –indagó Xiao Zhi.
Katara se volvió a ella.
-Cállate –espetó, señalando-. Toda esta rutina de "soy tan dura" no está ayudando a Aang y tampoco a nadie más. Zuko y yo somos los maestros de Aang, no tú. Tú eres solo una… ¡una suplente!
Para su sorpresa, el rostro arrugado de Xiao Zhi se arrugó incluso más en algo parecido al afecto. Las cejas ralas de la anciana se arquearon y se quedó mirando el cielo neblinoso de verano. Nubes de tormenta se acercaban por el oeste. Le sonrió a Katara.
-¿Fuiste así de problemática para con mi hermano?
-¿Eh?
-¿Qué hermano? –se entremetió Aang.
Xiao Zhi sacudió la ceniza de su pipa.
-No me digan que no notaron el parecido familiar –dijo. Hizo una cara larga y entornó los ojos-. Perdí al amor de mi vida porque fui un tonto de mente estrecha. ¡Ay de mí!
-¡El MAESTRO PAKKU!
-El mismo y el único –accedió Xiao Zhi.
-Pero tú eres una maestra fuego –señaló Aang-. ¡Y vives aquí!
-Muy astuto que lo notaras –comentó Xiao Zhi. Re encendió su pipa-. Nuestra madre dejó la Tribu Agua del Norte a poco de nacer mi medio hermano. Nací aquí; mi padre era un Guerrero del Sol.
-¿Tu madre se fue por la manera en que trataban a las maestras agua? –inquirió Katara.
La expresión de Xiao Zhi se ensombreció ligeramente.
-Mi madre es la razón de que sean tratadas así –su pipa llameó naranja y tomó una honda bocanada. Exhaló un humo azul fragante-. Mi madre comenzó como una sanadora como yú. Aprendió todos los pasadizos del cuerpo humano. Y pronto descubrió que podía controlar la sangre dentro, para curar y pelear. Cuando se lo contó a su esposo, la llamó abominación. La apartó de su hijo, y exigió que fuese expulsada.
-¿Tu madre fue desterrada? –preguntó Zuko. Sonaba extrañamente esperanzador.
-Sí –respondió Xiao Zhi, sonriendo casi con cariño-. Pero las mujeres de la Tribu Agua tienen una forma de… adaptarse –hizo una ademán con la pipa-. Buscaba un nuevo hogar. Cuando oyó de la leyenda de los Guerreros del Sol, decidió encontrarlos. Lo hizo, pero se negaron a dejar que se quedara. Afortunadamente, conoció a mi padre. Ellos fueron los primeros maestros tormenta.
-Sacó la idea de la pareja dentro de la montaña –completó Iroh-. Pakak fue la primera maestra agua en ser aceptada por los dragones.
Los ojos de Aang se agrandaron como platos.
-¿Tu mamá conoció a los dragones?
-Fue un héroe –reconoció Katara, y se encontró agarrándose las manos.
Xiao Zhi arqueó una ceja.
-También era una maestra sangre –cabeceó en dirección a Aang-. Hablando de eso, parece como si tu amiga podría hacer una sesión de curación.
-Es algo que me gustaría ver –anunció Hakoda desde la sombras. Se apoyaba en el hombro de Akna. Hizo una seña a Katara-. ¿Si está bien?
Ella sonrió.
-¡Claro!
-¿Por qué no lo intentas en tu papá, Katara? –Aang se estiró y se acostó sobre la piedra-. Dijiste que yo necesitaba un descanso.
Katara sospechó que Aang simplemente no quería compartir una demostración de sanación con todos. Cuando llegaba al interior de la cicatriz veía a Azula, veía el rayo. Aang tenía todo el derecho de mantener eso entre ellos.
-Sí, inténtemoslo.
Akna y Hakoda se sentaron contra una columna. Con una mueca, Hakoda se sacó la camisa.
-Algunas de las costillas todavía están sanando –indicó Akna. Quitó el montón de vendas que cubrían el torso de Hakoda. Detrás de ellos, Katara vio las marcas amarillas de las horribles contusiones. Hizo un mohín.
Hakoda le regaló una sonrisa tensa.
-Se ve peor de lo que se siente. En serio –apretó la mano de Akna-. Akna ha hecho mucho para ayudar.
Katara sonrió.
-Bueno, es mi turno, ahora. Así que veamos si eres más cooperativo que un perezoso senbon.
-No prometo nada.
Ella rió y tocó las costillas con una cinta de agua. Entornando los ojos, transformó el agua en un parche que cubrió las costillas. Se concentró en sentir las costillas, usando el agua para sentir con cautela los lugares rotos…
… y vio botas pateando allí a su padre, vio la piel oscureciéndose de púrpura a negro debajo del impacto que se repetía, lo vio tosiendo sangre en un hogar de metal con carbón debajo, y escuchó chisporroteo de la sangre cuando caían las gotas.
Katara caminó hacia atrás. Sus manos temblaban y su visión era poco clara. El agua había chapoteado en las piedras.
-Papá –dijo-. Papá, los vi...
-¿Viste algo? –le interrumpió Akna.
-Lo estaban pateando… -Katara miró nuevamente las costillas de Katara. se frotó los ojos-. Papá, estoy tan contenta que estés bien…
Zuko habló a sus espaldas.
-¿Viste lo que causó la herida?
-Si –respondió Aang-. Ella puede hacer eso, cuando está curando a alguien. Es bastante especial.
-Especial –repitió Zuko-. Correcto.
-¡E incluso puede ver dentro de la cabeza de alguien con agua control!
Xiao Zhi se sacó la pipa de la boca.
-¿Qué?
Aang se sentó.
-¡Sí, así es como supimos de la base secreta de los Dai Li debajo del Lago Laogai!
Katara sintió las miradas de Iroh y de Xiao Zhi sobre ella.
-¿Es verdad? –inquirió Iroh.
-Solo puedo hacerlo si la persona está relajada –determinó Katara. y respiró hondo-. Y solo son fogonazos. Y sólo lo hice esa vez.
-Eso no disminuye el logro –replicó Iroh-. Eres una talentosa maestra agua, y capaz de una gran empatía. Esas dos fuerzas te han dado una nueva técnica –sus abultadas cejas se arquearon-. Una que deberías refinar.
Katara puso los ojos en blanco.
-¡Acabo de empezar con tormenta control! ¡No voy a convertirme en una lectora-de-mentes, también!
Aang gimió.
-Ahora sabes lo que se siente.
-Hablando de tormenta control –intervino Hakoda-. Me gustaría verte hacerlo. Akna dice que es muy impresionante.
Katara sonrió.
-Creo que eso puede arreglarse –se puso de pie y se giró-. ¿Cierto, Zuko?
-¿Qué? Ah. Claro –se incorporó y se acomodó su túnica-. ¿Lo mismo de antes?
Ella levantó las manos.
-¿Quieres algo nuevo? ¿Ya?
-Pensé que querías algo más grande –retrucó Zuko-. Eso dijiste ayer.
-¿Más grande? –reiteró Hakoda.
-Más fuerte –continuó Zuko-. Más difícil –puso los ojos en blanco-. Nunca nada es suficiente.
Katara lo señaló.
-¡Eres tú el que siempre anda fanfarroneando!
-¡No lo soy!
-¡Sí que eres! ¡Le disparaste una enorme bola de fuego a Aang debajo de Ba Sing Se! ¡Fue una explosión enorme para usar en una sola persona!
Zuko sacudió los brazos.
-Oh, y esas largas mangas eran tan eficientes; ¡apenas podías tocarme!
-¡Tú también las usaste!
-¡Solo para no quemarte! –su boca se cerró drásticamente. Retrocedió. Se volvió de manera que viera el costado izquierdo de su rostro y la cicatriz oscura y brillante, la oreja destrozada. Se aclaró la garganta-. Y la figura Yu Yan no es tan difícil. ¿Cierto, Aang?
-Eh, cierto –admitió Aang-. Me las mostró ayer.
Zuko se acomodó sobre sus pies.
-Probablemente podrías hacerla con agua, si tú quisieras.
Iroh tosió.
-O una tormenta…
Zuko se inclinó alrededor de ella y miró a su tío.
-¿Podrías ser más obvio?
-Tú pod…
Katara oyó el sonido de una palma cubriendo sus labios. Akna había cubierto la boca del general.
-Por favor, dale una oportunidad –pidió, sonriendo.
-Me gustaría verlo –insistió Hakoda-. Suena bastante especial.
-… Está bien –Katara enfrentó a Zuko-. Necesitaré más agua. Sólo dame un minuto –inclinándose contra la barandilla, convocó el agua directamente de la fuente unos pisos más abajo. Subió lentamente antes de enroscarse a su alrededor. Se giró hacia Akna-. ¿Crees que es suficiente?
La otra maestra agua se encogió de hombros.
-No me preguntes a mí; ¡Vas a hacer una forma que nunca he visto antes!
-Está bien –convino Zuko-. No queremos que sea demasiado grande o perderemos el control –se volvió hacia Aang-. Ayúdame a mostrarle la figura.
Aang se iluminó.
-¡De acuerdo! –de un salto se puso de pie. Él y Zuko se pararon uno al lado del otro, las piernas abiertas, retrayendo las manos como tensando un arco. Luego cada uno retrocedió, junto sus manos, se agacharon y se retorcieron hacia arriba. Una bomba de fuego erupcionó desde sus manos, una bola de calor circulando por su propia corona de llamas como una flecha ardiente dentro de un objetivo. El fuego se disolvió contra el extremo opuesto de la grieta. Katara escuchó a los pájaros chillar furiosamente como repuesta.
Hakoda aplaudió muy lentamente.
-Un trabajo extraordinario.
-Gracias –respondió Aang. Inclinó su cabeza hacia Katara-. No sé porque lo vas a mezclar con tormenta control. Es sólo una explosión de fuerza, y tú ya tienes fuerza suficiente por ti misma.
-Gracias, Aang –replicó Katara-. Pero si tú tienes que trabajar duro en algo nuevo, entonces yo también debería hacer lo mismo. ¿No crees?
Los ojos de Aang encontraron el suelo.
-Supongo…
Katara recogió el agua. Imitó la postura que le habían mostrado, acercándose los puños a la cara, inclinándose, retorciéndose hacia arriba. El agua cayó en seguida lejos de ella. Colorada, lo intentó de nuevo, repitiendo los movimientos. Lo mismo pasó –terminó con una soga de agua floja que no se veía muy diferente del típico látigo de agua.
-¿Por qué no explota?
-Bueno, es agua –indicó Iroh.
-¡Pero ni siquiera se parte como debe ser! ¡No tengo ambas formas! –Katara apretó los dientes. Levantó el agua de nuevo. La retorció en una muñeca y trató de dividir el anillo con su otra mano. Todo se desordenó, y terminó formando a medias un grupo de fideos de agua.
-No, no es así –intervino Zuko-. ¡Tus manos hacen cosas diferentes!
-¿Qué es lo que estás diciendo?
Zuko se frotó los ojos con los puños y resopló entre dientes.
-Tus manos. Cada una hace algo diferente. Así –cansinamente, se puso en posición un poquito más atrás de ella, e hizo girar un pequeño círculo de fuego sobre sus cabezas con una mano y un destello de llamarada con la otra-. Simplemente va en…
-¡Esto es una pérdida de tiempo! -Ambos se giraron. Los ojos de Aang habían adquirido su propia mirada tormentosa-. ¡Ustedes lo hicieron de una ayer! ¡No necesitan seguir intentándolo!
Iroh levantó un dedo.
-La práctica hace a la perfección, Ava…
-Es Aang. Mi nombre es Aang. No Avatar Aang, ni nada más. Es Aang.
-Aang…
-¿Qué?
-Nada –contestó Iroh-. Solo... estaba probando –le dedicó una sonrisa nerviosa.
-Lo siento, Aang –empezó Katara. Se acercó a él-. Estamos aquí para enseñarte. Eres lo más importante.
-¡Estoy harto de ser importante! –Aang tomó su planeador-. ¡De todas formas, ni siquiera soy bueno en ello! –corrió por el barandal, saltó, y flotó en el vació. El planeador se abrió de golpe y Katara lo vio subir hasta el cielo. Se adelantó, pero Zuko levantó un brazo.
-No –dijo.
-¡No podemos simplemente dejarlo ir!
-Ya se ha ido –retrucó Zuko. Se rascó el cuello y escudriñó por la figura volante en el cielo-. Quizás lo presioné muy fuerte…
Katara entornó los ojos.
-¿Lo hiciste?
Zuko se pasó una mano por el pelo.
-¡No lo sé! ¡No creo! ¡Estaba bien, ayer!
-Ah, ¿entonces estás diciendo que soy yo?
-¡Por supuesto que no! ¡Solo estoy diciendo que necesita estar solo por un rato!
-¿Y eso llevara a cabo su entrenamiento cómo, exactamente?
Una carcajada petulante sonó por encima de ellos. Las orejas de Katara empezaron a arder. Al unísono, vieron a Toph señalando y riendo socarronamente desde una saliente.
-Eso, justo ahí –exclamó-, es una gran ironía.
Durante todo el almuerzo, Zuko se paseó de un lado a otro. Solo el sonido de la lluvia opacaba el rasguido de sus pasos sobre la piedra.
-Muy bien, ya se ha ido por demasiado tiempo –gesticuló con su tazón-. Todo esto es mi culpa…
-Tú no hiciste nada malo, sobrino.
-¡Lo presioné mucho! ¡No estaba listo!
Katara suspiró.
-Zuko. Él hace esto. Se va –jugueteó con sus fideos-. Y si hubieras estado con nosotros por más tiempo, lo hubieras sabido.
-Ah, ¿y cuando podría haberme unido a ustedes?
-Sabes exactamente cuando –replicó ella.
Silencio. Un trueno retumbó a lo lejos. Zuko finalmente se sentó. Se recostó contra un columna y se quedó mirando la tormenta que se acercaba. El cielo se había oscurecido a un gris oscuro, ahora.
-Sí –exclamó Sokka, sorbiendo nuevamente algunos fideos-, pero piensa de todo lo que nos hubiéramos perdido con Chispitas aquí. ¡Como el Hombre Combustión!
-Ya les dije, no es…
-¡Y esa aldea donde hiciste de Dama Pintada! –Sokka hizo gestos con sus palitos-. Chispitas hubiera apegado al horario. Él no hubiera dejado que le dieras esas bayas a Appa.
-¿La Dama Pintada? –repitió Hakoda.
-Ah, eso es adorable –dijo Iroh.
Zuko se volvió.
-Aguarda, ¿estabas diciendo la verdad?
-Katara siempre dice la verdad, a menos que esté… ¡HAWKY! –Sokka se paró. Levantó un brazo. El halcón mensajero aterrizó de inmediato en el y Sokka gritó-. ¡Está en mi brazo, está en mi brazo, las garras, quítenmelo! –sacudía su brazo inútilmente. Hawky se aferró más. Momo saltó de súbito a la cabeza de Sokka. Pájaro y lémur se perseguían el uno al otro hasta que Sokka pudo escabullirse de la lucha. Chillando, el halcón oteó hasta el general Iroh, quien le mostraba un bocado de su almuerzo.
-Dos pergaminos –anunció-. ¡Uno para la señorita Toph!
-¿En serio? –inquirió Toph, con la voz finita-. ¿Katara, puedes, eh…?
Katara se levantó y recogió el pergamino. Examinó el sello.
-¡Es de tu mamá! ¡Contestó!
Iroh rompió el sello del otro pergamino, lo desplegó brevemente, y con rapidez lo volvió a enrollar.
-Joven Maestro Teo, ¿podría tener una palabra…?
-Eh, seguro –asintió Teo, y los dos salieron de la cocina.
-¿Cómo es que Teo recibió correo de la mamá de Toph? –indagó Sokka.
-El General Iroh tiene un viejo compinche de Pai Sho en el compuesto Bei Fong –explicó Xiao Zhi.
-¿Hay alguien a quién ese tipo no conozca?
-¿Qué es ese destello? –interrumpió Haru. Señalaba al cielo. Dentro de las nubes oscuras había extrañas llamas naranjas de luz. Ningún trueno las seguía. Katara se puso de pie. Zuko ya estaba corriendo bajo la lluvia, mirando fijamente el cielo. Ella lo siguió. Las nubes ardían naranja una vez más. La lluvia lentamente empezó a empapar sus ropas.
-No puedes hacerlo de esa forma –decía Zuko-. Baja, vamos…
Katara vio un fogonazo de un relámpago real descender desde las nubes. Un trueno retumbó sobre sus cabezas.
-¿Eso fue…? –esperaron. Nada. El sonido de la lluvia cubría el silencio entre ellos. Entonces las nubes se abrieron y la figura de Aang bajó como una centella hacia ellos, cerrándose de golpe el planeador al llegar en una senda de viento y lluvia. Sus ropas le colgaban en pliegues empapados. Su cabeza y sus brazos colgaban mustios, cada flecha apuntando hacia abajo. Las gotas de lluvia resbalaban por su nariz y barbilla.
-¿Por qué no puedo hacerlo? –preguntó con la voz bajita-. ¿Qué hay de malo conmigo?
-Nada –respondió Zuko-. Eres un gran maestro. Haces cosas asombrosas todo el tiempo.
Aang suspiró.
-¿Entonces por qué no puedo hacer esto?
-Simplemente aún no estás listo –agregó Katara-. ¿Recuerdas como tuviste que lidiar con tierra control? Esto es exactamente igual.
Un temor sincero se adueñó del empapado rostro de Aang.
-¿Eso significa que tengo que esperar hasta que uno de ustedes esté en problemas antes de que pueda aprender?
Katara hizo una mueca.
-No… no lo sé –apoyó su mano en su hombro desnudo-. Pero no te sentirás mejor parado en la lluvia. Así que vamos adentro para que te seques.
-Te mostraré como calentarte –ofreció Zuko. Parpadeó-. Digo, si tú quieres. No tenemos que hacerlo –se mordió los labios-. ¿Tienes hambre?
Aang sonrió ligeramente.
-Sí, un poco.
-Estás creciendo –repuso Zuko con una sonrisa. Suspiró y empezó a andar hacia la cocina-. Vamos a comer.
Aang miró entre ellos.
-¿Estoy creciendo?
-Por supuesto –afirmó Katara. Lo guió hasta la cocina-. Estoy seguro que estás más alto ahora que cuando te encontramos.
Aang estiró los brazos fatigosamente.
-No me siento más alto para nada.
Se agacharon bajo el alero. Zuko frunció el ceño.
-¿Tú lo encontraste?
-¡Lo desperté con agua control!
Sokka levantó una mano.
-Difiero. Katara se enojó conmigo por nada, y su furia rompió un glaciar, y así es cómo descubrimos a Aang.
Suki tragó algo de té.
-¿Los dos descubrieron juntos al Avatar?
-Síp –confirmó Sokka-.salió del iceberg como si fuera de un cascarón como un bebé gatito-lechuza, abrió los ojos, ¡y ahí estábamos nosotros!
-Tierno –dijo Haru.
-¡No fue tierno! –Aang cerró los puños. Sus ropas se secaron al vapor-. ¡Hubo una enorme explosión de poder!
-Me acuerdo –asintió Zuko con tacto-. Hubo una columna de luz de millas de alto.
-¿Cómo una bengala grande? –preguntó El Duque.
-Una enorme –afirmó Sokka-. Algo... épico.
Toph detuvo la investigación de los dedos de su pie.
-Aguarden, ¿entonces Zuko también estaba ahí?
-Correcto –aseveró Zuko. Miró a Aang y señaló al a izquierda, a un balcón en un piso alejado-. Años atrás me paré justo ahí y juré que te encontraría. Y cuando vi esa luz, supe que lo había hecho.
Aang parpadeó. Apoyó su planeador contra una columna. Cuando habló su voz era grave y pesada.
-Me estuviste buscando por mucho tiempo, ¿no?+
Zuko le alcanzó a Aang su almuerzo.
-Más de lo que sabes.
Katara observó como los dos jóvenes miraban fijamente la lluvia. Un relámpago iluminó el cielo y Aang suspiró, enderezándose. Zuko pretendió sacudir algo del hombro de Aang, y su mano -- se veía tan grande, tan crecida -- permaneció allí por solo un segundo antes de caer. Toph apareció junto al codo de Katara.
-¿Podemos leer mi carta, ahora?
Katara sonrió.
-Buena idea. Vamos a algún lugar más privado.
Al salir, Akna pasó junto a ellas.
-Katara, ¿puedes verme cuando Toph y tú terminen? –preguntó-. Xiao Zhi piensa que pueda ser una buena idea si tú y yo practicamos tu curación un poquito más esta tarde. No queremos que te quede un horrible dolor de cabeza la próxima vez que tengas que combinar.
-Seguro –asintió Katara-. También preferiría evitar eso.
-Bien –acordó Akna-. ¡Diviértanse, chicas!
Toph esperó hasta que Akna doblaba una esquina.
-Ella no es tan mala –sostuvo.
Pasaron los dormitorios hacia el establo de Appa.
-Aún así no es mi mamá –persistió Katara, empujando la enorme puerta.
-Quizás no deberías pensar en ella como tu nueva mamá –sugirió Toph. Enterró un dedo del pie entre dos piedras-. Quizás debas pensar en ella como tu amiga. O… o como una hermana mayor.
Un poco de la tensión –las heridas de su padre, la tormenta control, el vuelo de Aang a casa – se desató dentro del pecho de Katara.
-Esa es una manera realmente buena de verlo, Toph –se sentó junto a Appa y empezó a rascar la barriga de la enorme bestia-. Ahora, veamos que tiene tu mamá para decirnos.
-¡No puedo creerlo! ¡Está loca!
Aang pasó al establo empujando las puertas.
-¿Quién está loca?
-¡Mi mamá! –Toph levantó un dedo en el aire a unas pulgadas del pergamino-. ¡Dice que está loca por La Roca!
Aang soltó una risita tonta.
-¿En serio?
-¡Sí! ¡Y es asqueroso! Solo porque esté en todo lo que tiene que ver con la Lucha Libre de Tierra Control --que ha decaído totalmente si la dejan estar a entre el público -- ¡ella cree que es muy genial!
-¿Siquiera conoce a La Roca? –inquirió Aang.
-Dice que lo vio en el mercado mientras estuvieron en la casa de verano –explicó Toph-. Está convencida de que era el. Está completamente loca.
-Quizás si lo vio –aventuró Aang-. Quizás los maestros tormenta también lo liberaron.
Las facciones de Toph se tensaron. Hizo chocar su puño contra su palma.
-Si eso es verdad, el Viejo y yo tendremos una larga conversación –se paró de un salto-. ¡Debería de habérmelo dicho! –marchó por la puerta.
Aang bostezó. Se sentó junto a Katara contra un costado de Appa. Con un delicado movimiento de su mano, movió dos manzanas a través del aire y dentro de la boca de Appa. El bisonte gruñó como agradecimiento.
-Lo sé, amigo –asintió Aang-. Pero está lloviendo bastante fuerte, y necesito una siesta.
Katara se puso de pie.
-Bueno, Akna me dijo que tenía que trabajar en mi sangre control, así que tendré que ir yendo y dejar que descanses.
-¿Tienes que?
Ella suspiró.
-No es como que quiera. No quiero hacer sangre control para nada si puedo evitarlo. Pero en caso de que tenga que hacerlo, no quiero descomponerme como la otra vez. Realmente me dolía la cabeza.
Aang sonrió con pesar.
-Eres realmente buena haciendo las cosas difíciles, Katara –enredó sus dedos en los pelos de Appa-. Las cosas que no quieres hacer, digo.
-Nunca pensé en eso –replicó Katara. Recordó su casa y haber estado hambrienta y caído por primera vez en la cuenta de que su madre nunca más iba a regresar porque nadie les había dado de comer, nadie había recogido más leña, nadie había barrido fuera de la carpa, nadie. Hasta que se paró y lo hizo ella misma-. A veces las cosas solo tienen que hacerse.
-Cierto –acordó Aang-. ¿Katara?
-¿Sí?
Él se sonrojó y desvió la mirada.
-¿Puedes…? -enrojeció incluso más-. ¿Puedes darme un beso?
Su corazón cayó a su estómago.
-Eh, claro –convino, más calmadamente de lo que quería. Se inclinó, apretando el hombro de Aang, y lo besó en la sien izquierda. La piel ahí todavía estaba suave, como de bebé, y vio una venita azul latiendo debajo de ella. Y esta vez, más que ninguna otra, sintió las corrientes de su vida fluyendo bajo su piel, completamente frágiles más increíblemente fuertes. Y cuando se apartó algo se desgarró dentro de su corazón, una fuerza cálida que decía:
"Está es la vida que salvaste, esta vida te pertenece, esta vida es tuya para que la protejas".
Aang suspiró. Se hundió incluso más en Appa.
-Gracias.
-Te veré luego, Aang.
-Seguro.
Dejó la habitación, y no miró atrás.
Katara encontró a Akna en un espacio abandonado debajo del viejo jardín de té. La otra mujer se movía lentamente haciendo las figuras de agua control.
-Hola, Katara –saludó-. ¿No me acompañas?
Katara se sacó los zapatos y adoptó su posición junto a Akna.
-Claro.
-Es bueno tenerte conmigo –aseveró Akna-. Una cosa de ser Maestro Tormenta; es algo así como que tienes que pasar todo tu tiempo con la misma gente.
-Dímelo a mí –replicó Katara. Retrocedió, levantó los brazos, y giró sus manos antes de levantar una pierna hacia delante-. La silla de Appa puede sentirse bastante pequeña, a veces, incluso si puedes ver el mundo entero desde allí arriba.
-A veces quieres hacer tus propias cosas –coincidió Akna-. Has dedicado toda tu vida al Avatar. Eso no puede ser siempre fácil.
-Aang lo vale –afirmó Katara-. Si va a salvar al mundo, necesita ayuda –se inclinó y trazó con sus dedos el suelo hasta que su mano apuntaba muy por encima de su cabeza-. Somos como una familia. Simplemente no podemos escapar cuando se pone difícil.
-No estoy diciendo que lo abandones –aclaró Akna-. Pero estás creciendo. Y cuando la guerra termine, tendrás que pensar que hacer con las habilidades que has aprendido.
Katara frunció el ceño. Era difícil imaginar no tener que preocuparse por el siguiente movimiento de la Nación del Fuego. ¿Qué haría cuando Aang ya no tuviera que prepararse para la batalla de sus vidas? Era una maestra agua --¿Cómo usaría su talento?
-No lo sé –respondió-. Siempre nos estamos moviendo… todo se siente tan temporal. De veras no he hecho un plan.
-Y no tienes por qué tenerlo, no ahora mismo –aseguró Akna-. Eres un espíritu independiente. Debes hacer tu propia elección.
Katara se quedó callada.
-¿Papá te pidió que me hicieras todas estas preguntas?
Akna sonrió con suficiencia.
-No. Pero puedo decir que quiere preguntarlas. Y cuando lo haga, es mejor que estés preparada –suspiró-. Ahora quiero enseñarte algo que es solo para ti.
-¿Solo para mí?
-Sí. Toma asiento –ambas lo hicieron. Katara vio a Akna poner sus piernas en la posición del loto e intentó hacer lo mismo. Akna estaba sentada muy erguida –El General Iroh me dijo que su sobrino una vez contrató una caza recompensas con un shirshiu para seguir el rastro de tu esencia.
Katara deseó que su rostro no delatara su desconcierto.
-Eh… sí…
-A veces cuando estamos en una misión de combate, enfrentamos el mismo problema –le aseguró Akna-. No queremos dejar una esencia detrás, en caso de que un enemigo pueda rastrearnos hasta los Guerreros del Sol. La sangre es una esencia especialmente fuerte. La técnica que voy a enseñarte, te permitirá asegurarte que ninguna persona o animal pueda rastrearte jamás por tu esencia.
-¿Te refieres a algo así como cerrar una herida? –Indagó Katara-. Porque sé cómo…
-No –le interrumpió Akna-. Me refiero… a algo diferente. Algo con lo que Aang nunca tendrá que lidiar.
Katara frunció el ceño.
-¿Eh? –miró fijamente a Akna a la cara. Akna simplemente hizo lo mismo. Sus ojos hicieron un movimiento rápido y pequeñísimo, y Katara se ruborizó dolorosamente-. Oh. Quieres decir…
-Tu ciclo –completó Akna antes de que pudiera terminar-. Ahora, puede que no sepas...
-¡Yo sé! ¡Sé todo! Las mujeres allá en casa se ponían bastante picantes en las noches de invierno y yo…
-Katara –Akna se estiró y tomo una mano de Katara entre las suyas-. Soy una curandera. Lo he visto todo. Y también Sokka me dijo que asististe en el parto de un bebé tu sola, después de tu entrenamiento en la Choza de la Curación en el norte. Pero esta técnica es algo que no te enseñarían allá.
Katara hizo una mueca.
-¿Qué técnica?
-Cómo retener el ciclo –develó Akna-. ¿No suena genial?
-Suena raro –convino Katara-. Genial, pero raro.
Akna sonrió.
-Pakak fue la primera en descubrir esta técnica en el Polo Norte. Pero requiere de un constante esfuerzo, por lo que no la practicó hasta que llego a la Nación del Fuego.
Katara se enderezó.
-¿Por qué?
-Bueno, una persona que viaja por bisonte no sabría, pero existen unas criaturas llamadas tiburón-leopardo, y tienen unas narices muy sensibles.
-Oh, craso…
-Lo sé –Akna se estremeció-. Pero practicar esta técnica lentamente te hará más consciente de los pasajes dentro de tu cuerpo, y aprenderás a hacer sangre control bajo todas las fases de la luna sin hacerte daño. Te hará incluso una mejor sanadora, e incluso puede que te mantenga a salvo –sus labios se arquearon-. O, al menos, que estés libre para una cita candente.
Katara quedó boquiabierta. Retorciendo su mano en el aire, le dio a Akna un pequeño golpecito de agua en el brazo.
-¡Akna!
-¿Qué? Serás una gran heroína cuando esta guerra termine, y tendrás tus manos llenas de pretendientes –se iluminó-. ¡Quizás incluso hasta literalmente!
Katara sintió que se ponía roja como una azucena.
-¡Eres una pésima influencia! ¡Le diré a Papá!
-Dile a tu padre después de que te de la lección –replicó Akna, sacando algunos pergaminos de su faja. Desenrollándolo, develó planos completos del mapa humano, desde órganos hasta chacras y pasajes de Chi-. Ahora. Primero lo primero. Anatomía –señaló el corazón-. Algún día, detendrás esto literal y figuradamente.
-.-.-.-.-.-.
N/T: ¡y fin! Que buen final, no?. La escena, la frase, está mortal. Perdón por haberme demorado tanto, me saqué un 9.25 en biología! Jaja, y ayer tuve prueba de geografía, así que estoy excusada, ¿no? :) personalmente, me aburrí con el Cáp., sacado cuando apareció Zuko :P La parte esa en la que enseña a leer es tan cute!! :3 Es adorable, jaja. Y bueno, que levante la mano a quien le gustó el Kataang. ¬¬ (¿Nadie? Me parecía )
Son de lo mejor. THANKS TO: vane.zutara, Lolipop91, Kasumi Shinomori, Donthurt, Nadiakiara, Aiko1504 (te gustó tanto que posteaste dos veces el mismo rr? Jajaja, un besote linda, gracias por leer y perdona tanto grosso la demora.), :), kuchiki mabel.
Prometo que voy a intentar no demorar tanto… tengo cero pruebas a la vista, (ok, mentira; tengo una en una hora y diez, jajaj) así que veré si puedo ocupar bastante tiempo en las historias, nos vemos en BelO. :)
Cualquier crítica, comentario, debate (?) o lo que sea, ya sabes al Go!
