ICE DAYS

(Días de hielo)

Cuando el amor no es locura… no es amor

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Harry estaba sentado en un resquicio de su cama, con la mirada perdida. Estaba ausente, desconectado completamente del mundo exterior.

No podía creer que Hermione, su mejor amiga, hubiera sido apresada por los mortífagos.

¿Qué tipo de amigo era él, que no había estado ahí cuando ella lo había necesitado?

Sin embargo, a diferencia de él mismo, ella si que había estado a su lado en todo momento, apoyándole, dándole ánimos, siempre diciendo que todo iba a salir bien…

Y ahora no volvería a decírselo.

No volvería a escuchar esas dulces palabras de sus labios…

Se sentía terriblemente miserable.

Lo había vuelto a hacer.

El maldito Ryddle lo había hecho de nuevo…

Lentamente estaba alejando de su lado a toda la gente que él verdaderamente apreciaba.

Le estaba dejando solo…

Primero sus padres, más tarde Sirius, su padrino… y ahora Hermione.

¿Qué debía hacer para dejar de poner en peligro a la gente a su alrededor?

No lo soportaba más…

Se estaba muriendo lentamente.

Cansado, dio un último suspiro de resignación y se levantó de la cama. Debía empezar a pensar que hacer respecto al asunto de su castaña amiga.

Sin duda alguna, debía poner a la orden del fénix a trabajar, antes de que fuera demasiado tarde…

Todavía quedaban esperanzas de que Hermione siguiera con vida…

Y mientras hubiera esperanzas, seguiría luchando.

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Hermione hacía grandes esfuerzos por agarrarse a las paredes rocosas de los pasillos del castillo donde se encontraba internada, desesperada por escapar de la cruda realidad a la que le estaban sometiendo.

¡Dormir en la habitación de Malfoy! ¿Es que el mundo se había vuelto loco?

¡Y Zabini se lo había dicho con toda naturalidad del mundo, parecía que no sabía lo que esto suponía para ella.

Dormir en la habitación de su mayor enemigo, la única persona a la que había llegado a odiar con toda su alma… No quería. No sabía de lo que sería capaz Malfoy estando a solas junto a ella en un espacio cerrado… con una cama de por medio.

Y, francamente, no quería saberlo.

Todavía podía recordar con claridad su cálido aliento en su oreja, insinuante, sus labios ávidos sobre los suyos, sus manos…

Podía recordarlo, ¡pero por Merlín, no debía!

Estaba reprochándose interiormente, cuando notó que Zabini se había detenido frente a una enorme puerta de roble macizo, y había llamado suavemente un par de veces.

La Gryffindor reanudó sus vanos intentos de escape, al darse cuenta de lo que le esperaba al otro lado de aquella puerta, pero el firme brazo del mortífago la mantenía bien sujeta, de manera que no había escapatoria posible. Y vaya si no la había…

La puerta se abrió lentamente, dejando ver a un atractivo rubio que sostenía un vaso con algo que parecía ron en su mano, y mostraba una sugerente sonrisa.

Zabini desapareció instantáneamente del lugar, como si nunca hubiese existido, dejando como único testigo de su presencia al dolorido brazo de Hermione, que ahora esta se frotaba con parsimonia. No tenía intención alguna de entrar de lleno en la boca del lobo.

Al menos, no por cuenta propia…

Draco: -¿Y bien, Granger? ¿Pasarás por tus propios medios, o seré yo quién deba hacerlo por ti?- dijo con notable fastidio, todavía recargado en la puerta de la habitación.

Hermione: -¿Qué pretendes con todo esto, Malfoy? Solo soy una sangre sucia que no merece respirar tu mismo aire- comentó la leona con ironía - ¡Prefiero mil veces la soledad de mi antigua celda a tu compañía!

Las últimas palabras pronunciadas no le hicieron gracia alguna al Slytherin, que pareció haber perdido toda la paciencia que en aquellos le quedaba, y se acercó peligrosamente a la chica, al parecer, no con demasiadas buenas intenciones.

Hermione cerró los ojos con fuerza, esperando cualquier cosa. No había a que atenerse cuando se trataba de Draco Malfoy, lo sabía, pero parecía no importarle. No iba a dejarse pisotear por la serpiente.

Si quería guerra, guerra tendría.

Y algo parecido debía estar pasando por la cabeza de su ojigris enemigo, ya que sin darle tiempo a reaccionar, tomó a la castaña por la cintura y la cargó sobre sus fuertes hombros, para entrar finalmente en la habitación, cerrando la imponente puerta tras de si.

Aquella iba a ser, sin duda alguna, una noche para el recuerdo…

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Mientras tanto, Blaise Zabini sonreía distraído en su alcoba.

Cuando Malfoy había abierto la puerta, había podido verlo en sus ojos… aquello que Blaise temía desde un principio, estaba sucediendo. Pero parecía que a su amigo, no le vendría nada mal una lección, después de todo. Se estaba volviendo más insoportable de lo normal (que ya era mucho decir) desde que el señor oscuro le había elevado de cargo, y parecía que, en cierta manera, la castaña estaba haciendo que su actitud fuese más llevadera.

Una sangre sucia domando a un Malfoy, un sangre limpia… un mortífago.

Una Gryffindor aplacando el veneno de un Slytherin.

Inconcebible… mas no imposible.

Cansado, el joven moreno se levantó del aterciopelado sillón donde hasta ahora había estado sentado, y se dirigió a preparar su baúl.

Aquella farsa de que su padre le había buscado para realizar un tortuoso viaje caería por su propio peso tarde o temprano, así que se presentaría en Howgarts aquella misma noche, para no levantar sospechas.

Y esperaba que su rubio amigo no tardase mucho en hacer lo mismo, si no quería ser descubierto… ya que, sin duda, serían ellos los primeros en ser investigados después de la "misteriosa" desaparición de Granger.

Esbozó entonces una burlesca sonrisa.

Lástima que no fuesen a encontrar nada.

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Ginny Weasley se retorcía en su cama, notablemente intranquila.

Había optado por no acudir al gran comedor para la cena, ya que no se sentía con los ánimos suficientes como para fingir que se encontraba en perfecto estado.

¡Hermione, su mejor amiga!

La persona que siempre la había apoyado… no quería ni pensar las atrocidades por las que estarían haciéndole pasar, pero sin embargo, no podía evitarlo.

Imágenes de una Hermione torturada por varios encapuchados pasaban sin cesar por su pelirroja cabeza, no dejándole conciliar el sueño que ella tanto deseaba alcanzar.

Se levantó resignada de la cama y se dispuso a realizar un viaje a las cocinas, a por un vaso de agua, o tal vez una infusión para el sueño.

Ya lo decidiría por el camino.

Lo que entonces no sabía la joven Weasley, era que, por el camino, decidiría mucho más que eso…

Con paso lento pero seguro, caminó por los oscuros corredores desiertos de Howgarts, intentando recordar con toda claridad el camino correcto que le llevaría hacia las cocinas.

Todo el mundo estaba cenando, así que el hecho de ir en un simple y fino camisón de dormir, no le importó demasiado, ¿quién podía verla, si todo el mundo se encontraba en el gran comedor?

La respuesta pareció aparecer, de la nada, delante de la asustada chica.

Blaise Zabini acababa de hacer acto de presencia en el castillo, después de las tan anunciadas vacaciones junto a su familia.

Ginny: -¿Qué demonios…? ¡Zabini! ¡Menudo susto me has dado!

Nunca se habían llevado bien, pero tampoco se habían odiado.

Aceptaban la existencia del otro sin más, no hablaban, no intercambiaban miradas… su relación era, por denominarla de alguna manera, inexistente.

Aquella era la primera vez que, desde que habían comenzado su aprendizaje en aquel castillo, hablaban de forma casual.

El chico recorrió, sin darse cuenta de sus propios actos, la frágil figura de la Gryffindor con la mirada, sorprendiéndose de los notables atributos con los que esta contaba. Aquel sutil camisón color pastel no dejaba mucho a la imaginación, ciertamente.

Aunque, que demonios, mejor para él.

Siempre había sido consciente de la belleza de la pelirroja, pero nunca le había llamado la atención. Simplemente, no era su tipo.

Pero aquello podía ser reconsiderado… en aquel mismo momento.

Si, sin duda alguna, Zabini era un hombre de impulsos, y aquello quedó demostrado en aquel oscuro pasillo, aquella extraña noche, para Ginny.

En un abrir y cerrar de ojos, el Slytherin la había arrinconado entre su cuerpo y la pared, y recorría lentamente su cuello con sus labios, haciendo sentir escalofríos a la pelirroja, que trataba vanamente de escapar.

¿Qué demonios estaba haciendo Zabini?

Ella siempre le había considerado un chico endemoniadamente atractivo, junto a todo el sector femenino del colegio, pero de ahí, a… a hacer eso que el chico estaba haciendo, había un largo camino, que ella no pretendía recorrer.

Ginny: -Zabini…

La Weasley se llevó una mano a la boca, sorprendida.

Había pronunciado el nombre del chico, si… acompañado de un gemido, y no de disgusto.

Pero es que… ¡Merlín! ¿Dónde había aprendido aquel chico a hacer ese tipo de cosas?

Jamás había experimentado una sensación como aquella… jamás.

Deseo

Zabini levantó la cabeza, desviando la atención del cuello de la pelirroja, para centrarla en sus ojos. Sabía que la chica lo deseaba, tanto como él a ella en aquellos momentos, pero no iba a hacerlo sin su consentimiento…

No le gustaba ese tipo de trato a las mujeres… y menos a las mujeres bellas, como ella.

No esperó más respuesta que el beso que Ginny le dio. Ya estaba todo dicho.

Aquella sería una noche que Ginny Weasley, no podría olvidar jamás.

Por muchos esfuerzos que hiciera…

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Hermione se retorcía sobre los fuertes hombros del chico, gritando y maldiciendo a cada paso que este daba, furibunda.

¡No quería, no quería!... no quería entrar en aquella habitación junto a Draco Malfoy… pero cesó al ver que, efectivamente, ya lo había echo, resignada.

Malfoy la dejó, sin cuidado alguno, sobre la mullida cama, y se dirigió a la puerta lateral que había en la sala.

Draco: -Voy a darme un baño. Espero estés más calmada cuando salga, leona.-dijo a modo de burla el chico- Oh, y… olvídalo, la puerta solo se abrirá cuando yo así lo desee- comentó al ver como la Gryffindor miraba la puerta de salida, anhelante.

Y sin más explicaciones, cerró la puerta tras de sí, dejando a Hermione en un profundo estado de shock sobre las suaves sábanas de seda de la enorme cama.

No había escapatoria posible…

Ahora si que las cosas no podían ir peor.

Se encontraba en la habitación de un atractivo mortífago, con un liviano vestido que apenas servía para cubrirle de su profunda mirada, recostada sobre su cama…

Era una invitación a lo que no debía suceder.

"No sucederá nada que no desees que suceda" se repitió mentalmente una y otra vez, como si de una oración se tratase.

Pero sabía que aquello no era del todo cierto, ni mucho menos.

Sus sentidos se nublaban con su cercanía, y la mezcla de deseo y odio se hacía cada vez más patente en su interior, a pesar de su empeño por esconderlo.

Pero él lo sabía… sin duda alguna se había dado cuenta.

No era capaz de escapar de aquellos ojos. Sentía como traspasaban más allá de su propia piel, pudiendo descubrir así sus más profundos secretos, aquellos que tanto se esforzaba en ocultar, sobretodo en su presencia.

Cerró los ojos, cansada.

No podría conciliar el sueño aquella noche, y lo sabía. No si dormía en la misma cama que el rubio.

Como respuesta a sus pensamientos, la puerta de, en efecto, el baño, se abrió súbitamente dando paso a un Draco Malfoy completamente mojado, envuelto únicamente en una diminuta toalla negra.

Hermione tragó saliva pesadamente, mientras recorría, sin proponérselo, el perfectamente moldeado cuerpo del mortífago.

Finísimas gotas de agua caían desde su platino cabello, hasta su cara, dándole un toque indiscutiblemente sexy, y sus bien formados pectorales se encontraban descubiertos, gracias a que la toalla se encontraba envuelta en sus caderas, no dejando demasiado a la imaginación.

La chica volteó la mirada, con las mejillas arreboladas.

Sabía que el chico lo había echo a propósito, únicamente para provocarla, pero no iba a darle el gusto…

No lo haría.

Draco: -¿Qué pasa, Granger? ¿Tanto te gusta lo que ves?- dijo el chico, con una de sus sugerentes semi sonrisas plasmada en el rostro.

Sabía que así era más irresistible aún, por imposible que pareciera. Y no iba a dudar en tentar a la leona.

Le divertía sobremanera la situación.

Hermione: -Deja de tirarte flores, Malfoy. No eres para tanto.

Ella sabía que no era verdad, pero no iba a dejarse vencer tan fácilmente por él.

Resistiría la tentación, por muy fuerte que esta fuese.

El chico sonrío, complacido.

Si había algo que a Granger no se le daba bien, era mentir, sin duda alguna.

Fijó sus pupilas en la chica, de nuevo, recorriéndola. Aquel vestido era un reclamo para él, que nunca se había molestado en controlar sus impulsos.

Le estaba llamando a gritos.

Apartó rápidamente la mirada de la figura de la chica, y se dirigió al armario.

Draco: -Voy a cambiarme… ¿Deseas mirar, Granger?

La chica se sonrojó todavía más (lo cual no parecía posible hasta el momento), y se dirigió al baño, para cerrarse después en él.

Así no caería en la tentación de mirar si se presentaba la oportunidad.

Seguridad ante todo, ese era su lema.

Abrió el grifo del baño, y se lavó varias veces la cara con agua fría, para mirarse después en el espejo circular de la pared.

Se encontraba bastante desmejorada.

Su pelo estaba revuelto, unas leves ojeras podían distinguirse debajo de sus ojos, y una mueca de cansancio estaba plasmada en su rostro. Suspiró.

Estaban siendo unos días terribles, y el estar en aquella habitación no le ayudaba a sobrellevarlos.

Después de haber estado rebuscando en uno de los cajones, sacó un cepillo y se dispuso a arreglarse el pelo con él, con la esperanza de arreglar un mínimo su aspecto.

Fue entonces cuando pudo percibir un moratón con bastante mala pinta en su muslo derecho.

Aquel había sido el sitio donde el mortífago había posado su mano aquella noche… el recuerdo de su piel sobre la suya todavía le quemaba.

Se arremangó más el vestido, para apreciar más de cerca la herida, y poder mojarla con algo de agua, o quizá ponerle alguna tirita que encontrase por fortuna.

Pero entonces la puerta se abrió, dejando paso a un ya vestido Draco Malfoy, que quedó sorprendido por la imagen.

Hermione Granger con el vestido convenientemente arremangado MUY por encima de sus rodillas…

Sus ojos se dilataron ante la escena, y su pulso comenzó a acelerarse, al igual que el de la chica.

Hermione, por su parte, se dio cuenta de lo comprometido de la situación, e hizo lo único que se le ocurrió en aquellos momentos.

Hermione: -¡Ni pienses en acercarte, ¿¡me oyes?- dijo, amenazándole con… ¿un cepillo?- ¡Ni lo intentes!

Pero Draco no le prestaba atención… no en aquellos momentos. Todo sentido común había sido reemplazado por un deseo irrefrenable de poseer a aquella mujer… lo demás no importaba. Solo ella y él.

Comenzó a avanzar lentamente hacia la Gryffindor, que optó por mantenerse firme… al principio. Mas luego comenzó a retroceder, asustada.

Hasta que ocurrió.

Hermione resbaló con el agua que todavía perduraba en el suelo del baño, y cayó dentro de la bañera, precedida por Malfoy, que había intentado impedirlo… intentado, claro esta, sin éxito alguno.

Y ahí se encontraba Draco Malfoy sobre Hermione Granger, dentro de una bañera… acercándose cada vez más a su rostro, como por inercia.

Hermione, sin saber lo que hacia, abrió el grifo superior de la bañera, empezando así a llover sobre los dos, mojándose por completo…

Pero no importaba. Ya nada importaba.

La chica no lo soportó más, tenerlo así, sobre ella, mirándola de aquella manera que lograba producirle escalofríos…

Fue ella la que dio el primer paso.

Juntó sus labios con los del chico, desesperada, y el correspondió de la misma manera, entrelazando sus lenguas, ganando cada vez más territorio, profundizando más y más aquel apasionado beso…

Hasta que la ausencia de aire se hizo insoportable, y se separaron, para mirarse a los ojos.

Deseo…

El mortífago cargó a la chica en sus brazos, y la llevó hasta la cama, sin importarle el mojarla, o el estar mojado él mismo… era lo de menos.

Solo quería acallar aquel fuego que había surgido en su interior desde el día en que la llevó presa a su lado, a aquel castillo.

La necesitaba, tanto o más de lo que ella le necesitaba a él en aquellos momentos.

Salvajemente se despojaron de sus ropas, hasta quedar completamente desnudos el uno sobre el otro, sin pudor alguno, recorriendo sus cuerpos sin detenerse un solo segundo… se necesitaban en aquel momento, no podían esperar.

Los gemidos inundaban la ahora oscura la habitación, y las respiraciones eran cada vez más agitadas.

Draco bordeaba el cuerpo de Hermione con urgencia, deteniéndose en algunas de las zonas más sensibles de la chica, haciéndole tocar el cielo con la punta de los dedos.

Hermione enroscó sus gráciles piernas en la cintura del Slytherin, estaba lista, lo necesitaba dentro de ella, su cuerpo lo clamaba a gritos, y el chico pareció entender.

Un sumo dolor junto a un increíble placer se apoderaron del cuerpo de la leona, provocando un grito que el mortífago acalló juntando de nuevo su boca con la de ella. Había olvidado por completo que era virgen.

Cuando los músculos de la chica se relajaron, comenzó a moverse dentro de ella, mientras escuchaba su nombre de sus labios una y otra vez, a modo de gemido.

Se inclinó levemente sobre ella, y susurró sutilmente en su oído algo que la Gryffindor jamás podría olvidar.

-Ahora eres mía…

Continuara…

Bueno… creo que esto era lo que todo el mundo estaba esperando, espero no haberos defraudado XD.

Siento no contestar textualmente a los reviews, prometo que lo haré más adelante, cuando tenga algo más de tiempo.

¡Os agradezco realmente vuestro apoyo!

¡¡Esta historia no seria nada sin vosotros!

…Espero vuestros comentarios…

Prometo actualizar lo más pronto posible

Besos y hasta pronto.

Suzaru