Capítulo 4
Nota: En este universo, el Aqualad de los Jóvenes Titanes no existe. Tomaré en cuenta a Kaldur'ahm como el único Aqualad, los demás titanes no lo conocen. A Garth (Aqualad en los Jóvenes Titanes) lo llamaré por su verdadero nombre.
Llevaban una hora en la Nave T, sobrevolando el cielo rojizo, de Filadelfia, camino hacia Washington D.C. Hogar del Salón de la Justicia, base de operaciones de los héroes más poderosos de la Tierra: Los miembros de la Liga de la Justicia.
Sin embargo, los jóvenes titanes no se dirigían hacia allí en ese momento; sino a la antigua sede de la Liga: el Monte Justicia. Robin estaba visiblemente tenso después de recibir una videollamada proveniente de Batman.
Robin, necesitamos hablar. Hay una situación apremiante que me gustaría que discutiéramos…cara a cara. Te espero esta noche en el Monte Justicia.
Como siempre, el caballero de la noche había sido rápido y poco especifico además de un poco grosero. El joven maravilla no había pronunciado palabra; simplemente había dado media vuelta y se había dirigido a su cuarto para prepararse para su encuentro con el hombre murciélago.
Cuando sus compañeros se dieron cuenta de sus intenciones, intervinieron rápidamente.
—No dejaremos que vayas solo, hombre. Si tú vas, nosotros vamos contigo— le había dicho Cyborg.
—Batman dijo que necesitaba hablar conmigo, no creo que le agrade que me acompañen. Además no quiero involucrarlos en esto—dijo con tono cansino, mostrando su nulo entusiasmo por asistir a su cita.
—Pero viejo, ¡somos tus amigos! Uno para todos y todos para uno ¿recuerdas?— dijo Chico Bestia con una gran y contagiosa sonrisa.
— Por favor Robin…— rogó Starfire quedamente, mirándolo suplicante con sus enormes y vidriosos ojos verdes. Su mirada preocupada junto con la insistencia de sus compañeros; hicieron que el petirrojo finalmente accediera a que fueran juntos.
Todos ellos tenían la idea de que no sería una larga estadía; así que no empacaron más que lo necesario para un par de días de viaje, a excepción de Chico Bestia que insistió en llevar una abundante cantidad de bocadillos.
—Si llevo suficiente comida, no será necesario detenernos a comer algo si nos da hambre— había sido la lógica del joven verde, que sin importar nada no escuchó de razones.
Robin no se molestó en discutir mucho con él, su mente vagaba en diferentes y lejanos asuntos. Sus amigos estaba realmente preocupados por él, podía deducirlo solo con espiar por el rabillo del ojo la manera en como lo miraban cuando creían que él no estaba observando.
El joven héroe jamás había dado detalles de su separación de Batman, pero sus compañeros sabían que no había sido en buenos términos y que no habían mantenido ningún contacto desde entonces. Ahora de la nada, el oscuro; e innombrable según Chico Bestia; caballero se había comunicado con él, trayendo muchos y no muy gratos recuerdos a la mente del joven.
Durante el viaje había permanecido callado y pensativo, con la mirada saltando de un punto a otro mientras recorrían las ciudades en camino a su destino. Los demás titanes no se atrevían a pronunciar palabra, con temor a molestarlo; el único sonido que se escuchaba de vez en cuando era al cambiante verde mientras masticaba una galleta o consumía una bolsa de papas fritas en tiempo récord.
Después de un par de horas de viaje se hallaron frente al enorme y, al menos para los demás, solemne Monte Justicia. Estaba empezando a oscurecer; ya que, aún cuando la llamada de Batman fue cerca de medio día; habían tardado un buen rato en ponerse en marcha. La nave T no había salido muy bien librada de su último viaje en ella, en el que se habían involucrado en un rescate de personas de una isla con un volcán en erupción. El pobre artefacto había cargado con más de 500 isleños y había sido dañado por la lava hirviente que comenzaba a rodar por los costados del cráter.
Robin observó absorto las luces que parecían haber sido recientemente colocadas en puntos estratégicos alrededor del Monte. Todo lo que ese lugar representaba para los titanes no era lo mismo que representaba para Robin. Para ellos, era un símbolo del heroísmo en su máximo esplendor, para él: su viejo hogar.
Descendieron lentamente en un pequeño espacio despejado al lado del Monte. Salieron de un salto de sus respectivas cabinas y se dieron a sí mismos un momento para admirar el paisaje. El mar, tan tranquilo y, a estas horas, tan oscuro. El bosque que en ese momento los rodeaba; la ciudad no muy lejos de ahí, lo suficiente para solo vislumbrar sus luces titilantes.
Robin respiró profundamente; tratando de tranquilizarse. Contrólate y deja de ser tan infantil. Puedes con esto le dijo su orgullo. Se enderezó y caminó hacia la puerta principal del Monte, sus amigos siguiéndole de cerca y entonces lo recordó, seguidamente deteniéndose en seco. Mierda.
—Amm ¿Por qué nos detenemos?— inquirió Chico Bestia.
—El Monte Justicia cuenta con un sistema de reconocimiento de ADN. —Suspiró— Solo las personas autorizadas a entrar pueden ingresar a través de los portales. Y como ustedes no están en el sistema…— explicó el petirrojo hasta que fue interrumpido por una voz grave pero jovial.
—Entonces, supongo que yo tendré que infiltrarlos— de entre las sombras salió un adolescente de la edad de los Titanes. Piel oscura, cabello claro, ojos azules como el mar; facciones duras y decididas; y una gran sonrisa en el rostro— Es bueno verte de nuevo, Robin. Se te ha echado de menos.
Robin le sonrió de vuelta y se acercó, ambos se dieron la mano. Entonces el enmascarado se dio la vuelta e hizo un además hacia los Titanes.
—Chicos, él es Aqualad, el líder de la Justicia Joven. Aqualad, ellos son mis compañeros: los Jóvenes Titanes. Starfire, Cyborg, Chico Bestia y Raven—.
—Es un placer conocerlos— dijo con un tono un tanto formal y solemne— Por favor, llámenme Kaldur. Me complace mucho que nos acompañen, así se hace de esta visita más amena. Por favor, acompáñenme dentro.
Entonces, Kaldur se dio la vuelta y caminó hacia la puerta principal. Tecleó sobre un pequeño panel camuflado, y la voz robótica y femenina que por tantos años Robin había escuchado; informó que el sistema de seguridad se hallaba temporalmente desactivado. Entonces los 6 jóvenes héroes se transportaron hasta el interior del Monte Justicia.
A pesar de que no era muy grande, para los titanes era asombroso estar en el lugar que una vez fue sede de la Liga de la Justicia. El interior del Monte se parecía en muchos aspectos al de la torre, solo que en espacios un tanto más amplios. Tenían una cocina totalmente equipada, salón con un enorme televisor de pantalla plana, la sala principal con una computadora holográfica que se encontraba más al fondo, y unos pasillos que llevaban hacia los cuartos de los adolescentes que solían vivir allí.
Mientras los titanes se deleitaban mirando cada detalle del lugar, Aqualad; con una mirada perversa tomó a Robin del brazo y lo alejó del grupo.
—Kaldur ¿qué…?— empezó el petirrojo pero el moreno lo mandó callar.
—Estuviste ausente durante mucho tiempo, Robin…— una mueca burlona se formó en sus labios— Es tu turno de pagar— Después rodeó su boca con sus manos, tratando de amplificar el sonido de su voz— ¡Oigan todos, Robin está aquí!
Seguidamente se escuchó un alboroto digno de una manada de ñus, viniendo desde todos lados. La primera en abrazar al chico maravilla fue una chica con piel verde como la de Chico Bestia, cabello castaño rojizo y ojos cafés; una mini falda azul y una blusa blanca marcada con una gran X roja; además de una capa azul increíblemente parecida a la que Raven usaba. Se acercó flotando a toda velocidad y rodeó a Robin con sus brazos.
— ¡Oh Robin! ¡Por fin has llegado, te hemos extrañado muchísimo!— exclamó alegre, su expresión no podía ser más radiante, sus ojos vibraban de la felicidad y parecía que su sonrisa no podía agrandarse más.
Otra voz femenina resonó en la habitación y del suelo se abrió un pequeño portal mágico; lo suficientemente ancho para dejar salir a una delgada joven, de piel clara y magníficos ojos azules. Llevaba un uniforme de maga y unos pulcros guantes blancos cubrían sus delicadas manos.
—Muy bien Megan, mi turno— dijo haciendo a la extraterrestre a un lado y abrazando de igual manera a Robin. De nuevo el joven trató de hablar pero una tercera voz; esta vez masculina, lo interrumpió.
— Vaya, ¿sigues vivo? Llegué a pensar que el maremoto femenino te aplastaría y acabaría contigo— el joven en llegar a la habitación era muy musculoso, con ojos azules que transmitían una fuerza extraordinaria, una dureza inimaginable y la frialdad del acero. Esto último combinaba perfectamente con la S roja que figuraba sobre su camiseta negra, tan negra como su cabello. La chica de cabello rojizo se acercó flotando hacia él y el héroe la rodeó con uno de sus brazos. Obviamente ellos eran pareja. Sin embargo la hechicera de cabello negro no se apartó ni un milímetro de Robin, para gran disgusto de cierta princesa tamaraniana.
Artemisa fue la última en acercarse. También portaba una sonrisa, algo forzada; que le preocupó de cierta manera a Robin. Lo saludó pero no dio señales de acercarse, con la excusa de que ya habían tenido su momento de reencuentro antes.
—Muy bien; de acuerdo, chicos, creo que ya fue suficiente. Hora de darle un respiro— Las chicas le dieron un poco de espacio al enmascarado— Todos lo extrañamos pero recuerden que tenemos invitados—.
Después de las presentaciones de Kaldur'ahm, los adolescentes desconocidos obtuvieron nombres. La extraterrestre era llamada señorita Marciana en el campo de batalla, pero para sus amigos era simplemente Megan. El chico musculoso era Superboy o Conner, a él parecía darle igual. Y la hechicera era Zatanna, de una manera u otra.
Una vez calmado el ambiente, todos los jóvenes héroes se sentaron en la sala a conversar; claro que la mayor parte de la conversación se centró en Robin y la Justicia Joven hablando de lo que había ocurrido durante la ausencia del petirrojo.
Llegó un momento en que los Titanes quedaron casi totalmente excluidos de la conversación, de tal manera que los demás no podían escuchar de lo que hablaban y si podían; no les prestaban atención.
— ¿Es idea mía o nos están ignorando?— preguntó Chico bestia, de manera tan casual como si los Titanes estuvieran en una habitación aparte. Raven le dio un fuerte codazo en las costillas haciendo que soltara una pequeña exclamación de dolor.
—Robin no ha visto a sus viejos amigos en mucho tiempo— razonó Starfire en voz dulce y baja.
—Es cierto, merece la oportunidad de hablar con ellos; además recuerden que ni siquiera estábamos invitados. Nosotros podemos esperar— dijo Raven en un susurro a sus demás compañeros. Los demás se limitaron a asentir en acuerdo.
Megan revoloteaba de un lado a otro, de la cocina a la sala. Ella, al parecer, se había encargado de preparar la cena para todos; así que charlaba mientras vigilaba cualquier delicia que tenía en el horno evitara quemarse. Una hora más tarde, llamó a todos a la mesa, que fue puesta con la ayuda de la magia de Zatanna.
Robin se veía mucho mejor que horas antes. La preocupación y la severidad habían abandonado su rostro, dejándolo con una expresión relajada y contenta. Cuando se levantaron del sofá, pareció recordar que no había venido solo y les preguntó a sus compañeros como la estaban pasando.
—Estupendo— mintieron los 4. Ellos eran sus amigos, no querían arruinarle la velada haciéndole ver lo ligeramente aburridos e ignorados que se sentían en ese instante.
El banquete de parte de la marciana era imposible de describir con palabras. Ella había cocinado lasaña de pollo, con pan de ajo recién horneado y pie de queso para el postre.
Chico Bestia se dio gracias a sí mismo por haber traído refrigerios para el camino, pues de otra manera se habría ido a la cama casi sin cenar ya que se limitó a comer pan de ajo y llenarse con vasos de limonada.
Starfire tenía la mirada fija en el plato de comida, y consumía lentamente sus alimentos; como si temiera que estuvieran envenenados. Cyborg y Raven, en cambio, comieron simplemente sin hacer gran cosa de comentarios, más que para felicitar a Megan por su talento culinario. La conversación fluía mientras cenaban, hasta que Robin simplemente no pudo esperar más y la desvió hacia temas menos gratos.
— Quería preguntarles chicos ¿Alguno de ustedes tiene idea de dónde está Batman?— preguntó paseando la vista de un adolescente a otro. Se dirigieron unas miradas nerviosas entre ellos, hasta que volvieron a concentrarse en sus platos. Aqualad fue el único en responder su pregunta.
—Él…tenía una misión urgente que atender junto con la Liga de la Justicia. Planeaba decirte que vinieras mañana en la mañana, pero yo le pedí que te dijera que te presentaras hoy. Pensé que sería una buena oportunidad para charlar sin molestar— dijo él con voz cautelosa y tranquila.
—O ser molestados— farfulló entre dientes Artemisa sin levantar la mirada.
—Entonces ¿tienen alguna idea de qué es lo que…?— pero ya no pudo proseguir al ser interrumpido por la mecánica voz femenina anunciando la llegada de otro miembro del equipo.
No fue necesario adivinar quién era, la veloz e intensa ráfaga de viento que los rodeó habló por sí misma. Un segundo más tarde estaba Chico Flash, con una mano apoyada en la mesa y otra en la rodilla, tratando de recuperar el aliento.
— ¡Chico Flash! Estás…— empezó Señorita Marciana pero el velocista la interrumpió con un gesto de su mano.
—Ni lo intentes, preciosa. Estoy muy molesto con todos ustedes. Tuve que rogarle, ¡rogarle! A Flash que me dijera que era lo que estaba sucediendo. Y me entero que planearon una fiesta de reencuentro sin mí. Yo también me fui ¿saben? Muchas gracias— y terminó su discurso se cruzándose de brazos y girando sobre sus talones.
—Oh, Wally; lo siento mucho— dijo la marciana acercándose a él flotando— Es que todo fue de improviso, no tuvimos tiempo de avisarte.
— ¡Aja! Claro, gran excusa. No morderé ese anzuelo. Sin embargo ya que veo que terminaron de cenar; dejaré que me pidas disculpas con un gran desayuno mañana en la mañana— dijo Chico Flash, agregando una sonrisa picarona al final.
—Vaya, parece que no has cambiado mucho Wally. Solo llevas 2 minutos aquí y ya estas parloteando sobre comida— comentó Artemisa con su recientemente poco usado tono ácido.
— ¡Oye! Al menos dame algo de crédito, ya quisiera verte correr desde México hasta aquí a tu máxima velocidad y sin bocadillos; solo para encontrarte con que tus amigos comieron sin ti— la arquera abrió la boca para replicar pero Wally la interrumpió de nuevo— En fin, basta de discutir. Es tarde, ya es casi medianoche. Me voy a mi cuarto a dormir, los veo mañana. Dulces sueños— y con un guiño desapareció.
Artemisa suspiró de frustración, mientras Señorita Marciana soltaba una risilla sofocada por la cota intervención de Chico Flash. Habían sido solo por unos instantes; pero los miembros de Justicia Joven sintieron por un momento que volvían en el tiempo. El equipo completo. Solo por unos segundos.
Poco después los jóvenes héroes siguieron el ejemplo del chico pelirrojo y se fueron a dormir. Los titanes durmieron juntos en la habitación que años atrás había servido de segundo cuarto para Robin. Él agradeció que sus compañeros hubieran quitado todos los posters, fotografías y recortes que solía tener colgados en las paredes. Había ciertas cosas (los pósters de sus cantantes femeninas favoritas de rock, por ejemplo) que no quería que los titanes vieran.
Tardaron un rato en acomodarse, ya que su asistencia inesperada hizo que tuvieran que ingeniárselas para dormir 5, donde usualmente cabía uno. Con un montón de mantas y almohadas recolectadas de habitaciones vecinas colocadas en el suelo; los adolescentes finalmente se acostaron a descansar.
Era la primera vez que Robin tenía que dormir con el antifaz puesto en mucho tiempo, y no era precisamente muy cómodo. Empezaba a adormilarse cuando escuchó la suave voz de Chico Bestia.
— ¿Creen que ya se haya quedado dormido?—.
—No estoy segura— respondió Starfire.
— Ese antifaz no me deja ver si…—entonces el joven verde alargó la mano hacia Robin.
El petirrojo se quedó perfectamente quieto, y cuando tenía la mano enguantada del cambiante a unos centímetros del rostro, exclamó con voz bastante clara:
—Por tu bien, más te vale que el antifaz se quede donde está—.
Chico bestia saltó hacia atrás cual resorte mientras daba un chillido de horror; Cyborg se llevó una mano a la boca tratando de contener una carcajada. Robin sonrió.
— ¿Ocurre algo?— cuestionó a sus compañeros.
—Oh no… solo… queríamos…—.
— Comentar que ha sido una velada encantadora—dijo Starfire completando la idea de Chico Bestia.
—Eso espero— dijo Robin, observando detenidamente a sus compañeros— Escuchen, lamento si estuve un poco distraído con los demás hace un rato. Sé que debió ser un poco incómodo para ustedes estar rodeados de desconocidos mientras yo estaba en las nubes—.
—Oh ¡vamos viejo!— intervino Cyborg— Hace mucho tiempo que no veías a tus viejos amigos; merecías ese rato de diversión.
— Cyborg tiene razón, además supongo que conocer gente nueva no está tan mal— agregó Raven en su usual tono monótono. Todos los titanes dirigieron sus mejores sonrisas (o intentos de sonrisas) a Robin.
Él no pudo evitar sonreír de vuelta. Ahí estaban sus amigos. Sus mejores amigos; apoyándolo, estando ahí siempre, más ahora que tenía que reencontrarse con su pasado.
La perspectiva de lo que le esperaba en la mañana, ya no se veía tan gris y aterradora. No si ellos estaban ahí. Dejó de lado sus usualmente oscuras reflexiones y les dio las buenas noches a sus compañeros. Se recostó, colocando sus manos detrás de su cabeza y respiró profundamente; saboreando el aire.
Por el momento, todo se encontraba en orden. Por lo menos durante unas cuantas horas. El chico maravilla se quedó dormido con una sonrisa en su rostro.
