HOLA NENAS, BUENO POR AQUÍ ME TIENEN NUEVAMENTE CON UN NUEVO CAPITULO, ESPERO QUE SEA DE SU COMPLETO AGRADO, MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS, AUNQUE NO HAYA TENIDO EL TIEMPO PARA RESPONDERLE A TODAS CREANME QUE SÍ LOS LEO Y LES AGRADEZCO SUS PALABRAS…

CAPÍTULO 3

Emmett Cullen se quedó perplejo ante la revelación que le acababa de hacer su hermano, sus ojos completamente abiertos al igual que su boca, sin duda lo que menos se hubiera imaginado era que su hermano fuera padre y no solo de uno sino que de tres bebés y de un solo golpe.

Pasada la impresión el hermano mayor empezó a reírse estruendosamente como era su costumbre.

-No le veo lo gracioso al asunto – gruñó Edward ante la actitud de su hermano, pensando que sin duda no se podía hablar seriamente con su hermano mayor.

-Espera… espera – intentó hablar Emmett aunque aun riéndose – es que lo que menos me imaginaba era esto.

-Entonces ¿por qué te estás riendo? – le preguntó visiblemente enojado.

-¡Vamos hermano! – Le contestó Emmett como si fuera obvio – es que sinceramente nunca me llegué a imaginar que a tu edad tuvieras tanta potencia – remató moviendo las cejas sugestivamente – por dios hermanito, ¡TRES DE UN SOLO GOLPE!

Y empezó a carcajearse nuevamente, Edward tomó un cojín que era lo que tenía más a la mano y se lo tiró en la cara provocando que Emmett se riera aún más.

-Ya, ya, está bien me calmo, pero has de darme la razón cuando a tus 35 años es de pensar que no suceden estas cosas – comentó Emmett con visible humor para seguir molestando a su hermano.

-Cállate – gruñó el aludido – sabes perfectamente que el que tiene esa edad eres tú no yo. Apenas y tengo 30 – le contestó, Edward odiaba cuánto gozaba su hermano molestándole en lo relativo a la edad.

-Sí, lo sé – dijo inmutable – pero yo parezco de 20, me veo mucho más joven que tú querido hermanito y eso te pasa por ser un gruñón. – Siguió picándole – Bueno ya, dejando las bromas de lado – continuó poniéndose un poco más serio - ¿Qué piensa hacer? ¿Vas a ayudarla?

Edward le había contado a Emmett toda la conversación que había tenido con Isabella horas antes, le había puesto de manifiesto sus sentimientos, bueno lo poco que pudo dar a explicarse porque aún seguía muy, muy confundido.

-Le dije a Ángela que me contactara con el director del hospital, tengo una cita con él mañana a primera hora, como comprenderás, en nuestra posición no podemos fiarnos de nadie – respondió Edward serio.

-¿Osea que esta Isabella puede ser una cazafortunas? – la pregunta de Emmett lo puso a pensar mucho más.

No se podría decir que había conocido a Marie en aquel tiempo… Isabella, se corrigió, pero siendo sincero con él mismo, realmente no la creía capaz de algo así como para tildarla de cazafortunas, o por lo menos esperaba no estarse equivocando realmente en eso.

-La verdad es que no lo creo, no creo que ella sea de ese tipo de mujeres – le contestó.

-Y ¿en cuánto a los bebés? – le preguntó Emmett algo cauteloso, sin duda quería escuchar su respuesta.

-La verdad Emm no sé qué pensar – dijo con voz un tanto débil, algo extraño en él - ¡DIOS! No todos los días uno se entera que es padre, la noticia me ha dejado sin duda fuera de base. – Pensó un poco más – además Isabella me dijo que no estaba buscándome precisamente para que me hiciera cargo de ellos, solo lo hizo porque la situación la superó y no tenía otra alternativa.

-¿Estás queriendo decir que no piensas hacerte cargo? – le interrogó su hermano mayor aun incrédulo por tal respuesta, algo molesto por su actitud pero intentó esconderla de su hermano, pensando que él ya era lo suficientemente mayor para tomar sus propias decisiones, aunque sin duda tenía muy claro que si su hermano evadía esta responsabilidad, él se haría cargo, ya que a pesar de seguir aún soltero, Emmett valoraba mucho a la familia, era lo primordial para él y sin duda si aquellos niños eran realmente sus sobrinos, no dejaría que nada les faltara aunque su hermano no estuviera de acuerdo con su decisión.

-No lo sé Emmett, aún tengo mucho que pensar, por lo pronto mañana voy a reunirme con el director del hospital, sin duda me haré las pruebas de paternidad, como es lógico, pero de igual manera ya pondré en marcha la ayuda para la pequeña aun sin esperar los resultados de los exámenes, ya que según Isabella, la pequeña necesita urgentemente la operación.

Emmett asintió sin decir nada con relación a ese tema pero algo se le vino a la mente enseguida.

-Debes de tratar esta situación con la mayor cautela, si aquellos realmente son tus hijos y la prensa se entera serás la noticia del momento y seguramente no dejarán en paz a ninguno de ellos – dijo refiriéndose con esto último a Isabella, los bebés y la familia de ella, tanto como a su propia familia – además – prosiguió – si Victoria se entera te armará el pancho del siglo.

Edward hizo una mueca de desagrado al pensar en aquella mujer.

-Emm sabes bien que no tengo nada serio con ella – contestó.

-Lo sabes tú, pero a ella al parecer se le ha olvidado. Porque no es por meterme en tu vida hermanito pero últimamente esa mujer se ha pegado como una lapa a ti y a menos que pretendas llevarla al altar pues será mejor que cortes por lo sano.

-Eso será algo que ya pensaré después, primero lo más urgente. – decidió Edward.

-¿Quieres que te acompañe mañana? – preguntó Emmett cuando vio a Edward ya dirigiéndose hacia la puerta para regresar a su departamento.

El aludido asintió, sin duda, realmente, necesitaría el apoyo de alguien, y ese alguien no podia ser más que su hermano.

Ambos hermanos vivían en el edificio, siempre habían sido muy allegados, Emmett había sido y era aún un hermano muy protector a pesar de su carácter de niño que era la única forma de definirlo. Y Edward agradecía mucho su apoyo ahora, ya cuando tuviera la situación en la perspectiva correcta hablaría con sus padres.

Edward Cullen suspiró, sin duda hablar con sus padres sería otra de las cosas que aún no quería enfrentar.

A la mañana siguiente, ambos hermanos se dirigían al hospital, como era sábado y no irían a trabajar decidieron irse en la Hummer H2 negra de Emmett, ya que Edward no tenía ánimos ni para manejar, no hablaron mucho durante el trayecto, Emmett se daba cuenta de que su hermano iba nervioso, aun cuando él sabía que Edward no lo admitiría nunca.

En la recepción preguntaron por la oficina del director y cuando les indicaron se enrumbaron hacia la misma.

Pero Edward no esperaba encontrarse con la escena que minutos después presenciaba, al final uno de los pasillos que conectaban por el pasillo principal estaba el área de neonatología, pero lo que en realidad captó su atención fue la mujer que estaba en el interior de aquella habitación y que podía ver a través de aquella ventana de cristal. Edward se detuvo a observarla y Emmett lo imitó dirigiendo a su vez su mirada a lo que su hermano observaba.

Efectivamente, ahí estaba Isabella, ajena a lo que sucedía en el exterior de la habitación, reposando sus manos en una incubadora que se veía visiblemente ocupada, y sin darse cuenta que era observada, estaba hablando animadamente con una enfermera que al parecer le dijo algo que hizo a que Isabella se animara más y asintiera, inmediatamente dicha enfermera procedió a sacar al bebé que estaba en la incubadora y entregárselo a Isabella, quien no tardó en recibirlo gustosa y con una enorme sonrisa.

-¿Es ella, no? – preguntó Emmett en tono bajo, Edward asintió aun encandilado ante tal escena, sin apartar su vista, observando como aquella mujer acariciaba y le murmuraba algo a aquel bebé, que Edward dedujo sería su hija. Ambos hermanos estaban absortos con la escena que no notaron que uno de los médicos se les acercaba.

-Una escena digna de dejar estampada en una fotografía – dijo el médico que al instante sacaba su celular y tomaba una foto de Isabella a esa distancia. Edward al notar la acción del médico frunció el ceño, intrigado.

-Así es – contestó Emmett, cuando su hermano no lo hizo – sin duda una gran fotografía – continuó pero estaba vez señalando el celular con el que le habían tomado la foto a la chica. Edward internamente le agradeció a su hermano.

-Oh, sí, hermosa – continuó el doctor, miró unos minutos más la imagen igual de encandilado, luego levantó la mirada y vio que aquellos dos hombres lo veían intrigados, aunque no le pasó desapercibida la mirada de molestia del cobrizo – Oh, lo siento, me presento, soy el Dr. Alan Moore, y no se preocupen, no soy un acosador ni nada, Bella es una chica muy querida por aquí.

-¿Bella? – preguntó Edward entre dientes al captar la notable confianza que aquel doctorcito empleaba al mencionarla.

-¿Es su novia? – Preguntó Emmett, al ver la molestia de su hermano – Oh, disculpe si me meto – continuó, aunque realmente no lo sentía.

-No, para nada, ya quisiera yo – dijo el galeno, dirigiendo su vista nuevamente hacia donde estaba la chica en cuestión, y suspiró – Ella es una grandiosa mujer que cualquier hombre estaría orgulloso de tener a su lado, trabajadora como ninguna, a pesar de que su situación actual la tenga metida casi todo el día aquí. Pero lo que más resalta de ella es que es una gran madre, se da abasto para atender a sus tres hijos, cuando no pasa aquí esta con sus mellizos. – Luego de haber dicho tamaño discurso se percató de que estaba hablando demás, y aun par de desconocidos, justo en aquel momento sonó su beeper – Oh, lamento el discurso pero a veces no puedo contenerme, hasta luego. – dijo despidiéndose inmediatamente de aquellos dos hombres y un tanto avergonzado debía de reconocer.

Emmett silbó

-Vaya, hermanito, como que tienes competencia – le dijo burlonamente.

-Cállate Emmett que no estoy aquí por eso – contestó Edward molesto tanto por el comentario de su hermano como por la actitud de aquel medicucho que siendo sincero consigo mismo le había molestado bastante, pero se dijo asimismo que luego analizaría aquella reacción. Haló a su hermano del brazo para que continuaran su camino, después de haber mirado nuevamente hacia donde seguía Bella aún absorta al mundo exterior y centrando su atención en su hija.

-Buenos días señorita, soy Edward Cullen y tengo una cita con el director – dijo una vez llegaron a la oficina.

-Buenas días Sr. Cullen, permítame un momento – contestó la chica sonriendo amablemente, no debía de pasar los 20 años. Anunció su llegada y cuando el director lo confirmó – puede seguir.

-Bueno hermanito yo te espero por aquí – dijo Emmett dirigiéndose hacia el pasillo por el que habían llegado. Edward asintió y entró a la oficina, encontrándose con un hombre de unos 50 años le calculaba aunque bien conservado.

-Buenos días Sr. Cullen, lo estaba esperando – dijo el médico levantándose de su sillón y extendiendo su mano – soy el Dr. Damián Yang.

-Edward Cullen – contestó a manera de presentación estrechando la mano del galeno, éste le hizo señas y ambos tomaron asiento.

-¿Supongo que sabe el motivo de mi presencia?- preguntó luego de decidirse en ir directamente al grano.

-Así es, Bella, me dijo que había una remota posibilidad de que usted se pusiera en contacto conmigo, aunque la verdad cuando me lo dijo no la noté tan segura – le respondió tranquilamente – Supongo yo que usted está al tanto de la situación de la pequeña.

-Isabella algo me explicó, pero quisiera que usted me lo explicara mejor – recordando que ella le había dado una noción general de las cosas. El Dr. Yang asintió.

-Bien, no hay problema, verá – empezó – Bella dio a luz a los trillizos en el Hospital de Forks, como supongo le habrá explicado ella, antes del parto se creía que eran gemelos, pero al momento de la cesárea se dieron cuenta que realmente eran trillizos, dos varones y una niñas. Este tipo de casos se les denomina el gemelo oculto, ya que pasa desapercibido durante el período de gestación y no es detectado en las ecografías que se le realizan a la madre.

-Al ser éste el caso de la pequeña no se le detectó el problema cardiaco que podría habérsele tratado incluso antes de nacer, por suerte los médicos se dieron cuenta al momento de revisar a la bebé y se empezó con el tratamiento requerido en estos casos, por eso la trasladaron a este hospital, para una mejor atención, su cuñado, Jasper Hale, fue quien nos puso al tanto de todo y le ayudó a Bella con el trámite correspondiente, bueno eso es algo secundario. El caso es que aquí se le ha dado el tratamiento respectivo pensando en que bastaría para que su situación mejorase, pero ha llegado el momento es que es imperativo realizarle una cirugía para corregir la afección…

Edward asimilaba cada una de las palabras del médico.

-Ella me comentó que su seguro no cubría los gastos de aquella cirugía – lo interrumpió.

-Exactamente, por ser Jasper un amigo allegado a mi familia y mi persona en particular, pues hemos hecho todo lo posible y la hemos situado en una de los departamentos de que dispone el hospital que están ubicados a los lados de nuestras instalaciones para que así pueda estar tanto cerca de la niña sin descuidar a sus otros dos bebés, debo reconocer que Bella es una de las madres más abnegadas que he visto, pasa todo el tiempo que le es permitido aquí con la bebé pero aun así no descuida a sus otros dos hijos.

-La conoce muy bien por lo visto – señaló Edward, ante las palabras del médico. Éste asintió.

-Si le pregunta al personal de este hospital, el que menos le dirá lo que yo le digo, o cosas similares, Bella se ha sabido ganar el cariño de todos y a sus bebés los adoran, al igual que sus hermanas que también son muy queridas por acá.

Edward asimilaba todo lo que el doctor le había dicho y pudo sentir una sensación de admiración ante aquella mujer que ahora era la madre de sus hijos, sin duda era una excelente persona, de eso no tenía duda ahora, aunque aún seguía reticente debido a la situación que los envolvía ahora.

-¿En cuanto a lo de la cirugía? – le preguntó Edward al doctor, ya que ese era el asunto más importante ahora.

-Sí bueno, verá el seguro de Bella no cubre cirugías de ese tipo, por eso la necesidad de contratar al especialista particularmente, lo que ahora nos retiene es la cuestión económica, pero una vez resuelto aquel asunto pues la intervención quirúrgica a la bebé se realizará de manera inmediata – contestó el galeno.

-Ok, yo correré con todos los gastos, así que puede ponerse en contacto con el especialista para realizar la cirugía de inmediato – contestó rápidamente Edward. El Dr. Damián sonrió agradecido ya que él era uno de los primeros que le había tomado gran cariño a aquella muchacha humilde y de noble corazón y a aquellos bebés que se habían robado su corazón. Edward continuó – además también quisiera pedirle dos cosas – comentó guiado por la necesidad de saber y por un impulso desconocido.

-Dígame – le alentó a proseguir el Dr.

-Voy a hablar con Isabella para realizar las respectivas pruebas de paternidad y me gustaría que el hospital permitiera la mayor rapidez de los resultados en caso de que ella acepte – al decir esto la expresión del médico cambió por una de asombro, lo cual no pasó desapercibido por Edward – debo suponer por su expresión que no sabía que yo soy el supuesto padre de los hijos de Isabella.

-La verdad es que no, era un aspecto que desconocía – contestó – pero si Bella – dijo remarcando el nombre – no lo comentó pues sus razones tendrá, pero en el caso de que ella acepte no se preocupe yo mismo me ocuparé del asunto. ¿Y lo segundo? – preguntó.

Edward suspiró.

-Me gustaría, en lo posible, ver a la bebé ahora – dijo mirando fijamente al médico, no sabía qué le impulsaba a realizar tal acción pero realmente quería conocerla a la pequeña y a sus otros dos hijos – y a los dos bebés también. – suspiró nuevamente.

El doctor analizó su petición por unos segundos, vio su reloj y volvió a mirar a Edward.

-La bebé está en un área restringida, solo el personal del hospital y las personas autorizadas, en este caso por la madre, pueden entrar – Edward iba a objetar pero el Dr. Damián levantó la mano en señal de que le dejara continuar – como usted comprenderá usted no aparece en el registro como padre del bebé, así que de momento solo la madre puede autorizar las visitas – Edward asintió comprendiendo y algo afligido – pero a estas horas Bella aún debe estar en el área de neonatología así que podemos ir a hablar con ella para ver si lo autoriza por esta ocasión para pueda verla. Si usted desea claro está.

Edward se pensó bien las palabras del médico, pero las ganas de conocer a la bebé pudieron más.

-Me gustaría hacer el intento – contestó inmediatamente. – por lo menos. – él médico asintió y se levantó.

-Está bien, vamos, acompáñeme.

Acto seguido salieron de la oficina y Edward se encontró con su hermano y con Seth.

-Espérame aquí un momento – dijo el doctor regresando a su oficina nuevamente, Edward se acercó a los chicos.

-Que hubo Seth ¿Cómo está tu papá de salud? – le preguntó, Seth le había pedido permiso para ausentarse parte de la mañana ya que su padre se encontraba un poco delicado de salud y su madre le había pedido que le acompañara.

-Ya está un poco mejor, gracias – le contestó ya más relajado – solo tiene que seguir al pie de la letra el tratamiento, pero ya sabes cómo es, terco como una mula.

-¿Quién diría? Tienes que estar casi con un pie en la tumba para entrar en razón y dejar el cigarrillo – comentó Emmett, luego se dirigió a su hermano - ¿Qué tal estuvo? – preguntó señalando el despacho del médico.

-Todo bien, la cirugía se realizará – afirmó, Edward vio la mirada de su hermano y continuó – ahora vamos a verla – le dijo – no sé por qué pero quiero conocerla – admitió.

-La sangre llama – afirmó Seth.

-Eso aún está por verse – terció Edward – hablaré con Bella para realizarnos los exámenes.

El doctor salió y los animó a caminar.

-Bien, por fin conoceré a mis sobrinitos – dijo Emmett sonriente.

-Emmett! – advirtió Edward. El grandulón le dio unas palmadas en la espalda.

-Ya, ya, deja ese humor de perros. Uff qué carácter, a quien habrás salido – continuó picándolo.

-Ya cállate – espetó Edward.

Los cuatro hombres caminaron a paso lento pero seguro en dirección al área de neonatología, cuando antes de llegar al pasillo en cuestión, fueron testigos de una cosilla corriendo a lo más que sus pequeños pies le permitían.

-¡Benjamín Graham ven acá! – se escuchó la suave voz de una mujer, el pequeño retrocedió sus pasos, y con una mirada de inocencia le sonrió a la hermosa rubia que lo llamaba – sabes que no debes correr – le regañó.

-Shi mami – susurró el pequeño, extendiendo los bracitos para que la mujer lo cogiera, cosa que hizo enseguida, y después le besó la mejilla – quero ve a mi tita.

-Ya lo sé pequeño pero tienes que esperarte un poco, no debes correr así y menos aquí – le dijo la mujer con la dulzura desbordando sus palabras.

-Hay Benja, no le saques canas verdes a tu mamita – le dijo el Dr. Damián acercándose a ambos – hola Tanya ¿Qué tal?

-Bien doctor, pues viniendo a visitar a la pequeña, aunque este remolino se nos quiso adelantar y tuve que correr a alcanzarlo – dijo señalando a su hijo, luego mecánicamente Tanya fijó su vista en los acompañantes del doctor y se tensó un poco al reconocer a Edward, aunque intentó recomponerse inmediatamente, acción que no pasó desapercibida por Edward a quien los rasgos de aquella mujer se le hacían familiares, segundos después llegaron otras dos chicas, otra rubia y una morena que llamaron la atención de Edward también pero más porque la rubia impulsaba un coche doble de bebé donde claramente resaltaban dos pequeños envueltos en enteritos (mamelucos) color celeste.

-Buenos días, Dr. Yang – saludaron las recién llegadas al mismo tiempo.

-Alice, Rose, ¿Cómo están? – les saludó atentamente el doctor, y luego posó la mirada en los pequeños – Y estos hombrecitos como se han portado. – dijo y disimuladamente miró a Edward.

-Son unos angelitos, eso ni lo dude, la sangre de nuestra familiar corre por sus venas – contestó Alice orgullosa de sus sobrinos. Edward no quitaba la mirada de la carriola pero aun así no podía ver bien los rostros de los pequeños.

Se implantó un silencio un tanto incómodo hasta que el médico decidió intervenir. Miró a las hermanas Swan.

-Les presento al Sr. Edward Cullen – dijo señalando a Edward. Las tres hermanas lo miraron enseguida fijamente, Tanya ya sabía quién era él, mientras que Alice y Rose no conocían su rostro pero Bella ya les había dicho quién era él en la vida de sus hijos. – y ellos son…

-Emmett Cullen – contestó el grandulón presentándose así mismo, aunque miró a las tres de hito en hito su mirada más se concentró en la rubia que impulsaba la carriola. – y él es Seth.

-Mucho gusto – contestó el guardaespaldas y amigo de los hermanos Cullen.

-Me llamo Tanya y ellas son Alice y Rosalie – contestó la rubia que ya suponía a qué se debía la presencia de aquellos hombres ahí – somos las hermanas de Bella, y él – señaló al pequeño que tenía en brazos – es mi hijo Benjamín.

Los chicos asintieron también en señal de respuesta. Tanya se volvió hacia el doctor.

-Eh, Bella aún está con la bebé pero en unos minutos llega su pediatra así que tenemos que entrar – le dijo intentando encontrar un modo de excusarse.

-De hecho, íbamos hacia allá – le explicó Damián, luego se dirigió hacia Edward – hoy los trillizos cumplen dos meses de nacidos y les toca revisión, pero por ser en este caso pues la revisión se le hace en el área de neonatología, no se preocupen no es por nada más que por lograr que los tres bebés tengan contacto entre sí, diariamente y por una hora se reúne a los bebés– les explicó.

El grupo avanzó hasta la entrada del área en cuestión, Edward fijó su mirada en Bella que aún estaba cerca de la incubadora donde nuevamente habían puesto a la bebé, una de las enfermeras percibió su presencia, se extrañó un poco al ver a tanta gente reunida, le hizo señas a Bella, quien al voltearse se llevó una gran impresión al ver entre aquel grupo a Edward. Al principio se quedó estática, no sabía cómo reaccionar.

Una de las enfermeras se aprestó a abrir enseguida, acción que hizo reaccionar a Bella.

-Hola que tal – saludó Damián al entrar, acción que repitieron sus hermanas, Bella se apresuró a ellas para ver a sus bebés, sabía que sus tres hermanas estaban aquí y vendrían pero nunca se imaginó ver a Edward y mucho menos en esta área del hospital.

-¿Cómo están mis niños? – dijo acuclillándose para besar el tope de las cabecitas de los pequeños. Quería tiempo antes de tener que enfrentarse a Edward. – espero que hayan sido buenos niños y se haya portado bien con sus tías en ausencia de mami.

-Bella, sabes que mis sobrinitos son unos angelitos – contestó Rose repitiendo la idea de Alice – se parecen a sus tías.

-Bella – la llamó Damián, Bella suspiró, se levantó y se acercó al doctor – bueno pues, he hablado con el Sr. Cullen y la cirugía se hará de inmediato, en cuanto confirmemos con el especialista, con el que ya hemos estado hablando, pero estoy casi que seguro que no pasan de dos días para realizarla. – le dio la buena noticia. Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas de felicidad. Su pequeña, su niña se iba a salvar. En un acto impulsivo abrazó al médico que la recibió gustoso, pues él la quería como a una gran amiga, casi hija. – ahora hay otro asunto que debo consultarte – continuó luego de unos minutos.

-¿Qué? – preguntó

-El Sr. Cullen me manifestó su deseo de realizar la respectiva prueba de paternidad a los bebés – Bella no se sorprendió de aquello pues se lo esperaba, un hombre de esa posición no podía pensar otra cosa sino, debía de pensar que ella era de las típicas cazafortunas.

-Supongo que no me sorprende – dijo en un susurro.

-Y lo otro es que… - el médico dudó un poco, no sabía cómo se lo tomaría Bella, ella lo miró animándolo a continuar – desea ver a los bebés ahora.

Aquello sí que sorprendió a Bella, todo se esperaba menos eso, no se hubiera sorprendido si él hubiera demostrado indiferencia ante los bebés después de haberlo visto reaccionar aquel día, o mejor dicho cómo no reaccionó.

-Pero… - simplemente no sabía qué decir.

-Bella – dijo el doctor en un tono que se podría tomar como el de un padre hacia su hijo – sí él realmente es el padre de los bebés, está en todo su derecho. Así que te aconsejaría que las cosas las llevaran en los mejores términos, igual la ley siempre ampara a la madre.

Aquel comentario hizo que algo bullera dentro de Bella. Y miró fijamente al doctor.

-Acaso él ha dicho algo sobre quitarme a mis bebés – dijo en un tono de voz que mezclaba el temor y el enojo. Damián se apresuró a contestar.

-No, no me malinterpretes, pero son cosas que debes tener presentes en este tipo de situaciones, es solo un consejo que te doy yo, siempre es mejor arreglar las cosas en buenos términos.

Bella sabía que tenía que ser así, una vez que él tuviera su confirmación de que aquellos eran sus hijos, tendría que respetar los derechos que como padre le correspondían, aunque en la cabeza de Bella seguía intentando convencerse de que era mera curiosidad de conocer a los bebés lo que movía a Edward. Así que sin más accedió a que él entrara y conociera a los bebés.

En el momento en que Damián salió a hablar con Edward, entró Kachiri, la pediatra de los trillizos, una mujer de unos 40 años, saludó a todos en general y Bella se apresuró a sacar a uno de los bebés del coche. Ella siempre disfrutaba haciendo aquello y como sus hermanas lo sabían no intervenían.

-Bien, veamos cómo está este pequeño – dijo la doctora tomando al bebé de los brazos de Bella.

Edward ingresó con Damián y cerraron las puertas, Emmett y Seth esperaban afuera pero se asomaron a través del vidrio para ver lo que sucedía. Bella era consciente de la presencia de Edward pero no volteó a verlo.

-Bien – dijo Kachiri luego de unos minutos – el pequeño Erick está en perfectas condiciones.

Bella volvió a tomarlo en brazos y dejó un beso en su cabecita, lo colocó en el coche y tomó a su hermanito.

-Aquí está el pequeño Evan – le dijo a la doctora.

-¿Qué tal va este pequeño con sus horas de sueño? – preguntó ya que en un principio dormía muy poco y por eso estaba irritable.

-Ya lleva un par de semanas durmiendo bien, el mismo horario de su hermanito, después que empezamos con la costumbre de traerlos con su hermanita empezó a dormir mejor – respondió Bella. Kachiri asintió entendiendo.

-Suele pasar, son cosas de mellizos, a veces sienten la lejanía, pero lastimosamente no podíamos traerlos tan pequeños tan seguido al hospital, ahora porque sus defensas se empiezan a fortalecer pero igual hay que continuar con el suplemento y las vitaminas que te recomendé Bella.

Bella asintió tomando al bebé en sus brazos y repitiendo la acción que con su otro hijo, no le gustaba mucho aquel suplemento de yodo que le había recomendado tomar pero si era por el bienestar de sus pequeños lo haría, ya que según la doctora a través de la lactancia éste suplemento le ayudaba a los bebés al crecimiento y desarrollo de los órganos, al igual que las vitaminas.

-¿Y usted es…? – la pregunta de Kachiri sacó a Bella de sus pensamientos, vio hacia la doctora y se dio cuenta de que ésta se había acercado a la incubadora donde estaba su princesita, pero la mirada de la mujer reposaba en Edward.

-Soy… Edward… Cullen – contestó el aludido un poco nervioso. Los ojos de éste se posaron en Bella y en el pequeño que tenía en sus brazos – soy… el… padre… de los bebés – afirmó aun a pesar de estar nervioso. Aquella afirmación tomó desprevenida a Bella, no se lo esperaba.

Las dos enfermeras ahí asintieron al confirmar sus sospechas. Pero aun así seguían como mudas espectadoras.

-Oh, vaya, no lo sabía – contestó la pediatra, Edward solo asintió – como no lo había visto antes por aquí.

Aquel comentario sin mala intención molestó enormemente a Edward. Kachiri, ajena a la molestia que había provocado su comentario en Edward, se apresuró a pedir a las enfermeras que sacaran a la bebé de la incubadora para revisarla también. La tomó en brazos con mucho cuidado ya que estaba dormidita, la revisó y volvió a tomarla en brazos, Edward no le quitaba el ojo de encima.

-Bien, parece que dentro de lo normal está bien, obviando la afección que padece – dijo volviéndose hacia Bella con una sonrisa tranquilizadora – Por cierto, ¿Qué avances hay con relación a eso? – le preguntó ya que ella también era una de las muchas personas que habían caído bajo el encanto de los pequeños.

-Si no pasa nada en dos días a lo mucho se realizará la cirugía – contestó Damián. Kachiri asintió.

-Me comunicas enseguida, ya que como su pediatra me gustaría estar presente en la cirugía – le pidió a Damián, quien aceptó gustoso con la idea. Sintió una mirada sobre sí y se volvió a Edward. Quien aún no le quitaba el ojo de encima o más bien a la bebé.

-Parece que papá está algo ansioso – dijo mirando a la bebé quien comenzaba a removerse en sus brazos – no puede estar mucho tiempo fuera de la incubadora, por seguridad, pero aun así – miró a Edward - ¿Quiere cogerla? - Aquella pregunta descolocó a Edward, sin duda quería conocer a los bebés pero no se había imaginado siquiera llegar a cogerlos, Kachiri divisó el temor en sus ojos y malentendiéndolo se apresuró a decir - vamos que si la coge como se debe no se le va a caer.

Kachiri se le acercó con la bebé en los brazos, sin mirar a los demás y por ende pasando por alto las miradas que cada uno de los allí presentes tenían. Bella aun con Evan en brazos no podía reaccionar, su cerebro solo era consciente de que tenía al niño en brazos y de que Kachiri le iba acercando su hija a Edward.

Cuando estuvo frente a él le ofreció a la niña y el cuerpo de Edward en un acto reflejo posicionó sus brazos para tomarla. Kachiri le indicó como debía tomarla y así lo hizo, aun sin podérselo creer. La pequeña se removió un poco cuando sintió que unos nuevos brazos la sostenían y empezó a abrir sus ojitos.

Edward no podía apartar su mirada de la pequeña que estaba en sus brazos, embelesado y deslumbrado completamente por aquella hermosa personita que era un parte de él.

Entonces todo encajó, cuando fijó sus ojos en los ojos de la niña, quien como si estuviera consciente de quién era él lo miraba fijamente, en ese instante comprendió realmente que aquellos tres seres indefensos y perfectos eran suyos, sus hijos. Edward levantó la mirada posándola instantes después en Erick que estaba en el coche, totalmente despierto y de alguna forma también mirando en su dirección como si también fuera consciente de alguna manera que él era su padre, luego miró a Evan que seguía en brazos de su madre aun quien copiaba la acción de su hermano, encontró la similitud en ellos y en su madre, los tres compartían esos hermosos ojos chocolates que tanto le gustaban y que era en lo único que se parecían a su madre ya que el resto de las facciones eran similares a las suyas ya que pudo ver pequeño mechones de cabellos cobrizos bajo los gorritos que llevaban, volvió su vista a la pequeña en sus brazos, era tan diferente a sus hermanos, su hija lo único en lo que se parecía a él era en aquellos ojos, pensó Edward, tan verdes como los de él pero con una profundidad que solo destacaban los ojos de Bella.

-¿Cómo se llama? – preguntó a nadie en particular, pero sin dejar de mirar a su hija.

-Emily – contestó Bella en un susurró después de unos minutos – Emily René es su nombre.

Y ahí en ese momento todo estuvo en su lugar, ya ni siquiera necesitaba una prueba de paternidad, saltaba a la vista que aquellos eran sus hijos e internamente se juró que los protegería y haría que fueran felices siempre.

UFF… VAYA QUE ME COSTÓ ESTE CAPITULO JEJEJEJE, PERO BUENO ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, A MÍ EN LO PARTICULAR SI, JEJEJEJE, PERO MI COMENTARIO NO CUENTA MUCHO EN ESTE CASO, LAMENTO MUCHISIMO LA DEMORA PERO LA VERDAD ES QUE SE ME HAN COMPLICADO UN POCO LAS COSAS, ESTOY CASI POR SALIR CON LO DE MI TESIS Y EN ESTOS DÍAS MI MAMÁ FUE INTERVENIDA QUIRÚRGICAMENTE Y PUES ME TOCÓ ESTAR CON ELLA TANTO EN EL HOSPITAL COMO CUIDAR DE ELLA EN CASA, POR ESO NO HABÍA TENIDO TIEMPO DE ACTUALIZAR…

ESPERO PODER SUBIR EL SIGUIENTE CAPITULO PRONTO PERO SI NO PUEDO PUES ESPERO QUE ME TENGAN UN POQUITO DE PACIENCIA. SE LES QUIERE MUCHO… GRACIAS POR SUS COMENTARIOS CHICAS…