Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, tan sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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- Vas a volver a quedar con ella?
Natsu alzó la vista pendiente de la respuesta del rubio.
- Sí, la semana que viene. Hemos quedado para ir al cine en su día libre.
Le vitorearon con alegría al oír eso. Menos Natsu, que seguía tratando de tragar ese nudo de emociones que tenía en la garganta.
- Si seguimos así me voy a trabajar sin haber comido! -Se quejó. Nadie se dio cuenta de su malestar, por suerte. Volvieron a poner la película y pronto las risas terminaron para dar paso a la velada que habían prometido.
A media tarde y mientras Jellal y Sting se daban de puñetazos en un juego de lucha, el móvil de Gray sonó. Éste lo miró y Natsu le observó con intriga. Leía un mensaje con cara seria, lo volvía a bloquear y se lo guardaba en el bolsillo.
- Bueno chavales, tengo que irme.
- Qué? -Preguntó el rubio- Espera, por qué? Si es muy pronto.
- He recordado que tengo que hacer algo y tengo que irme ya. Pasadlo bien.
El anfitrión le acompañó hasta la puerta, y antes de marcharse le preguntó:
- Fullbuster, dime la verdad. Una tía?
Éste se encogió de hombros.
- Sólo es que tengo cosas que hacer, tranquilo. Avisadme si vamos a salir este finde.
- De acuerdo.
Chocaron las manos y el invitado se fue lo más rápido que pudo a su casa. Tenía que ducharse y cambiarse antes de ir a buscar a Juvia, quien le acababa de escribir un mensaje de lo más llamativo. "Tú y yo en el aparcamiento del centro comercial. En una hora. No faltes."
Hasta ahora todos sus encuentros con esa fogosa chica habían sido así. Clandestinos, a escondidas y en sitios públicos, lo cual aumentaba el morbo hasta niveles insospechados, haciéndole vivir una aventura apasionante cada vez que quedaba con ella. Estaba enganchado, no podía negarse a nada de lo que le ofreciera. Hasta ahora lo habían hecho en el cine, en el baño de una cafetería, en los probadores de una tienda de ropa de segunda mano, y hasta una vez se masturbaron mutuamente en la mesa de un restaurante bastante recatado, en el que compartían un sillón de varias plazas alrededor de una mesa redonda. Esa chica tenía unas ideas alocadas que le volvían loco, lo cual era extraño porque nunca había sentido que le llamara la atención ese tipo de actos. Todo desde que llegó ella. Le estaba pervirtiendo? Lo hiciera o no, le gustaba y se dejaba llevar. No sabía si esa relación llevaría a ningún sitio, pero de momento allá donde Juvia le llevaba, estaba bien y no pensaba en nada más. Terminó de arreglarse, cogió las llaves del coche y se fue en dirección al centro comercial.
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El encuentro había sido productivo. Las lunas tintadas del coche de Gray les habían servido para evitar la mayoría de las miradas indiscretas de la gente que pasaba por allí. El centro comercial estaba repleto a la hora que llegaron, cuando acababa de oscurecer, y no habían parado de hacer sus cosas hasta ahora que había cerrado las puertas. Juvia tenía unas ideas retorcidas que encendían del todo al chico, y a las que no se podía negar. Así que al fin, exhaustos y sudorosos, salieron del asiento de atrás del coche para irse cada uno por su lado, con la mala suerte de que el faro de un vehículo les alumbró de lleno mientras se acercaba. El coche paró al lado del chico y una voz conocida salió de la ventanilla.
- Gray?
- Lucy? Qué haces por aquí?
La chica miró de soslayo a la mujer que había salido con él y que ahora se escabullía hacia otro coche, para arrancarlo y marcharse de allí sin decir nada.
- Vengo a por una hamburguesa para mi compañera de piso, que llegará tarde y sin cenar. Oye, esa no era...?
- Y no puede venir ella a por su cena? -Preguntó tratando de que no saliera el tema del que no quería responder.
- No tiene coche. A mí no me cuesta nada, acabo de salir de trabajar. -El chico vio que seguía con el uniforme de la cervecería.- No te voy a preguntar lo que haces tú aquí a estas horas porque ya me lo imagino. -Dijo de pronto enarcando una ceja.
- Lucy... yo...
- Mis labios están sellados, tranquilo.
Él se acercó a la ventanilla del conductor y se apoyó con los brazos en ella, acercándose bastante a su amiga.
- Gracias, te debo una. -Y pasándole los dedos por la mejilla concluyó- Te invito a desayunar un día antes del trabajo. Así pago mi deuda y me cuentas de primera mano ciertas cosas que he oído...
Ella sonrió. Sabía a lo que se refería.
- Vale, así aprovecho para hacerte un par de preguntas sobre un amigo tuyo. Mañana te va bien?
- Perfecto. Hay una cafetería en la que hacen unos pasteles de muerte. Te mandaré la dirección y nos vemos allí, pongamos... a las 9?
- Genial. Mañana nos vemos entonces. -Le guiñó un ojo y se marchó a por la cena de Levy.
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Natsu había salido del turno de noche un poco quemado, aunque irónicamente esta vez no le había tocado apagar ningún fuego. Sólo un anciano que se había quedado encerrado en su baño, unos niños que jugando habían quedado atrapados en una alcantarilla, y un perro callejero que se había metido en una construcción en obras y estaba asustando al vigilante de seguridad. Aunque le gustara su trabajo porque podía ayudar a la gente, esa no era la mejor noche para él. Antes de volver a casa había decidido relajarse en la cafetería que había frente al parque de bomberos en el que trabajaba. Hacían un café delicioso y unos pasteles que le gustaban mucho. Y hoy era uno de esos días en los que necesitaba una buena ración de azúcar antes de dormir. Estaba sentado en una de las mesas del segundo piso jugueteando con su móvil a punto de terminar su desayuno cuando oyó que entraba alguien cuya voz le pareció familiar. Desde donde estaba podía asomarse a la barandilla y ver directamente el piso de abajo casi entero, incluida la puerta, así que cuando miró y reconoció a Lucy y a Gray entrando juntos y sonrientes en el establecimiento notó un estremecimiento por todo el cuerpo. Al final lo que había sacado a su amigo de su casa la tarde anterior sí que había sido una tía.
- Dónde te quieres sentar? -Preguntaba él muy caballeroso.
- Qué te parece al lado de la ventana?
- De acuerdo, voy a pedir los cafés. Capuccino con mucha nata y caramelo?
- Aún te acuerdas?
El chico le guiñó un ojo y se fue a la barra mientras ella se sentaba en la mesa para dos que había elegido. Natsu decidió involuntariamente permanecer un rato más callado y expectante.
Cuando Gray volvió a la mesa con las bebidas la muchacha le recibió con una gran sonrisa. Ahora hablaban pero el chico de pelo rosa no podía escucharles. Sólo les veía muy cómodos el uno frente al otro.
- Entonces Juvia Lockser, no? -Preguntó ella- Es una chica tímida, habéis conseguido pasar de la segunda fase?
- Tímida? -Rió él- Digamos que yo no he conocido a la misma Juvia que tú. Nuestra relación se basa en el sexo. No he tenido el placer de conocerla en profundidad.
- Vaya... No sabía yo que la Juvia paradita que yo conozco fuera capaz de tener una relación sólo sexual. De echo nunca la he imaginado con ningún tío. -Concluyó llevándose un dedo pensativa a la boca.
- Mejor no lo hagas... Y a ti qué te ha dado para salir con Sting Eucliffe?
- No estoy saliendo con él! -Se excusó ella.- Sólo hemos quedado una vez. Me parece mono, y además me recuerda a alguien que... bueno, no sé.
- Déjame decirte que eso no es lo que él piensa.
- Ah no? -Dijo horrorizada.
- Creo que está realmente pillado por ti. -Comentó mientras le ponía una mano sobre la que tenía apoyada en la mesa, detalle que no pasó desapercibido por el espía de la segunda planta.
- Pues eso es un problema, porque yo no estoy interesada en él.
Él la miró dibujando una sonrisa de medio lado.
- Entonces hay alguien...
La chica se ruborizó y empezó a negar con la cabeza muy rápido.
"Maldito Gray! Pero qué coño le estás proponiendo?"
- No es lo que tú piensas... Bueno, en realidad... No tengo muy claro nada con respecto a él.
- Me vas a decir quién es?
Ella se extrañó.
- No os lo ha contado?
La cara de sorpresa de su amigo habló por sí sola.
- Vale, creo que voy a por un par de porciones de pastel. Ésto va a ser largo.
En cuanto se levantó y se alejó de la mesa, un ágil Natsu bajó las escaleras casi de un salto y se sentó en la silla que hace un momento ocupaba su amigo. Lucy Miraba por la ventana distraída y un poco sonrojada, pero al notar a alguien sentarse de nuevo en la silla se giró.
- Natsu!
- Mira a quién tenemos aquí... Sting, Gray... Piensas cepillarte a todos mis amigos?
- Eso no te incumbe. -Contestó igual de cortante que él.- Parece que no has dormido nada, tienes muy mal aspecto.
- Qué maja! Pues sí, he estado toda la noche despierto.
- De flor en flor? -Preguntó con malicia acercándose más a su cara. Él sonrió de medio lado.
- Te molesta? -Dijo acortando aún más la distancia que los separaba.
- Para nada, puedes hacer lo que quieras con tus zorras. -Sus ojos se fueron inconscientemente hacia los jugosos labios que le estaban hablando. Natsu se dio cuenta de ello y soltó una leve risita.
- Y aun así te mueres por besarme.
- Piensas hacerlo y volver a dejarme plantada?
Una mano se apoyó en su cara y pasó el dedo pulgar por sus labios. La chica se estremeció y cerró los ojos tomando aire y suspirando, inundándose de aquel olor que no se le iba de la cabeza.
- Eres deliciosa... Sigue con tu cita.
Cuando abrió los ojos el chico de pelo rosa ya no estaba, pero en su lugar su amigo se estaba sentando con dos porciones de pastel. Se encontró con una acalorada Lucy que respiraba entrecortado.
- Estás bien?
- A-acabo de recordar algo...
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El agua caliente de la ducha le recorría el cuerpo. Era demasiado tarde para andar mojándose el pelo, ya que no se secaría antes de entrar en la cama, pero necesitaba notar el agua por toda su piel. Trataba de hacer que se llevara todo lo que tenía en la cabeza. Desde por la mañana la había estado atormentando parte de un recuerdo, o algo así, que no había podido desbloquear del todo, y no se había podido quitar de la cabeza. La palabras de Natsu junto con su olor la habían transportado a un lugar en el que no sabía si había estado de verdad o si lo había soñado: debajo de aquel picajoso chico. Era tan sólo una imagen borrosa, unos lascivos ojos verdes mirándola desde entre sus propias piernas. El olor de Natsu junto con esas palabras le trajeron a la cabeza el primer momento en que se las había dicho, o eso parecía porque no lo recordaba con claridad. Qué coño había pasado aquella noche? Sólo sabía que cuando pensaba en ello se excitaba. Ahora cada vez tenía más ganas de sentir a ese idiota encima de ella...
Tardó más de la cuenta, pues no lograba borrar esas sensaciones de su cuerpo y no dejaba de intentarlo. Pero cuando se dio por vencida, cerró el grifo y salió. Agradeció que Levy no estuviera en casa para no molestarla con el secador de pelo. Frente al espejo empezó a repasar todo lo que Gray le había contado sobre su amigo. Cuando volvió con los pasteles casi la obligó a contarle todo acerca de ese chico misterioso que al parecer conocía. No reaccionó muy sorprendido cuando le confesó que el motivo de sus suspiros era el chico de pelo rosa, pero lo que se extrañó fue que él no les hubiese contado nada, como ambos suponían que habría hecho. Así que con eso los dos estaban en blanco sobre la susodicha noche, además porque Lucy se negó a decirle lo poco que había recordado en ese momento, al igual que no le dijo nada sobre la visita que acababa de recibir.
Gray le había contado que Natsu era bombero. Trabajaba en el parque que había cerca de aquella cafetería desde hacía años, y que fue él quien se la enseñó. Era un chico difícil de tratar algunas veces, pero le consideraba alguien tan inteligente que había escogido él mismo su propio estilo de vida banal por voluntad propia, ya que dar rienda suelta a sus necesidades reales le supondría mucho esfuerzo. Es decir, que prefería estar con chicas fáciles y tontas una sola noche que buscar al amor de su vida con quien pudiera discutir largo y tendido sobre cualquier tema. Le resultaban tediosas las relaciones humanas. También le había dicho que era un apasionado de los videojuegos, pero que había visto en su casa libros que cambiaban de lugar, como si los estuviera leyendo a escondidas del mundo. Eso le había hecho sonreír. Un lector renegado. Seguro que podía hacer algo con ello. Podría recomendarle libros, ir a leer al parque ahora que ya hacía buen tiempo, o incluso quedar en la biblioteca. De pronto se detuvo. Qué estaba pensando? Se abofeteó mentalmente y apagó el secador para irse por fin a la cama. Mañana sería otro día.
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Lucy atendía las mesas con desparpajo en el restaurante italiano. Estaba muy contenta con ese trabajo, pues era fácil y al ser un sitio caro y casi de etiqueta, cobraba un buen sueldo, además de las propinas de los pijos que iban a comer allí y paseaban varias veces los ojos del plato a sus pechos mientras les servía.
"Bendita madre naturaleza. Al menos me sirven para algo más que para darme dolor de espalda."
Era un día soleado y con bastante trabajo, lo cual se traducía en más propinas, y en apenas darse cuenta de que había llegado la hora de marcharse.
Cuando le vio...
Su corazón dejó de latir un momento y no era capaz de recordar cómo se respiraba. Por la puerta del restaurante entraba un elegante Natsu ataviado con unos pantalones de pinza oscuros, una camisa morada con los primeros botones abiertos que permitía ver su perfecto cuello y los puños arremangados hasta los codos, con ese pelo alborotado dándole un aire informal a pesar de su sexy vestuario. Como complemento, del brazo llevaba a una delgada chica castaña de piernas largas y piel pálida, que lucía con encanto un precioso corset, una mini falda y unas calzas negras que le llegaban a mitad de los muslos. Parecían reír divertidos mientras caminaban hasta el atril donde el jefe de sala les acompañaría hasta una mesa, que esperaba la rubia, no fuera de su zona. Echó un vistazo rápido. No las tenía todas consigo, pero había algunas mesas en la zona de sus compañeras. Trató de ocultarse para no ser vista y observó cómo el Maitre les guiaba hasta una de las dos mesas que le quedaban libres a ella.
"Joder..."
La pareja se sentó y prosiguieron con su despliegue de arrumacos. Natsu la sonreía como un bobo y ella pestañeaba demasiado, pasando la fina mano por el antebrazo descubierto de éste con su agradable beneplácito. Los pies de ambos se enredaron en el momento siguiente, y comenzaron a hablar de manera despreocupada.
- Lucy! Tienes una pareja en la mesa 23.
- Voy!
La voz del jefe de sala la sacó de su ensimismamiento. El bombero no tardaría en darse cuenta de que ella sería quien les atendiera, pues enseguida apareció con sendas cartas y una de vinos. Por supuesto, la reacción de su cuerpo no concordaba con la que su boca trataba de dar a entender.
- Lucy! Qué sorpresa! Haces algo más a parte de trabajar y tirarte a mis amigos?
Su sonrisa cínica la dolió en el alma, pero no se lo podía dejar ver.
- Sí, enrollarme con capullos a escondidas. Qué les traigo de beber?
Touché. La entrepierna de Natsu reaccionó ante la lengua viperina de la camarera. Por qué le gustaba tanto enfadarla?
- Yo tomaré agua. -Respondió la chica ajena a la tensión de su acompañante.
- No te apetece una copa de vino, Nekomi?
Ella rió cómplice.
- Creo que ya llevamos bastante vino por hoy, no? O es que me quieres emborrachar?
- Oh, las chicas borrachas son su especialidad -comentó sin tapujos la rubia, ganándose una severa mirada del muchacho. Carraspeó-. Un agua y, qué más?
- Agua para mí también.
- Enseguida se las traigo.
Mientras se alejaba oyó a la muchacha comentar:
- Qué ha querido decir?
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La comida fue una tortura. La pareja no dejaba de tocarse las manos, de reír, de darse a comer del plato del otro... Lucy no dudaba que Natsu lo estaba haciendo a posta, y le hacía hervir la sangre de tal forma que alguna de las veces que entró en la cocina lanzó los platos que traía en la mano por los aires debido a algún tropezón por no darse cuenta de por dónde iba. Cada vez que se acercaba a la mesa podía notar esos inquietantes ojos de color jade clavados en ella, cosa que la hacía temblar.
El restaurante se fue vaciando y pronto quedaron pocas mesas. Mejor, menos agobio. La camarera observaba la mesa 23 desde un rincón en el que pasaba desapercibida, cuando vio que el chico se levantaba en dirección al aseo, arrastrando la mano de su acompañante de un modo empalagoso hasta que la distancia les hizo separarlas. Y sin pensarlo, se movió. Fue detrás de Natsu hasta el baño, le vio entrar y echó un vistazo en derredor para asegurarse de que no habría nadie cerca. Entonces, y tras un momento de cortesía, entró en el aseo de hombres y cerró la puerta con pestillo desde dentro. El chico aún estaba terminando su tarea frente al urinario cuando escuchó el ruido. Se giró para mirar y casi se le salen los ojos al ver allí a la camarera apoyada en la puerta y con cara de pocos amigos.
- Perdone señorita, pero esto es una invasión de mi intimidad.
- No puedes hablar de invasión de intimidades, capullo.
Natsu suspiró, se subió la bragueta y se lavó las manos, ante la mirada ceñuda de la chica.
- Qué quieres? -Preguntó una vez terminó y se colocó delante de ella.
- Cómo que qué quiero? -Pensó un momento. Realmente no sabía por qué estaba allí encerrada con él en el baño de su trabajo.- Qué estás haciendo?
- Perdona? -Dijo bajando la voz.- Me estás pidiendo explicaciones?
- No! Sí! No lo sé. -Dudó.
- He venido a comer. -Se acercó más a ella con un dedo amenazante.- Tú trabajas aquí, así que tienes que atenderme como es debido. Nada de humillar a mi pareja o tratar de dejarme en ridículo.
Tenía razón. Se había pasado y eso no era propio de ella. Pero ahora no podía pedir disculpas, estaba demasiado encendida. Sólo le salía pelear.
- Y tienes que venir justo al restaurante en el que yo trabajo, justo en mi turno, a traerme a una de tus zorras?
- En serio, Lucy, qué te importa eso a ti? -Tenía razón no debía importarle. Pero lo hacía.- Sales con Sting, quedas con Gray... y todo esto lo sabe tu novio?
- Mi novio?
- Venga, pretendes tener a todo el mundo comiendo de la palma de tu mano sólo por tener esas espectaculares tetas -decía mientras las señalaba-, esas preciosas piernas -las repasaba de arriba abajo con la vista-, esos ojos encandiladores -el tono fue disminuyendo- y esos labios adictivos.
Se quedó mirándolos un momento. Ella se mordió el inferior en un gesto instintivo, y le oyó maldecir mientras apartaba la vista. Un intenso calor subió desde su vientre directamente hasta su pecho, dejó un hormigueo en las manos, que empezaron a moverse solas, y acabó en sus ojos, cegándola por completo. Alzó los brazos para ponerlos a la altura del pecho del chico, le agarró de la camisa y le atrajo hacia su boca. A ambos les supo a gloria ese receso en la batalla. Por qué se empeñaban en discutir siempre si los dos se deseaban de esa frenética manera? La ansiosa lengua de Lucy exploró la húmeda cavidad del muchacho, peleando con la que habitaba allí dentro y que no le daba tregua. Las manos de él se enrollaron en su cintura para atraerla más, y las de ella pasaron a abrazarle por el cuello. Sólo se oían los cortos jadeos que dejaban escapar entre los pasionales movimientos de sus bocas. Entonces le vino otro recuerdo. Su mente se llenó de imágenes de ellos dos besándose por todo el apartamento del chico, mientras se iban quitando la ropa. Dio un salto hacia atrás dejandole estupefacto, y se tocó los labios con culpabilidad y vergüenza mientras le miraba.
- Qué pasó aquella noche?
Él suspiró.
- Aún no recuerdas nada?
- Alguna imagen me ha venido... Tú y yo...?
Volvió a suspirar, agachó la cara y la esquivó para salir del baño y volver a su mesa.
- Nos iremos ya, cuando puedas trae la cuenta.
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Su siguiente tarde libre la pasó con el bueno de Sting. La hacía reír y al menos podía olvidarse de sus problemas. La relajaba estar con él, aunque en cierto modo creía que le pasaba eso porque le recordaba tremendamente a Natsu, quien era ahora mismo el principal motivo de sus problemas. Pero este chico era amable, delicado con ella, y sólo tenía buenas palabras para decirle, no como aquel. Era un parche temporal, aunque si era verdad lo que decía Gray sobre él puede que quizás mereciera la pena darle una oportunidad como algo más que eso. El chico quiso pagar todo, las entradas, las chucherías, los refrescos... y todo lo que se le pudiera antojar a ella. Era tan dulce que en más de una ocasión se sintió como una bruja por utilizarle de esa forma. Tras una tarde reparadora, la acompañó hasta su casa dando un paseo, y al llegar a la puerta quiso besarla, como un caballero, suave, romántico, totalmente sacado de una peli de adolescentes. Al principio pensó en rehuir, pero no creyó que el muchacho se mereciera que llegados a este punto le hiciera la cobra en la puerta de su casa. Acercó los labios a los de él y le correspondió al beso con dulzura, pero sin sentimientos. Él puso una mano sobre su cadera, y ella notó que le temblaba un poco. Realmente estaba nervioso, eso no era buena señal. Ella le colocó una suya en el abdomen, dándose cuenta en ese momento de lo duro y firme que era. Madre mía, era una enorme tableta de chocolate oculta bajo una camiseta de manga corta. Palpó más sin poder evitarlo, y entonces notó cómo el chico rompía el beso para reír un poco.
- Me haces cosquillas. -Dijo junto a su boca.
- Lo siento, me estaba deleitando con lo que tienes aquí.
Sting se ruborizó un poco.
- Quieres... tocar más? Puedes hacerlo, soy todo tuyo.
Era tan mono... No podía hacerle esto.
- Creo que por hoy es suficiente. Nos vemos otro día?
- De acuerdo, te llamaré.
Y tras dar a la chica un casto beso en los labios se marchó de allí flotando en una nube.
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Recién salido del horno, aquí tienen el siguiente capítulo. Gracias a los que estáis siguiendo la historia y comentando, sabéis que os leo y que vuestros deseos son órdenes para mí.
Espero que os guste como va, este capítulo me ha salido solo tras la idea inicial y la verdad es que a mí me ha gustado lo que mi musa me iba diciendo. Quería haber metido un poco de lengua entre Nekomi y Natsu, porque ya sabéis, quién se resiste a fantasear con este chico! Pero creo que habría quedado un poco fuera de lugar, así que los he dejado en el platonismo que se menta y la picaresca que se menciona.
Lo de siempre, si os gusta comentad, si no os gusta también y trataremos de hacer algo. Y espero que os apetezca leer lemon porque me huelo que pronto lo voy a tener que meter... jiji
Nos leemos!
Hanako ^^
