Archivo 04: Misericordia
Habiendo cumplido los entrenamientos pertinentes y después de que Monsoon hubiese dado el visto bueno, se llegó el día en el que Monsoon le haría entrega a Cat de su arma única. Monsoon caminaba muy erguido y con las manos en la espalda, como era habitual en él, y Cat le seguía de cerca mientras caminaban por los pasillos hacia una cámara en específico de World Marshal. Se detuvieron frente a la puerta de metal, Monsoon introdujo un código de seguridad en un panel que se encontraba en la pared y, tras abrirse la puerta, entraron.
Alguien que no supiera que era un almacén, bien habría podido confundirlo con una exhibición. Las paredes estaban cubiertas por armas de las más variadas categorías para complacer al más exigente y particular de los gustos. En el centro de la habitación se encontraban esparcidos distintos pedestales con más armas.
-Ahora, elige.
Cat avanzó entre los vitrales, observaba y analizaba cada una con detenimiento hasta que su mirada se vio atraída por una que se encontraba al fondo de la habitación. La observó ávidamente durante unos segundos.
-Esta.
Monsoon se acercó. Se trataba de una katana de alta frecuencia. La hoja era de color blanco y la empuñadura era negra y estaba adornada con un listón rojo. Ciertamente, era mundana y no había nada de particular en ella, a excepción de que era levemente más larga que el promedio.
-¿Estás segura?
Monsoon alzó una ceja.
-Ya he dicho que quiero esta.
Cat no apartaba la vista del arma.
-Bien…
Monsoon sacó la katana y su funda de la respectiva vitrina y se la entregó con un aura de solemnidad. Cat la tomó con manos temblorosas y sonrió casi imperceptiblemente.
-Será tu compañera a partir de ahora. Respétala y cuídala y ella hará lo mismo por ti.
Monsoon dio media y Cat avanzó detrás de él sosteniendo fuertemente la katana contra su pecho.
El tiempo continuaba en su carrera y los entrenamientos de Cat eran cada vez más duros, muchas veces flaqueaba, pero la mirada fría de Monsoon le hacía hervir el orgullo y le impedía dar marcha atrás. Uno de los entrenamientos más constantes, después de que hubo dominado el uso de la katana, fueron los enfrentamientos con Monsoon. Él era delgado y ágil e iba armado con un par de sais llamados Dystopia. La velocidad que tenía al pelear era impresionante y Cat, aún torpe y falta de conocimiento, caía de rodillas una y otra vez con diversos cortes en el cuerpo, aunque todos superficiales.
-Esto está siendo demasiado fácil.
Monsoon jugueteaba con los sais entre los dedos. Cat se alzó y con un gruñido volvía a intentar atacar, un intento fallido ya que Monsoon le había hecho tropezar y caer de espaldas.
-Analiza antes de realizar un ataque, no te ciegues.
Los enfrentamientos a puño limpio no eran mejores que con las armas, Cat fallaba una y otra vez y eso la instaba a querer borrarle la sonrisa a Monsoon.
A sus diecisiete años y aún con estos problemas, el entrenamiento más doloroso era el de equilibrio. No se le daba mal, ni tampoco era que le costara demasiado trabajo, era sólo que era muy doloroso. Consistía en varas de bambú de un metro de altura aproximadamente colocadas verticalmente y formando una línea recta para que ella pudiera cruzar de lado a lado pisando sobre ellas descalza. En una de esas sesiones, Armstrong decidió que sería bueno supervisar el desempeño de su adquisición, así que se presentó personalmente.
-Tiene buena pinta, ¿eh? Pero, le hace falta perfeccionar detalles. Que continúe hasta que deje de tambalearse.
Exhaló una bocanada del puro que llevaba entre los dedos.
-Creo que sería mejor darle un respiro.
Monsoon señaló la sangre que comenzaba a correr a gotas de las puntas de los bambús con un movimiento de la cabeza. Cat llevaba más de una hora intentando dominar el ejercicio sin éxito y sus piernas le temblaban cada vez más a medida que sus pies le administraban altas dosis de dolor y entumecimiento.
-Que continúe…
El Senador se retiró tras pronunciar la sentencia de la chica. Monsoon exhaló un suspiro y, tras asegurarse de que Armstrong no volvería, se acercó a los bambús.
-Ya basta. Fue suficiente por hoy.
Cat se sentía desfallecer y con dificultad se apoyó en el piso, tras intentar dar un paso fue a dar de bruces contra el suelo. Monsoon la tomó por los brazos ayudándola a andar hasta sentarse en una escalera de metal que había cerca.
-Espera aquí.
Monsoon volvió con un cuenco con agua, un par de toallas y algo de alcohol. Colocó todo en el suelo y se arrodilló frente a Cat. Se alzó las mangas del traje negro que llevaba en aquella ocasión y le tomó el pie izquierdo a Cat comenzando a limpiárselo con ayuda del agua y las toallas. Cat se estremeció y lo miró con desconcierto, aunque no dijo nada. Monsoon alzó la vista y sus ojos azules se cruzaron con los de ella.
-En la antigüedad era visto como una especie de forma de dar la bienvenida a tus invitados… Aunque en la religión lo pintan como un acto de humildad…
Continuó con su tarea. Cat le miraba más relajada, sus juveniles mejillas se tiñeron de un pálido rosa. Ella sólo toleraba la presencia y el tacto de Monsoon, sólo el de él. Sin embargo, aquel tacto era suave y delicado, muy distinto al que tenía con ella normalmente. Y aún más inédito era que él mismo le curara las heridas, sólo recordaba una vez anterior que había hecho lo mismo… Y la emoción que había provocado era más intensa en esta ocasión.
-Ven.
Su voz sonaba seca e indiferente. Había terminado de vendarle los pies y tomó a Cat por la cintura y le hizo rodear su propio cuello y la llevó a su habitación.
-Más te valdría no forzarlos demasiado, al menos no por algunos días.
Dicho esto, se retiró y cerró la puerta tras de sí. Cat se tumbó por completo en la cama y el cansancio la venció.
