Aquí vengo con el cuarto capítulo de Atada a tí (originalmente titulado Bound to you, escrito por kristiliz) y éste es un capítulo un tantito más... ¿sensual, quizá? No llega a pasar nada realmente, pero Jace se encarga de poner a Clary un poquito incómoda -de buena manera- con ciertas situaciones ;)

Un besote para Nandita21unexplained que dejó un review para el capítulo anterior y para Demide que dejó un review para el segundo capítulo, y yo había olvidado mencionarlo. ¡Muchas gracias!

Al igual que con el capítulo anterior, la autora dejó una lista de reproducción y si quieren pueden escucharla mientras leen:

1. Wide Awake - Katy Perry
2. Next to you - Chris Brown ft. Justin Bieber
3. Would you love me anyways - Katrina Elam
4. I won't give up - Jason Mraz
5. Me & You - Tyler James Williams & Coco Jones

¡Espero les guste este nuevo capítulo!


Capítulo IV. Su sensualidad se desata.

Tomé la nota en mis manos y la estudié. ¿Cómo demonios sabía Jace que hoy era mi cumpleaños?

Um…

¿Acosador?

Resoplé y arrojé la nota sobre mi tocador en mi camino hacia el espejo. Miré hacia arriba y encontré mi reflejo. No lucía para nada como una veinteañera. ¿Qué demonios está mal con esta imagen, huh?

Gruñí.

A la mierda. ¡¿Por qué tenía que ser tan bajita?!

Entré al baño y cerré la puerta. Me volteé hacia la ducha y caminé hacia atrás a la sección de Jacuzzi. Aw, tenía tantas ganas de meterme en esa piscina celestial. Pero Jace estaba probablemente esperándome en el primer piso.

De cualquier forma, no sabía cuáles eran sus planes así que…

Me desvestí y me saqué el lazo del cabello. Mi salvaje cabello rojo estaba… bueno, salvaje.

En realidad, no sé por qué reclamo. No odio mi cabello. Al menos no tanto como para teñirlo. De ninguna jodida manera. Mi cabello era virgen y se mantendría de esa forma.

Salté en la ducha y cerré la cortina blanca detrás de mí, suspirando cuando la deliciosa agua caliente llegó a mi piel. Después de un poco de terapia para mi cabello y mi cara con diferentes jabones me quedé bajo el agua. Estaba tan cansada, y no sabía por qué. Pase mis manos por mi cabello, sacándole el acondicionador. Se sentía tan suave después de lavarlo. Era casi glorioso.

—Ardiente —dijo una voz detrás de mí.

Grité y me dí la vuelta.

Y resbalé.

Unos brazos me rodearon y ambos caímos al suelo de la ducha. Cuando miré hacia arriba, vi que estaba en los brazos de Jace, en el suelo, con el cuerpo de él presionado contra el mío. Frente a frente.

El cuerpo desnudo de Jace, presionado contra mi cuerpo desnudo.

—Mierda, eso estuvo mejor que mi última relación de una noche —susurró, su cálido aliento contra mis labios.

Estaba demasiado sorprendida como para gritar otra vez.

Jace estaba ahora mirándome silenciosamente a los ojos. Obviamente yo sabía que él me había visto desnuda. Me refiero a qué, lo sentía contra mí.

—¿Por qué… ¡q-qué mierda estás haciendo, maldito cerdo, pedazo de mierda!? —dije gritando ahora, tratando de alejarme de él.

Se río.

—Bueno, pensé en darte una sor…

—¡No! ¡¿Qué demonios estabas pensando?! ¡Tomar una ducha es algo privado, maldita sea! —dije con mis ojos abiertos de par en par.

Se río otra vez y se quitó de encima.

Lo miré completamente.

Y Jesús sagrado, perdóname, pero mierda. Sus músculos eran tan marcados que estaba asustada de que fueran a rasgar su piel y salir. Y su… bueno, sólo digamos que nunca he visto algo así en mi vida no-tan-virgen.

—¿Algo que te guste? —dijo, mirándome.

—Fuera —dije, tratando de evitar mirar allí otra vez.

—¡¿Qué?! ¿Estás enojada? No voy a… —él comenzó a decir, una enorme sonrisa jugueteando alrededor de sus labios.

—¡Fuera de aquí antes de que te lo corte en pedacitos! —le grité, tratando de cubrir mi pecho. Él sonrió, mirándome hacia abajo, cuando se dio cuenta de lo que estaba tratando de hacer. Lo miré, viendo el agua caer de su cabello y pecho, aún tratando de evitar el objeto X.

Él me regaló otra sonrisa antes de salir de la ducha, cerrando la cortina tras él.

Lindo trasero, por cierto.

—¿Qué demonios esperas en nuestra luna de miel, de todas formas? ¿Una competencia de ajedrez como el aburrido Edward y la virgen Bella? —preguntó con sorna.

Maldito bastardo.

No le contesté. Sólo esperé a que saliera de mi baño. Cuando la puerta se cerró firmemente, le permití a mi cuerpo que terminara con sus sacudidas.

Jace acababa de verme desnuda.

Y yo lo vi a él.

Fue como si hubiéramos tenido sexo ardiente en la ducha. Sólo que sin el acto real.

Por ese microsegundo me permití pensar en cómo sería si durmiera con Jace. Me refiero a qué, su cuerpo es… jodidamente sorprendente y hermoso. Pero… no creo que él se lo tomaría en serio, como yo lo haría. Él sólo me follaría e iría a la siguiente chica quién sería lo suficientemente paciente como para soportarlo hasta que él le hiciera saber que quiere joderla.

No es justo.

Estoy atada a un mujeriego a quién nunca le voy a importar. No en la manera en la que un esposo debería preocuparse por su esposa.

Ósea, lo entiendo, maldición. No estamos hechos para estar juntos en primer lugar y no es como si la primera vez que lo vi hubiera habido un click o algo. Lo único que sabemos hacer es pelear. Sé que no soy una santa y he sido una perra con él desde el comienzo, pero él no lo está facilitando tampoco.

Quiero casarme con alguien que me ame. En el momento adecuado. No en una forzada decisión. Y lo digo en serio, cuando digo que no es justo para ninguno de los dos.

Me levanté y salí de la ducha, mis piernas temblando como si fueran de gelatina. Después de envolverme en una toalla, caminé a mi habitación, revisando que no estuviera Jace. No había nadie. Mi puerta estaba cerrada y el aire acondicionado estaba bien, no demasiado caluroso, no demasiado frío. Fui a mi cómoda y saqué unas braguitas negras y un sostén a juego, negro también. Me iba a demorar todo el tiempo que quisiera.

Era mi cumpleaños después de todo.

El mundo podía esperarme.

Me senté en mi gigantesca cama y me apliqué loción por todo el cuerpo, incluidas mis mejillas. Luego caminé hasta el iHome y conecté mi iPhone, seleccionando una de mis favoritas listas de reproducción.

Ok, así que necesitaba ropa linda. Jace dijo que íbamos a salir pero no a dónde exactamente.

Hmm…

Me detuve en el espejo de mi tocador y me senté en la silla. Después de pensarlo hice todo un proceso de maquillaje y los resultados fueron asombrosos. Con un enrulador de hierro hice rizos tan jodidamente sexys que ningún hombre podría alejar sus manos de mí.

Ni siquiera Jace.

No era como si necesitara alguna ayuda con eso, de todas formas.

Esto era completamente nuevo para mí. Normalmente, no soy tan chic, pero he estado cambiando últimamente. No me pregunten por qué. Antes, no me importaba lo que los hombres pensaran de mí, pero ahora es muy importante.

Maldición, mi cabello luce muy sexy. Con hermosos rizos. Y mi maquillaje… bueno.

Mi rostro lucía como una muñeca de porcelana. Una muñeca de porcelana muy sexy.

Tocaron a la puerta de mi habitación en el momento en que me puse de pie.

—Tengo un problema con… —comenzó Jace.

Me congelé.

Yo estaba usando solo mi maldita ropa interior.

—Maldición. ¿Nadie te ha dicho que eres horriblemente inoportuno? —dije con ojos amplios.

Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo y se quedaron algunos segundos en mi pecho.

—Hombres… —murmuré en voz baja y caminé a la puerta de mi armario.

—Uh… y-yo, um, necesito tu… uh… —tartamudeó.

—¿Qué pasa, Jace? —pregunté exasperada. Odiaba cuando los chicos hacían eso.

—Um, no importa —dijo sonriendo. Suspiré molesta.

—Eres tan raro. Te odio, cerdo —murmuré. Él se ahogó con una risa.

—¿Por qué es eso, mi dulce ángel? —dijo, sonriéndole a mi cuerpo.

—¿Podrías, por favor, mirarme a los ojos por algunos segundos, en vez de a mis senos? —pregunté con una ceja alzada. No es como si no lo hubieras visto ya…

Él alzó ambas manos en signo de rendición. Rodé los ojos.

—Sabes qué, no importa, solo vete —dije firmemente, apuntando a la puerta.

—Pero mi amado ángel, podríamos divertirnos. Me refiero a qué, podemos olvidar todos los otros planes y…

—¿Cuáles son esos planes? —pregunté mientras revisaba la ropa en mi armario.

Ew. Rosado.

—Es una sorpresa. O se supone que lo sea —se dijo a sí mismo.

—¿Cómo supiste que hoy era mi cumpleaños? —pregunté, deteniéndome un segundo para mirarlo. Él sonrió y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Pf, tengo mis maneras, cariño.

—Correcto —dije. Ugh. No podia encontrar nada lo suficientemente bueno para usar esta noche.

—Ponte algo sexy y te compraré —dijo, mirando a mi cuerpo de nuevo. Me volteé en su dirección una vez más.

—¿Por qué sigues aquí? —pregunté en un tono aburrido. Él sonrió y desapareció.

—Genial. No solo tengo que encontrar algo decente, si no que sexy, también —murmuré para mí misma.

¡Ja! Mi bombilla de luz mental acababa de prenderse.

Me puse de rodillas y saqué una caja negra. Me había comprado ese vestido la tarde que había salido de compras, incluso aunque no sabía para que podría usarlo.

Me lo puse.

Aclaremos algunas cosas.

Lo admito, soy baja. Sí, soy una persona muy bajita.

Bueno, el vestido es incluso más corto de lo que debería.

Un vestido negro de un solo hombro. Con tacones negros.

Lucía bien, ¿huh?

Pero, ¿no era demasiado?

Gruñí.

Luego Tyser estaba a mi lado, lamiéndome la mano.

—¡Hola, hermoso! ¿Dónde estabas? —arrullé. Él ladro y lamió mi mano un poco más.

—Hm, necesito tu ayuda con algo, bebé —le dije, caminando a mi tocador otra vez. Él fue justo detrás de mí, sentándose y esperándome. Maldición, estaba creciendo tan jodidamente rápido. En sus cuatro patas estaba más alto que mis rodillas.

Tomé mi caja de lápices labiales y me arrodillé frente a Tyser.

—¿Cuál? —le pregunté. Él lamió mi mejilla.

Luego, agarró un lápiz labial rojo con los dientes y lo dejó caer sobre la palma de mi mano.

—¿Este, huh? —dije y luego lamió mi barbilla.

—¡De acuerdo, de acuerdo! —dije riendo. Me puse de pie y fui al espejo del tocador, poniendo el gloss sobre mis labios.

Se llamaba "Pintalabios Burlesque".

Justo como Christina Aguilera.

—Demonios, esto luce bien, Ty. Gracias, pequeño hermoso —le dije. Él ladró y yo le sonreí.

Escuché mi teléfono celular sonar, con la pantalla iluminándose por la llamada.

Suspiré y contesté.

—¿Hola? —dije caminando al balcón, toda la ciudad estaba iluminada, y el viento estaba acariciando mis mejillas.

—Clare-bear

—Oh, hola, Luke.

—Feliz cumpleaños, hermosa —dijo. Sabía que estaba sonriendo, por su tono de voz.

—Gracias —dije con un pequeño nudo en mi garganta. No por favor…

—Wow, estás creciendo tan rápido, Clare-bear —dijo riendo.

—Oh, Luke —dije y mi voz se rompió.

—¿Clary, cariño, qué está mal? ¿Qué pasó? —preguntó, con la preocupación clara en su voz. Me quedé en silencio por un segundo mientras un silencioso sollozo recorría mi cuerpo.

—Clare-bear —dijo él en voz triste. No, no podría manejarlo a él llorando también, no por favor.

—No, Luke, est-está bien —dije con mi voz desinflada.

—¿Acaso Jace…?

—¡No, no! Estoy… estoy bien. Él no ha hecho nada. Es sólo que… estoy un poco triste, supongo —mentí. Me incliné sobre el balcón.

—Entiendo, cariño. Te iba a visitar hoy pero me retuvieron en el trabajo. Lo siento.

—No te preocupes, ¿de acuerdo? Estoy bien —dije reasegurándolo.

—Bueno, te mandé algo. Un pequeño regalo de cumpleaños, ¿ok? —dijo. Me reí, limpiando mis lágrimas cuidadosamente.

—Gracias, Luke —dije sonriendo para mi misma.

—No hay necesidad, cariño —dijo. Escuché a alguien más y Luke respondió. Luego me dijo al teléfono—: Tu madre te desea un feliz cumpleaños y dice que te ama —dijo. Me quedé en silencio mirando la ciudad debajo de mí.

—Dile que la amo también —dije, las palabras amargas en mi boca. Después de despedirme, colgué. Suspiré y caminé de vuelta a mi habitación.

—¡Clary! ¡Muevete! —escuché a Jace gritar desde el primer piso. Rodé los ojos y salí, cerrando la puerta detrás de mí.

Cuando llegué al primer piso, Jace estaba esperándome. Él estaba usando una polera marina de mangas largas y unos pantalones negros. Había arremangado las mangas hasta sus codos y su cabello estaba todo desordenado. Me miró a los ojos con una juguetona sonrisa en los labios. Él lucía…

Bueno… él se robaría muchas miradas femeninas, eso seguro.

Por cierto, estaba mirándome. Me estaba haciendo temblar. Abrí y cerré las manos en puños. Una y otra vez. Él no dejaba de mirarme y tuve que bajar mi mirada al suelo.

—No digas nada. Aún te odio —dije, con una ceja alzada y caminando hacia el elevador. Él me dio una cálida sonrisa y me miró una vez más, su mirada recorriendo mi cuerpo de arriba abajo. Luego asintió en aprobación. Pff… como si necesitara su aprobación. Comencé a morder mi labio inconscientemente.

—Oh, espera un segundo —dijo antes de correr escaleras arriba.

—Sí, lindo trasero —murmuré para mí misma cuando desapareció. Después de algunos segundos escuché como la puerta se cerraba y Jace corriendo escaleras abajo otra vez.

—Todo listo —dijo.

—De verdad espero que te hayas caído —dije entrando al elevador. Él se rio y entró conmigo.

—¿Estás ansiosa por tu celebración de cumpleaños? —dijo mirándome.

—Sí, supongo.

—¿Por qué estas siendo así? —preguntó.

—¿De verdad preguntas? —pregunté con ambas cejas alzadas.

—¡Hey! ¿Cuál es tu problema?

—¿¡Te metiste en mi ducha!? ¡Estaba jodidamente desnuda, tu cerdo! —grité.

—Pff… eso fue nada comparado con lo que podríamos hacer, cariño. ¡Y fue sólo una broma, Clarissa! —dijo sonriendo.

—¡No me digas cariño! ¡Y creo que ya te diste cuenta que no fue gracioso! ¡Y no tengo planes para una luna de miel, tampoco! Al menos no contigo incluído.

—¿Una luna de miel sin ? Sabía que estabas loca pero no creí que fuera tan severo —dijo más para si mismo que para mí.

—Cállate, mujeriego.

—No lo creo, enanita —dijo, mirandome hacia abajo. No dejé de mirarle hasta que me di cuenta que él no perdería. Luego suspire y me alejé de él, cruzando mis brazos sobre mi pecho.

—No lo entiendo —dije.

—¿Qué?

—De toda las personas en este mundo, tenías que ser tú. ¿Por qué tenías que ser tú? M-me refiero a qué, ¿¡por qué tenía que ser yo que casi no te soporto!? ¿Por qué no podia ser una chica que cayera rendida a tus pies, que rogara por estar entre tus brazos y que se pusiera a temblar cada vez que la miras?

En menos de un segundo, Jace estaba frente a mí, presionando mi cuerpo contra el elevador.

—Porque tú, por el otro lado, estás empezando a gustarme, preciosa —dijo, con su rostro cerca del mío, nuestras narices tocándose. Miré a sus ojos dorados. Su aliento erá calido contra mis labios ligeramente entreabiertos. Luego sus ojos viajaron de mis ojos a mis labios.

—No me llames asi tampoco.

—Ok, cariño. Lo que digas —respiró.

—¿Por qué estás haciendo esto? —le pregunté, mis ojos rogándole. Él siguió mirando mis labios y luego suspiró, cerrando sus ojos por un momento.

—Sé que te divertirás esta noche. Sólo mantén tu mente alejada de todos tus problemas. Sólo por una noche. ¿Ok? ¿Puedes prometerme eso? —susurró. Mi respiración era controlada me estaba sintiendo un poco incómoda. Lamí mis labios rápidamente, mirando sus labios.

—Por favor —añadió. Sabía que él estaba tratando de entenderme, entender como me estaba sintiendo y él sabía que me molestaba cada vez que actuaba como idiota. Pero al menos… él estaba tratando conmigo.

—Lo prometo —dije, luego levanté mis ojos a los suyos. Me miró por algunos segundos. Luego bajó su rostro al mío para colocar sus labios junto a mi oído.

—Esa es mi chica —susurró y luego se dio la vuelta, dejandome sin respiración. Miré la parte de atrás de su baeza por algunos segundos antes de que el elevador se abriera de nuevo en la recepción.

—Vámonos de fiesta, querida mía —dijo, ofreciendome su brazo. Arqueé una ceja y traté de pasar a su lado pero él me agarró la mano y entrelazó sus dedos con los mios, y caminó a mi lado. Estaba sorprendida pero lo dejé pasar.

Sólo por esta vez.

Vi a Jace guiñarle un ojo a la chica encargada de la recepción, haciendola casi desmayarse por un Segundo. Rodé los ojos y apreté su mano.

—¿Qué? —dijo sonriendo. Él totalmente sabía que yo lo había visto guiñándole el ojo.

No que mi importara.

Pff… por supuesto que no.

Pasamos las dobles puertas de cristal, pasando al lado del portero.

—Gracias —le dijo Jace.

Ahí fue cuando vi su motocicleta. Una motocicleta burgundy de carreras.

—Uh… ¿q-qué está pasando? —le pregunté a Jace, deteniéndome a su lado tratando de entender que estaba pasando.

—¿Qué? Nos vamos de fiesta, te lo dije —dijo con una sonrisa hacia mí. Luego saltó sobre la moto, encendiendo el motor, y mirándome.

—De verdad no crees que vaya a subirme a eso, ¿o sí? —dije, dando un paso atrás y mirando a la motocicleta con desconfianza.

—¿Por qué no? Eres una chica valiente, ¿no es así? —dijo con una sonrisa tratando de escapar de sus labios. Lo miré, respirando con dificultad. Ok… contrólate… no es como si él estuviera manejando esa cosa por primera vez, ¿no es así? El karma no sería una perra esta noche, ¿cierto? No hay necesidad de eso.

—¿Irás lento? —pregunté. Él me miró y me guiñó un ojo. Bueno, no era una respuesta pero era algo parecido.

Suspiré y caminé hacia él. Sostuve su mano mientras tratada de subirme, sin caerme. Cuando lo logré, Jace volteó la cabeza, tratando de mirarme a los ojos.

—Sujétate a mí, ¿lo harás? —dijo y puso sus manos en las manillas. Sentía como agua helada corría por mi espina dorsal. Tenía nauseas.

Rodeé el estomago de Jace con mis brazos.

Él puso una mano sobre mis manos y apretó suavemente, dejando sus cálidas manos allí por un segundo. Lo miré a los ojos, pero él estaba mirando hacia adelante, profundamente sumido en sus pensamientos.

Él me soltó, repentinamente, como si pensara mejor lo que estaba haciendo, y puso sus manos de vuelta a las manillas y la motocicleta se movió hacia adelante.

Nueva York escuchó el grito de Clarissa Fairchild resonar por la ciudad.