CAPITULO CUATRO

Salí corriendo del departamento que ahora compartiría Maki con Honoka, estaba a nada de llorar. Me sentía realmente estúpida, ser rechazada una ocasión era una cosa, y más si eras rechazada en forma personal, pero ahora ser rechazada frente a todas tus amigas, tenía un nievo nivel de humillación y eso no sabía cómo manejarlo. Me dirijo rápidamente a un bar que se encontraba cerca de la estación central de Tokio, afortunadamente está a unos 20 minutos del departamento de estas dos, en el camino me quede mirando a la nada, recordando todos los momentos que pase con Elichi.

Cuando la conocí, lo supe era igual que yo. Tímida, insegura, llena de dudas y miedos, lo supe al ver su mirada llena de desconfianza y como poder juzgarla si al final, las cosas desde su infancia eran complicadas, cuando era bailarina, a pesar de intentarlo con todas sus fuerzas, no dio el ancho para la sobra que implicaba su abuela, una mujer, tan talentosa que marco toda una generación en Rusia, de bailarinas y bailarines, las expectativas sobre la nieta eran mucho más grandes, al ser la sangre nueva, y tener toda la capacidad y juventud para poder hacer las cosas como la abuela lo había hecho como mínimo. Pero no fue suficiente.

Era demasiado pequeña cuando acepto ser bailarina, por pasión no fue, al menos en ese tiempo, era más por agradarle a su abuela, su más grande e importante ídolo, en toda la tierra, era más que obvio que intentaría ser lo mejor que pudiera para estar con ella, pero esto no fue suficiente, a veces, es complicado estar a nuestras propias expectativas, siendo mayor, aun más siendo un niño, como lo era mi tonta Elichi, se exigió demasiado, y más aun cuando se dio cuenta que jamás podría ser como su abuela, nunca sería como ella, me pregunto en ocasiones, como sería mi Elichi si hubiera afrontado esa realidad de una forma diferente, si hubiera comprendido que a pesar de no ser como su abuela, ella podría mostrar su propia luz. Podría forjar una carrera para ella con su estilo, no con el de nadie más, por mucho que amara a la otra persona, tal vez, ella podría ser más sincera y así podría dejar de creer que todo depende de ella.

Al mirarla ese día que llego de Rusia, a Otonokizaka mi mundo cambio, sus ojos azules como el cielo me transportaron al océano más hermoso que jamás creí poder encontrar, uno tan profundo que a pesar de ser imponente, te invitaba dejarte llevar por la tranquilidad de sus olas, y en momentos de tormenta pese a la constante variante de morir, no hacía más que invitarte a morir entre sus millones de gotas de agua todas unidas, combinadas entre la felicidad, la frustración, la calma, la desolación, el auto amor y el odio que puedes guardar para ti mismo. Era mi perdición lo supe, cuando por casualidad pronuncio mi nombre, lo confirme cuando, aun pese a mis inseguridades Salí tras ella, para decirle mi nombre, para pedirle que me dejara conocerla, el cómo poco a poco descubrí su lado tan tsundere, ese que me llevo a perderme cada día que pase a su lado en la grandiosa forma de ser de ella.

Con ella aprendí a dejar a un lado mis inseguridades, sentí que podía tener mi playa de descanso, que nada ni nadie me podría dañar, me abandone a ella, me convertí en lo que ella necesitara que me convirtiera, si necesitaba un roble, aprendí a ser un roble, un necio profesor, me volví su profesora particular, su enfermera, amiga, hermana, en todo lo que ella quería, hasta que un día sin más le entregue mi amor por completo, sin reservas, no medí las consecuencias de entregar un corazón, el propio, pero ese también se lo di completo, sin reservas, todo quería que fuera de ella.

Hasta que un día decidí también ser, su hogar, me negué a irme con mis padres de nuevo, la seguí hasta donde ella me llevara, pero en el proceso perdí mi corazón, cuando reaccione me encontraba ya dentro del bar, frente al joven mesero, que asombrado me traía una botella más, ni siquiera supe cuando me termine la primera. Realmente me sentía muy desolada, tantos años amándola y ahora que, he aceptado mi derrota, no sé ni quién soy, ni en lo que me convertí, solo por ser la persona que pudiera ver y disfrutar de su sonrisa siempre.

Me sentía tan sola, pese a que pudimos ser más amigas que nadie, nunca podre superar que ella no me ame. Y es que la verdad le di todo, pero ella siempre lo tomo como los gestos que hace una amiga por ti. Nunca comprendió que podría llegar a convertirme en una acecina si ella me lo hubiera pedido, podría ser hasta su esclava pero nada de eso serviría. Jugo conmigo. Me ilusiono, ¿como no lo vi?, es decir, en seguida de que le confesé mis sentimientos empezó a salir con chicos, me contaba todo lo que pasaba con ellos sin más problema, me conto la primera vez que beso a cada uno de ellos, la primera vez que estuvo con uno de ellos sexualmente y después las siguientes, cuando me contaba eso, yo salía corriendo a buscar una botella, ahogarme en licor, con la esperanza de que al despertar al día siguiente con la resaca, mis sentimientos y las memorias de este amor ya no existieran.

Estaba por convertirme en una alcohólica y eso nunca pasó, siempre recordaba con más fuerza esos sentimientos, no sé qué hacer, realmente duele tanto, que me sorprendo al saber que aun respiro.

-Nozomi-chi - escuche que alguien me dijo, voltee para encontrarme con la persona que esperaba, y lamentablemente me volvió a encontrar bebiendo- ¿Cuándo será el día que podamos vernos sin que haya licor de por medio?- me dijo molesta.

-Kan-kan, lo lamento, pero sabes que la ansiedad me gana en ocasiones- le dije levantándome rápidamente para poder abrazarla con fuerza, a ella mi salvadora, la chica que me ayudaba de vez en cuando a ser feliz.

-Así que la rubia de nuevo te hizo daño- me dijo algo molesta.

-No siempre es sobre ella- conteste algo a la defensiva, pese a todo, siempre defendería a la dueña de mi corazón, por más que este, este herido.

-Nozomi- chi, eres un caso perdido- me contesto lentamente, para después darme un beso en los labios el cual acepte.

-Será mejor que nos vayamos- me dijo cuando terminamos de besarnos, no le conteste, solo acepte su propuesta, tenia exactamente seis meses que no la veía, y las cosas seguían como cuando la conocí.

Su nombre es Karen Aldama, es extranjera, mexicana para ser exactos, era mi amiga desde hacía ya poco más de un año. Lo recuerdo todo muy bien, habían pasado 10 días desde que le confesé a Elichi mis sentimientos, cuando fui rechazada, me sumí en un mundo de perdición total, no sabía qué hacer con mi vida, ahora que el centro de esta se había esfumado, me encontraba en un lugar de mala muerte cerca del centro de NY, nada seguro por cierto, pero ya era muy tarde y yo quería seguir bebiendo, en mi celular, ya tenía mínimo 20 llamadas perdidas de Elí, pero no quise contestarle ninguna, seguramente me contaría de cómo le fue con su primer cita, con un tal, Robinson Jaime.

Recuerdo que ese día había bebido mucho más que otros días. Había bebido mucho, y el lugar en el que estaba antes había cerrado, pero yo quería seguir bebiendo. Eso no me impidió irme a cualquier lugar el que pudiera seguir bebiendo, y vaya que lo logre. Me sentía muy desorientada, un joven había intentado ligar conmigo en más de una ocasión pero me negué, pese a eso, este monstro no se largo, pero lo ignore, no tenía tiempo para molestarme en preocuparme por él, así que simplemente me dedique a seguir bebiendo, eran alrededor de las 3 de la madrugada cuando, sentí que me jalaban del brazo, voltee con un poco de temor para confirmar mis sospechas, ese maldito me estaba arrastrando por la discoteca, mis movimientos no coordinan nada bien por todo el licor que tenía en las venas.

Solo recuerdo un grito, un golpe y después todo se volvió obscuridad, recuerdo que cuando desperté me sentí realmente mal, ya que me dolía todo el cuerpo, lo primero que note fue que no estaba en casa con Elichi, me intente mover pero todo me pesaba, levante mis manos un poco y pude notar que en cada muñeca tenía dos feos moretones y cerca del codo una herida que aun estaba un poco abierta no sangraba, pero aun así podía ver un poco de grasa a simple vista. Levante con miedo las sabanas de mi cuerpo, y me di cuenta que solo estaba en ropa interior, me sentí desfallecer, tuve mucho miedo por un momento, me quise levantar lo más rápido que pude, pero no lo logre aun estaba muy desorientada.

Caí de golpe en la cama en la que me encontraba, volví a desmayarme. Después de un tiempo volví a despertar, estaba en una habitación grande, muy ordenada, llena de colores, tenía un televisor, la cama y un ropero, extrañamente no tenía un escritorio de estudio, cosa que me llamo mucho la atención, me volví a reincorporar y me sorprendí al darme cuenta que en esta ocasión estaba vestida con un lindo pijama de dos piezas blanco con dibujos de hadas doradas por toda la camisa y el pantalón.

La herida que tenía en el codo ya estaba curada. Me levante con precaución, no sabía lo que me podría encontrar a fuera de esa habitación. Abrí con mucha calma la puerta que me separaba de mi destino, al salir me encontré con la sala, parecía que estaba en un departamento pequeño, pero muy bonito, Salí con cuidado me dirigí a la salida buscando mis zapatos, para salir corriendo de donde sea que me encontrara.

-Qué bien, has despertado- escuche una melodiosa voz a mi espalda, me gire asustada, creí que me encontraría con un par de depravados. Con el joven de anoche, pensé que me estarían apuntando con un arma o que se yo, realmente tenía miedo, pero lo que me encontré me saco de mis casillas, ya que tras de mi estaba una choca realmente hermosa.

Era alta, media al menos 1:70m, su color de piel era hermoso, un bello dorado, ese dorado que te deja un bronceado perfecto, ni muy claro, ni muy obscuro, sus ojos eran color miel, tan claros que casi parecían verdes, sus ojos eran grandes y expresivos, su nariz era perfecta, no era muy grande pero tampoco pequeña, sus labios eran largos y ligeramente gruesos, su figura era la de un perfecto reloj de arena, tenía unos senos más o menos igual de grandes que los míos al menos era una copa 36-C, su vientre era plano y su cadera era estrecha pero no lo suficiente para ser una barbie, y sus piernas eran perfectas, muy bien definidas, lo que más me gusto de ella fue su cabello negro como la noche.

-Si ya acabaste de darme el recorrido oficial- dijo con una media sonrisa- será mejor que comas algo, después del susto de ayer y todo lo que bebiste, creo que será buena idea que desayunes algo, o mejor dicho, comas algo- paso de largo frente a mí para dirigirse a una puerta más que estaba casi al final del lado izquierdo de su sala, supongo que sería la cocina ya que el comedor se encontraba en la misma habitación que la sala.

Me senté, algo más calmada en la mesa. Puse atención a mí alrededor, la sala era de un bello color negro, el resto de la habitación estaba pintado de azul cielo, dándole un toque muy especial a la estancia, en la puerta que daba a la salida del apartamento se encontraban un par de flores un bello rosal, y un alcatraz, extrañas pero bellas flores para mí. El baño se encontraba del lado derecho de su recamara, la cual, supongo, es la habitación donde desperté, en la sala, además del comedor estaba una meda pequeña de centro, y un estéreo, era un lugar sencillo pero muy bien organizado y elegante.

Salió de la cocina con un montón de cosas en las manos. Me levante rápido para quitarle al menos, las tasas y el café, ya que en la otra mano traía una cacerola con algo que humeaba mucho pero se veía realmente delicioso, su aroma era increíble. Acomodamos todo en la mesa y enseguida entro de nuevo a la cocina trajo un bol con pollo deshebrado, otro con queso y uno más con cebolla y algo verde que no reconocí, la verdad todo lucia muy colorido, sus tazas eran un par de vaquillas muy divertidas.

-Espero y te guste la comida, me llamo Karen Aldama, y ayer te salve de ese salvaje ebrio, pago muy caro el que se haya querido aprovechar de ti, sabes te vi en cuento llegaste y me llamo la atención lo apresurada que parecías al beber, me sorprendí que pudieras beberte dos botellas de brandi y aun así estar en pie- me dijo sonriendo abiertamente.

Me levante de golpe sonrojada, y con una reverencia de 90 grados le dije- perdona las molestias que te he causado, Aldama- chan, y agradezco enormemente las atenciones que has tenido conmigo- dije. No me atreví a levantar la mirada, realmente me sentía muy avergonzada.

-No te preocupes, y levanta la cabeza, por lo que veo eres japonesa, si no te molesta preferiría que me llamaras por mi nombre, no estoy acostumbrada a las formalidades y no pretendo comenzar con ellas ahora- me levante y la mire sorprendida, no podía creer que todo lo que paso se lo tomara con tanta calma. Asentí calmadamente y me senté a desayudar.

-Espero y puedas tolerar esto, es lo más parecido que pude preparar a los deliciosos chilaquiles que se hacen en mi nación. Soy mexicana y como sabrás nosotros amamos el picante, al menos la mayoría, para mi esta comida quedo más que aceptable, ojala y no mueras en el intento de comerlos- me dijo riéndose, esta chica me había sorprendido mucho, no me pregunto nada, me ofreció un desayuno caliente y muy delicioso, aunque tuvo razón, casi muero al comerlo, no me cuestiono mi estado, me ofreció una ducha caliente y siempre tuvo una sonrisa en la cara.

Me dio mi ropa, limpia, se había tomado la molestia de lavarla, no comprendía el porqué de su actitud, cuando Salí de su casa solo me dio una sonrisa, le prometí que le pagaría todo lo que hizo por mí, salvo mi vida, pero solo negó y me dijo, que es bueno hacer una obra buena sin mirar a quien, no todo tiene por qué estar saldado, llegue a casa cerca de las 3 de la tarde, Elichi no estaba pero había una nota donde me avisaba, que en cuanto llegara a casa la llamara, me había salido a buscar por la calle.

Busque mi celular con rapidez pero no lo tenía en mi cartera así que, tome el teléfono de casa y marque su número, le avise que ya había llegado, no me dijo nada solo colgó, ese día se molesto mucho conmigo, llame a mi celular, para ver si podía recuperarlo o darlo por perdido, el timbré sonó cuatro veces, cuando estaba por colgar, esa voz me respondió.

-Al aparecer nos volveremos a encontrar- dijo emocionada, Kan-Kan.

-Parece que si- le conteste alegre- ¿Qué te parece si te invito a cenar? No es como una compensación por salvar mi vida, pero algo es algo ¿no crees? Tómalo como una invitación de una amiga que ansia tener de regreso su móvil- le dije bromeando.

-Está bien, pero hoy no puedo, ¿te parece si mañana te invito a almorzar, te entrego tu celular y el viernes vamos a cenar?- me dijo amablemente.

-Claro, me parece perfecto, entonces mañana nos vemos, Karen- san- me despedí de ella y justo cuando colgué el teléfono entro Elichi entre preocupada y molesta, fue la primera vez que peleamos, ella estaba muy enojada y preocupada, cuando se pone así no mide lo que dice.

Me disculpe con ella, comimos en silencio, yo recordaba todos los momentos que viví con Karen, pero aun estaba dentro de mi todo lo que sentía por Elichi, vi a Karen al día siguiente. Resulto que ella estudiaba Relaciones Internacionales. Como me había dicho ella era mexicana, vivió en su país de origen hasta los 16 años, después se mudo con su madre a Estados Unidos, estaba a un año de terminar su carrera, por lo tanto ella era dos años mayor que yo, aunque realmente no se le veían.

Nos volvimos grandes amigas, le conté todo lo que viví con Elichi, se que a ella nunca le cayó bien porque siempre me vio llorar por ella, por esa razón nunca me dejo que se la presentara, después de seis meses de gran amistad me regrese a vivir a Japón, pero seguíamos en contacto, hoy en la mañana me marco para avisarme que acaba de llegar a este país, le habían dado un empleo aquí en Tokio, y ya por fin podríamos estar cerca.

Meses después de que nos conocimos comenzó esa extraña manía entre nosotras de besarnos, yo sabía que ella quería tener una relación estable, y también ella sabía que no había dejado de amar a Elichi, pero aun así a veces nos perdíamos en un mundo de besos y caricias, solo eran momentos, lo habíamos hablado más de una vez y estaba bien con eso.

Si tan solo no amara a Elichi, yo podría enamorarme fácilmente de ella. Pero no podía, mientras esa mujer rubia no se fuera de mis pensamientos. Regrese al presente después de unos segundos en los que Kan-kan, me estaba zangoloteando, amaba a mi amiga, siempre me hacía reír mucho y ya fuera por su educación, o la confianza el contacto físico entre nosotras nunca fue un problema.

-Vámonos Nozomi, es tarde y ya bebiste mucho por hoy- me dijo de manera autoritaria, le hice caso, aun no estaba lo suficientemente ebria, sabía que hacía, nos dirigimos al hotel donde se hospedaba, esa noche me volví a perder con ella, entre sus brazos, sus labios, sus caricias, sus besos, nos entregamos al momento, ella y yo lo sabíamos solo era pasión lo que nos unía, un descanso, los sentimientos no sobrepasan la línea de nuestra amistad.

Eso es lo que yo creía…

Frio…

Eso sentía mucho frio, después de que Salí corriendo de mi casa, no me detuve por nada, llegue en tiempo record a mi trabajo, mi jefe al verme me pregunto cómo me encontraba, le tuve que explicar que si era verdad lo de mi enfermedad. Pero que al ser una estudiante sin el apoyo de mis padres no podía darme el lujo de perder días de trabajo. Lo cual era verdad.

Cuando llegue a Tokio me di cuenta de que no podría costearme todo sola, así que pedí un préstamo universitario, al tenerlo deposite dodo de inmediato para cubrir los cuatro años de colegiatura que me pedía la UT la cual no era nada barata, el recordar que mis padres, con su ayuda podían ahorrarme la mitad de mis trabajos a medio tiempo, si recordaran que soy su hija me hizo enojar mucho, más que nada porque sentirme sola por eso no estaba en mi lenguaje desde que salí de su casa, pero el encontrarme con ellas estaba cambiando algunas cosas en muy poco tiempo.

La colegiatura al semestre de mi carrera costaba al menos 700 USD, sin tomar en cuenta el material y la vivienda. Pese a ser becada, el descuento y apoyo económico que recibía no ayudaba más que para cubrir el 50% de mi colegiatura semestral. La vivienda en la que vivía costaba 100 USD al mes, pero en mis trabajos parciales, ganaba 150 USD, por eso casi nunca tenia capital para poder comer de manera decente, aunque claro eso no lo tomaba mucho en cuenta. Muy de vez en cuando me daba hambre. A veces podía ganar hasta 200 USD, pero era muy variada la ocasión, cuando eso pasaba, lo metía a una cuenta que tengo donde ahorro un poco, para hacerme de un cierto capital cuando tenga que abandonar el edificio donde vivo y poder hacerme de algo más pequeño, ya que pronto se cumpliría el plazo que tengo como estudiante para poder ocupar una habitación en la residencia de la UT.

Cuando terminara la carrera ya vería manera en la que pagaría el adeudo que tenia por el préstamo para poder estudiar. Todo lo manejaba en dólares, al menos las cantidades ya que si hacia la conversión a Yenes, moriría solo por escuchar la cantidad de millones que eso implica. Termine mi turno en el restauran, ese día aviso un compañero que no podría venir, así que hice otras cuatro horas aprovechando que no tenía trabajo ese día en el bar. Después de salir del restaurant me dirigí a la cafetería donde trabajaba los sábados y domingos, mi turno ese día era de las 8 a las 12 de la noche. Y ya después podría irme a mi casa, la cual estaba a 40 minutos de donde trabajaba esos días.

Eran cerca de las 2 am, afortunadamente había mucha gente, y claro que las propinas fueron muy buenas, es la primera vez en un año que un domingo salgo con 50 USD, con este dinero podre comprar varias cosas. Un par de prendas nuevas, ya no tengo pantalones, terminare de pagar tres de los cinco libros que pedí para este mes, y comprare comida un poco más sustanciosa.

Camine con calma rumbo a la estación, hacia mucho frio, afortunadamente en Tokio las estaciones de tren cerraban a las 3 am, después de mucho evitar pensar en todo lo que paso hoy, los pensamientos se hicieron presentes, realmente odiaba la situación que se me estaba presentando, se supone que nada podía moverme, después de todo lo que viví pero, regresaron a poner mi mundo de cabeza, esas nueve personas. Los odie por unos momentos, ¿Cómo pretenden regresar a mi vida como si nada?

Ver a las chicas fue demasiado para mi podre corazón, Umi Sonoda, seguía tan bella como siempre, su cabello estaba aun más largo, le llegaba por debajo de las pompas como mínimo, había crecido unos centímetros más, cuando íbamos en preparatoria ella media 1.59m lo sabía porque siempre se burlaba de mi al ser 2 cm más pequeña que ella, ahora yo era más alta por esos mismos 2 cm, ya que al parecer no media más de 1.68m, su rostro había madurado, tenia facciones muy bellas, ella siempre fue bonita, al parecer había superado su trauma con las faldas ya que hoy la vi muy cómoda con una de ellas.

Seguía teniendo ese gusto simple, pero formal para vestir. Kotori Minami, tenía mi estatura como mínimo, ella se había puesto aun más bella, seguía teniendo el cabello igual de largo que cuando íbamos en preparatoria, ella iba vestida con un lindo pantalón negro y una blusa verde oliva, al parecer seguía siendo su color favorito, al igual que Umi, era muy bella, habían madurado mucho, les hizo bien estar en la Universidad, cuando las vi a los ojos mi corazón se paralizo, ellas fueron mis mejores amigas por tantos años y ahora verlas de frente como unas desconocidas, dolía y mucho. Ambas habían crecido mucho, tanto en medidas, como en madurez.

Elichika Ayase, seguía siendo tan alta como en preparatoria, media al menos 2 cm más que yo, era muy linda, ahora usaba su cabello suelto, el cual le llegaba por debajo de la cintura, como siempre hoy la vi vestida de blanco. Un traje sastre sencillo pero formal, acompañado con una linda blusa negra con detalles blancos alrededor del cuello, traía zapatillas negras, lo cual la hacían ver aun más alta. Ella fue como mi madre, cuando tenía miedo, era mi tercer lugar amado, el más seguro.

Nozomi Tojo, ella era alta, pero a la vez baja. Media al menos 1.68m muy linda, de cuerpo seguía siendo un escándalo, al parecer mucho más que en preparatoria ya que al menos había aumentando 5 cm en busto, ella traía el cabello recogido en una coleta alta, su cabello era largo, tanto que aun amarrado le llegaba por la cintura, ella llevaba puesto un lindo vestido azul cielo, con zapatos bajos, algo simple y bello.

Rin Hoshizora, ella sí que había cambiado, ahora tenía el cabello largo, a la altura de los hombros. Lo usaba suelto, su rostro había madurado mucho, ya no era la niña de 15 años que conocí, como lo supusimos ella creció mucho media 1.65 como mínimo, junto con Nico cuando estábamos en MUSE, era la más pequeña, haber crecido 10 cm fue todo un logro para ella. También creció en otros sentidos, su cadera ensancho un poco al igual que sus senos, los cuales ya eran visibles, no era como si fueran enormes, pero ya no parecía una tabla. Ella vestía un mayon negro con un blusón anaranjado y zapatos bajos negros.

Hanayo Koizumi, era la segunda más bajita, media 1.64m como mínimo, pero eso solo la hacía ver más tierna, seguía siendo muy bonita ella seguía usando el cabello como cuando íbamos en preparatoria, también hacia crecido más en todos sentidos, seguía siendo tímida, seguía usando sus lentes de contacto, ella vestía un pantalón de mezclilla negro, sandalias blancas y una blusa azul cielo lisa.

Nishikino Maki, era la segunda más alta, y seguía siendo alta ella era más alta que yo, media al menos lo que mide Elichika al menos 1.72m al igual que Eli vestía un traje sastre pero el de ella era color negro, y en lugar de blusa blanca traía una color beige lisa. Había crecido en belleza, su cabello ahora era largo y le llegaba al menos a la altura de su cintura, al parecer ya podía ser más sincera con ella y todas, eso me alegro, al parecer había crecido y madurado aun más de lo que pude llegar a imaginar.

Y por ultimo estaba la Idol número uno, Niko Yazawa, seguía siendo bajita media 1.64m ella seguía casi igual que cuando estábamos en preparatoria, solo que ahora tenía un poco más de senos. Su eterno trauma con Nozomi había sido resuelto solo al grado de que ya no parecía una tabla, sin embargo Rin había crecido más que ella en ese aspecto, ella traía un pantalón blanco y una blusa de tirantes roja con puntos blancos. Sus sandalias eran color blanco.

Han pasado tantas cosas en estos años que me arece toda una estupidez que nos volvamos a reencontrar ahora mismo. Han pasado 5 años desde que las musas se separaron como grupo musical, ya casi se cumplen cinco años desde que Salí de la preparatoria, hice los exámenes una y otra vez, por exigencia de mis progenitores. Fue hasta la segunda vuelta del segundo año que logre entrar a la UT, estoy entrando a mi cuarto semestre de carrera, me faltan otros cuatro, mi familia está destrozada y para colmo me reencontré con mis "amigas" nunca supe que les hice para que se alejaran de esa manera de mi.

Pronto voy a cumplir 22 años y ya me siento como una anciana. Cansada de la vida, con la más grande expectativa de que al momento de mi muerte nadie me encuentre, para no ver lagrimas falsas en mi transición a lo que sea que este más allá de la muerte y este mundo.

Reaccione de golpe al escuchar un perro aullar, mire a mi alrededor asustada, por ir distraída me había pasado de la estación. Mire alarmada la hora en mi teléfono, eran las 3:30 am, ahora si me encontraba en un problema grande. Ya no habría transporte seguro a casa, y a menos que quisiera gastar todo lo que gane el día de hoy en un taxi lo mejor sería, que siguiera caminando.

Trate de orientarme pero aun seguía siendo mala con esas cosas, así que decidí regresar por donde venia, aunque realmente no sabía dónde me encontraba. Camine un par de cuadras, hasta quedar frente a un cinema abandonado, tenía mucho frio y estaba asustada. Empecé a escuchar sonidos extraños, los pasos de alguien siguiéndome, comencé a correr, voltee de reojo y vi a un par de hombres claramente fuera de sus cabales por como corrían, temí por mi vida.

Corrí por unos momentos, hasta que en una mala elección termine encerrada con ellos en un callejón sin salida, me gire con mucho temor, era mi fin, cerré los ojos esperando mi final, pero solo escuche un par de gruñidos y un golpe, antes de poder abrir los ojos todo se volvió obscuridad.

Me dolía el cuerpo de nuevo, desperté de golpe, aun por la adrenalina, voltee en todas las direcciones al darme cuenta que estaba en una habitación, tarde unos minutos en darme cuenta que me encontraba en mi cama, en mi cuarto, en mi casa, no sabía que pensar, pudiera ser que todo había sido un sueño, pero sabía que no era así, me levante de la cama con calma.

Mire la hora en el reloj que tenía en mi buro, eran las 7 de la mañana, para ser mi día de descanso fue demasiado temprano para despertar, me cambie, me puse un pantalón de mezclilla sencillo, unos zapatos bajos negros y una blusa blanca de manga larga, eso me recordó que tenía que lavar pronto, aprovechando que me desperté tan temprano, eso haría.

Salí desorientada de la habitación, seguía sin saber si era un sueño o no lo que vi entre sueños, pero tenía que ser real, en mi billetera estaban los 50 USD que había ganado ayer.

-Buenos días Honoka- dijo una voz a mi espalda, no podía ser cierto, no podía ser. Me gire lentamente para encontrarme con la persona que jamás creí volver a coincidir, mi corazón, comenzó a latir como desesperado, me temblaron las manos, y mi cuerpo experimento una excitación total, al ver de nuevo esos ojos azules, casi tan azules como los míos.

Cuando termine de girarme lo vi, era él, tan alto como siempre, media al menos 1.85m, seguía siendo delgado y tenía ese color de piel tan claro que solo podía ser comparado con el tono de piel de Kotori, blanco, como la leche misma, su rostro hermoso, maduro, tenia facciones tan varoniles, que al escuchar su voz tan dulce pero fuerte, me hacía sentir en las nubes, su perfecto perfil griego, SUS OJOS AZULES, ese cabello suyo tan negro como la noche. Si era él.

Parece que me has olvidado, pequeña Honoka, me presento de nuevo entonces, son Hiroshi Kira, y a partir de ahora espero estar bajo tu cuidado- dijo haciendo una breve reverencia sin apartar sus ojos de los míos, me sonrió y espero mi respuesta.

Buenos días, Kira- kun, si me permites, no entiendo nada de lo que está pasando- le conteste algo insegura, mi corazón no se detenía, verlo frente a mí de nuevo era demasiado, primero las chicas y ahora también él, en definitiva el destino me odia.

Antes de que pudiera contestarme, Nishikino salió de su habitación acompañada de Yazawa, al verme corrieron a abrazarme, estaba tan impactada por Hiroshi que ni si quiera repele cuando me abrazaron.

Gracias a Dios que estas bien, Honoka, no seas inconsciente si sales de trabajar tarde, llámanos para que seamos capaces de ir por ti, o mínimo esperarte, si Kira- Kun no te hubiera visto de casualidad, quien sabe que te hubieran hecho esos tipos, le debes la vida- me dijo atropelladamente Yazawa mientras lloraba, me sorprendí más.

Tú, ¿Me salvaste la vida?- le pregunte con mucha cautela.

Si, al parecer es una mala costumbre de nosotros, ¿no crees? La primera vez que nos vimos, también te salve, ese día cuando por necia, casi caes al vacio- me dijo riéndose mientras se recargaba en la puerta de mi habitación.

Las cosas no pasaron así, no me iba a caer, ya te lo dije un montón de veces, pero como sea, eres un necio, gracias por salvarme- le conteste volteando a otro lado, me apenaba mirarlo a los ojos.

Maki y Niko se vieron asombradas, y poco a poco me soltaron, para observar con detenimiento la escena que se desarrollaba frente a sus ojos.

Como sea, oye Honoka, me da gusto volver a vernos, la verdad es que estaba por rendirme, pero la vida me dio otra oportunidad, así que Kousaka Honoka- dijo poniéndose frente a mí, me tomo la mano, levanto mi rostro para que nuestros ojos se encontraran de nuevo- no me voy a rendir, hare que aceptes mis sentimientos- antes de que pudiera responderle algo, me beso.

No supe reaccionar, solo acepte su beso, en definitiva, mi vida se había vuelto un caos, en menos de 24 horas.

Continuara…