—¿Qué haces? ¿Por qué le hablas así? —pregunta el niño.

—Le es más fácil aprender los sonidos si los hago así, de este modo los repite y aprende a hablar antes —le explica el romano.

—Pero si no te entiende, es muy pequeño —le mira a los ojos.

—¡Anda! ¿Quién dice que no? Ya verás llámale por su nombre, veras como te mira al saber lo que dices y reconocer tú voz.

—Claro que no le entiende... Lo que oye son voces que conoce —interrumpe un poco Britania.

—No solo eso, grítale y ya verás cómo llora, pero si te ríes se ríe también.

—No es como que no hayamos visto nunca un niño...

Escocia mira a Roma con la boca abierta porque lo que no ha visto es a un hombre con un bebé. Y menos su hermano.

—¿Entonces cómo puedes decir que no te entiende? —responde Roma a Britania, ahora meciendo a Irlanda de otra forma para hacerle dormir.

—Pues no te entiende.

—Te entiende en la medida de lo que puede, tampoco el chaval mayor te entiende si hablamos de ciertos... temas —esa cara—. Y no significa que no te entienda.

—¿Cuáles ciertos temas? —pregunta el escocés con eso y Britania entiende rápidamente de que temas habla.

—¡NINGUNOS!

Escocia parpadea y levanta las cejas... yendo directo a su madre. Roma se ríe sin dejar de acunar a Irlanda que me parece que está empezando a dormirse.

—Ninguno, absolutamente ninguno. Tu entiendes todo —protesta ella apretando los ojos.

—¡Yo entiendo todo! —exclama Escocia sacándole la lengua a Roma, que le sonríe tiernamente.

Britania se relaja un poquito con Escocia que parece conforme con la respuesta. El romano mira a Britania de reojo con complicidad, sin intención de ponerla en problemas ahora.

—Ahora es la hora de cenar y luego... De dormir —mírala que conveniente, luego de dormir y con la cabeza tapada y los oídos también.

Roma se muere de risa con eso y Escocia sonríe sentándose a la mesa sin entender de qué se ríe Roma.

—Shut up... —protesta ella sonrojándose—, ¡no es lo que crees!

—No, no... claaaaro...

—Ningún "claaaaroooo", ¡es en serio!

—En serio, en serio —asiente aun en burla.

—¿De qué habláis? —pregunta Escocia.

—De... De nada. ¡De nada! ¡No hablo de nada!

—¡Sí estás hablando! ¡y él se ríe!

—Pues se ríe porque... ¡No se ríe!

Roma se ríe más con eso, así que Escocia mira a Britania con cara de circunstancias.

—Whaaaat?! —roja como un tomate.

—Sí se ríe y tú estás roja.

—¡No estoy roja! —manos a la cara.

—Sí estás roja, mum...

—Es que tengo... Calor.

El escocés la mira con muy convencido de eso.

—¡Es verdad! —huye a los trastos, sirviendo un poco de avena con leche que se ve... DEPLORABLE.

Roma sigue riéndose suavecito y mira a Irlanda que ya está KO y babeándole completamente dormido y abrazado a él. Es tan molesto. El romano le acaricia un poco la cara y el pelo con suavidad mientras Escocia atrae su leche con cereales hacia sí.

—Bueno... Después de todo esto no me has contado casi nada de tu casa —asegura Britania sentándose frente a Escocia.

—¿Cómo que no? ¿Qué más quieres... qué es eso? —se detiene los cereales babosos en el bol de leche.

—Quiero que me cuentes más en realidad... Ahora te daré medicina para el pie —se asoma a ver lo que mira—. ¿Qué es qué? ¡¿Quieres también?!

—¡No! ¿Pero qué demonios le has dado? —pregunta con cara de asco mientras Escocia se lleva una cucharada con una cuchara demasiado grande a la boca con absoluta tranquilidad.

—¿Qué demonios le he dado de qué?

—Está como... huele... y... —cara de incredulidad/asco. Britania le mira ahora sí sin entender en lo absoluto la problemática.

—Es avena... ¡Y la leche está fresca!

Él la mira de nuevo no muy convencido.

—¿Por qué no te llevas al pequeño a la cama para que no se despierte...? —propone.

—Mmmm... Fine —le mira intensamente unos segundos antes de levantarse y extender los brazos hacia él.

Roma separa a Irlanda con cuidado tendiéndoselo para que se acerque y ponga los brazos debajo sin que se despierte. Ella le abraza cargándole, rozándole el pelito con los labios.

El romano levanta la cara en ese momento y se quedan un instante bastante BASTANTE cerca. Britania levanta las cejas, traga saliva y por un segundo siente maripositas en el estómago, casi como si... Bueno, si en algún momento podría haber imaginado su vida con un hombre sería justamente así...

Él le sonríe y acaba de dejarle a Irlanda en los brazos un segundo antes de incorporarse un poco y darle un beso rápido en los labios. Britania parpadea y echa la cabeza hacia atrás, COMPLETAMENTE descolocada. Roma sonríe aun un poco más con su cara.

—W-What...

—¿Aja?

—¿Qué fue eso?

—Un beso.

—B-B-But... Shh!

El romano le guiña el ojo otra vez, sonriendo. Ella vacila un segundo y súper sonrojada sale de ahí corriendo.

Roma... Le has dado su PRIMER beso. Bueno, ha sido un buen primer beso. Escocia sigue mirando a Roma con la boca abierta pensando que es COMPLETAMENTE RARO y Britania se va a tardar un poco en volver...

—¿Qué le has hecho a my mum? —pregunta Escocia.

—Le he dado un beso —le sonríe el romano.

—¿Para qué? —ojazos.

—Pues... para que sepa que me gusta —explica llanamente.

—¿Ella te gusta? —levanta las cejas.

—Sic, claro —asiente.

—¿Por qué? —mira hacia la puerta no muy convencido.

—Bueno, ella es bonita y... tu hermanito... Me pareció una chica muy valiente y me dieron ganas de besarla.

Escocia inclina la cabeza sin entender.

—¿Qué pasa? ¿Que no crees que tu mamá sea bonita?

El niño se encoge de hombros.

—Seguro a veces pasan algunos hombres por aquí con ella ¿a que sí?

Él se lo piensa y asiente.

—Pero tú eres el más raro.

—Ah, ¿sí? ¿Por qué? ¿Cómo son los demás?

—Rubios. Y no hacen dormir a Eire. Ni le dan besos.

Britania les espía un poquito

—Bueno, eso es porque esos hombres no son tan listos como yo y no saben hacerlo.

La británica frunce el ceño sin haber oído lo anterior.

—Siempre se meten en el cuarto y yo me voy a jugar afuera cuando están aquí. Son un poco aburridos —se encoge de hombros—. Pero tú hablas conmigo y con Eire... ¿Por qué?

La pelirroja inclina un poco la cabeza porque a Escocia no ha alcanzado a oírle bien.

—Es que a mí me gustan los niños, yo también tengo hijos en casa... quizás un día pueda traerlos para que juegues con ellos ¿te gustaría?

El escocés se lo piensa, un poco desconfiado, pero luego asiente porque después de todo, Irlanda aún es muy pequeño.

—¿Cómo son tus hijos?

Britania considera que es un buen momento para volver, pensando que no es tan terrible ni vergonzoso el tema de conversación se sienta cruzando los brazos y frunciendo el ceño.

—Pues ellos... —Roma la mira de reojo cuando vuelve—. Son un poco más pequeños que tú. Pero mayores que tu hermano, ya andan y hablan y juegan. El mayor seguro que te gustaría mucho, es muy divertido, siempre se está riendo y diciendo bromas. ¿Tú sabes alguna broma?

Escocia niega con la cabeza y Roma busca algo entre sus cosas.

—¿Qué buscas? —pregunta Britania.

—Una cosa que he perdido... —se muerde el labio mirando alrededor con el ceño fruncido, mirando bajo la mesa.

Britania levanta las cejas y mira a Escocia inmediatamente, sutilmente. Escocia la mira porque es que no ha podido estar a solas con las cosas de Roma todavía.

—A ver si... ¿Tú? —le pregunta a Escocia el romano y este levanta las cejas asustado.

—What?

—A ver... —le pone la mano tras la oreja al niño, que flipa sin entender qué hace—. Ah! ¡Aquí está! —el clásico truco de sacar una moneda de detrás de la oreja. Las cejas del escocés suben hasta el techo. Y las de Britania también porque pensaba otra cosa... Y... ¿Era eso una moneda?

—Para ti si te vas a dormir ahora con tu hermano —propone Roma tendiéndosela. Britania se sonroja, aunque le gusta un poquito la idea pero... Peeeero.

Escocia se lleva la mano a la oreja y se le ponen los ojos con el símbolo del dólar. Se levanta corriendo ahora queriendo ir a probar si a él le sale ese truco... Con un poco de suerte solo acabara con ambas orejas rojas como su pelo. Tras dar dos pasos vuelve, mira a Roma, toma la moneda y luego se va corriendo.

—Le has dado a mi hijo una moneda.

El romano se ríe con todo esa vacilación y luego se vuelve a Britania.

—Para miel y golosinas. No es una de mucho valor, no te preocupes.

—No... No necesitas darle dinero —inclina la cabeza—. ¿Por qué estás siendo bueno con nosotros? ¿Qué es lo que quieres?

—Es... me gusta este lugar y me gustan ellos. Podemos llevarnos bien —explica.

—Nadie hace nada de todo esto sólo por "llevarnos bien".

—Non?

—No —niega con la cabeza porque ni los padres de sus hijos hacen cosas así.

—Quizás quiero llevarme más que bien y estoy intentando enamorarte —sonrisa del millón de dólares. Britania vacila, se sonroja un poco y desvía la mirada.

—No soy de ese tipo —asegura repentinamente entendiendo las cosas... De otra manera.

—¿De qué tipo? —parpadea sin seguirla.

—No vienes y le das una moneda y yo... —frunce el ceño

—Quid? Non, non, la moneda se la he dado a él a cambio de que se vaya, no a ti.

Ella se revuelve un poquito.

—Sé lo que te hacen los otros hombres. Los del norte... pero yo no soy como ellos. No sé ni si ellos deben darte dinero o pieles o comida o algo a cambio, pero no es mi caso. No voy a hacerte nada que no quieras —le explica y la pelirroja se sonroja más.

—¡No me hacen nada ni me dan nada! —aprieta los ojos nerviosa de repente porque ella no le ha dicho lo que hacen.

—Calma, calma —se ríe un poco.

—¿Qué es lo que sabes de la gente del norte? —de hecho ojalá te dieran muchas cosas a cambio... Así como la manutención de sus hijos. Creo que le darían pieles a veces o algo así, en efecto.

—Conozco a algunos... yo vengo de muy al sur, casi todos están en el norte para mí. Galiae, Germaniae...

—Galia —susurra sonriendo un poquito porque hace tiempo que no la ve y la echa de menos.

—Ella —asiente sonriendo—. ¿La conoces?

—Es mi mejor amiga

—Oh... ¿y nunca te ha hablado de mí?

Britania se revuelve un poquito.

—¿Crees que... Te habría traído a casa de no haber oído de ti?

—¿Quién sabe? Quizás te parecí muy guapo y solamente estás enamorada de mí.

—No!

Él se ríe.

—¿Y qué es lo que has oído?

—Que eres un pervertido y dejas hijos botados por ahí... Como TODOS los hombres.

Roma levanta las cejas y luego frunce el ceño PICADO.

—No dejo a mis hijos por ahí, son lo que más quiero en el mundo.

—Ya, claaaaro. Eso dicen todos —bastante mentira.

—Yo tengo personas de confianza cuidándoles —insiste con el ceño fruncido.

—Pues eso es lo que yo he oído —se encoge de hombros.

—Pues está claro que te lo ha dicho alguien que no tiene ni idea.

—Yo sólo digo que no creas que a mí vas a dejarme así.

—¿Así?

—Así con un bebe. ¡Ya sé que es lo que hacen siempre!

—Espera... quiere decir que solo te han hecho eso... ¿dos veces?

—Ehm... N-No sé... No sé de qué hablas.

—Eso que te hacen para dejarte embarazada.

—¡No! Es decir... Yes... Es decir... Nosedequehablas.

Él se ríe

—¡No te rías! —protesta.

—Claro que me río, ¡mira que nerviosa te pones!

—¡Pues claro!

—¿Y eso por qué? —entrecierra los ojos y sonríe un poco maligno.

—¡Porque sí!

—¿Estás imaginando cositas?

—What?! No! ¡No estoy imaginando nada!

Roma la mira fijamente con los ojos entrecerrados, acusador.

—De verdaaaad! ¡No! —manos a la cara.

—¿Por qué no?

—¡Porque no! Es algo horrible en lo que no pienso.

Roma inclina la cabeza un poco y la mira con cierto desconsuelo.

—No es siempre tan malo, de verdad...

—¿Por qué seguimos hablando de eso?

—Me preocupan tus malas experiencias en ello.

—¿Te preocupan?

—Sic, pienso que... es algo realmente muy bonito y placentero y es una pena que no lo sea para alguien. Una de las pocas cosas realmente geniales de este mundo...

—¿Estás intentando engañarme?

—¡Claro que no!

—Es que no sé qué es lo que quieres...

—¿A ti qué te parece?

—Y-Yo... —parpadea y vacila y se pone más nerviosa aún, humedeciéndose los labios.

—Porque no hacemos una cosa... qué tal si, para empezar, ¿me ayudas con algo en mi tobillo? Y yo, a cambio, te enseño algunas cosas de las que les gustan a las chicas en mi casa.

—Voy a ayudarte con el tobillo y tú me cuentas historias a cambio.

—Mmm... vale —accede pensando que igual van a ser historias sexuales... Roma, por dios. La OBSESIÓN. Ella se levanta yendo a buscar unas... Hierbas, claro está—. Veamos, una historia... —piensa en algo que le sirva.

—Una historia, yes —asiente.

—¿Sabes? Yo debía tener... —la edad de tu hijo mayor—. Unos pocos menos años que tú cuando di mi primer beso.

—¿Tu... Primer beso?

—Sic... pero no un beso como el que te he dado antes, uno de verdad.

—¿Cómo es un beso de verdad?

—Es... diferente, mucho más especial e íntimo. Te hace sentir cosas bonitas aquí en el estómago y una sensación cálida... se hace con los labios abiertos y... en realidad es difícil de explicar.

—Yo creo que me estas inventando cosas —ojos en blanco y se voltea a él.

—Solo se me ocurre una forma de explicarte y a la vez demostrarte que no —sonríe con picardía y se encoge de hombros.

Britania vacila un poquito y se sonroja mucho... Pero curiosidad la tieeeeene y más con lo mucho que le ha dicho Galia. Roma sonríe más con su sonrojo al notar que está pensando lo mismo, pasa una pierna por encima del banco para quedar sentado con estas abiertas y da unas palmaditas en la madera para que ella se acerque y se siente ahí frente a él.

Ella niega con la cabeza con cara de venadito asustado, él abre las manos y deja caer los hombros, como decepcionado, sin dejar de sonreír.

—¿Por qué no? ¿Qué pasa?

Se revuelve un poquito y mira al suelo y cambia el peso de pie

—I...

—No pasa nada, solo es para enseñarte como es.

—I... I... —es que no es que no quiera del todoooo

—¡Ja! Ya sabía yo que las chicas del norte eran débiles. Quieres tener la razón y la única forma es no dejarme demostrarte... claro. Seguro que tienes miedo —el truco maaaaaás viejo. Britania levanta las cejas y le mira, ahora ella PICADA.

—¡CLARO que no soy débil ni tengo miedo!

—Seguro te da vergüenza y tienes miedo de que descubra tú secretito.

—¡¿C-Cuál secreto!? —uy, ahora piensa en sus múltiples secretitos.

—Pues que te gusto, por supuesto —tan seguro de sí mismo. Ella abre la boca, azorada.

—Noooo!

—Demuéstralo —sonrisa de lado y golpecitos de nuevo.

Aprieta los ojos verdes odiándole un poco y seguuuura de que es una trampa. Que lo es. Pero aun así... Él se humedece los labios mirándola sonriendo altivo, esperando a que se decida. Britana da un pasito al frente.

—¿Qué clase de mujer tiene miedo a un hombre desnudo y herido que no es capaz ni de acercarse?

—Ash, sí que soy capaz, idiota —protesta rindiéndose un poco y sentándose incoooomoda.

—Caaaalma, calma —se ríe mirándola—. Ya te he dicho que no voy a hacer nada que no quieras y no te voy a hacer daño.

—Yo estaba curando tu pie...

—Hay tiempo de todo, te lo prometo —levanta la mano y le hace un cariño en la mejilla.

La británica traga saliva y sigue la caricia un poquiiiito, el latino sonríe al notarlo y la sigue un poco bajando a los labios, se los resigue con suavidad. Ella los esconde hacia dentro de golpe pero le mira a la cara tratando de entender lo que está haciendo de verdad. Porque tooodo lo que está haciendo le gusta.

—¿Ves como no soy cobarde?

—Es verdad —se ríe un poco.

—T-Tienes ahora que... Enseñarme lo que has dicho.

—Primero quiero asegurarme del todo, así que tienes que hacer lo mismo que yo —sonríe y le pone una mano sobre un hombro.

Britania da un saltito y mira la mano con ojotes.

—No es nada, solo es una mano en el hombro, venga —le sonríe y le aprieta un poco con ella.

—Eres un hombre raro.

—Soy un hombre único —le asegura guiñándole un ojo. Britania se sonroja un poquito y levanta la mano, le da un golpecito en el pecho con el dorso, él se ríe.

—En realidad... No pareces un hombre.

—¿Y qué te parezco? —frunce un poco el ceño. No lo tomes a mal, Romita... Los hombres son unos bestias brutos para ella que tienen más fuerza y toman lo que quieren cuando quieren y si no les gusta le dan un empujón o un golpe—. Te aseguro que soy un hombre —lleva las manos a desanudarse la tela de la cintura para enseñárselo.

—I-I do not know... Algo... Bueno como un... —se muerde el labio y no le dice dios GRACIAS AL CIELO, porque su movimiento le interrumpe—. ¡No!

—¿No? —la mira.

—No —le toma de las muñecas—. Mejor cuéntame más cosas y yo te curo el pie.

—Vale —sonríe—. Pero espera —le pone una mano en la mandíbula con suavidad—. Primero prometí enseñarte un beso.

Ella le mira a los ojos directamente y entreabre los labios para protestar o decir algo pero... Es que sí quiere que le enseñe y en realidad quiere que le abrace otra vez como hizo un rato atrás en el bosque, no sabe por qué y eso le asusta y le incomoda.

—Venga, te va a gustar... si no te gusta me lo dices y no lo haré más, ¿vale? Pon las manos sobre mis hombros.

Ella lo hace con torpeza, le sonríe y baja él la que tenía en su mandíbula acariciándole el cuello con ella. A Britania se le pone la piel de gallina sin poder evitarlo.

—Hazlo tú igual ahora, acaríciame el cuello —pide haciendo un poco hacia arriba la barbilla pensando que evidentemente a él le gusta tanto tocar como que le toquen y además si ella conoce su cuerpo un poco, no le tendrá tanto miedo. Britania levanta una ceja y arruga la nariz.

—Que YO te haga... —parpadea y se humedece los labios mirándole el cuello y vacilando un poco—. Tienes pelos.

Roma se ríe.

—Sí, los tengo, pero están limpios.

A la británica le da risa esa respuesta en realidad porque no le preocupaba que estuvieran sucios propiamente y le pasa un dedo de la barbilla al cuello. El romano sonríe con eso y entrecierra los ojos un poco ahora dibujándole el contorno de la cara con las puntas de los dedos de la sien a la barbilla notando la cantidad de pecas que tiene y como su mandíbula es bastante angulosa aunque no lo parece.

—Haces muchas cosas muy raras... —insiste jalándole un poco los pelitos del cuello, no demasiado bestia como para que de verdad se quejé.

—Me estoy aprendiendo tu cara —le explica—. Para asegurarme que nunca se me olvida algo tan bonito.

—No digas esas cosas —protesta sonrojándose y apretando los ojos.

—Hazlo conmigo, venga —la insta haciéndole otro cariño—. Pasa tus dedos por mi cara.

La chica lo hace, torpe pero lo hace, mirándole con mucha atención. Roma sonríe, cierra los ojos y sigue el movimiento de la mano de manera evidente.

Traga saliva y se aventura a mover las manos con más soltura al notar que no le disgusta, él la deja hacer como quieeeera, siguiendo sus movimientos. Así descubre que tiene una peca pequeña entre la barbita, y una suave cicatriz en una ceja y la próxima vez va a querer que ustedes le dejen hacer estas cosas, Germania, Escandinavia... Cuando le pasa los dedos por los labios aprovecha para hacerle un besito con ellos.

Ella se paraliza y le mira porque... Es que se siente bonito, ¿saben? Y... Buff, es que es difícil ser tsundere con él de buenas a primeras cuando hace cosas bonitas.

—Ven —susurra Roma con la voz un poco ronca ahora, atrayendo su cara hacia sí y echándose un poco adelante con plena intención de besarla.

Britania le deja hacer, mirándole bastante azorada pero, lo más importante, sin quitarle. Él junta los labios con los de ella sin escuchar ahora la sempiterna voz de Helena en su cabeza repitiéndole "poco a poco, Romí" aun así sus movimientos son suaves y dulces.

Britania abre los ojos como platos, le mira hacer y su reacción instintiva es quitarse... Aunque sin mucho ahínco. Cuando nota que se separa, Roma se va un poco tras ella, porque no creáis que este no piensa también con ciertas partes de su cuerpo y siguiendo sus fuertes instintos sexuales con pasmosa facilidad.

Cierra los ojos verdes y le deja hacer de nuevo cuando ve que le sigue, porque al final no le parece algo desagradable, sólo necesita una poca de insistencia. Pues van a estar un rato en ello porque aunque Britania sabe raro, (a saber qué ha comido) le gusta cómo se mueve cuando tiene el cerebro medio sorbido y aprende rápido.

A Britania le parce que la lengua de Roma se siente como un pez sobre la suya, y esto es raro y humedito pero... Le gusta. Que... prácticos que sois todos joder. Al final él se separa poco a poco cuando cree que ya hay suficiente.

La pelirroja se va un poquito tras él cuando se separa y protesta, el moreno se ríe y vuelve a por ella otra vez.

Sonríe un poquito y cierra los ojos con la segunda ronda de beso... la mano de Roma no tarda en ir a buscarle un pecho a este paso.

Britania da un saltito y se separa como un minuto después de que la tiene en el pecho, Roma parpadea con ello, ella le mira la mano y luego a los ojos.

—Oh —sonríe de lado al notarlo, le aprieta un poco sin hacerle daño en plan moc-moc y se ríe un poco idiotamente también... lo siento, Britania.

En realidad ella levanta las cejas con esto porque es que... Con Germania y Escandinavia tampoco suele ser una cosa muy relajada y de risa. Se sonroja y le pone una mano encima a la suya.


Manual para tener contentos a todos los británicos en cinco minutos, por Roma.