Previously, on "Flower".
—Terminemos esto rápido que ya quiero verte con esa ropa.
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—Siento pegajoso por sobre el labio. Pero de nada sirve limpiarlo ahora, puesto que aún me queda chocolate por beber
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—¿Lo hago mal?
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—El amour, el amour, mira ahora me ha tocado decir esto a mí y no a Marianne.
Anri mira a Laisa de reojo, un poco apenada.
—¿Pasa algo, Aisa? Te noto incómoda —comenta, buscándole la mano para tomársela—. ¿Querías algo más?
—¡No! —reacción inmediata, la mira y le sonríe al sentir su mano, entrelaza los deeeeedooooos—. Sólo miraba qué bonitos están los adornos —miente.
—¿Me estás mintiendo? —pregunta Anri, dudando porque el flequillo se le ha movido y ha contestado demasiado apresurada, se muerde un labio—. Mira que en cuanto lleguemos a la casa ya no te dejaré salir —se sobreentiende el porqué.
¡Pero si Laisa es muy niña, señora, compasión! Es que harán maratón de Criminal Minds, malpensadas.
Se escucha un ruidajal proveniente del suelo que brama un «meeeeentiiiiiraaaaa» de Madre Tierra, que ya la encuentra lista para ser madre si quiere. Como funciona la adolescencia, muchachos.
—No, cómo crees —responde Laisa rapidito y se enrolla un mechoncito corto de cabello rubio—. ¿Veamos la última temporada de Breaking Bad al llegar a tu casa? —desvía la atención, total, está acostumbrada a no tener siempre los dulces que quiere.
—Estaba pensando en... Once Upon A Time, te va a gustar mucho —y, Dios mío, con tal que no se enamore Rumpelstiltskin. Aunque como es un cuento de hadas cree que si lo besa se convierte en pirata—. Breaking Bad dejémoslo para mañana, o... Podemos ver una pelicula —con sus dedos acaricia lo que pueden de los nudillos contrarios.
—La ladrona de libros —pide Laisa, como al principio del encuentro—. Al fin pude terminar el libro y me muero por verlo en la pantalla —dice con emoción, al sentir el cariño se sonroja leeeeevemente.
—O... A los trece —susurra Anri más para su morbo, para ver como reacciona la menor... Asiente, mirando las calles, como una argentina toca el violín haciendo cover de «Yesterday» (lo sabe porque se ha puesto un cartel adelante de la lata para pedir monedas)—. O Loving Anabelle... —o toda la lista de películas lésbicas que encontremos en la red.
Laisa asiente sin tener idea de qué películas son ésas.
—Cualquier cosa, mientras sea contigo, está bien para mí —sonrisa sincera—, contigo disfruto todo el doble —sangrado nasal masivo en los lectores.
Anri tose un poquito y apresura el paso, que ya deben estar a unas cuadras de llegar a su departamento.
—¿Todo? No... No disfrutas cuando tengo que peinarte —pucherito.
Laisa se toca el cabello corto, que cuando conoció a Anri era laaaaargo y un problema enorme de peinar todos los días (razón por la que terminó por cortárselo).
—Puedes peinarme cuando quieras ahora —refiriéndose a que está corto y ya no tira.
—Pero las ligas que te pongo te duelen, suéltate el cabello hoy —Anri la mira intensamente desde ahí arriba—. Yo también lo haré, así me peinas tú, y luego yo te maquillo, y quedas como una reina de revista, ¿te parece?
—Maquillarme... —no lo hace, su hermano lo desaprueba para alguien tan joven... Mientras que sus compañeras ya casi todas lo hacen. Se imagina TANTAS opciones—. Casi nunca noto tu maquillaje, Anri —le confiesa, tocándose el moño de la cinta que lleva puesta, como asegurándose que está allí.
—Porque sólo lo aplico ostentosamente para ir a fiestas y cuando me voy a encontrar con un chico, ¿sabes que... Me lo han pedido otra vez? —sonríe pícara, refiriéndose a noviazgo.
—¡¿Y tú qué dijiste?! —le mira angustiada, luego baja la mirada—. Digo... Me gustaría verte maquillada.
—Bueno... Sólo le di un beso y le dije que me lo iba a pensar —se rasca la frente—. Maquíllame tú y vas a ver —guiño.
—Mmm... —Laisa no se ve muy contenta—. ¿Eso fue hace mucho?
—Fue el miércoles —saca las llaves de un bolsillo—. Es holandés, viene y va de vez en cuando, pero... Me pareció rarísimo que me lo pidiera, ¿sabes? Porque me dijeron que... Le gustan los chicos, es complicado.
—¿Este miércoles? —pide Laise que le confirme con la boquita chiquitita, sintiéndose de pronto tan... Vulnerable.
—Si, este miércoles que te quedaste hasta tarde en clases extra —Anri juega con el manojo de llaves al oírle—. ¿No... Te molesta, non? Sólo que sentía que debía decirlo —y piensa: Ughhh, eso fue demasiado infantil e impulsivo, ughhh.
—N-no me molesta —miente Laisa con su corazón trizadito, aunque SABE que racionalmente no es infidelidad. Comienza a caminar más lento, con ganas de darse la vuelta y salir corriendo.
Anri suspira y se muerde el labio, para de caminar y le levanta la barbilla con dos dedos.
—Iba a rechazarlo a él y cuantos más fueran hasta que tú tuvieras la mayoría y fueras legal para mí, ya ves que lo estoy cumpliendo, pero también... —acerca sus labios—. Tienes que entender que he tenido que buscar amor en otras personas antes de llegar tú, y aun cuando llegaste tú... —explica suavemente.
Laisa se muerde el labio y mira en otra dirección, aunque sin negarse a que le sujete la barbilla. No contesta, pero se retuerce las manos. El sol está poniéndose y el cielo ya se ve anaranjado.
Anri habla de amor para que a Laisa no le suene tan violentamente el «sexo», que luego le explicará las diferencias con parsimonia, le da un beso suave, viéndola a los ojos para que sepa que no le miente. La menor entiende amor por amor, no piensa en sexo tratándose de Anri con otros y mucho menos lo ve como una necesidad, sino como... Eso que te dicen tipo cuento de hadas de virgen hasta el verdadero amor, le besa devuelta de a poco, sólo los labios.
Anri le besa más y le rodea con los brazos, bien apachurrada a su cuerpo. Laisa no se pasa a la lengua, esto es un beso de entrega de confianza, cierra los ojos y le pone las manos en los brazos con suavidad, casi sin atreverse a tocarla. Un transeúnte pasa echándoles una mirada de reojo.
Anri nota la intención de Laisa y trata de besarla cuanto más lento puede, para ofrecerle soporte y no ponerle nerviosa. Y que sepa que este beso sella más que un «seguiré con mi vida sexual hasta que tú no estés preparada», aunque no es tan activa como la de Marianne, igual le surge la necesidad. Le acaricia el cabello a la menor como si estuviera sacando la pelusita blanca de un smoking negro.
Laisa no entiende ese significado, ni siquiera lo piensa, es más, no pensará en la sexualidad de Anri hasta muuuuucho después, por ahora sólo la besa y separa poquito los labios, con un «ahhhh...». A Anri esos sonidos le hace revolotear gusanitos en el estómago. Se separa pero de inmediato vuelve a besarla, apretándola más fuerte en el abrazo. Y así se quedarán alrededor de un minuto, hasta que Laisa haga ruidos de «¡me estoy quedando sin aire!» . Necesitarán practicar para que dé besos más largos.
Anri se separa jadeando y sonriendo.
—Vamos adentro, estamos dando un espectáculo gratis —pide, sonrojadita.
—S-sí —Laisa quiere MÁS y se sonríe, pensando que adentro podrá tener más, hay un sonrojo y los ojitos le brillan. Desliza su mano en la palma de la de Anri, con el corazón más tranquilo.
La belga camina bien agarrada de la mano de la menor, y el viento le refresca las mejillas calientes por el vino en la sangre. Laisa se siente más contenta... ¡Y emocionada! No sabe qué cosas exactamente cambiarán, pero cuando ve el edificio de Anri a un lado, y la reja, básicamente está dispuesta a aceptar con los brazos abiertos lo que venga, no se imagina nada malo. Ni siquiera suelta la mano de Anri cuando debe abrir la reja ni nada... Y no se la va a soltar seguramente hasta que no estén arriba y con la tele ya puesta (la va a seguir a todas partes como perrito faldero).
Anri ya adentro y cerrando la reja le da permiso a Laisa para que vaya primero, sonriendo. Laisa no se suelta y espera que Anri termine con la reja (no vaya luego a regañarla alguien por dejarla abierta o algo, su hermano siempre regaña a TODOS los que la dejan abierta porque no quiere que NADIE entre al edificio sin permiso).
—Yo... —mira las flores—, eh... Siempre olvido tu piso —se inventa con sonrisita de enamorada incluida. Sea dicho que es mentira, que sí sabe donde está... Pero las manos. No quiere soltarse.
Anri no argumenta nada, soltándole la mano y abrazándola de la cintura ahora que puede, y le respira en la nuca.
—Laisa... Me tienes tonta.
—Perdón —se disculpa la nombrada de inmediato y le pone una mano contra el hombro, demasiado cerca de pronto, piensa que le dará un beso como de película, se inclina un poquito hacia atrás lista para el mismo.
La belga comienza a besarle el cuello. Leeeeentooooo, casi como quien no quiere la cosa, enterrándole los dedos en la nuca.
—¿Qué me hiciste para disculparte?
Laisa tiembla, sintiendo cositas en el estómago y... Más abajo. Se sonroja al notarlo, no vaya a darse cuenta Anri.
—Por... No quiero oírte decir que te tengo tonta. Eres la mujer más inteligente que conozco —dice en susurros, estirando el cuello para que la bese, siente que se muere.
—Es que... No sé como explicarte, tu cuerpo, tu calor me... —y le da otro beso en el cuello, acercándose a su barbilla y a su boca, le respira—. Así, ¿tú crees que estoy siendo inteligente ahorita? —refiriéndose a toda la atmósfera, obviously.
—Anri... —es todo lo que puede responder Laisa, porque es MUCHO, se va a venir allí mismo con tanto contacto de labios, está sobreestimulada con todo lo que ha pasado durante el día y los besos... Se reclina más hacia atrás.
—Dime —le da un beso, como un piquito, mirándola a los ojos
—No puedo —le dice casi sin voz y toda sonrojada. Está húmeda allá abajo y puede sentirlo.
Anri tampoco puede evitarlo y, NISIQUIERA han entrado a la casa del todo pero que importa porque esto es Bélgica, sube las dos manos que están detenidas en su cintura a sus pechos y siente que se le eriza la piel por el toque, aun así este encima de la ropa.
—Aisa... —jadea.
Laisa suelta un gemido cuando le toca los pechos y ya, las piernas comienzan a temblarle, la mayor bufa en su oído casi CASI dejándose llevar cuando oye el gemido, la besa arrinconándola a la primera pared que tengan cerca. Laisa tiembla entera, por suerte están a la sombra que algo de privacidad les da.
—Anri —deja salir en una exhalación—. Estoy... —no se le escucha.
La belga le abre los botones de la blusa, aunque no se nota taaaaan apresurado, abandonando los masajes a los pechos que ya empezaba a darle a la chiquitita Laisa, se quita la mochila de los hombros, tirándola a algún mueble (y hasta eso le sale delicado).
—Estás conmigo —tranquiliza.
—Tengo miedo —le confiesa Laisa, pero ojo, que no se niega, aunque se pregunta si esto está bien por las veces en que le han dicho, profesores y medios, que esto podría ser... Abuso. Ella no lo ve así, pero está nerviosa.
Anri traga saliva y se detiene porque ya la ha hecho tambalear con eso de que tiene miedo, ha sonado como un corderito a punto de ser cruelmente degollado, le acaricia la mejilla.
—Tranquila, no voy a hacerte nada, no tenemos por qué hacerlo —esta sensación tan cliché. Lo cual hace que la menor respire más tranquila, sintiéndose, quizás, demasiado poca cosa para Anri.
—Lo siento... —se cruza de brazos, tapándose lo que se le pueda ver—. ¡Lo siento mucho! —corre hacia... El baño y cierra la puerta.
Anri baja la cabeza y suspira con el flequillo tapándole media cara porque esto se trataría de un yuri shojo nivel hadas mágicas enseñando que es el amor, y Anri vendría a ser la tachi y Laisa, la neko yendo a refugiarse al baño por un poco de «dignidad» al haber sucumbido a sus bajos instintos solo por diez segundos.
Anri siente que el mundo se le cae a pedazos de caramelo. En el baño, Laisa se moja la cara, se mira al espejo encontrándose roooooja, se vuelve a mojar, está vez también se moja el cuello... Y los pechos, se arregla la ropa, se peina con las manos, suspira y mira con determinación su reflejo, y las nubes son de algodón azul de feria revoloteando en un cielo azul de... ¿chicle?
—¡Bien, ya eres una señorita! —se dice a sí misma con determinación, frunciendo el ceño.
Anri levanta su mochila y la carga a su cuarto para que no haga desorden, luego va a la cocina por un poco de agua o gaseosa. Laisa asoma la cabeza por la puerta del baño para ver si Anri está allí camina hacia la cocina sin que sus pisadas suenen (o sea, como siempre) y entra.
—¿Anri?
Ésta la mira, mordiendo el borde del vaso y se debe quedar algo de brillo labial.
—Dime. No te voy a... —vacila sin saber qué palabra escoger para lo que ha hecho, que le sabe fatal con las reacciones de la menor—, atacar, puedes acercarte —tranquiliza.
Laisa niega la cabeza ante eso de atacarla, y se acerca.
—No creo que me vayas a atacar... Sólo que no sabes que yo no... —se sonroja, comienza a jugar con sus dedos, mirándolos—, no estoy... eh... —intenta hablar con fuerza y determinación, pero el tono le sale... Bajo. Audible, pero bajo.
—No tienes que explicarme tus sentimientos si no los tienes claros, lo comprendo —sonríe Anri dulcemente mientras la observa—. Pasó en la efervescencia del momento y seguro yo te expuse demasiado y... —deja el vaso en el mueble, excusando la actitud de ambas para que el problema no acarree más drama del que por si están atravesando, se arregla todo el cabello hacia un lado—. Nada, si no se vuelve a repetir no hay por qué temer —embute las manos en los bolsillos del jean.
—¡Yo sí quiero! —aclara Laisa—. Sólo que no ahora —baja la voz y la mirada, se acerca unos pasitos hasta estar a centímetros de Anri—. Quiero que se repita cuando esté lista —pide.
—Enhorabuena si sucede, pero no tenemos que preocuparnos por ello —estira la mano para que se la tome y entrelazarla. Laisa lo hace, y avanza hasta quedar apoyada en el cuello de Anri, con el rostro oculto en éste (los ojos cerrados, respirando su perfume).
Anri le pasa el brazo libre, lleno de pulseritas y shakiras, por la espalda y cierra los ojos. Se quedan allí un ratito... Y esto es suficiente para ella como para estar tranquila, ya de por sí ha sido apresurado.
—¿Te ayudo a preparar las cosas? —ofrece Laisa, refiriéndose claro al maquillaje y peinetas, así como la comida para hacer las actividades previstas mientras ven la película—. También debo enviarle un mensaje a mi hermano —recuerda.
—¡Oh, cierto! Toma mi celular, así él graba mi número —lo saca del bolsillo y se lo estira, ignorando el otro tema del maquillaje.
Laisa lo acepta y, sin salirse de donde está, sólo girando la cara lo suficiente para ver, redacta el mensaje para su hermano.
Final de finales... o no tanto, ¡en Lucy in the Sky with Diamonds hay reaparición de esta parejita!
Estamos anestesiadas del fluff de este fic, lo cual nos fascina porque no pensamos que harían tanto enganche.
Es una bonita historia y creo que no será la última pero hasta ahora, ¿reviews? ¡Gracias a The Gray-Eyed Girl por el comentario, que bueno que te haya gustado!
