Capítulo Cuatro.

Haruka solamente le tomó de la muñeca, jalándole hasta un lugar donde pudieran hablar tranquilamente, "La playa está cerca…" pensó el pelinegro mientras caminaba arrastrando consigo a Rin, este ya había dejado de protestar ante el silencio de su rival y ahora lo acompañaba en él. Haruka lo miró por el rabillo del ojo, estaba con la cabeza agachada y sólo levantó la mirada por un segundo cuando sintió aquellos ojos azules mirándole, para luego apartarla rápidamente mientras apretaba la mandíbula.

El corazón de Nanase dio un vuelco al notar una sutil tonalidad rojiza en las mejillas de Rin y terminó por mirar al frente nuevamente, en un intento por calmar sus latidos. Pronto llegaron al borde del camino y frente a ellos podían ver la arena clara de la playa tomando un color plateado por la luz de la luna sobre ella. Rin se soltó del agarre cuando escucharon los pasos de una persona solitaria caminar por la calle. Haruka dejo escapara un suspiro de sus labios antes de bajar a la costa dejando el camino que había trazado en la arena, el cual Rin no tardó en seguir por su cuenta. El pelinegro se sentó sobre la arenilla mirando fijamente el mar, Rin se quedó de pie junto a él, alzando una ceja.

- Haru, ¿me trajiste hasta aquí sólo para ver el mar? – Preguntó Rin, incrédulo, mientras un leve tic se apoderaba de su ojo izquierdo. Haruka alzo la mirada y su mano volvió a tomar la de Rin, esta vez jalándolo hacia abajo para que se sentara a su lado.

- Ver el agua me tranquiliza. – Dijo, volviendo sus ojos hacia las olas que chocaban suavemente, bajando sus parpados cuando sopló una sutil brisa marina.

Para Rin fue imposible apartar la mirada de ese rostro apacible que se mostraba ante él, con una única diferencia al que usualmente tenía, una leve sonrisa lo adornaba esta vez, y pronto se fijó también en el cabello de color similar a las lustrosas plumas de un cuervo joven que la brisa movía a un ritmo constante hasta que dejo de soplar y Haruka pudo abrir sus ojos nuevamente, volteando a ver a Rin, hundiéndolo en el intenso azul que ni el océano frente a ellos podría igualar.

El pelirrojo ni siquiera se fijó en que Haruka no había soltado su mano y ahora entrelazaba sus dedos sobre la arena. Sólo se percató de la cercanía cuando sus labios ya estaban unidos en un sutil roce que se fue intensificando poco a poco; ambos mantuvieron los ojos abiertos, mirándose con cierto desafío en ellos.

Y Haruka fue quien rompió el contacto, volviendo su mirada a las olas.

- Me debías un beso robado. – Musitó aun sin mirar al otro chico, acariciando suavemente con sus dedos la mano del pelirrojo, que seguían entrelazados.

Rin dirigió su mirada hacia las manos juntas y no tardo en sentir como sus latidos se aceleraron bruscamente. Apartó el rostro, tratando de que Nanase no lo viera enrojecer.

- Ah… Sólo por eso. – Dijo el pelirrojo en un murmullo, mirando al lado contrario al que estaba Haruka sentado mientras flexionaba un poco sus rodillas, acercándolas a su cuerpo.

- No sólo por eso. – Aclaró, provocando una leve tensión en el cuerpo del pelirrojo. – Rin… – Le llamó, acortando nuevamente la distancia mientras que su mano libre le tocaba ligeramente la mejilla, atrayendo la atención de Rin.

Haruka se quedó un momento mirando fijamente aquellos ojos de rojo carmesí en los que se reflejaba la luna creciente y que últimamente le miraban acompañados de una sonrisa arrogante y con aires de superioridad, no así ahora, ahora Haruka podía ver en ellos ese brillo que tenían en primaria, intensificado por las lágrimas que el pelirrojo apenas lograba contener. Los ojos de Rin siempre habían sido así de expresivos, y él lo sabía, sabía que sus ojos le delataban con facilidad, por eso ahora se sentía expuesto ante la fija mirada del pelinegro.

- Rin… – Dijo en un suspiro, tomando la mejilla del aludido, apartando algunos cabellos rojizos que caían sobre esta y juntando sus frentes mientras seguía mirando dentro de sus ojos, buscando un indicio de eso que ninguno de los dos se atrevía a poner en palabras aun.

Rin cerró sus ojos, sin apartarse un centímetro del pelinegro, aceptando su derrota ante la intensa mirada zafiro de Haruka; este vio aquella simple acción como una señal de que podía nuevamente acabar con la poca distancia que separaba sus labios, y por segunda vez esa noche, Haruka le beso. Rin no tardo en corresponder, atacando presuroso. El pelinegro sonrió levemente en medio de la unión de sus bocas, ambos eran torpes e inexpertos y cada tanto debían separarse para respirar apropiadamente.

Y esta vez fue el pelirrojo quien se apartó, empujando suavemente a Haruka por el hombro con su mano libre.

- No, Haru… – Murmuró apoyando la frente en el hombro del pelinegro. – Esto… No, yo no… Yo… – Repetía con la voz amenazando con quebrarse en cualquier momento. – Ya debería irme, es… Es tarde. – Dijo, después de unos minutos, ya con la voz más firme mientras se alejaba de Haruka, desviando su mirada hacia el lado contrario a él nuevamente y soltando su mano, y se puso de pie sobre la arena.

Haruka no tardo en imitarle, sujetando una de las muñecas del pelirrojo, sin intención de dejarle ir tan fácilmente. Le nombró en un susurro, acercándosele de nueva cuenta, con cautela, captando la atención de esos ojos similares al color de la sangre, y al no recibir quejas por parte de ellos, volvió a unir sus labios. Podía sentir como Rin tensaba los labios, pero sabía que no era por desagrado, de ser así le hubiera rechazado. Esa tensión no era desagrado y para Haruka eso era suficiente. Y lentamente, así como el movimiento de sus labios, Haruka bajo su mano desde la muñeca de Rin hasta volver a tomar su mano.

Cuando separaron sus bocas, Rin le miró con profundo anhelo en sus ojos, sentía como sus mejillas ardían al verse perdido una vez más en el océano que los ojos de Haruka representaban. El pelirrojo llevo su mano libre hacia la nuca de Nanase, enredando sus dedos entre las oscuras hebras y dejo escapar un suspiro antes de acercar sus rostros, dejando un sutil beso en sus labios, seguido por unos pocos más. Haruka le sonrió levemente una vez que sus labios volvieran a apartarse, consiguiendo que el rosa en las mejillas de Rin aumentara y frunciera el ceño mientras desviaba la mirada y comenzaba a caminar fuera de la playa, sin soltar la mano del pelinegro.

Caminaron en silencio hacia la estación de trenes, y en alguna parte del camino Haruka entrelazó los dedos de sus manos, queriendo un poco más de cercanía con el pelirrojo, quien bufó sin llevar su mirada hacia él; quiso comentarle lo que había pasado con Rei hace unos días, pero la segunda pregunta que le había hecho el peliazul de anteojos seguía sin respuesta aun para sí mismo, no podía decirle a Haruka de lo que habían hablado sin llegar a aquella pregunta. Y bajó la mirada, lo mejor era no decir nada por el momento, sólo quedarse ambos en silencio.

A Haruka también se le vino a la mente el tema de Rei, quiso preguntar qué había sucedido ya que el menor no había abordado el asunto después de haber ido a su casa el otro día, simplemente dijo que ya no tenía interés en alguien como Rin, tal vez él tampoco querría hablar de ello, y finalmente prefirió guardar silencio.

Una vez que llegaron, se sentaron uno al lado del otro en las bancas que estaban en la estación, aun sin dirigirse la palabra. Rin no podía ni siquiera mirar sus manos juntas, mucho menos podría soportar la mirada del pelinegro.

- No… No se lo digas a nadie… – Musitó Rin, teniendo la mirada fija en el suelo, apretando levemente la mano de Haruka.

- Bien. – El pelinegro entendió rápidamente que Rin aún se sintiera inseguro al respecto, así que no le tomó mucho acceder a no decir nada de lo ocurrido esa noche.

Entre su ensimismamiento, ambos escucharon el tren acercarse y la mano vacilante de Rin soltó la de Haruka, deslizando sus dedos suavemente mientras se ponía de pie. El tren se detuvo, abriendo sus puertas y dejando salir a la poca concurrencia ya a esa hora de la noche, Haruka suspiró y también se levantó, para despedirse del que había sido su amigo en primaria, quedando frente a frente, sin saber muy bien qué decirse.

- Nos vemos… – Dijo el pelirrojo, rascando su nuca y mirando dudoso al ojiazul.

- Sí. – Asintió Haruka. "Pronto…" se dijo para sus adentros, dedicando una casi imperceptible sonrisa a Rin.

Rin subió al vagón, que pocos minutos más tarde partió, dejando atrás la estación.


Haruka levantó su mirada, apoyando la cabeza en la pared detrás de su cuerpo, y se quedó mirando unos momentos al cielo, viendo pasando algunas aves volando. Ajeno a la conversación de los otros tres chicos que le acompañaban en la azotea. Apretó un poco su puño derecho, recordando algo de la sensación cálida que tuvo al tomar la mano de Rin y entrelazar sus dedos con él. Ya habían pasado dos días desde esa noche, no había vuelto a tener contacto con el pelirrojo, muchas veces pensó en llamarle pero ni siquiera él mismo sabía en que había pensado esa noche, simplemente quería verlo y…

- Hey, Mako-chan. – Le llamo Nagisa, susurrando. – ¿Sabes que le pasa a Haru-chan? – Preguntó, mirando al pelinegro por el rabillo del ojo, este sólo miraba al cielo completamente abstraído.

- Haruka-senpai se ve algo… Distraído. – Comentó Rei, uniéndose a la conversación.

Makoto llevó su mirada hacia Haruka, normalmente el pelinegro no hablaba mucho y se mantenía fuera de las charlas si no tenía nada que decir al respecto, pero casi siempre les escuchaba, a no ser que se quedara dormido en los recesos.

- ¡Mako-chan, tú siempre sabes lo que Haru-chan piensa! – Animó Nagisa, aun hablando entre susurros para no atraer la atención del pelinegro, que de todos modos no tendrían por el momento.

Makoto miró al rubio por un segundo, para luego volver sus ojos completamente hacia Haruka, en un intento por averiguar que pensamientos le podrían mantener tan absorto mirando a la nada. Quedo pasmado al recordar lo que el pelinegro le había dicho hace unos días cuando volvían de la escuela. "Rin me besó…" fueron sus palabras. Pronto escuchó la voz curiosa de Nagisa pero no fue capaz de responder ya que la campana para volver a clases había sonado, provocando que el menor se levantara rápidamente y arrastrara a Rei con él hasta el salón.

El castaño suspiró, también debían irse a clases; se puso de pie, extendiendo una mano hacia el pelinegro, como siempre con una amable sonrisa curvando sus labios, Haruka no tardó en tomarla, levantándose del piso sin dificultad. Pronto notó que esos ojos verdes no apartaban la vista de él.

- Haru, – Le llamo, para terminar de atraer la atención del aludido. – ¿Ha pasado algo con Rin? – Preguntó directamente, Haruka rehuyó de su mirada, apartando completamente el rostro.

'No se lo digas a nadie…'

- Nada en especial. – Respondió cortante.

Makoto pensó de inmediato que Haruka era pésimo mintiendo.

- Nunca me has ocultado nada, Haru, ¿por qué ahora no quieres decirme si pasó algo o no con Rin? – Insistió el castaño, alzando un poco el tono de su voz.

"No es como si fuera asunto tuyo..." Pensó el pelinegro, comenzando a caminar hacia la puerta de la azotea que ambos menores habían dejado abierta de par en par.

- Tenemos que ir al salón. – Dijo, para evadir el tema, Makoto dejó escapar un largo resoplido, bajando sus hombros, por esta vez lo dejaría pasar, Haruka no parecía estar de humor para hablar e iban a llegar tarde a la siguiente clase. Aun así le miró inquieto mientras bajaba la escalera, siguiendo al pelinegro.


Ya a la hora de la práctica, Haruka rápidamente se quitó el uniforme, quedando sólo con el bañador que traía puesto bajo los pantalones. Y tan pronto como pudo, se metió al agua, comenzando con el calentamiento antes que los demás. Nagisa le siguió, corriendo alegre hacia la piscina, gritándole a Rei y Makoto que se apresuraran. Gou rió suavemente al verles tan animados.

Haruka nadaba con la gracia y rapidez de siempre, reduciendo continuamente las milésimas de su tiempo. Verle así animaba a los otros tres a hacer lo mismo, sabían que el pelinegro sólo nadaba competitivamente por ellos, para ser el mejor equipo y seguir nadando juntos en torneos, así que sentían que debían hacer su mejor esfuerzo para retribuirle algo.

- Haruka-senpai se ve muy motivado hoy. – Sonrió la chica, luego de entregarle su toalla a Makoto, mirando como el pelinegro hacía su viraje al otro extremo de la piscina.

- Así parece… – Rió el castaño, igualmente mirando a Haruka nadar, recortando lo cortante que se había puesto hace unas horas. – Kou-chan… ¿Rin no te ha dicho nada? – Inquirió, atrayendo los curiosos ojos rojizos de la muchacha, que luego bajaron al piso.

- No… Sigue sin responder cuando lo llamo o le envío mensajes. – Respondió, haciendo un leve puchero. – De hecho, fue su capitán quien me comentó que mi hermano le pidió participar en el relevo… – Dijo, haciendo notar al mayor lo distante que estaba Rin, incluso de su propia hermana menor.

El entrenador Sasabe no tardó en gritarle a Makoto que volviera de inmediato al entrenamiento, después de todo era el último día que tenían los chicos antes de irse a la ciudad en la que las regionales se llevarían a cabo.


A la mañana siguiente, la profesora Amakata, el entrenador Sasabe, Gou y tres amigas de esta fueron a despedir a los cuatro nadadores a la estación, donde tomarían el bus que los llevaría a la capital regional, al torneo. Las chicas sostenían un gran y colorido cartel mientras el entrenador les daba palabras de aliento a los chicos, Nagisa dio un salto de emoción muy al contrario de Rei, quien dijo que el cartel le daba vergüenza ajena, sacando una risa apenada de Makoto. Haruka se fijó que en el cartel estaba el dibujo que él había hecho meses atrás, cuando Rei apenas se había unido al club.

Y con los buenos deseos de Gou y un dicho de la profesora interrumpido por la llegada del bus, los chicos se despidieron de los presentes. Durante el camino, se bajaban para estirar las piernas o comer cada vez que el vehículo hacía alguna parada.

Llegaron a la ciudad al atardecer; Nagisa, Rei y Makoto se habían quedado profundamente dormidos en el viaje, mientras que Haruka miraba por la ventana como el sol se ocultaba lentamente a medido que el bus se adentraba en la ciudad. No podía dejar de pensar que al día siguiente tendría que competir con Rin de nuevo, y esta vez no podía perder. Esta vez no nadaba sólo por sí mismo, ni para sentirse libre de obligaciones, nadaba por sus amigos.