Cabe recalcar que los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, de su saga Crepúsculo. Yo solo utilizo los personajes sin fines de lucro.

Este fic participa del Reto Normal "Aquelarre y Nómadas" del foro "Sol de Medianoche".

Genero: AU.

Raiting: M.

Emoción: Tristeza.

Pecado: Vanidad.

PD. El asterisco en Margaret, es porque aunque se le conoce como Maggie quise suponer que era un diminutivo de su nombre de pila, o así lo tomare en en este capitulo, ya que es el único lugar donde la mencionare de esa manera y solo para que sonara mas formal la manera en que se dirigen a ella en determinada parte. Solo eso.


Cuatro: Seguridad.

Un golpe en mi hombro me hizo alzar los ojos de lo que era mi dibujo, o más bien garabatos, encontrándome con Dante que hacía señas al frente, donde el profesor me fruncía el ceño. Me encogí de hombros, en lo que para mí era una disculpa, pero él negó con la cabeza, acercándose. Intenté guardar la libreta donde había estado rayando, pero él replico que no lo hiciera. Temerosa de empeorar las cosas, la deje en su lugar, con mis manos a cada lado de ella. Cuando llego a mi lado, le echó un vistazo y su rostro paso de molesto a curioso.

-¿Lo hizo usted, señorita?- inquirió, mirándome con interés a través de sus lentes. Asentí una sola vez, sintiendo mi rostro arder cuando su sonrisa se amplió-. Es usted muy buena dibujando, Margaret*, ¿Ha pensado en tomar un curso, para mejorar técnica?

Ni siquiera había abierto la boca para responder, cuando Siobhan ya lo había hecho por mí.

-¿Ella, dibujar? Si difícilmente puede respirar y caminar al mismo tiempo.

El salón entero estalló en risas. El profesor gritaba para apaciguarlos mientras Dante me dirigía una sonrisa triste. El profesor no me dijo nada más cuando las risas cesaron, por lo que volví mi atención al dibujo, segura de que no me reprendería por hacerlo.

Cuando el timbre indicó que la clase termino, no dude en tomar mis cosas y salir corriendo. Entre más pronto llegara a mi casillero, mejor. Así estaría todo listo antes de que a Siobhan se le ocurriera derribarme de nuevo.

Se podría decir que arrojé con fuerza mi cuaderno y libro de español, solo para sacar a tirones el material de geografía, en cuanto todo se vio en mi mochila, la puerta del casillero se cerró frente a mis narices, haciéndome pegar un respingo. Las uñas de color carmín, junto con las distintas pulseras y anillos, me dijeron que no me había librado de ella después de todo.

-Siobhan- musité, sin saber que más decir.

-Solo diré esto una vez, enana. No te metas conmigo, ¿Entendido? Así como tampoco te quieras lucir, porque te aseguro que te derribare antes de que termines de imaginarte cualquiera de tus estúpidos sueños, ¿Bien?- la miré sin comprender, a lo cual ella me mostró una sonrisa. Una que indicaba peligro en cada borde-. El profesor me ha amenazado a causa de tratarte así, como te lo mereces. Así que ni se te ocurra ir de nuevo con la queja, que sabré que fuiste tú, estúpida.

Quise replicar, decirle que no había dicho nada, pero su mirada era suficiente para congelarme en mi lugar. Así que me quede quieta, esperando. Ella al final mostró una linda sonrisa. Nada que ver con la de depredadora y dio una palmada en mi mejilla.

-Callada y sumisa, no te ves tan mal.

Tragué en seco, observándola alejarse con una seguridad que bordeaba lo petulante. Una seguridad, que yo no tenía.

Siobhan 4 – Maggie 0