Llega la multitud

"I'm not in love, this is not my heart, I'm not gonna waste these words about a girl" About a girl -The academy is...

Desde la mente de Bella

—Isabella, justo así te quería encontrar. —Mi hermana tuvo un ataque de estrepitosas carcajadas.

Edward se había limitado a colocar sus manos en mis hombros. Me levanté de prisa y le tendí la mano para ayudarlo a levantarse. ¡Fui tan feliz de que ya no pudiera sonrojarme!

—¿Cómo me hallaste? —Le pregunté a ella.

—Sabes que soy una buena rastreadora. —Sus ojos centellaban y le sonreía de orea a oreja a Cullen.

—Edward, ella es mi hermana Luna.

Él asintió con la cabeza.

—¡Es un verdadero placer, Edward! —Era evidente que intentaba contener la risa. Yo deseaba que se abriera un agujero en la tierra y me tragara.

—¿Está todo bien?

Genial, otro vampiro.

—Sí, todo estupendo. —Luna tomó por el brazo al alto vampiro rubio.

—¿Qué hay, Fred? —Lo saludé.

—¿Qué tal, Bella?

Una vez más, nos quedamos sin qué decir. Pero conocía a mi hermana lo suficiente para saber que un millón y medio de teorías se estaban cocinando en su cabeza. Y me acordé de qué Edward las veía como si fuera una película. Mi expresión de pánico era tan clara como el agua y Fred debió advertirlo.

—Te esperaremos en la casa. —Fred arrastró a su novia fuera de escena.

Se marcharon a velocidad vampírica. Edward estuvo a punto de decir algo, sin embargo, lo corté sin rodeos:

—Sólo quería averiguar si sabías lo que haría. Y te creo. Pero, sí te enteraste de lo que pensaban ellos.

—Sí.

—¿Y bien?

—Estás hiperventilando, Bella. —Comentó.

—¡Dime! —Me quejé. Abrió la boca para decir algo, pero lo interrumpí antes. —Olvídalo, lo sabré pronto.

.

Dejé a Edward en el hospital en el que trabajaba su padre. No le permití bajar del auto hasta que le hice prometer que me contaría todo al respecto, mañana en la cafetería.

Estacioné el carro en la cochera de mi casa, me armé de valor y lanzando las llaves en el aire me aventuré a la sala. Todas mis hermanas -y unos chicos a quienes francamente no esperaba ver- ya estaban reunidos y a la espera.

—¿Qué hay? —Mascullé.

—¡Tienes que contárnoslo todo! —Exigió Luna.

—¡Lo tenías bien escondido! —Exclamó Celeste.

—¿Cuándo lo conociste? —Inquirió Bree.

Fred, Diego y Ben fueron lo bastante listos como para guardar silencio.

—¿Bella? —Lexi me veía con el ceño fruncido, preocupada. Justo a ella estaba Stefan, sostenía su mano.

—Hay un grupo de vampiros viviendo en el pueblo. No sé mucho de ellos.

Una sombra se posó sobre la faz de Stefan.

—¿Qué hay del vampiro con el que estabas? —Me cuestionó Fred.

—Apenas he hablado un par de veces con él.

—Muy bien, no quiero que nadie se acerque a ellos. —Stefan nos indicó como siempre solía hacerlo.

—¿Nos superan en número? —Fue la pregunta de Lexi.

—Son siete.

Ella dio un suspiro de alivio: —Entonces, podemos quedarnos.

Un momentáneo silencio nos envolvió.

—Iré a mi habitación. —Murmuré, subí las escaleras a velocidad vampírica y sentí como si Argos me observara.

.

De pronto, mi querido cuarto se encogió ante mis ojos, sentía que las paredes se movían reduciendo cada vez más el espacio del que disponía para moverme. Intenté leer, escuchar música, vagar por blogs, ver una película y hasta escribir en mi diario, mas todo fue inútil. Debían ser alrededor de las dos de la madrugada cuando Lexi tocó a mi puerta.

—¿Puedo pasar?

—Entra.

Yo estaba acostada sobre un sillón con los pies colgando y admiraba los dibujos que Celeste había trazado en el techo. Lexi se sentó en una silla y dijo en voz baja: —¿Quieres hablar?

Ella era lo más parecido que tenía a una figura maternal, era como nuestra hermana mayor.

—No hay nada de que hablar.

—Si te gusta ese muchacho…

—¡No me gusta!

Lexi me contempló un momento y salió sin agregar más.

.

Al día siguiente, me fui temprano sin dirigirle una palabra a nadie. Estaba muy molesta con ellos, azoté la puerta del coche y me encaminé con paso airado hacia el salón. Mi enojo era tan evidente que ni siquiera Mike y Eric se atrevieron a hablar conmigo. Para cuando fue hora de la clase de Biología, ya todos murmuraban sobre los nuevos estudiantes. Yo ya sabía que Jessica se moría por soltarme la pila de preguntas y/o acusaciones sobre mis hermanos y por lo mismo había intentado esconderme de ella toda la mañana. El profesor estaba retrasado y el aula hervía con las pláticas de los diferentes grupitos.

—Buen día. —Edward me saludó al tomar su asiento a mi lado.

—Hola. —Bajé la mirada para que no se diera cuenta de mis intentos de hacer estallar el pizarrón con la vista.

—No recuerdo que ayer mencionaras a Diego y a Fred.

Por un segundo no supe de que hablaba.

—Ah, es verdad. Yo no sabía que ellos vendrían, en realidad, contaba con que Ben no quisiera venir.

Edward me observó curioso.

—¿Y Lexi?

—Ella y Stefan van a buscar un trabajo en el pueblo, se ven algo mayores que nosotros. ¿Y has hablado con alguno de ellos?

—Tengo una clase con Fred y otra con Bree.

—Ninguno de los dos habla mucho.

—Lo noté. Pero toda la mañana he oído, a varios kilómetros a la redonda, sus nombres en las cabezas de los alumnos de la preparatoria.

—No debe ser sencillo.

—Me produce dolor de cabeza.

—¿Ayer fue lo mismo? ¿Cuando llegué yo? —No pude evitar preguntar.

—Todo lo que recibía de los humanos varones eran imágenes de la hermosa chica nueva.

¿Hermosa? ¿Él acababa de implicar que…

—Hora de empezar. —Dijo el profesor. —¡Guarden silencio y a sus lugares!

No hubo oportunidad de hablar mucho una vez que la clase comenzó. No obstante, al terminar, mi compañero de laboratorio me acompañó a la cafetería.

—¿Cómo se está tomando tu familia la llegada de todos nosotros? —Quise saber.

—Carlisle quiere evitar cualquier clase de malentendidos. Alice y Emmett están emocionados. Jasper se preocupa por la seguridad de su esposa, sin embargo, acordó mantenerse al margen.

—¿Su esposa? —Obviamente yo infería que se trataba de Alice. —Nunca había oído que un vampiro se refiriera a su pareja como "esposo".

Edward me aseguró que, en efecto, lo eran. Me describió las bodas de los miembros de su familia mientras que a mí se me revolvió la sangre en el estomago, ojalá que mi familia no oyera nada de aquello. Entramos en la cafetería, vi que en uno de los extremos estaban los Cullen y en el otro los Lewis. Por fortuna había una mesa desocupada, lejos de los vampiros.

—Para ser cazadores no saben disimular. —Comentó mi compañero.

—Ni que lo digas. —Todos los vampiros nos observaban a sus anchas (los humanos los admiraban a ellos).

—Iré a sentarme. —Hice lo que pude por sonar animada y me escabullí a la mesa vacía.

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Desde la perspectiva de Edward

La vi alejarse y fui hacia mi mesa.

—Veo que vas haciendo progresos. —Emmett afirmó reclinándose en su silla. Una vez que se le metía algo en la cabeza era imposible hacerle cambiar de opinión.

—Luna y Celeste aceptaron venir de compras conmigo, ¿quieres venir, Rose? —La invitó Alice.

—No estaría mal. —La más vanidosa de mis hermanas sonrió, un desfile de opciones de regalos para Emmett giró como un carrusel en su mente.

—Eres veloz para hacer amigos. —Comenté en dirección a la pequeña.

—Cierto, no sabemos si podemos confiar en ellos. —Jasper se notaba algo tenso.

—Basta, Jazz. Sabes que puedo cuidarme sola. —Él frunció el seño aunque ya sabíamos bien que Alice siempre se sale con la suya.

—Diego dijo que convencería a los otros de venir a jugar beisbol en la próxima tormenta. —Emm me dio una palmada en la espalda. —Podrías impresionar a Bella. —Movió las cejas sugestivamente y Jasper se carcajeó e intentó cubrirlo fingiendo que tosía.

—Ella no parece del tipo que se impresiona con esas cosas. —Rose señaló al libro que Isabella sostenía entre sus manos.

—¿Por qué se habrá sentado sola hoy? —Alice hizo un puchero. —¡Podríamos invitarla a asentarse con nosotros!

—Tal vez quiere un momento a solas. —Intervino Jasper.

El resto del descanso pasó sin contratiempos. Sonó el timbre y tanto inmortales como mortales se levantaron para ir a sus salones.

.

El auto de Alice se había hecho pedazos después de la última carrera que habíamos tenido. Y tan primorosa como es ella, tomó mi coche y se fue a la ciudad con Rosalie. Jasper y Emmett jugaban un maratón de Halo , Carlisle y Esme aún no volvían del trabajo. Por lo que decidí correr hasta Port Angeles. Era un día nublado, recorrí las calles a paso lento y entré a una tienda de discos; como el destino tiene algo de maquiavélico no debí sorprenderme al caer en la cuenta de que Isabella se encontraba ahí. Estaba sentada en el suelo con varias cajas de discos regadas a su alrededor.

—Hola. —Me puse de cuclillas para verle el rostro. Ella levantó la vista sorprendida, sus grandes y brillantes ojos me dejaron sin habla. ¿Qué me estaba pasando?


¡Un comentario por más cortito que sea me anima a seguir escribiendo! (:

Izel CrazyShy