Disclaimer: La historia original y personajes pertenecen a J. K. Rowling
Bueno, actualicé rápido porque he tenido tiempo para escribir :)
belial master of death: Muchas gracias por tu review, este capítulo lo hice un poco más largo. Intento encontrar el término medio, porque el primero eran 14 hojas de Word, y como una amiga me dijo que al ser tan largo no había quien lo leyera, pues los capítulos 2 y 3 los hice de 7 páginas. Este es de 10 xDD . En cuanto a lo de que Hermione le podía haber hecho un accio a Harry, creo que te equivocas, según tengo entendido los accio no funcionan con personas, sólo con objetos (repito, creo xD) Además, como tú has dicho, así no habría historia xDD Sé que esa parte fue un poco forzada, pero no se me ocurrió otra forma T_T. En cuanto a lo último.. intentaré no pifiarla =D Cuando lo haga, avísame porque no me daré cuenta xDDD Y de nuevo, muchas muchas gracias por comentar :)
Georgia : Muchísimas gracias, la verdad es que yo también me reí muchísimo con Ron. Al principio escribo las palabras y me dan igual, pero luego lo releo y me lo imagino diciéndolas y me hace mucha gracia xDDD Ahora que lo pienso es un poco raro, como me si riera de mi propio chiste... qué triste xD Espero sinceramente que te siga gustando tanto a medida que avanza ^^
CAPÍTULO 4: SEDUCCIÓN
Hermione salió del agua sin perder de vista a Malfoy, que continuaba bajo el efecto del Silencius.
-Accio tenis. –Las deportivas que se le habían caído mientras corría por el agua acudieron a ella, que las secó con su nueva varita al igual que había hecho con sus prendas.
Malfoy no se había movido del sitio. Ni tampoco intentaba articular nada ya. Se limitó a permanecer allí de pie, sumido en sus pensamientos, empapado en medio del agua helada.
Al principio Hermione, decidida a ignorarlo, hizo aparecer un cuenco en el que convocó un pequeño fuego y se calentó las manos.
-Accio capa.
Si Malfoy había resuelto morir de pulmonía en mitad del lago y no pensaba ponerse su capa, ella la aprovecharía. Tras el correspondiente encantamiento de secado se la puso por encima. Abrigaba mucho, como una manta, el único problema es que olía terriblemente a su dueño. El aroma del mortífago invadía sus fosas nasales y hacía que su corazón palpitase asombrosamente rápido. Seguía aborreciendo a Malfoy con la misma intensidad, pero que un hombre huela bien es francamente agradable.
Malfoy no se inmutó. Ni siquiera la miró, tan absorto estaba que no parecía percatarse del mundo que lo rodeaba.
¿Cómo había caído tan bajo? Hace dos días tenía casa, protectores, su varita.. .Unas horas antes había perdido las dos primeras cosas, pero le quedaba la tercera. La varita significaba el poder. Y ahora una vulgar semi-muggle se la había robado.
Era surrealista, absurdo, como poco. Tenía que recuperarla. No podía ser controlado por una sangresucia, antes la muerte. La pregunta era cómo hacerlo, pues ella estaría alerta..
Pasaron 5 minutos, y luego 10. Y seguía en la misma posición. Al llegar los 15 su expresión permanecía impasible, pero su cuerpo se convulsionaba terriblemente a causa del frío. Y estaba pálido, pálido de verdad, como una hoja de papel.
Hermione no soportó más verlo en ese estado, no hubiera aguantado ver a nadie así, por mucho que lo odiase.
-¿Malfoy, no piensas salir del agua? –Por fin se atrevió a decir.
Realmente, el macilento chico no dio muestras de haberla escuchado. Pero ella sabía que lo había hecho.
-Malfoy, sales de ahí o te hago un Cruciatus.
Esta vez la miró, altivo. Se dignó a contestarle fríamente:
-No serías capaz ni de hacerme apretar los dientes, mestiza inútil.
Hermione no se dejó llevar por las provocaciones del Slytherin, fue más astuta.
-Quizá tengas razón. Pero ahora que lo pienso, es más divertido verte ahí, medio congelado. El gran Draco Malfoy volviéndose más débil por momentos. Como siempre supe, sin tu varita no eres nada.
Draco no abrió la boca, pero era evidente que el comentario le había molestado porque las aletas de su nariz se dilataron. Entonces se fijó en un detalle:
-Granger… por tu vida, más vale que eso que usas de manta no sea mi capa de inverno.
-Qué va, ahora es mía. –Dicho esto, esbozó una sonrisa de suficiencia.
Malfoy, que seguía mojado de pies a cabeza y con el cabello revuelto, se encaminó hacia la orilla. Como la castaña suponía, en el fondo continuaba siendo posesivo y caprichoso, por lo que jamás dejaría que ella se apropiase de algo suyo por las buenas.
Lo miraba por el rabillo del ojo, por encima de la manta-capa. Todavía tenía toda la ropa pegada al cuerpo. ¿Por qué no paraba de fijarse? Se recriminó a sí misma por ello.
-Dame eso ahora mismo. –ordenó Draco cuando llegó a donde ella estaba.
-Mmm… tengo la respuesta en la punta de la lengua.. ¿cómo era? Ah sí, "creo que no estás en disposición de hacer trato alguno".
-No te estoy proponiendo un trato, te estoy exigiendo –marcó enfáticamente la palabra- que me devuelvas lo que es mío. No quiero que toques esa capa con tu asqueroso cuerpo, sangresucia.
Si había creído que Malfoy iba a amansarse por el hecho de carecer de varita, no podía haber estado más equivocada.
-Hace apenas media hora tú mismo tocabas mi "asqueroso cuerpo" contra mi voluntad, ¿o no lo recuerdas? –Replicó Hermione, visiblemente ofendida aunque tratase de aparentar indiferencia.
Draco sonrió con engreimiento, y contestó, sin dejar de lado el enfado:
-Y bien que te gustaba, no lo niegues.
-¿Cómo dices? Tu exceso de amor propio te hace tener alucinaciones. –Estaba indignada por el comentario, ¿qué se había creído?
-Vamos Granger, no te avergüences de sentirte inevitablemente atraída por mí. Os pasa a todas –se burló. Le encantaba turbar a la castaña.
-Malfoy, que fueses un equivalente al proxeneta de Slytherin no te hace universalmente deseado. Personalmente, ni siquiera me pareces atractivo.
El rubio volvió a sonreír de lado. Granger se había puesto a la defensiva. Clavó sus ojos de mercurio en ella, inclinándose hasta quedar frente a frente, e ignorando la varita que Hermione aferraba amenazante. Y le dijo simplemente:
-Mientes.
Aunque sostuviera la varita, Hermione se sentía indefensa ante Draco Malfoy. Su mirada parecía leerle la mente, como si la conociera más que ella misma. Sintió temor. Sintió.. ¿respeto?
Malfoy se incorporó y giró sobre sus talones, echando a andar. En cuanto se vio liberada de la hipnosis que ejercían sobre ella aquellos ojos grises, pudo reanimarse y se levantó de un salto.
-¿ A dónde crees que vas Malfoy?
Él se paró y volvió la cabeza para mirarla. Respondió con hastío:
-Voy a mear Granger, ¿quieres disfrutar del espectáculo? –Y siguió su camino sin esperar respuesta.
Hermione ruborizó ante la incómoda situación. Pero se sintió más idiota cuando se descubrió pensando en lo elegantes que eran los andares del mortífago. Maldita sea, ¿qué me pasa? Siempre lo he odiado. Es un maldito mortífago. Pretendía venderme a Greyback. Y aún así…
Sacudió la cabeza, no quería seguir por ese camino. No iba a desaprovechar los pocos segundos de paz que le restaban antes de la vuelta de Malfoy pensando en él.
Ahora que tenía la varita, debía encontrar a Harry.
Ron accedió a ir a ver a Xenophilius cuando amaneciera. La casa de los Lovegood era vecina de la suya, y quería comprobar que todo iba bien.
Pero por quien estaba verdaderamente preocupado era por Hermione. Era la persona que más quería en el mundo. La amaba, siempre lo había hecho, pero nunca se atrevió a confesárselo.
Cuando salió con Lavender sintió cierto (mucho) alivio al comprobar que Hermione se celaba. Eso le había dado más esperanzas que nunca, pero aun así nunca se decidía a confesarle sus sentimientos. Había demasiada confianza como para eso, aunque suene absurdo. Imaginarse hablando seriamente con su mejor amiga sobre el amor lo hacía sentir profundamente ridículo, fuera de contexto.
Sin embargo, ahora que en su fuero interno sabía que podía perderla, se arrepentía de no haberlo hecho. Como Malfoy le hubiese tocado un pelo, lo mataría. Y lo decía completamente enserio.
Conocía el punto débil de la sangresucia. En cuanto a intelecto era perfectamente orgullosa y segura de sí misma, pero al hablar de sentimientos la cosa cambiaba..
Era tan inexperta en el amor como en el sexo, y eso era un clarísimo punto a su favor: la forma más sencilla de manipularla y arrebatarle la varita.
Por eso cuando volvió y se la encontró envuelta en su capa, supo lo que tenía que hacer.
-¿Piensas dejarme morir de hipotermia, impura? –Seducirla no implicaba dejar de demostrarle su desprecio. Era sobradamente hábil para hacer las dos cosas al mismo tiempo.
-No voy a cederte la capa, si es lo que pretendes. Tú tampoco lo hiciste.
-Qué poca consideración, ¿dónde quedó la "nobleza" Gryffindor? –dijo sarcásticamente- ¿Me lo parece a mí, o empiezas a tomar ejemplo de tus superiores?
Hermione puso los ojos en blanco. No pensaba seguirle el juego. Lo que no esperaba es lo que vino a continuación. Draco se sentó en el suelo, pegado a ella.
-¡¿P-pero qué haces?
-No voy a contestar a algo tan evidente.
Alargó el brazo para agarrar la capa y cubrirse con ella también, rozando el hombro y la clavícula de Hermione.
Era realmente desagradable tener un contacto tan prolongado con la sangresucia. No es que no pudiera hacerlo, él podía hacer todo lo que se propusiera, pero no por ello dejaba de asquearle.
Tras un rato callados a castaña rompió el silencio.
-¿Sabes? No entiendo cómo puedes estar tan ciego.
Draco se limitó a mirarla como única respuesta.
-Te han comido completamente la cabeza con esas memeces de la sangre. Y ni siquiera ahora, que eres adulto y un fugitivo, te das cuenta.
-No me hagas reír sangresucia. Precisamente porque soy adulto, a pesar de que los que comparten mis ideales están buscándome para matarme, mantengo mi forma de pensar. Estoy seguro de que te encantaría que fuera así sólo porque me hubiesen manipulado de niño. Pobre yo. Así la noble Granger me abriría los ojos. Por favor.. –Se burló, con desagrado.
-Pero si es absurdo, ¿qué importará ser mago o muggle? Las diferencias sólo son eso: diferencias, no nos hacen mejores ni peores, y deberíamos vivir en tolerancia y..
-¿Paz? –la interrumpió- Te felicito por pensar como una niña de cinco años. El mundo no funciona así. Hay fuertes y hay débiles. Y lo propio de los fuertes es dominar a los débiles, porque pueden y porque quieren. ¿Cómo crees que evoluciona una especie? Selección natural, Granger.
-Precisamente porque no somos animales deberíamos vivir civilizadamente y no dejarnos llevar por los instintos naturales.
-Apuesto a que yo junto con todos los mortífagos somos más "civilizados" que tú.
-¿Qué? –preguntó la castaña con incredulidad.
-Granger, tus amados valores de cooperación y solidaridad no vienen precisamente de la razón. Somos animales sociales. Los animales que dependen de una comunidad desarrollan instintivamente esos valores precisamente para no autodestruir la pequeña sociedad en la que viven. Y sin embargo, los humanos tenemos más que instinto. Tenemos racionalidad. Y el primer síntoma de inteligencia es saber destruir. Destruir para crear, para forjar el mundo a nuestra manera. ¿No es lo que estamos haciendo, tanto magos como muggles? Esa es tu "civilización".
La castaña se quedó sin palabras. Su convicción de que Malfoy era una marioneta a manos de su padre se había venido abajo. A decir verdad era realmente inteligente, había forjado una ideología autónoma, no se había limitado a dejarse manipular.
-Por eso puedo concluir que yo soy el civilizado.. y tú poco más que un animal sujeto a instintos. Estoy destinado a dominarte, a utilizarte como un instrumento para mis fines.
Hermione hirvió de ira ante la última afirmación.
-Te olvidas de algo. Las personas no son instrumentos, son fines en sí mismos, Malfoy.
-¿Y te basas en...? ¿Dime, para qué sirven los muggles? Su única utilidad es hacerlos esclavos, como elfos domésticos.
-¿Y para qué sirves tú? Obviando tu precaria situación de fuga, ¿para que servís los sangre-pura? Ninguna persona "sirve" para nada. Por eso reitero que cada ser humano es un fin en sí mismo. Además, los muggles aprendieron a hacer cosas increíbles sin magia. Buscaron soluciones a sus limitaciones, lo cual tiene mucho más mérito que haber nacido con el don de la magia.
Por primera vez hizo dudar a Draco de sus convicciones. Sólo un poco. Pero no dijo nada.
-No espero que renuncies a tus ideas fascistoides de la noche a la mañana, pero ojalá algún día te des cuenta.
No había entendido muy bien eso de "fascisto no se que", pero supo lo que quería decir con esa frase. Y no, por supuesto que no cambiaría de opinión, pero no tenía sentido seguir discutiendo el tema, ambos habían dejado claras sus posturas.
Sin embargo, Hermione preguntó una cosa más.
-Tengo una curiosidad. ¿Qué opináis los mortífagos sobre que Voldemort sea un "mestizo" que os está instando a eliminar a los sangresucias? Porque para mí eso no tiene ningún sent..
-¡ESTÚPIDA! –exclamó Draco, fuera de sí.
Hermione quedó estupefacta ante la reacción.
-¿Pero q..
Draco la agarró de la muñeca y gritó con impaciencia:
-¡Desaparécete, apura, vienen ahí!
-¿Qué viene quién , qué dices?
En ese momento oyeron rápidos pasos procedentes del túnel por el que habían accedido a la cueva.
-¡Son mortífagos, desaparécete rápido joder!
Hermione no entendía nada, pero obedeció a Draco y se desapareció. El primer lugar que se le ocurrió fue aquel sitio donde había acampado con sus padres de pequeña, el Bosque de Dean.
Ron permanecía en vela pensando en Hermione y haciendo la guardia, pero Harry se había quedado dormido dentro de la tienda hacía un buen rato. Es comprensible estar cansado después de caer en un lago congelado.
En el silencio reinante, un ruido similar al de una caída y un gemido sobresaltaron a Ron, al que poco le faltó para lanzar una maldición a la oscuridad. Recordó que la tienda estaba bajo un hechizo de invisibilidad y permaneció alerta para descubrir qué estaba pasando.
-Joder sangresucia, eres más lenta que un desfile de cojos.
-Ahora es cuando me explicas qué acaba de pasar, aparte de romperme la cadera. –Dijo dolorida, aun debajo de Draco.
Era muy fácil insinuarse en esa situación, pero no era el momento. Con un rictus grave se levantó y se apartó de Hermione.
-Su nombre. No vuelvas a decir su nombre, así es como os encontramos. Quiero decir, como nos encuentran los mortífagos. –Corrigió con fastidio.
-¿No lo podías haber dicho antes?
Antes de que Draco pudiese replicar, un enfurecido Ron se abalanzó encima del rubio tirándolo al suelo. Le dio un fuerte puñetazo que le hizo sangrar el labio, pero cuando iba a impactarle de nuevo Draco, ya se había sobrepuesto de la sorpresa y le bloqueó el brazo. ¿Cómo se atrevía ese pordiosero a ponerle la mano encima? Le propinó un enérgico rodillazo en la entrepierna a Ron y cambiaron posiciones, esta vez fue Malfoy el que lo atrapó y empezó a asestarle golpes.
Hermione, que había estado tanteando el oscuro suelo en busca de la varita, la encontró y apuntó a Draco, que se estaba ensañando con Ron:
-Petrificus Totalus.
El pelirrojo, con sangre cayendo a borbotones de su nariz, empujó el rígido cuerpo de Malfoy a un lado, se levantó, y le regaló una feroz patada en las costillas.
-¡Ron, basta! –Chilló Hermione, con la varita preparada para petrificarlo a él también si hacía falta.
Pero el chico, al verla, volvió en sí.
Para sorpresa de la castaña, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. Estaba enfada con él por haberse ido, pero en ese momento sólo importaba que estaba allí con ella. Mientras él la estrechaba, ella también lo rodeó con sus brazos y se fundieron en el cálido abrazo, ignorando al petrificado mortífago, que los miraba iracundamente sin poder moverse.
-¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo ese bastardo? –Preguntó preocupado, sin soltarla.
-No, no me ha hecho absolutamente nada. –Mintió Hermione. Como le contase algo de cuando intentó ahogarla, o peor, cuando la cogió en el agua, Ron lo desollaría.
-¡Ron! ¿Qué ha.. –se interrumpió Harry al ver a sus amigos abrazados. Los gritos lo habían despertado y había pensado que Ron estaba en peligro.- ¿Hermione? ¿Eres tú?
Loco de la alegría, saltó sobre ambos para abrazarlos. Por fin volvían a estar todos juntos. Después de un rato de sonrisas y abrazos, Harry preguntó tímidamente:
-¿Cómo conseguiste escapar de Malfoy?
Malfoy. El nombre le impactó en el pecho como una piedra, se había olvidado de que seguía allí.
-En realidad.. –dijo señalando con un dedo al joven petrificado.
Los tres lo miraron, para luego intercambiar las miradas entre sí. Harry volvió a ser el primero en hablar:
-¿Qué vamos a hacer con él?
-Matarlo –respondió Ron con contundencia y el ceño fruncido.
-¡No digas tonterías Ron! Además, a él también lo buscan los suyos. No se qué es lo que ha hecho, pero van a por él.
-Es un cabrón cobarde que no sabe ni ser fiel a su propio bando. Propongo que lo entreguemos. No tiene varita, si lo dejamos en mitad del Callejón Diagón lo cogerán los del ministerio y se lo entregarán al-que-no-debe-ser-nombrado. Mira, por fin el Ministerio sirve para algo.
-¡No podemos hacer eso! ¡Lo matarán! –La chica estaba escandalizada ante el salvajismo de Ron- Harry, ayúdame por favor.
-Lo siento Hermione, pero en este caso estoy de acuerdo con Ron. Ya no es un niño estúpido que nos insulte por los pasillos de Howarts, es un mortífago. Desertor, pero un mortífago. ¿Tienes idea de lo que es capaz de hacer si consigue una varita?
Hermione no podía creer que sus amigos fueran tan duros. Sabía que Malfoy no hubiera dudado en enviarla a la muerte si la situación hubiera sido a la inversa. Pero.. Harry y Ron no eran como Malfoy, no podían serlo. -Sí , sé que es peligroso, pero somos tres, podemos vigilarlo.
Harry y Ron se miraron poco convencidos.
-Además, puede sernos útil. Tengámoslo como rehén. Yo me responsabilizo, por favor. –No estaba segura de si sus amigos eran demasiado severos, o ella demasiado blanda. Estaba prácticamente rogándoles que dejaran quedarse con ellos a Malfoy.
-Hermione, ¿estás completamente segura de lo que dices? Piensa que no te pondrás en riesgo a ti sola, sino a nosotros y a la misión. Si es lo que quieres, lo aceptaremos, pero reflexiónalo.
No le gustaba la idea de que Malfoy resultase una carga o un obstáculo.. pero ¿dejarlo morir? Le parecía demasiado. Puede que simplemente no estuviera hecha para la guerra. Aun así, la hipótesis no debilitaba sus convicciones morales.
-Sí, estoy segura.
-Bien. –Respondió Harry resignado.
-Eres demasiado buena Hermione. –Dijo el pelirrojo, pero no halagándola, más bien se lo estaba reprochando.
Los chicos ayudaron a Hermione a llevar el cuerpo petrificado hasta la tienda. Como estaba protegida contra hechizos externos no podía utilizar la magia para transportar a Malfoy. Al acabar, ellos prefirieron esperar fuera, Hermione pretendía curarle las heridas causadas por Ron. Y para ello tomó primero la precaución de atarlo, no sabía con exactitud cuál sería su estado de ánimo, pero seguramente no muy bueno.
-Finite Incantatem.
Malfoy no tardó ni medio segundo en empezar a insultarla.
-¡¿Quién mierda te crees para atarme asqueros.. –Draco, que se estaba incorporando, se paró en seco y profirió un alarido de dolor, que contuvo al instante apretando los dientes- ¡Joder, la puta! –Rugió mientras intentaba la mano al torso, sin éxito por estar atado, respirando con dificultad.
-¿Qué, qué te pasa? –Inquirió Hermione, nerviosa y sin saber qué hacer. No era una treta de Malfoy para que lo desatase, abundantes gotas de sudor empezaban a surcar su blanca frente.
-El hijo de perra de tu amorcito, eso es lo que me pasa. –Contestó con dificultad y rabia contenida. –¡¿Te hago un esquema o me desatas de una jodida vez?
-Relashio –Conjuró Hermione rápidamente.
Las manos de Draco agarraron su costado izquierdo, justo por debajo del pecho. Ella recordó la violenta patada de Ron mientras el mortífago yacía en el suelo petrificado.
-Déjame ver Malfoy. –Dijo al tiempo que cogía las manos del rubio para apartárselas.
-No me toques, zorra. –Dijo mirándola asqueado.
-¿Cuál es tu problema? Acabo de impedir que te maten, así que trágate tus prejuicios, ¿o prefieres que llame a Harry y a Ron para que te curen ellos?
Con un bufido de irritación el rubio apartó las manos y dejó hacer a la Gryffindor.
Ella desabrochó su camisa mojada y la abrió, dejando al descubierto la hinchazón del lado izquierdo del cuerpo del joven. Un trabajado cuerpo. Apartó el pensamiento en el acto. A veces era mejor ignorar a su sus dedos encima del traumatismo con todo el cuidado que pudo, y presionó ligeramente.
Un bramido se escapó de entre los sellados labios de Draco, y su cuerpo se retorció involuntariamente.
-Granger, eres tan delicada como una puñetera lanzadora de martillo ucraniana, ¿lo sabías?
-Creo que tienes unas cuantas costillas rotas. Espero que sea sólo eso y no haya dañado ningún órgano, porque no podemos llevarte a San Mungo. Braquiam Emendo.
La faz contraída de Draco se relajó cuando el conjuro hizo efecto. La hinchazón bajó de golpe.
-¿Y bien? ¿Sigue doliéndote algo?
-No. –susurró molesto.
-Bien. -Expresó aliviada Hermione mientras se levantaba para avisar a sus amigos.
Pero antes de que saliera de la tienda, Malfoy la agarró de golpe por el brazo, obligándola a darse la vuelta.
-Tú y yo aún no hemos acabado. –siseó peligrosamente, con la camisa todavía abierta.
-No sé de qué me hablas, pero como no me sueltes vuelvo a hacer que se te rompan las costillas.
Draco ignoró por completo la amenaza y prosiguió:
-Si crees que te voy a estar agradecido por "salvarme la vida" –imitó la voz de Hermione ridiculizándola- estás muy equivocada. Cuando coja a Weasel sin una varita lo mataré a golpes y la culpa será solo tuya por no entregarme.
-No tendrás oportunidad. Somos tres vigilándote. –resolvió Hermione.
-Ya lo veremos. Y ni sueñes con utilizarme en provecho de vuestra "misión", antes la muerte. –Escupió el mortífago con odio.
-Tanto me da que prefieras morir antes que ayudarnos, no recuerdo haberte dado elección. –Replicó la chica sagazmente.
Draco asió el brazo de Hermione con más fuerza, pero ella no dejó traslucir el dolor.
-Vas a pagármelas todas juntas, recuérdalo bien, sucia zorra. –Fijó sus grises orbes en los ojos miel de la castaña, que le respondió sosteniéndole la mirada con bravura.
La soltó de golpe, y ella salió airadamente de la tienda.
Tenía que seducirla, pero se tornaba complicado cuando lo único que quería en ese momento era acabar con ella lenta y dolorosamente.
Mientras se abrochaba de nuevo la camisa se consoló pensando que el fin justifica los medios. Además de paso jodería vivo a Weasel. Sonrió con perfidia al imaginarse la cara del pelirrojo cuando descubriese que su amada Granger se había prendado del mortífago.
Pero pronto otra imagen sustituyó a esta: Hermione y Ron, abrazados mientras él estaba bajo el efecto del Petrificus Totalus. La ira volvió a embargarlo. Odiaba a la sangresucia. Y más después de aquella tierna escena, le había dejado asqueado. Porque eso era todo lo que sentía hacia la castaña, desprecio y odio.
Y hasta aquí el cuarto capi :)
Este Draquito.. es más malo que un dolor de muelas xD Aunque por eso nos encanta verdad? ^^
