Disclaimer: Los personajes de Avengers no me pertenecen.

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4

Mejores amigos

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—Sabes que eres mi amiga, Natasha, pero, a decir verdad, ahora mismo tu presencia me desconcentra.

Natasha alzó la cabeza y fulminó a Clint Barton con la mirada, observándolo levantar su arco de metal para lanzar una flecha directamente al centro de la diana tras su casa, dando sobre otra flecha que ya estaba en el centro de esta, produciendo un sonido hueco.

—Pues no se nota— señaló con ironía. Clint chasqueó la lengua y cargó otra flecha, esta vez alzando el arco y dando al centro de un blanco que colgaba a unos cincuenta metros, sobre la copa de un árbol.

— ¿Lo ves? Esa flecha está demasiado inclinada hacia la izquierda— refutó, despeinándose el corto cabello rubio con una mano— Unos centímetros más y pude haber fallado ese tiro.

—Mentira— declaró su amiga con un tinte de burla, levantándose del suelo para recuperar las flechas de la primera diana— ¿Cómo demonios haces para ser tan bueno en esto cuando eres pésimo en todo?

Con una velocidad impactante, Barton cargó otra flecha y la lanzó hacia ella, rozando su cabello pelirrojo y volviendo a dar en el centro, haciendo que Natasha se congelara debido a la sorpresa.

—Que linda; pero creo que fallé ésta.

— ¡Idiota!

—Yo también te quiero— rió Clint, dejando su arco de lado— Pero si sigues hablando de Steve te lanzaré otra flecha a la cabeza. Y no fallaré ésta vez.

— ¡Es que no puedo creer lo que me hizo!— chilló Natasha, al borde de la histeria, ignorándolo.

— ¿Y qué te hizo exactamente?— preguntó Clint, resignado, con una ceja hacia arriba, deteniendo el tiro que estaba a punto de ejecutar para mirarla.

—Ya sabes... Él... Él me engañó. Me dijo que iría a la universidad, pero se enlistó en los marines.

— ¿Y?— su amigo arrojó la flecha, dando en el blanco una vez más— La gente cambia de opinión todo el tiempo.

— ¡¿No ves lo deshonesto que es?!

Clint lo pensó unos segundos y volvió a cargar otra flecha, taciturno.

—En realidad no. Es su vida. Steve puede hacer y deshacer como le plazca.

— ¡Pero me mintió! ¡A mí! ¡Soy su mejor amiga!— Natasha no daría su brazo a torcer. Era tal la rabia que aún sentía que solo necesitaba que el resto del mundo estuviera de acuerdo con ella y odiara a Steve, pero Barton no estaba haciéndole las cosas fáciles.

—Omitir no es mentir— siguió hablándole con esa calma que le destrozaba los nervios. Natasha lo odiaba— Intentó ocultarlo, tal vez, pero esto era algo que no podia esconder por siempre. Y, siendo como es el Steve que conozco, no hubiera tardado em decírselos si Bucky y tú no hubieran sido tan metiches, pero a su manera y sin sentirse presionado.

— ¡¿Sí?! ¡¿Y por qué nos echó de su casa de una forma tan grosera?!

— ¡Porque lo golpeaste en la cara?! ¿Qué querías? ¿Que se lanzara al suelo y te rogara perdón? Estás loca, Romanoff. Y deja de hablarme así. Estás enojada con Steve, no conmigo.

Natasha parpadeó; sus mejillas se sonrojaron levemente y tuvo que morderse la lengua para no seguir gritando.

— ¿Y según tú todo es mi culpa?

Clint dejó de lado su arco de metal una vez más y se giró hacia ella, con las cejas fruncidas.

—No, según yo no tenías porqué reaccionar como lo hiciste por una decisión que era de Steve y solo suya. Bucky y tú (principalmente tú) tendrían que haber tratado de entender y apoyarlo, aunque no estén de acuerdo con sus decisiones, por el simple hecho de que son amigos. ¿Te suena eso?

— ¡Pero yo no quiero que se vaya!— refutó Natasha, con ojos brillantes, mordiéndose el labio inferior— Steve... Él no está hecho para eso. Si tan solo hubiera sido Bucky en su lugar, yo no...

— ¿Estás escuchando lo que dices?— la cortó Clint, receloso— ¿Dices que hubieras preferido que Bucky se enlistara en vez de Steve?

—Bucky está preparado— se defendió la chica, sin ser directa en su respuesta— Él...él es fuerte y estuvo en una escuela militarizada.

Clint Barton no dijo nada ante eso; sin embargo, Natasha podía sentir su mirada curiosa sobre ella, aunque intentaba ignorarla.

— ¿Qué es lo que te molesta exactamente, Natasha?— preguntó tras varios segundos de introspección, sobresaltándola ligeramente.

—No quiero que algo malo le pase a Steve. Él no se lo merece...

— ¿Y Bucky sí?

Ella alzó la cabeza, sorprendida y escandalizada. Sin embargo, su respuesta no llegó tan rápido como la anterior:

—No. Yo no dije eso.

—Pero si hubieras podido elegir tú hubieras hecho que Steve se quedara y Bucky fuera, ¿verdad?— ella no respondió, y Clint pareció sopesar la razón de su silencio— Nat— la llamó con suavidad, frunciendo el ceño con severidad antes de soltar lo que quería preguntar—, ¿a ti te gusta Steve?

Natasha miró a Clint, abriendo los ojos con desmesura, claramente sin esperarse esa pregunta. Separó los labios para arrojar una rápida respuesta, pero no le salieron más que balbuceos ininteligibles hasta que al fin pudo centrarse, con las mejillas rojas debido a la exaltación del momento.

— ¡Steve es mi amigo!— chilló otra vez, volteando el rostro con ofensa, como si de esa forma diera por zanjado el tema.

—Yo no pregunté eso.

Clint aumentó la intensidad de sus ojos claros y entornó la mirada con perspicacia. Demasiada, para el gusto de la joven rusa.

—No, no me gusta— sentenció finalmente, fulminándolo con la mirada una vez más— Quiero... Amo a Bucky.

El chico rubio levantó las cejas con sorpresa por un momento, luego recogió su arco y tomó otra flecha; se tomó unos segundos y en un rápido movimiento la lanzó hacia un árbol, produciendo un sonido hueco al hundir el metal en la madera.

—No te enojes. Te creo— le dijo, caminando hacia el árbol y recuperando su flecha. Natasha se sorprendió al notar que había atravesado a una pequeña lagartija con ella— Solo debía preguntar. Debes aceptar que tu preocupación por Steve no es muy común que digamos. Ugh... Odio estas cosas.

—Cierra la boca. Lo mismo pasaría si fueras tú.

— ¿Estás segura?— el tono intrigante de Clint bastó para que se sintiera frustrada y molesta de nuevo.

—Tengo novio, ¿lo olvidas? Se llama James.

Barton terminó de liberar a la lagartija atravesada y la arrojó lejos con asco, cargando la flecha una vez más para darle la espalda a Natasha a apuntar a otra de las dianas que estaban esparcidas por todo el jardín.

—No, no se me olvida— respondió, lanzando su flecha y, en menos de una milésima de segundo, sacó otra del carcaj que llevaba a la espalda y la lanzó en la misma dirección, partiendo la primera a la mitad— Pero parece que a ti sí.

— ¿Qué quieres decir?

—Si quieres tanto a Bucky, como dices, deberías estar acompañándolo, ¿no crees? También es su mejor amigo el que se va, el que conoce desde mucho antes que a ti. Steve tomó su decisión. James te necesita, y parece que tú también a él. Deberías dejar de hablar de Steve.

Se dio la vuelta con su arma todavía en la mano y con la que tenía libre se despidió de ella, entrando a su casa sin mirar atrás, dejando a Natasha solo y confundida como nunca.

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Esas tres semanas con Pepper fueron como un sueño despierto.

A Steve le gustaba su compañía, le gustaba hablar con ella y besarla; y descubrió que podía pasarse horas haciéndolo. Durante todo ese tiempo no se separaron ni un solo día. Corrían lado a lado por las mañanas, desayunaban con su madre y luego pasaban el resto del día juntos, en la playa, la ciudad, o simplemente se sentaban en la habitación de Steve a escuchar música o jugar Monopolio. Cenaban en casa con su madre, o a veces en casa de la familia Potts, o, si se presentaba la oportunidad, lo hacían fuera, riendo y jugando como una verdadera pareja de enamorados. Cuando eso sucedía, hablaban sobre historietas o películas; a veces Pepper le contaba a Steve las novedades sobre sus dos mejores amigos, Tony y María, y luego escuchaba ansiosamente todas las anécdotas que él tenía sobre Bucky y Natasha.

No se podía negar que hacían un buen dúo.

A Sarah Rogers parecía agradarle Pepper. Steve sabía que la veía como la chica perfecta para él y eso le incomodaba a veces. Sin embargo, aunque sabía que no la amaba estaba comenzando a creer que podría hacerlo en el futuro.

Natasha y Bucky no lo habían buscado ni un sólo día después de aquella mañana, ni habían vuelto a enviarle mensajes; eso le dolía, pero en el fondo sabía que era lo mejor para todos que se acostumbraran a su ausencia.

Corrían los últimos días de agosto del 2004 y pronto debía presentarse a su servicio.

— ¡Déjame en paz!— rió Steve, y Pepper le regresó los papeles que le había arrebatado, quitándole su gorra negra a cambio.

—No aguantas nada, Steve— le enseñó la lengua y se adelantó unos pasos con aire juguetón, dándole una lamida a su helado de chocolate— Oye, ¿qué dices si mañana vamos a los juegos Coney Island con Tony y María?

Steve le sacó su helado, aprovechando su altura, y se lo comió casi todo de una mordida, haciendo renegar a su amiga.

— ¿Por qué no? Hace mucho no voy.

—Me debes un helado, 'Súper Soldado'— refunfuñó, y Steve rió ante ese ridículo mote— También podrías invitar a Natasha. Y a Barnes, claro. Aunque sabes que lo odio.

Él soltó una suave risita ladeada y se terminó el helado de Pepper en silencio.

—No lo sé. Tal vez.

— ¡Oh, vamos! No pueden seguir peleados por siempre...

—Lo sé, yo...— se detuvieron al llegar frente a su casa, y Steve se sorprendió al ver a Bucky sentado en su puerta.

Al verlo llegar, su amigo se levantó y sacudió su ropa con disimulo, alzando una mano a modo de saludo.

—Hola, Steve— dijo, metiendo las manos en los bolsillos traseros de sus jeans, con aire casual— Potts.

—Te veré luego— dijo Pepper, ignorándolo mientras se ponía en puntas de pie para besar la mejilla de Steve— Arregla las cosas, ¿quieres?— le dijo al oído antes de marcharse, sin siquiera mirar a Bucky.

—Te busco más tarde— le dijo él. Virginia le sonrió y se despidió con un gesto.

Una vez solos, Bucky y él se sumieron en un incómodo silencio, matizado por el sonido de los pájaros cantando sobre los árboles.

— ¿Sales con Virginia Potts?— preguntó de pronto, sin poder contenerse.

—Somos amigos.

—Ah... Estuve esperándote por algunas horas— dijo James, sin enfado alguno, pasándose una mano por el cuello con despiste. Él se encogió de hombros

—Estudios de rutina— dijo, enseñándole los papeles que llevaba en la mano. Bucky asintió.

— ¿Para los marines?

—Sí.

Steve suspiró y caminó hacia el cordón de la vereda, donde Bucky y él solían sentarse cada tarde luego de un largo día de juegos para hablar. Se sentó sobre el asfalto y su amigo lo imitó, doblando las rodillas para llevárselas al pecho, al igual que él.

—Y... ¿Todo en orden?

—Eso parece— el joven Rogers esbozó la sombra de una sonrisa y se hizo ligeramente hacia atrás, entrelazando los dedos alrededor de su rodilla izquierda— Después de años de asma e inyecciones de todo tipo mi salud parece ser 'inmejorable', ¿puedes creerlo?

Bucky imitó su postura y también sonrió, moviendo la cabeza para quitarse el fleco oscuro de los ojos.

—Me da gusto por ti. De verdad.

—Gracias.

Los dos volvieron a guardar silencio, pero no fue incómodo esa vez.

—Steve, yo sólo...— comenzó a decir James, haciendo que Steve lo mirara— Quiero... Déjame entender porqué lo hiciste.

Steve pestañeó varias veces

—No tiene nada que ver contigo— dijo, y en parte eso era verdad. Bucky no era culpable de sus sentimientos por Natasha, ni de que ella lo no pudiera corresponderlos.

— ¿Entonces? ¿Es por una chica?

—No. ¿Por qué siempre tiene que ser por alguien más?— se exasperó— Es por mí. Yo quise hacerlo. ¿De acuerdo?

— ¿Por qué?— insistió Bucky, tozudo— Esto no tiene pies ni cabeza. Teníamos todo planeado, Steve. Iríamos juntos a la universidades. ¡Tú ibas a dejarme copiar tus notas!

El joven de cabello rubio lo escuchó y no pudo evitar reír.

—Eso no hubiera sido posible porque yo estaría en la Escuela de Medicina, y tú en la de Economía, Buck.

— ¡¿Lo ves?! ¡Ni siquiera hemos ido a la universidad y ya estoy perdido! ¡Imagínate al finalizar el semestre!— exclamó con gesto teatral, y los dos rieron como los viejos amigos que eran, tomándose un momento después de eso.

—Yo sólo quiero hacer algo por mi país— Steve suspiró y se encogió de hombros, observando la calle en la que él y sus amigos habían jugado por tantos años.

Bucky, en cambio, mantuvo la vista en sus manos.

— ¿Sabes? Empiezo a pensar seriamente que sufres remordimiento de inmigrante. Por tus abuelos irlandeses y todo eso.

El chico rubio bajó la vista y sonrió de lado, arrancando con los dedos de su mano derecha una brizna de hierba que crecía en una pequeña grieta en el concreto.

—Tal vez. No lo había pensado de ese modo, pero me alegro de que una vez más me hayas hecho ver todo en perspectiva.

James soltó una exagerada carcajada y su espalda se hizo bruscamente hacia atrás, recostándose sobre la vereda.

Otro minuto de silencio y al fin se decidió a hablar.

—Bueno, no estoy de acuerdo, pero no voy a intentar detenerte. Aunque la deserción siempre es una posibilidad— dijo, alzando las cejas de forma insinuante— Dicen que Tijuana es espectacular en esta época del año...

Su mejor amigo rió con ganas.

—No voy a huir. Tengo un deber que cumplir con mi país.

—Entonces no hagas que te maten— le dijo, volviendo a sentarse a su lado.

Steve no supo si reír o no a ese comentario. No obstante, optó por lo más sensato que se le ocurrió y abrazó a su mejor amigo. Bucky le respondió con el mismo gesto.

—Eres mi más mejor amigo de todo el mundo, ¿lo sabías?— le dijo, recordando lo mismo que James le había dicho cuando tenían cinco años.

Bucky rió entre dientes y le dio un golpe en el brazo.

—Tú eres mi más mejor amigo de todo el mundo. Idiota.

oOo

Aún recordaba el primer beso con Natasha y la artimaña que había usado.

Había subido hasta su habitación por la valla que descubrió que seguía estando allí, sorprendiéndola; luego de horas de ponerse al día, decidió que ella le gustaba y que debía hacer algo al respecto. Pidiéndole que leyera para él unas líneas de un tonto libro de poesía, aprovechó su distracción y la atacó con la guardia baja, robándole su primer beso, aunque ese no sería el 'oficial', ya que ese se lo había dado en la fiesta de Tony Stark. Había sido más bien un roce de labios torpe y apresurado, bastante vergonzoso si lo pensaba (ya que después Natasha había salido corriendo), pero ciertamente una buena historia para contarle a sus nietos.

Sonrió ante el recuerdo y se recostó sobre el cobertor con dibujos de arañas de Natasha. No entendía porqué a ella le interesaban tanto esos insectos, pero no pensaba mucho en eso.

"Porque soy como una viuda negra; mataré a mi pareja si se vuelve muy molesto", le había dicho ella, cosa que le había causado mucha gracia en su momento.

Lanzando un profundo suspiro, acomodó los brazos bajo la cabeza y observó la habitación con despiste, encontrando una fotografía de Natasha, Steve y él sobre la mesilla de noche, la misma que su mejor amigo también tenía pegada en el techo sobre su cama. Pero tras esa foto había otra, adornada con un elegante marco de plata. James se recostó sobre los codos y estiró un brazo para tomar el retrato; en él estaba Steve sonriendo en un primer plano, mientras Natasha se aferraba a su espalda las piernas enroscadas en su cintura y las manos sobre su pecho, también sonriendo.

"Deberíamos habernos tomado una juntos", pensó, intentado regresar la fotografía en su lugar, pero dejándola caer sin querer sobre la alfombra blanca. Bufando, Bucky se reincorporó y se agachó para recogerla, encontrando con la mirada una especie de libro bajo la cama de Natasha; curioso, estiró la mano para levantarlo y lo contempló unos segundos, sonriendo al ver que estaba forrado con recortes de fotografías de Natasha, suyas y de Steve desde que eran niños. Abrió la tapa y leyó unas cuantas palabras en ruso, claramente escritas por la mano de una niña, entendiendo únicamente, y con mucho esfuerzo, la palabra "diario". Era el diario de Natasha.

Quiso dejarlo en su lugar pero algo se lo impidió. Ellos eran novios, se suponía que no tenían secretos; además, ¿qué podría haber allí sobre Natasha que no supiera ya?

Encogiéndose de hombros mentalmente pasó algunas páginas que estaban también escritas en ruso, solo deteniéndose al encontrar más fotografías suyas y de Steve. Natasha había escrito mucho sobre ellos el día que se conocieron; aunque no podía entender nada lo sabía.

Había muchas fotos. De navidad, Halloween, Acción de Gracias, cumpleaños y otros momentos importantes. Era como si el libro estuviera contándole la historia de su amistad, y le sorprendió no recordar que hubiera tantas pruebas de momentos tan importantes para los tres. Natasha no escribía mucho luego del día de conocerlos, solo pegaba una o varias fotografías y hacía anotaciones bajo ellas, algunas de las cuales lograba entender gracias al ruso que había aprendido de ella, como: "primer día de escuela. Nuevos amigos", bajo una foto en la que también aparecía un sonriente y diminuto Clint Barton, compañero y amigo de Natasha. Tras esa había otra con la leyenda: "¡Primer recital de Ballet con mis amigos!", donde Steve, Natasha y él hacían gestos y caras para la cámara luego de la función de ballet de la segunda en Norteamérica. Más que un diario el libro le pareció un álbum de los mejores momentos de los tres como amigos.

Lo primero que leyó en inglés fue un triste y borroneado: "Bucky se va. Odio esto", seguido de una fotografía de ambos que su madre había tomado en el patio de su casa pocos días antes de su partida. Luego había varias páginas en blanco , con dibujos un tanto góticos, logos de distintas bandas musicales hechos casi a rayones, o simplemente rayadas con tinta negra. Bucky sintió una extraña mezcla de emociones al descubrir que Natasha se había puesto tan triste con su partida y, creyendo que ahí se acababa el álbum, cerró la tapa, pero al mover unas hojas notó otra cosa luego de varias páginas vacías, una anotación seguida de una fotografía en donde Steve intentaba cubrir la cámara con una mano, aunque su rostro lograba verse perfectamente.

"Steve y yo fuimos al zoológico. Una llama lo mordió y yo me caí a un estanque por reírme. Fue divertido"

Seguido a ese breve texto había pegada una fotografía de ella empapada de pies a cabeza y haciendo un gesto obsceno para Steve.

Pasando la página había una imagen de Natasha, su padrastro y Steve sentados a la mesa, sonriendo.

"La señora Rogers nos invitó a cenar por el cumpleaños de Iván. Steve y yo peleamos con pastel"

Bajo eso había otro foto, de nuevo de ella y Steve, de unos catorce y dieciséis respectivamente, haciéndose cuernitos el uno al otro con sus dedos, completamente embarrados de merengue y trozos de tarta.

"Steve, Iván y yo fuimos de campamento. Bucky no pudo venir pero no importa. Me divierto mucho con Steve"

Seguido a eso había otra imagen de Natasha y Steve discutiendo acaloradamente, con una tienda de campaña casi desmoronándose tras ellos. Luego, otra de los dos en traje de baño, tomados de la mano y lanzándose a un lago desde el muelle.

"Tengo pesadillas, pero Steve cuida de mí ", decía en la siguiente página, junto a una fotografía de Steve dormido y con la cara escrita por todos lados.

Bucky sintió un extraño retorcijón en el estómago.

"¡Día de San Valentín! Clint, Steve y yo causamos bullicio en la ciudad"

En la imagen Steve salía muy sonrojado mientras Natasha lo abrazaba y besaba su mejilla. Luego había pegados el envoltorio de un chocolate y una pequeña tarjeta de San Valentín en forma de corazón con las iniciales S y N.

"Nos expulsaron del cine. No importa. La sala estaba llena de nerds. Steve y yo fuimos al mirador en la Harley de su padre para ver las estrellas. ¡Algún día me dejará montarla!". Tras esa anotación no había foto, pero sí dos entradas para El Hombre Araña.

"¡Cumpleaños #17 de Steve! ¡Feliz 4 de julio!"

Había una fotografía de una parrillada precedida por el señor Petrovich, y la señora Rogers, Natasha, Steve, Clint, Tony, Pepper y todos sus amigos de la escuela estaban allí, levantando sus vasos de jugo. A un lado de la hoja, bastante inclinadas, había otra palabras tachadas que decían: "Tony es el tipo más inteligente, guapo y sexy de Nueva York. Amo a Tony y quiero casarme con él, porque mi cabeza es roja". Esa no era la letra de Natasha, pero si era la suya la que decía: "Tony encontró mi cuaderno. Creo que le llevará toda la noche encontrar sus dientes".

Bucky no pudo evitar sonreír, pero esa sonrisa se borró de su cara cuando siguió leyendo.

Steve, Steve, Steve. Estaba en cada imagen, en cada nota. Natasha y Steve jugando; Natasha y Steve abrazados; Natasha y Steve tomados de la mano y mirando hacia el atardecer. Steve y Natasha en todos lados.

Cerró el libro con un golpe seco y volvió a dejarlo en su lugar, cerrando los ojos un momento.

No sabía qué era exactamente lo que sentía. Estaba molesto, confundido y sorprendido, pero no lograba entender porqué.

Tal vez por descubrir que su novia y Steve compartían un lazo mucho más profundo que el suyo, o por la molestia de no haber sido parte de sus vidas por más de dos años. No lograba entenderlo, pero lo sentía.

Escuchó pasos acercándose y se enderezó al escuchar la voz de Natasha discutiendo en ruso con Iván. Segundos después ella abrió la puerta y se paró en seco durante unos segundos al verlo, no muy sorprendida, realmente.

―Bucky... Hola― suspiró, cerrando la puerta para quitarse los zapatos.

―Hola.

― ¿Cómo entraste?

―La ventana.

―Ya...

Bucky se levantó de la cama y se acercó a ella para besarla, pero Natasha desvió el rostro.

― ¿Sabías que Steve y Pepper salen?— le soltó, sorprendiéndolo.

―No lo hacen. Sólo son amigos.

―Pues para su mamá sí lo hacen― refutó ella, sentándose con las piernas cruzadas y las rodillas separadas sobre la silla del escritorio― Fui a buscarlo para arreglar nuestra situación y el muy idiota había salido con 'la señorita perfecta que irá a Harvard'— dijo, hablando con la lengua apretada entre sus dientes y una mueca de desagrado— Qué horror.

Bucky la miró y suspiró con desánimo.

―Hablé con él.

― ¿Y qué te dijo? ¿Lo convenciste de quedarse?— preguntó, interesada.

―No puede echarse para atrás. Firmó un contrato.

― ¡Ése idiota!

―He estado pensando...— siguió, sin hacer caso al enojo de su novia mientras la abrazaba— Steve ya es mayor, y si él ha decidido enlistarse...

Natasha se separó de él y lo miró, como si no pudiera creer lo que estaba diciéndole.

―No― murmuró― No podemos dejar que se vaya.

—Pero no podemos hacer nada, entiende.

— ¡Claro que podemos!— rebatió, molesta— ¡Dijiste que tenías un plan! ¡Hablarías con Tony para que moviera las influencias de su, padre y desvinculara a Steve de la milicia!

—Natasha... Steve quiere ir.

Natasha lo miró, horrorizada.

—No puedo creer que hayas dicho eso— susurró, sentida.

—Cariño... Fue su decisión, y...

—No, no, no, no. ¡No!— ella rehuyó de sus brazos— ¡No vamos a dejar que muera! ¡Es nuestro amigo!

Bucky cerró los ojos, sintiendo como esas palabras dolían más que cien puñaladas.

—Tasha...

—Déjame— Natasha se soltó de su agarre con brusquedad, caminando hacia el otro extremo de la habitación— Quiero estar sola ahora.

— ¿Por qué? ¡¿Qué fue lo que hice?!

Bucky comenzó a desesperarse, pero ella lo ignoró.

— ¡Vete, James! ¡Déjame sola!

— ¡No te entiendo, Natasha!— reclamó, completamente frustrado— ¡¿Por qué demonios te enfadas conmigo?!— la sujetó por los hombros, sin violencia pero con mucha firmeza, impidiéndole liberarse.

Natasha luchó con brío, pero al ver que no tenía posibilidad de ganar esa batalla, estalló:

— ¡Debiste ser tú!— le gritó mientras golpeaba su pecho con fuerza, completamente histérica— ¡Debías ser tú el que se fuera a la guerra! ¡No Steve!

Él se hizo hacia atrás, impactado por sus palabras, y la soltó como si su tacto le quemara.

Natasha dio un paso hacia atrás y no tardó en darse cuenta de su error, cambiando de actitud en el acto al ver el efecto causado en él.

— ¡Bucky, lo siento!— exclamó, arrepentida y con lágrimas en los ojos (cosa muy rara en ella), pero al intentar acercarse fue él quien la apartó de sí, desviando el rostro para evitar verla a la cara.

—No. Querías decirlo y lo dijiste— la acusó, parco, recogiendo su chaqueta ante los ojos estupefactos de su novia.

— ¡Espera! ¡No te vayas! Yo...no quise decirlo así.

—Oh, sí quisiste— volvió a acusarla, intentando alejarse, pero Natasha se lo impidió con su cuerpo.

— ¡No! Por favor, escúchame... No quise decir lo que crees.

—Escucha tú, Natasha, y escúchame muy bien: yo no soy Steve. Y nunca lo seré— dijo entre dientes, recordando todas las fotografías que había visto y sintiendo una oleada de celos atacándolo de pronto.

Natasha lo observó con los ojos como platos, como si no supiera cómo responder a eso.

— ¡Lo sé!— ladró tras un breve momento de duda, optando por agachar la cabeza como pocas veces en su vida— ¡Pero Steve es mi mejor amigo! Tú eres mi novio... No es lo mismo.

Bucky, al oírla, esbozó una sonrisa triste intentó volver a hacerla a un lado.

—Es eso mismo lo que no entiendes, Natasha. Yo debería ser tu mejor amigo, no solo el chico con el que sales.

—No eres solo eso

—Pues no lo parece.

— ¡¿Qué quieres de mí?!— finalmente, Natasha volvió a perder toda la calma.

— ¡Quiero que dejes de ponerme detrás de Steve! ¡Soy tu novio! ¡Tú me elegiste!

Natasha se quedó callada ante eso. Sin embargo, Bucky continuó:

—Creo que lo mejor será terminar, Natasha.

Y sin esperar su respuesta se fue, dando un portazo que le hizo cerrar los ojos con sobresalto, al fin dejando caer un río de lágrimas.

oOo

La mañana del 30 de agosto la familia Rogers despertó más temprano de lo habitual. Sarah preparó el desayuno con gran esmero y Pepper no tardó en aparecerse en la puerta, ayudándola mientras Steve preparaba una modesta maleta para el largo viaje.

El más largo de su vida.

Una vez guardado todo lo que quería llevarse consigo, tomó su teléfono y marcó el número de Bucky, sin obtener respuesta. Otra vez.

Sabía que la señora Barnes estaba en casa de su hermana en Washington, así que no insistió. Comenzó a marcar el número de Natasha pero se detuvo antes de llamarla. La joven pelirroja no lo había buscado en tres semanas, no lo había llamado y la única vez que había ido a su casa él estaba en Coney Island con Pepper, y ya no había regresado a buscarlo. Estar lejos de ella dolía demasiado, pero, a la larga, creyó, era mejor hacerse a la idea. No ver a Natasha ni hablar con ella era el primer paso para olvidarla.

Tomó una fotografía del día de su graduación en la que los tres sonreían felices y su mirada se perdió en la sonrisa de Natasha mientras sus dedos se paseaban de forma inconsciente por el contorno de su cabello pelirrojo. Sabía que la extrañaría como nunca, pero estaba preparado para afrontarlo.

— ¿Steve?

—Estoy listo— se apresuró a contestar, guardando la fotografía en su bolso de viaje, el cual se apresuró a cerrar.

Pepper se recargó en la puerta y sonrió, acercándose para depositar un suave beso en su mejilla.

—La mesa está servida.

—Gracias, Pep— contestó, regresándole el gesto mientras pasaba un brazo sobre sus hombros y los dos bajaron juntos.

El desayuno fue, gracias a Virginia y su característica actitud positiva, mucho mejor de lo que hubiera esperado. Su madre sollozó, pero también rió y le reiteró varias veces lo mucho que lo amaba.

Minutos antes de las 9:30, la señora Rogers estaba esperándolos a ambos en su coche. Steve se despidió de su casa con una silenciosa mirada y luego sus ojos se posaron en la casa de Natasha al otro lado de la ventana de la cocina.

—Deberías ir a despedirte de ella— la voz de su amiga lo sobresaltó, haciéndole desviar la vista al verse descubierto.

—No lo sé. Tal vez no quiera verme.

Ella negó en silencio y tomó su mano, sacándolo de la casa.

—Ve— le dijo, dándole un suave empujón.

Steve asintió con lentitud y avanzó con paso firme hacia la puerta roja. Tocó tres veces y se removió con nerviosismo cuando escuchó pasos al otro lado. Un hombre alto y de facciones duras le abrió, enfocando sus ojos claros en él de inmediato. La sola presencia de Iván Petrovich, con sus hombros anchos y su cara de pocos amigos, era lo bastante perturbadora como para que cualquiera se sintiera algo perturbado; Steve lo escuchó gruñir algo en ruso mientras apretaba su pipa entre los labios, pero se sintió menos intimidado cuando él pareció reconocerlo y le sonrió, acomodándose las gafas de lectura.

—Ah, hola Steven— lo saludó el padrastro de su amiga, hablando en un inglés bastante forzado— Crreí que erra otrra de esas niñas explorradorras que siempre quierren venderrme galletas.

—Buenas, señor Petrovich— le sonrió levemente— ¿Natasha está en casa? Me gustaría hablar con ella.

Iván Petrovich parpadeó ligeramente y se acomodó las gafas, mirándolo por sobre ellas con cierto recelo.

— ¿Y parra eso tocas a mi puerrta, muchacho? Que extrraño... Siemprre que quierres verr a Natalia te trrepas a mi cerrca como si yo no pudierra darrme cuenta y subes a buscarrla tú solo— le dijo con aire tan casual que Steve no pudo evitar sonrojarse hasta las orejas.

—Eh... Lo siento...

—Oh, está bien— dijo el hombre, quitándole hierro al asunto con un ligero ademán—. Tú erres el bueno; siempre te fijas parra no pisarr mis florres. Ese chico Barrnes es el que no me agrrada— comentó el hombre, muy serio— Perro Natalia no está. Salió muy temprrano en la mañana.

— ¿Sabe adónde o si ya regresará?

Niet. Solo dijo que tenía cosas que hacerr. No me gusta entrrometerrme en su vida. Ya sabes, con eso de que ya es una adolescente...

—Entiendo...— Steve suspiró, desanimado, y levantó su maleta, dispuesto a marcharse— Por favor, dígale a Natasha que pasé a verla. Y que... Que la quiero mucho. Gracias, señor Petrovich.

— ¿Te vas, no es así?— preguntó el hombre antes de que se marchara de su puerta— A la guerrra.

Steve parpadeó y bajó la vista, sintiéndose tan pequeño e insignificante como la primera vez que había conocido a Iván.

—Sí.

—Humm...— Iván se quitó la pipa de los labios y arrojó el tabaco quemado sobre las plantas de su entrada— ¿Sabes algo? Desde que Natalia te trrajo a mi casa porr prrimerra vez supe que erras de esa clase de hombrre que lucha porr lo que crree corrrecto. Desde entonces se veía que tenías buena maderra; a pesarr de que erras tan delgado y pequeño, siemprre supe que tu corrazón erra fuerrte como rroble. Igual que corrazón rruso— sonrió, colocando una pesada mano sobre su hombro para palmearlo con orgullo— Mucha suerrte, hijo.

Iván le extendió su mano, pero, conmovido con sus palabras, Steve pasó de ella y lo abrazó con afecto, despidiéndose de esa forma.

— ¿Podría darle una nota?— el señor Petrovich asintió y Steve se apresuró a sacar un lápiz y papel de su bolsillo, escribiendo unas cuantas palabras que después le entregó al padre de su mejor amiga, estrechando su mano— Muchas gracias por dejarme ser amigo de su hija, señor.

Grracias a ti porr querrer a mi Natalia— respondió el hombre, soltándolo— Buena suerrte, Steve Rrogerrs. Haz que nos sintamos orrgullosos.

El señor Petrovich se despidió con una seña y luego cerró la puerta con mucho cuidado, dejándole una sonrisa sincera en los labios. De alguna forma, Iván había sido su única figura paterna por años, por eso recibir palabras tan positivas de él, en cierta forma, era como recibirlas de su propio padre.

Steve suspiró y alzó los hombros antes de atravesar el jardín hacia la siguiente casa. Ni siquiera tuvo que golpear la puerta de Bucky, solo usó la llave escondida bajo la alfombra y entró como tantas veces había hecho antes, esperando encontrar a Bucky desayunando en la cocina, con un plato de cereales y huevos recién preparados, lo único que James sabía preparar; sin embargo, rápidamente notó que no había nadie, y parecía como si toda la familia se hubiera ido de viaje. Subió las escaleras pero tampoco encontró a su amigo.

Bucky tampoco estaba en casa. Eso lo entristeció, pero solo se fue de allí, resignado.

— ¿Todo bien?

—Sí. Ninguno estaba en casa, así que...— Steve suspiró y Pepper lo abrazó por la cintura.

—No te preocupes. Ellos saben que te vas hoy, así que estoy segura de que llegarán— le dijo, optimista como era siempre. Él le sonrió y besó su coronilla con gesto amistoso.

—Vamos o llegaremos tarde.

— ¿Un último recorrido?

Steve observó su vecindario por última vez; los árboles, las calles, su casa y la de sus amigos, nostálgico. Y sin quererlo sonrió, la abrazó un poco más fuerte.

—No— musitó, sin dejar de sonreír— Planeo volver algún día, ¿sabes? No quisiera despedirme de todo esto. Aún no.

Ella le sonrió y esperó a que le abriera la puerta del auto.

— ¿Listo?— inquirió su madre, mostrándose mucho más entera de lo que él esperaba. Aunque no le sorprendió. Sarah Rogers era la mujer más fuerte que había conocido en su vida

—Listo— confirmó, apretando su mano para transmitirle todo su cariño, gesto que ella correspondió.

El camino al centro fue rápido y ameno; su madre y Pepper no paraban de hablar de que irían a verlo apenas pudieran al campo de entrenamiento, recordándole cómo debía comportarse ahora que representaría a su país. Apenas llegaron a la terminal los tres bajaron del coche, dándose cuenta de que había otros jóvenes esperando el autobús del Ejército junto a sus familias.

—Creo que no eres el único demente— le dijo Pepper, logrando que Steve le cubriera la cabeza con una de sus enormes y fuertes manos a modo juguetón.

—Tranquila o harás que nos expulsen de aquí— rió, revolviéndole el largo cabello rubio.

—Compórtense ambos— los regañó la señora Rogers, logrando que se separaran; se acercó a su hijo y colocó una mano en su rostro con cariño, acariciándole la mejilla como si fuera un niño pequeño— Debes prometerme que vas a cuidarte, ¿sí?— pidió, al borde de las lágrimas— Recuerda que debes regresar; el jardín estará esperándote hasta entonces.

Steve no se resistió y la abrazó con fuerza, riendo y sollozando a la vez.

—Lo sé. No empiecen sin mí— bromeó, sacándole una pequeña risa a su madre.

—Eres el mejor hijo del mundo. Dios me bendijo al enviarte a mi vida— dijo Sarah, sujetándole el rostro para mirarlo a los ojos— No importa qué, estoy muy, muy orgullosa de ti, cariño. Jamás lo olvides. Te amo, Stevie.

—Y yo a ti, mamá. Eres la mejor madre del mundo.

Compartieron otro emotivo abrazo en medio de risas y llantos contenidos. Entonces la señora Rogers se separó y le acomodó las solapas de su chaqueta a su hijo.

—Nunca nos hemos separado por tanto tiempo, así que recuerda lavarte los dientes y rezar, hijo— le dijo, brindándole otra suave caricia a su rostro recién afeitado— ¿Bucky y Natasha no vendrán?— preguntó con duda, haciendo que su hijo bajara la mirada lentamente hasta sus pies. Y suspiró.

—No. Estaban ocupados, pero está bien.

— ¿Entonces quién es aquella chica?— señaló Pepper. Steve y su madre se giraron y éste se paralizó de inmediato, separándose de su progenitora.

—Nat...— susurró al ver a su mejor amiga caminando hacia él junto a un chico rubio y sonriente.

El corazón de Steve volvió a latir con fuerza como tantas otras veces, y luchó contra el impulso de correr hacia ella. Natasha aminoró el paso cuando lo vio, hasta que se detuvo delante de él. Ningún abrazo, ningún beso... A Steve le dolió su repentina formalidad.

—Recibí tu nota— le dijo, escueta. Clint Barton solo lo saludó con una seña, parándose a una buena distancia.

—Me alegro de que hayas venido— le sonrió, aunque seguía sintiéndose avergonzado por lo sucedido la última vez que habían hablado.

Natasha se cruzó de brazos y asintió, ladeando levemente la cabeza mientras se recargaba en una columna con aire casual, mirándolo.

—Lo siento— soltó Steve sin más preámbulos— Sé que no debí dejarlos afuera de mi decisión, ni tratarlos como lo hice.

— ¿Y?

—Y siento mucho lo que les dije a Bucky y a ti en mi casa. Ustedes son mis mejores amigos, no debí tratarlos como lo hice.

Natasha continuó mirándolo sin pestañear.

— ¿Y?

Steve movió los pies, nervioso, plenamente consciente de que no iba a ser totalmente sincero con lo que iba a decir a continuación, pero también consciente de que eso era lo que ella quería oír. Suspiró.

—Sé que no lo entiendes, pero esto es lo que yo quería— dijo, pasándose una mano por el cuello como siempre hacía cada vez que se sentía nervioso.

Eso no pareció bastarle a Natasha, ya que siguió mirándolo fijamente.

— ¿Y?

No sabía qué más decir. Le dio vueltas a lo sucedido, antes de mirarla a los ojos.

—Y..., bueno, no estuvo bien actuar como lo hice con ustedes.

— ¿Y qué más?

—Y... — a pesar de que lo intentó, no se le ocurrió nada más— No lo sé—confesó—. Lamento no haberte buscado, lamento haberte hecho enojar y lamento si mi nariz lastimó tu mano cuando me golpeaste. Pero sea lo que sea lo que te molesta, también te pido disculpas.

La expresión de Natasha denotó curiosidad, pero solo por un momento.

— ¿Y ya está?

Él parpadeó, considerando lo que le acababa de decir.

—No sé qué más puedo añadir— admitió.

Pasó medio segundo antes de que se diera cuenta de la leve sonrisa que se había dibujado en sus labios. Su amiga se le acercó y alzó una mano, haciéndole retroceder levemente, volviendo a acercarse al ver que no tenía intenciones de golpearlo.

—¿Ya está?— repitió, con una voz más suave.

Steve no dijo nada. Ella se le acercó más y, aunque él no se lo esperaba, lo rodeó por el cuello con sus brazos.

—No tienes que disculparte— susurró—. No tienes ningún motivo. Probablemente yo también hubiera reaccionado del mismo modo si me hubieran acosado con tantas preguntas. O peor. Mucho peor.

—Entonces, ¿cuál es el motivo de tu interrogatorio?

—Quería hacerte sufrir— le dijo ella, abrazándolo con fuerza—. Siempre supe que tenías buen corazón. Y ni siquiera te enojaste conmigo porque te golpee. Y sé que lo hago muy bien.

—Sí, tienes la mano pesada— confirmó, rodeándola por la cintura— Me alegro de que hayas venido.

—Pues debes agradecérselo a Barton.

— ¿De qué estás hablando?

—Bueno... Él y yo estábamos en casa cuando fuiste y me dejaste esa nota, pero yo le pedí a mi padre que te mintiera... Lo siento— dijo, acomodando su cabeza repleta de rizos pelirrojos contra el hombro de Steve— Clint me convenció de que no tenía ningún derecho a gritarte como lo hice, mucho menos a golpearte. Tenías razón. Todos la tenían. Es tu decisión y yo debí respetarla desde el primer momento..., pero de todos modos me gustó escuchar tus disculpas. Eres tan tierno a veces...

Natasha se apoyó en su pecho y, cuando Steve entornó los ojos, supo que no quería nada más en el mundo que estrecharla entre sus brazos para siempre.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por tantos años de amistad. Y gracias por ser como eres, violenta, grosera y todo— Natasha le respondió con una sonrisita, y Steve la besó en la frente— Si no hubiera sido por ti, cuando Bucky tuvo que irse— añadió—, mi vida habría sido mucho más aburrida y solitaria. No sabes lo mucho que eso significa para mí.

Su amiga lo miró a los ojos y bajó la vista, soltando una risita sibilante.

—Ya basta o me harás llorar, idiota.

—Yo no hago milagros— rió. Natasha lo golpeó en el hombro y volvió a abrazarlo.

—Aún no me enseñas a conducir una motocicleta— le reprochó— Siempre quise montarme en la Harley de tu padre, ¿sabes?

Steve rió. Nunca lo había hecho porque sabía que el señor Petrovich lo hubiera asesinado.

—Puedo hacerlo cuando regrese.

— ¿Es una promesa?

—Por supuesto. Palabra de Marine.

Natasha rió y le golpeó el brazo.

—Idiota... Entonces, tendrás que prometerme que regresarás a buscarme. No puedo aprender a montar una motocicleta si tú no estás conmigo. ¿Quién más me tendría tanta paciencia y no se ofendería por mis groserías?

El joven Rogers volvió a reír, aspirando el aroma a rosas de las hebras pelirrojas.

—Trato hecho.

Natasha se abrazó a él un poco más fuerte y por unos segundos guardó silencio.

—Steve...

— ¿Sí?

Natasha suspiró profundamente.

—No quiero que nuestra amistad se acabe— dijo, y lo abrazó un poco más fuerte.

Cerró los ojos y suspiró. Sabía que se iba lejos para olvidarla, pero aun así no quería borrarla de su vida. El que se olvidara de Natasha como mujer no implicaba que también lo hiciera como amiga.

—Yo tampoco— admitió. Se detuvo, sabiendo que las palabras no bastarían. Por eso la estrechó un poco más entre sus brazos y la atrajo hacia él. Le besó la coronilla y dejó que su cabello le hiciera cosquillas en la nariz— Te llamaré tantas veces como pueda, y te escribiré siempre que tenga ocasión, y dicen que podré obtener un permiso el año que viene. Vendré a verte.

Ella se recostó en su pecho y alzó la cara, en un intento de mirarlo a los ojos.

— ¿Lo harás? ¿Me escribirás? —le preguntó.

Steve carraspeó. La expresión solemne de Natasha lo puso nervioso.

—Claro que sí— contestó, sonriendo— Te escribiré cada que pueda...

—Todos los días— lo corrigió su amiga, severa.

—Todos los días— confirmó Steve, sin siquiera intentar resistirse.

— Y me llamarás.

—Te llamaré.

—Y vendrás a Brooklyn a visitarme alguna vez.

Steve suspiró y asintió con expresión derrotada.

Simplemente, desde que la había conocido en la vereda de su casa, le era imposible negarle algo a esa chica.

—Vendré a Brooklyn a verte cada vez que...

— ¡Dios! ¡Ya dense un beso y dejen de hacer esta ridícula escenita de Romeo y Julieta!— exclamó una tercera voz, en tono burlón.

Steve y Natasha se separaron y se dieron la vuelta para mirar al recién llegado

— ¿Tony?— inquirió Steve, sorprendido.

Tony Stark se bajó las gafas oscuras para dirigirles una rápida mirada y volvió a acomodárselas con un dedo, esbozando una sonrisa ladeada.

—Hola, Capi.

— ¿Qué haces aquí?

Tony sonrió con más amplitud y negó con suavidad, encogiéndose de hombros luego.

—Bueno... Ya sabes; lo usual. Decidí madrugar a las diez de la mañana, escapar de los empleados de mi padre y dar un paseo de casi diez kilómetros desde los Hampton hasta aquí para comprar galletas con chispas de chocolate. Por cierto, dicen que aquí en la terminal venden las mejores de todo Brooklyn. Hola, Rojita.

Steve miró a Natasha y no pudo reprimir una sonrisa.

—Deben ser las galletas más deliciosas de toda la Costa Este para que hayas hecho tal sacrificio.

—Mnah...— Tony se encogió de hombros y bebió del café que llevaba en la mano, torciendo los labios con disgusto antes de arrojarlo hacia atrás como si nada, mojando a una pareja que no logró verlo; se acercó a Steve y le tendió la mano con gesto solemne— Ya, en serio. Fue todo un placer conocerte, Capi; fuiste un digno enemigo. Has hecho de mis días mucho más divertidos desde que te conocí.

—Para mí también— contestó Steve con toda franqueza, estrechando su mano— Y nunca fuimos enemigos.

Tony rió por lo bajó y golpeó su brazo.

—Cuídate, ¿quieres? No quiero que nos regresen a un Capi hecho paleta en vez de al aburrido patriota de siempre... Espera. Eso suena bien. "Capipaleta..." ¿Qué tal?— preguntó, divertido, y Steve no pudo reprimir otra sonrisa.

—Lo intentaré— respondió, y le dio la mano otra vez, sorprendido ante la sensación de que había nacido un vínculo afectivo entre ellos.

—Por cierto, ¿dónde está Barnes?

—Pues... ¿Nat?

La chica abrió los ojos, sobrecogida por la pregunta; luego se encogió de hombros y una mueca de tristeza atravesó su bonito rostro.

—No lo sé. Bucky y yo terminamos hace tres días— dijo, y Steve sintió que su corazón daba un vuelco.

Miles de sentimientos contradictorios empezaron a bullir en su interior. Quiso decir algo, abrazar a Natasha y disipar la tristeza que vio en sus hermosos ojos verdes, pero, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, se contuvo y apretó los puños a cada lado de su cuerpo.

Novia de Bucky o no ya había tomado una decisión y no podía retractarse. Natasha amaba a James, eso todavía podía verlo en su mirada, por más doloroso que fuera. Así que, haciendo de tripas corazón para que su tono no lo delatara, sólo suspiró antes de hablar:

—Lo siento— dijo, y pareció estar hablando por todos allí— Yo no... Lamento escuchar eso, y...

Se interrumpió a sí mismo al encontrar con la mirada el autobús con el escudo del Cuerpo de Marines que se detenía a un lado, y suspiró una vez más, con desánimo, sin saber qué más podía decir.

—No importa... Tal vez las cosas se arreglen luego— volvió a sonreírle— Creo que ya es hora. Gracias a ambos por venir, y...— Natasha volvió a abrazarlo, haciéndole cerrar los ojos instintivamente en un intento por guardar aquella dulce sensación en su memoria, pero al abrirlos y encontrar los compungidos ojos azules de Pepper Potts con los suyos no pudo evitar separarse e ir hasta ella.

—Pepper...— la llamó, y en ese momento se dio cuenta de que tenía tantas cosas que decirle, y no encontraba las palabras para expresarle lo mucho que ese tiempo juntos había significado para él. No eran novios formales, ni compartían ningún sentimiento especial, pero sí había verdadero cariño y aprecio entre ambos. Steve tenía miles de cosas que agradecerle, pero seguía sin saber cómo.

No obstante, Virginia se apresuró a abrazarlo con fuerza, alejándose luego para tomar el rostro de Steve entre sus manos y pegar sus frentes en un gesto lleno de afecto.

—Lo sé— le dijo, acariciándole las mejillas con sus pulgares— Lo sé, Steve. Y créeme que me hace feliz haber podido ser tu amiga éstas semanas... Sabes que siempre podrás contar conmigo, ¿verdad?

—Lo sé— sonrió— Tengo a los mejores amigos del mundo.

Pepper se paró de puntitas, y cuando lo hizo se acercó a su oído, susurrando.

—Y no ye preocupes por tu madre y Natasha. Yo me encargaré de cuidarlas... Incluso a Barnes, y sabes que lo odio.

Steve la miró y sin pensarlo la besó una última vez en los labios, gesto que ella correspondió con una sonrisa.

—Gracias, Pep. Eres maravillosa.

—Gracias a ti por haberme dado tu chocolate aquel día— rió ella, acariciándole la mejilla, en donde depositó otro beso— Y cuídate, por amor de Dios.

—Lo haré.

—Y si alguna vez necesitas ayuda legal puedes buscarme en Harvard— le sonrió de nuevo, limpiándose los restos de llanto de los ojos.

Él río y le limpió el rostro con sus dedos.

—Espero que no sea necesario, pero gracias.

—Y si ves una granada no seas un héroe y corre como una gacela, ¿quieres?— añadió Tony, mientras se acercaba con Natasha bajo el brazo.

Steve volvió a reír de buena gana y negó con la cabeza.

—Lo intentaré. Gracias por venir, Tony. Eres un buen amigo— dijo, dándole un afectuoso abrazo que el otro chico apenas respondió con unas cuantas palmadas en su espalda.

—Wow, Capi. Recuerda que soy una figura pública con una reputación que mantener— le dijo, y Steve lo soltó— Así sí. Y recuerda: no hagas que te maten.

—Yo podría decir lo mismo de ti— bromeó, y todos rieron, excepto Stark.

—Como sea. Traéme una camiseta, ¿quieres? De preferencia que no esté manchada de sangre o tripas.

Todos lo miraron, pero ya conocían el sentido del humor del heredero de Industrias Stark, por lo que solo lo pasaron por alto.

—Cuídate mucho, Steve— Clint al fin se acercó a él y le tendió la mano amistosamente— E ignora a Tony.

— ¿Y ahora que dije?— se defendió Stark, refunfuñando.

— ¡Cállate!— Natasha lo golpeó y se giró hacia Steve— No te atrevas a morir allí, Steve Rogers, o te juro que iré a buscarte para patear tu educado trasero— advirtió, dejándolo ir de una vez— Promete que me contarás todo, y yo haré lo mismo hasta que regreses.

—Lo prometo— aseguró, luchando por no soltar unas cuantas lágrimas rebeldes— Te lo contaré todo. Tú puedes darle tus cartas a mi madre. Ella sabrá adónde enviarlas...

—Lo haré. Te quiero, Steve.

El aludido abrió los ojos con sorpresa; se separó un poco de Natasha y plantó un dulce beso en su frente, sonriendo.

—También te quiero, Nat... Más de lo que podrías imaginarte— confesó, en un murmullo apenas audible, pero no se atrevió a añadir nada más.

Era un cobarde, sí, pero a fin de cuentas estaba huyendo de sus sentimientos, ¿qué podría hacerle otra mancha al tigre?

Miró el rostro de Natasha una última vez, sabiendo que esa era la despedida definitivamente de sus sentimientos por ella, y sin algún día volvía a verla esperaba poder volver a hacerlo solo como una amiga para entonces.

—Cuídate, Nat. Y promete tú también que no te detendrás hasta pisar los mejores escenarios del mundo.

—Solo si tu prometes que estarás en primera fila para aplaudirme.

—Por supuesto.

Natasha se paró en puntas de pie y le besó la mejilla como tantas otras veces había hecho.

—Regresa a casa.

Steve asintió. Era la hora de la despedida definitiva. Abrazó a su madre y se despidió de todos con una seña y una sonrisa, tomando su pequeña maleta para formarse y esperar su turno, formándose para subir al autobús mientras su madre y sus amigos seguían allí, acompañándolo hasta el último momento.

No tenía miedo, pues era más grande su determinación, pero no podía evitar que le doliera abandonar Brooklyn, el único hogar que había tenido siempre, y con ello a todas las personas que amaba y lo amaban.

Intentó sonreír y se volteó una vez más hacia su madre y sus amigos, alzando una mano en el aire para la despedida definitiva. Ya solo había tres personas delante de él cuando tuvo que desviar la vista al escuchar el alboroto y vio a varias personas moviéndose, abriéndole paso a un apurado y fornido chico de cabello oscuro.

— ¡Esperen!— gritó el joven, tirando de su bolso de viaje verde, que se había atorado en la multitud— ¡No dejen que ése autobús se vaya!

— ¿Bucky?— Steve se salió de la fila como acto reflejo, y frunció el ceño con confusión al ver a James Barnes corriendo hacia donde él estaba.

Bucky corrió unos cuantos metros más y llegó hasta él, sudado y con la respiración agitada.

—Lo lamento, pero acabo de llegar de Washington y tuve que correr desde la Estación Central— informó, todavía respirando con dificultad— Pero tenía que hacerlo.

— ¿Qué cosa?— inquirió Steve. Bucky revisó sus pantalones, sacando un papel doblado que le alcanzó. Steve y Natasha, que se había acercado silenciosamente a ellos, pegaron cabezas para leerlo, abriendo los ojos con sorpresa.

— ¿Te enlistaste en los Marines?— soltó él, perplejo.

—Hace tres días pasé la revisión médica— respondió su amigo, con una sonrisa— Lamento no habértelo dicho antes, pero tuve que acompañar a mi madre a casa de mi tía en Gaithersburg, convencerla de que estaré bien, y realmente quería que fuera una sorpresa... Hola, Tony. Clint. Potts— sus ojos se enfocaron en Natasha y rápidamente regresaron a Steve, pasando de ella.

—Estás loco— le soltó Pepper, con el ceño fruncido— Mucho más que Steve.

James sonrió con condescendencia y pasó su comentario por alto.

—Genial. Serán dos camisetas, entonces— añadió Tony, recibiendo otro golpe, ahora de Clint Barton.

Todos miraron a Natasha, que se mantenía sumida en un silencio sepulcral y con la vista fija en algún punto a la distancia, con expresión ausente. Steve temió a su reacción, por lo que empezó a prepararse para una catástrofe. Pero ni bien había dado un paso hacia atrás cuando ella se volvió y se alejó del grupo sin emitir ningún sonido, confundiendo a todos.

Sí era cierto que habían terminado, y, por lo que pudo percibir, había sido Bucky quién lo había decidido. De reojo observó la reacción de James, pero el parecía totalmente ausente en ése momento.

— ¿Por qué?— preguntó regresando al tema, en un murmullo ahogado, notando que Natasha también se mostraba atenta a su respuesta.

James inspiró profundamente y soltó todo el aire por la nariz, bajando un poco la cabeza

—Porque tú y yo somos mejores amigos. Y los mejores amigos siempre se cuidan las espaldas— le sonrió, encogiéndose de hombros.

— ¿Cuidarnos la espalda?— inquirió Steve, aturdido, pero también algo frustrado y molesto— ¡Maldita sea, Bucky, no debiste! ¡Ya no necesito que cuides de mí!— exclamó, enojado y frustrado. Volteó el rostro con ofensa, y apretó los puños. No sabía si en realidad se sentía molesto o culpable por la decisión de Bucky.

—No lo hago solo por ti, también es por mí— añadió su amigo— ¿Qué iba a hacer yo solo en Georgetown? Envié la solicitud sólo porque creí que mi mejor amigo estaría ahí. No me interesan las finanzas; lo que yo quería era que volveríamos a ser los amigos que éramos. Aquí, en Washington, Afganistán o dónde fuera, pero volver a estar juntos y contar el uno con el otro como cuando murió mi padre y te quedaste una semana durmiendo en aquella incómoda tienda de campaña conmigo. ¿Te acuerdas? Llovió a la sexta noche y te hice creer que te habías orinado dentro, y lloraste como por tres horas...

—Lo recuerdo. Y no fue gracioso.

—El punto es...— siguió James, cambiando su sonrisa por un gesto solemne— Que quiero volver a sentir que darías la vida por mí, así como yo la daría por ti. Ya no quiero sentir que somos casi dos desconocidos por esos años que nos alejamos, ni que se ha levantado una barrera entre nosotros. Y no me importa estar en medio de una guerra, porque sé que en el caso contrario tú harías lo mismo por mí. Además, si estamos juntos somos prácticamente invencibles...— dijo, y sonrió una vez más, formando dos hoyuelos en sus mejillas.

Steve bajó la cabeza y sin darse cuenta una tenue sonrisa irónica adornó su cara. Se iba para no lastimar a Bucky, y ahora Bucky lo seguía hasta el único lugar donde podía escapar de él.

A alguien allá arriba de seguro le divertía frustrar sus planes.

—No puedo creer que lo hayas hecho— murmuró entre dientes, pero no tardó en devolverle la sonrisa, cosa que aminoró el ambiente para su amigo.

— ¡El Capitán América y el Soldado del Invierno juntos otra vez!— exclamó, sonriendo mientras golpeaba su brazo— ¡Regresamos, hermano!

— ¡A ver, a ver, a ver!— lo interrumpió Tony, alzando la voz— ¿Te metiste a los tontos y orgullosos marines, enfilándote a una muerte casi segura, solo por cuidarle la espalda a Steve? Ustedes los pobres sí que están locos...

—Básicamente— Bucky y Steve rieron.

― ¡Arriba, señoritas! ¡Rápido o yo mismo me encargaré de que pasen los siguientes meses de sus miserables vidas limpiando las letrinas de todo el campo!— gritó el sargento, asomándose desde la puerta del autobús.

―Esto empieza a traerme recuerdos― rió Bucky, y luego miró a Natasha, soltando un profundo suspiro para después desviar la vista y recoger su equipaje, intentando esconder la tristeza en sus ojos— Mejor vamos.

Él se despidió de todos con una mueca, recibió la bendición de la madre de Steve y se detuvo frente a Natasha, como si quisiera decirle algo. Sin embargo, bajó la vista al último momento y pasó de ella, subiendo primero al autobús. Steve lo siguió, pero antes de su turno miró a su madre y Natasha, las dos mujeres más importantes de su infancia, una última vez, guardando aquella imagen por siempre en su memoria.

Su madre seguía llorando y Natasha solo intentaba sonreírle con afecto.

Steve alzó la mano una última vez y subió el primer escalón de lo que sería el resto de su vida en silencio, notando a Bucky sentado casi al fondo del autobús, mirando por la ventana antes de percatarse de su presencia y sonreírle con esa picardía que lo había caracterizado desde niño. Y supo que ahora los dos estarían bien, porque quizá ambos, de una forma u otra, habían perdido a Natasha Romanoff, pero una vez más se tenían el uno al otro para cuidarse las espaldas.

Y entonces tuvo la extraña sensación de que el futuro nunca le había parecido tan brillante.

Todo estaría bien mientras Bucky y él fueran mejores amigos.

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Continuará...

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N del A:

Hola!

He vuelto, y lamento la demora. Realmente no encontraba inspiración para terminar el capítulo, pero al final lo logré.

Saludos!

H.S.