Saludos ^^
Paso a dejar el siguiente capítulo del fic :3 me atrasé un poco con la publicación de este cap pues he estado bastante ocupada xDu una disculpa. Gracias a las personas que pasan a leer y dejar sus comentarios, los aprecio mucho~!
Capítulo 4
El arrullo de unos pequeños Taillow escondidos entre los grandes árboles de aquel magnifico jardín era lo único que se escuchaba en el lugar, junto con el sonido melódico del agua en la gran pileta que estaba en el centro. Los arbustos y árboles estaban rebosantes de vida, cargados de flores de vibrantes colores y frutos maduros, los que los Caterpie y Wurmple mordisqueaban pegados a los troncos. El césped era una gigantesca alfombra que recubría todo el lugar, verde, hermoso y fresco, ideal para echarse a dormir la siesta a la sombra de un gran árbol. Había además algunos asientos y columpios donde antaño, una mujer, un hombre y varios de sus pokemon jugaran sentados pasando la tarde en alegría y tranquilidad.
El jardín era uno de los lugares preferidos de Toxicroak en toda la casa, y probablemente en todo el mundo. Allí había pasado varios de los mejores momentos de su infancia y juventud, durmiendo la siesta en la falda de Mónica o correteando junto a John y al resto de los pokemon que alguna vez habían vivido allí, pero que se habían marchado hacía ya mucho tiempo. Siempre iba allá cuando sentía nostalgia del pasado, o el silencio abrumador de la casa le hacía sentirse agobiado. Aún podía escuchar las risas de sus entrenadores y las voces de los otros pokemon entre los árboles, llegándole en la suave brisa que se paseaba por allí. Era ese el lugar al que quería llevar a su pequeño invitado.
El joven Croagunk observó todo el lugar maravillado de su belleza y los dulces aromas que despedían los árboles frutales y las flores. Se emocionó al ver los columpios y eligiendo uno, se subió con algo de esfuerzo y comenzó a darse impulso con sus pequeñas patas. Toxicroak sonrió al verlo tan feliz y se vio a sí mismo cuando también fuera un Croagunk que jugaba en el columpio, después del entrenamiento con John y la práctica de piano con Mónica. Se sentó a un lado del más pequeño y con sus pies tocando el suelo, movió ligeramente el asiento para mecerlo apenas un poco, adelante y atrás.
—John y tú ganaron muchos concursos y campeonatos—dijo Croagunk al fin, sin poder quitarse de la mente la imagen de tantas medallas y trofeos. Él ni siquiera había tenido una batalla de práctica con Molly.
—Hace tiempo nos retiramos de ello—respondió el mayor, con su gesto particular y una sonrisa.
— ¿Puedo preguntar por qué?
Toxicroak se quedó con la mirada fija en la nada, y poco a poco su sonrisa desapareció. Dejó de mecerse y se quedó pensando, abstraído. Croagunk lo observó en silencio hasta que el otro pareció recordar que estaba con él.
—Por el trabajo de John—dijo, sonriendo otra vez—. Ya sabes: tenía que madurar de una vez y empezar a ocuparse de su casa y sus responsabilidades. No puedes ser entrenador toda tu vida si no vas a volverte un profesional, como un líder de gimnasio o alguien del Alto Mando.
El pequeño asintió, comprendiendo. Siguió columpiándose mientras volvía a preguntar:
— ¿Cuántas ligas ganaron?
—Muchas…estuvimos en Kanto, en Johto, en Hoenn y en Teselia. No pudimos terminar la liga de Sinnoh.
— ¿Por qué no?
—…por algunos problemas.
Croagunk pudo notar el pesar en la mirada del otro, por lo que prefirió no ahondar en el tema. Sin embargo, había demasiadas cosas en el aire que le causaban curiosidad.
—Pero si John no está trabajando ahora y le ha ido bien, ¿por qué no lo han retomado?
Con la mirada fija al frente y su gesto apagado, Toxicroak se frotó instintivamente las manos. Su expresión denotaba tal ausencia que casi parecía que no había escuchado a Croagunk a su lado: solo había imaginado aquella pregunta.
El más pequeño vio su gesto y bajó la cabeza. De inmediato dejó de impulsarse y el columpio se meció lentamente mientras perdía el vuelo. Otra vez se había metido en el delicado tema, a pesar de que no había sido su intención volver a entrar en el asunto. Se sintió profundamente mal por lo que había hecho, por lo que venciendo el nudo en la garganta que se le había formado, soltó:
—Lo siento mucho…
Toxicroak despertó por segunda vez de su ensimismamiento y volvió la cabeza para ver al otro: lucía sumamente apesadumbrado y él no pudo explicarse bien la razón. No es que el pequeño hubiera hecho una mala pregunta…
— ¿Por qué te disculpas?—quiso saber.
Croagunk bajó aún más la cabeza como intentando esconderse, avergonzado de lo que había querido preguntar. Juntó sus diminutas manos sobre sus rodillas y dijo:
—Supongo…que tiene que ver con lo de tus manos…no quería…
—No digas eso—soltó el mayor, levantándose del asiento y recuperando su sonrisa.
Se arrodilló frente al otro y sostuvo sus manitos oscuras, mirándolo hacia arriba y haciéndolo sonrojar levemente por su mirada directa y su tacto.
—Es una especie de "tic" que tengo—dijo, ladeando un poco la cabeza—, no me hagas caso. No has dicho nada para que te pongas así.
—Pero…
—Te digo que está bien—dijo Toxicroak, levantando su brazo y alcanzando su mejilla—. Me gusta más cuando estás sonriendo, así que ya puedes ir cambiando esa cara.
El pequeño sonrió levemente, con sus mejillas sonrojadas y asintiendo con la cabeza. El otro le guiñó un ojo, se levantó y fue a ubicarse tras él. Sujetó con ambas manos las cadenas del columpio, se movió hacia atrás y lo empujó hacia adelante. Ambos se quedaron jugando un rato, hablando de cosas triviales y riendo, mientras el sol bajaba lentamente detrás de las montañas.
Al rato se escuchó un bocinazo que hizo soltar a Croagunk en su asiento. Ya era tarde.
— ¡Es Molly!—dijo, asombrado de lo rápido que se le había ido la hora.
Toxicroak frenó lentamente el columpio en donde estaba sentado su pequeño acompañante, y cuando éste se detuvo enteramente, Croagunk hizo ademán de levantarse, pero él le rodeó con sus brazos y lo atrajo, conteniéndolo un momento. La ranita se coloreó enteramente ante el inesperado gesto. El corazón se le subió a la cabeza y golpeó con fuerza allá arriba.
—Me gustó mucho tenerte aquí—dijo el mayor, abrazándolo con fuerza y ternura a la vez.
"Me gustó venir"—pensó el menor, sin poder abrir la boca de lo nervioso que estaba.
— ¿Crees que puedas venir a visitarme en otra ocasión?—volvió a preguntar el más alto, con su cabeza sobre la del otro.
El aludido asintió lentamente, todavía sin poder decir nada. Toxicroak arriba sonrió, le besó en la cabeza ligeramente y deteniéndose frente a él, le dio su mano para ayudarlo a bajar del columpio. Croagunk hizo todo el proceso de bajarse, salir del jardín, atravesar la casa y llegar hasta la puerta mecánicamente: si el abrazo sorpresivo lo había dejado paralizado de emoción, el beso en su cabeza casi lo mató de felicidad. Nadie lo había besado antes, mucho menos un desconocido y sin siquiera pedir permiso. Únicamente su entrenadora lo besaba de cuando en cuando solo para fastidiarlo y dejarle su lápiz labial marcado en las mejillas.
Pero este desconocido era especial. Especial y diferente. A Croagunk le gustaban sus modales corteses y su falta de educación a la hora de regalarle un beso. Le gustaba su amabilidad y los gestos de afecto que le daba sin avisar: las leves caricias en la mejilla o en la cabeza. Los abrazos repentinos y que le transmitían tanta seguridad y tranquilidad. Le gustaba saber que no solo era un pokemon atento y refinado: era un campeón que podía vanagloriarse de un pasado prestigioso, y que pese a todo no había hecho el menor alarde sobre ello.
Sin embargo había algo aún…algo que Croagunk no conseguía dilucidar y que seguía allí escondido, en la mirada y en el gesto amable de Toxicroak y que conseguía repentinamente arrancarlo de su lado en silenciosos y oscuros momentos de pesar. Este "algo" aparecía de la nada y arruinaba los momentos de comunión que había entre ellos, y Croagunk no sabía cómo eludirlos. Esto le sentaba mal. Y estas heridas en sus manos…
Cuando llegaron a la puerta de entrada y abrieron, un lujoso automóvil de brillante color rojo esperaba afuera. La misma muchacha de antes aguardaba al volante con el móvil en sus manos. Levantó apenas la mirada del aparato para comprobar que su pokemon venía y regresó su atención a su conversación online.
En la entrada de la casa, los dos pokemon se miraron y se sonrieron. Toxicroak se arrodilló a su lado y le habló:
—Gracias por venir. Ha sido el mejor día que he tenido en mucho tiempo.
El más joven sonrió dulcemente con las mejillas prendidas.
—Me divertí estando contigo, Toxicroak.
—Ven a verme cuando quieras. Estaré aquí esperándote.
—Vendré pronto. Te lo prometo.
El otro sonrió, le acarició el rostro y se puso de pie. Croagunk se volvió y bajó los pocos escalones de piedra que llevaban hasta la entrada. Toxicroak lo observó mientras la sonrisa desaparecía de su rostro. Tenía algo atravesado en el pecho desde hacía un rato que pujaba por salir.
—Croagunk—llamó, antes de que el otro se alejara.
El aludido se detuvo y se volvió a verle con curiosidad. Toxicroak bajó algunos peldaños y el más pequeño se acercó a su vez. Se quedaron a algunos pasos de distancia, mientras el sol a lo lejos estiraba sus sombras sobre el suelo.
—Disculpa…que no te dijera toda la verdad—dijo el mayor con pesar.
Croagunk se mostró sorprendido. Luego desvió la mirada.
—Está bien, no tienes que hacerlo…
—Te prometo que algún día lo haré—dijo el otro, consiguiendo de nuevo su atención—, solo necesito algo de tiempo.
Esto le sentó mejor al más pequeño. Sonrió comprensivamente y asintió.
—No te apures. Aún tenemos mucho tiempo.
—No—soltó el mayor, sonriendo con tristeza—. Cuando te das cuenta, en realidad no hay tanto tiempo.
El menor no comprendió a qué se refería con esto. Vio al otro despedirle con la mano, volverse y regresar adentro. Se quedó viéndole sin entender, hasta que un llamado de Molly le hizo despertar y regresar rápidamente al auto.
No pudo quitarse aquella última situación de la cabeza en toda la noche, ni en el resto de los días que siguieron.
Continuará...
