Capitulo 4
No confío en ella.
"El guerrero se dio cuenta a tiempo de que la última soga que sostenía el cañón había sido cortada. No tuvo oportunidad más que para correr hasta el otro extremo del barco. Al mismo tiempo que saltó al agua una enorme explosión se produjo detrás de él. Todos estaban expectantes, no sabían si había conseguido escapar a las llamas. Segundos después emergió del entre los restos del barco y fue recibido con aplausos y gritos de júbilo. No lo creía, ¡En verdad habían ganado!
Miró a su alrededor para buscar un objeto de donde sostenerse, pero antes de que lograra encontrar algo se percató de que alguien le ofrecía su mano animándolo a salir. Al alzar la vista encontró que quien le prestaba ayuda era nada más ni nada menos que la más grande guerrera de toda china, pero no solo era eso, sino también su mejor amiga. La expresión que ella tenía en el rostro no se parecía a ninguna que él hubiera visto antes, demostraba enorme paz y tranquilidad. Cuando estuvo de pie frente a ella simplemente no podía sentirse más feliz, no solo porque todo hubiera acabado, sino porque ella estaba sana y salva. Mientras peleaba contra los cañones lo único que tenía en mente era que debía ganar, debía mantener a salvo a china, a sus amigos, a Tigresa. Tan solo quería decirle cuan alegre se sentía de que no le hubiera pasado nada, pero ella fue la primera en hablar.
-Eso, fue bastante radical.
Todo en su interior se revolvió al escuchar aquellas palabras. Pensaba que debía estar soñando. La persona más ruda y fuerte que él había conocido en toda su vida pensaba que él era radical. Podía sentir como si un enorme calor lo envolviera. Se lo causaba aquella hermosa sonrisa que la felina le dedicaba. Nunca imaginó que ella pudiera llenar una expresión de tal manera. Ya no lo aguantaba más, la alegría que le provocaba el verla sonreír así era demasiada. No lo pensó dos veces y se lanzó sobre ella, abrazándola como nunca pensó que podría abrazar a alguien. Ni siquiera le importó que seguramente terminaría con golpes peores que los de la batalla por hacer eso. Para su sorpresa ella no se opuso, sino que le correspondió con un abrazo todavía más fuerte y emotivo. La fría guerrera se comportaba de una manera totalmente distinta a la habitual. Las fuertes extremidades de ella tomaron el rostro de su amigo y lo acercaban lentamente al suyo. Cuando sus frentes quedaron pegadas una a la otra parecía que había música a su alrededor. El barco destrozado se prendió en llamas, dejando escapar a la pólvora e iluminando de colores el cielo, celebrándose así la victoria de los valientes guerreros. El gozo del momento los animaba cada vez más y comenzaron a acercarse poco a poco uno al otro. Parecía que una fuerza invisible los atraía y no los dejaría separarse jamás. Ya casi nada los separaba del inevitable contacto, podía sentir el pelaje de ella rozando sus mejillas así que cerró profundamente los ojos y…."
-¡Ah!
Po acababa de caer por un lado de la cama. Con la panza arriba y la cobija cubriéndole medio cuerpo, no terminaba de entender lo que sucedía. Se apoyó sobre sus codos y miró extrañado de un lado a otro. Había cuadros de los cinco furiosos por todos lados colgados en su cuarto y sobre una mesa estaban sus figuras de acción. Además de las figuras de cada uno de sus compañeros se encontraba una de él, era la más nueva que tenía. Puso una expresión de tranquilidad y se echó en el suelo para soltar un gran bostezo. En su vida anterior, el panda soñaba que era un guerrero del kung fu y combatía a los malvados. Lo único malo de sus fantasías era que siempre despertaba, sin muchas ganas de volver a su aburrida realidad. Ahora todo era diferente, esos anhelos ahora eran parte de cada día. "No puedo creer que estoy viviendo mi sueño" decía observando su propio muñeco junto a los de sus amigos, sonrió y dio un gran suspiro.
-¡Bárbaro! – susurró para sí mismo – bueno, creo que si ya me levante temprano debería aprovechar para tener un desayuno antes del desayuno – se puso de pie animado y fue hacia la cocina rascando su barriga.
Se encontraba parado frente a la alacena metiendo cuanto podía en su boca cuando escuchó abrirse la puerta. Se quedó petrificado al sentir a alguien detrás de él observando. Ya podía escuchar los regaños de su maestro e imaginarse los castigos que le esperaban, aquella sería la segunda vez que lo iban a sorprender asaltando las reservas de comida en esa semana. Se dio vuelta con las mejillas a reventar y los ojos desorbitados para encontrar ahí parado a Zeng con la boca abierta.
-Ah maestro Po, ahí está – lo saludó sin poder dejar de prestar atención a toda la comida embarrada en la cara del panda.
-Hola Zeng – dijo con la boca llena e hizo un esfuerzo por tragar el enorme bocado.
El mensajero pareció recordar de golpe el propósito de su visita.
-Maestro debe venir conmigo, es urgente – comenzó a caminar hacia la salida – alguien ha venido a buscarlo.
El oso subía las escaleras del palacio corriendo a toda velocidad, claro que dando pequeños descansos en el trayecto para no sufrir un paro cardíaco. No podía creer quien estaba allá arriba esperándolo, cuando Zeng le dijo quien había llegado ni siquiera esperó a escuchar los detalles y salió corriendo. Apenas consiguió llegar a la cima pudo verla apoyándose en una de las columnas de la entrada del salón de los guerreros. Una leoparda de las nieves vestida con chaleco y guantes grises. No podía contener la alegría de verla otra vez.
-¡Song!
Antes de que ella pudiera darse cuenta de donde la habían llamado, Po ya la tenía fuertemente abrazada. Ella lo empujó suavemente al sentir un leve dolor por el apretón, pero aun así el gesto del oso le provocó una alegre mirada.
-Hola Po – se sujetó el abdomen con una mano – perdona que no te abrace – luego puso su mano en el hombro del oso - te extrañé mucho.
Cuando el panda vio el raro comportamiento de Song se llenó de preocupación y tomo sus hombros con delicadeza. Después la ayudó cuidadosamente a quedar completamente recargada sobre el pilar.
-Song, ¿Qué te ocurrió?
Su emoción dejo paso al miedo al darse cuenta de los moretones que ella llevaba encima y de la sangre salpicada en su chaleco. Ella hizo una mueca de dolor y un pequeño impulso recorrió todo su cuerpo. Se sujetó débilmente del panda.
-Nos atacaron, eran demasiados.
-¿Pero donde?
-En uno de los bosques que conectan las aldeas con la ciudad imperial.
-¿Quién te hizo esto? – dijo señalando la marca de estrangulamiento en su cuello.
Song se estremeció, vinieron a su cabeza las imágenes de su pelea. Con solo recordarlo podía sentir esos fuertes puños destrozando su rostro. Presionó con fuerza su cabeza intentando alejar esas dolorosas sensaciones. Parecía que de un momento a otro perdería el conocimiento.
-Deprisa, necesitas un doctor – dijo Po intentando levantarla.
-Ella, regresó.
-¿Quién?
-Su, quiere matarlos.
-¿De qué hablas?
-Yo... – cada vez podía apoyarse menos en la columna – necesito… descansar.
De repente se desplomó, su visión se iba poco a poco hasta quedar en una oscuridad total. Solo escuchaba la voz de Po a lo lejos pidiendo ayuda.
Song despertó llena de vendajes en una habitación dentro del palacio, el piso era de color verde y a su alrededor había utensilios médicos. Parecía más un lugar sagrado que un cuarto para enfermos. Cuando se pudo sentar en la cama vio a una persona que nunca imaginó conocería en persona. Estaba hablando con un cerdo doctor, el legendario maestro Shifu. El pequeño maestro se percató de que su huésped había despertado así que se despidió del médico y comenzó a acercarse a ella.
-Maestro Shifu, es un honor conocerlo – le hizo una reverencia sin poder levantarse de su lugar.
-Le diría lo mismo – dijo correspondiendo al gesto – pero ya me ha sido presentada.
-¿Enserio?
-El Guerrero Dragón la trajo aquí para que atendieran sus heridas. Me ha dicho que es una gran guerrera y una confiable aliada además.
-Mi nombre es Song. Soy la líder de las damas de la sombra.
-Ya veo. Se me ha informado que usted podría poseer información acerca de una especie de ataque. ¿Es eso cierto?
-Me temo que si maestro – dijo con frialdad.
Tigresa acababa de despertarse, había dormido plácidamente. Por alguna razón se despertó antes que los demás, aun más de lo usual. Decidió que meditaría un poco antes de comenzar el día, adoptó la posición del loto en el centro de su habitación. La paz que se respiraba en ese lugar era enorme, prácticamente podía sentir el universo moviéndose a su alrededor. Su expresión denotaba enorme satisfacción al poder lograr tal grado de relajación. De repente se percató de algo extraño. Tanta tranquilidad, más que placentera parecía anormal. Se suponía que los ronquidos de cierta persona debían estar a su máximo en esos momentos impidiendo a cualquiera poder escuchar sus propios pensamientos. Afinó más su oído, pero aún era el silencio lo único que percibía. Aquello era demasiado extraño. Se levantó de su lugar y se dirigió al cuarto de Po, sospechando que algo no andaba bien abrió lentamente la puerta.
-¿Po? – preguntó al tiempo que veía la habitación vacía, entonces sus orejas apuntaron en dirección a la cocina.
El oso se encontraba cocinando apresurado, a juzgar por la cantidad de ingredientes bien podría estar preparando un banquete. Mientras revolvía la sopa con una mano, agitaba de arriba abajo la sartén con la otra friendo algo delicioso. Simultáneamente hacia equilibrio con un plato lleno de distintas especias utilizando la cabeza. Toda su concentración se hallaba en lo que mejor sabía hacer después del kung fu, tanto que no se dio cuenta de que Tigresa había entrado a la cocina y admiraba el gran espectáculo que era ver a un panda preparar el desayuno como malabarista.
-Jamas te había visto levantarte temprano Guerrero Dragon – dijo ella sorprendiendolo - ¿Te sientes bien?.
-¡Buenos días Tigresa! – volteó la cabeza un instante sin dejar lo que hacía para sonreírle.
Ella se acercó a la mesa y ocupó su habitual sitio.
-Huele muy bien - halagó su comida.
-Vaya, gracias.
-¿Por qué hoy desayunamos temprano?
-Es que tenemos una invitada especial.
La expresión tranquila de Tigresa cambio por una de duda.
-¿Quién?
-Mi amiga Song.
-¿Song? – preguntó desconcertada.
-Sí, Song. La chica bailarina.
Tigresa rebuscó entre sus recuerdos aquel nombre por unos segundos. Le sonaba familiar.
-La misma Song que te engañó e intentó robar el cáliz de Shifu – dijo en tono dudoso.
-Exacto, supongo.
-¿Esta aquí? ¿En el palacio?
-Si, en el Salón de los Guerreros.
A la felina no le agradaba lo que escuchaba.
-Po, después de lo que hizo, no creo que sea buena idea que esté aquí.
-Está herida Tigresa, ella y sus chicas fueron atacadas hace unos días. Necesita un lugar donde donde quedarse – se volvió hacia ella para explicar - además dijo algo sobre la antigua líder de las damas de la sombra, algo sobre un ataque. Creo que algo grave está pasando. Debemos averiguar lo que es - luego siguió con su tarea.
-¿Y el maestro sabe de esto?
-Está hablando con ella ahora mismo.
Parecía que había terminado de preparar el guiso por fin. Tomó un poco de sopa y de la comida que había en la sartén y los sirvió a Tigresa.
-Toma, es un guiso especial. Sé que prefieres algo más ligero en la mañana. Pero Song está débil y necesita comida muy nutritiva. Diles a los demás que tomen cuanto quieran de la olla.
Después el oso colocó una ración aun mayor sobre una charola y se dispuso a abandonar la estancia con ella.
-¿No desayunarás?
-Creo que le hare compañía a Song mientras come.
-¿Quieres que te acompañe? – preguntó de brazos cruzados.
-No, esta bien Tigresa, desayuna con los demás – dijo mientras salía de la cocina - ¡Te veo en el entrenamiento!
Tigresa se quedó mirando a la puerta sin poder sentirse tranquila.
Po llegó corriendo al fondo del salón de los guerreros con la charola en la mano, para encontrar a Shifu saliendo de la habitación de donde se encontraba Song.
-¿Cómo esta ella maestro? ¿Ya despertó?
-Ya ha despertado Po, me temo que debo hablar urgentemente contigo y los cinco. Tenemos serios asuntos que discutir. Veo que le trajiste el desayuno – dijo mientras empezaba a caminar a la salida.
-Iré a entrenar cuando ella termine de comer.
-No habrá entrenamiento hoy. Te espero a ti y a los demás en el salón. Procura no tardar mucho – sin decir más salió con un aire serio y pensativo.
El panda tocó a la puerta y entró lentamente.
-Buenos días – dijo asomando la cabeza.
-Hola Po – Song olfateó al aire – que bien huele ¿Eso es para mí?
-El desayuno está servido señorita – dijo mientras despejaba una mesa. Luego puso la comida en ella – quiero hacerte compañía si no te importa.
-Claro, tengo tanto que contarte – dijo con brillo en los ojos.
En la cocina los cinco furiosos tomaban sus alimentos mientras hablaban de la visitante.
-¿Dices que fue atacada? – preguntó Mantis a Grulla.
-Fue lo que Zeng dijo. Al parecer estaba mal herida, ni siquiera podía mantenerse en pie cuando llegó.
-¿No creen que sea peligroso que este dentro del palacio sin supervisión? – dijo Mono.
-Por supuesto que no, es una de las nuestras – contestó Víbora – nos ayudó a recuperar el cáliz de Shifu y a escapar de todas esas chicas ladronas.
-Además ahora lidera a las damas de la sombra, escuché que se dedican a proteger aldeas cerca de la ciudad imperial – agregó Grulla.
-Pero no está sola chicos, nuestro casanova le hace compañía – dijo pícaramente el pequeño insecto.
Víbora y Grulla rieron con el comentario. Mono se rascó la cabeza sin poder entender y se volteó hacia Mantis.
-¿A qué te refieres?
-A nada, solo digo que con ella aquí, Po seguramente no vendrá a entrenar – nuevamente se reía de forma extraña.
-¿De qué está hablando? – preguntó divertido el primate.
-¿Qué no le dijeron lo de Po y Song? – cuestionó Mantis mientras se volvía a Grulla y Víbora, ellos negaron con la cabeza.
-¿Qué es lo que no se? – preguntó interesado.
El pequeño del grupo se paró al centro de la mesa mirando de un lado a otro para asegurarse de que no había rastros de panda en ninguna parte.
-Cuando Víbora y Grulla ayudaron a Po a recuperar lo que las damas de las sombras nos robaron se vieron superados en número y acorralados, pero Song los ayudo a escapar. Así que al final terminaron siendo amigos otra vez y todo eso – comenzó a bajar el ritmo de su narración – pero al haberse deshecho de sus perseguidoras, Song decidió que regresaría con ellas. No volvería al Valle, así que se despidió de Po. Antes de marcharse ella… se acercó a su amigo mirando de un lado a otro desconfiadamente – ella…
-¡¿Qué?! – gritó Mono.
-Ella le dio a nuestro amigo un beso de despedida.
-¿Y eso es todo?
-Yo no creo que fuera cualquier cosa – añadió Grulla.
-Fue muy romántico – dijo Víbora.
-¿Entonces Song y Po…?
-No lo sé – interrumpió Mantis a Mono – pero cuando ella llegó aquí pasaban mucho tiempo juntos. Tal vez fuera mi imaginación, pero creo que nuestro panda ya se ha conseguido una chica – todos reían. Todos excepto una persona.
-¿Hablan en serio? – preguntó Tigresa.
-Claro, ¿Por qué no? – contestó Víbora intentando molestar un poco a su amiga – yo pienso que hacen bonita pareja.
-No creo que Po sea tan ingenuo como para... - las miradas de todos recaian sobre Tigresa – bueno, dejarse engañar por una ladrona – asumió ella.
-Tranquila Tigresa – dijo burlonamente el pequeño maestro – estoy seguro de que Po te quiere más a ti.
Un gruñido de la felina bastó para que Mantis se sintiera intimidado. Sus pequeñas antenas se doblaron para atrás y se escondió tras del bazo de Mono.
-Solo bromeaba – se excusó asustado.
La ruda maestra se levantó de la mesa bastante enojada y salió de la cocina abriendo la puerta de un golpe. Cuando se alejó sus compañeros se quedaron desconcertados.
-¿Qué le pasa?
-No lo sé.
-Bien hecho Mantis – dijo Mono.
-Oye, sabes que lo que dije de Po solo fue una broma. Nunca se pone así.
-Creo que deberíamos de dejar de molestarla con eso – observó Grulla – es obvio que ya se hartó de esas bromas.
Víbora se sintió un poco culpable de haber ocasionado que Tigresa se molestara, sus reacciones ante ese tipo de comentarios jamás eran tan serias.
Al llegar al salón de entrenamiento Tigresa se percató de que el maestro Shifu no se encontraba ahí. Le pareció extraño, pero decidió que iniciaría por su cuenta. Comenzó a golpear los postes y los obstáculos con una enorme ferocidad.
En el fondo del salón de los guerreros, el panda escuchaba atentamente la narración de su amiga. Sentía escalofríos en la piel cada vez más fuertes mientras ella le contaba su historia.
-¿Y después no intentó perseguirte?
-No lo sé, jamás miré para atrás hasta que llegué al Valle.
-Suena como una pesadilla.
-En verdad que lo fue.
El panda no creía lo que le contaba, al parecer Su estaba tramando algo realmente aterrador y por la forma en que el maestro Shifu había reaccionado seguramente era grande.
-¿Sabes lo que planea hacer? – preguntó preocupado Po.
-No. Pero si planea algo estoy segura de que primero intentará deshacerse de ti y de tus amigos.
-¿Lo crees?
-Ella misma me lo dijo. Ustedes son los únicos que podrían detenerla, por eso vine en cuanto pude. Debemos estar alerta para cuando llegue.
-Debes tranquilizarte Song – le contestó animado – una sola chica malvada no basta para vencer a la asombrosa barbarosidad del Guerrero Dragón y los legendarios cinco furiosos. La atraparemos.
-No lo entiendes, ella no está sola. Algunas de las damas le mantuvieron lealtad, las más fuertes y experimentadas. Son las que la siguieron desde el principio.
-Bueno, aun así…
-Eso no es todo. Por lo que se y he visto consiguió reunir un enorme ejército. La gente que vivía en esas aldeas afirmaba haber visto campos repletos de tropas. En el bosque fácilmente nos superaron en número, eran decenas de soldados los que nos atacaron. Pero por lo que las personas nos han dicho tiene a cientos de su lado.
-Creo que tal vez si necesitamos una pequeña ayuda – corrigió él.
-Ya he pedido a tu maestro que mande un mensajero para reunir a mis chicas, tendremos una oportunidad si estamos alertas y peleamos juntos. En los próximos días deberemos mantener vigilados los alrededores sin descanso si queremos estar listos.
Po notó que ahora su amiga sonaba como una verdadera líder, ya no era ese simple aprendiz de ladrona que había conocido hace tiempo. Ahora hablaba astutamente y con seguridad de lo que decía.
-En cuanto me pueda poner en pie los ayudare a montar guardia – dijo la felina mientras se tocaba el golpe del costado.
-¡De ningún modo! Lo único que harás mientras estés así será comer rica sopa y descansar – le regañó Po – nosotros podemos encargarnos.
Ella puso cara de resignación y continúo comiendo.
-Song, ¿Por qué Su está haciendo esto? – el no terminaba de comprender aquello del todo – quiero decir, ¿Qué razón puede tener para atacarnos? – le cuestionó un poco preocupado al tiempo que tocaba el moretón que ella tenía en su ojo.
-Nosotros no somos su blanco principal Po.
-¿Entonces cuál es?
-Quiere someter a todos bajo su mando, quiere hacerse con el control de China derrocando al emperador.
-¿Pero por qué? No lo entiendo.
-Bueno, es un poco difícil de explicar.
-Pues soy todo oídos – afirmó el panda.
-Su tiene ideas muy radicales. Piensa que vivimos en una sociedad injusta, guarda rencor a las personas acaudaladas y a la nobleza. ¿Recuerdas que robábamos?, pues lo que obteníamos no era solo para nosotras. Muchos de nuestros botines los repartíamos con gente que lo necesitara. Su pretende imponer su propio modo de gobernar para que todos sean iguales.
-Ya veo. Bueno, tal vez su intención no sea tan mala pero no creo que esa sea la forma de... aguarda, ¿Tú como sabes eso?
-Porque la conozco desde que eramos cachorras.
-¿En serio?
-Crecimos juntas Po, se puede decir que Su me crió – Po estaba sorprendido.
-¿No tenías familia?
-Fui separada de mis padres cuando era muy pequeña, la verdad no los recuerdo, al igual que muchas de mi aldea. Hubiéramos estado perdidas de no haber sido por Su, ella nos rescató.
-¿De verdad? – no podía creer lo que ella contaba - ¿Como que las rescató?
-Nos halló encerradas en jaulas y nos liberó, se hizo cargo de nosotras. Era una persona de gran corazón, no toleraba ver el sufrimiento de otros. Desde ese momento se volvió nuestra líder.
A Po le daban ganas de saber mas, quería preguntarle todo acerca de ello, pero Song no parecía muy a gusto hablando del tema. Así que contuvo su curiosidad, pensó que no sería correcto.
-¿Y ella de dónde vino? No entiendo por que odia a las personas ricas.
-Vivió su vida entera en la pobreza, sus padres intentaban darle todo lo que podían para que viviera bien - hizo una pequeña pausa - ellos enfermaron cuando era pequeña y no pudieron ser atendidos. Al final la dejaron sola en este frio mundo. Ella vivió mucho tiempo por si misma, siendo menospreciada y humillada por las personas que poseían más.
-Jamás he visto que se le trate así a una persona solo por ser pobre – dijo Po algo extrañado.
-Es que has vivido siempre aquí, en el Valle de la Paz. Aquí todos son iguales y conviven unos con otros. Pero nunca has visitado una de esas grandes ciudades, en donde la gente está dividida entre los que tienen dinero y los que no tienen que comer. Esa es una vida realmente dura, tienes que ver por ti mismo. Esa es la razón de que Su nos volviera ladronas, siempre pensó que combatía la injusticia y que su causa era noble.
-Entonces su plan es desaparecer a las personas ricas como las que la trataron mal a ella.
-Exacto.
Po se quedó un tanto pensativo.
-¿Y cómo piensa acabar con nosotros? ¿Qué es lo que te contó?
-Cuando me fui, logré convencer a las damas de no seguir robando para dar a los pobres. Les dije que si queríamos ayudar a las personas era mejor defenderlas de quienes abusaban de ellas, la mayoría estuvo de acuerdo. Su logró escapar de algún modo de los guardias que la llevarían a prisión y nos buscó. La traicioné cuando te ayude a recuperar tu reliquia, así que al enterarse de que había vuelto a sus súbditas en su contra se llenó de ira.
-¿Intentó matarte?.
-En realidad no, primero dijo que me daría la oportunidad de redimirme. Ofreció no matarme a cambio de mi ayuda, decía que yo era su más confiable seguidora y que sin mí no podría lograrlo. Presumía tener un plan para corregir la injusticia de una vez por todas. Nunca antes nos había contado nada al respecto, ni siquiera a mí. Quería derrocar al emperador, instituirse como la suprema gobernante de China y despojar a todos los privilegiados de sus posesiones para dárselas a las personas ignoradas. Intentó convencernos de que cambiaríamos al mundo para bien si la seguíamos, al parecer llevaba mucho tiempo planeandolo y decía que tenía todo perfectamente calculado para que resultara.
-¿Y cómo pensaba hacerlo?
-Dijo que obtendría un enorme poder cuando lograra hacerse con una antigua arma. Había conseguido enterarse de su ubicación y solo necesitaba nuestra ayuda para robarla. La única cosa que haría falta seria reunir suficientes soldados para dar el golpe, solo necesitaba estafar a unos cuantos ricos más y todo estaría listo.
-¿Y qué hiciste? – preguntó horrorizado.
-Intenté disuadirla de olvidar su descabellado plan. Quise hacerle ver que lo que estaba buscando era la venganza, que estaba obedeciendo a su rencor hacia las personas en lugar de buscar la igualdad y la justicia como ella presumía, pero no quiso entender. Así que les dije a las damas que no la escucharan, que no necesitábamos seguir con esa triste vida de robos. Les garanticé que podríamos lograr más si nos centrábamos en una meta más noble, la justicia.
-¿Y que pasó?
-Ella estaba furibunda y se lanzó a atacarme junto con sus aliadas, en poco tiempo las reducimos y controlamos. Aunque estaba derrotada seguía asegurando que lo pagaría caro por interponerme en sus planes. Antes de que pudiéramos hacerlas prisioneras desaparecieron, hasta hace poco no habíamos sabido nada de ella.
Song parecía muy seria al contar todo eso y el panda ahora entendía a lo que se enfrentaban. Ya antes había enfrentado enemigos con ansias de poder. No habia nada mas peligroso que ello, sobre todo si su motivación era la venganza.
-Realmente lo lamento Song – puso una mano sobre su hombro – jamás hubiera imaginado todas las cosas por las que has pasado. Se lo que se siente no conocer a tus padres.
-No lo lamentes Po, yo no lo hago – contestó ella sonriente.
-¿No te duele no tenerlos contigo?
-Claro que sí, pero jamás estuve sola. Aunque ahora sea doloroso recordarlo, Su era como mi hermana mayor. Siempre cuidó de mí, de hecho – dijo pensativa - le debo la vida.
A Po le resultaba confuso, pese a que Su era una mala persona parecía que Song le guardaba afecto.
-¿Y entonces por que no la apoyas?, ¿No dices que es casi como tu familia?
-Sí, en parte. Ella era todo lo que yo tenía – su expresión por un momento se entristeció – pero eligió su propio destino. Aunque sus intenciones de mejorar el mundo en un principio puedan ser buenas o hasta justificadas, los medios que quiere utilizar no son los adecuados. Si algo implica perjudicar a personas inocentes, no importa lo buenas que sean las razones – ella también puso su brazo sobre el de Po afectuosamente – eso es algo que aprendí gracias a ti.
Po sonreía.
En el salón de entrenamiento Shifu acababa de terminar de exponer la situación a sus estudiantes y les había indicado que deberían montar vigilancia constante por los próximos días, al menos hasta que supieran a que se enfrentaban.
-Preparen lo necesario y estén alertas, he mandado mensajeros a vigilar todos los caminos alrededor del valle y a Zeng a reunir a las damas de las sombras. Además irá con los maestros de la ciudad imperial para que estén alertas – hizo una seria reverencia y se retiró.
Cuando el maestro hubo abandonado el lugar los guerreros se agruparon para decidir cómo montarían la guardia. Tigresa tomó el mando.
-Mono, tú y Víbora vigilaran el bosque que está en el lado este del valle. Un ejército entero podría ocultarse ahí. Intenten revisar todo el lugar desde los árboles para asegurarnos de que no hay peligro.
-Entendido – respondieron ambos y se marcharon.
-Grulla, llevaras a Mantis contigo y nos alertaran de cualquier cosa fuera de lo normal desde el aire. Ustedes nos avisaran si las tropas de Su se acercan por detrás.
-Lo haremos – el insecto subió al sombrero del ave y emprendieron el vuelo.
En el salón quedaban únicamente Tigresa y un emocionado panda.
-Po, tú y yo mantendremos protegida la entrada principal al pueblo, en caso de que alguien quiera intentar un ataque frontal. Seremos los primeros en combatir.
-Sabía que dirías eso – dijo el con entusiasmo.
La maestra tenía mal humor y solo se dio vuelta, luego comenzó a andar hacia su puesto sin prestar mucha atención a Po.
Ambos se encontraban en las afueras del Valle, vigilando el camino principal que llevaba hacia las montañas desde lo alto de una pequeña colina. La tarde ya iba entrando, no habían hecho nada mas que vigilar durante el día entero. Po no podía estar más aburrido. Se encontraba metiendo una mano hasta el fondo del agujero de un tronco, intentado obtener algo de dulce miel. Mientras tanto su amiga estaba sentada en el suelo a la sombra del mismo árbol y cruzada de brazos. Se hallaba inmersa en sus pensamientos, cualquiera podría asegurar que estaba meditando si no fuera porque no despegaba ni por un segundo la vista del extenso sendero que había al pie de la colina.
Tigresa no lograba sacar de su mente la plática que habían tenido sus compañeros en el desayuno, ni la sensación que le había provocado escuchar todo aquello. Su atención fue levemente distraída al ver a un panda correr colina abajo gritando como niña y siendo perseguido por un molesto enjambre de abejas. Tigresa trató de ignorar al oso y concentrarse en la situación en que se encontraban, no debía distraerse por cosas de niños. Trataba de deducir lo que Su haría y cuál sería el arma que pretendía robar. Pero como siempre, sus conjeturas fueron interrumpidas por la misma persona. Po se dejó caer con todo para sentarse a su lado, estaba jadeando y lleno de piquetes.
-¿Quieres? – le ofreció su mano llena de miel. Ella solo negó con la cabeza.
Cuando terminó de quitarse los restos pegajosos con la lengua, miró a quien estaba a su lado y cayó en cuenta de algo fuera de lo común. Tal vez Tigresa no fuera la persona más conversadora de todas, pero desde hacía un tiempo ya que solían charlar amistosamente después del desayuno, o camino de sus misiones. Sin embargo ese día no había sido así, en el semblante de la maestra cualquiera podría notar seriedad. Pero Po podía sentir otra cosa, como si estuviese triste por dentro. Se preguntaba si algo malo le pasaba. Así que se levantó animado y comenzó a dar puños y patadas al aire como si estuviera calentando, sabía cuál era el remedio perfecto para cualquier cosa que le pasara a Tigresa.
-¿Qué haces? – le preguntó extrañada. Po hacia estiramientos mientras sacaba la barriga.
-Es que esto está muy aburrido - se quejaba fingidamente – necesito algo de acción, ¿Te gustaría entrenar un rato?
-No vinimos a entrenar Po. El maestro nos envió a montar vigilancia, no podemos distraernos en lo absoluto – el sonrió como si supiera que diría exactamente eso.
-Pues yo creo que si estamos esperando por una batalla deberíamos practicar la barbarosidad un poco – le tendió la mano para que se levantara.
-En serio, debemos estar alertas.
-¿Pero qué tal si de la nada aparece Su con sus soldados? Deberíamos estar listos – no se daría por vencido.
-Yo siempre estoy lista.
-Demuéstralo – dijo retadoramente.
Ella dejo caer una ceja y volvió a fijar su vista en el horizonte.
-Oh ya veo que es lo que pasa – Po le dio la espalda poniendo sus manos atrás – tienes miedo de que te gane.
El oso intentaba contener una risita infantil y esperaba la respuesta de Tigresa. Algún reproche, amenaza o lo que fuera que indicara que había picado su orgullo. Pero no había respuesta alguna, empezaba a preguntarse si ella habría escuchado su provocación. Cuando volvió su mirada a ella dispuesto a repetir lo que acababa de decir se encontró con una Tigresa en posición de combate. Le daba un mensaje con los ojos: "Tu lo quisiste". Po adoptó satisfecho su posición de pelea también.
-Intentare no ser muy rudo – provocaba él.
-Lista – dijo invitándolo a acercarse.
El panda se lanzó con un grito sobre la maestra para dar inicio a una espectacular batalla. Así como Po era hábil para defenderse, bloquear y esquivar, Tigresa soltaba poderosos ataques que harían a cualquiera polvo. Mientras ella lanzaba duras combinaciones él debía reunir cada pisca de concentración para lograr parar tales movimientos. Ella estaba utilizando las técnicas más feroces y efectivas que conocía, aunque parecía no servir de nada. El guerrero al que enfrentaba había crecido en habilidad desde que le dio una paliza en la prisión de Gongmen. Eran el estilo del dragón y el del tigre mostrando todo su esplendor, ella era fuerte y el fluido, ella parecía imparable y el resistente a todo. La esbelta figura de Tigresa ocultaba dentro de sí una fuerza tan grande como la de un rinoceronte. Todos los kilos extra de oso que Po cargaba encima no parecían ser ningún estorbo para moverse sino que incluso lo protegían de los golpes que recibía, una técnica tan poco usual solo podría ser efectiva para Po.
El Guerrero Dragón subía y bajaba los antebrazos protegiéndose de los potentes puños de su oponente a una velocidad increíble. Tigresa soltó un golpe recto hacia la cara de Po, el hábilmente interpuso su mano y lo sacó de su trayectoria. En un instante sujetó el fuerte brazo de ella y lo torció llevándolo detrás de su espalda para poder aprisionarla. Ella sin perder el ritmo de la pelea levantó su pierna con tremenda flexibilidad y conecto una patada por arriba de su hombro en el rostro del oso. Viéndose liberada y fijándose en que su amigo se cubría la cara quejándose como un niño, saltó hacia el dando vueltas en el aire para cargar una fuerte patada. Pero antes de que su pie impactara sintió que las manos de Po lo tomaron y cambiaron su dirección. Él aprovechó el impulso para darle vueltas en el aire y lanzarla contra una roca. Tigresa hábilmente utilizo sus fuertes patas traseras como un resorte y volvió a la batalla enseguida. Las patadas y los golpes llegaban por todos lados y el guerrero comenzaba a cansarse, intentó dar un golpe frontal con todo su impulso pero ella lo vio venir y logro agacharse a tiempo. Al encontrarse en la posición perfecta para arremeter contra su amigo juntó ambas manos y las usó para estrellar de lleno en el estómago del panda su golpe favorito. El impacto del tremendo ataque lo hizo rodar hacia atrás una buena distancia hasta que logro enterrar sus pies y su puño en la tierra para frenar. Los dos estaban exhaustos y se miraban retadoramente sin dejar sus posiciones de combate.
-¿Seguro que quieres seguir? Creo que ya no puedes respirar – dijo cansada pero segura de sí misma.
-No lo sé, solo si estas dispuesta perder – ninguno se rendiría.
-¡Esto es increíble! – dijo una débil voz femenina, pero emocionada.
El calor de la batalla fue interrumpido y ambos dirigieron su atención a la persona que iba llegando. Encontraron que subiendo difícilmente la colina se encontraba Song, caminaba con una muleta y varios vendajes en el cuerpo. Po rápidamente olvidó lo que hacía y se dirigió corriendo a ayudarla. Tomó su brazo y lo pasó por arriba de sus hombros para que se apoyara.
-¿Qué estás haciendo aquí? Deberías estar descansando – la regañó él un poco preocupado.
-Perdóname, pero es que he estado sin poder salir desde que llegué. Creí que algo de aire fresco me vendría bien – respondió – además creo que necesitan ayuda para vigilar.
El panda la ayudó a sentarse apoyándola en el tronco de un árbol con delicadeza. Aunque pensaba que era mala idea que se levantara tan pronto estaba feliz de que ya se sintiera un poco mejor. Song hizo una reverencia saludando a Tigresa, ella aunque no muy cortésmente le correspondió.
-Esa batalla fue sencillamente genial, tenía que verlos de cerca – Song aclamaba a los guerreros.
Al ver que Tigresa se alejaba un poco, Po entendió que el entrenamiento había terminado, así que se sentó al lado de Song deseando poder charlar con su amiga.
-Bien. Dime Po ¿Cuál es el plan para mantener a salvo el Valle?
-Según Tigresa, esto no puede fallar – dijo bromista mientras le daba a Tigresa pequeños codazos.
Po puso la cara más seria que pudo y se cruzó de brazos para dirigir una exagerada mirada hacia el sendero que llevaba al Valle. Song cubrió su boca dejando escapar un poco de risa. Tigresa exhaló fastidiada y se dio la vuelta para ignorar a aquellos dos.
-Oye Po – lo sacó de su actuación ella - ¿Realmente que planean hacer? ¿No crees que deberíamos ir a buscar a Su antes de que llegue?
-Mientras no sepamos donde se encuentra, seguro no podremos hacer más que vigilar.
-¿No piensas que deberíamos ir a buscar a Su en lugar de esperarla?
-No lo sé. El maestro dice que no podemos ir a enfrentarla, que debemos permanecer aquí para proteger a la gente.
La felina de las nieves parecía no estar convencida con la idea de solo quedarse a esperar el peligro.
-Creo que deberían prevenirse un poco mejor. Si ella llega a atacar con todas sus fuerzas – dudó un poco – no sé si realmente, tú sabes. Sean capaces de hacerle frente ustedes solos. Tal vez necesitan algo más de ayuda.
-¿Crees que no somos lo suficientemente fuertes para defender nuestro hogar? – preguntó Tigresa un poco molesta.
-No, solo digo que a mi parecer necesitan planear mejor las cosas. No se están enfrentando con cualquier persona – intentó hablar con tacto.
-Descuida – repuso Po confiado – Shifu siempre sabe lo que hace, estoy seguro de que la detendremos antes de que pueda siquiera acercarse. Además, si contamos con tus guerreras no tendremos nada que temer.
-Muy bien Po, confío en que saben lo que hacen – dijo Song más tranquila - pero mientras tanto, ¿Cómo puedo ayudarles? – pregunto poniéndose de pie con entusiasmo.
Po estaba a punto de decir algo delicadamente para convencerla de volver a la cama, pero Tigresa tomó la palabra primero.
-Intentando no retrasarnos, ni distraernos de nuestro trabajo – contestó con seriedad.
-Ah, entiendo – dijo la otra felina comprendiendo que había sido inoportuna. Luego se volvió hacia el panda sonriente – creo que tal vez será mejor que entre a comer algo – dio vuelta y comenzó a caminar hacia el pueblo con cierta tristeza que no pasó desapercibida para Po.
-¡No, espera! – la detuvo el – lo que Tigresa quiere decir es que ahora seria mejor que descanses, tal vez puedas ayudarnos vigilando desde el palacio.
-Claro – repuso con una pequeña sonrisa - ¿Los veré en la cena?
-Eso puedes apostarlo – aseguró él.
-Muy bien – luego Song comenzó a caminar con dificultad hacia la entrada del pueblo.
-¿Necesitas ayuda? – preguntó Po.
-Tranquilo, yo puedo sola – contestó confiada.
Cuando Song se hubo alejado cierta distancia el oso se volteó con una expresión de reproche hacia su compañera.
-¡Tigresa! – le reclamó el – no era necesario que dijeras eso.
-Alguien que está herido estorba más de lo que puede ayudar – contestó sin prestarle mucha atención – además todavía esta lastimada y muy débil. Lo mejor que puede hacer es estar en cama.
-¿Qué es lo que te sucede? Song solo quería ayudar. ¿Por qué te portas así?
-Po, no confío en ella. No es común pasar de ser una ladrona a una heroína así nada más.
-Ella caminó herida durante días para prevenirnos del ataque, piensa por todo lo que pasó. Creo que estas siendo un poco injusta.
-Mira, no creo que sea buena idea que deambule por aquí después de lo que hizo. La última vez que la vimos…
-¡Pero cambió! Ahora es de las nuestras. Por favor, es mi amiga. Dale una oportunidad – dijo en tono suplicante – por favor.
Ella suspiro cerrando los ojos.
-Estoy segura de que esto terminara mal.
Hubo silencio por unos segundos, estaba claro de que no podría convencerla de cambiar de opinión. Decidió cambiar el tema.
-¿Te gustaría seguir entrenando?
-Ahora no – le contestó sin expresión alguna, sentándose en su lugar de vigilancia – debemos estar atentos.
Po realmente no comprendía a Tigresa ¿Por qué siempre debía ser tan desconfiada? Luego miró a Song alejándose del lugar, no había podido avanzar mucho debido a su pierna lastimada. Pensó que tal vez sí necesitaba ayuda, después de lo que acababa de pasar notó en ella un poco de desánimo. Seguro que necesitaba compañía.
-Tigresa – usaba su tono más sutil - ¿Crees que puedas hacer la vigilancia el resto de la tarde?
La maestra lo miró sin entender.
-¿Por qué? ¿Te sientes mal acaso?
-No, no es eso. Es que pienso que ella no debería ir sola hasta el palacio de nuevo así como está.
-Entiendo – se dio vuelta como si no le importara – claro.
-Gracias, eres la mejor. Te veré en la cena – Po se alejó velozmente, alcanzando a Song en un instante.
Tigresa lo miraba correr hacia la leoparda, la ayudaba a caminar sirviendole de apoyo. Otra vez el mismo estúpido sentimiento la hacía enojar, no comprendía la razón. Como deseaba dejar de sentirse así.
Ambos amigos se hallaban andando entre la gente, Po escoltaba a Song hacia el palacio. Bromeaba y la hacía reír con cualquier cosa, ya la extrañaba después de tanto tiempo. Después de todo, aun luego de que lo engañó, seguía siendo su amiga. Hizo una pequeña pausa en su animada charla.
-Escucha, quiero que disculpes a Tigresa. Puede parecer un poco dura, pero así es su modo de ser, no es su intención ser tan… poco amigable.
-No te preocupes por eso, después de todo tal vez no debí decir todo eso.
-No, no dijiste nada malo. Yo también pienso que nos vendría bien una mano extra. Lo que pasa es que a Tigresa no le gusta que le digan que necesita ayuda, es muy orgullosa.
-Me gustaría creer que se porta así por todo lo que está pasando, pero pienso que no le caigo muy bien – observó Song.
-Por supuesto que no, le caes de maravilla…
La expresión de Song hablaba por sí sola, "Vamos, no te creo nada" era lo que le decía.
-Bueno tanto como caerle bien…
-Me odia.
-No… - le daba vueltas a su tono de voz en la misma palabra – sí. Pero es porque no te conoce, ella es una chica genial. Solo deja que te tome confianza y lo verás.
-Bien, creo que intentare ser un poco más cuidadosa con lo que digo.
Él sonreía, para Song no era nada difícil ser amable. Algo distrajo la atención del oso en un momento.
-¡Oh, mira eso! – le señaló un puesto de figuras de acción.
-Vamos a verlas – contestó ella, sabía cuánto le gustaba todo aquello a su amigo.
Durante lo poco que quedaba de la tarde se la pasaron curioseando entre los puestos y los locales camino del palacio, bromeaban y se contaban algunas historias graciosas de lo que habían pasado desde la última vez que se vieron. A veces a Po le dolía la barriga de tanto reír, así como A Song le dolían las costillas "No, por favor. Me duele cuando me río" le decía ella entre carcajadas. El tiempo voló para los dos, tan entretenidos estaban que el panda incluso se olvidó de que debía llevar a Song a descansar.
Bueno, he aquí el capitulo cuatro de mi historia. Este ha quedado bastante largo, no pude hacerlo mas corto. Espero que les haya gustado, la verdad se me esta complicando un poco corregir los capítulos y publicarlos, no se que haré cuando comienzan las clases. Trataré de no abandonar el fic por mucho tiempo y de terminar la historia, claro, mientras les guste como va quedando.
Como siempre estoy abierto a cualquier critica o comentario, espero que sigan disfrutando de la historia.
Gracias por leer - se despide nrobert921.
