Hola :D Escribo este capítulo estando un poco enfermita XD, es que tengo resfriado y me encuentro mal pero na', se me pasará enseguida...

Y pobre Kagami ¿no? La madre resulta ser mala persona que le echa en cara las cosas a nuestro pobre pelirrojo... ¿qué pasará? *Tan tan tan taaaan -sonido de música épica(?)*


No me entretengo más! Aquí va el capi :3.

CAPÍTULO 4: GRACIAS

¿Cómo debería sentirse Kagami ahora? ¿Destrozado, no? Después de que su madre le dijera que él era la causa del divorcio de hace cuatro años... ¿De veras pensaba eso? ¿Por qué? Si él no hizo nada para que pasara eso... ¿o sí?

Recordaba cuantas veces su madre y su padre discutían delante de él, recordaba como su padre siempre le señalaba a él, como siempre decía gritando a su madre: "¡Te vas a quedar a cargo tú de este engendro inútil! Un día me voy a ir y ahí ya puedes cumplir todos sus caprichos de mierda!" ¿Su padre realmente creía que era un... engendro? ¿Era por eso que nunca le traía regalos para ninguna fiesta... ni siquiera para su cumpleaños? Kagami en aquel entonces era pequeño y lo ignoraba todo; su madre sí que le daba regalos diciendo que era de parte de los dos pero el pelirrojo sabía que no era así; su padre siempre se había portado, desde siempre, muy distante con él como si fuera... como si fuera... ¿un hijo no deseado? ¿Podría ser eso? ¿Podría ser que su padre le odiase por... nacer? ¿Y si su madre solo estaba actuando durante todos estos años, mostrando una máscara de felicidad por cuidarle? ¿Y por qué entonces su padre quiso ir a vivir con él en Japón?

Aunque claro, cuando Kagami se mudó, hace un año, nadie fue con él al piso que vive ahora; la madre del pelirrojo llamó poco después confirmándole que su padre no iría con él, que había sido una idea tonta que se le había ocurrido en el momento, que no quería saber nada más ni de él ni de su madre porque le daban igual... Pero los tres años anteriores sí que se mantenían en contacto y Kagami pocas veces veía a su padre; desde el divorcio su madre comenzó a echarle todo en cara porque ya en aquel entonces estaba apasionado por el básquet y sabía que iría a una preparatoria de aquel deporte, lo tenía decidido. Al principio su madre se negó, armando broncas peores, pero Kagami logró convercerla, sin saber muy bien como.

Y ahora esto... ¿le comparó con Tatsuya? "Pues lo siento por no ser igual que él..." dijo Kagami en su mente. Aún seguían dentro de la cancha con el cielo nocturno en sus cabezas, la atmósfera se había relajado un poco y ahora Kagami no se mostraba enfurecido sino... apenado; sus ojos miraban al suelo con el ceño fruncido en tristeza.

Tenía un nudo en la garganta, que era el mar a punto de desbordarse por los ojos, una ola empujándole hacia el más hondo de los océanos y es que... a partir de ahora esto no iba a ser lo peor para Kagami...

Por muy fuerte que aparentase ser, por muy bravo que fuera su carácter, recibir ese tipo de palabras dolían y entristecían, y dolían más si eran por parte de una persona a la que quería y que sacrificaría su vida por ella...

El pelirrojo no tuvo fuerzas para caminar y se sentó en el frío y sucio suelo, dejando de nuevo la mochila a un lado y apoyando la espalda en la pared gélida, éste se estremeció un poco pero no se apartó, tan solo se abrazó a sus rodillas y escondió la cara en ellas, roto. Comenzó a llorar en silencio, sentía vergüenza hacer eso delante de Aomine pero no pudo aguantarlo, no podía... habían sido palabras muy duras para él. Tenía los dientes apretados, lloraba de impotencia, de rabia...

Aomine le observaba... ¿qué habrá pasado? Se preguntó en su mente, nunca había visto a Kagami así, nunca lo había visto tan depresivo...

-Kagami... ¿estás bien? -preguntó con tono suave, pero Kagami no contestó.

Daiki estaba en una situación incómoda, ¿qué debía hacer en esos momentos? Entonces se agachó poniéndose de rodillas en el suelo y cogiendo su bolsa buscando algo en su interior, tal vez pañuelos, no lo sabía, no buscaba nada en concreto.

-Aomine... Puedes irte a casa si quieres... yo me quedaré aquí un rato -susurró por debajo de sus rodillas, por el tono de voz Aomine adivinó que Taiga había llorado y que seguía haciéndolo.

Se entristeció él también, no le gustaba... no le gustó ver así a Kagami. Entonces al fondo de su bolso encontró dos pequeños papeles rectangulares de color azul, frunció el ceño observando mejor y vio que eran dos entradas... dos entradas para... ¿El acuario?

"Si vienes este domingo día dieciséis tienes entrada libre para el espectáculo de delfines. ¡Aprovecha ahora!" Ponía en letras color blanco, la oferta era para este domingo.

Se acordó que en clase, la semana pasada, les dieron a todos los alumnos dos entradas para aquel sitio por no sé qué y Aomine las iba a tirar, porque estaba claro que él no iba a ir y Momoi tampoco estaba muy dispuesta a hacerlo, decía que le daban miedo los tiburones. Pero resultó que aquellas entradas solo quedaron abandonadas al fondo de su bolso.

Entonces, se le ocurrió una cosa que no estaba del todo seguro si funcionaría.

-Oye, idiota -dijo con cierta dureza para que Kagami al menos levantara la cabeza, pero fue en vano. Suspiró-. Kagami -se puso delante suya aún de rodillas y apoyó una mano en el hombro del chico pelirrojo, era la primera vez que tenía esa clase de contacto con él-. No sé lo que habrá pasado pero... a lo mejor te parece una tontería esta idea y me mandas a la mierda... -no creía que iba a ofrecerle algo así a su rival-. Bueno... -se ruborizó un poco rascándose el pelo-. ¿Te apetecería ir al acuario este domingo conmigo? He pensado que esto a lo mejor te anima un poco... Tengo dos entradas que...

Kagami había alzado la vista pero seguía abrazado a sus rodillas, aún caían unas cuantas lágrimas resbalando por sus mejillas como pequeños ríos desembocando al mar, presentaba un leve sonrojo a causa del frío en sus blancas mejillas y miraba con un brillo esperanzado a Aomine; observaba de tal manera a Daiki que el moreno no pudo evitar sonrojarse... "Joder, está jodidamente mono." Pensó el peliazul percatándose de sus pensamientos y ladeó la cabeza para quitárselos de encima.

Kagami se limpió las lágrimas con el brazo y se levantó poco a poco, Aomine le imitó.

-Me encantaría ir -miró al suelo-. Lo siento... Pensé que nunca me verías así.

-Idiota... -y antes de que Aomine dijera algo más Kagami le abrazó, éste se sorprendió abriendo los ojos y la boca, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo de su contrario, como la mano fría del pelirrojo se posaba en su cuello estremeciéndolo y como el aliento entrecortado que sentía cerca de su piel le ponía los pelos de punta. Aomine correspondió el abrazo posando una mano sobre la espalda del pelirrojo, se sentía tan... bien-. Ei, idiota, ya es suficiente ¿Por qué haces esto así de repente?

Kagami se separó y le miró.

-Gracias -sonrió, y aunque Aomine no entendía el por qué de aquel agradecimiento por parte de Kagami el pelirrojo sabía muy bien porque se lo había dicho.

Aomine ahora mismo había hecho que Kagami se recuperase de aquel repentino bajón que incluso había llegado al límite de llorar; Daiki, con sus palabras o tal vez con sus gestos hizo que el pelirrojo recobrara la compostura y volviera a sentirse bien de nuevo.

Aomine no era tan solo su rival, no era una persona con la que se llevara mal aunque al principio le hubiera causado muchos problemas, no era aquel rival que quería aparentar que fuese... Ellos dos eran algo más aparte de adversarios, porque dos adversarios no estarían de aquella manera en unas canchas de baloncesto. No, ellos dos eran amigos, compañeros, se tenían cariño el uno al otro aunque no quisiesen reconocerlo, se habían acostumbrado a la presencia del otro y lo que aparentaban ser tan solo era una máscara, pero a ellos les divertía, les divertía ser así.

-¿Acabamos el uno a uno? -propuso Kagami cogiendo la pelota que reposaba al lado del bolso de Aomine, el peliazul asintió y guardó las entradas en el bolsillo de su pantalón.

Fueron al medio de la cancha y esta vez fue un juego, como decirlo... relajado, no el típico que siempre hacían de dar todo lo mejor de ellos, de correr de un lado a otro como dos fieras cansándose enseguida, de sudar como gallinas dentro de un horno, no, esta vez no fue ese tipo de juego.

Esta vez parecieron disfrutarlo de verdad, mucho más que otras veces, y no por el simple hecho de que Daiki había consolado a Kagami sino también, porque se habían dado cuenta de que en todo este tiempo lo único que hicieron fue unir más su relación. Y no hizo falta palabras para decirlo, porque con las miradas, las sonrisas y los gestos ya se veía. Acabaron el juego, nadie ganó pero tampoco nadie perdió; se tumbaron en el suelo el uno al lado del otro, riendo.

-Casi te tropiezas y te caes con tus propios cordones, mira que hay que ser Bakagami -rió con estrépito el moreno.

-¿Hah? No me jodas Aomine, eso fue un accidente, seguro que lo has hecho todo tú -Kagami miró al cielo, las nubes impedían ver las estrellas de aquella noche.

-¿Yo? Claro, con magia si te parece -las respiraciones de los dos chicos se calmaron, y el sudor de sus cuerpos había desaparecido por completo; en cambio, se quedaron un rato allí, tumbados y callados, contemplando el cielo y notando como el frío comenzaba a recorrer toda su espalda.

-¿Qué hora es? Será mejor que nos vayamos ya, parece tarde -Kagami giró su cabeza para contemplar al peliazul.

-Son casi las doce -Aomine miró su móvil que yacía en el bolsillo del pantalón y lo guardó de nuevo-. Pero mañana es sábado -él también miró al pelirrojo y por un momento cada uno se sumergió en los ojos del otro, como hechizados... Kagami contemplaba los ojos azules de Aomine, tranquilos y serenos como un oscuro océano, el cual estaba en total calma y Aomine contemplaba los rojizos ojos de Kagami, chispeantes como el fuego, como una pequeña llama dando calor y calidez. Y así se quedaron unos cuantos segundos, Kagami fue el primero en apartar la vista, preguntándose que había pasado ese instante.

-Deberíamos irnos -se levantó de un salto del suelo y entregó su mano para ayudar a Daiki a levantarse, el moreno la aceptó encantado-. Creo que estoy cogiendo frío.

-Eso te pasa por ir tan desabrigado, idiota -los dos jóvenes fueron para recoger sus cosas y Aomine, en un gesto de caridad, le entregó su abrigo a Kagami-. Póntelo... -giró su vista-. Yo no tengo frío.

-¿Eh? ¿A caso eres mi... madre? -pronunció con voz apagada la última palabra y los recuerdos le invadieron de nuevo, haciendo que suspirara.

-¿La quieres o no? -dijo esta vez con un tono más brusco, sus mejillas se habían sonrojado levemente a causa de aquel ofrecimiento-. No me hagas repetírtelo de nuevo... -gruñó.

Kagami en cambio le miró, no pudo evitar reír y cogió encantado el abrigo del moreno; tenía bastante frío y temía ponerse enfermo... Si lo hacía Riko le obligaría a quedarse en cama hasta recuperarse... y si lo hacía no podría jugar a básquet... y si no jugaba a básquet se aburría... y así sucesivamente. Se lo puso y de cuerpo le quedaba bien, en cambio, las mangas le venían unos centímetros grandes y la causa de eso era que Aomine era un poco más alto que él. Se sentía caliente... se sentía bien y acogedor llevar puesto aquel abrigo; se abrochó del todo escondiendo parte de su cara en el cuello del abrigo, por dentro era suave y aterciopelado, cogió su mochila poniéndosela en la espalda comenzando a caminar.

-Te acompaño a casa -dijo Aomine-. ¿Te importa?

-No, está bastante cerca de aquí -sus manos estaban metidas dentro de los bolsillos, calentándose del frío-. Y aunque mañana sea sábado, me tengo que despertar pronto.

-¿Por qué? -bostezó Daiki estirando sus brazos como muestra de cansancio-. Yo duermo hasta tarde los fines de semana... no tengo nada qué hacer.

-Entrenamiento -se encogió de hombros-. No soy como otros que pasan de todo.

-¿Hah? Yo no hago y aún así te sigo ganando -dijo con cierta mofa.

El pelirrojo resopló hinchando los mofletes y cruzándose de brazos.

-¿Envidioso? -Aomine hizo media sonrisa.

-¿De ti? Ni muerto -contestó con resignación.

Y después de eso los dos chicos se miraron y empezaron a reír, reían por hacerlo, no tenían ningún motivo en especial. Andaban a paso lento y comenzaron a hablar sobre sus compañeros de equipo, a alagarles y a quejarse de ellos hasta que Aomine cambió por completo el tema de conversación.

-Oye, Kagami -habló algo más serio-. ¿Qué te paso antes?

-¿Eh? -le miró sin comprender hasta que se dio cuenta a lo que se refería-. Ah, eso... -agachó la cabeza-. Fue mi madre...

-¿Quieres contármelo? A lo mejor te sientes mejor si lo haces... -apoyó una mano en su hombro-. Pero no te estoy obligando a nada.

-Ao-Aomine... -le miró titubeando-. ¿Puedo confiar en ti? Se me hace raro... ¿sabes? Normalmente siempre peleamos por tonterías.

-Claro que puedes, idiota -le pegó una palmada en la cabeza-. ¿Quién te crees que soy?

Kagami le miró entrecerrando los ojos y le pegó un puñetazo en el hombro.

-Te lo contaré -miró hacia otro lado-. Verás, mi madre está en el hospital, en unas semanas la van a operar de cáncer.

-... -Aomine no respondió enseguida, abrió los ojos, algo sorprendido-. Bueno... pero seguramente...

-Sí, irá bien -acabó Kagami-. Pero eso me da igual, bueno, no es que me dé igual pero ese no es el problema principal... -se acomodó la mochila, pegando un saltito para subirse las asas-. Ella... ella me echa las culpas de su divorcio... siempre me echa las cosas en cara y me compara con otra gente... -apretó los dientes-. Y, ¡joder! Duele... duele mucho... Me siento impotente, me siento inútil cuando me dice esas cosas, porque me hace sentir que es verdad... Yo...

-¿Tú piensas que eres un inútil, Kagami? -Daiki tenía el ceño fruncido, Kagami le miró.

-No... no sé -apretó los labios-. A veces...

-¿Sólo cuando te lo dice tu madre? -el pelirrojo asintió ante la pregunta-. ¿Crees qué si de verdad fueras un inútil estarías jugando a básquet, y hubieras ganado hasta a miembros de la Generación de los Milagros? ¿Crees qué si fueras un inútil tus compañeros siempre confiarían en ti? Dime.

-No... pero...

-Ahí tienes la respuesta, Kagami, puedes ser un idiota pero no eres ningún inútil -el peliazul puso una mano sobre el pelo de Kagami, éste le miraba con el ceño fruncido en tristeza.

No respondió a lo que Aomine dijo, comenzó a hablarle de todos sus pensamientos; recordó que hace tiempo que no veía a su abuela -hablando de parte de madre-, la última vez que la visitaron fue cuando Kagami tenía once años, la única familia que conoció el chico pelirrojo fueron sus padres y los abuelos por parte de los dos; no conocía a sus tíos aunque ellos también estaban viviendo en América, no conocía a sus primos, ellos, según su madre, vivían por alguna parte de Europa y por parte de la familia de su padre ni siquiera sabía donde se encontraban. Su padre nunca le habló de ellos ni tenía intención de hacerlo; pues como bien pensó antes Kagami él siempre se comportaba distante y frío, pero era verdad que hubo algunas veces que recibió cariño por parte de él.

Su abuela le quería, o eso es lo que decía, aunque recordaba que siempre estaba chillándole pero porque el pelirrojo no paraba de hacer travesuras... Por ejemplo, se acordó que subía encima de los manzanos y comenzaba a tirarle manzanas desde arriba a su abuela porque ella siempre le obligaba a hacer cosas que no quería y también, soltaba a todas las gallinas del corral y luego su abuela tenía que ir detrás de ellas para que no se perdiesen.

Y la última vez que habló con ella fue para discutir, su abuela le dijo lo mismo que su madre: que con el básquet no se ganaría la vida. Y a partir de aquel momento ya no tuvo más contacto con ella y tampoco lo quería, estaba cansado de que ella también dijese esa clase de cosas. Pero que aquellas palabras fueran por parte de su madre le hacía más daño aún. Que le dijera que por su culpa ellos se habían separado le rompía por dentro, le daba rabia, porque cualquier cosa que él dijese su madre siempre le llevaría la contraria. Y todo esto... ¿comenzó por qué tan solo quería jugar a básquet? ¿Y si él quería ganarse la vida con eso? ¿Y si resultara ser que de mayor se convertiría en un jugador profesional y se hiciera famoso? ¿Por qué no pensaba eso su madre? ¿Por qué tan solo pensaba cosas negativas?

Y su padre... lo pensaba hace tiempo pero no le dio importancia aunque ahora... Ahora se dio cuenta de que no estaba conforme con el padre que tenía; se acordaba de aquel rostro que muchas veces le ponía, se acordaba de las palabras que le decía al mirarle de esa manera... "¿Puedes apartarte un poco, por favor?" Le solía decir él con gesto amargo cuando Kagami quería abrazarlo o contarle lo que ha hecho durante el día.

Habían llegado al portal de Kagami y se pararon debajo de la puerta, Aomine había escuchado toda su charla; el pelirrojo le había contado todo, toda su conversación, sus sentimientos y demás. El moreno le escuchaba plenamente, esta vez parecía interesado y no ponía aquella mirada despreocupada y aburrida con la que solía estar.

-Y si de verdad... ¿y si de verdad mis padres no me quisieron tener? -Kagami había llegado a esa especulación, su rostro miraba al suelo y tenía los puños levemente apretados.

-No digas eso -contestó Aomine-. ¿Cómo eres tan idiota para pensar eso? Si fuera así, ¿no crees que tú madre habría abortado antes de tenerte? O a lo mejor te hubiera dado a algún orfanato o abandonado...

-Esas palabras son muy duras, Aomine -se abrazó a sí mismo, aún seguía con el abrigo del peliazul.

-No... no quería decirlo de esa manera -chasqueó la lengua. Kagami de nuevo estaba de bajón-. Quería decir que si que te quieren, al menos tu madre, por lo que me has contado ella se ha preocupado muchas veces por ti ¿no es así? Aunque te diga esas cosas, seguro que inconscientemente piensa que debes hacerlo de esta forma, seguro que está orgullosa de ti.

-De verdad sabes como consolar a una persona... idiota -dijo Kagami empezando a quitarse la chaqueta.

-Hm... -se ruborizó y miró hacia otro lado-. Cualquiera lo haría viendo a un idiota deprimido -el pelirrojo le entregó la chaqueta y Aomine la cogió, poniéndosela, estaba calentita y se notaba el aroma de Kagami.

-Gracias por escucharme, me siento mucho mejor -se encogió de hombros mientras el vaho blanco salía de su boca por cada palabra que articulaba-. Ahora sé que puedo confiar en ti -y le dedicó una amplia sonrisa al moreno, sincera, brillante.

Aomine abrió los ojos y un poco la boca, no se esperaba que el pelirrojo hiciera eso... aquella sonrisa tan... "jodidamente perfecta", concluyó el peliazul en su mente. ¿Qué narices le estaba pasando hoy con Kagami? Y dos segundos después, antes de que el pelirrojo comenzara a hablar de nuevo, esta vez fue Aomine quien le abrazó, rodeándolo con sus fuertes brazos. Al pelirrojo le tomó por sorpresa y se sonrojó levemente.

-¿Hoy es el día de los abrazos o qué? -dijo con burla sonriendo.

-Empezaste tú, idiota -Aomine le soltó, empujándolo levemente-. No me preguntes porque lo he hecho, fue impulso... o algo así.

-Sí, ya... impulso... -pronunció socarrón-. Es igual... bueno, creo... que debería subir ya a casa -tiritaba del frío levemente.

-Y yo debería irme... me van a echar la bronca -el moreno se rascó la cabeza.

Ninguno de los dos quería despedirse pero no lo dirían en alto, su orgullo no se lo iba a permitir. Kagami fue el primero en dar el paso y giró lentamente su cuerpo, cogiendo las llaves de su mochila y abriendo el portal.

-¡Kagami! -Aomine le cogió por la muñeca, girándolo hacia él, y algo en el interior del pelirrojo agradeció que hiciera eso-. Te olvidas la entrada para el acuario -éste la sacó de su bolsillo.

-Gracias -Taiga la cogió, mirándola un par de segundos-. ¿Sabes? Nunca he ido a un acuario, me hace ilusión ir desde hace algún tiempo.

-Yo estoy cansado, tengo que ir cada año con mi familia...

-¿Y entonces por qué quieres ir conmigo? -interrumpió Kagami.

-¿Heh? ¿Qué importa? ¿Has aceptado no? Un día de diversión no te vendrá mal.

-Yo me divierto, no ando aburrido y marginado como otros, Ahomine -soltó una risita.

-No me jodas, Kagami -gruñó el moreno-. Me voy, nos vemos mañana -dijo resignado mientras se daba la vuelta y alzaba su mano a modo de despedida.

-Adiós, imbécil -Kagami también se dio media vuelta y se fue, subiendo por el ascensor.

Aomine, aunque Kagami no lo supiera, vivía bastante lejos de donde se encontraban y tardaría media hora o más en llegar, pero valió más la pena acompañar al pelirrojo, él había confiado en Aomine... ¿eso se lo habrá contado a alguien más? El moreno no lo creía, era una cosa bastante personal. ¿Y por qué se lo contó a él? Si Kagami tenía otros amigos mejores en los que confiar, como Kuroko.

En cualquier caso se sintió algo así como afortunado, y sabía que a partir de ahora las cosas con Kagami no iban a ser igual que siempre, seguirían discutiendo, sí, pero también seguirían uniendo su relación como amigos.

"Amigos..." musitó Aomine en su mente mientras fruncía el ceño, y notó como un pequeño vacío en su pecho... ¿sería por él? ¿Por Kagami? ¿Pero por qué, por qué se sentía así después de aquella conversación sobre novios? No había manera de que él pudiera querer a Kagami, era un chico y nunca sintió ningún tipo de atracción por los de su sexo, ni quería. Pero Kagami... Él había mostrado su lado débil, le había mostrado aquella sonrisa... Y Aomine no pudo evitar sonrojarse al recordarla.

-Tsch -chasqueó la lengua con molestia-. Maldito idiota.

Mientras tanto Kagami había abierto la puerta de su gran piso, vacío, oscuro y solitario... Suspiró y se llevó una mano al pecho, sonriendo seguidamente al recordar el abrazo de Daiki y reaccionó, subidamente, por lo que acababa de hacer.

Quería dejar clara una cosa en su mente: a él no le gustaba Aomine. Sí, bueno, le gustaba, le gustaba como amigo, rival, compañero... ¿no? Porque él le acababa de ayudar emocionalmente, y también pudo confiar en él para contar cosas que quería decir hace tiempo a alguien, y por alguna razón, Aomine fue aquella persona que más confianza le dio.

Estaba cansado, y lo único que quería hacer era acostarse y dormir; el reloj marcaba casi las dos de la madrugada. Dejó sus cosas a un lado de la habitación y procedió a quitarse la ropa y ponerse una camisa de manga larga, calentita y cómoda, la ducha la dejaría para mañana.

Cogió el móvil y lo encendió ya que lo había apagado antes porque estaba furioso con su madre.

-¿Qué demonios...? -estaba tapado con las sábanas, en la pantalla del móvil aparecieron diez llamadas perdidas y cuatro mensajes... de su madre.

Comenzó a abrir los mensajes de texto: "¿Por qué no contestas a las llamadas? ¿Te parece normal gritarme y luego colgarme? Y encima apagas el móvil." Decía el primero.

"¡Estoy cansada de ti! Ugh, te pareces a tú padre, siempre hacía lo mismo cuando no quería saber nada de nadie." Decía el segundo.

"¿Es así como tratas a tú madre, eh? Tú madre, que está en el hospital, que la van a operar... Y tú ni siquiera puedes darme ánimos para que todo vaya bien ¿no? Estoy harta, tú y tu maldito padre solo os preocupáis de vosotros dos, sois unos egoístas."

Y por último, abrió el cuarto: "Está bien, no contestes, ni llames ni nada. No quiero saber nada más de ti, te he soportado bastante durante todos estos años y creo que he sido una buena madre para ti porque nunca te ha faltado de nada, y de tu padre no puedes decir lo mismo. Así que, se acabó, como quieres aparentar ser mayor y quieres hacer algo con lo que vas a fracasar, hazlo, me da igual todo; pero cuando crezcas lo recordarás."

Kagami frunció el ceño, tragando saliva con dificultad... de nuevo aquel nudo en la garganta... ¿Por qué su madre le decía todas aquellas cosas? Tiró el móvil al otro lado de la cama y se tapó entero con las sábanas, encogiéndose sobre si mismo y comenzando a llorar de nuevo. De pronto se sintió muy solo, muy pequeño, muy vacío...

¿De verdad su madre pensaba que él no se preocupaba por ella? ¿De verdad ella estaba harta de él?

No quiero saber nada más de ti... Recordó aquellas palabras en el mensaje de texto. ¿Por qué lloraba? No se merecía llorar, él no había hecho nada, no había hecho nada malo, solo quería hacer lo que de verdad le apasionaba... ¿tan difícil de entender era?

Kagami aquella noche no durmió bien, no paraba de pensar en cosas, de cuando era niño, de cuando era adolescente... de darle una y mil vueltas a todo lo que había ocurrido hoy... y supo que lo que más necesitaba en esos momentos era la compañía de Aomine que con solo recordarlo se sentía algo mejor...

Fin, bueno, sé que Kagami no tiene este carácter tan... depresivo. Pero a ver, comprendedlo, no es un amigo quien le ha dicho todo eso, sino su madre y aunque quieras o no eso duele mucho -no por mi parte porque mi mami me quiere-, pero sí puede ser el caso de muchas otras personas -y conozco-. A mi también me darían ganas de llorar si me pasara eso, y bueno, Kagami también tiene su lado triste, y su lado tierno, al igual que Aomine, quien se ha mostrado ksjdjshd con Kagami XD.

Siguiente capitulo: Pronto!