Saint seiya y todos sus personajes le pertenecen al Sensei
Masami Kurumada.
Buscando el perdón
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"No existe ni la justicia ni la maldad absoluta. A veces, puedes hacer maldad mediante la justicia. E incluso, puedes hacer justicia a través de la maldad.
- Shaka de virgo -
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…capitulo anterior.
- tengo pruebas, caballeros – les anuncio la deidad, de la nada una luz dorada apareció centellando y cegando a la orden. Al abrir sus ojos seiya vio con esplendor como el báculo de Athena se encontraba en la sala sostenido por la deidad de la victoria, alarmado al igual que sus hermanos dieron un paso indeciso hacia a la diosa que en sus brazos tenia no solo el arma de Athena, sino el símbolo del reinado de Athena en la tierra, el báculo que aun brillaba tenuemente tenía un poco de cosmos de su portadora original, que los embriagaba e ilusionaba. Como un hechizo, todos comprendieron que Athena los necesitaban y que ellos sacrificarían su vida por ella, costara lo que costara como ella los habia salvado a ellos – creo que esto cambia las cosas.
Capítulo 3: señalando
La siguió por los corredores del santuario, ella caminaba con elegancia haciendo bailar su cabellos al son de sus pasos, camino a su lado siguiendo sus pasos apresurados, ella evitaba mirarlo y mantenía la vista baja, allí en los profundos corredores del santuario deseo no portar la armadura, no ser el caballero del Pegaso; deseo tomarla por los hombros y acunarla en su pecho, susúrrale al oído palabras de ánimo y consolarla mientras lloraba empapando su camisa. Mas recordó que su armadura era dura y fría y ella era tan incansable como el cielo que contemplaba, sintió como el peso de sus actos lo atormentaban, en más de una ocasión ella le ofreció dejar la orden ateniense y ser un humano común y corriente pero jamás se imaginó lejos de aquel lugar donde el perfume lavanda y el cosmos atrayente de su diosa lo acompañaba día tras día; a pesar de haber perdido más de lo que habia ganado no cambiaría nada de lo vivido si no la tuviera a ella. Ella era su todo y su nada, no la tenía, no era suya ni nunca lo seria. La amaba más de lo que comprendía y allí en el largo corredor del santuario se atrevió a rosar su mejilla con la punta de sus dedos, viendo con alegría como ella lo miraba sonriente y tomo su mano entre las suyas deteniendo su andar mirándolo fijamente con un sentimiento que no podía interpretar y palabras que no podía oír.
- seiya…
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- Porque ella si puede hacerlo – cuestiono seiya recostado en el marco de la ventana admirando por el frio cristal la noche – es más poderosa?
- no creo que lo sea – le respondió el dragón sentado en el sofá que sostenía en su regazo a su pequeño que dormía plácidamente – si lo fuera no le serviría.
- puede que este atada a ella – sugirió shun mirando al pequeño bebe de shiryu dormir – puede que le deba algo y por eso este a su lado.
- Zeus pudo habérsela dado ¿no la ha protegido desde la época del mito? – inquirió el fénix sentado en un brazo del sofá al lado de shun.
- sea la razón que sea ella está de su lado – concluyo el cisne – porque sigues cuestionándolo?
- si es más poderosa puede que la traicione para tomar su lugar – dijo el Pegaso mirando al cisne.
- ya lo hubiera hecho – razono hyoga enfrentando su mirada – que razón tienes para desconfiar, puso una barrera en la tierra y nos ha tenido informados de lo que pasa en el tártaro.
- solo digo que no deberíamos confiar en ella – lo evadió.
- ella no es Perséfone, seiya – dijo shun bastante bajo como un susurro casi solo para el mismo – se sabe que desde la antigüedad Nike siempre la ha protegido.
- Athena sabe cuidarse sola – dijo bastante alto ikki viendo con ironía a seiya que cerro sus puños con fuerza al escucharlo nombrarla – además la diosa traía su báculo y ni siquiera muriendo Athena entregaría eso a alguien.
- eso es cierto – concreto shiryu, se giró mirando al Pegaso con dureza y acuno aún más al bebe en sus brazos – seiya para todos ha sido igual de difícil las circunstancias de la partida de Athena, sé que para ti en especial ha sido ciertamente más complicado, pero debes tener muy presente que Athena en esta época no volverá, ella ha cumplido su misión en esta era y ahora ha subido al olimpo como debe hacerlo después de cada reencarnación.
El caballero se giró recargando su frente en la fría ventana, era cierto que con Nike habia vuelto la ilusión de verla de nuevo y decirle tantas cosas que jamás se habia atrevido, su amor por ella estaba más que seguro que no era lo normal entre diosa y caballero, sentía que ella era única y nadie jamás la podría igualar, aun recordaba como estando en su presencia sin poder hablarle o tocarla lo hacía sentir tan especial y único para ella, sus miradas para el eran tan exclusivas así como podía asegurar que no amaría a nadie como la amaba a ella.
- seiya – lo llamo hyoga poniendo su mano en su hombro con sutileza – yo entiendo cómo te sientes.
- como sabes lo que siento – se giró encarando al cisne quintando con más fuerza de lo normal su mano de su hombro mostrando su ansiedad y gran enfado – como sabes que quisiera morir con tal de verla, que aun cuando la recuerdo llorando me maldigo y deseo no haber existido porque sé que yo he causado su sufrimiento.
- no has sido solo tu seiya fuimos todos, todos pecamos, todos confiamos en la persona equivocada – le dijo shun mirándolo con comprensión.
- no ustedes no lo sienten como yo, yo no quiero ni vivir un día mas es demasiado para mi levantarme, intentar una vida sin sentido, para que sin ella…
- porque ella así lo quiso o no lo recuerdas? Cuantas veces trato ella de alejarnos de aquí – le pregunto shiryu con seriedad – porque asumes que nosotros no nos sentimos igual? Es porque acaso no me estoy lamentando como tú o porque hice una vida fuera de aquí como ella lo quería.
Ante las firmes palabras del dragón nadie opino, inclusive seiya se recargo en la ventana con un semblante muy alicaído, se veía consumido como jamás nadie lo habia visto, hyoga dudo en acercase nuevamente pero al ver como se deslizaba lentamente por la ventana quedando sentado en el frio piso, se le acercó hasta quedar a su altura y le hablo muy suave intentando consolarlo.
- seiya, sé que estabas más que comprometido a proteger y velar por Athena, yo he visto como en más de una ocasión has arriesgado tu vida ante cualquiera por ella y así mismo no solo como Athena sino como también como saori ella arriesgo todo por devolverte la vida que tienes después de lo que paso en los elíseos, todos aquí fuimos testigos de que hizo hasta lo imposible por devolverte la vida que ella creía ciegamente ante cualquier dios que se opusiera que mereces – el cisne levanto la mano lentamente posándola en su hombro viendo como el Pegaso se acurrucaba más en el suelo y parecía cada vez más indefenso y roto – debes aceptar que ella se ha ido y jamás volverá que te regalo la vida que fluye por tus venas como despedida, debes seguir como ella lo hubiera querido porque si al irse no dijo nada pero todos sabemos que sus deseos siempre fueron esos, yo al igual que tu siento que hay días que no quisiera despertar y no solo soy yo somos todos, todo caballero que la conoció no sabe cómo seguir sin ella, la única diferencia entre nosotros y tu es que seguimos adelante hicimos vidas fuera de aquí, tu aunque fuiste uno de los primeros en irte aun sigues aquí esperando el regreso que jamás pasara.
El Pegaso no dijo nada no tenía fuerzas, sentía que nada en el mundo tendría sentido sin ella, su vida la cual ella tanto intento proteger para el no valía, levanto con gran esfuerzo la mirada viendo los ojos sinceros de hyoga que esperaban atentos su reacción. Estando entre sus hermanos se desplomo como hacía más de 7 años no lo hacia sus lágrimas corrieron libres por sus mejillas y los sollozos que se esforzaba por controlar salían sin pudor, con fuerza limpio sus lágrimas conteniendo los vergonzosos gemidos de dolor que aullaban en su pecho, entre el dolor y la gran comprensión que sintió en ese cuarto que le habia parecido tan frio hasta entonces comprendió que el día que saori se fue él se habia ido con ella, jamás habia vuelto hacer el mismo desde eso, su vida se detuvo allí, pensó que todo el esfuerzo que habia invertido no solo la diosa sino sus hermanos se iría al caño si seguía así malgastando la vida que le obsequio no solo Athena sino también sus hermanos que estaban ahí con él en el frio y sucio piso.
Hyoga la tomo entre sus brazos con fuerza mientras se le encogía el corazón al ver como el caballero más fuerte que conocía se derrumbaba entre sus brazos lo quería más de lo que alguna vez le habia dicho y su sufrimiento lo sentía como propio.
Allí entre su rota vida y el amor comprensivo de sus hermanos se prometió no solo a sí mismo sino a sus hermanos empezar de nuevo, no olvidando su vida pasada sino llevándola a cuestas como un caballero de Athena.
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Lo sintió de nuevo y con más fuerza que antes deteniendo su andar, llevando una mano a su pecho inconscientemente mientras la sensación la invadía y se iba tan abruptamente como llego.
- pasa algo? - pregunto su acompañante acercándose a su lado.
- nada – reanudo su andar sintiendo la mirada penetrante de su acompañante en la espalda – sigamos.
Hacía tiempo ya que habia dejado de sentir el profundo remordimiento de su orden, que cada día se disculpaba con enorme melancolía y tristeza, al principio deseo salir volver y decirle a cada uno cuanto los quería y cuanto significaban para ella pero al recordar la usurpadora sentada en su trono le hervía la sangre por las venas como nunca antes. Con el tiempo sus rezos tristes disminuyeron algunos seguían orando con profundo rencor y otros con una gran congoja hasta que al final solo sus rezos de devoción permanecieron con la disculpa implícita en cada ruego solo los fuertes sentimientos de seiya le provocarían esa reacción sintiendo su dolor y congoja como propio, en siete años no habia sentido su cosmos y alma tan conectados con ella como ahora, sufría y podía sentirlo, en sietes años no sentía su cosmos arder de esta forma tan dolorosa y le extrañaba que pudiera sentirlo estando tan lejos, supuso que el vínculo que guardaba con su orden se habia debilitado por su partida y su resentimiento ante su traición por lo cual se habia desconectado de ellos una vez dejo de sentir sus rezos; pero los dolorosos sentimientos de seiya la habían tocado como ningún otro con la vaga idea de una promesa que la involucraba.
- estamos cerca – le anuncio su mano derecha sacándola de sus pensamientos – pasa algo?
- nada de lo que debas preocuparte – miro desafiante la esplendorosa puerta tallada suspirando, llenándose de valor y empujando con un leve toque las puertas.
En el recinto todos se giraron para verla, camino con elegancia por el mármol se acercó al trono donde el imponente Zeus permanecía inmóvil siguiendo sus movimientos en silencio, cabeceo en señal de respeto y tomo su lugar entre los doce olímpicos con Nike a su izquierda ignorando las miradas de desprecio que le dirigían.
- empecemos – ordeno Zeus enderezándose en su silla.
- mi señor Zeus – llamo la atención el dios mensajero – en mi última estadía en el tártaro pude ver que las puertas que sellamos no contendrán a los titanes mucho tiempo, debemos prepararnos y de ser posible atacar primero.
- cuanto tiempo tenemos? – pregunto más como una orden, la fría e imponente diosa del matrimonio sentada a la derecha de Zeus mirando con desdén a los presentes.
- máximo tendremos dos lunas más para hacer una estrategia que nos de ventaja – el dios miro fijamente a Zeus esperando su reacción, pero él seguía inmóvil mirando a la nada con profunda concentración.
- debemos buscar la forma de aniquilarlos de una vez por todas – bramo ares dios de la guerra levantado su mano clamando la batalla.
- apoyo la noción – dijo Hefestos el dios herrero – debemos salir de esto de una vez por todas de la era de los titanes que aun ronda en este tiempo como la sombra del ocaso.
- creo que se les olvida que aunque no queramos admitirlo todavía los necesitamos – dijo con voz firme hades que dio un paso a adelante para que lo escucharan arrastrando tras de sí la túnica opaca de color negro – ellos aún no nos dicen muchas cosas que necesitamos saber por eso los exiliamos al tártaro donde he invertido casi todo mi tiempo en sacarles la información que aún desconocemos.
- que desconocemos! somos dioses! – elevo la voz Hera levantándose majestuosamente de su trono y mirando a su hermano con ironía – somos lo único que ha prevalecido y manda sobre el universo, nosotros hemos creado incluso a los humanos y hecho maravillas que ellos jamás hicieron.
- porque entonces veo esa ansiedad en destruirlos?, entre ellos no están tus padres Hera? – le pregunto escupiendo las palabras Deméter que jugaba con sus cabellos – no será que sabes algo que nosotros no?
- que puede ser lo que se? – la enfrento – dime que es lo que desconocemos?, llevamos siglos, milenios reinando somos lo único que rige.
- creo que olvidas algo mi querida hermana – se acercó Poseidón al trono de Zeus mirando a este con gran recelo – si no los destruimos no es porque queramos, es porque no podemos! – le grito a Hera – se me olvidaba mi querida hermana que tu no peleaste ese día estabas escondida mientras nosotros acabábamos con el régimen de nuestros padres.
- creí escuchar hace algunos años mi querido hermano que los necesitábamos y por eso están aún vivos – le dijo la diosa del matrimonio.
- si claro eso escuchaste, eso fue lo que dijo el hecatomquiro hace siglos sabes dónde está ahora? – le pregunto hades con desprecio – si mas no recuerdo está encerrado en el tártaro junto a tus padres por intentar liberarlos, ah pero olvidaba tampoco estuviste ahí cuando él nos traiciono y fue exiliado al tártaro con ellos.
- creo queridos hermanos que olvidan que yo soy su reina! – les grito Hera histérica retrocediendo hasta el trono pidiendo el apoyo de Zeus con su mirada – los asuntos sin importancia los manejan ustedes.
- qué asunto no? Querida hermana no has notado que nos ¡atacan! - le grito Deméter ofuscada haciendo saltar su largo cabello con cada palabra – abre los ojos diosa de…
- basta – ordeno Zeus levantándose del trono poniendo fin a las discusiones – quiero una solución no otro problema.
- que es lo que no sabemos de ellos que necesitemos – pregunto sutilmente artemisa.
- jamás han revelado el lugar donde está el oráculo que le era muy fiel a cronos y según el hecatomquiro ellas son las únicas que saben cómo destruir cualquier cosa sea un dios o titán – le respondió Hermes mirando a su padre que lo estudiaba con la mirada que dirigió a su hija favorita que permanecía callada, expectante digna de su nombre como diosa se veía que buscaba una estrategia en ese instante y solo el, la conocía como nadie era lo único que podría decir que era suyo solo suyo – padre – lo llamo Hermes – podríamos intentar cerrar por más tiempo el tártaro de nuevo y sacar al hecatomquiro de nuevo.
- y sacarle información? – inquirió hades – eso ya lo hemos hecho y no ha dicho nada.
- solo que tú lo has torturado, yo hablare civilizadamente con el – le dijo con desprecio.
- te daré una oportunidad Hermes…
- he hablado con ellos por siglos y no han dicho nada – lo interrumpió hades – porque funcionaria ahora?
- alguien más tiene otro plan – lo cuestiono el dios del mar - o seguimos esperando a que derrumben el tártaro de nuevo no siempre podremos cerrarlo, siempre hay heridos la última vez fue Perséfone.
- está hecho entonces – Zeus se levantó del trono dando fin a la reunión – Hermes en dos lunas tendrás tu oportunidad espero tengas un buen plan para el hecatomquiro.
- así será, se los informare una vez listo – hizo una reverencia profunda y se dirigió a la salida siendo alcanzado por hades que era seguido de cerca por thanatos y Hipnos que lo aguardaban recelosos.
La sala empezó a vaciarse poco a poco, todos los presentes cabeceaban o hacían una reverencia profunda al pasar por el lado de Zeus, cuando fue el turno de Athena, Zeus se sentó de nuevo y palmeo la silla donde Hera estaba sentada hacia poco para que lo acompañara.
- acompáñame, Athenea – la invito a pesar de ver la mirada de desprecio que le dirigía Hera de pie justo al lado de él, se acercó al trono subiendo los escalones anchos de mármol ignorando la mirada de repudio de Hera al llegar a su lado, todos en la sala estaban esperando la reacción de la diosa ya que era muy bien sabido el odio que le profesaba a la hija favorita de Zeus.
- siéntate – pidió de nuevo gentilmente Zeus señalando el asiento de oro a su lado, dudo un momento en obedecerlo y rechazarlo cortésmente no deseaba pelear con ella de nuevo, bien era sabido el odio que le guardaba para darle más razones, pero la mirada de Zeus era seria le sostuvo la mirada hasta que lentamente se sentó acomodando su vestido de seda, ignorando a Hera que apretaba sus puños furiosa a punto de gritar.
- ese es mi…
- dejarnos – demando Zeus haciéndose escuchar en el recinto con voz fuerte y poderosa, los presentes restantes reanudaron su andar lazando miradas curiosas a Athena que los ignoraba, solo miro a Nike que cabeceo en señal de respeto y salió del salón; al final solo Hera quedaba aun de pie al lado de Zeus, mirándolos con exquisito odio – Hera – la llamo despacio señalando la puerta, Athena bajo la mirada al ver como la diosa del matrimonio se tensaba y lo grito colérica.
- ella está en mi puesto, Zeus! – le grito - es mi lugar.
- y no veo que te lo esté quitando o reclamándolo como suyo – le señalo Zeus – solo esta cómodamente sentada mientras hablamos, cosa que me gustaría hacer a solas.
- Zeus - replico eligiendo con cuidado sus palabras sabía que no debía ofenderlo – es mi lugar como tu esposa y reina del olimpo, si deseas hablar hazlo en otro sitio.
Athena se alegraba mucho que sus estancias allí fueran ocasionales a pesar de tener su propio espacio en el olimpo rara vez se quedaba por allí, Hera siempre mandaba sobre los dioses como si tuviera más poder y mandato que el mismo rey de los dioses, durante toda su existencia Hera siempre habia intentado destruirla y alejarla del lado de Zeus, las peleas siempre eran constantes en el olimpo ya que Hera siempre imponía su voluntad convenciendo a Zeus en la cama que era lo correcto. Por eso al ver que Zeus estrecho su mirada y se acomodó en el trono sabía que Hera tendría una razón más para odiarla.
- me complace hablar en mi trono, con mi hija, si dado caso te molesta bien puedes cerrar los ojos y hacer que no viste, ya que yo mando aquí, por más que seas mi esposa este es mi reino – Hera se irguió con orgullo y una mueca de desprecio en su hermoso rostro, antes de ser interrumpirlo Zeus continuo – ahora si me disculpas deseo hablar a solas, debo dar una orden para que obedezcas?
La diosa se giró seguida de su larga melena no sin antes maldecir un par de veces y mirar con odio a Athena, una vez cerrada la puerta Athena miro al rey de los dioses con cautela sabía bien que no sería una charla amena.
- hacía tiempo que no te veía – empezó Zeus estudiándola.
- nos vimos en el tártaro la otra noche – bromeo intentando aligerar el ambiente – aunque no tuvimos oportunidad de hablar.
- si te vi de lejos mientras intentaba cerrar la puerta que tu contenías – le comento embozando una ligera sonrisa paternal – no me parecía adecuado preguntar como estabas, te veías ocupada.
- si lo estaba.
- cómo has estado – pregunto recostándose de nuevo en el trono.
- bastante bien – le respondió – estaré mejor una vez por todas los titanes estén permanentemente en el tártaro.
- no hablo de eso – le dijo serio con voz profunda mirándolo con sus ojos penetrantes – supe lo que paso.
- nada pasa en el universo sin que el dios del rayo se entere – recito el antiguo augurio estudiando sus facciones; aún tenía la misma apariencia que en la era del mito, esbelto de espalda ancha, cara cuadrada y una incipiente barba que caía en cascada hasta su pecho, siempre le habia parecido imponente y poderoso, lo respetaba no por miedo, veía en él un fulgor que no habia visto en nadie, tal vez su poderío e imponencia era el reflejo en sus ojos que amenazaba a más de uno – ¿que haría correr tan rápido a Perséfone que una orden desde el olimpo del mismísimo dios Zeus?, sabía que estabas involucrado en eso.
- no quería una pelea entre ustedes – se excusó – no hubiera sido apropiado.
- apropiado – repitió saboreando la palabra amarga – apropiado fue que Poseidón y hades me atacaran?
- eso fue diferente, ellos creen que la tierra les pertenece tanto como a ti, Perséfone solo quería vengar a su esposo.
- y si yo hubiera muerto quien me habría vengado?
- ese no es el tema por el cual estas aquí – intento evadirla con repentina seriedad – hades desea gobernar la tierra por estar con Perséfone pero ya le he dejado claro que tu guardas la tierra para mí, como te lo has hecho siempre.
- quisiera creer que se mantendrán a raya esta vez - le dijo con la ligera sensación de saber la respuesta y de no querer oírla.
- tienes mi palabra – le prometió Zeus – sé muy bien que lo hizo Perséfone en tu templo te hirió y no volverá a repetirse incluso hable con Deméter para solucionar ese tema de una vez por todas y asi hades no se acerque de nuevo a la tierra.
- porque ahora? – le pregunto cautelosa.
- eres mi hija – demando con voz clara – deseo hacerlo y lo hare.
- qué razón tienes detrás de este amor que muestras por mi ahora, es por lo que dijo cronos?
El silencio fue mejor que cualquier respuesta que le pudo haberle dado, la miro con duda y cierta preocupación. Sintió el frio recorrer su cuerpo al comprender que dudaba de ella entre todos ella, podía ser cualquiera pero la estaba reconociendo como una amenaza y sabía que pasaba con lo que amenazaba al dios del olimpo, podía apelar por su inocencia o alzarse contra él, como él se alzó contra su padre, la cadena se repetiría?, Athena no deseaba regir sobre el olimpo, la idea la aterrorizaba, solo deseaba poder proteger la tierra y así poder re contribuir con todo lo que habia aprendido allí , sabia el precio que debía pagar para serle fiel a Zeus y el confiara en ella pero no deseaba pagarlo esta vez. Bajo su mirada seria esperando que le solicitara dejar la tierra y quedarse en el olimpo permanentemente a su lado como su mano derecha, que más que un honor, era para vigilarla; entrelazo sus manos expectantes cerrando sus ojos simulando su cosmos sereno. Pero se sorprendió al sentir la mano de su padre situarse encima de las suyas.
- no deseo verte de ese modo – le dijo casi en un susurro, estirándose hasta estar muy cerca de ella, observándola sublime – no te mentiré, mucho rumores lleva el viento siendo tú la principal de ellos, todo el olimpo cree que serás la que me derrocara y armara una revolución en mi contra para arrebatarme el poder, debo decir que Hera está más que segura que eres tu – tomo sus manos entre las suyas con ternura – pero podría afirmar que entre todos tu serias la única en la que podría asegurar que se mantendría de mi lado, escúchame bien – le dijo muy bajo como si temiera que los escucharan, poniéndola nerviosa y tensa – debes cuidar tu espalda, así como yo cuidare de la mía e intentare velar por la tuya, por ser el rey de los dioses no significa que tenga todo resuelto, hay más de uno que me considera usurpador y no dudara en alzarse contra mí a la menor oportunidad, deseo confiar y creer ciegamente en ti, en que me eres fiel no solo como tu rey sino como tu padre.
- lo soy – le aseguro.
- pero sé que amas demasiado a la tierra como para traicionarme – respiro hondamente aparentando estar serena como el agua – solo necesito tu palabra y estaré tranquilo.
- tienes mi palabra de que no levantare armas contra ti – le juro apretando sus manos entre las suyas con firmeza – así como tú no levantaras armas contra mí.
Sabía que era arriesgado, así fuera sutil la forma en la que le pedía lealtad se notaba su voz tensa que aun dudaba de ella, necesitaba un juramento de su parte porque Zeus entre todos los dioses confiaba más en la palabra juramentada que ninguno.
Zeus sostuvo su mirada y poco a poco noto sus ojos más amables y un amago de sonrisa en sus labios – tienes mi palabra – acaricio su cabello con ternura, tomando con más fuerza de la normal sus manos – pero si intentas traicionarme me olvidare que eres mi hija Athena y destruiré la tierra contigo si es necesario, ¿me entiendes? – le dijo con gesto grave esperando una respuesta en silencio, se limitó a asentir levantándose del fino asiento de Hera.
- si me disculpas – le dijo dándole la espalda bajando del trono con paso lento y decidido, al cruzar las puertas apolo la esperaba recargado en una columna en un gesto de galantería que derretía seguramente a muchas ninfas.
Camino de largo sin prestarle mayor atención pero apolo interrumpio en su camino sonriendo con sarcasmo impidiendo su paso.
- tu belleza en cada reencarnación es mayor hermana – le dijo con palabras vacías solo el profundo odio transmitían sus palabras – al igual que aumenta el amor de nuestro padre por ti, me pregunto… - le dijo mientras daba vueltas a su alrededor – cuanto durara, sabes que la ligera preferencia de nuestro padre por ti jamás nos ha permitido ser hermanos.
- o el evidente odio que me tienes por ser lo – lo miro desafiante recordado la época donde habia envidiado a artemisa al ser tan cercana a él, tenía envidia de sus mimos de ser su protegida y no ella, pero sus actitudes agrias y alejando a artemisa que fue la única entre sus hermanos que trato de entablar una relación con ella la hizo desconfiar y afrontar que estaba sola con el amor efímero de su padre – también puede atribuirse a que la sangre no lo es todo y no hace a tu familia.
- eso es verdad – le rozo la piel desnuda del brazo admirándola con ironía – la sangre no lo es todo! He, que casualidad que pensemos igual, por eso cuando llegue la hora de ir a tu adorada tierra me ofreceré para destruirla personalmente.
Sonrió ante su comentario y se alejó ondeando sus ropajes de seda abriendo las majestuosas puertas del señor del olimpo.
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Siento mucho haber tardado tanto, tanto en subir otro capítulo.
Pero el otro llegara más temprano que tarde (eso espero jeje!)
Agradezco sinceramente a todos los que se quedaron a leer y dejaron un cometario, muchas gracias!
Asuna blanca.
