Capítulo IV: ¿Un dos tres por…?
Comunicación abierta.
Bienvenido al sistema.
¿Quién eres? Introduzca su código.
I_HANZEL_I
¿Así quiere aparecer ante su interlocutor?
Positivo.
CONECTANDO…
Estaba nerviosa, si mi hacker no quería presentarse seria mi perdición.
¿Y si era él?
CONECCIÓN ESTABLECIDA.
HANZEL: Hola, ¿hay alguien ahí?
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Bono quería jugar o amenazaba con destruir otro de mis favoritos de Azimov.
La pelota en color azul marino, un poco más grande que una de beisbol rebotaba de mi mano hasta el otro lado de la habitación; él corría con alegría detrás de ella, atrapaba y la regresaba a mi mano y así repetidas veces hasta que un singular pitido me distrajo.
Chat abierto:
HANZEL: Hola, ¿Hay alguien ahí?
—Oh no.
Mi pantalla completamente negra me saludaba por parte de un interlocutor cuyas letras en rojo parecían palpitar. Mi primer pensamiento fue Root, aunque ella no se tomaba tantas molestias en configurar hasta el Arial en su aparición, si lo fuera solo se comunicaba y listo.
Este es distinto.
Y su rastro ya lo había visto. Esa firma única de código binario reducido a su mínima expresión, explotado en rojo como si de sangre se tratara. Un gran Señor, servidor del Gran Imperio Británico me vino a la mente, no lo pude salvar cuando su rastro físico fue encontrado, lo hirieron de muerte dejando a una nieta llorando desconsoladamente. Pero la nieta lo ocultó virtualmente mejor de lo que yo hubiese hecho.
¿Eres tú, príncipe de armadura brillante?
—Bono, espero no matarla de un infarto, pero tengo que saber que no la perdí para siempre.
El perro me dio la razón.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Príncipe de armadura brillante.
Una lágrima escapaba con prisa de mi ojo izquierdo, caliente y pesada. Lo odiaba.
Me asuste por un momento, nadie conocía el apodo que tenía mi abuelo para conmigo.
Primera opción descartada.
Moriarty no es.
Chat abierto:
HANZEL: Hola, lo lamento pero ¿quién eres?
ANOTHER: Conocí a tu abuelo. Saber que estás bien es un enorme alivio para mí.
—¿Quién demonios eres entonces?
La puerta de mi privado se abrió de golpe, mi pelirrojo jefe entró hecho una furia y detrás de él, una asustada Anthea.
—La amenaza al sistema ha sido detectada, no hay de qué preocuparse.
—¿Por qué no es Moriarty? Eso no es un alivio Hanzel.
—Lo sé señor. Es solo que quien está detrás de todo esto me conoce.
—Resuélvalo, sáquelo del sistema y no se moleste en volver.
Despedida, lo que me faltaba.
Ambos se retiraron: uno molesto, la otra un poco preocupada. Fueron los cinco minutos más largos que la he visto sin estar pegada al teléfono, todo un récord.
HANZEL: ¿Lo puedes leer? Preocupaste de más a mi jefe y ahora no tengo trabajo, bien hecho Harold.
H: Lo lamento. Eres buena, conseguirás algo mejor.
—Algo mejor que trabajar para la Reina, no lo creo.
Aunque estaba un poco preocupada por el pequeño fallo del sistema de seguridad, saber que del otro lado de la línea estaba un gran amigo de mi abuelo me tranquilizaba. Él solía dar muy buenos consejos para escapar de los sentimientos.
HANZEL: ¿Qué quieres en mi sistema Harold?
H: ¿Me ayudarás?
HANZEL: ¿Me darás empleo?
H: Trato.
HANZEL: Sal del sistema, nos leemos en dos horas.
Por mal que todo sonara, tenía más curiosidad por saber lo que él requería que por conservar mi trabajo.
No más Hanzel para Holmes.
Borré el historial, el pequeño rastro de la maquina dentro del sistema. Si Holmes quería rastrear la señal sería imposible para sus subordinados. Tomé las pocas cosas que tenía en el escritorio y mi abrigo de lana largo; acompañada de dos agentes de seguridad salí por la puerta trasera cuya cámara de seguridad me miraba fijamente. Sonreí.
—Un placer Gobierno Británico.
Un taxi me esperaba junto con un mensaje de texto en mi celular, de repente la simple palabra sube me sabia más a orden que nada.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
—Señor Resse.
—Finch, estos hombres son lo más normal posible, con excepción de Holmes, parece proteger a Watson de cualquiera que se le acerque demasiado.
—Señor Resse, no se involucre demasiado. Dentro de una hora y media estará fuera de su calle una aliada, antigua número de la máquina cuya situación no pude hacer nada para evitar.
—Finch, ¿qué tipo de aliada?
—Una que le será de gran ayuda con las redes alrededor de la calle Baker. Parece ser que el poco tiempo que estuvo fuera del apartamento han implantado unos sistemas de cámaras idéntico al que el Doctor Watson tiene.
—¿Finch?
—No se preocupe Señor Resse, la caballería va en camino.
—¿Aún no sabes con quién tratamos? Finch, tu segundo número es erróneo, Moriarty está muerto. Si esta persona que enviarás hacia acá tiene algo que ver que la máquina no haya visto.
—Nunca se equivoca. La máquina no se equivoca.
—¿Cómo se llama? La persona que enviarás.
—Hanzel.
—Finch esos son más problemas, ella…
—Lo sé Señor Resse, ella reconstruyo una parte de su expediente cuando el gobierno le dio otra identidad para ir a Afganistán. Simplemente recíbala, tiene órdenes de instalarse en un punto ciego de las cámaras para su mayor comodidad y no hacer contacto de ningún tipo con usted.
—¿Celos Harold?
—Yo prefiero llamarlo profesionalismo, ella misma lo expresó: no contacto.
—¿Y si tiene hambre?
—¿También a ella la invitara a cenar?
—La recibiré con té entonces, Finch.
Al otro lado de la línea un leve y casi imperceptible suspiro me tomó por sorpresa, estás loco Finch si crees que soy capaz de dejarte de lado.
Me sorprendió escucar un par de nudillos contra mi puerta, era el Inspector Lestrade según los informes de Finch.
—Hola, solo pasaba a presentarme, soy Greg Lestrade amigo de Sherlock y de John.
Cabello extrañamente entre cano, ojos expresivos de inteligencia un poco sobre la normal, alto, fuerte. El mayor de los Holmes no estaba tan perdido.
—Detective, un placer. Me parece que nuestros amigos en común no se encuentran en casa.
—Oh es una pena, venía a traerles un caso. Será otro día entonces.
—Hasta luego.
—Señor Resse, me parece que tardará menos de lo esperado su invitada. Por favor salga a recibirla.
La calle estaba de lo más helada de lo que recordaba, tal vez el solo pensamiento de recibir a quien me dio otra vida en los archivos del mundo era suficiente para congelarme la sangre, ella lo sabía todo así que, ¿cómo se lo tomará cuando me conozca cara a cara?
Lo que no esperaba fue encontrarme con una chica bajita, cabello castaño recogido en una larga coleta de caballo, rostro moreno, ojos enormes de color café cuya edad no parecían reflejar más de los treinta. Toda una nerd por la forma en que vestía y fan del Detective Consultor por el abrigo.
—Baker Street, eh? No recuerdo haberte dado un nombre nuevo para que tú terminaras aquí y lo desperdiciaras. ¿Puedo pasar?
Solo pude hacerme a un lado para dejarla pasar.
—Increíble, eres apenas una niña.
—Oye no te quejes, tengo 28 años.
—Finch, ¿de dónde la sacaste?
La niña comenzó a registrar todo el departamento para terminar arrastrando un sillón de una plaza hasta un rincón, por el ángulo del mueble, cualquier ataque a arma de fuego sería imposible detectarla a primera vista dándole valiosos cinco segundos de ventaja sobre su atacante, totalmente una esquina defendible.
—Confía en mi grandote, Harold no tendrá comunicación contigo hasta que yo lo decida, antes de dar vuelta la esquina reinicie el sistema, todas las cámaras de Baker se quedaron congeladas y cualquier comunicación, celular o terrestre ha sido cortada.
Tras decir esto, su lindo saco terminó tirado a sus pies y ella se dejó caer sobre el sofá, sacando una laptop de la maleta que traía consigo y comenzó a teclear a una velocidad impactante.
—Le recomiendo que deje de ver en mi dirección y no hable, por lo menos sin teléfono.
El mundo en mi oído se descongelo dejándome totalmente impresionado, nadie superaba a Harold, hasta hoy.
Chat abierto:
HANZEL: Ahora sí, Harold. ¿Qué deseas?
H: Dame acceso directo a las cámaras que están por todo 211.
HANZEL: ¿?
HANZEL: Tienes el acceso ahora mismo. Lo veo.
Sus ojos se volvieron aún más grandes con el terror escrito en sus pupilas iluminadas por la pantalla del computador.
—Salgamos ahora dulzura.
Y todo sobre nosotros se calló.
