N/A: Pese a que en general es un fic de género Humor, este capítulo en concreto es más bien Angst.
Disclaimer: Nada que se reconozca me pertenece, pertenece a la serie Merlín de la BBC.
4. SOBERBIA
Sir Lancelot siempre fue considerado el más valiente y el más noble de todos, y no era para menos. Era entregado, servicial y muy leal. Lo que no todos sabían era que también era orgulloso, ¿cómo no iba a serlo? Había logrado lo que siempre había soñado por sus propios méritos, pasó de no ser nada a ser un Caballero de Camelot. Y tenía la certeza de que se lo había ganado.
Por ello, siempre caminaba con la espalda bien erguida y la cabeza levantada satisfecho con lo que la vida le ofrecía, aunque eso nunca le impedía mirar hacia abajo, buscando a cualquier persona que pudiera necesitarle. Alcanzó el perfecto equilibrio, como solo él podía conseguirlo. Se comportaba con honradez, porque era el mejor de los caballeros y era lo único que cabía esperar.
Había pasado toda su vida pensando que él era superior. Pero eso no estaba tan mal, se decía a sí mismo, porque esa superioridad que sentía era solo moral. Tenía que ser el más valiente y el más noble, y por eso lo era. No había otra opción.
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Prácticamente todavía podía escuchar los gritos en el aire desgarrando sus oídos, aunque a su alrededor solo reinara un tétrico silencio. Se encontraban en un gran patio rodeados por altas murallas de antiguas piedras. En su centro podía ver una especie de altar, pero lo más aterrador era, sin ninguna duda, el terrible vacío negro que se veía al fondo.
Gwaine había caído, pero tenía que pensar que se recuperaría, después de todo, no tenía muy mal aspecto. Una vez más su insensatez y su coraje probaban ser una mala combinación, pensó sonriendo por dentro, aquella no era la situación adecuada para mostrar júbilo.
El momento para el que se llevaba preparando durante largos días había llegado.
Hizo una promesa y por eso estaba allí; no podía permitir que nada le sucediera a su rey.
Pero Arturo yacía inconsciente en el suelo, por lo que estaba fuera de peligro. Sobre todo teniendo en cuenta que Merlín se iba a sacrificar por él. ¿Tenía si quiera la más mínima idea de la cantidad de veces que aquel joven moreno le había salvado la vida, incluso de sí mismo? Sir Lancelot suponía que no y solo podía desear que lo descubriera pronto, para que se diera cuenta por fin del gran amigo que tenía a su lado. Pero no de esa manera, Arturo aún necesitaba a Merlín, no podía perderle tan pronto.
La Cailleach esperaba, ella no podía cerrar el velo al igual que ella no lo había abierto.
"Aunque tampoco parece que le entristezca saber que hay inocentes muriendo" pensó el caballero con resentimiento al escuchar su horrible risa. No podía entender que el resto del mundo no se rigiera por los mismos valores que él seguía tan firmemente.
Todo era muy sencillo para él: había gente sufriendo, había que ponerle remedio. Alguien tenía que cerrar ese velo. Arturo no podía hacerlo, por lo que la promesa que le había hecho a Guinevere estaría a salvo. Merlín se entregaría por él, por todos ellos.
Pero sir Lancelot también sabía que eso estaba mal, muy mal.
Recordó todos aquellos años de su infancia en los que miraba hacia arriba con fascinación desde su baja estatura para ver pasar a los caballeros, tan relucientes con sus hermosas armaduras, mostrando con orgullo sus blasones sobre sus poderosos corceles. Pensó en el honor que sabía que ellos defendían y la nobleza que debían mostrar al luchar con aquellos que ponían en riesgo todo aquello en lo que creían.
Pero también fue testigo de actos horribles realizados por aquellos a los que tanto admiraba. Y en ese momento, pese a su corta edad, hizo un juramento: él llegaría a ser un caballero, pero se comportaría exactamente como se suponía que tenían que hacerlo. Sabía que él lo haría bien, pues siempre sintió en su corazón que él merecía conseguir lo que deseaba, era su destino. Desde luego era mucho mejor que aquellos jinetes que mancillaban el nombre de la caballería.
Él habría estado dispuesto a entregar su vida por Arturo. ¿Cómo no iba a estarlo? Le admitió como uno de sus hombres cuando, bajo engaño, pensaba que descendía de una ilustre familia. Pero, sobre todo, le aceptó como un hermano cuando se presentó como sí mismo, cambiando su vida por completo. Además, le había hecho una promesa a Guinevere y no podría romperla. No imaginaba un honor mayor que ofrecerse para salvar a su rey.
Supuso que Merlín debía sentir algo parecido. Pero el destino del joven mago estaba ligado al de Arturo y sir Lancelot pensaba asegurarse de que esa unión durara mucho más tiempo.
Sonrió con tristeza mientras avanzaba silenciosamente, Merlín estaba distraído hablando con la Cailleach. El momento había llegado y sería más fácil sin despedidas. Sabía qué era lo que debía hacer, pero eso no lo hacía más sencillo.
Tal vez se equivocara, sí podía sentir un orgullo superior al de proteger a su rey, parecía mucho más importante y con más sentido sacrificarse por un amigo. Alguien al que respetara y apreciara. Y tanto Merlín, como Arturo o el resto de los Caballeros encajaban en esa descripción.
Ya no había vuelta atrás, pero tampoco la quería. Había tomado su decisión.
Irguió la cabeza, él era un Caballero de Camelot y atravesaría aquella puerta con dignidad. Volvió la vista atrás, solo un segundo. No tanto para pensar en todo lo que iba a perder sino para recordar a todos a los que iba a salvar.
Vio a Merlín y, durante un segundo, le sonrió. Todo parecía correcto, así era como debía suceder. Sintió más que escuchó el grito desgarrado de su amigo al darle la espalda, cuando el mago comprendió qué era lo que el osado caballero estaba dispuesto a hacer, pero sabía que, tarde o temprano, lo comprendería.
Con la espalda tiesa y aquella sonrisa en la boca se internó en los misterios que aquel velo prometía desvelar al valiente, o al insensato, que se animara a traspasarlo.
Lo último que sintió fue el latido de su corazón henchido de orgullo. Él era un Caballero de Camelot, el más valiente y noble de todos. Y así pasaría a la historia. Durante un instante pensó que aquello probaba que no era del todo altruista, pero ¿aquello realmente importaba? Tal vez podía sentir cierta altivez al pensar que él era capaz de hacer lo que fuera por sus amigos, no como aquellos que osaban llamarse caballeros cuando no valían ni media moneda de plata. Así fue como demostró que él era mejor que todos ellos, así se probó a sí mismo que había cumplido su juramento y él sí era un Caballero de verdad, pese a que no poseía un linaje adecuado según ciertas personas.
Y así, satisfecho, se internó en la Oscuridad, para dejar de existir.
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Sir Lancelot era soberbia; el orgullo de ser Caballero de Camelot corría con fuerza por sus venas, con la responsabilidad que ello conllevaba, al igual que la satisfacción de comportarse como un verdadero amigo y de darlo todo por ellos.
Después de todo, la palabra soberbia solo necesita cambiar una letra para ser sinónimo de majestuoso, espléndido, magnífico, grandioso, sublime, admirable e insuperable. Y sir Lancelot también era todo aquello en su máxima expresión.
Y así fue el final del caballero más noble de todos.
Porque sir Lancelot era un pecador y la soberbia fue, sin duda, su perdición.
Empecemos, no tiene ningún sentido haber tardado tanto en escribir esto, pero, si vale para algo, lo siento.
A Lancelot le asigné la soberbia, porque era como mejor me cuadraban los caballeros/pecados y porque quería hacer el juego de palabras de soberbio-soberbia (porque sir Lancelot es una obra de arte en todos los sentidos). Pero a la hora de la verdad, no podía pensar en ninguna situación cómica y esta escena no hacía más que venir y venir a mi mente.
Al final me rendí a la evidencia, así que aquí está. Lo he hecho rápido, como cuando te quitas una tirita para que duela menos. Lo mejor, es tomar este capítulo como un simple intermedio entre las demás historias, no muy en serio.
Pero bueno, aunque no quería ponerle ningún pecado a mi perfecto sir Lancelot, creo que le pega un poco de orgullo, él que siempre será el mejor de todos (para mí, al menos) jeje
Se admiten todos los comentarios, gracias. Saludos - Selenia.
PD. El siguiente pecado es pereza, ¿a quién le pega más? =)
