La expresión llena de conmoción y sorpresa que, al escuchar ese nombre, había provocado en Uryuu Minene, alteró a Akise, quien no esperaba que la mujer reaccionara de esa manera. ¿Qué fue lo que acababa de ocurrir? ¿Acaso…? ¿Acaso ella ya conocía Amano Yukiteru? ¿Pero cómo?

- ¿Sabes de quien se trata? –preguntó inclinándose ligeramente con los ojos fijos en la mujer, quien repentinamente había fruncido el ceño y había desviado la mirada hacia el suelo, aparentemente, pensando en algo, o quizás recordando algo.

Dicha pregunta provocó que ella soltara un respingo y viera a Akise como si se tratara de un policía que acabara de descubrir su verdadera identidad. Se incorporó de su asiento en el columpio, y observó a los costados, como buscando las palabras exactas para expresarse, pero como no las halló, sacudió la cabeza y parpadeó.

Akise la contempló interrogante, preguntándole qué ocurría sin soltar ninguna palabra al aire. Minene pareció calmarse un poco, y se detuvo mirándolo con una nueva sonrisa burlona.

- Je, primero suelta el dinero, chaval, luego hablaremos acerca de esto –Afirmó ella luego de unos momentos, con una mano en la cintura, y observándolo de forma altanera.


Capítulo 4: Retazos del pasado.


Todo parecía indicar que Uryuu Minene conocía a Amano Yukiteru a juzgar por la expresión que la terrorista elaboró tras mencionarle aquél nombre. Akise se preguntó cuan pequeño sería realmente el mundo por todas aquellas casualidades que se interponían ante sus propios ojos, mientras pedaleaba su bicicleta a gran velocidad con el fin de llegar al hospital en el que Gasai todavía guardaba reposo.

- Eres el único que viene a visitarla –declaró la enfermera acompañándolo hasta la habitación de la chica con una sonrisita en los labios- ¿Están saliendo o…?

- Soy su compañero de clases, así que vengo a traerle la información acerca de lo que hemos aprendido el día de hoy –aclaró Akise rápidamente, mostrando los papeles que tenía en las manos.

- Entonces, ¿Entre tú y ella…?

- No hay absolutamente nada. Ella ya tiene novio.

- Eso es triste, serían una bonita pareja –ella se frotó la nuca con una expresión de "Qué podemos hacerle"

- ¿Por cuánto tiempo la mantendrán en reposo? –Akise cambió de tema haciendo lo posible para ser sutil.

- ¡Oh! Es verdad –una nueva sonrisa apareció en los labios de la enfermera- Le daremos el alta esta misma noche. Ya se encuentra lo suficientemente estable para poder retirarse, aunque tendrá que venir a controles periódicos con el psiquiatra de tanto en tanto.

Akise se detuvo en seco tras oír esas palabras. Él no había tenido idea de que Gasai había estado viendo al psiquiatra, y se preguntó el porqué. La enfermera también frenó sus pasos al notar que el chico se encontraba unos metros atrás, y enarcó una ceja interrogante.

- ¿No lo sabías? –Preguntó acercándose a él- La noche del día que ingresó al hospital, luego de que la visitaras por primera vez, se ha vuelto incontrolable: Chillaba, pataleaba, e incluso trató de arrancarse el yeso de su brazo derecho –relató haciendo lo posible para recordar los detalles- Todo comenzó una vez que te marchaste. Necesitamos aplicarle un sedante para mantenerla bajo control.

Akise soltó un respingo y la observó ansioso por conocer más datos al respecto. Su garganta se había quedado seca mientras asimilaba la información, y trataba de recrear la imagen de Gasai perdiendo el control de sí misma, y recordó entonces el móvil destrozado que él mismo le había devuelto ese día. Probablemente, ése había sido el motivo.

- ¿Y desde entonces ha estado viendo al psiquiatra? –inquirió Akise retomando el camino. La enfermera lo siguió y asintió con la cabeza, confirmando sus sospechas.

- Esa es la razón por la que no le hemos dado el alta hace tiempo –mencionó ella, deteniéndose poco después frente a la puerta de la habitación ocupada por Gasai.- Después de todo, ella ya está bastante bien físicamente.

- Agradezco la información –musitó Akise ingresando al lugar.

Como la enfermera permanecería fuera de la habitación, el chico cerró la puerta, y giró sobre sus talones para contemplar el sitio con detenimiento. Las ventanas se encontraban cerradas, y probablemente bloqueadas, lo que supondría que estaban tomando medidas por si Yuno deseara escapar a través de ellas cuando menos lo imaginaran. Una serie de medicamentos se encontraba esparcida sobre la superficie de un armario bajo y maltrecho y, junto a ellos, estaban los despojos del móvil. Gasai permanecía dormida, así que Akise se acercó, dejando la mochila sobre una silla cercana a la cama sobre la que la chica guardaba reposo, y la contempló con cuidado.

Gasai continuaba con el cabello completamente suelto, tenía los labios entreabiertos, los ojos cerrados, y su pecho subía y bajaba al ritmo de una respiración tranquila y acompasada. Su brazo derecho estaba superpuesto sobre la manta que la cubría, todavía con el yeso cubriéndolo, y con marcas de uñas, delatando los intentos elaborados por la chica por quitárselo. Akise sonrió con suavidad y estiró la mano, para acariciar una de sus mejillas con cuidado. Gasai Yuno era tan hermosa, y tan misteriosa, que casi le dolía que ella lo considerara como un enemigo.

El contacto de la piel de Akise sobre la suya, provocó que Yuno despertara y lo mirara. Los ojos de ambos se contemplaron con firmeza por instantes antes de que ella reaccionara apartándolos de los del albino. Aru sonrió con tranquilidad permitiéndola alejarse.

- Tú… -ella hizo una mueca de desagrado a medida que hacía lo posible para sentarse- ¿Qué es lo que quieres, de nuevo?

Akise le tendió los papeles que llevaba consigo luciendo algo más de esa tranquilidad.

- Es lo que hemos tenido en clases el día de hoy.

Yuno arqueó una ceja con desconcierto, y los aceptó, creyendo que esa ésa la única razón por la que el chico estaría en ese lugar. Era consciente de que gracias al accidente, lo habían nombrado como delegado temporal de clases hasta que ella pudiera regresar, por lo que cosas como entregar apuntes a una persona que estaba ausente constituían uno de sus deberes. Por eso no podía enfadarse: Creía que ya se libraría de él tras haber recibido los papeles, pero Akise prefirió prolongar su visita, quien acercó otra silla a la cama y tomó asiento en ella.

- ¿Qué tramas? –musitó Yuno observándolo de soslayo. Akise cruzó las piernas con naturalidad y la contempló como si se tratara de una vieja amiga.

- ¿Hay algo de malo en que desee pasar el tiempo contigo?

- ¡Por supuesto que sí! Yo no deseo verte, Akise Aru.

El chico ladeó la cabeza, y continuó sonriendo.

- Todavía deseo saber el motivo por el que tratas de asesinarme –afirmó él con simpleza, provocando un sobresalto en Gasai- Prometo que, si me lo dices, no volveré a aparecerme por aquí, y tampoco te haré más preguntas.

Yuno arqueó las cejas, asimilando las palabras enunciadas por su enemigo, y hallándose a sí misma sorprendida por ellas. ¿Tan rápido Akise se daría por vencido? No podía creerle del todo porque sabía que él era alguien realmente persistente, y molesto. El chico pareció leerle la mente, porque levantó las manos en señal de paz y borró la sonrisa de su rostro.

- Es una promesa, y yo siempre las cumplo –aseguró haciendo lo posible por sonar convincente.

Yuno lo observó por unos segundos más, analizando la situación. Si se lo contaba, quizás se libraría de él de una vez por todas. Esa era una ventaja que no deseaba desperdiciar.

- De acuerdo, te creeré.

Akise soltó un respingo notando la expresión relajada en el rostro de Yuno, casi como la calma que anunciaba la tormenta. No estaba seguro de si era correcto o no permanecer cerca de la cama, pero tampoco hizo ningún movimiento para apartarse. Ella había cedido, así que no quería perderse detalles de nada, por lo que se acercó un poco más a pesar de los riesgos que eso podría traer consigo.

Yuno desvió la mirada porque no se sentía con las fuerzas necesarias para contemplar el atractivo rostro de su enemigo por más tiempo.

- Yukki y yo estuvimos saliendo por mucho tiempo, pero gracias al trabajo de sus padres, tuvo que trasladarse a Hokkaido. – Apretó los labios recordando la emotiva despedida que le había brindado en el aeropuerto, y luego prosiguió- No verlo resultaba ser una tortura, así que pedí a mis padres que me trasladaran junto a él, pero ellos no querían ceder. Finalmente, luego de mucho rogarles, me prometieron que lo harían con una sola condición: Si conseguía obtener el primer puesto, por lo cual he estado trabajando duro para obtenerlo, pero no consigo salir del segundo. - Ella apretó los puños con fuerza, con toda la ira que tenía contenida, y Akise apretó los labios, asimilando lo que acababa de oír. ¿Ésa era la causa por la cual Gasai Yuno deseaba matarlo? ¿Por la simple razón de la esperanza de rencontrarse con su novio?

Yuno chasqueó la lengua como si se tratara de una serpiente enojada, y lanzó al chico una mirada cargada de rencor. Si ella tan sólo conseguía eliminarlo… Si Akise desaparecía, ella sería la estudiante más inteligente del instituto, y podría finalmente ver a Yukiteru.

- Tú… Tú eres la causa por la que no puedo regresar a sus brazos –estiró los suyos en dirección al albino, con ganas de ahorcarlo allí mismo, pero tras unos instantes, volvió a bajarlos, resignada. - ¡Pero tampoco quiero que bajes tus notas a propósito porque sientes lástima por mí!

- ¿Quién dice que haría algo así? –Akise se incorporó del asiento, y la chica lo contempló dudosa- Lo que dices es que, si consigues obtener el primer lugar, te marcharás para siempre, ¿Verdad?- la miró con una nueva sonrisa en el rostro, y Yuno, recelosa, asintió con la cabeza- Sólo estás brindándome una razón más por la cual no perder mi puesto.

- ¿E-Eh? –Gasai abrió los ojos con sorpresa reflejada en ellos. ¿Qué había dicho Akise? ¿Qué no la dejaría ganar?

Pero eso no fue lo que la dejó atónita.

Akise se había acercado, y había tomado con cuidado la mano izquierda de la chica, para luego depositar un suave beso sobre ella, en un acto caballeroso.

Un fuerte sonrojo iluminó las mejillas de ella, quien se apartó inmediatamente, viéndolo completamente confusa. El chico detective se había limitado a sonreír misteriosamente, y optó por marcharse de allí luego de recuperar su mochila, dejando a Yuno con las palabras en la boca.

Yuno se cubrió la boca con las dos manos, notando que algunas partes de su cuerpo temblaran.

Estúpido, ¡Estúpido Akise Aru! ¿Cómo se atrevía a provocar que su corazón diera semejante brinco con un simple gesto como ése?


Akise enviaba un mensaje a la terrorista pidiendo que se encontraran de nuevo en el parque en el que habían conversado días atrás, y tras ello, subió a su bicicleta y partió rumbo a ese lugar. Necesitaba charlar con ella una vez más, ahora especialmente que conocía el principal motivo por el que Gasai Yuno deseaba asesinarlo. Ansiaba la información que Minene podría tener con respecto a Amano. ¿Qué era lo que ella sabía acerca de él?

Cuando llegó al lugar citado, Minene ya se encontraba presente, con la espalda recostada contra un árbol, y los ojos cerrados, probablemente sumergida en sus pensamientos… O tal vez sólo estaba a punto de dormir.

Akise bajó de su biciclo, y se acercó a ella con una de las manos guardada en el bolsillo de su chaqueta, y la otra sosteniendo su mochila. Minene, tras notar su presencia, abrió los ojos y parpadeó, permitiendo que el chico acabara por llegar a su lado.

- Dime que tienes el dinero, de lo contrario no diré absolutamente na…

- Aquí tienes quinientos cincuenta mil yenes –tendió la mochila sin alterarse por la demanda de la terrorista.

- ¿Cómo dices?- Minene abrió los ojos como platos y decidió comprobar que no se trataba de alguna broma de mal gusto elaborada por el albino. Tras abrirla, se encontró con varios fajos de billetes… ¡Y todos eran verdaderos! ¿Pero cómo? ¿Cómo un chico como ése había obtenido semejante suma de dinero? Alzó la vista clavándola en Aru, quien se encogió de hombros con naturalidad.

- Si te lo preguntas, no he cometido ningún delito para obtenerlo–afirmó él no deseando profundizar ese tema. Minene lo vio como si se tratara de un alien que se había materializado repentinamente frente a sus ojos, y regresó la mirada a la mochila, todavía incrédula.

¿Acaso lo había juzgado mal? ¿Pertenecería Akise a una familia extraordinariamente rica a la que no le importara si algunos cuantos miles de yenes desaparecían de pronto de sus arcas? Es verdad que el atuendo utilizado por el chico, y su modo de actuar no lo confirmaban, pero quizás sólo estaba tratando de parecer humilde.

- Ahora, ¿Qué es lo que sabes acerca de Amano Yukiteru? –la expresión de Akise se había vuelto realmente seria, y Minene soltó un respingo, saliendo así de sus pensamientos.

La noche había caído con una atmósfera pesada, y pronto las calles fueron vaciándose, sobretodo en las zonas residenciales, en las que lo único audible era el sonido del viento. Ambos llevaban un rato caminando. Minene permanecía en silencio, y el chico la esperaba con paciencia mientras conducía su bicicleta, esperando por las explicaciones correspondientes.

Ella había elevado la mirada, observando la luna llena que iluminaba el cielo libre de nubes.

- Todo ocurrió hace un año –comenzó ella con las manos en los bolsillos de sus pantalones, rompiendo el silencio de tal modo que Akise se sobresaltó un poco-. Un dirigente religioso árabe estaba de "vacaciones", así que había visitado Japón para reunirse con algunos cuantos políticos de influencia.

Ella hizo una mueca recordando el rostro horrible de ese hombre, quien había sido uno de los principales responsables de la muerte de sus padres en el medio Oriente. Akise la escuchó manteniendo la mirada firme hacia el frente, esperando con paciencia a que ella mencionara la relación entre las cosas que relataba, y Yukiteru.

- Ese hombre había llegado a Tokio y planeaba recorrer puntos importantes de Japón. Su visita era secreta, pero yo ya me había enterado de ello varios días atrás –Minene sonrió con suficiencia, sintiéndose orgullosa de sí misma-. Odiaba a ese hombre, así que decidí acabar con él. Me hice pasar por una azafata, a la que tuve que encerrar dentro de una caja con destino a Finlandia, y me colé entre el personal del avión en el que él viajaría.

Akise asintió con la cabeza, brindando señales de que la escuchaba con atención. Minene prosiguió sin dar señales de haber captado ese gesto por parte del chico.

- Comprobé la lista de pasajeros para asegurarme que él de verdad estaría allí, y entonces encontré el nombre de Amano Yukiteru entre esas personas. Por supuesto, no le tomé importancia porque él para mí no era más que un civil más, una persona que se sacrificaría inevitablemente para cumplir mi objetivo.

Aru abrió los ojos tras notar cual era el punto al que Minene llegaría, pero no dijo nada, prefirió optar porque ella terminara su relato antes de hacer preguntas al respecto. ¿Acaso ella…?

- Cuando lo vi, lo odié de inmediato. Iba acompañado de sus padres, quienes le prestaban la atención y el cariño que yo jamás podría tener porque el destino me había quitado a los míos en medio de aquella guerra en el Medio Oriente.-hizo una breve pausa, tras lo cual prosiguió- Él se veía tan feliz con ellos, que no pude evitar pensar "Pobre desgraciado, no tienes idea del destino que te espera"

Minene soltó una risa amarga recordando el suceso con tal perfección, como si se tratara de algo que acababa de ocurrir. Hasta podía decir que era capaz de volver a experimentar las emociones de aquella ocasión.

- Fui yo quien comprobó sus papeles, y quien lo vio alejarse junto a sus padres con una sonrisa en los labios. Detestaba tanto a ese chico por la suerte que él tenía… Pero no pude pensar en ello por más tiempo, ya que mi objetivo acababa de llegar, así que mi mente se centró en él, y tan sólo en él.

»Conseguí burlar a la seguridad como sólo yo podría hacerlo –infló el pecho con orgullo- y a mitad del viaje, coloqué una bomba asegurándome de que nadie me viera, mientras me deleitaba con la venganza que finalmente obtendría. La activé, y finalmente escapé utilizando un paracaídas que había robado semanas atrás. El avión estalló un par de minutos después en el aire.

Una sonrisa enarcó los labios de Minene tras recordar la sensación de satisfacción que había llenado su pecho tras haberse deshecho de aquél desagradable hombre de una vez por todas. Akise se había detenido en seco y asimilaba la información sin ser capaz de conseguir hacerlo del todo, casi creyendo que lo que la terrorista estaba diciendo era una broma.

- ¿Lo que estás tratando de decir es que…?

- Lo que trato de decir es que maté a Amano Yukiteru en aquél viaje.


Nota: ¡Finalmente ya estamos en el cuarto capítulo! Y agradezco de todo corazón a aquellas personas que me han dado sus reviews. De verdad no tienen idea acerca de cuanto los valoro.

Ya sé que el capítulo de hoy está algo soso lol, pero prometo que ahora sí ya se viene lo bueno (?).

¿Amano Yukiteru de verdad está muerto? ¿Qué ocurrirá luego de que Akise se enterara de esto? ¿Yuno sabía algo al respecto? Si él había fallecido en ese viaje, ¿Con quien había estado enviándose mensajes, entonces?

Todo eso lo sabrán en el siguiente capítulo /o/