Capítulo 4: SONROJO.
Disclaimer: como ya saben, J.K Rowling se nos adelantó a todos y los personajes le pertenecen a ella. Sin embargo, esta horrenda historia es mía (no al plagio).
N/A: ¡Lamento el atraso! Disculpen, en serio. La verdad es que tenía listo el cap. el domingo para actualizar, sin embargo al releerlo, no me gustó mucho como quedó, sobre todo la parte del sueño, por lo que la reescribí tres veces. Me encantaba la idea y quería plantearla de la mejor manera, no subir algo tonto y sin calidad, sino algo que a mí me gustase leer si fuese lectora de esta historia. ¡Siempre hay que pensar en el lector!
Y les doy la bienvenida a los nuevos lectores, ¡muchas gracias por sus favoritos y alertas! Me alegran un montón y más ganas me dan de escribir. También agradezco a quienes están desde el principio, obvio, no los olvido.
¡Cualquier falta ortográfica o detalles que les molesten, mil disculpas! Pueden escribirme y restregarme a la cara mis errores (con amor sipo).
Respuestas a Guest al final del cap. y las demás por interno.
PREGUNTA: ¿QUÉ LES GUSTARÍA PARA EL PRÓXIMO SUEÑO?
Capítulo 4: SONROJO.
Hermione se sentía anormal y no era para menos, ya que no vestía su habitual uniforme escolar, sino un traje completamente diferente: un traje de maid. Su ceño fruncido se acentuó, nunca imaginó vestir algo así, menos por voluntad propia.
El encanto del festival escolar ―nótese el sarcasmo―.
Las campanillas del café sonaron -gran idea de Parvati Patil y Lavender- y su expresión cambió de forma automática, suavizando su rostro y sonriendo con una dulzura nunca antes vista en ella, a la vez que juntaba las manos y recitaba con entusiasmo:
-Buenas tardes, amo- solo le faltó explosiones de arcoíris. Otra vez, sarcasmo.
-Vaya, por fin te das cuenta de quién manda, Granger- respondió el recién llegado.
Oh, no. Que se la tragué la tierra o la destroce un rayo, cualquier cosa menos él; pero no, nunca nada es tan fácil.
Malfoy.
Qué humillación...
Con una vergonzosa ternura, le cedió el paso, guiándolo hasta una mesa y corriendo la silla como lo haría cualquier persona enamorada.
-Oh, también veo que haz aprendido modales- se deleitó Draco, su pasatiempo favorito.
-¿Qué dices, amo?- ¡qué daría por patearlo fuera del café! Pero no conforme con la idea del café, Parvati y Lanvender, encantaron los trajes, imposibilitando su actuar usual. En la actividad solo había un lugar: para la maid- ¿Qué desea ordenar?
Siguiendo su papel, Draco tomó el menú, simulando echarle una ojeada, para luego tirarlo con desdén a la mesa.
-Lo que yo quiero no está en el menú- le sonrió de forma coqueta-. Te sienta bien el traje de sirvienta, Granger- arrastró la mirada por todo el cuerpo de la joven, cubierto por el traje extremadamente corto y vistoso en las partes que no debía.
-Muchas gracias, amo- expresó Hermione en vez de un insulto, llevándose una mano a la boca y mirando el suelo con un evidente rubor en sus mejillas-. Tú también… Luces bien- ¡ni de coña!
Para Malfoy era fantástico esta Granger. Si había una actividad muggle que apreciar, definitivamente era ésta. Volvió a tomar la carta, esta vez revisándola en serio, realizando una mueca malvada al llegar hasta la última página.
-Quiero ordenar el: special full maid.
La Gryffindor volvió a sonreírle antes de retirarse para buscar la orden, sin prestar mucha atención a ésta. Cuando regresó, dejó con real maestría el postre sobre la mesa.
-Su orden, amo- ¿su voz siempre fue así de chillona?-. Espero le agradé.
-Oh, pero está incompleta- mostrándole el menú a la leona, Draco le señaló la última hoja-. Aquí dice que debes alimentarme.
¿Qué?
Sin creer en su palabra, Hermione se inclinó un poco para leer la carta, dejando su escote a la vista de los insolentes ojos grises y abriendo exageradamente los suyos al comprobar su veracidad. ¿Cómo no lo leyó antes? No podría negarse a eso. Y aunque intentó luchar contra la magia, sus piernas se movieron solas, haciendo a un lado el postre y dando un pequeño brinco hasta sentarse sobre la mesa, justo frente a Malfoy.
-¿Así está bien, amo?- inclinó la cabeza hacia un lado con inocencia.
Bien. Esas palabras con doble sentido y el tono de la chica le estaban pasando la cuenta al Slytherin que solo tragó saliva. La falda de la castaña varios centímetros más arriba, entregándole una vista espectacular.
Draco solo asintió.
Con todo el bochorno del mundo, Hermione partió un pequeño trozo del postre que consistía en un delicioso tiramisú, acercándolo lentamente a la boca de la serpiente, pero haciendo un puchero al no verla abierta.
Cómo quería morder ese labio… En vez de eso, la expresión de Malfoy se volvió maliciosa..
-No debes decir: ¿abre la boca, amo?- interrogó como si no hubiese dicho nada malo.
Si será…
-Abre la boca, por favor, amo.
¡Por Salazar!
El corazón de Hermione comenzó a palpitar velozmente, observando como Malfoy separaba los labios, sin despegar sus ojos de los de ella y atrapaba la cuchara con evidente seducción.
Ahora fue la castaña quien tragó saliva. Si algo debía admitir del hurón, es que incluso consumiendo helado, lucían malditamente elegante.
Quitando con delicadeza la cuchara, sacó otro poco de tiramisú, llevándolo de nuevo hasta la boca del rubio. Así estuvo por un rato hasta que una especie de bigote de helado se formó en los bordes de sus labios, distrayéndola, y, aunque fuese un pecado hacerlo, tomó una servilleta y procedió a limpiarlo, siendo su mano detenida a mitad de camino.
-¿Por qué no lo haces con tu lengua?
La sugerencia parecía tan descabellada y sensata a la vez que descolocó por un segundo a la joven, su lado maid actuando de inmediato. Se deslizó desde la mesa hasta el regazo del rubio con las piernas extendidas a cada lado, apoderándose del pálido rostro y limpiando con la punta de su lengua el helado en sus labios.
Y sabía bien, el tiramisú sabía bien.
Ahora Malfoy se descolocó. Si bien le hizo la sugerencia, nunca esperó que la aceptará tan abiertamente, menos de buenas a primeras. Le apretó los muslos con ambas manos, disfrutando de la sensación, pero a la vez resistiendo las ganas de capturar esa lengua.
Para cuando ya estuvo limpió, la castaña se percató de que las pupilas de la serpiente estaban dilatadas y presintió cierto peligro.
-Salgamos de aquí, Granger- la voz ronca del rubio la hizo estremecer.
-Amo, eso no es posible- su negativa se encontraba llena de dulzura, en su estado, era casi imposible decirle que no-. Tengo trabajo.
-Tu trabajo ahora es atenderme.
Bien. La parte sumisa de Hermione no podía negarse a eso. El rubio tampoco esperó respuesta.
Simplemente se levantó junto con la castaña y la arrastró fuera del café. Toda la gente que transitaba por los pasillos, buscando probar diferentes actividades los observaban sorprendidos y la leona no pudo evitar sentir vergüenza ante esto. Una cosa era estar vestida así dentro del café, al igual que sus compañeras y otra muy distinta pasearse por todo Hogwarts de esa manera, pero no podía detenerse, debía seguir a su amo.
Por otro lado, Draco se encontraba irritado de tanta gente y abriendo diferentes puertas, sin encontrar nada vacío. Aburrido, se encaminó hasta las mazmorras, su territorio, y, aunque también había gente, pronto se escabulló en un rincón conocido.
-¿Amo?
Draco tomó a la leona por la cintura, alzándola y sentándola en el hueco existente por años en la pared, colocándose entre sus piernas y besándola de inmediato. Sus manos tampoco esperaron, adentrándose bajo la falda, provocándole más de un suspiró.
-Amo, no podemos…- habló Hermione apenas sus labios se desocuparon, para luego gemir cuando la zona de su cuello fue rápidamente atendida. Pero Malfoy no se quedó mucho rato allí, deslizando sus labios hasta el escote que se moría por probar desde que la vio vestida así.
Definitivamente, cuando la tuviese sólo para sí, le tendría un traje igual de especial. Retirando una mano de su pierna, tiró hacia abajo el escote de la leona. Quería morderla.
Solo un poco más y Hermione estaba segura que su pezón saltaría directo a la boca de la serpiente y… Se sentó de golpe en su cama. ¿Qué demonios? Llevándose una mano al pecho, descubrió que se encontraba totalmente cubierto. Se dejó caer de golpe en el suave colchón. ¿Qué le estaba pasando?
Hermione caminaba hacia la biblioteca con una nueva manía en su cuerpo: morder su pulgar y pensar en lo que no debía, es decir, Malfoy. Toda la semana estuvo soñando con él y ya no podía retribuirlo al incidente, dejándole un total caos mental. Y es que su cerebro no paraba de buscar una explicación, porque debía existir una, pero la única que parecía lo suficientemente lógica a ella no le agradaba, es más, la desechaba. Imposible que le gustará el rubio oxigenado y bien que se lo había dejado claro.
No obstante, las "pesadillas" le declaraban la guerra. Si no fuese porque en uno de los últimos sueños le dio náuseas gracias al whisky y tuvo que salir corriendo fuera del cuarto privado, abandonando a un pasmado Draco Malfoy; no quería ni imaginar a qué extremos habría llegado, porque aunque se lo negará, había estado de lo más feliz en el regazo del rubio y besándolo como si la vida se le fuese en ello.
Y el último. ¡Merlín! Qué vergüenza le daba. Actuar como sumisa frente al Slytherin le había hecho perder todo el respeto por sí misma, porque las pesadillas las vivía tan reales que cuando despertaba, se convertían en una experiencia más, siendo varias las repercusiones.
Ya no podía mirar a Malfoy sin sonrojarse, y, por muy hurón y detestable que fuese, cada vez que posaba sus ojos en él, revivía cada uno de sus sueños, estallándole el corazón y preguntándose seriamente si no estaba en otro de ellos. Ni siquiera podía trabajar bien con él en la clase de Slughorn, porque con cada roce su cuerpo saltaba, poniéndola irremediablemente nerviosa, negándose a trabajar con dicha serpiente.
Como si lo hubiese llamado con el pensamiento, al final del pasillo vio una destacable cabellera rubia. Si algo admitía que le gustaba del Slytherin, era precisamente eso, su pelo, ayudándola en la nueva tarea que se impuso desde el tercer sueño: evitarlo.
Ya no quería más Malfoy en su cabeza.
Todo le resultaba de las mil maravillas. Tan bien que se reía por cualquier cosa tanto como insultaba por cualquier otra, ansioso por la llegada de cada noche. Estaba tan raro que hasta sus amigos le prestaban mayor atención, pero siempre fue bueno para evadirlos. Cada loco con su tema.
Había sido tan buena su semana, extasiado por cada recuerdo de sus sueños que no se percató de otro efecto secundario, uno que no tenía nada que ver con los sueños sino la mera realidad.
Granger lo estaba evitando.
Tan obvio, que se recriminaba mentalmente cada vez que la divisaba girando en un pasillo contrario al suyo. Hasta en clases se negaba a trabajar con él, algo totalmente impensado dada la conocida alma bondadosa de la Gryffindor. Si de por sí había arruinado casi su inexistente relación besándola, ahora era peor. ¿Cómo fue tan idiota para no advertirlo antes?
Porque era un problema, uno grande, ya que Draco no solo quería tenerla en sueños, sino también en la vida misma y su estrategia siempre abarcó los dos lados. Y ante las crisis, siempre había que actuar rápido. Pero ahora… Se le fue de las manos, al menos en la realidad. Y él lo quería todo, no le bastaba con simples pedazos.
Gruñendo, abrió rudamente la puerta del salón, se había separado de sus amigos porque no podía planear bien junto a ellos, mucho menos conseguir una oportunidad de atacar a la leona, por lo que se decidió ir hasta el salón que estaría vacío hasta que comenzará la clase con los de Gryffindor y así poder pensar en el movimiento que se jugaría por ella.
O eso creyó, porque la leona se encontraba allí, sentada, en la segunda fila, como siempre que quería estar junto a sus amigos.
Qué oportunidades da la vida.
Ante el ruido, Hermione giró la cabeza, observando a Malfoy cerrando la puerta. ¡Rayos! Volvió de inmediato a su lectura, fingiendo no haberle prestado ni la menor atención.
El rubio recorrió el salón en pocos pasos, deteniéndose en el pupitre frente a la castaña y sentándose al revés, con los brazos apoyados en el respaldar de la silla. No debía derrochar las oportunidades.
-Me estás evitando- directo y claro.
-No sé de qué me hablas- respondió la joven arrimando aún más el libro a su rostro.
Draco con una mano, bajo el libro hasta la mesa, dejando al descubierto el caliente rostro de la Gryffindor que no quitaba los ojos del libro.
-De qué me estás evitando- no debía ser adivino para saber la razón, pero como se trataba de él, de todos modos se lo preguntó-, ¿por qué?
Las facciones de la castaña se pusieron más rojas si es posible, lo que era mucho decir dado su tez morena, abarcando incluso sus orejas y cuello, los sueños reproduciéndose a fuego en su cabeza.
Al chico le pareció casi tierna su reacción.
-Yo… No te estoy evitando, no tengo una razón para hacerlo- Por Circe, qué mala mentirosa es.
-¿Segura?- Draco dirigió la otra mano a su mentón, alzando su rostro- Entonces, ¿por qué ya no trabajas conmigo? Antes no era problema.
Rápido, Hermione, piensa. Desvió la mirada.
-No lo necesitas- trató de hablar como si no tuviese importancia-, eres inteligente.
-Vaya, Granger, gracias por señalar lo obvio. Me halagas- el rubio no sabía si reír de su pobre excusa-, pero no te creo. Si ese fuese el caso, más razón para ser mi pareja…- dejó lo último en suspenso, observando como la leona volvía a mirarlo en el acto- … de equipo.
La Gryffindor quiso estampar su rostro en la mesa al esperar otro tipo de palabras.
-¡Vamos, Granger! Dime la verdad- la instó el rubio, sabía que estaba nerviosa.
-Yo… No tengo porqué darte explicaciones, Malfoy- salió la leona, alejando su mentón de la pálida mano- . Si me permites, me encontraba leyendo mi libro- hizo un amago de tomarlo.
-No será, mejor dicho, para ocultar tu sonrojo.
Adiós leona. Hermione se congeló.
-No digas tonterías.
-Oh, claro que no lo son- ahora la serpiente deslizó su cuerpo sobre el respaldar de la silla, recostando la parte superior en la mesa de la chica- ¿Acaso estás nerviosa, Granger?
La nombrada se alejó por impulso, balanceándose en las patas traseras de la silla.
-No.
-Mentirosa- la molestó Draco, acercándose un poco más, presionando a la chica-. Quizás por eso me evitas: te pone nerviosa mi presencia. ¿Por qué, Granger?
-No lo haces- objetó entre dientes Hermione, con los nervios de punta.
-Entonces, demuéstramelo- la desafío.
Y como todo Gryffindor que actúa antes de pensar, Hermione levantó las puntas de sus pies del suelo, dejando caer de golpe las patas delanteras de la silla y quedando, por consecuencia, a unos pocos milímetros del rostro de Slytherin.
-Ya lo ves, Malfoy- santo cielo, ¿qué clase de error cometió?
El rubio quiso acortar la distancia, al igual que en sus sueños. La puerta se abrió.
QUERIDOS GUEST:
Elena: ¡Hola! Yo también quedé picada, aunque no me creas. Perdona el atraso y ¡muchas gracias por leer! Espero te gusté el cap. y saber tu opinión. ¡Abrazotes!
Próxima actualización: 29/07/2018
(la dejé bien lejitos para cumplir ahahahaha).
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