-Albert estaba expectante para escuchar quien había embarazado a Candy.

-Alistair, hay cosas que te diré cuando tengas más edad, todavía estás muy pequeño para comprenderlas.

-Tan siquiera dime si mi padre está vivo.

-Si, tu padre está vivo.

-¿Es un buen hombre?

-Si, ahora te voy a cantar para que te duermas.

Albert pensó: Como puede decirle que es un buen hombre si la abandonó estando embarazada.

Candy se puso su bata de seda para dormir, le dio sed y fue por una jarra de agua a la cocina.

Albert estaba en un rincón tomando agua, Candy entró había una lámpara con luz tenue, el admiró la silueta de Candy en silencio, tratando de ahogar su respiración agitada.

El pensó: Si jovencita me atraía ahora que es toda una mujer me enloquece, siempre traté de ahogar mi amor y mi pasión por ella porqué pensé que nunca sería correspondido, con esas cartas entre nosotros mientras viajaba por negocios hubiera jurado que ella también me amaba, tan a tiempo los ancianos del clan me dijeron del compromiso con Marlid, según casándome con ella lograría buenas relaciones comerciales y fue al contrario su hermano fue el que se benefició con nuestra unión, dejé el verdadero amor por las disposiciones de mi familia, ¿De que sirvió todo eso? Ahora estoy arruinado, divorciado y Candy tienen un hijo de un desconocido, ¿Será qué la vida nos está dando otra oportunidad para estar juntos?

-Candy- Dijo Albert y ella pegó un brinco por el susto.

-Señor Andrew, ¿Acaso quiere que me muera infartada? ¿Qué hace escondido en la oscuridad?

-Vine a tomar un vaso de agua, me alegra que hayas aceptado cuidar de mi tía.

-Me convencí al ver a George sumergido en él alcohol, es un buen hombre y no quiero que se pierda.

-Ah, fue por él que aceptaste.

-Si

-De todas maneras se te agradece, por cierto tu hijo es muy simpático al igual que tú.

-Gracias

Albert pensó: ¿Quién te acarició, quien te hizo suya? ¿Quién me robó tu amor?- Albert dijo: Te dejo, trataré de dormir a ver si puedo.

-¿Padeces insomnio?

-Padezco insomnio desde que te dejé de ver, por cierto si vamos a vivir en la misma casa, creo que es necesario pedirte disculpas por lo que te dije la última vez que hablamos. ¿Me perdonas?

- Si Señor Andrew , le perdono.

-Si es cierto eso dime Albert nuevamente ¿Podemos sellar nuestra reconciliación con un abrazo?

El se acercó a Candy y se abrazaron, ambos respiraron profundo para oler la fragancia del ser amado, esa noche pudieron dormir con una sonrisa en los labios.

A la mañana siguiente Albert y George salieron después de desayunar, por medio de los diarios contactaron a un hombre que estaba buscando socios para la creación de una inmobiliaria, ellos llevaban consigo 5,000 dólares ya que con eso se inscribirían, llegaron al edificio, unos asaltantes les salieron al encuentro, los encañonaron subiéndolos a un auto los despojaron de sus pertenencias les dieron unos cachazos a cada uno y los tiraron en una esquina.

-¿Qué habrá pasado con estos muchachos?-preguntaba inquieta la señora Elroy.

-Tranquilícese señora Elroy, le gustaría que le sirviera un poco de té.

-Sí por favor.

El pequeño Alistair le empezó a cepillar el cabello a la señora Elroy para relajarla cosa que funcionó.

Al anochecer Albert y George llegaron a su casa con sus camisas salpicadas de sangre, La señora Elroy se exasperó y dijo:

-Otra vez viene borracho George, ¿Pero que les pasó? Acaso pelearon en la cantina.

-No tía, nos asaltaron quitándonos todo el dinero que llevábamos ese negocio era una trampa y caímos redonditos.

-¡No se puede con la gente! ¡ya viene el fin del mundo!- exclamó la señora Elroy.

Candy se acercó y les revisó la cabeza.

-Tendré que darle unas puntadas en la cabeza, Alistair tráeme mi maletín de enfermera.

-En seguida mamá.

-¿No me va a doler señorita Candy?-preguntó George.

-Aunque le duela, le tengo que costurar la herida.

El pequeño Stear le llevó el maletín a su mamá, ella agarró lo necesario para desinfectarles y cerrarles la herida, George gritaba en cada punto.

-No llore Señor George, aguántese, mi mamá le dará una paleta cuando termine de costurarle-lo animaba el pequeño Alistair.

Fue el turno de Albert a Él sólo le dio dos puntos, Alistair le dio una paleta a cada uno.

-Mamá cuando sea grande quiero ser valiente como el Señor Andrew, porque no gritó cuando lo costuró.

Albert sonrió.

Fueron al comedor para cenar, todos estaban con caras largas, el pequeño Alistair comentó: Bueno pudo ser peor, además ya tienen una cicatriz para presumirles a sus amigos, la más ostentosa es la del Señor George, ¡se ve impresionante!

Todos sonrieron y se pusieron a cenar.

Pasaron los días, Albert y George se deprimieron un poco, El pequeño Alistair trataba de animarlos y distraerlos con sus travesuras.

Albert salió a la calle a meditar lo que haría, pues si habían caído en una trampa con poco dinero sería terrible que les quitaran todo, mientras la policía limpiaba la ciudad de toda la escoria tenían que sobrevivir de algo, fue a una peluquería porqué le estaba creciendo la barba y observó que todos los que llegaban le contaban sus anécdotas al peluquero, y que algunos le hablaban de los negocios que estaban emprendiendo, Albert salió apresuradamente de la peluquería y compró todo lo necesario para ser peluquero. Habilitaron una parte del garaje pusieron espejos, sillas especiales, la señora Elroy, Candy y Alistair espiaban por la ventana.

- ¡Vamos George! con alguien tengo que practicar

-Señor William, mi bigote no por favor.

-¡William, esto es una locura! Déjale al pobre hombre su bigote en paz-suplicó la Señora Elroy

-Tía, de alguna manera tenemos que subsistir mientras encontramos un buen negocio.

-¿Por qué mejor no buscas empleo de oficinista?

-Porque las filas para conseguir un solo empleo son kilométricas, tía todo Chicago está desempleado.

Albert le pasó la navaja a George y le cortó disparejo el bigote dejándoselo como Cantinflas.

-No te preocupes George, para la próxima lo haré mejor.

-¡No habrá próxima Señor William!-dijo George enfadado.

Albert practicó el corte de cabello, le ponía un traste en la cabeza a George para cortárselo parejo, al final tuvo que raparlo porque le había quedado mal.

-¡William! ¿Qué le hiciste a George? ¡Parece un prisionero de Guerra!

Alistair dijo: Ya crecerá abuelita

Candy había salido a comprar la despensa para hacer la comida y dejó al niño.

-¡Ahora córtamelo a mí!-dijo Alistair

-No hijo, si te lo llego a cortar mal, tu mamá me va a regañar.

-Necesitas practicar, córtame el cabello-insistió Alistair.

La señora Elroy se puso nerviosa.

-¡No William! no le arruines sus rizos al niño.

-Tiene razón Alistair, necesito practicar.

Albert le cortó los ricitos de oro a Alistair, todo disparejo.

-¡Tía ahora sólo faltas tú!

-No dejaré que pongas tus manos en mi cabeza William.

Alistair convenció a la señora Elroy, mientras Albert le cortaba el cabello, Alistair estaba sonriente. El niño pensaba: ¡El Señor Andrew es gracioso! Cada travesura que se le ocurre, está peor que yo.

Candy llegó a la casa y encontró a Alistair con una gorra, a la señora Elroy con un sombrero, vio a George y no lo reconoció.

-¿Qué busca aquí? ¿Quién lo dejó pasar?-preguntó Candy

-Soy George señorita Candy.

-¡George que le pasó?

-Lo mismo que al niño Alistair y la Señora Elroy.

-¡Mamá! ¡el señor Andrew me cortó el cabello estilo afro!

Candy le quitó la gorra a Alistair y casi se infarta. Le dio la bolsa de compras a George y fue a reclamarle a Albert.

-Albert ¿Qué le hiciste a mi hijo?

-El insistió.

-¿Y tú muy complaciente no? Si te pide veneno se lo vas a dar.

-No Candy.

-No quiero que le vuelvas arruinar el cabello a mi hijo, ¿Lo escuchaste?

-Si Candy, no volverá a ocurrir.

Luego de eso para seguir practicando el corte de cabello, Albert puso un letrero que decía se regala un pan si se deja cortar el cabello, varios indigentes hicieron fila para poder agarrar un pan con café.

Como era una zona privilegiada donde estaba la casa de los Andrew el Alcalde de Chicago vio la peluquería de Albert y entró a cortarse el cabello.

-Buenos días-dijo el Alcalde

Alistair dijo: Pase usted, tome asiento, ahorita viene el gran peluquero Mister Andrew, para atenderlo en breve.

Albert salió y encontró al Alcalde de Chicago sentado en su peluquería.

-William Albert Andrew ¿En dónde aprendiste a cortar cabello?-preguntó el Alcalde

-En uno de mis viajes a Escocia, fui voluntario para cortarle el cabello a varios soldados a lado del peluquero del Rey Jorge VI.

-Vaya, me sorprendes Andrew, si me cortas bien el cabello te recomendaré a mis conocidos.

-Oh gracias.

Albert usó el traste para cortárselo parejo.

-¿Por qué me pones eso en la cabeza?

-¡Es una técnica francesa!-dijo el pequeño Alistair.

Albert y George sonrieron.

El alcalde quedó encantado y le pagó el doble a Albert.

Luego de eso el Alcalde fue a un club clandestino ahí estaba el ex cuñado de Albert.

Arthur Robertson ¿adivina quién me cortó el cabello?

-No tengo idea y creo que no me interesa.

-Fue tu ex cuñado William Albert Andrew, por cierto está cuidando de un pequeño muy simpático.

-¿De un pequeño?

-Sí, mientras estuve ahí, vi asomada en la ventana a la señora Elroy Andrew y había una mujer muy hermosa, que me supongo es la madre del niño.

-¿Cómo es el niño?

-Es rubio, de ojos verdes.

-¡No puedo creerlo! William y Candice están viviendo bajo el mismo techo-pensó Arthur Robertson.

Hola chicas actualicé este fic porque se me hace más fácil y porque tengo ensayo.

Saludos a Todas y Gracias por sus comentarios, que me incentivan a seguir continuando con la historia.