Aquí el real capítulo.

Lo siento.


La primera semana de clases no fue tan terrible; miradas de lástima, palmadas en la espalda, frases alentadoras, etc. Todo lo que una persona que recientemente había perdido a sus padres recibía, o tal vez un poquito más.

Hermione estaba tirada en la sala de su casa, un día sábado temprano por la mañana, no había podido dormir bien las noches anteriores, todo por la culpa del misterioso ático, escuchaba ruidos, pasos, susurros, cosas que en esa completa semana ya en vez de causarle temor, le producían un insistente dolor de cabeza y por sobre todo, mucha molestia.

Incontables fueron las veces que decidió salir, despojarse de la calidez de sus suaves sábanas para subir esos pocos escalones hasta la tercera y última planta, dónde solo había una puerta, una puerta imposible de abrir. Martilló, golpeó y hasta quiso triturar la maldita puerta para lograr abrirla, le lanzó lo que tuvo a mano, incluso pensó pedirle la sierra eléctrica a su vecino para hacer tiritas la irritable pieza de madera, pero desistió, el condominio en su totalidad estaba siendo demasiado cuidadoso para con ella, si pedía una sierra, de seguro pensarían que se quería matar y nada más alejado de la realidad que eso.

Suspiró, eran cerca de las cinco de la mañana, hacía más de dos horas que había dejado de hablar con Lena y Amy desde su Notebook, las extrañaba, estar demasiado tiempo con ellas siempre le causaba el mismo sentimiento de añoranza cuando las tres debían partir a sus respectivas vidas. A las tres dejaron de hablar por el MSN, pero a Hermione le parecía una eternidad.

Sabía muy bien que sólo en hora y media ellas estarían en su casa, con el permiso para Lena faltar al Ballet y Amy a sus clases de dibujo y pintura, pero el maldito reloj no se movía, lo miraba con insistencia, y seguían siendo las cinco con uno, cinco con uno, cinco con uno, cinco con uno, cinco con dos.

Arrojó uno de los tantos cojines que la rodeaban, era demasiado el estrés, estaba segura que debía olvidarse un momento de ellas para terminar lo que debía hacer, sino, de seguro que cuando a la hora estipulada ellas llegasen la retarían honrando su amistad y Hermione poco a poco estaba tentándose a no terminar el trabajo para que eso sucediera. Pero no pudo.

Sacó a sus mejores amigas de su mente y tomó otro periódico de hace unos meses, siguió buscando tediosamente entre las pocas páginas y cuando dio la vuelta a la penúltima, encontró lo que buscaba.

Una linda copa de helado figuraba en la mitad de la hoja, leyó el encabezado y las palabras "Más que un sabor, una experiencia" la hicieron sonreír. Había olvidado cuando le pidió a la encargada del periódico escolar que realizase un artículo acerca del negocio de su madre, recordaba en esos instantes que luego del bello, y extrañamente rara forma de invitarles a ir a probar, articulo, muchos de sus compañeros fueron a pesar de saber que existía tal heladería. Muchos de ellos hace poco compradores frecuentes.

Hace poco porque desde el accidente, que la heladería tuvo que cerrar.

Por eso es que estaba ahí, desvelada, con unas ojeras del más puro sueño, mientras que Morfeo, de brazos estirados insistía en llevársela, pero ella tan terca, se negaba a obedecer. Estaba ahí, con muchas revistas y periódicos regados en la sala de su solitaria casa, con la Notebook abierta, navegando en los programas computacionales que su madre empleaba para la maravillosa publicidad que su padre fabricaba para ella.

El teclado del computador de su padre estaba en el suelo, muy cercano a ella, la pantalla que utilizaba era demasiado grande, desde la pared más cerca la miraba, una pantalla impresionante según Hermione, pero bien difícil de trasladar. Ya lo sabía ella.

Entró desde su Notebook y desde el computador de su padre a la misma página, la página oficial de la escuela. La foto del grupo de maestros la recibió mientras de a poco, los diversos Links a otras áreas aparecían dándole opciones para navegar. Los ojos azules del director de la escuela, Dumbledore, captaron de inmediato su atención, siempre con esa sonrisa que lo acompañaba a cada lugar que iba.

¿Quiénes somos? ¿Cómo ingresar? Maestros, Consejo de Padres, Consejo de Alumnos, Destacados, Graduaciones, Torneos, Instalaciones, Ubicación, Mapa de la Escuela. Todo lo que se deseaba saber, finamente redactado por el mismísimo director con la ayuda de la editora y única encargada de la revista escolar, Links vertical y vistosamente ubicados en grado de importancia.

Hermione movió el Mouse y bajó la página. Graciosamente, una pelotita dorada con alas siguió la flecha, el campeonato de Fútbol estaba próximo a realizarse y ese era el emblema de la escuela. Lo ubicó con la mirada e hizo clic con premura.

"Ático"

Según la castaña y sus dos amigas castañas, el periódico escolar debería estar al principio, en cambio, estaba casi al final de la lista, solo a un puesto del último, siendo los Aranceles, el costo de la escuela, la cola de la fila.

La revista estudiantil se abrió de inmediato, los ojos oceánicos de Luna la recibieron, la misma foto que cada comienzo de año debía sacarse por regla del colegio, ahí estaba, ataviada en el uniforme, falda gris, suéter negro de mangas largas o una polera blanca de manga corta con un chaleco sin mangas, a elección, o mejor dicho dependiendo del clima, con unas medias de color negro por sobre las rodillas y zapatos con broche, exigencia de la subdirectora.

Lo único que podría cambiarse, era la insignia en el chaleco, ellos la bordaban del color que uno quisiese, y aunque con esta petición del director, a Minerva casi le da un infarto, era una posibilidad desde hacia dos años.

Luna sonreía en la misma pose desde que se hizo cargo de la revista, al lado de un estante lleno con cajas de antiguos periódicos del colegio y de libros, que de seguro eran sobre animales fantásticos que ella misma había puesto ahí. La insignia de su suéter era de varios colores, como un arco iris, era la única insignia así. Luna era la única así.

Sonrió para sí misma, Luna nunca cambiaba y a pesar de que poco se le veía, no dudaba en que era una muchacha extraordinaria, no sólo por sus buenas notas, sino porque se hacia cargo de "Ático" ella sola y la venta del mismo cada mes subía sus ganancias. Era un año menor que Hermione, pero siempre le agradó.

La castaña pinchó en Artículos Anteriores en busca del que tenía impreso en su mano, Luna publicaba siempre el artículo Online cuando iba a realizar el tiraje del siguiente, así la gente lo compraba en vez de verlo por Internet. Lo encontró y con facilidad recorrió las páginas hasta la penúltima, donde la bella copa de helado inspiraba el artículo de la Heladería.

Con los programas de su madre cortó con precisión la imagen, sabía que navegando en Internet podía encontrar la misma u otra imagen mejor, pero sus ganas no alcanzaban para tanto, además, esa foto se le antojaba maravillosa.

Una hora después tenía los dos Flayers hechos, uno para el reclutamiento y el otro promocional para la gran reapertura de la Heladería.

¡Casi ángeles!

Lena se había reído mucho del nuevo nombre de la heladería, pero reconocía que comparado con el anterior, era un gran avance, Heladería Jane era simple y sin ningún atractivo, el nuevo nombre fue escogido de la nada, sin ni un interés, ni una historia "grandiosa" de por medio.

Era uno de los pocos que quedaban, ya que no podía llamar a su empresa con el nombre que quiso. Tania Ice Cream estaba ocupado, así que se resignó a ponerle como cada vez que su abuela decía al verlos, casi ángeles, tal vez era bobo, pero le gustaba así.

Ding Dong.

Hermione corrió a la puerta y su cara se iluminó con una sonrisa de oreja a oreja. Lena y Amy llegaban con bolsas supuso de supermercado y atrás de ellas, desde la limosina, Remus se despedía con la mano.

- ¿Tan temprano? – indagó Hermione volteando a ver el reloj – son las 6 y cuarto.

- Era estúpido esperar, nos mataban las ansias y aunque no lo creas, Fátima y Luis despertaron de buen humor – dijo Lena entrando con una sonrisa.

- Mis padres no están – se encogió de hombros Amy – y Tonks dijo que me fuera y en eso llega Lena.

- Qué cursi – bromeó Lena en la cocina – trae eso niña.

- Ya voy –

- ¿Qué traen ahí? – curioseó Hermione.

- Comida chatarra – se disculpó Amy – Lena insistió.

- Claro que sí – sonrió – pasaremos un Genial fin de semana.

- ¿Fin de semana? –

- Lena, te dije que deberíamos haberle preguntado –

- Cierra la boca Blanca Nieves – espetó – Sí, nos quedaremos, te dije que Fátima y Luis habían despertado de buenas, me hice la víctima…bueno, te hice la víctima – rió viendo a Hermione – y los convencí para que me dejaran pasar la noche aquí, claro que después de la inauguración…

- Reinauguración – corrigió Amy.

- Como sea, después de eso debo volver de inmediato a la Mansión del Terror –

- Yo sólo se los comenté en el camino a mis padres, no se oponen, dicen que es mejor así – sonrió Amy.

- ¡Genial! – saltó Hermione de la alegría – este día será mejor de lo que me pude esperar.

- Oh, ya creo que sí – gritó Lena – por cierto, has terminado el trabajo en el que no quisiste nuestra ayuda. Trabajo que de seguro te quedó horrible sin mi toque artístico.

- Qué dramática – se carcajeó la castaña – Sí, lo imprimí para ver cómo estaban los ángulos, me gustó, sólo debo sacar las copias.

- ¿No hay nada que cortar? – dijo Amy con resignación.

- Lo siento querida – la abrazó – pero no, tuve hacerlo en tamaño carta al darme cuenta que en el boceto no me alcanzaba más. Tuve que usar una hoja entera.

- ¡Diablos! – se impresionó Lena tomando la impresión – debo reconocer que te quedó bien – leyó por unos minutos – y que habría puesto lo mismo, si le sacas algo, de seguro llega cualquier gentuza.

- Lo mismo pensé – sonrió Hermione – mira el de la reinauguración.

- Mmmm…- lo ojeó - ¡Veinte por ciento de descuento! Genial, Amy, comeremos mucho helado.

- Sí – se alegró.

- No, no, no – las atajó – ese día me ayudarán, si queda helado al cerrar pues les daré su paga, de lo contrario, se aguantan.

- ¡No es justo! – gritó Amy asustando a sus amigas – lo siento, me dejé llevar.

Hermione y Lena rieron y abrazaron a Amy llenándola de besos, segundos después, Hermione hacía lo suyo en la impresora multifuncional que su padre había casi recién comprado.

- Amy, en la gaveta detrás tuyo, hay una caja que arriba dice Toner, ábrela y pásame uno – pidió Hermione abriendo un compartimiento en la impresora.

- ¿Se te acabó la tinta? – indagó Lena desde la cocina.

- No lo sé, pero me temo que sí – le respondió sin mirarla a la vez que intentaba sacar el Toner – imprimí esos dos Flayers con mi Impresora pequeña…

- ¿La que es de hace diez siglos? – chilló Lena - ¿Cómo rayos funciona aún?

- No sé – rió la castaña – lo único malo es que se demora los mismos siglos que tiene.

- No es para menos –

- Aquí tienes – Amy le pasó el Toner – pero si no has usado ésta, cómo sabes si no tiene tinta.

- Así – sacó el Toner que tenía dentro y lo observó – como supuse, está seco. La última vez que alguien lo usó fue hace algunos meses y al estar apagada la tinta se secó.

Lena y Amy se miraron contrariadas, no se les pasó por alto que Hermione adrede omitió que la última persona en usarlo fue su madre, pero lo dejaron pasar.

Hermione hizo treinta copias del papel del reclutamiento y cien de la reinauguración mientras Lena se adueñaba de la cocina y preparaba el desayuno. Amy, con un mapa impreso de la comuna y parte de las que rodeaban la heladería, marcaba lugares estratégicos para poner los Flayers, lugares de gran popularidad para que pudieran ser vistos con mayor facilidad.

A las ocho y media salieron cada una con su segundo café en la mano, en vasos térmicos que Lena ingeniosamente decidió llevar. La pizzería "Morsmordre" fue su primera parada, a pesar de que ésta aún no abría y faltaba mucho para hacerlo llamaron a Bellatrix para pedirle que pusiera los anuncios en la vitrina.

- Por supuesto querida – sonrió ella y las chicas fugazmente alcanzaron a saludar al señor Tom.

Regresaron a la casa a eso de las diez, dos personas estaban sentadas en el pasto de su casa y las tres sonrieron con gusto, las cosas iban más rápido de lo que habían planeado.

- ¿Vienen por lo del reclutamiento? – les preguntó Hermione y ellas asintieron - ¿Saben que es a las once, verdad?

- Sí lo sabemos – contestó una de mala manera – sólo queremos ser las primeras.

- Muy bien – dijo Hermione con ganas de decirle desde ya que ni en sueños obtendría el puesto – si llega más gente hagan una fila, los entrevistaré según orden de llegada.

- Oh, ¿tú eres Hermione? – dijo la chica altanera levantándose en un segundo.

- Sí –

- Lo siento, pensé que venías por el puesto – se disculpó – eres tan joven.

- Claro, claro –

Una vez dentro de la casa, Lena se rió como loca, diciendo cosas casi inaudibles de cómo se le había ido el color a la altanera ésa.

- Debe tener nombre – la retó Amy.

- Lo sé – bromeó Lena – su nombre es altanera.

- Ya basta ustedes dos – zanjó Hermione – preparemos el lugar de las entrevistas.

- ¿No será aquí dentro? – preguntó Amy con inocencia.

- ¿Para qué? ¿Para que vengan a testear las pertenencias de Hermione y se den cuenta que vive sola? – ironizó Lena – Dah

- No seas malcriada Lena – advirtió Hermione – además ya limpié el garaje, podemos hacerlo al aire libre, se ve que será un bello día.

Cuando Hermione salió con dos sillas en sus manos, lo primero que vio fue a la petulante joven que le sonrió para no quedar mal ante la castaña, Hermione caminó sin hacerle caso y vislumbró una fila de por lo menos veinte personas, todos jóvenes y de seguro buscando un trabajo fácil.

Amy salió tras ella con dos sillas y una cajita de lápices mientras Lena la seguía con una mesa no muy grande pero lo suficiente para las tres.

A las once en con diez, después de que a las once Lena avisara a gritos en medio de la calle que no recibirían más curriculum después de diez minutos, la misma, recogía los papeles en orden de fila mientras que avanzaba los que lo habían entregado se arrimaban a la sombra de los árboles y otros acaparaban el sol.

- Aquí tienes preciosa – le sonrió un joven de cabello verde.

- Gracias – sonrió ella – por el curriculum – dijo haciendo reír a los más cercanos.

- Siempre están los idiotas que quieren impresionar a las amigas para ganarse a la dueña – escuchó Lena mientras casi terminaba la fila.

- Tienes razón George, pero ¿no era eso exactamente lo que planeábamos hacer? –

Lena no pudo evitar reírse y en ese momento llegó hasta ellos, los miró y abrió los ojos sorprendida por unos segundos, segundo que no fueron suficientes para que ellos se dieran cuenta.

- ¿Su curriculum? – estiró la mano.

- Aquí – pasó uno de los gemelos – sí, somos iguales ¿no crees?

- No – anunció Lena sin interés - ¿El tuyo?

- Toma – se lo entregó – ¿En serio no lo crees?

- Los conozco, son los hermanos Weasley´s – siguió recaudando – son famosos por sus bromas, pero más por su estupidez.

- Ouch – gimieron a la vez.

- Lo que me sorprende es que deseen trabajar en una heladería – continuó mientras ellos caminaban a su lado.

- Siempre damos sorpresas, ¿No es así George? –

- Por supuesto Fred – sonrió – por cierto ¿Cómo nos conoces?

- Fueron a mi escuela –

- Claro, Hogwarts… –

- Institute –

- Así es –

- Pues espero que por ser del mismo lugar tengamos preferencia – dijo Fred acercándose tanto a su oído que casi rozaba su cabello.

- Tal vez – dijo Lena recibiendo el último papel – pero ¿No han sopesado la posibilidad – se giró y rozó su nariz con la de él sin inmutarse – de que solo uno de ustedes pase la prueba?

Fred y George abrieron la boca, pero nada salió de ellas, Lena se volteó y caminó hacia sus amigas, en una salida teatral que le causaba risa, pero no se permitió reír hasta que ocupó su puesto a la izquierda de Hermione.

- Aquí están todos, creo que son unos cuarenta – suspiró Lena mientras sonreía.

- ¿Qué te pasó? – inquirió Amy.

- Nada importante, sólo están tus cuñados Hermione – picó mientras la castaña enrojecía y los buscaba con la mirada.

- Cierto – dijo cuando los localizó.

- Pero no por eso tiene preferencia – intervino Amy - ¿Verdad?

- Verdad – acotó Hermione volviendo a la normalidad y quitándose de la mente a Ron – empecemos.

La ayuda de Lena y Amy le estaba siendo muy favorable, ellas preguntaban cosas que a Hermione se le iban por el tintero y que nunca pudo pensar.

La primera, fue la altanera, Hermione sonrió cuando se sentó delante de ellas y Lena, sin pudor alguno, escribió con una letra bellísima la palabra Altanera arriba de su Curriculum, sonrió aún más cuando los ojos de Pamela, así se llamaba pudieron armar la palabra. Resultó ser que la muchacha era toda una arribista, quería saber si en un futuro podía invertir en la heladería, como una especie de empresa en sociedad. Luego de esa pregunta, Lena la despidió amablemente y con un plumón grueso puso, "Ni pensarlo" a lo largo del papel.

Llevaban más de la mitad de la gente y sólo tres le parecían a Hermione posibles candidatos, dos hombres y una mujer, no la convencían mucho pero estaban en la pila de los "Ya veremos" que era decir mucho.

- Siguiente, Fred Weasley – anunció Lena tomando su curriculum.

- Déjeme pedirle un favor – les sonrió a Hermione – su amiga insinuó que posiblemente uno de nosotros – apuntó a su hermano que estaba más atrás – no se le permitiese quedar, sabemos que hay mucha gente, pero somos un dúo, funcionamos juntos. ¿Podríamos hacer la entrevista juntos?

- Sólo hay una silla – apostilló Lena sin dar oportunidad a Hermione para responder.

- No hay problema –

El otro gemelo, se acercó y se sentó en el apoyabrazos de la silla, les sonrió, esperando que les dieran el sí.

Lena estalló en una carcajada, la verdad es que se veían bastante femeninos los dos en una silla de por sí pequeña, pero eso a Hermione no le importó, poca gente hacía reír de esa manera a Lena y ese era un indicio.

- Muy bien – se hizo notar – empecemos, señores Weasley.

No pudo haber entrevista más divertida en la vida, ¿Hablaron de trabajo? Lo mínimo ¿Hablaron de capacidades? Algo ¿Hablaron del diario vivir? Oh, claro que sí.

Preguntas de dónde vivían, con quién, si tenían novia, si es que le gustaban los helados, qué sabor, en qué cantidad, qué estación del año era su preferida, etc. Lena sonreía mucho, no por que las cosas que le dijeran fueran demasiado graciosas, sino más bien por la insistente mirada de Fred sobre ella. Halagó sus pantalones, sus Converse y fue ahí que Lena sucumbió.

- Si la heladería fuere mía, tendrían el trabajo – se le salió ante la escéptica mirada de Hermione. Amy ni se enteró.

Lena quiso ser avestruz, ella no decía ésas cosas, nunca lo hacía. Pero había algo en la mirada de ese muchacho que la ponía nerviosa y muy incomoda, no sabía exactamente qué era, pero algo había.

George estaba algo aburrido, las miraditas que su hermano le daba a aquella muchacha no eran nada del otro mundo, las veía a diario, además, estaba seguro que ésta vez, su hermano Fred había encontrado la horma de su zapato. Sí, puede que la niña haya dicho que si fuera por ella les daba el trabajo, pero sus comentarios mordaces y esa mirada tan penetrante de sus ojos claros le indicaban que era alguien de armas tomar.

El gemelo aburrido fijó su mirada en Hermione, la vio sonreír y algo en su interior se removió, ¿No era ella la presidenta del Club de Debate? Recordaba haberla visto antes, en esos aburridos monólogos que por un castigo alguna vez debió escuchar con su hermano.

- ¿Tú eres Granger, cierto? – interfirió.

- Sí, Hermione Granger – sonrió - ¿Por qué?

- Eres la presidenta del Club de Debate –

- Lo era – corrigió.

- Ya veo –

- ¿Ya ves qué? – inquirió Fred.

- Es ella – dijo George con voz melosa – la de que nos habló Ron y Harry.

- ¡Eres tú! – exclamó emocionado.

-Yo-o e-h – titubeó.

- Cuéntame de eso – Lena se sentó en la orilla de su silla.

- Harry y Ron, más Harry, nos comentaron que había…pues ya saben, lo de tus padres – George miró con pena a Hermione, ella le sonrió – y bueno, somos hermanos de Ronnie…

- Sabemos cuándo le pasa algo… – continuó Fred.

- Y al hablar de ti…-

- Pone cara de bobo – rió Fred imitando la expresión de su hermano menor.

Hermione rió, pero de nerviosismo, sus manos comenzaron a sudar, y aún más al ver la tenebrosa expresión de los gemelos para querer hacerle broma a Ron a pesar de que no estaba ahí. Se notaba a leguas que deseaban bromear, pero no lo hacían por respeto, ya sea por que no conocían muy bien a Hermione o por temor a perder la oportunidad de trabajo.

- ¡Ah! ¡Finalmente! – suspiró Lena luego de terminar con la última entrevista.

- Sí, esto resultó más agotador de lo que esperaba – Hermione tomó agua mientras Amy les sonreía con cansancio.

- ¿Y bien? ¿A quienes dejarás? – indagó Amy estirando sus piernas.

- Eso no se pregunta Amy – se quejó Lena – es obvio ¿no?

- Aunque me cueste aceptarlo, es cierto – suspiró la castaña – no hay nadie mejor que ellos para el trabajo. Atraerán a la clientela, sobre todo a la femenina.

- ¿Los dejarás? – preguntó Amy con una sonrisa ansiosa.

- Sí – se resignó – son ideales.

- Lo comunicaré –

Sin esperar más confirmación, Lena se levantó y a todo pulmón gritó un claro y estridente "Los gemelos Weasley´s obtienen el trabajo, los demás, largo", todo abría sido maravilloso si aquella petulante mujer no hubiera abierto la boca para despotricar en contra de Lena. Cinco segundos después Fred afirmaba con fuerza la cintura de Lena que imperiosa deseaba arremeter contra la tonta joven, Amy trataba de alejar a las problemáticas mujeres y cuándo ya no pudo con ellas, gritó.

- ¡Y se largan, con un demonio! – chilló colérica.

- ¡Qué te pasa, mocosa! –

- No hemos elegido a los jóvenes Weasley´s por que nos caigan bien, puedo asegurar que Lena más que nada desea enterrarlos vivo – gimió mientras Lena soltaba una risotada y relajaba su cuerpo – son buenos en lo que hacen, son divertidos y eso es lo que necesita la heladería. Así que por favor, les ruego que se vayan.

- No tienen nada más que hacer aquí – acotó Hermione ubicándose a un lado de Amy.

- Cómo sea – y las jóvenes desaparecieron.

- Tranquila – calmó Hermione a Amy – Tranquila.

- Lo siento, es que estaba segura que Lena les dejaría echa polvo si las tocaba –

- Estás en lo cierto – Lena abrazó a Amy – Gracias.

- Qué conmovedor – burló Fred – Eres apasionada… Lena ¿Verdad?

- ¿Apasionada? – cuestionó la susodicha - ¿A qué te refieres con eso?

- No es algo malo – intervino George – mi hermano quiere decir que te dejas llevar por lo que sientes.

- Sí, sí –

- Ya, suficiente – cortó Hermione – ahora, los espero mañana para la reinauguración.

- A su orden jefa – corearon los dos y las dejaron solas.

&.

- No creo que sea buena idea –

Hermione veía como Lena y Amy se abrigaban con algunos suéteres de más, a pesar de que los días estaban siendo muy calurosos, la noche caía sobre ellas con un doloroso frío invernal, que no estaba acorde con la estación.

Frunció el ceño presa de una incomoda sensación, no quería que ellas saliesen, sí, estaba aún algo claro pero sin duda en media hora el manto negrusco de la noche les caería como una siniestra capa sobre sus cabezas, pero por otro lado ansiaba que trajeran lo que iban a comprar.

- Sólo a nosotras se nos ocurre traer comida y no bebestibles – gruñó Lena metiendo sus manos en la chaqueta.

Hermione escuchó esto como a lo lejos, Lena y Amy ya se habían ido cuando salió de su estado semi-comatoso, suspiró con resignación; se había quedado sola. Prendió la televisión y la dejó en el primer canal donde encontró una película. Se sentó pesadamente en su sillón y cerró los ojos, escuchando sólo el dialogo del filme.

Una de vaqueros por lo visto, y una muy vieja.

Se adentró en un estado somnoliento por no supo cuánto tiempo, su cuerpo se relajó y sintió en sus venas cómo la sangre la recorría con premura, escuchaba su propio corazón traquetear y luego de un suave latido no escuchó más.

- Despierta – susurró.

- Hmmm – se quejó Hermione, se removió pero no abrió los ojos.

- Hermione – volvió a susurrar.

- ¿Lena? ¿Amy? – preguntó.

- ¿Acaso tengo voz de mujer? –

Y Hermione abrió los ojos.

Asustada, temerosa, sudorosa de un momento a otro Hermione dio un brinco, se sentó derecha en el sillón, mirando directamente a la televisión, sentía una presencia tras ella, alguien la miraba, alguien le hablaba. Tenía miedo, miedo de voltear y ver algo que no estaba en sintonía con el panorama.

- Hermione –

Y lo escuchó con claridad, una voz masculina, joven, melodiosa, y de un tono algo angustiado. Algo no andaba bien, definitivamente no.

- Hermione –

- ¿Qui-quién? –

- Te estoy esperando –

Sintió un cálido toque en su cuello, un bello roce que le erizó cada parte de su cuerpo, que le recorrió por la espina como agua tibia en un día completamente congelado. Gimió y se levantó, volteó presurosa y no vio nada. No había nadie. Nadie.

Suspiró aliviada, antes de tiempo.

Los mismos pasos que la atormentaban de noche se escucharon en el ático, volvió a temblar, pero las palabras "Te estoy esperando" seguían retumbando en sus oídos, quiso ir, en verdad que quiso, pero antes de mover un solo músculo, Lena y Amy entraban risueñas.

- Siempre consigues un descuento, Amy – comentaba Lena, con dos gaseosas en las manos.

- No es mi intención – dijo ella tímida – sólo me lo dan.

- Le gustas al que atiente el negocio – bromeó haciendo que Amy se coloreara rápidamente.

- No digas esas tonterías – se escandalizó – es mayor.

- Eso no quita que le gustes – miró a Hermione – linda, ¿te sientes bien?

Los sonidos ya no se escuchaban, pero Hermione podía sentir como si alguien la mirase desde las escaleras con determinación, como si la incitase a subir y averiguar de qué iba la broma macabra que le ocurría. Estaba más pálida de lo que de por sí era, sus manos ya no sudaban pero las sentía húmedas y pesadas. Tenía los brazos muertos a sus costados, como si cargara pesadas bolsas de supermercado. Su garganta dolía, tenía un grito mudo entre pecho y espalda que no podía expulsar.

Cayó sobre sus rodillas, escuchó como las gaseosas caían con un sonido de eco al suelo, Lena estaba a su lado y le tocaba la frente y palmeaba sus mejillas en un desesperado acto para hacerla reaccionar. Estaba consciente, estaba despierta, pero sentía que su cuerpo se había ido de allí, que sólo el envase vacío de lo que alguna vez fue ella permanecía en esa sala.

Sintió como la presencia se acercaba, su cuerpo se relajó y volvió a sentir su cuerpo, volvió a ser dueña de sus actos pero ni siquiera intentó moverse, siguió allí, arrodillada con Lena y Amy a sus costados, podía claramente adivinar sus facciones; de terror.

De nuevo ese roce cálido en su cuello, una caricia que la obligó a cerrar los ojos, un olor exquisito se apoderó de su sentido del olfato, un mareo la hizo afirmar a Amy con demasiada fuerza, ya no tenía miedo. Unas desesperadas ansías de acudir al ático la invadió, un sentimiento de urgencia, un sentimiento de curiosidad sana. Volvió a rozarla, lo que fuere volvió a rozar su cuello y le transmitió la calma, la espera, debía esperar a estar sola, lo sabía, sólo ella podía averiguar quien era, sólo ella.

- Estoy bien – bramó tratando de sonar convincente.

- No, no lo estás – retó Lena – te irás a la cama.

- No cariño – sonrió recomponiéndose – ha sido mucho el ajetreo, sólo necesito…

- Azúcar – completó Amy.

&.

- Sí, chicas, confíen en mí – se levantó con ayuda – estaré bien.

- ¡Nunca, pero nunca! ¿Escuchas bien, Hermione? ¡Nunca! – recalcó Lena mientras ponía el cerrojo a la vitrina principal de la heladería - ¡Nunca volveré a ayudarte! ¡Ha sido ho-rri-ble!

Era domingo, el día de la reinauguración, Hermione se abanicaba con el Jockey del uniforme nuevo de la Heladería, trataba infructuosamente de bajar el calor en sus mejillas. Estaba completamente roja, nunca pensó la cantidad de gente que acudiría a comprar, estaba consciente que la mayoría iría a averiguar si ya se había vuelto loca con lo de sus padres, pero para su sorpresa, lo que más les atrajo fue el 20% de descuento.

- Como digas – le soltó sentándose junto a Fred.

- Hermione, dime que no todos los días serán así – se quejó él.

- Créeme, no todos los días serán así – sonrió por cortesía, sin sentirlo – es sólo por la novedad, en la semana habrá menos gentío. Pero te aseguro algo Fred, Amy estará aquí cada tarde.

- Jajaja – rió complacido – las conoces muy bien.

- Sí, son mis amigas – comentó como si fuera lo más obvio.

Hermione se levantó para despedir a Lena y Amy, a la hora estipulada Remus las venía a buscar. La castaña se excusó alegando que aún había cosas de las que hablar con los gemelos para no ir con ellas, pero no era verdad. Ya les había dado las llaves para abrir el local, tenía sus contratos en ley, sus horarios, días libres y su sueldo mensual. No había nada que arreglar.

Caballerosamente, los chicos la acompañaron hasta la mitad del camino. Una vez no pudieron desviarse más se disculparon y se devolvieron por sus pasos, Hermione agradeció que la encaminasen hasta la parte donde empezaba más la luminaria, ya que con el pasar de los minutos, el cielo se oscurecía más.

Caminó con simpleza, manos en los bolsillos, sus auriculares puestos, tarareaba mientras caminaba casi al compás de la melodía. Al acercarse al condominio sus vecinos corrían las cortinas para mirarla, Hermione hizo caso omiso a ese hecho y siguió como si nada. Uno que otro valiente la saludó.

Recogió el correo del buzón, se acercó a la puerta y con los sobres bajo el brazo ingresó a su solitaria casa. Una sensación extraña la invadió. Una sensación de recibimiento, como si alguien estuviera esperándola.

Dejó las cartas junto a la contestadota y apretó el botón que parpadeaba haciéndole saber que tenía mensajes pendientes, los escuchó con tranquilidad mientras se quitaba el abrigo.

Usted tiene, Tres mensajes nuevos.

Bip.

Primer Mensaje: Hermione, soy Gracia, la nueva presidenta del Club de Debate. Hemos estado hablando en equipo y ya sabes nuestra posición, queremos que vuelvas…ya sé, ya sé, dirás que no. Pero el motivo de mi llamado es para pedirte un enorme favor ¿Recuerdas el baile de primavera? Sí, claro que sí, esos que son un desastre. Queremos que nos ayudes con las fotos, recordé que me dijiste tenías una cámara profesional. Al director se le ocurrió que el Club era lo suficientemente responsable para que este año no sea tan espantoso, y conoces al director, no hay como decirle que no, así que…

Fin del Mensaje.

Segundo Mensaje: Jajaja, lo siento, se cortó. En fin, nos ayudarías mucho si deseas aportarnos, tienes brillantes ideas, por favor, no digas que no. Sólo dar ideas, de la organización ya nosotros nos ocuparíamos. Bueno, piénsalo, nos vemos mañana en la escuela. Por cierto, felicidades por el negocio. Adiós.

Fin del Mensaje.

Hermione sonrió complacida, Gracia siempre era así de ansiosa con los proyectos, le alegraba saber que ella había sido nombrada la nueva presidenta, no había nadie mejor para el cargo.

Tercer Mensaje: Em, no estás, jaja, obvio que no estás, sino contestarías, rayos – Hermione soltó un gemido, no podía ser cierto – Bueno, sólo quería disculparme a nombre de Harry y mío por no ir a la Heladería hoy, pero con lo del campeonato, Harry se ha obsesionado un poco y nos tocó entrenar. Em, yo, yo, me preguntaba si, te gustaría, no sé, ya sabes ¿no? No, claro que no, está bien, lo diré. ¿Te gustaría salir conmigo, algún día? Sé que estás ataviada, pero si tienes un tiempo libre, avísame. Eso es, cuídate, adiós.

Fin del Mensaje.

Bip.

- ¡Sí! – gritó Hermione - ¡Claro que quiero salir contigo!

La castaña corrió a la grabadora y tras apretar un botón el mensaje se grabó, borró los otros dos y de lo emocionada que estaba escuchó la voz de Ron una y otra vez, olvidándose completamente de que no estaba sola, de que alguien la miraba y no precisamente con una sonrisa.

- Aún te espero – escuchó y saltó en su puesto.

¡Cierto! Recordó que tenía algo que hacer. Puso pestillo a la puerta principal, apago algunas luces y salió disparada escaleras arriba, llegó al pasillo del ático, se acercó con cautela y nerviosismo. Por fin descubriría qué había allí.

La puerta se abrió sola, haciendo un chirrido escalofriante, Hermione tragó espero y paso a paso se acercó a la puerta, inhaló profundamente, infundiéndose valor y entró.

Nada y absolutamente nada de lo que imaginó ver era lo que veía. Hermoso, como un cuarto antiguo, lleno de cachivaches, artículos polvorientos y una que otra telaraña, era la habitación más bonita que jamás haya visto, un cuarto dónde podía dormir placidamente si es que allí hubiese una cama.

- Hermoso –

- Hasta que apareces – gruñeron a su espalda.

- ¡Imposible! – gimió y abrió mucho los ojos.

- Creí que iba a quedarme encerrado aquí por siempre – se quejó y pasó por su lado, sin tomarle demasiada atención - ¿Vas a dejar tu boca así de abierta? – dijo con sarcasmo - ¿O me vas a preguntar quién soy?

Hermione no habló, no pestañeó. De seguro que era todo un sueño.


Si no entienden, ya saben, sólo pregunten.

Besos.

Aniia, la chica loca.