ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Eyes of a Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Capítulo 4: Compuerta.

Abi abrió la puerta de su habitación y entró dentro con un suspiro de alivio; se sentía tan bien estar de vuelta en el castillo. Bora saltó y pió con entusiasmo en su jaula en el segundo en el que el pájaro la vio. El sonido agudo formó una suave sonrisa en los labios de Abi a pesar de la fatiga y el agotamiento persistentes de su primera experiencia de guerra. Fue inmediatamente a abrir la puerta de alambre. El pájaro azul voló fuera con torpeza y se posó en su cabeza, la sorpresa hizo eco a través del rostro de Abi.

La sorpresa se tornó en felicidad rápidamente a la vez que Abi alzaba la mano para acariciar al pájaro. "¡Has empezado a volar otra vez!"

Bora pió orgulloso en respuesta y luego empezó a acicalar los mechones azules crispados del pelo de Abi.

"Lo sé. Necesito un baño. Un largo, agradable, cálido y perfumado baño." Le dijo Abi mientras rascaba gentilmente la cabeza del pájaro. "Después de eso voy a dormir en mi gran cama con su cómodo colchón. No en un catre militar."

Todo lo demás podía esperar hasta la mañana siguiente.

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Unos días después Abi se encontró caminando a través de la terraza del castillo con las luces del amanecer. El sol alzándose pintaba las nubes de rosas, morados y rojos anaranjados. Ella bostezó, deseando estar todavía en la cama mientras Bora se quedaba dormido en su hombro. Sin embargo, un Lord muy rico de la frontera oriental de Kouka llegaría en unas pocas horas. Considerando la gran influencia que ejercía el Lord, Abi pensó que sería mejor revisar todos los preparativos y asegurarse de que su visita tuviera una buena impresión. La última cosa que necesitaba el Rey Hiryuu era hacer más enemigos porque él no entendiera la delicada danza de las sensibilidades de la nobleza.

"¡Seiryuu!"

Abi cambió su atención hacia la alta voz. Hakuryuu estaba debajo en el patio de entrenamiento de los soldados supervisando a los nuevos reclutas, con su garra la hizo un gesto para que bajara. Abi suspiró ante el desvío pero fue a reunirse con él. Mientas bajaba las escaleras, se dio cuenta de que los alumnos seguían lanzándola miradas en medio de su práctica. O más específicamente, trataban de conseguir un atisbo de sus recientemente renovados ojos de dragón.

"¿Qué pasa, Hakuryuu?"

"Voy a enseñar a Ouryuu los fundamentos de la lucha con espada. Él por lo menos necesita saber cómo defenderse a sí mismo si va a ir al campo de batalla con nosotros." Comenzó Hakuryuu mientras observaba a los soldados con un profundo ceño fruncido. "Creo que tú también deberías unirte a nosotros."

Abi giró la cabeza, sus ojos dorados se fijaron en la radiante luz de la mañana. Uno de los soldados trastabillo y dejó caer su espada de prácticas. El arma de madera cayó pesadamente sobre el suelo mientras sus compañeros resoplaban y bromeaban sobre su descuido.

"No veo que eso me vaya a ser útil." Le respondió y golpeó al pájaro azul que dormitaba con un dedo. "No tengo que pelear físicamente para utilizar mi poder, y una vez que mi poder se vuelva en mi contra soy incapaz de moverme."

Hakuryuu la miró, su rostro mostraba abiertamente su preocupación. "Precisamente por eso creo que deberías aprender. ¿Qué pasaría si alguna vez estás en una situación en la que no puedas permitirte resultar paralizada y ninguno de nosotros estamos cerca?"

Abi cambió de postura y se mordió el labio, un diente como un colmillo se asomó. A parte de su poder, realmente no tenía ninguna manera para defenderse. Eso estaba bien para una mujer noble que se mantenía lejos del campo de batalla, pero Abi ya no era simplemente una noble.

"Está bien." Le respondió Abi. Miró al soldado del que se habían burlado por dejar caer su espada hace un momento. Él volvió a mirar rápidamente a los dos dragones. Dándose cuenta de los ojos dorados fijos en él, casi tropezó con sus propios pies. Otra ronda de risas hicieron eco entre los demás soldados mientras un ceño se formaba en los labios de Abi. "…Pero no quiero aprender donde todo el mundo pueda verme."

"Está bien. Decidiremos un momento y un lugar con Ouryuu más tarde." Hakuryuu asintió antes de dirigirse de nuevo hacia el grupo de entrenamiento. "Parece que los reclutas tienen problemas de concentración. Un poco de disciplina debería corregir eso. Nos vemos luego, hermana pequeña."

"¿Hermana pequeña?" Abi parpadeó una vez mientras le veía gritar órdenes a los soldados. "Te estás tomando esta idea de 'la sangre de los hermanos dragones' demasiado en serio, Hakuryuu."

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Horas más tarde se situó en la parte inferior de los escalones del patio público y vio como el carro del Lord entraba a través de las puertas del castillo. El esperado invitado pronto arrastró los pies fuera del carro, un lacayo fue rápidamente a su lado. Era un hombre corpulento de fino pelo castaño, vestido con ropas de seda exquisita y adornado con las piedras preciosas más raras.

"Bienvenido al castillo Hiryuu, Lord Heo." Le saludó Abi con una cortés inclinación de cabeza. "Como muestra de gratitud por vuestro apoyo durante la guerra civil de nuestro Rey, cada detalle ha sido supervisado por mi personalmente para que su visita aquí sea agradable."

Abi volvió a levantar la cabeza, sus irises dorados captaban la luz de forma más brillante que cualquiera de las gemas que llevaba Heo. Ella se dio cuenta del momento en el que sucedió; vio las pupilas del Lord dilatarse y su pulso acelerarse a la vez que se quedaba embelesado.

Hasta cierto punto Abi estaba esperando esto. Aunque sabía que ella había sido atractiva antes de beber la sangre de dragón, era un atractivo sutil: una cara de forma espléndida con una buena piel y una delicada figura. Nada en ella había llamado la atención abiertamente. Sin embargo, decir que los ojos de dragón eran de conocimiento público era un eufemismo. Abi se estaba acostumbrando a que las personas se quedaran aturdidas ante la belleza de sus nuevos ojos.

"Lady Seiryuu." La respondió Heo. Dándose cuenta de que se había quedado mirándola durante una cantidad de tiempo casi maleducada, él la devolvió la reverencia. "Es un honor ser recibido personalmente por uno de los famosos Guerreros Dragones del Rey Hiryuu. Estaré bajo su cuidado durante mi estancia."

Abi lo había estado esperando sin embargo se dio cuenta de que no estaba preparada para ello. Los soldados, los sirvientes, los Lores menores: algunos de ellos interesados en ella como mujer serían lo suficientemente audaces como para no intentar cortejar a un superior. Sin embargo, un Lord como Heo estaba en su mismo rango social. Y por la mirada que la estaba dirigiendo – sus ojos se deslizaban por todos su cuerpo como si fuera una valiosa joya que codiciara – Abi sospechó que tenía toda la intención de cortejarla.

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Esa noche Abi había organizado a los músicos para que entretuvieran a Lord Heo y su séquito. La melodía fluyó por la habitación como una gentil brisa. Heo también parecía bastante contento con el buen vino y la comida rica que le ofrecían. Todo estaba yendo muy bien. Abi se mordió ligeramente el labio, un gran diente canino se asomó, y consideró hacer una retirada táctica mientras el Lord estaba distraído. Sin embargo, Abi le había recalcado a su Rey lo importante que sería esta visita. La desaparición de la anfitriona iría contra el decoro del noble y sería susceptible a provocar una ofensa.

"Mi Lady, Seiryuu." La atención de Heo estaba una vez más sobre ella. "He oído rumores de que usted es hija del Clan Yoo."

"Mi padre es Yoo Min-chul, el actual líder del Clan." Le confirmó Abi con una sonrisa cortés.

El rostro de él se iluminó a la vez que se inclinaba más cerca de ella. No lo suficientemente cerca como para ser considerado inapropiado, pero lo suficientemente cerca como para que Abi sintiera como si un ave carroñera se cerniera por encima de ella.

"Entonces la madre de Lady Seiryuu es la famosa flautista, Yoo Mi-ja" La sonrisa de Heo era de satisfacción y, a pesar de que no lo dijo abiertamente, había una petición en su voz. "He deseado escuchar la música de la Dama por lo menos una vez pero, por desgracia, nunca tuve la oportunidad."

Abi trató de no fruncir el ceño pero falló. "Disculpe, Lord Heo, pero yo no comparto el talento de mi madre con la flauta o con cualquier otro instrumento."

"Ya veo…" Su sonrisa también vaciló pero se recuperó rápidamente a la vez que colocaba una mano encima de las de ella. "Estoy seguro de que una Dama como usted tiene muchos otros talentos."

Abi tuvo la tentación de darle al Lord una lista: arreglo de flores, el dominio de la ceremonia del té, habilidades de gestión, ingenio e inteligencia, y la habilidad de matar a hombres con solo una mirada. Abi se las arregló para contener su lengua con mucho esfuerzo. Sin embargo, ella apartó sus manos de la suya y las colocó en su regazo.

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Tres de los cuatro dragones se reunieron en una zona del jardín de hierba cubierta por grandes setos. Abi disfrutó de la intimidad y de una tarde de respiro de su actuación como anfitriona. Dejando sus pensamientos y frustraciones por el Lord de lado, Abi observó atentamente como Hakuryuu les demostraba las posturas y movimientos básicos con la espada. La posición de sus brazos y pies, su centro de gravedad, y los músculos que eran utilizados fueron señalados. El fornido dragón finalizó la demostración y miró a sus dos autodeclarados hermanos menores.

"Está bien. Probadlo vosotros dos."

Bora tomo eso como una señal para volar de su hombro hasta un arbusto y comenzar a arreglarse las plumas, mientras tanto Abi y Ouryuu cogieron sus espadas de prácticas. Abi – recordando la demostración con vividos detalles – cambió de postura de forma fluida. A su lado, Ouryuu hizo lo mismo mientras sus apagados ojos verde azulados miraban críticamente sus posturas.

"Seiryuu." Comentó Hakuryuu. "Sujeta la espada un poco más alto."

Abi hizo el ajuste, sus brazos temblaron por el peso de la espada. Hakuryuu asintió y luego se giró hacia Ouryuu. Incluso Abi podía decir que su postura estaba mal con un alto margen.

"Ouryuu, cambia tu agarre y levanta la espada más alto. Tu base también tiene que ser más amplia."

Ellos continuaron mientras el sol y las tenues estrellas flotaban lentamente a través del cielo cian sin nubes. Finalmente Abi tuvo que tomarse un descanso, todo menos colapsar en el césped en el que había estado de pie. Jadeó mientras el sudor resbalaba por su frente. Entre su piel cubierta de sudor y su dolor de músculos, Abi ansiaba un baño relajante de flores perfumadas. Mientras descansaba, Hakuryuu y Ouryuu continuaron. El aire silbaba con cada golpe de práctica mientras Hakuryuu murmuraba correcciones. A pesar de su lucha por mantener la postura correcta, Ouryuu todavía estaba lleno de energía y era capar de blandir la espada de madera con una fuerza constante. Realmente parecía que podría estar practicando durante horas.

Con un gemido de cansancio, Abi decidió que eso era bastante molesto. Levantó una mano para protegerse los ojos de un rayo de sol que incidía sobre su cara. Bora voló de regreso a Abi y se encaramó en su mano levantada con un piido.

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Fue la noche después del primer entrenamiento de defensa personal de Abi y Ouryuu. El Rey Hiryuu y sus Dragones estaban teniendo una informal cena privada. Abi no estaba particularmente hambrienta, ya que ella había asistido a la cena de Heo hacía apenas una hora, y pidió solamente una copa de vino de ciruela. Se sentía dolorida y rígida por todo el ejercicio de antes y estaba sentada un poco incomoda por ello. Una mirada de reojo al perfil de Ouryuu la mostró que, a pesar de haber practicado durante al menos una hora más que ella, él no mostraba signos evidentes de estar dolorido o cansado. Con esto se ganó una mirada molesta de Abi.

"¿Estás enseñando al inútil y a la princesa desmayos a pelear? Eso tengo que verlo." Ryokuryuu se rio ante la noticia. Sus ojos dorados le lanzaron una mirada penetrante por usar ese apodo, pero él lo ignoró con un perezoso encogimiento de hombros antes de estirarse hacia el otro lado de la mesa para llenar su plato.

"Seiryuu lo está cogiendo rápidamente. Más rápido de lo que aprenden la mayoría de los reclutas." Le respondió con casi un orgullo radiante. "Y la persistencia y resistencia de Ouryuu son admirables."

Ouryuu se detuvo brevemente en su tarea de rellenar su boca de asado para sonreír ante el cumplido, mientras que Abi tomó un sorbo de vino y simplemente decidió no mencionar que sus ojos de dragón la daban ventaja a la hora de aprender las posturas.

"¿Oh?" Ryokuryuu frunció la frente con interés. "Así que juntos podrían ser un luchador medio decente. Aunque apuesto a que eres demasiado flojo con los que llamas queridos hermanos pequeños, Hakuryuu. Quizás yo debería enseñarles como es una verdadera pelea."

"No creía que te preocuparas tanto por nosotros, los débiles desconocidos." Intervino Abi secamente a la vez que colocaba la copa de porcelana de vuelta en la mesa con un golpe sordo.

El Rey Hiryuu se rio entre dientes, con un afectuosa cadencia en su voz. "Shuten tiene problemas para ser sincero."

Ryokuryuu le fulminó con la mirada a la vez que un color rosa pálido cruzaba sus mejillas. "¿De qué estás hablando, Rey imbécil? ¡No me preocupo por ellos! Solo quiero comprobar si el entrenamiento servirá de algo."

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Los rayos del sol de media mañana se vertía a través de los nubarrones hasta el balcón privado con vistas a los jardines. El Rey Hiryuu y Lord Heo ya estaban sentados en la mesa. Sus voces llenaban el aire suavemente mientras Abi salía por la puerta con una bandeja de té en sus manos.

"Mi milicia puede manejar bien a los díscolos grupos de bandidos, pero siempre estoy preocupado de que las tribus del norte ataquen nuestras rutas comerciales que van por las montañas a mi ciudad." Habló Heo mientras frotaba con su pulgar uno de sus anillos.

Abi pudo sentir como su atención cambiaba hacia ella cuando dejó la bandeja y comenzó a preparar el té. Ella se concentro en los lentos movimientos de triturar, medir, y verter para bloquear las medias miradas del Lord.

"Eso supone un problema." Comentó el Rey. "Hablaré con los generales de mi ejército y Guen sobre la formación de una patrulla."

"Eso es todo lo que puedo pedir, Rey Hiryuu." Heo bajó la cabeza levemente antes de volver a fijar su atención en ella. "No deseo nada más que fortalecer nuestra alianza y lazos."

A Abi le tomó todo su esfuerzo señalar fríamente la implicación oculta. La expresión del Rey permaneció gratamente neutral. Era casi imposible decir si él lo había captado o no, sin embargo Abi sospechó que su Rey era ajeno a ello. Abi se dio cuenta de que el té estaba debidamente impregnado, tenía un perfecto color verde pálido. Ella vertió la primera copa y la colocó en frente del Rey Hiryuu.

"Gracias, Abi." La dijo arrugando los ojos con cariño.

Ella puso la segunda copa delante de Lord Heo. Los músculos de su muñeca temblaron a propósito y su mano chocó con la de ella, piel contra piel. Aunque Heo murmuró una disculpa a continuación, era obvio para ella que no había sido un accidente. Abi no dijo nada, en vez de eso vertió una tercera copa de té. Entonces se sentó también en la mesa, su asiento ligeramente más cerca del Rey Hiryuu. Heo la miró confundido, claramente no esperaba que ella se uniera a ellos como una igual.

"Las tribus del norte no pueden simplemente atacar en cualquier lugar. Si se convierten en un problema, sería fácil para mí encontrar sus campamentos base." Sugirió Abi antes de tomar un sorbo de su té. Quizás Heo finalmente se había percatado de que ella no estaba interesada en ser su esposa, concubina, o una amante de cualquier tipo.

Quizás.

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Un día Ryokuryuu hizo una aparición en sus prácticas, la siempre presente luz estelar era débil debido un gris espeso que cubría el cielo. Un viento frió llevaba el olor de una lluvia inminente, aliviando a Abi mientras las gotas de sudor recorrían su frente. Hakuryuu se lanzó hacia delante, su estocada apuntó al costado de Abi. Incluso aunque Hakuryuu estuviera conteniendo la fuerza de su brazo de dragón, ella sabía que no sería capaz de igualarle. En vez de bloquearle, Abi se salió fuera de su camino. La espada de prácticas falló en golpearla por un pelo. Hakuryuu esperó medio segundo antes de volver a pasar a la ofensiva. Sin embargo, sus ojos de dragón no solo lo vieron venir sino que también vio una abertura que había estado esperando durante todo el combate. Con un estruendo de choque de armas zumbando en el aire, su desviación sacó la espada de prácticas de las manos de Hakuryuu.

"¡Finalmente lo has hecho, Seiryuu!" La animó Ouryuu desde un lado a la vez que Bora piaba desde su hombro, después de haber considerado al chico una percha temporal digna.

De pie al lado de Ouryuu, Ryokuryuu apoyó su peso en su lanza. Su expresión no era impresionada. "Hakuryuu, si realmente estuvieras tratando aferrarte a tu espada, Seiryuu no habría sido capar de desviarla."

"El punto es que Seiryuu se acostumbre al movimiento." Le respondió Hakuryuu mientras cogía su espada de encima de la hierba.

Ryokuryuu se giró hacia Abi y la mostró sus dientes puntiagudos. "Hey, Seiryuu, ¿qué tal un combate conmigo?"

Sus ojos dorados miraron fijamente al hombre, con su sonrisa molesta y sus oscuros ojos orquídeas mirándola con condescendencia. Abi lo consideró. Por un lado sabía que una novata como ella no tenía esperanzas de derrotar a un guerrero endurecido como Ryokuryuu. La única pregunta sería cuanto tiempo podría mantenerse al día y cuánto querría humillarla él. Por otra parte, la oportunidad de ser capaz de golpearle con la espada de prácticas en la cabeza era bastante atractiva.

"Está bien."

La sonrisa pícara de Ryokuryuu se amplió, el viento fluyó a través de sus largos mechones verdes mientras permanecía de pie. Los nervios revolotearon dentro de ella repentinamente. Abi tragó y se preguntó si acababa de cometer un terrible error. Pero como ya había dado su consentimiento en voz alta, no había forma en la que Abi se pudiera echar atrás ahora.

Ouryuu les miró alternativamente a ambos con aprensión flotando en sus ojos claros. "Me parece una mala idea."

"Probablemente." Concordó Hakuryuu. Sin embargo tenía una media sonrisa llena de interés, parecía más interesado en mirarles o en unirse a ellos que en detenerles. Ouryuu decidió silenciosamente que él era el único cuerdo.

Sin ninguna advertencia Ryokuryuu se abalanzó con su lanza. Abi lo vio venir y se lanzó fuera de su camino; maldiciendo mentalmente porque, por supuesto, él utilizaría una peligrosa hoja real en vez de una espada de prácticas. Ella recuperó el equilibrio y giró su espada a su costado. Ryokuryuu la bloqueó con esfuerzo y la empujó. Él volvió a atacar mientras Abi se tambaleaba. Ella se las arregló para desviarlo, sus brazos y sus aún inestables piernas temblaron por el esfuerzo. Ryokuryuu sonrió, y de repente los pies de Abi fueron barridos por debajo de ella. Su cabeza golpeó el suelo bruscamente, el dolor envió destellos blancos a sus ojos.

"¡Seiryuu!"

"¿Estás bien?"

Tanto Hakuryuu como Ouryuu dieron un paso adelante, con la preocupación cruzando sus rostros.

"Ella está bien. Seiryuu no ha golpeado el suelo con la fuerza suficiente como para hacerse ningún daño real." Ryokuryuu hizo un ademán con la mano ante la preocupación de los otros dos y luego miró hacia ella con una leve sonrisa. "Bueno, te has mantenido firme durante casi un min-"

Sus ojos dorados brillaron misteriosamente bajo la luz tenue mientras Abi parpadeaba hacia Ryokuryuu. La venganza por el hecho de haber estado jugando con ella surgió como una ola imparable. La confusión cruzó el rostro de él cuando el dragón azul se cernió sobre él repentinamente. Él luchó contra su mirada fija, sus músculos se esforzaron inútilmente. La fuerza en la que Ryokuryuu confiaba tanto era inútil contra ella. ¿Cómo sería si el poder de los ojos de dragón mordía la pierna de dragón? Quizás otro Guerrero Dragón no sería tan fácilmente devorado como un mero humano. Ella quería probarlo. Quería saborearlo, aplastarle y devorarle. Ella estiró la garra de su poder hacia esas escamas jade brillantes y-

"¿Ryokuryuu? ¿Seiryuu?"

La voz de Ouryuu hizo añicos su concentración. La plena consciencia de sus acciones golpeó a Abi. Como si un hierro caliente estuviera quemando sus manos, ella liberó a Ryokuryuu de su agarre mental. El contraefecto se estrelló contra ella pero, como ya estaba boca abajo en la hierba, a Abi no le importó mucho su parálisis mientras los pensamientos de pánico giraban alrededor de su cabeza adolorida.

"Ese es un poder espeluznante, Seiryuu." Comentó Ryokuryuu a la vez que se sentaba a su lado.

"Te lo merecías." Intervino Hakuryuu.

Ouryuu asintió de acuerdo antes de moverse hasta el otro lado de Abi, el pájaro azul en su hombro pió suavemente. "¿Cómo se siente tu cabeza?"

"Estoy bien." Le respondió ella a la vez que cerraba los ojos y miraba las nubes grises desplazándose por encima de ellos. Una sola gota de lluvia cayó del cielo y chocó encima de una hoja de hierba. Un arco iris minúsculo se formó brevemente mientras el agua se dispersaba. La sensación de hormigueo de la parálisis comenzó a menguar. Después de un leve esfuerzo, apartando la mano extendida de Ouryuu, Abi volvió a ponerse de pie.

"He terminado por hoy."

Abi se marchó con la incómoda dignidad de alguien que había metido la pata pero no quería reconocerlo abiertamente. Ouryuu frunció el ceño con preocupación mientras ella desaparecía por el otro lado de los setos, el pájaro azul abandonó su hombro para volar detrás de ella. Ryokuryuu se incorporó de la hierba, apretando los puños para poner a prueba su movilidad, antes de alzar la mirada para encontrarse con la mirada severa de Hakuryuu.

"¿Qué?"