¡Hola a todos! Antes de nada me gustaría agradecer a todos los que están siguiendo mi fic. Sé que no es gran cosa, así que me hace muy feliz saber que hay algunas personas que lo están leyendo. :)

Ahora sí, ¡A leer!


Me puse en pie de un salto.

-¡Tu mano!-grité.

Tenía la mano envuelta en llamas amarillas que inmediatamente se extendieron por su brazo.

Axel me alcanzó el perrito caliente.

-Aquí tienes-dijo muy tranquilo.

-Pero...¡tu mano!-volví a gritar, boquiabierto y horrorizado.

Las llamas iban quemando lentamente su piel pálida.

Axel bajó la mirada y se miró el brazo confundido, como si no entendiera por qué estaba yo tan asustado.

-¡Eh!-gritó finalmente- ¡Uau! ¡Cómo quema!-exclamó.

Agitó la mano con vigor hasta que se apagaron las llamas.

Luego se echó a reír.

-Al menos he rescatado tu perrito caliente, ¡Espero que a ti también te guste muy hecho!

-Pero,pero...-balbuceé. Miré sorprendido su mano y su brazo. Las llamas se habían extendido por toda la piel. Pero no tenía ninguna quemadura, ninguna señal.

-Los bollos están ahí-dijo-. ¿Quieres patatas fritas?

Yo seguía mirándole la mano, sorprendido.

-¿Hay alguna enfermera por aquí?-pregunté.

Axel puso los ojos en blanco.

-Estoy bien, en serio-movió los dedos-. ¿Ves?

-Pero el fuego...

-Vamos, Roxy-me empujó hacia la mesa de la comida-. Las actividades alrededor de la hoguera están a punto de comenzar.

En la mesa me tropecé con Sora. Seguía con aquel chico de cabello extraño.

-Ya tengo un amigo-anunció. Tenía la boca llena de patatas fritas-. Se llama Riku. Increíble, ¿no? Está en nuestra cabaña.

-Genial-murmuré. No podía olvidar la imagen del brazo de Axel envuelto en llamas.

-Este campamento es estupendo-continuó-. Riku y yo vamos a apuntarnos al festival de talentos y al musical.

-Genial-repetí.

Cogí un panecillo y me serví algunas patatas fritas. Luego busqué a Axel. Lo vi hablando con dos chicos de su edad. Uno tenía el pelo azul largo y el otro lo tenía rubio en cresta.

-¡Eeeeh, Spirits!-saltó una voz. Era imposible no reconocer ese grito. Tenía que ser Xemnas-. ¡Poneos todos alrededor del fuego! ¡Deprisa!-ordenó.

Con los platos y las latas de refresco en las manos, todos corrieron a formar un círculo alrededor del fuego.

Las chicas se sentaron a un lado y los chicos al otro. Supuse que a cada alojamiento le correspondía un lugar determinado.

-Empezaremos cantando el himno del campamento-anunció él.

Todos se pusieron en pie. Xemnas empezó a cantar y enseguida todos se unieron a él.

Yo traté de cantar con ellos, pero evidentemento no me sabía la letra ni la música.

La canción repetía todo el rato la misma frase: ''Tenemos espíritu y el espíritu nos tiene a nosotros''.

Yo no acababa de entenderlo, pero me pareció que no estaba mal.

Era una canción muy larga. Tenía muchas estrofas.

Sora cantaba a todo pulmón. ¡Qué presumido! Él tampoco se sabía la letra, pero se la inventaba. Y encima cantaba tan alto como podía, el muy cabrón.

Observé al chico que estaba a su lado. Su nuevo amigo, Riku, tenía la cabeza inclinada hacia detrás y la boca muy abierta. El también estaba cantando altísimo.

Creo que estaban haciendo una especie de competición.

¿El problema? ¡Riku era un pésimo cantante!

Desafinaba un montón.

Quise taparme los oídos, pero yo también trataba de cantar con ellos.

No era fácil teniéndolos a los dos a mi lado. Sora cantaba tan alto que tenía las venas del cuello hinchadas.

Riku intentaba ahogar la voz de Sora con sus horribles graznidos.

Me ardía la cara.

Al principio creía que era por el calor del fuego, pero me di cuenta que me estaba ruborizando.

Sentía vergüenza ajena por Sora.

Me volví sigilosamente y me aparté de la hoguera.

La canción continuó, cantando lo mismo todo el rato.

''¿Es que no se acaba nunca esta canción?'', me pregunté. Me retiré un poco, hacia los árboles.

Incluso desde allí atrás podía oír a Sora cantar con todas sus fuerzas.

-¡Oh!-exclamé al notar un golpecito en la espalda.

Alguien me agarró por detrás.

-¡Eh!-me di la vuelta y me encaré hacia los árboles. Busqué entre la oscuridad.

-¡Axel! ¿Qué estás haciendo aquí detrás?-le pregunté.

-Ayúdame, Roxas-rogó en un susurro. Le temblaba un poco la voz-. Tienes que ayudarme.