Mmmm...¿Hola?...¡No me maten!

Advertencias: Posibles menciones de figuras católicas y/o referencias de la misma así como de otras religiones.

Disclairmer: Los personajes no me pertenecen y blah, blah, blah...


¿Alguna vez habías despertado por el sentimiento de estar cayendo?

¿No? pues...

Así es como Okumura Rin había despertado.

Se sentía desorientado y perdido, ¿Donde demonios estaba? ¿Que hacía en un campo?. El viento hacia susurrar a las planicies, el aire era puro y se sentía genial cuando pasaba por sus pulmones...a lo lejos, un ruido constante parecido a un llanto llamó su atención, mientras más se acercaba más evidente era ese llanto, que por alguna razón, le oprimía dulcemente el corazón.

Inconsciente de sus acciones comenzó a correr buscado frenéticamente el origen del llanto, un nudo se instauró en su garganta tan pronto un susurro anhelante abandonó sus labios:

-...Mashiro...

Comenzó a entrar en pánico al imaginarse que tal vez todo había sido un sueño y nada había pasado, incluso el perturbador pensamiento de estar muerto cruzó su mente, pero fue entonces, que a lo lejos, un bosque nevado se presentó ante el.

No muy lejos, una estela de humo se colaba por entre los árboles.

El llanto sonaba más fuerte, claro indicio de que cada vez está más cerca. Cuando menos se dio cuenta ya estaba caminando entre la nieve que chirriaba suavemente bajo sus pies descalzos. Estaba tan concentrado en su tarea que no le dio importancia al frío que comenzaba a colarse en él. Vagó entre los árboles hasta que no muy lejos una pequeña cabaña de madera se asentó entre los árboles, a su alrededor golems de nieve se aglomeraban tambaleandose torpemente por todas partes.

El llanto provenía de esa cabaña.

-Mashiro...Shiro...

Entro precipitadamente en la cabaña a trompicones esquivando e incluso derribando a algunos golems en su desesperada carrera...sus ojos pronto captaron una pequeña cuna de madera y esta casi parecía brillar para él...se acercó lentamente, casi con miedo y lo que vio dentro de la cuna hizo explotar su corazón de alivio, cuando hizo un ademán de a acercarse más una alegre voz detrás de él lo hizo detenerse.

-¡Ara!, ¿Pero si no es Rin? supongo que ya te debes de sentir mejor, puesto que pudiste llegar aquí.- se giró lentamente sólo para encontrar a una joven chica, tal vez un poco mayor que él. Aún así, aunque pareciera inofensiva e incluso agradable no se podía confiar, ni siquiera sabía donde estaba.

Se interpuso entre la cuna y la chica, un claro signo de que no estaba dispuesto a dejar que se acercarse más. La mujer le sonrió amigablemente y siguiendo sus mudas reglas tácitas no se movió de su lugar en en el arco de la puerta de la cabaña.

-¿Como sabes mi nombre? ¿Donde demonios estoy? -cuestionó afilando su mirada.

-En cuanto a donde estamos...se podría decir que estamos en Gehena, sip, eso.

-Espe...¿Que...?...¡Ha! ¡No bromees este lugar no puede ser Gehena!

-¿ehhh...? ¡Pero es cierto!. mmmm...¡Ya se! tal vez estas algo confundido por el entorno, ¿No es asi?- hizo una pequeña pausa para ver si habría más alegatos pero por el silencio de él sabía que era lo correcto -En verdad es Gehena, no estoy mintiendo, sólo que actualmente te encuentras en una barrera que Satán creo, es mi mundo, ¿Trae mucha paz, cierto?

Tal vez no debió de mencionar a Satán tan pronto.

Sólo ese nombre hizo al chico casi agazaparse con preocupación.

Hizo una mueca avergonzada, más para ella que para él-¡Vamos, vamos! no te pongas así. Aquí nadie podrá hacerte daño. Despertaste aquí por que te pusiste un poquito agresivo...mientras te acoplabas al miasma de Gehena yo cuide de la pequeña. Fue muy divertido cuidarla, aunque nunca pensé que sería abuela a esta edad.

Rin la miró aún más extrañadoy casi en panico, si es que eso era posible. No podía ser verdad, ella en verdad no podía ser su madre ¿O si?...siempre, cuando trataba de imaginarse a la mujer que le dio la vida, por alguna razón se había hecho a la idea de que era una horrible mujer, que había tenido los suficientes tamaños como para meterse con Satán y engendrar a dos niños.

Pero, en verdad, nunca espero que aquella chica; bonita y agradable fuera en verdad su madre.

-En...Entonces...tú...

Ella suspiró y se permitió avanzar unos pasos lejos del marco de la puerta- no es como si esperará que Shiro les contará sobre mi, después de todo no se lo pedí ¡Maldito anciano, siempre siguiendo todo al pie de la letra! -después sonrió ampliamente tendiéndole una mano- ¡Mucho gusto, mi nombre es Yuri Egin! ¡Puedes decirme madre, mamá o mami si prefieres!

Rin la miró atónito y parecia no respirar, Yuri ladeó la cabeza y le mandó una sonrisita expectante pero Rin no se movió de su lugar. Yuri se acercó a pasos grandes pero lentos advirtiendo sus movimientos.

Rin se tenso cuando unos cálidos brazos lo acobijarón en un fuerte abrazo que no hizo más que agitar su corazón. Nunca se había tomado la molestia de imaginar lo que eran los brazos de una madre, así que no tenía expectativas cumplidas cuando Yuri lo abrazo, pero aún así...un extraño sentimiento familiar se instaló en él, reconociendo vagamente el calor de cuerpo contrario. No recordaba cuándo ni dónde, pero todo era tan vago y nostálgico que estuvo a punto de llorar.

Así que no pudo hacer más que tratar de corresponder el abrazo.

Yuri suspiró extasiada y apretó más el agarre sobre Rin-¡Hace años que deseaba hacer esto!..mi pequeño bebé...te extrañe tanto...-respiró una vez más antes de separarse de su hijo y con una enorme sonrisa (que, Rin por más que quisiera, de momento no podía regresar) lo jaló completamente hacia la cuna.-¿Su nombre es Mashiro, no?

-E...es...¿Ella? -Yuri asintió emocionada y claramente atontada con la pequeña criatura. Rin, por su parte no estaba mejor.

Ella era perfecta, SU hija era perfecta. Su cabello era del mismo tono que el suyo, sus ojos, aunque rojos y húmedos por las lágrimas eran de un profundo azul igual a los suyos, lo único que parecía haber heredado de Yukio eran sus lunares...

-Yukio...-susurró mientras delineaba el contorno de la nariz de Mashiro, el pensar en Yukio hizo que su corazón se apretará.

Yuri lo miró en silencio un momento hasta que comenzó a hablar nuevamente- Ne, Rin...Yukio...¿te hace feliz?

Rin se tenso ligeramente y no se atrevió a mirarla a la cara, ¿Ella sabía? ¿Ella sabia lo que sus hijos hicieron? -l...lo siento...yo...-su voz se quebró ante la realización que se presentó ante él. Su madre sabía. - Soy asqueroso...¿Verdad?

-No me respondiste. ¿Yukio te hace feliz?

Rin dudo en contestar, pero aun con voz trémula y muy baja susurro un pequeño y lloroso "si".

Yuri acarició la cabeza de Rin como un consuelo. Deslizó su mano hasta su barbilla y lo obligó a mirarla- No estoy enojada contigo ni con Yukio, tampoco pienso que seas asqueroso. No pienses eso, por favor-suavizó la mirada y limpio las lágrimas de las mejillas de su hijo mayor con sus pulgares- No soy nadie para juzgar, Rin, soy tu madre, si, pero más de nombre que una de verdad...y aún si tuviera poder de juzgarte...aún así no lo haría, ¿tú lo dijiste, no?, que Yukio te hacía feliz y una madre lo único que desea es la felicidad de sus hijo.

-Pero...pero es que es tan raro...-dijo Rin entre sollozos- ¡Somos hermanos!

-Bueno, si, admitiré que es algo (un poquito) raro, pero ustedes son felices juntos, entonces yo también soy feliz ¿No es difícil de entender, verdad?

-Mamá...

-¡Además está nieta es hermosa! ¡no encuentro manera de enojarme!-Yuri se recargó en la cuna levemente inclinada hacia adelante, parecia hipnotizada con la lenta caida de la nieve que era facilmente apreciada através de puerta, de la nada una suave sonrisa aparecio en sus labios -Sabes- articuló lentamente -No debes de sentir culpabilidad, no podemos elegir con quien nos ocurre después de todo, el amor es amor; y el amor, como tal, trae sus consecuencias.-cerró los ojos y se balanceó suavemente como si estuviera recordando una vieja melodia -¡Solo mirame a mi!-rió -Me enamore de alguien prohibido, ¡sinceramente no se como paso! cuando menos me lo imagine solo buscaba motivos para retenerlo a mi lado...tu sabes, no resulto bien...pero no me arrepiento. Después de todo el amarlo me quito, pero, tambien me lo dio todo.

...

Rin arrullaba a Mashiro yendo de un lado a otro entre la nieve, pues parecía que su hija tenía una extraña aficción por el frío, pero por el momento no parecía funcionar como otras veces. Mashiro no paraba de llorar y lo peor es que desconocía la razón.

-¿Qué pasa cariño? ¿por que lloras? -tarareó una nana recién inventada y susurro suaves palabras de consuelo, que poco a poco iban aplacando el estridente llanto del bebé convirtiéndolo en un simple gimoteó.

Suspiró aliviado y victorioso a la vez tras haber logrado calmar a su hija, arropó mejor a la pequeña y se sentó bajo un pino disfrutando la ligera brisa. Casi de inmediato su mueca victoriosa se volvió melancólica, un sólo pensamiento corrió por su mente como siempre cuando su mirada se perdia y fundía en los blancos y lentos copos de nieve.

No podía salir.

Yuri (se madre) se tuvo que recordar, le dijo que ella no podía retenerlo si el deseaba salir, pero que era imposible querer abandonar Gehena sin morir en el intento, no por que alguien fuera a asesinarlo si lo intentará, sino porque no podría sobrevivir en Assiah. Actualmente no era diferente a un a un polluelo recién salido del cascarón y su cascarón era Gehena, él y su hija no podían salir de ese lugar. Pensó en lo que seria regresar a Assiah...y no podia evitar desembocar en el desastroso hecho de que no había lugar en el que pudieran estar seguros. Si siquiera esperarselo, su hogar, en lo que confiaba...se había convertido en su enemigo...

Donde se encontraban era una barrera que Satán había hecho especialmente para que Yuri viviera en ella, no era un eterno entorno helado (o al menos eso había dicho se madre) de hecho era un mundo cambiante.

Como un pequeño trozo de Assiah solo para ella.

Su madre había dicho que si deseaba salir de la barrera era libre de hacerlo. Pero para Rin era trillones de veces mejor estar en este lugar con su dulce, cálida y amable madre que compartir el mismo aire con aquellos seres.

Aunque ahora no era muy diferente a ellos.

El había matado, si, lo recordaba muy bien. Las sensaciones de adrenalina y éxtasis casi adictiva de la sangre en sus manos habían dejado un gran huella en su mente y cuerpo que no creía ser capaz de borrar nunca, pero, tal vez lo que lo hacía algo infeliz era el hecho de no arrepentirse de sus acciones. ¿Era culpa de ese extravagante éxtasis a la hora de quemar a esos monstruos que se hacía llamar humanos y servidores del todo poderoso? ¿era eso una verdad aceptable?

Algo le decía que no era así.

Tal vez la única excusa plausible que pudiera plantearse, era que había actuado bajo la influencia de un ensordecedor instinto de supervivencia.

'Alguien muere todos los días' se excusó 'El mundo no necesita más de ellos' 'pero aún así...'

Pero aún asi eran humanos.

Y el estar bajo el control de Satán en ese momento podría volverse una excusa perfecta pero la verdad era que, tal vez pudo haberle entregado su cuerpo, su mente y su voz a aquél que se hacía llamar su padre pero su conciencia siempre estuvo ahí y con más desvergüenza de la que debería de emplear se atrevía a decir que lo que había hecho Satán era según las órdenes que él ladraba muy en fondo de sumente.

Y tal vez, lo que más le rabia le daba era el hecho de que se sentía...agradecido...

Porque él sabía que había estado demasiado débil para poder pelear por su hija y por él mismo, de no ser por Satán...no quería imaginarlo.

Y ese estúpido pensamiento sólo logró que frunciera las cejas y la boca en una mueca desagradable.

'El otro es humano, no nos sirve.'

'¿Otro?' pensó 'Esas voces...'

Eran demasiado recientes como para olvidarlas. ¿Cómo olvidarlas? si el mismo les dio fin.

-Otro...


Shiemi estaba celosa de Shiro.

A Shiemi le encantaba el pequeño Shiro, pero más que nada estaba celosa del niño, estaba celosa del amor incondicional que le profesaba su padre. Ella también quería algo de ese amor.

Era un secreto a voces el hecho de que a Moriyama Shiemi le gustaba Yukio Okumura.

Pero su verdadero problema era que Yukio miraba a las chicas como si de piedras se tratasen y ella no era la excepción.

Siempre pensó que había una barrera invisible que le impedía acercarse libremente a Yukio. Tal vez no era una experta en el amor pero no había que darle muchas vueltas al asunto como para que se diera cuenta de que esa barrera tenía forma y nombre.

Y cuando conoció a Rin Okumura obtuvo su respuesta. Rin, su primer amigo, una persona verdaderamente valiosa para ella...era lo que estaba en medio e inconscientemente, bloqueaba sus para nada discretos avances.

Le era bastantemente claro que Rin no tenía intención alguna de compartir el corazón de Yukio, aun si él no lo notaba.

Pero cuando Rin desapareció sinceramente había pensado que sus oportunidades se habían alzado de manera alentadora. Por más perra que pudiera sonar.

Pero, ¡oh sorpresa!

La pared seguía ahí, no, se había convertido en una clase de caja.

Rin se llevo todo lo bueno de Yukio, dejando sólo y únicamente un cascarón vacío a pudrirse en aquella caja.

Le dejó sólo un cascarón.

...Esta bien, ella podía arreglar eso.

Pero entonces...

Shiro apareció.

Y nuevamente había regresado a la silenciosa guerra, su oponente, un bebé...ella era realmente patética...

-Yuki-chan, quería saber si quisieras...

-lo siento, Moriyama-san, pero ahora estoy muy ocupado, además tengo que pasar por Shiro.

...Y ahí estaba otra vez, el mismo tono, la misma excusa, la misma razón.

-...Cierto, oh bueno...

-Tal vez sea en otra ocasión.

¿Por que seguía haciendo promesas que no cumpliría? estaba segura de que ni siquiera intentaría.

-En otra ocasión será.

Entonces él se dio la media vuelta y se fue sin voltear ni una sola vez hacia atrás. Tampoco es como si hubiera una razón para que lo hiciera.

Una sonrisa tensa nació en su rostro.

En momentos como estos en verdad deseaba que Shiro no existiera.

En momentos como estos...

Deseaba que Yukio volviera a aquella caja, a aquel cascarón, al menos así...al menos así ella podría estar siempre con él.

-...Rin...creo que yo soy el verdadero demonio.

Conseguir un lugar en el corazón de Yukio costaba más de lo que pensaba.


-Vienes a recoger a Shiro-chan, ¿verdad?

El asintió secamente ante la pregunta de la sonriente recepcionista de la guardería de la escuela. Dado que estudiaba por la mañana y trabajaba por la tarde en la Academia de exorcistas, Shiro, había tenido que vivir la mayoría del tiempo en la guardería de la escuela que generalmente era usada únicamente por las profesoras con niños pequeños, pero debido a que el director de la escuela había intercedido por él personalmente tenía un permiso especial para acceder al servicio de guardería exclusivo de la escuela (aunque también era maestro, aunque no de la rama estrictamente legal)

Se recargó en el mostrador de la recepción tamborileando sus dedos distraidamente en la fina madera, fijo su mirada en la puerta por la que salió una de las empleadas de la guardería en busca de su hijo, mientras fingía no notar las miradas de las profesoras que venían en busca de sus hijos al igual que él.

Suspiró internamente. Al menos sus miradas había superado el escándalo y el morbo, ¡porque demonios! había sido malditamente incómodo. Por ahora sus miradas hacia él eran como si observará un fascinante tabú y casi sentía que brillaban más cuando Shiro volvía a él.

¿Debía de culpar a su manera de ser?, si debía de ser eso.

Porque era cuando Shiro ingresaba por esa puerta, justo como ahora, que su rostro se iluminaba estúpidamente con una sonrisa un tanto bobalicona. El niño por su parte tan pronto lo veía comenzaba a agitar sus piernas y brazos regordetes hacía él, un claro y mudo grito exigiendo su atención.

El rápidamente estiró los brazos hacia él. Tan pronto como lo tuvo es sus brazos, Shiro dejó salir una burbujeante risa que le saco una suave sonrisa, de esas que solían ser única y solamente para Rin.

La empleada le regresó el bolso que dejaba cada mañana que contenía todas las cosas que Shiro pudiera llegar a necesitar.

-Disculpe. -llamó a la recepcionista y esta le miro expectante- podría...

-¡Oh, si! claro- la mujer volvió a tomar a Shiro de los brazos de su padre para darle oportunidad al chico de acomodarse el voluptuoso bolso, que por suerte tenía una correa lo suficientemente larga como para poder cruzarsela y así sus manos estarían libres para sujetar a su niño. -Bien-estiró los brazos hacia la mujer enfrente de el y ella casi de inmediato le regresó la preciosa carga- Hasta el lunes- dijo a modo de despedida Yukio.

-Como siempre estaremos para servirle, ¡adiós Shiro-chan! -el niño hizo un raro gesto con su mano, haciendola puño y abriéndola repetidas veces. Sólo eso logro derretir a las mujeres presentes.

Antes de que cualquiera hiciera un movimiento Yukio hizo una ligera reverencia y se giró rápidamente alejándose de ellas, tan pronto dobló una esquina suspiro aliviado.

-Bien, ¿vamos a casa? -preguntó juguetonamente mientras sostenía a Shiro en lo alto, logrando que sus infantiles carcajadas llenarán el aire y casi como si de magia se tratase parte de su cansancio se perdió en el aire junto con esas risas infantiles.

Hoy había sido un dia un tanto mierda y hastiante, los Exwires no parecían entender la teoría básica de su tema actual y no sólo eso, también habían ido a una corta misión en el centro de la ciudad que había tenido un sucio buen resultado. En un empeño por darles mas experiencia a los estudiantes que, aparentemente, seguían sin entender a la perfección lo que era un pulcro trabajo en equipo, ¿era algo tan complicado?, incluso personas como Shura y él mismo podían hacerlo, y tenia que agregar que eran, como tal, muy individualistas y preferían solucionar todo a su manera. Como sea que fuere, seguía sin comprender el por que se les complicaba tanto algo tan simple, todos se llevan bien y tienen una buena química entre ellos, entonces, ¿Por qué demonios no podían deshacerse de un simple demonio sin que este les explotara encima?

Admitía que las primeras veces había sido gracioso y algo digno de recordar. Despúes de todo Shura era quien era la encargada de enseñarles lo que eran las peleas estando cara a cara con un demonio. Esos asquerosos momentos eran aun mas memorables cuando era Shura la que salía liada también, mayormente por culpa de la descoordinación de los mismos Exwire, el sabia que su amiga no era alguien que perdiera tan rapido los estribos, pero después de no solo una, ni dos, ni tres veces de terminar cubierta totalmente de pies a cabeza por sustancias raras con efectos raros y en veces peligrosos, no era de extrañar que Shura quisiera usar su filosa arma en ellos de vez en cuando. La entendia, él mismo estuvo a punto de utilzar su arma un par de veces en Suguro o en Shima (Miwa era aceptable) por varias razones entre ellas, Rin. No estuvo totalmente de acuerdo en las confianzas que se tomaban de vez en cuando entre ellos, pero en fin, eso era un tema muy aparte.

Regreso su mirada a Shiro que lo miraba atentamente, fue entonces que se dio cuenta de que habia habado todo el camino con su hijo sobre su dia, en vez de mantenerlo unicamente para el en su sadica mente.-Oh, lo siento por eso-le ofrecio una sonrisilla penosa al niño que apenas parpadeaba, su pequeñas facciones reflejaban una intensa concentracion, ¿era eso acaso posible? ¿los bebes podian hacer esa clases de cosas? -No..¿no te asute, verdad?-bibiseó algo asustado. Shiro al fin parpadeó y le sonrio enormemente como si no le hubiera prestado atencion a lo que habia dicho. Yukio suspiro aliviado, lo que menos queria era asustar a su hijo con sus tetricos pensamientos sobre sus alumnos y su vida laboral. Sus pasos se volvieron tediosos y una extraña mueca afloro en sus labios.-Recuerdame aplicarles el ejercicio n°10 a los exwire, Shiro.

El pequeño ladeo la cabeza confundido, Yukio se dio cuenta de ello y solo pudo soltar una risotada al darse cuenta de lo que hacia.- Bueno, perdon por eso, supongo que aun no puedes hacer esas clase de cosas…-acomodo mejor a Shiro en sus brazos –En momentos como estos me doy cuenta de lo extraño que debo de verme a los ojos de los demas…- Shiro fruncio en ceño e incluso su cuerpo comenzo a temblar debilmente llamando la atencion de Yukio-¿Tienes frio?, pero si esta haciendo bastante calor…

El menor abrio y cerro la boca repetidas veces, pero de su boca solo salian balbuceos. Hizo un puchero irritado, y Yukio no podia entender que es lo que le pasaba. Shiro volvio a intentar y depues de varios balbuceos y demas sonidos de bebe, logro su aparente cometido.-e…iez…

Yukio se detuvo de inmediato y presipitadamente giro su rostro hacia al de su hijo-¿Qué..?

-…iez!-Shiro sonrio triunfal.

-¡¿Qué!?, ¡espera, no!-grito histerico Yukio- ¿es es tu primera palabra? ¡me niego!- Yukio se dirijo a una jardinera que se topó por ahí y coloco a su hijo de pie sobre ella sosteniendolo de los brazos para mantenerlo equilibrado-¡no se supone que fuera asi, eso no es justo…yo queria "papá"!, vamos repitelo, hagamos que nunca paso lo de hace unos monetos, ¿si?

Shiro hizo un puchero en desacuerdo, Yukio miro ligeramente extrañado y sorprendido las acciones de Shiro, actuaba como si en verdad entendiera completamente sus palabras, hizo una nota mental sobre poner mas atencion mas adelante al respecto.

Aun asi, Shiro hizo caso de los pedidos de su padre y fruncio el ceño nuevamente en concentracion. El procedimiento se repitio: balbuceos y mas balbueceos, hasta que las torpes palabras se deslizaran. –pa…pa..

- ¡SI!- Yukio exclamo extaciado y totalmente realizado, como si el logro de una primera palabra fuera de el y no de su hijo.-¡eso es, Shiro, eres maravilloso!- Shiro al principio no tuvo reaccion alguna a los elogios de su padre, pero despues solto una risilla infantil.

-¡pa!-volvio a exclamar -¡pa!

Yukio palmeo dulcemente su cabesilla en una suave caricia-Tu sabes en verdad como alegrar el dia de papá…-se acerco a el y le dio un pequeño besito en la frente –gracias.

No pudo evitar reir. Teniendo a Shiro a su lado hacia que el dolor se redujera a la mitad. Asi pensar en Rin ya no era tan doloroso.

Rin...Mashiro….

El recuerdo lo abofeteo sin previo aviso, tenia dos hijos, no solo a Shiro. Se maldijo mentalmente a si mismo por no recordar aquel detalle TAN grande e importante. ¿Cómo pudo haber pasado por alto a Mashiro…?

¿Debería, deliberadamente llamar a su hijo Mashiro?¿era niño? o ¿era niña?, Rin había escogido ese nombre en particular para una niña.

Rin había desaparecido junto con su hijo, sea cual fuere el verdadero sexo del su hijo estaba seguro que su hermano ya se había hecho cargo de ello. Le heria y le molestaba, y se recordó que tenia que respirar con tal no explotar.

El sabia a quien culpar. Pero el culpablea le era intocable. No le quedo otra alternativa mas que morderse la lengua y dejarlo pasar como si no hubieran destrozado su vida. Su estdo de alerta estaba al máximo cada vez que salian, no importaba que hiciera el incesante picor en su nuca delataba a aquél que blandía tan penetrante vigilancia sobre él y Shiro. Esto solo le hizo comprobar una dudas. El vaticano sabia de la existencia de Shiro, ya si fuera por que lo sabían desde que tenían a Rin cautivo o por la gran mentira bien formulada de Mephisto sobre la repentina paternidad precoz del menor de los Okumura.

"Es una coincidencia, ¿no lo creen?"

En verdad no podía creer que Grigori lo hubiera dejado pasar asi como si nada. No era apropiado de ellos.

"Okumura-sensei, ellos no harán nada arriesgado" le había una vez dicho Mephisto "no se arriesgaran a que el mundo se entere de lo que hacen bajo la narices del Papa. ¡ha!, puede que no aprendan de sus errores pero no son idiotas. Retrocedamos ahora que tenemos la ventaja, pero no bajes la guardia, que esto algún dia explotara y quemara mas de lo que se puede reparar"

La lealtad de Yukio estaba lejos de caer en las manos del vaticano. Ya no confiaba en nadie. Incluso Shura podía traicionarlo en cualquier momento. Solo podía esperar cauto y silencioso fingiendo que nada pasaba a su alrededor.

Este mundo…se había convertido en una completa amenaza.

Aun asi, a pesar de todo tenia que seguir vivivendo aquí, aún cuando dos mundos estuvieran en guerra, mientras que él y Shiro eran una molestia y un trofeo por igual, pero mientras todo se desarrollaba tras él no podía dejar de pensar que al final alguien vendría a derribar lo que había construido. Era un pensamiento constante y molesto. ¿Por qué sentía como si fuera a perder todo otra vez? ¿se estaba volviendo paranoico?, bueno, sabia que cuerdo no estaba.

Miro a Shiro agitarse juguetonamente en sus brazos y no pudo evitar que la angustia se deslizara lenta y maliciosa en él, carcomiéndolo mientras fingía una sonrisa para no incomodar al pequeño en sus brazos.

Tenía miedo de que su hijo fuera igual a él.

Su vida había sido salvada por ese atisbo de normalidad que llamaban "humanidad", pero él también había pasado por eso, él era "humano" proclamado inofensivo, pero el sabia mejor que nadie que no era como todos pensaban.

Había algo mas dentro de él, algo que ya muchas veces estuvo a punto de vencerlo, algo, que ansiaba comerlo, algo, que ansiaba hacerlo desaparecer.

Y por mas que doliera, dudaba mucho que el caso de Shiro fuera diferente…por mas que doliera…por mas terrorífico que fuera.

Era ridículo y no podía creer que los ilustrados científicos del vaticano en verdad pensaran que un niño que había nacido de un par de demonios, simple y sencillamente naciera como un humano. Solo pensarlo hizo que le dieran ganas de reir.

Y a pesar de que iba en total desacuerdo contra sus creencias personales, si es que en verdad existía un dios y no era la crecion de una mente delirante, en verdad eperaba que alguien escuchara sus ruegos.

'por favor, no dejes que Shiro pase por lo mismo' pensó

Porque todos, al final, necesitaban alguien en quien creer, y él, no era muy diferente al resto.

Lo que Yukio no sabia es que su deseo no podría ser cumplido. Por que nadie tenia poder ni control sobre el desastre.


Tres años después…

Hace unos pocos años Yukio se había convertido inesperadamente en el claro remplazo de su hermano gemelo.

El vaticano había obtenido un nuevo demonio para controlar.

Yukio no era ingenuo sabia lo que el vaticano hacia con él ¿pero que mas podía hacer?

Hace pocos años hubo un nuevo ataque por parte de Satán, su objetivo no fue muy claro esta vez.

Shura llego a pensar que, Satán era un ser muy ataco sin aviso y fue algo repentino, contradictorio y sobre todo muy violento. Este ultimo ataque hizo perder mas al vaticano de lo que habia ganado al obtener a Yukio, la rama Romana habia sido reducida a la mitad.

Suspiro pesadamente al recordar a Yukio, aquella vez habían intentado ocultar a Shiro, suponiendo que Satán hubiera descubierto la existencia del pequeño y que este fuera el verdadero objetivo detrás del ataque.

Yukio habia sido llamado a la sede del vaticano junto con ella para hacerle frente a la amenaza, nunca espero que satán fuera tras Yukio tan pronto este entrara en su rango de visión.

Yukio habia caído estrepitosamente al suelo retorciendose de dolor para despues deternese y comenzar a soltar sonoras carcajadas caragadas de la mas pura locura, en ese instante muchos se congelaron y temblaron en su lugar despavoridos .

Solo aquellos pocos que sobrevivieron a la noche azul pudieron identificar a aquella voz asquerosamente distorcionada con locura y deseo de destrucción.

Las llamas de un ardiente y al mismo tiempo frió azul cubrieron a su huésped como si de una clase de corona se tratase.

Satán.

Lo que paso después ocurrió como una borrosa sucesión de eventos.

Yukio habia logrado luchar contra Satán. Nunca supo con claridad que fue aquello que logro traerlo de vuelta, no confiaba lo suficiente en lafuerza de voluntad de Yukio.

Pero al final el solo termino transformándose en aquello que mas temia y odiaba.

Un demonio.

Un demonio que no tenia mas opción que soportar la cadena que le fue impuesta con tal de proteger lo único que le quedaba. Para mantenerlos lejos, para que no lo tocarán...él soportaria la carga.

Y el pensar en Yukio solo logro que el pequeño Shiro invadiera sus pensamientos.

Porque Shiro no era normal. Ella sabia que Shiro no era normal.

Todos sabia que Shiro no era normal.

Aun asi, ella sabia bien que todos fingieron no darse cuenta de lo ocurria frente a ellos.

Por que ese niño era alguien que no podían evitar amar como si fuera suyo propio.

Asi que al notar que el pequeño de Shiro no era normal, no le extraño el hecho de que lo fuera en verdad. Pero su verdera pregunta, mas para si mismas que para alguien mas, era, ¿Cuándo aquel mocoso de mejillas sonrosadas se convertiría en el demonio que estaba destinado a ser?

Por que al final, parecía que que todos los Okumura seguían el mismo trágico final.

Yukio había sido un claro ejemplo de ello, Rin tambien.

'Dios no es justo. ' pensó agriamente 'Ensañarse con alguien a quien se le obligó a pecar...'

-Kirigakure-sensei, ¿se encuntra bien?

-¿mhn?...oh, si estoy bien solo me perdi en mis pensamientos.- ante el llamado de atencion recordo vagamente el hecho de que se econtraba en medio de una junta de maestros y la verdad no le importaba mucho lo que fuera que la persona frente a ella estubiera predicando. Recargó su codo sobre la mesa frente a ella y su mejilla en su palma abierta fingiedo poner atención, bufó por lo bajo y automáticamente sus ojos viajaron hacia la vista que le ofrecia la ventana a lado de ella. El cielo estaba de un tono anaranjando y el sol ya moría a lo lejos entre los edificios de la ciudad. Torció su mirada hacia abajo encontranado mas interesante por alguna razón ver a los mocos salir de la escuela en parbadas animadas por el anticipo del fin de semana, cuando estaba a punto de regresar la mirada al calvo que les daba instrucciones sobre algo, logró captar una persona entre toda muchedumbre exitada. Yukio. Ya era tarde por lo cual no se le hizo raro que su hijo ya se encontrará con él, es más, si se encontraba en esa situación de extremo aburrimiento era por culpa de él, no importaba si había sido ella la que se había ofrecido a ir a la reunión por que esta desgraciadamente coincidió en un mal momento con el horio de Yukio.

Su mirada los siguió hasta desaparecieron en una curva a lo lejos. Cerro los ojos y susupiro. Por alguna razón su corazón sintió pena cuando vió los vestigios de los Okumura.

Había paz alrededor de ellos,eran un buen cuadro, pero, había dolor, inseguridad e insertidumbre en los ojos de Yukio, muy en el fondo, casi imperceptible. ¿Que le preocupaba?

Posiblemente...lo mismo quea ella.

...

Shura abrió cansinamente la puerta de su casa, saco la llave antes de entrar y cerrar de un portazó. Estaba cansada y el oir la misa que tuvo que soportar durante dos horas seguidas por culpa de un calvo de sonrisa idiota solo logró agrandar el peso y rigidez de sus hombros. Su garganta picaba y sentía una molesta congestión en la nariz. Se dejó caer en su cama donde rebotó ligeramente; inhaló y exhaló lentamente al tiempo que relajaba completamente su cuerpo después de una extenuante semana, de inmediato un enorme escalofrío la recorrió completamente de los pies a la cabeza; su cuerpo de inmediato se volvió mil veces más pesado, con gran esfuerzo se arrastró hacia abajo de sus sabanas, hacia un maldito calor pero ella tenía mucho frío, se acurrucó en su cama y gimió lastimosamente.

-Mierda...

Lentamente cerró sus pesados parpados y la oscuridad de inmeditado la rodeó por completo.

...

Algo blandito golpeteaba su rostro la siguiente vez que recupero la consiencia mas se nego a abrir los ojos. Gruño debilmente molesta por haber sido interumpida en medio de su sueño. Tratato de ignorar lo que sea que fuere le manoseaba tan insistentemente, chasqueó la lengua una vez se dio cuenta que era totalmente inútil irgnorlo por que no parecia tener intención de para hasta que ella despertará.

Chasqueó la lengua con molestia y por fin abrio un solo ojo solo para encontrar a Shiro respirandóle en la cara. Su reacción fue casi inmediata y completamente logica: soltó un grito horrorizada y se retrajó contra su colchón.

-¡¿Q-Que demonios haces tu aquí?!- el niño que hasta ese momento se había mantenido impavido en su lugar sin reaccionar a su violento despertar solo le dio una sonrisa junto con una burbujeante risa. A su risa se le unió otra más moderada, pero más sadíca y sarcastica, no tuvó que pensar mucho para saber quién era. -¡¿Que demonios hacen aquí?!- reiteró rapidamente.

-Wooo...calmate. ¿es así como tratas a aquellos que y te salvaron?

-¿Salvarme? dejate de tonterías-dijo con voz pastosa por el sueño.- Es solo un resfriado.- Yukio rodeó la cama y se sentó en una silla a lado de esta, tomo a Shiro y lo movio un poco hacia un lado ignorando por completo las despotricaciones de Shura.

-Vamos ya, deja de estar diciendo tonterias, te traje algo que comer, deberías de agradecermelo.-después de apartar a Shiro levanto unas grandes cajas de bentos mostrandoselas.

-Eso depende.-refutó ella- ¿tu hiciste la comida o fue tu demonio cocinero? por que si la hiciste tu de una vez te digo que no pienso abrir mi boca e ingerir lo que sea que hallas creado.-Yukio solo le mando un gesto no muy agradable al que ella sonrio socarronamente.

-Solo come y callate.

Después de comer Yukio la obligó a tomar un baño, a cambiarse de ropa (pues se había quedado dormida con su uniforme aún puesto) y consecuentemente la recluyó en la cama con una compresa fríaen la frente.

-Esta cosa se siente muy bien, ¿de donde la sacaste?

-Yo tenía una cuantas conmigo.

-He...nadad mal.

-Soy doctor, ¿Que esperabas?

Shura se arrellenó en su lugar y suspiro. -Eres muy molesto, dandome tantas oredenes como si fueras mi madre. Que no se te suba a la cabeza ¿Era Rin así de molesto?-preguntó distraídamente. Yukio sonrio ligeramente sin darse cuenta.

-Era mucho peor.

Elevó a Shiro por sobre su cabeza balanceandoló suavemente sacandolé unas cuantas risillas a Shiro.-Te recluía permanetemente en tu cama, casi nunca te dejaba solo, siempre pendiente, te hacia cumplir los horios de los medicamentos al pie de la letra, te traía todo lo que pedias y hacia tus comidas favoritas. ¿Terrible, no?

-Horroroso.

Yukio asintío mientras balanceaba a Shiro que había comenzado a dormitar en sus brazos.-Se podría decir que el peor defecto de Nii-san es que le gustaba cuidar de todos a su alrededor, pero, también era su más grande virtud aunque bastante problematíca.

-¿Por que se concentraba en otros y no solamente en ti? Eres un bastardo posesivo, Yukio.

-No lo negaré.

El silencio reino por un momento hasta que Shura lo rompió con una pregunta:-¿Esta bien, verdad?

-Es humano.-contesto él quedamente.

-¿Piensas lo mismo que yo, cierto? La duda te carcome.

-Es cierto, me es imposible pensar en otra cosa la mayor parte del tiempo.

-Él...¿esta bien, verdad?- repitió- Va a estar bien.

-Es humano- él le reiteró.

-...¿Por cuanto?

-...No lo sé...


Continuará

Cap.4. Sentido de Normalidad.


Bueno, ¿que les a parecido...? Muy corto verdad...?😵 me esforzaré mas en los siguientes para recompenzar su espera.

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