Esta era la primera vez que se sentía derrotado tan miserablemente. Técnicamente, no fue su culpa, pero si solo hubiera sido más cuidadoso…
En la oscuridad, sintió que su cabeza, junto con su cuerpo, saltó del suelo del carro solo para caer de nuevo con fuerza contra el metal. Otro hueco en el camino. Emitió un gruñido al sentir su herida ser golpeada por la dura superficie, y trato de darse la vuelta para que esta, y su rostro, vean al techo.
El trapo que le cubría los ojos se sentía algo mojado, pero no tanto como el que habían forzado sobre su boca. Su respiración irregular y el motor era todo lo que lograba escuchar. No sabía muy bien cuanto tiempo había pasado, pero por el estado de su cuerpo y la temperatura suponía que pronto iba a anochecer.
Logro hacer que su espalda toque la superficie y trató de acomodar sus piernas antes de que se le duerman por completo, pero las cuerdas apenas le permitían doblar las rodillas.
Tenía tantas preguntas desde que despertó, y ninguna había sido contestada hasta ahora.
Se imaginó los ojos curiosos de su hermana menor delante de los suyos, unas manos pequeñas en su espalda y unos adolescentes caminando hacia él.
"Es normal sentir miedo"
No estaba solo allí, cuando despertó hace algunas horas pudo ver a algunas personas en la parte delantera, que se bajaron para amordazarlo y dejarlo como estaba ahora.
Si él moría, su hermano tendría que hacerse cargo de todos. ¿Realmente podría hacerlo? Él siempre había dicho que quería encontrar trabajo en la ciudad.
Recordaba que en su primer viaje allí, se quedó tan impresionado por la cantidad de gente que no soltó su cintura hasta que volvieron a casa.
Sus secuestradores habían comenzado a hablar, no reconocía ninguna de sus voces, y no estaba seguro de que fuera posible hacerlo. Todo pasó demasiado rápido, y ahora todo se movía demasiado lento.
Respira. Uno. Dos. Tres.
Había muchos lugares a los que podrían estarse dirigiendo. Pero no se le ocurría ningún motivo por el cual aún seguir con vida. Si los mataron a todos menos a él.
"Todos están muertos"
De todas formas, cualquier clase de salvación parecía demasiado lejana para contarlo como posibilidad, así que no tenía caso que se pusiera a pensar en cosas como a donde le estaban llevando ni porque. Ahora debería concentrarse en lidiar con todo antes de que alguien más vea su lado débil.
Y así, mientras el cansancio le consumía, le exigió a sus ojos unas lágrimas más.
Casi todos conocían a Ivan. Algunos le admiraban, detestaban, incluso algunos casi lo idolatraban. Él lo sabía, esa atención al principio fue extraña pero él pudo acostumbrarse rápidamente a ella. Cuando era un niño, su hermana mayor parecía ser la única que cuidaba de él. Ella se fue al extranjero tan pronto pudo, dejando a él y a Natalia con una madre que se volvió alcohólica cuando su esposo murió. No era como si él la odiara, no, pero cuando era más joven y cometió su primer crimen homicida pudo ver su rostro apenado en sus sueños como sí ella supiera lo que él había hecho. En ese tiempo, fue más que suficiente para dejar de comunicarse con ella y después de saber que Natalia no era realmente su hermana, convencerse que simplemente no tenía familia.
Había estado bien pensando eso, en su tiempo como soldado el saber que nadie se preocuparía por él hizo que luchara con más fuerza y a la vez, con más crueldad. Desde entonces algunos de sus anteriores superiores que ahora bajaban la cabeza al saludarle comentaban sobre las cosas que hacia Ivan. Sin embargo, raramente se quejaban.
Muchos podrían decir que estaba demente, pero nadie podía negar que era verdaderamente astuto y siempre se salía con la suya. El general W fue uno de los primeros en resaltar sus habilidades e Ivan sabía que de él dependió su puesto actual. Le debía. Incluso alguien que parecía divertirse en algo tan caótico como la guerra comprendía eso y lo aceptaba.
Es por eso que sus llamadas de atención si tenían importancia para él.
Lo llamó en la mañana, no demasiado temprano como para haberlo despertado, pero lo suficiente para preguntarse si algo había pasado. Un vehículo militar había sido registrado entrando al territorio con los subordinados civiles de Ivan y un prisionero. El general se encargó que nadie más se entere, pues no era muy importante, pero le advirtió a Ivan que si bien le estaba permitido disfrutar su trabajo, no llamase mucho la atención en el futuro.
—Me encargaré de ellos. No creo que a alguien le importe, ¿verdad?
—No es bien visto —le respondió el general, tomando su abrigo mientras hacía ademan al otro para que ambos salieran—, eso es todo.
Pese a estar algo molesto por haber sido reprendido, la molestia desapareció cuando vio a Toris fuera de su oficina, con la misma expresión que ponía cuando esperaba que el otro esté satisfecho con su trabajo.
—¿Dónde está?
—Sigue en el vehículo, con Eduard. Quería preguntar si deberíamos llevarlo a una prisión o…
—Introducirlos aquí sería muy escandaloso. Alquila alguna habitación cercana aquí y llévalo ahí, discretamente. Avísame cuando este hecho.
Antes de que Toris respondiera, Ivan se metió en su oficina y cerró la puerta detrás de él.
En su escritorio un folder con algunas preguntas y una grabadora de sonido encima le recordaron que ahora necesitaría justificar la razón de su prisionero en caso lo necesitara.
Más de treinta personas murieron. Yao lo recordaba claramente, cada disparo se oía más cercano que el anterior y la herida de bala en su pierna ardía más a cada segundo, pudieron haberlo matado como a casi todos sus compañeros, pero no lo hicieron. Se mordió los labios, esperando que eso de alguna manera le ayudara en concentrarse.
No le habían interrogado, lo que solo lo hacía sentir más ansioso. Se durmió, tal vez se desmayó. Cuando despertó de nuevo no pudo soltar lágrimas nuevamente. Miró su herida, no había notado cuando le había dejado de doler, en realidad ni siquiera la sentía y mover la pierna era imposible. Esperó que fuera por los calambres que le provocó estar en una posición por tanto tiempo. Sus manos estaban atadas hacia atrás, y él se había recostado contra la pared.
—Te voy a sacar la tela de la boca para que tomes agua, trata de no hacer ruido, por favor.
Esa voz era la de Toris, seguramente el que estuviera allí se debía a él, pero de alguna forma se sintió agradecido.
Mientras apretaba sus labios contra el recipiente con agua y comenzaba a sentir que la piel interna de su garganta revivía, comprendió que ellos no eran exactamente libres de escoger que hacer pero aun así les ofrecían la ayuda que les fuera posible.
Su respiración se volvió irregular cuando dejó de tomar, y relamió sus labios aunque no había necesidad.
Toris le limpió la herida y la vendó rápidamente, mecánicamente, casi asustado, sin mirarle ni siquiera un segundo.
Cuando oyó unos pasos alejándose, decidió probar si su garganta realmente funcionaba.
—Gracias.
Hubo silencio, la cabeza le ardió un poco más fuerte. En un pequeño delirio escuchó a su amigo carraspear con fuerza, trató de imaginárselo en medio de donde fuera que estén, con un corte de cabello horrible y manos demasiado duras para que le enseñara artesanía si es que hubieran vuelto a su pueblo con vida.
Levantó la cabeza al oír una voz de nuevo.
—Lo siento —era Toris, poniéndole la tela alrededor de su mandíbula y cubriendo su boca de nuevo—. Lo siento mucho.
Trató de hacer una pregunta rápidamente, pero eran demasiadas, ¿Por qué estoy aquí? ¿Quién mandó esto? ¿Por qué los mataron a ellos y no a mí? ¿Por qué haces esto?
La puerta se cerró de nuevo.
Había tenido pesadillas, y tenía la sensación de que no iba a ser la última vez.
No vio a su amigo morir, no vio quien le disparó, no escuchó sus últimas palabras y no cumplió ninguna de las promesas que hicieron una noche de borrachera. Pero en su mente había tantas posibilidades como para aprisionarlo en sus sueños y dejarle sin dormir, casi a la vez.
Sus muñecas, como ardían.
Pasada la tristeza que hace unos momentos le pareció infinita, un odio intenso se apoderó de él.
Pidió que lo dejaran tranquilo hasta el día siguiente. Hace mucho que no se sentía tan emocionado. Se acercó a la dirección que Toris le había indicado, había traído agua y pan en una bolsa, pero ahora se preguntaba si debía también haber traído queso. La habitación donde se suponía que lo esperaba Yao estaba en el tercer piso, y actualmente era la quinta habitación en uso en todo el edificio. El ruido de sus botas provocaba un eco profundo y repetitivo, como si el silencio contara cada escalón.
Se lo imaginaba allí, sentado en una esquina. Igual a como lo recordaba, y ahora no tendría ninguna distracción u obstáculo. Abrió la puerta y la cerró de nuevo casi en el mismo segundo.
Por el sonido de la puerta supo que alguien acababa de entrar, pero por la fuerza que habría sido usada para cerrarla, no podría ser Toris de nuevo. Entró en pánico, a la vez que intentaba concentrarse en los sonidos alrededor suyo, en cualquier detalle y en cualquier indicio. Escuchó pasos, escuchó papel, escuchó tela. Pero todo parecía a más de dos metros de distancia, aunque el cuerpo de Yao reaccionaba como si tuviera al monstro delante de él.
No se consideraba una persona valiente— ni siquiera una persona decidida, pero tampoco había pensado en sí mismo como un cobarde. Pero ahora mismo no estaba seguro. Ni siquiera podía clamar su respiración para agudizar el sentido de su oído. Y se sentía más que furioso y avergonzado; pues estaba seguro que él se había dado cuenta de que estaba temblando.
¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Diez minutos o diez segundos? Sus manos sudaban, pero su espalda estaba empapada y helada.
—¿Yao? ¿No?
Un ruido que pareció un quejido escapó de su garganta. El monstro tenía nombre.
Unas manos frías pero inesperadamente suaves desasieron el nudo detrás de su nuca, trató de mantenerse inmóvil, como si de pronto se hubiese dormido. Luego las mismas manos rozaron su rostro cuando se le removió la segunda venda. No abrió sus ojos, pero notó algo de luz a través de sus parpados. ¿Tenía miedo de verlo? Talvez él no estaba esperando que él abriera los ojos aún.
¿Desde cuando quieres complacerlo?
Tragó saliva y el ardor en la garganta le dio escalofríos, solo sabía que él estaba en frente suyo y que le había hecho una pregunta que no necesitaba respuesta.
Alzó la cabeza y se forzó a abrir los ojos, tenía que hacer cualquier cosa que no entierre aún más su dignidad. Sintió un poco de mareo pero sus ojos pronto se acostumbraron a la luz y cuando dejo de ver tan borroso, reconoció el rostro de su captor.
—Ivan —se molestó consigo mismo al escuchar su propia voz, mucho más suave e inquieta de lo que hubiera querido—, ¿Por qué?
..
...
Hola, no estoy muerta solo algo eh, pues,
ya ok soy floja y distraída.
voy a tratar de actualizar regularmente, pero no puedo prometer nada ;D
orz gracias por su paciencia y apoyo(? 3
