DISCLAIMER: Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang son propiedad de Nickelodeon y sus respectivos creadores. La historia es propiedad de Setlib quien me dio su autorización para traducirla al español.

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Marriage of convenience.
Capítulo 4. Ceremonia.

Zuko tiró de su túnica hacía abajo y enderezó su faja por, quizá, décima vez. Su encuentro con los generales había terminado hasta tarde, pero había superado la mayoría de sus objeciones y se sentía razonablemente seguro de que ellos seguirían sus órdenes de sacar a las tropas. Shyu había trabajado frenéticamente durante el día para tener la ceremonia lista para ésa noche, y súbitamente Zuko se dio cuenta de que en menos de media hora sería Señor del Fuego… y esposo. Estaba alisando su cabello hacia atrás, cuando una daga voló por la habitación para hundirse en el revestimiento de madera junto a él.

— ¡Bastardo!

Él se giró a tiempo para ver a Mai sacar dos pequeñas navajas desde sus muñecas y hacerlas volar. Controló el impulso de esquivarlas y sintió que pasaban a escasos centímetros de su cara antes de golpear la pared junto a la primera daga. La puntería de Mai era impecable… si ella realmente hubiera querido darle, lo habría hecho.

— Ahora ya sé por qué terminaste conmigo —gritó ella—. ¡Esa estúpida carta que escribiste sobre no querer herirme, estaba llena de mentiras! ¡Solamente querías estar con tu pequeña zorra de la tribu Agua!

— Katara no es una zorra. —respondió Zuko al instante, pero cuando los gritos chillidos de Mai se elevaron otra octava, se dio cuenta de que probablemente no había sido la mejor respuesta para una ex novia enfurecida con cuchillo en mano.

— ¡Oh, no, ahora ella va a ser Señor del Fuego! ¡Qué broma! Va a ser una vergüenza para el trono, y la nación, paseándose por el palacio en esas túnicas de piel sucias. ¡Y ese cabello! ¡Parece como si trajera el pelaje de un animal en la cabeza!

Zuko se sorprendió por la mezquindad de Mai. Además, a él le gustaba el cabello de Katara. No era liso y suave como el de Mai. No, era salvaje y rebelde, como ella misma, y cuando lo llevaba suelto, las manos le temblaban por el impulso de deslizar sus dedos a través de él. No es que le fuera decir eso a Mai.

— Ella derrotó a Azula en el Agni-kai. Los sabios simplemente están siguiendo la tradición. —razonó él.

— ¡Y yo fui a prisión por ti! Salvé tu trasero en La Roca Hirviente, ¿recuerdas? ¿y qué obtuve de eso?

— Mai, siempre vamos a ser amigos…

— ¡Al diablo con ser amigos! —Mai metió la mano en su otra manga, sacando lo que sospechosamente parecían ser dardos envenenados.

Esta vez, Zuko cayó y rodó en el piso apenas esquivando su tiro.

— ¡Tú me terminaste primero! —gritó a la defensiva—. ¡En la isla Ember! Mai, ambos sabíamos que las cosas no estaban funcionando entre nosotros.

— Sí, estaba cansada de tu temperamento. Siempre estabas tan gruñón.

— ¿Me llamaste gruñón?

Mai se enderezó y miró a Zuko con desprecio.

— Estoy harta de ti, Zuko. Tuviste tu oportunidad.

Se dio la vuelta y salió de la sala con el mentón en alto.

Zuko se puso de pie y dejó escapar un exasperado suspiro, murmurando algo acerca de "mujer" y "loca" mientras intentaba arreglar sus ropas. Parecía bastante respetable de nuevo cuando Shyu apareció en la habitación.

— Es hora, mi Señor. Todo está listo. —dijo Shyu con una profunda reverencia.

— Andando. —dijo Zuko, siguiendo a Shyu por los familiares pasillos del palacio hasta la plaza ceremonial.

Era difícil de creer que fuera la misma plaza donde él había tenido su batalla mortal con Azula hacía menos de un día. Las luces centellantes y las guirnaldas de lirios de fuego habían sido colocadas a lo largo del pórtico. Las mesas estaban acomodadas en los bordes de la plaza. En el centro, gente de todas las naciones estaba reunida en tres columnas. A diferencia de una boda tradicional, la mayoría de los "invitados" consistían en soldados de la Tribu Agua y aliados del Reino Tierra que habían llegado esa tarde, así como de un incómodo grupo de aristócratas de la Nación del Fuego.

Rápidamente Zuko tomó su lugar frente a los sabios, notando el gran cirio que representaba el Fuego de la Unidad que estaba colocado sin luz en un pedestal frente a él. Se dio cuenta de que no estaba seguro de lo que implicaba una ceremonia de matrimonio con exactitud, ya que sólo había asistido a unas pocas y eso había sido hacía años. Había estado demasiado ocupado con los detalles hoy que había preferido dejarle todo a Shyu. Se dio cuenta de que ahora era demasiado tarde para preocuparse por ello mientras los músicos comenzaban a tocar y él se volvía para ver a Katara entrando por el pórtico del brazo de su padre.

El aliento de Zuko quedó atrapado en su garganta.

Las vestiduras azules de ella habían sido sustituidas por un elaborado vestido de seda blanca bordado con perlas y rubíes en un patrón que le recordaba a un brillante lirio de fuego. Su cabello estaba recogido en un elaborado peinado en la parte superior de su cabeza, y un velo de gasa fina hizo poco para ocultar el rubor en sus mejillas. Nunca había visto a Katara vestida tan regiamente, y en el elegante vestido de novia ella lucía tan exóticamente diferente y, sin embargo, inquietantemente familiar.

Su mirada había estado tan concentrada en Katara que ni siquiera se había notado a su padre hasta que el Jefe se aclaró la garganta con fuerza. Horas antes habían firmado un contrato matrimonial que Shyu había escrito, el cual garantizaba una larga lista de protecciones para la Tribu Agua del Sur a cambio de la mano de Katara. Su padre había sido un duro negociador… algo que Zuko admiró.

Dio un paso hacia delante, extendió su mano derecha y Hakoda agarró su antebrazo en un saludo de la Tribu Agua.

— Sabía que tenía una deuda contigo por rescatarme de La Roca Hirviente, pero no era así como yo esperaba pagarte, —bromeó Hakoda. Katara le dio un codazo fuerte en las costillas.

— Usted no me debe nada, Jefe Hakoda. Soy yo quien está en deuda por haber accedido a este matrimonio. Le doy mi palabra, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para cuidar y proteger a su hija.

Hakoda asintió con la cabeza y entonces se volvió hacia Katara para capturar sus manos.

— Acabo de encontrarte otra vez, y ahora te alejas. Ya no eres una niña.

— No me estoy alejando, papá. Vamos a vernos tanto como sea posible. —insistió Katara—. Pero tienes razón, ya no soy una niña. Tengo trabajo por hacer, con Zuko. Y necesitamos tu apoyo.

Hakoda levantó una ceja y miró a Zuko.

— Lo tienen.

Hakoda hizo una reverencia y colocó gentilmente las manos de Katara sobre las de Zuko, luego dio un paso al costado.

El Gran Sabio se adelantó y alzó las manos para señalar el comienzo de la ceremonia. Zuko lo ignoró, su atención estaba centrada exclusivamente en Katara a su lado. Ella estaba mirando hacia sus pies, evitando su mirada. Notó que sus manos estaban frías y él suavemente invocó algo de calor en los puños para calentarlas. Ella se puso rígida por la sorpresa y finalmente alzó la vista hacia él.

— ¿Estás bien? —susurró él.

Ella sonrió por fin y apretó sus manos.

— ¡Vamos a hacerlo!

Él había esperado que ella estuviera nerviosa y solamente había querido asegurarse de que no tuviera dudas. Debería conocerla mejor. ¿Cuándo Katara se había echado para atrás ante un desafío?

« Continuará… »

- - - - - - - - - Adelanto del Capítulo Cinco: "Aliento de vida"

— Ahora la novia y el novio intercambiarán el Aliento de Vida. —anunció el Gran Sabio en voz alta.

— ¿Él qué de qué? —le susurró Katara a Zuko.

— ¿Shyu no te lo dijo? —le preguntó él, volviendo el rostro hacia ella. Katara negó con la cabeza—. Es una costumbre de la Nación del Fuego, simboliza la unión de dos vidas en una. Intercambiaremos nuestro aliento, como nuestra esencia, la fuente del Fuego Control en el cuerpo.

— De acuerdo… ¿y cómo lo hacemos?

Él levanto la mano y con gentileza alzó el velo, guiando la fina gasa blanca a descansar detrás de sus orejas. Luego se inclinó para descansar sus labios sobre los de ella.

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Nota de la Traductora:

Espero que les haya gustado!

Nos leemos pronto! (En serio, tal vez antes de que acabe la semana)

Anna