Realmente soy una tonta para esto del fanfiction, apenas me doy cuenta que la actualización de hace unos días salió incompleta. Así que vengo a recuperar la mitad perdida. Aprovechando de su tiempo quiero extender mi más grande agradecimiento a todos aquellos lectores que me expresan su apoyo a través de los comentarios. Ciertamente dejé la historia en las aras del olvido porque soy muy inconsecuente con eso de escribir, pierdo fácilmente la inspiración y la desilusión me pega duro. Leyendo sus comentarios se encendió en mí la flama que creí extinta desde hace mucho pues consideré que historia no valía la pena por caer en el renglón de la comedia romántica. El hecho de que les haga reír (de cierta manera) me pone los ánimos de punta. ¡Gracias!


—En el recibo de la entrega dice tu nombre, y también está firmado por ti. Así que no me puedes decir que no es tuyo.

Esto último sonó como una explosión en la cabeza de Rin, sus ganas de mantenerse entera fueron hechas polvo. Ni tan cerca, pero tampoco tan separadamente, se encontraba ella de Sesshomaru cuyo semblante (endurecido del mentón hasta la frente) le agitó la sangre, tanto que experimentó la sensación de caer al vacío.

¡Ella jamás pidió semejante cosa! ¿Qué su cara (estreñida) de espanto no era prueba de ello?

Reconocía Rin, pues, su enfermiza obsesión por calzones de estampados infantiles, pero nunca se le ocurriría pedirlos en línea y mucho menos (aún cuando sus fantasías le priven de cordura) apuntaría la dirección del hotel. No era tan pendeja como para tenderse una trampa a ella misma. Para "Bruta, ciega, sordo, muda. Torpe, traste, testaruda" estaba Shakira.

Lo que le calaba en exceso los ovarios era que los calzones fueran talla grande, es decir, ¡ni que sus posaderas rayaran al nivel de JLO! Es cierto, su culo había aumentado significativamente, pero no caían en lo vulgar tipo Nicki Minaj. ¿Dónde rayos estaban los extraterrestres? ¿Porqué demoraban tanto en raptarla? Por si fuera poco, Sesshomaru no cesaba de acribillarla con su penetrante mirada y lo más aterrador en él: su blanca cabellera resaltaba aún más el oscuro fondo que proyectaba su aura.

—Es muy temprano para que se me mojen las bragas—. Pensaba Rin, buscando en lo más íntimo de su materia gris las palabras apropiadas para salvar su pellejo.

Estaba perdida, sin un vía de escape dentro de esas cuatro paredes. ¡Esperen! ¿Qué es eso que suena? ¡Es el teléfono! La llamada en turno espabiló sus orejas; su respiración regresó a la normalidad y de un instante a otro la presión que le oprimía el pecho desapareció.

—Si me lo permite, voy a contestar—dijo Rin quedamente con postura mansa de animalito acorralado.

Sesshomaru sólo enfurruñó el ceño y con brusco ademán de manos (barriéndola, casi casi) le indicó que se fuera.

Ella obedeció sin chistar los dientes, presta como una lechuza. No obstante, Rin que alzaba el teléfono para contestar cuando se percató —por el rabo del ojo—que Sesshomaru rompía con la punta de un lapicero la cinta de seguridad que envolvía a la caja. (¡A su PTM!) Sintió que una mano fría le escarbó el tórax; el azúcar se le subió.

—¡NOOOO!—Otra vez se oyó en todas partes el desgarrador grito de Rin. Como si una aguja le hubiera picado el trasero, Rin brincó de su asiento y más rápida que un correcaminos pegó la carrera de su vida hacia la oficina de su jefe. En menos de un parpadeo ya estaba ahí, y sus manos, alocadas por el ajetreo, se apretaban contra las de Sesshomaru en un esfuerzo para impedirle que abriera la caja.

La oficina se hizo de un silencio ensordecedor, ni el repiqueteo del lápiz chocar contra el cristal del escritorio importunó la espeluznante quietud que se respiraba en esas paredes. Rin todavía no caía en cuentas de que sus manos hacían contacto con las de Sesshomaru. La adrenalina viajando por sus venas le nublaba la visión de los hechos. Para acabarla de amolar, sus manos, resintiendo como plomo el peso de los nervios, se apelmazaban más y más contra la de Sesshomaru, cuyo estrepitoso pasmo no le daba chance para reaccionar.

Ambos se miraban mutuamente, intentando comprender uno (a través de la mirada del otro) porqué el tiempo parecía haberse congelado. No fue sino por el tono de alerta en el celular de Sesshomaru que Rin reparó en su posición. Enseguida sus ojos, dos carbones prendidos, viajaron de la cara de Sesshomaru hasta las manos (hartas blancas) de éste.

—¡Oh, dioses!—Exclamó ella, asustada. Su nariz enrojeció, igual que sus mejillas. Para cubrir lo que ya era una avalancha de vergüenza, Rin utilizó sus manos. Se había tapado la boca y la nariz, por lo que respiró (sin ser esa su intención) cierta nota del perfume de Sesshomaru.

—Señorita Himura...

—Por favor, no lo diga...—Se precipitó hablar Rin, augurando en qué acabaría la tragedia. Las voz se le había arremolinado en la boca, las palabras salieron expulsadas a galope—Estoy despedida, lo sé.

—¡Señorita Himura!—Sesshomaru dijo enardecido, afectado, molesto; tembloroso de extremo a extremo. En consecuencia, Rin hundió la cabeza entre los hombros—.Déjese de babosadas y póngase a trabajar que tenemos en cola la revisión de un número de proyectos.

—¿Ahh?— El rostro se le congestionó de duda. Rin quedó perpleja ( y también ¿aliviada?)

—¿Ahh?—él le había remedado, después rodó los ojos y se dio aires de pesadez.—Y por favor, haga con esto lo que tenga que hacer—sacudió la caja.—No la quiero ver por aquí.


Si les contará lo que se me ha ocurrido para el próximo capítulo... ¿Quién está detrás de la misteriosa caja?

(Thank you so much for reading. I push myself too hard to write a decent and satisfactory story. It is a pleasure for me to know there are people who likes what I do. The most rewarding part about being a fanfiction writter is making people happy)

Nos vemos para la próxima.