SOMBRAS DE LO QUE SOMOS

Capítulo III

"Haciendo el desayuno"

Sábado, 16 de enero de 1999

Cícero (Indiana)

La noche anterior Lisa Braeden no tenía ni idea de que encontraría al muchacho que recogió su hermana en su bar favorito. Ni que Amber trataría de ligar con él. Fue el primero en el que se fijó esa noche su amiga.

Tampoco se esperaba que el tal Dean las defendiera de un grupo de universitarios disfrazados como los ángeles del infierno que comenzaron a molestarlas. El muchacho comenzaba a caerle bien. A pesar de que le seguía pareciendo un poco bocazas.

Ahora tendría que explicar a su hermana porqué el rubio dormía en el sofá, y no es que se fuera a disgustar porque le hubiera llevado, sino por los motivos. Decidió hacer un poco de meditación, así mataría dos pájaros de un tiro, se centraría y tendría un poco de tiempo para pensar lo que iba a decir a Ger. Se levantó de la cama y tomó su esterilla para hacer sus ejercicios en la cocina y no despertar a su invitado.

- La noche anterior –

Amber la recogió en su coche (si a aquella cosa destartalada y sucia se podía llamar coche) y fueron al "Wheels and Speed" a tomar algo. Lo primero que le había dicho su hermana al salir por la puerta era que no fuera a ese sitio. Pero Lisa ya tenía veintiún años, no iba a dejar que nadie controlara su vida.

Nada más entrar vio al chico de esa mañana, él la saludó con la mano desde la mesa de billar. Su pelirroja amiga nada más verlo silbó "Tía, ¿has visto al de la chupa de piel? Está como un queso" y fue directa a la mesa dónde se estaba disputando una intensa partida.

La morena se ajustó su chaqueta vaquera y pidió un par de cervezas en la barra, una para Amber y otra para ella. Estuvieron un rato viendo al muchacho jugar al billar, se dio cuenta de que sabía mucho más de lo que aparentaba, le sorprendió que al principio se dejara perder. Después, cuando vio como desvalijaba a los universitarios que siempre trataban de ligar con ella, lo comprendió, comenzaba a caerle realmente bien.

Dean las invitó a tomar algo "Unas chicas tan guapas deberían comer algo con la bebida o algún indeseable puede intentar aprovecharse", Lisa casi se echa a reír al ver la cara de su amiga (Estaba a dieta). Amber se enfadó y se unió a los chicos a los que el rubio acababa de desplumar.

- Es la primera vez que una chica se enfada conmigo por invitarla – se rió el pecoso – será mejor que vayas con ella, creo que ha bebido más de la cuenta y esa gente no viene en plan sano.

- ¿qué quieres decir?

- No son moteros, son niñatos haciéndose los duros, eso, aparte de estúpido es peligroso, deberíais iros de aquí, el ambiente huele a pelea – la muchacha pensó que su interlocutor se pasaba de listo, pero se despidió amablemente y se fue con su amiga.

Al final resultó que Dean Winchester tenía razón, en lo de que aquellos tíos no eran legales, y en lo de la pelea. Aunque la iniciara él para evitar que uno de ellos se propasara con Amber cuando salió mareada a la calle a tomar el aire.

Cuando el de la chaqueta de piel convenció a los aspirantes a moteros de que mejor se marchaban sin ningún hueso roto, las llevó a casa en el coche de su amiga. Y Lisa le ofreció quedarse en el sofá, pues aún llevaba con él su macuto, lo que significaba que no tenía dónde quedarse a dormir.

- . –

- ¡Ey Lis!, buenos días – una voz de hombre la sobresaltó desde la nevera

- ¿qué haces? – preguntó molesta

- Tienes mal despertar por lo que veo, haciendo el desayuno, ¿te apetecen unos huevos revueltos? – dijo sacando el envase del refrigerador

Con una sonrisa de oreja a oreja, la primera que le veía desde que la conoció, la muchacha aceptó su ofrecimiento. No es que fuera un gran cocinero, prácticamente era una de las pocas cosas que sabía hacer, pero se puso manos a la obra con gran entusiasmo "Marchando dos de huevos revueltos, tostadas y café"

Lawrenceburg (Tennesse)

El Impala de su padre estacionó frente a la ferretería junto a un carromato negro tirado por dos caballos. Sam se quedó inspeccionando el inusual vehículo mientras John entraba en el establecimiento para reponer algunos elementos de su arsenal que debían fabricar ellos mismos.

Un chico de la edad del más joven de los Winchester le miró a escondidas desde el interior del carromato. Sam saludó con la mano sin decir nada. De la tienda salieron dos hombres, uno joven, de veintipocos años y otro mayor, con una gran barba que recordó al chico el viejo de la película "Único testigo". Le saludaron educadamente con un gesto y él correspondió amablemente, retirándose de la puerta del Chevrolet para dejarles paso con su carga.

Parecía pesar bastante, acarreaban madera, abono, utensilios de carpintería, el hombre mayor tropezó y estuvo a punto de tirar lo que llevaba, así que el joven cazador hizo alarde de reflejos sujetándole.

No le dio las gracias, no de palabra, un leve gesto de respeto del anciano le bastó. El muchacho del carromato le sonrió levemente.

- ¡Sam! ¡Ayúdame con esto! – llamó su padre desde el interior de la ferretería, corrió a coger un par de sacos de sal de roca.

- ¿Son Amish? – preguntó curioso

- Si chico, son Amish – confirmó risueño el dueño del establecimiento – tenemos una comunidad en el pueblo, incluso se les puede visitar y presenciar sus costumbres

- No tenemos tiempo para turismo, vamos Sammy – el cazador salió fuera con casi toda la compra seguido de su hijo

El muchacho enfurruñado echó los sacos en el maletero sin mucho cuidado llevándose una mirada de advertencia de su padre. La ignoró, se sentó en el asiento del copiloto cruzándose de brazos y mostrando su disgusto, él no era Dean, no se acobardaba por una mirada o un gesto del gran John Winchester.

- No tengo tiempo para tonterías Sam, estamos trabajando, así que compórtate, ¿entendido? – recriminó el adulto mientras se dirigía al motel de turno.

- No hacía falta ser desagradable, señor – replicó el niño

La oscura mirada de John se posó en su hijo sorprendida. Realmente no era consciente de haber sido desagradable o brusco, simplemente tenía prisa.