Holiiii mis queridísimos lectores XD

Okay, he aquí un nuevo capítulo, pero déjenme advertirles, estoy hablando acerca del pasado de Maui, por lo que ni Moana ni Tane aparecerán aquí por el momento. Voy a ir metiendo partes como ésta a lo largo de todo el fic para ir explicando alguna que otra cosa importante. Pero no se desanimen, que en el siguiente cap ya veremos a Moana y a Maui salvar el mundo como siempre y de paso, haremos que vayan avanzando un poco más en su relación, ¿qué les parece? =)

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¿Qué cosa era la luna?

¿Eran los ojos llorosos del padre cielo mirando a su esposa, la tierra, desde las alturas?

¿Era la responsable de regir los ciclos de las mareas?, ¿quién decidía la hora, el momento y el lugar en dónde el sol debía ocultarse sobre el horizonte?, ¿la única fuente de luz en medio de la obscuridad de la noche?

Hina, a pesar de su corta edad, se debatía todas éstas cuestiones apoyada en el tronco de una palmera cercana a la playa. Su padre ya le había advertido que no era seguro salir de noche fuera de la casa, pero la niña no podía evitarlo. De todas formas no iba a poder dormir, nunca podía hacerlo cuando era luna llena.

¿Y la cuestión?

La cuestión era que Hina era una niña "especial" o al menos eso era lo que decía la gente de la isla. Era especial porque su piel y sus cabellos eran completamente blancos, porque sus ojos eran azules, porque había nacido en luna llena y porque desafortunadamente, su padre era el jefe de la aldea.

La gente decía que ella era un regalo de la luna y de ahí su color, que gracias a ello las tormentas y los huracanes no tocarían jamás aquellas tierras, que ella tenía el poder de controlar las mareas y que algún día, gracias a sus virtudes, un día un hombre poderoso o incluso un Dios la tomaría por esposa y su descendencia haría a su pueblo el más fuerte de todos

Pero Hina no quería creer en todo eso. Ella no tenía poderes, no podía controlar las mareas, no era un regalo de la luna y por sobretodo no quería ni deseaba desposarse con nadie. Ella quería que su piel fuera morena, quería que sus ojos tuvieran un lindo color café como el resto de las isleñas, quería que su padre fuese un humilde pescador y no la cabeza al mando del lugar. Porque de esa forma ella podría pasar más tiempo jugando con los otros niños en vez de dedicarse a estudiar las estrellas junto con los ancianos de la isla; podría aprender a tejer cestos y a treparse en las ramas de los árboles para arrancar sus frutos en lugar de tener que quedarse a escuchar los largos y aburridísimos relatos acerca de las rutas de navegación. Y no tendría que verse obligada a escaparse durante las noches para escuchar las historias de su abuelo junto a la fogata como el resto de los niños de su edad.

La niña apoyó una de sus blancas y pequeñas manos en su mejilla y suspiró. No importaba cuánto deseara que las cosas fuesen distintas, nada iba a cambiar.

-¡Oye tú!, ¿qué haces ahí?- un niño de mayor edad, de finos y lisos cabellos negros y ojos color azabache. No muy entrado en carnes pero tampoco menudo en extremo, con un cuerpo alargado y bronceado por la cantidad de horas que solía pasar al aire libre interrumpió sus pensamientos de forma abrupta.

-N...no puedo dormir- se forzó a responder Hina con la voz trabándosele por la angustia que le producía el niño que estaba frente a ella.

Se hacía llamar Kai, pero ella sabía que ese no era su verdadero nombre. El chico no tenía padres y los ancianos de la isla se habían encargado de cuidar de él y ese nombre se lo había puesto él mismo en un intento por no revelar el verdadero al resto de la aldea. El porqué no lo sabía nadie y la terquedad del niño por no rebelarlo había obligado a todos a aceptar ese nombre como el verdadero. Solía ser uno de los niños más inteligentes de toda la región, pues aquellos hombres sabios se habían encargado de saturarlo con tanta información como ahora lo hacían con Hina.

Desde el nombre de todas las estrellas y constelaciones, hasta los secretos de navegación y de cultivo, todo lo sabía hacer y decir a la perfección. También era bueno para cualquier clase de actividad o deporte al aire libre e incluso llevaba el primer lugar en las competencias de nado entre los otros niños.

Kai, desde luego, era el pupilo perfecto. Sólo tenía un pequeño defecto y es que era un pesado. Tanto sobresalir en absolutamente todo le había hecho un mocoso petulante y egocéntrico a quien le encantaba jactarse de sus atributos y empequeñecer a los demás. Lo peor de todo era que también sabía cómo sacar provecho de cualquier persona y cualquier situación si el momento se le presentaba y no le importaba en lo más mínimo sobre quién tuviera que pasar con tal de conseguir lo que deseaba. Lo peor de todo era que el padre de Hina había prometido toda una dotación de pescado a cualquiera que la obligara a regresar a casa durante sus excursiones nocturnas.

Obviamente Aukai, su padre, la había atrapado en más de un par de ocasiones con las manos en la masa y siempre que lo hacía se ponía furioso, pero ella era muy terca y finalmente, el jefe de la isla, había tenido que verse obligado a tomar medidas drásticas.

-Heh, sí como sea, sabes que me darán una buena recompensa por tí ¿cierto?- continuó diciendo Kai con una sonrisa malévola al tiempo que se iba acercando a ella lenta y peligrosamente.

Hina se incorporó de un salto del suelo arenoso y sin pensárselo dos veces, salió disparada en dirección a la selva.

Desafortunadamente, Hina sabía también que sus pies eran algo torpes y tal como estaba previsto, Kai, con su reputación de gran corredor, terminó por alcanzarla y levantarla por las piernas para llevársela cargando en la espalda como a un bulto cualquiera.

-¡O-oye!, ¿qué haces?, ¡suél-ta-meee!- chilló la niña al tiempo que lo golpeaba en la espalda y hacía pataletas con sobrado coraje.

-Llora todo lo que quieras, sabes que no voy a hacerlo- sonrió Kai con una frialdad aterradora y en lo que restó del camino de vuelta a su casa no volvió a cruzar palabra con ella, pese a las constantes súplicas de la princesa.

Hina terminó por rendirse en su forcejeo tan pronto divisó la entrada de la aldea. Había cientos de chozas de madera con techos de palma frente a ella, una hoguera gigante que aportaba luz, calor y seguridad al pueblo por las noches un par de metros más adelante y justo al final del complejo de casas se hayaba la más grande y suntuosa de todas, el recinto del gobernante, su hogar.

La niña suspiró pesadumbrada, dejándose llevar por Kai con resignación.

-No quiero ir a mi casa- musitó por el simple deseo de querer constatar el hecho- No quiero que me sigan obligando a tomar leccciones aburridas todo el tiempo y tampoco quiero casarme. Pero supongo que a ti no te importa así que si vas a preguntarme algo sólo estoy hablando conmigo misma- se dirigió a Kai poniendo los ojos en blanco.

El niño no dijo nada, tras un par de minutos llegó a la choza del jefe, llamó a la puerta con aburrimiento y finalmente respondió.

- Ni tus problemas, ni los de nadie más me importan un palmo y por eso pienso que estás siendo muy boba al querer contármelos. Nunca prestas atención a lo que dicen los ancianos y por eso no puedes pensar en una buena solución. Tienes la cabeza hueca niña, ¿cómo sabes que no quieres hacer ninguna de esas cosas si nunca lo has intentado en realidad?

Hina frunció el entrecejo ante aquella respuesta tan grosera. Esa era la primera vez que mantenía una conversación tan larga con Kane y en ese momento realmente esperaba que fuera la última.

Sin embargo, tal como todo lo que ella deseaba, las cosas no resultaron de esa manera. Kai siempre estaba junto a ella en las clases impartidas por los ancianos. Después de todo él vivía ahí. Siempre estaba junto a ella en las lecciones de navegación y siempre la llevaba cargando sobre su espalda de regreso a casa de sus padres por las noches, a pesar de todos sus berrinches y pataletas.

Hina terminó por acostumbrarse a soportar su odiosa compañía, pero su altivez la ponía tan enferma que... después de mucho pensarlo, decidió tomar aquel consejo tan burdo. Comenzó a intentar hacer las cosas por convicción. Después de todo, si ella lograba ser más perfecta que Kane en todos los sentidos tal vez y sólo tal vez, su egocentricidad desaparecería o tan siquiera se haría mucho más soportable.

Así pasaron los años, no obstante, Kai nunca cambió. Hina por otra parte se convirtió en toda una líder. Una chica inteligente y sensata, aunque también muy inocente. Siempre estaba atenta a las necesidades de los demás y gracias a eso, se había convertido en la adoración del pueblo. Digamos que...su personalidad contrastaba demasiado con la de Kai.

Cierta tarde, algunos días después de que la princesa cumpliera dieciséis años, una gran noticia se esparció por la aldea. La madre de Hina acababa de encargar un hijo varón.

La chica no podía estar más feliz, cierto era que se había pasado los últimos seis años trabajando como una loca para convertirse en una buena gobernante algún día, pero el hecho de que su madre fuera a dar a luz a un primogénito para ella había sido algo más que alucinante. ¡La responsabilidad por fín desaparecería de sus hombros! Si su hermano nacía como un niño sano y fuerte ella por fín podría tener una vida más normal, tal como siempre lo había soñado. No volvería a asistir a las reuniones de los ancianos, podría desposarse con quien a ella se le viniera en gana y sobretodo, no tendría que volver a toparse con Kai a menos que fuese algo totalmente necesario.

Caminando por la playa con una sonrisa enorme estampada en la cara y los pies descalzos sumiéndose en la arena, la princesa comenzó a bailar a la orilla de la playa con sobrada felicidad. No obstante, aquello duró solamente un instante, pues antes de que se diera cuenta, ya se había tropezado con alguien a medio camino.

-¡Ay!- exclamó Hina al tiempo que se sobaba la retaguardia adolorida- lo lamento mucho, ¿se encuentra bien?- preguntó la chica inmediatamente después.

-No, yo lo lamento- respondió una voz osca y grutural.

La chica sintió cómo un sudor helado la recorría de pies a cabeza. Jamás había escuchado aquella voz en todos los años que llevaba viviendo ahí y en cierta forma le daba algo de miedo, sin embargo, se obligó a voltearse para encarar al sujeto en cuestión pues no podía darse el lujo de actuar con tan poca educación tras haberlo tumbado en el suelo.

Se trataba nada más y nada menos que de un hombre de mediana edad, con el cuerpo huesudo y un aspecto torpe y desaliñado. Su ropa estaba cubierta de polvo por todas partes y tenía la cicatriz de una quemadura espantosa que le recorría más de la mitad del rostro.

Hina se apartó de forma involuntaria con cierto temor y al ver ésto, el hombre intentó incorporarse para desaparecer del lugar, pero la fuerza en las piernas comenzó a fallarle y terminó por caer nuevamente.

- Oh no, permítame ayudarle- se apresuró a decir Hina mientras ponía uno de los débiles brazos del hombre sobre su espalda.

El sujeto la miró compasivo- eres una buena niña-dijo con voz débil.

-¿Hacia dónde se encuentra su casa señor?- instó la otra con preocupación ignorando el cumplido. Gruesas gotas de sudor se derramaban por la cara del hombre de forma dramática y Hina temió que tuviese fiebre.

-Por allá- continuó el otro señalando hacia el lado norte de la isla.

Hina no hizo más preguntas y procuró dirigirse hacia allá lo más rápido que le fué posible. Le parecía un tanto extraño que alguien habitara ahí, sobretodo un hombre tan vulnerable como aquel, pues nadie vivía por esos lares. La vegetación era pobre, el suelo infértil y los ríos de agua dulce escaseaban.

Encontraron una choza muy vieja y un tanto destartalada tras caminar por un periodo de quince minutos entre la selva. Al llegar, la princesa notó con preocupación que la casa estaba casi desierta y no había mucho que pudiera hacer por el hombre con tan pocas herramientas al alcance. Así pues, hizo lo más senzato que podía hacer en ese momento y decidió partir hacia su casa una vez hubo dejado al extraño descanzando en un catre deshilachado que le servía de cama.

Veinte minutos más tarde, Hina acudía al auxilio del aldeano con una cesta llena de unguentos, hiervas medicinales, mantas, comida, agua potable, entre otras cosas.

Durante diez días, ocupó todo el tiempo libre que tenía entre sus deberes diarios para poder cuidar de aquel hombre. Siempre llegaba a su casa para ponerle un paño mojado en agua fría sobre la cabeza, cambiar las mantas de su cama y preparar un caldo para el enfermo para darle de comer en la boca.

Afortunadamente su estado de salud fué mejorando día con día y en poco tiempo, Hina y el extraño, quien posteriormente se dió a conocer como Nohokai, entablaron una bonita amistad.

La conversación de Nohokai siempre era amena e interesante, pues era un hombre que se había encargado de explorar el mundo e iba y venía de cualquier parte en el momento que el precisara y sin una sola atadura. Sabía cómo extraer agua del tronco de cualquier árbol, cómo determinar el momento justo en que una tormenta iba a presentarse y cómo aprovechar la luz del sol al máximo, de modo que nunca se quedara con tareas pendientes al siguiente, pues había que aclarar que en aquella época, el sol salía únicamente por un lapso de ocho horas y el resto del día era sólo obscuridad, ente muchas cosas más.

-Tan sólo necesitas fabricar un reloj de bolsillo- le explicó un día mientras se incorporaba del catre aún con algo de trabajo.

-¿Qué cosa es un reloj?- preguntó la chica curiosa, al tiempo que removía la sopa que había hecho con un cucharón, para después servirla sobre un cuenco de madera.

-Ven, acércate- la instó Nohokai con un torpe movimiento de manos.

Hina tomó el cuenco con cuidado al tiempo que iba dónde la cama del hombre para tomar asiento junto a él.

Nohokai se llevó las manos al cuello para luego mostrarle un collar tejido con fibras naturales. Éste llevaba una ruedita de hueso tallado en la punta, con doce rayitas cuidadosamente pulidas sobre su superficie para indicar los minutos y las horas, a modo de dije, con una piedrecilla de color verde en el centro.

-Ayúdame a ponerme en pie jovencita, para que pueda mostrarte- continuó el hombre al tiempo que comenzaba a levantarse.

Hina hizo lo propio y juntos llegaron hasta la puerta a paso lento.

Nohokai se situó de espaldas al sol, y con una mano temblorosa alzó el reloj en el aire hasta que un rayo de sol iluminó la piedra.

-El único problema con éste artefacto es que necesitas tener un día soleado para poder utilizarlo, pero el truco es simple, te sitúas en dirección sur, inclinas el reloj hasta que aparezca un rayo de luz a través de la piedra y listo... ¿ves el puntito de color que aparece junto al número siete?, eso indica que sólo falta una hora para que el sol desaparezca. Entonces el puntito se moverá hacia el número ocho- indicó con voz ronca- el resto de los números que quedan en el reloj, son el número de horas que hay de obscuridad.

-¡Vaya!- exclamó la chica atónita. -"Qué invento más gracioso"- pensó, desde luego saber calcular el tiempo que tenías a partir de los primeros rayos de luz solar, facilitaba mucho las cosas.

-¿Cree que pueda enseñarme a fabricar uno?- volvió a preguntar Hina con gran interés.

Nohokai asintió con cordialidad al tiempo que se quitaba el colgante con el reloj- Toma, necesitarás encontrar una piedra exactamente igual a ésta a las orillas del río. El resto de las herramientas y los materiales los tengo yo, pero deberás apresurarte, pues el sol está por ocultarse- la apresuró.

Hina no perdió un segundo y después de darle las gracias al hombre, salió disparada en dirección al río.

El lugar estaba a media hora de camino de la casa de aquel hombre y apenas a diez minutos desde su propia casa. El río tenía unos seis o siete metros de ancho, pero la saliente del mismo era poco profunda y las corrientes no eran demasiado fuertes en esa época del año. Estaba bordeado por cientos de helechos y arbustos pequeños, al igual que de rocas de distintos colores y tamaños.

Tras veinte exhaustivos minutos de búsqueda, Hina finalmente encontró una piedra similar. Las piedrecillas de aquel río eran gruesas y afiladas y sus manos terminaron por cubrirsele de heridas, pero la chica sonrió al comprobar que la piedra funcionaba una vez la hubo colocado a contra luz.

Entonces, con mayor alegría que antes, se dedicó a volver en dirección a la casa de Nohokai. No obstante, a medio camino se topó con una escena de lo más desagradable que le impidió regresar de forma definitiva, pues Kai y aquel hombre se encontraban a la orilla del mar peleando de una forma muy agresiva.

Kai sostenía al débil cuerpo de Nohokai por el cuello con fiereza al tiempo que exclamaba:

-¡Serpiente inmunda!, ¡habla de una buena vez!

-Y-yo... lo siento joven...no...no sé de qué está hablando- tartamudeó el otro con las pupilas dilatandosele por el miedo.

-¡No te atrevas a desconocerme cobarde, sabes perfectamente quién te está hablando!, ¡¿dónde diablos está Hina?!

-Aquí estoy- lo cortó la otra con cierta indignación al contemplar semejante escena- éste hombre está viejo y enfermo Kai, desconozco el motivo de su pelea pero te agradecería que dejaras de tratarlo de esa manera.

Kai dirigió su mirada hacia Nohokai con un fuego que le indicaba al viejo la cantidad de rabia que estaba conteniendo en ese momento, pero finalmente terminó por ceder y soltarlo con marcada brusquedad. Luego se dirigió hasta Hina, le arrebató el reloj y la piedra que tanto le había costado encontrar en el río, arrojo la piedra al mar con furia y le entregó el colgante al hombre con los mismos ademanes. La princesa protestó inmediatamente, pero Kai apenas y le hizo caso. Entonces, dirigiéndose a Nohokai, exclamó:

-Tienes exactamente tres días para reestablecerte y largarte de la isla en el primer barco después. Si no veo tu trasero montado en uno para cuando ese lapso de tiempo finalice, te aseguro que no tendré compasión de tí, ¿me has entendido?

Y acto seguido, y sin esperar a que Nohokai respondiera, Kai tomó a Hina de la mano y la llevó léjos de aquel lugar.

-¿Pero qué...- comenzó a decir Hina sin entender qué era lo que estaba sucediendo- ¿Qué es lo que estás haciendo Kai?, ¿por qué te comportas de esa manera?, aquel hombre no le ha hecho nada a nadie y tú de repente vas y le hablas de un modo tan grosero y...¿Kai?, ¡oye!, ¡¿estás escuchándome?!- refunfuñó la otra al ver que el chico no hacía amago de estar prestándole atención.

Kai no respondió, simplemente la obligó a sentarse en una roca. Acto seguido, cortó las hojas de un árbol cercano, que se caracterizaban por tener una superficie bastante rasposa y las colocó sobre el regazo de la chica antes de girarse para tomar agua del mar con un cántaro.

-Frótate las manos con eso- la instó antes de darse la vuelta.

Hina alzó una ceja malhumorada- ¿qué?- preguntó sin comprender su extraño comportamiento.

-Sólo hazlo y aprésurate, que el sol está a punto de desaparecer- gruñó Kai sin voltearse a mirarla.

Hina suspiró con pesadez al tiempo que acataba la orden sin mayores objeciones. Kai estaba de un humor terrible y no tenía ganas de seguir discutiendo.

Segundos más tarde, Kai llegó con el cántaro lleno y acto seguido, vertió todo su contenido sobre las manos de la chica.

-Deja de hacer preguntas estúpidas y no vuelvas a acercarte a ese hombre, ¿me entendiste? O de lo contrario tendré que llevarte cargando a casa siempre que te pierda de vista como cuando éramos niños- la sermoneó tan pronto terminó de curarle las manos.

-¿Y tú quién te crees que eres para prohibirme ver o no a alguién?, ¿mi padre?- contestó Hina cortante y sin querer mirarlo a la cara.

Kai sonrió con ironía- No, pero ya seré responsable de eso cuando se presente el momento.

-¿A qué te refieres?- Hina lo observó con el miedo reptando por su estómago. Kai sonreía apenas en contadas ocasiones, y siempre que lo hacía, era un signo de malas noticias.

El chico se encogió de hombros- Dentro de poco tiempo se realizará una competencia en el lado norte de la isla. Serán sólo algunas semanas de entrenamiento, pero eso definirá quién será el más apto para desposar a nuestra querida princesa- dijo dirigiéndose a Hina con una sonrisa burlona.

Hina permaneció completamente helada por un momento, pero luego sonrió igualmente, aunque aquello era más un impulso nervioso que un acto de falsa cordialidad- estás loco, mi madre está en cinta- rió con nerviosismo- no hay necesidad de que mi padre...

-Tu madre ya está muy grande para encargar un hijo y lo sabes. Y el peligro de perder al bebé es alto. ¿Acaso crees que tu padre es tan tonto como para tomar el riesgo de quedarse sin un heredero a éstas alturas del partido?- se burló Kai- sólo quiero recordarte, que la palabra derrota no entra dentro de mi vocabulario y que por supuesto yo espero ser el siguiente jefe al mando mi querida Hina.

La chica se levantó de su asiento como un resorte y dándole la espalda a Kai, salió corriendo de aquel lugar hacia ningún sitio en específico. Tan sólo quería que la distancia entre ambos se alargara lo más posible. Aquello no era cierto, no podía ser cierto. El niño nacería bien, su madre siempre había sido una mujer fuerte. Ella no iba a casarse con Kai, nunca lo haría. De todos los hombres del mundo él no podía ser su esposo. Era una persona cruel y despiadada. No quería pensar en cuál sería el futuro del pueblo con él al mando.

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Y ésto es todo por hoy gente bonita, por cierto, necesito saber, ¿qué piensan de Kai?, es un personaje un tanto ahem...complicado, pero bueno, realmente quiero saber cuál es su primera impresión. Así sea buena o mala, si lo odian díganlo y si les agrada pues también pero déjenme saber su opinión.

Como siempre recuerden que los amooooo y que me encantan todos y cada uno de sus comentarios, nos vemos en el siguiente cap, ¡bye!