CAPITULO 4

Enseguida salieron del pueblo, el Camaro del 67 iba primero con Damon y Katherine en su interior, seguidos por el Chevrolet Tahoe con Alaric, Bonnie y Elena. Al darse cuenta de que iban justos de hora, Damon llamo al Aeropuerto de Richmond para informarse, encontrándose con la sorpresa de que su vuelo tenía algo de retraso. Confirmó los billetes de primera clase que había reservado dando nombre a cada uno de ellos.

-Sí, son hermanas. Elena y Katherine Gilbert.

Katherine se mosqueo al oír eso, pero no pudo reprimir una sonrisa al comprender lo que estaba haciendo Damon. Era imposible que pasaran por otra cosa que no fuera hermanas y gemelas para más inri. Aunque el problema de pasaportes, era algo que podían solucionar con algo de compulsión, no era bueno llamar la atención más de lo debido. No sabían quién podía estar mirando.

-Vale, gracias. Estaremos allí en una hora.-dijo Damon colgando el teléfono.

-Me encanta cuando piensas en todo.-soltó Katherine con gesto de flirteo.

-Sí, claro. Como en 1864, verdad Kath? Como era aquello…ah, sí. Era algo de tu y yo para siempre, sin ese hermano que ahora mismito esta suelto por ahí, matando gente y no se sabe que más.

-¿No me lo perdonaras nunca? Incluso después de haberte salvado la vida, sigues con el mismo tema. No vivas en el pasado.

-Entiendo que jugaras con los dos, pero nunca llegue a comprender que ocurrió para que todo pasara como paso.

-¿Cómo decirlo rápido? – se preguntó Katherine mientras pensaba. –En tres palabras, lo resumiría en amor, miedo y avaricia.

-¿Amor, miedo y avaricia? ¿Me lo explicas? Estoy un poco espeso.-dijo Damon visiblemente descolocado.

-Ay, mi Damon. No es tan difícil, veamos. El amor, nos queríamos entre los tres. Vosotros desde vuestro vínculo como hermanos, erais los perfectos amigos y compañeros. Yo amaba a Stefan, pero tengo que admitir que también te amaba a ti, aunque de una forma totalmente diferente de tu hermano.

-Increíble, Kath. Me vas a hacer llorar. ¿Dónde quedo aquello de "Siempre fue Stefan"? –dijo Damon con su habitual guasa.

-Te dije eso porque en ese momento me estabas pidiendo una cosa que no te podía dar, aunque ahora…-dijo Katherine pasando suavemente uno de sus dedos por el rostro de Damon

Damon aparto inmediatamente la mano de Kath, de mala manera y le lanzo una mirada de las suyas, con el rostro pétreo y directamente hacia sus ojos.

-Ya veo que por ahí, no hare ningún progreso.

-¿Por qué no sigues explicando? Todavía quedan el miedo y la avaricia.

-Como quieras. La avaricia fue mi problema, os quería a los dos conmigo. Aunque sabía que a la larga no funcionaria, por lo diferentes que sois. No era capaz de deshacerme de ninguno de los dos. Por decirlo de alguna manera, fue mi tumba, aunque suene mal. Si no hubiera tenido la piedra lunar para hacer aquel trato con George Lockwood, me habría quedado en la iglesia y me habrían encerrado con los demás.

-¿Y el miedo? ¿Que tuvo que ver el miedo con todo aquello?

-El miedo lo encarno Stefan, si él no hubiera ido a vuestro padre y no hubiera bebido verbena, jamás me habrían cogido y tal vez, las cosas habrían sido diferentes. Ya nadie sabrá lo que podía haber pasado. De todas formas, el miedo también hizo que Stefan te incitara a convertirte. No quería que te mataras y quedarse solo para siempre, se habría vuelto loco.

-La verdad es que fue así. Stefan quería que todo fuera más fácil y por muchas veces que se lo decía, él no lo comprendía. Razonar con nuestro padre era una batalla perdida de antemano. Hace unos meses, se disculpó conmigo por haberme obligado a convertirme, me dijo que no quería estar solo. Aunque la verdad es, que en estos 150 años no hemos estado juntos casi nunca. Al principio, estuvimos muy separados, Stefan se dedicaba a matar por ahí sin ningún control y yo era el tranquilo. Gracias a Dios que apareció Lexi y yo me largue sin mirar atrás.

Pero, volviendo al tema y dejando el pasado de lado. ¿Cómo sabes tanto de Frank, el tipo que vamos a visitar?

-Ya te lo dije, trabajaba para Elijah, estuvo a punto de cazarme un par de veces, con los años dejo de intentar matarme y cuando dejo a Elijah, digamos que hicimos algunos tratos juntos.

Damon conocía bastante bien a Katherine, sabía que la vampiresa le estaba ocultando algo pero no acertaba a saber el que. Con Kath, la información fluía con cuentagotas.

-Venga Katherine. Se supone que estas aquí como amiga, porque no me dices lo que quiero oír. No es tan difícil.-dijo Damon con cara de niño bueno.

-No juegues a algo en lo que no puedas ganar. No me vas a sacar algo que no te quiera decir. Así fue en 1864 y así será ahora. La conversación me ha dado un poco de hambre.

-Las bolsas de sangre son para el vuelo, pero puedes darte un lingotazo de Bourbon. Si lo haces, ya que estas me pasas la petaca.

Katherine alargo la mano para coger la pequeña mochila de cuero, se fijó en que debía ser bastante vieja, por los grabados que había en ella. Quito el cierre, aparto con cuidado las bolsas de sangre, que todavía estaban frías y fue a coger la petaca cuando se dio cuenta de que había algo más en aquella bolsa. Había 4 viales de un líquido transparente que Katherine no tardo en identificar como verbena. Saco la petaca, también bastante vieja, saco el tapón y dio un sorbo de Bourbon. Un segundo después, Katherine carraspeo y tosió un par de veces.

-Maldita sea, Damon. El bourbon lleva verbena.

-Lleva muy poca cantidad, yo la tomo desde hace tiempo, en pequeñas dosis. Además, pensé que mi compañero de bebida, seria Alaric y no tú, se me olvido decírtelo. Hay otra petaca en la guantera.

Damon se encogió de hombros y Katherine le miro con cara de pocos amigos. La vampiresa le tenía que dar un punto a su favor, con el Jack Daniels no se notaba el olor de la verbena.

-Solo te he escondido una cosa y porque es muy personal. Como de todas maneras te enteraras, te lo contare.-dijo Kath carraspeando todavía un poco.

-Soy todo oído.

-¿Te acuerdas de Ariadna, la pareja de Frank?

-¿Qué pasa con ella?

-Me instale al sur de la toscana en el invierno de 1802, aquello era un paraíso oculto entre montañas y viñedos, lo suficientemente apartado del ruido de las ciudades, pero a la vez cerca de ellas, con Milán al norte y Venecia al sur. Disfrute como nunca en todos mis años, no me escondía y era feliz. Tenía varios sirvientes que conocían de mi naturaleza y que eran totalmente fieles. Sabían que no tenían que temer nada de mí, porque cuando necesitaba sangre, me iba a las ciudades y no hacía daño a nadie. Dos de mis sirvientes, eran el matrimonio Dellacqua. Ella, Marcella, era mi ama de llaves y mi mano derecha. Él, Marco, era el que ocupaba de los arreglos del lugar donde vivía y a veces se ocupaba del trabajo sucio.

-Querrás decir enterrar cuerpos sin una gota de sangre.-interrumpió Damon con guasa.

-Ah, cállate. Marcella se quedó embarazada al principio del verano de 1803 y pensaron en marcharse, pero les asegure que no les pasaría nada malo e incluso puse medios para que se construyeran una casa al lado. A los tres meses ocurrió una tragedia, una de las vigas de madera de la nueva casa le cayó a Marco por accidente y murió sin que pudiera hacer nada porque en ese momento me encontraba en Milán. Marcella estaba muy apenada y casi enfermo por aquello, lo único que la saco de aquel estado, fue su embarazo y los recuerdos de su marido. El embarazo siguió su curso y aunque puede parecer broma, el martes 14 de febrero de 1804, vino al mundo Ariadna Dellacqua. Marcella creyó que aquella fecha era una señal que su marido la enviaba.

-Esta historia parece la niña que nació sirvienta para terminar siendo princesa, un cuento de hadas mezclado con espaguetis a la boloñesa. Joder, me ha salido hasta un pareado.-dijo Damon intentando no reírse.

-Eres un cabron, quieres que te cuente las cosas para luego reírte. Esto es algo personal, estúpido.- dijo Kath cruzándose de brazos y mirando al paisaje.
Pasaron unos minutos en silencio, Katherine bebió de la petaca que no tenía verbena y Damon pudo ver que por alguna razón, estaba verdaderamente molesta, cosa no muy habitual en la vampiresa.

Kath en esos momentos estaba rememorando lo que había pasado muchos años atrás.

Katherine: Marcella, sabes que puedo curarte con mi sangre. Por favor, déjame hacerlo.

Marcella: No, señorita Katerina. Todos tenemos un momento en el que Dios quiere que nuestra vida se acabe. A mi marido le llegó la hora, debajo de aquella viga y a mí me ha llegado ahora. No tengo miedo de morir, solo tengo miedo por lo que la vida deparara a mi hija. Necesito que este segura y no hay nadie en el mundo, con la que pueda estar más segura, que con Usted. Necesito que me prometa que cuidara de ella.

Katherine: Te lo prometo, Marcella. Crecerá feliz y siempre estará segura. Nunca le faltara de nada.

Marcella: Gracias, mi señora. Aunque haya estado poco tiempo con usted, ha sido un honor servirla.

Marcella dijo aquello con sus últimas fuerzas, cerró sus ojos y segundos después dejo de respirar. Katherine cubrió su cabeza con las sabanas y dio órdenes a otros sirvientes sobre lo que tenían que hacer. La gripe en aquel invierno estaba siendo criminal, ya se había llevado a 3 de sus sirvientes y era difícil encontrar personas tan leales y trabajadoras. Los cuerpos se tenían que quemar por precaución. Katherine se dirigió a la cuna donde un bebe que no llegaba al año, dormía pacíficamente.

Katherine: Tranquila, Ariadna. Nunca te faltara nada y cuando hago una promesa, es de por vida, sin importar los años que signifique eso.

El bebe se despertó y empezó a llorar, Katherine también soltó una lagrima, la primera desde hace casi 300 años.

Una lagrima asomo por el rostro de Katherine, pero la vampiresa fue rápida para limpiársela sin que Damon se diera cuenta. Dejo de mirar el paisaje y pego un buen trago a la petaca, casi hasta terminarla.

-Oye, perdóname. No sabía que esto fuera tan importante, nunca te había visto así, Katherine. Termina la historia, estaré callado.- dijo Damon con sentimiento de culpa.

Katherine miro a Damon y se acordó del hombre que había conocido en 1864 y que estaba loco por ella. Dibujo una sonrisa en su rostro y se dispuso a continuar con la historia.

-Marcella enfermo con una fuerte gripe al invierno siguiente, quise darle mi sangre para curarla, pero no acepto y murió. Desde entonces, cuide de Ariadna como si fuese mi propia hija y eso ha sido lo más cerca que estaré nunca de ser madre.

-Oh vaya. No me esperaba eso de tu parte.

-Ya te he dicho que en esa época, era muy diferente, era feliz. Nadie me podía encontrar en aquel lugar y me dedique a otras cosas, que no fueran esconderme y huir de Elijah y Klaus.

Ariadna creció feliz y sana, aprendiendo todo lo que yo podía enseñarle y a partir de sus 16 años empezó a acompañarme a algunas de las fiestas que por esas épocas se celebraban en Venecia. Hasta que llego el carnaval de Venecia de 1826, Ariadna tenía 22 años recién cumplidos y estaba esplendida cuando llegaron las invitaciones para uno de los mayores bailes de máscaras, que se celebraban en la ciudad. La sorpresa fue cuando nos encontramos allí con Frank, el cual parecía con intenciones pacíficas como en la última vez que nos habíamos encontrado, hacía mucho que había dejado de estar al servicio de la Familia. Ariadna se enamoró locamente de él y casualidades de la vida, a Frank le paso lo mismo. Rápidamente se casaron y Ariadna acepto que Frank la convirtiera para que "el para siempre" se cumpliera de verdad.

Eso es un amor verdadero y no lo de esa niñata del coche de atrás.

-¿Y eso, a que viene?

-Viene a que me jode especialmente que diga que ama a Stefan y todas esas chorradas, cuando no estaría dispuesta a convertirse por él. No hay cosa que sea más definitiva en el amor, que el sacrificio. Tú y tu hermano sois pruebas vivientes de eso. Sacrificasteis todo lo que teníais porque me amabais. Ariadna se sacrificó por Frank. Elena nunca se sacrificara por Stefan…o por ti.

Damon hizo una mueca que mezclaba una sonrisa y el desagrado por lo que había dicho la vampiresa. Dirigió su mirada a la carretera y pronto diviso la silueta del Aeropuerto Internacional de Richmond. No tardaron mucho en llegar y encontrar aparcamiento. Se dirigieron a la terminal, recogieron sus billetes de primera y se acercaron a los controles.

No hubo problema gracias a las particulares habilidades de Damon y Katherine. La llamada para embarcar llego más pronto de lo que se esperaban y cuando se quisieron dar cuenta, estaban cómodamente instalado en primera clase y el avión se encaminaba hacia la pista.