Hallo...
Bien, les cuento mi situación, mañana tengo parcial de química y no he estudiado nada, he estado aquí solo por y para ustedes, muchachas :D
Ojalá les guste, me esforcé bastante... MellyMell no aparecen mucho... pero luego shiii! :3
Disclaimer: Tsugumi Obah y Takeshi Ohbata son los creadores de Mello y Matt, así como de Kira y las situaciones anteriores a este Fic. Elle0105 es la creadora de Melissa y su amor con Mello y amistad con Matt. El resto es puramente mío...
Te ayudaré, lo prometo...
Manejaba con maestría entre los autos del tráfico nocturno, sin despegar la vista del frente. La chica a su lado tenía los pies subidos al asiento, abrazando sus piernas, ocultando el rostro con su cabello; ambos permanecían en un silencio sepulcral, sin mirarse y prácticamente sin moverse, sintiendo el aire alrededor de ambos pesado por al tensión de la situación.
Con una vuelta brusca, Matt logró maniobrar para dejar el auto acomodado. Apagó el motor y suspiró, aún sin fuerzas para mirarla. Pero… ¿Qué había hecho mal? ¿Todo fue por que le pidió que sea más delicada? No. Debía de haber otra cosa. Tomando valor, giró hacia ella, para verla del mismo modo a como la había acomodado antes.
- Maï – dijo su nombre del modo más suave que pudo, pero aún así la hizo sobresaltar un poquito.
- Matt – dijo aún sin moverse, sin el coraje para mirarlo a los ojos luego haberlo puesto en un riesgo tan inmenso – ¿Volverá? – preguntó, aún escondida entre su cabello.
- Siempre que tú quieras – dijo y la chica alzó la cabeza precipitadamente, mostrando su ojo morado, brillando extrañamente.
- Quoi? – preguntó – Yo… ¿Qué? – repitió haciendo una mueca al dificultársele el hablar en aquel idioma.
- Volveré si tu quieres que vuelva – acercó una de sus manos, sin poder contenerse, con la que acarició su rostro, haciéndola soltar un pequeño suspiro, que pareció acariciar su anatomía entera.
- Matt – susurró, sintiendo un suave hormigueo en donde sintió la piel del chico; se incorporó un poco para abrazarlo desde su lugar. Matt la cargó sin dificultad para sentarla en sus piernas, envolviéndola con sus brazos. La sintió esconder su cabeza en la curva de su hombro; aún se sentía fría, tal vez aún más que antes, pero no le desagradaba, todo lo contrario, le encantaba sentir cómo buscaba calor en el refugio de su cuerpo.
- ¿Estás mejor? – preguntó acariciando una parte de su pelo, sintiendo un agradable olor dulce desprenderse de ellos.
- Ouï – respondió quedamente, moviendo una de las manos a su nuca, para acariciarla suavemente con la yema de sus dedos, de vez en cuando desenredando los inexistentes nudos, metiendo sus uñas entre sus cabellos.
- ¿Me dirás que pasó? – preguntó y esperó; el tiempo transcurrió y estuvo a punto de repetir, siendo interrumpido sin intención.
- Yo… temo… hacerle daño – dijo y se estremeció, imaginando lo que habían estado a punto de hacer; necesitaba calmarse, Matt estaba bien, no habían llegado a nada.
- No haces daño – dijo sin querer preocuparla o parecer débil, besando su cabello. Maï no sabía cómo hacer para hacerle darse cuenta de la situación, de la fuerza que ella poseía en realidad, de que no quería lastimarlo.
- Matt… golpéeme – dijo de pronto, dejándolo fuera de lugar, con ojitos brillantes.
- ¿Qué…?
- Golpéeme – repitió señalándose el rostro.
- No – dijo firme – Jamás te golpearía – habló con fuerza. ¿Qué le pasaba ahora?
- No hará nada, golpéeme – dijo de nuevo dando dos palmaditas en su mejilla derecha.
- No te lastimaré jam…
- No lastimará – interrumpió con una convicción que hizo dudar al gamer.
- ¿A qué quieres llegar? – preguntó.
- Usted no me lastima – dijo y tomó su mano para hacerla un puño y colocarlo cerca de su rostro – Golpee – dijo y el chico vaciló. Retrajo dos milímetros su puño y lo hizo chocar contra la mejilla de la chica con una fuerza mínima – Fuerte – dijo frunciendo el ceño. Matt se mordió el labio y no pudo evitar que la preocupación sea pasada a su mirada.
- No puedo hacerlo, Maï – dijo apenado; Maï, en ese momento, necesitaba descansar y era lo único que pensaba al verla allí, sin lógica ni razón, pidiendo que la golpee.
- Matt, no me hace daño – dijo tomando su rostro con ambas manos, firmemente – Golpee, por favor – pidió y Matt negó con la cabeza algo grogui, haciéndola suspirar.
- ¿Estás enojada? – preguntó el chico, de modo bastante quedo, temiendo lo obvio.
- Si – su respuesta seca y directa, y el hecho que lo haya soltado para mirar en otra dirección, lo hicieron sentir mal.
- Maï – la llamó; volteó y lo miró por medio segundo antes de sentir sus labios acariciados por los del pelirrojo. Un escalofrío movió sus hombros antes de que los fuertes brazos del chico la envuelvan, acrecentando la profundidad del contacto. Con delicadeza, llevó una de sus manos hasta su rostro y lo sujetó con firmeza. No podía lastimar a Matt como había estado por hacer… simplemente no podía. Dejó que la bese como había deseado desde hacía bastante, dejándose llevar por el constante oleaje de emociones que surcaban su cuerpo. Pero algo no estaba bien. Ella no debería estar haciendo eso. Eso estaba mal, realmente mal, ya que si él se enteraba, estaba en un enorme problema. Pese a sus pensamientos, no lograba reunir todo el valor para hacer a un lado al chico, simplemente no podía negarse cuando la trataba de ese modo, como si fuese alguien, alguien en serio, una persona de verdad.
- Matt – susurró su nombre en un momento, al sentir que besaba su cuello con suavidad; pero eso estaba mal – D-de-déjeme – dijo en un suspiro extraño; Matt no se detuvo – Matt, por favor, no provoque – dijo y el chico se detuvo, pero la volvió a besar, haciéndole perder la noción de todo lo que la rodeaba.
- Maï – la llamó al separarse, viéndola con los ojos cerrados y rostro sonrojado – Te voy a sacar de aquí – dijo con una decisión que abrumaron a la pelinegra, haciéndola abrir los ojos como platos.
- Non, Matt, peligro, mucho – dijo acostándose en su pecho, abrazándolo, sin querer imaginarlo frente a él.
- No te preocupes, sé como cuidarme, y te prometo que cuidaré de ti – dijo acariciándole entre los largos y oscuros cabellos.
- No entiende, peligroso – dijo hundiéndose en su pecho. No permitiría que esté en peligro, ni por ella misma ni por él.
- No me importa lo que digas – dijo de pronto. Maï lo miró, sin entender mucho de lo que le había dicho– Tus palabras no importan – habló y la chica frunció un poco el ceño. ¿Acaso quería que él lo mate? Estuvo a punto de decirle algo, cuando vio por el rabillo del ojo que alguien salía del edificio. Estaba en otros problemas.
- Odiot - masculló para abrir la puerta y ponerse de pié.
- ¡Espera! ¡Maï! – la llamó imitándola, la chica caminaba a prisa, sin detenerse ni mirarlo; Matt sintió el pecho apretado de pronto – ¡Juro que lo haré! – gritó, haciéndola detenerse – Por favor – dijo sin gritar sintiendo arder sus ojos – No me dejes así – dijo agachando el rostro. Maï giró y lo observó desde unos diez metros de distancia.
- Cállese – dijo – No sabe que dice, debo cumplir trabajo y ser fiel a mi Señor – dijo fríamente, haciendo que el alma del hacker caiga al suelo parte por parte.
- P-pero…
- Recuerde, mañana igual que hoy – dijo y se volvió, caminando a prisa. Matt notó que había alguien allí del otro lado de la calle, esperándola; era alto, de cabello oscuro y ojos penetrantes de color miel, que lo fulminaban con una mirada. Era GC. Maï, sabía que estaba allí, por eso lo había tratado de ese modo. Suspiró y sintió una enorme y exagerada oleada de celos al ver cómo la chica se lanzaba a los brazos de aquel sujeto y que este posaba sus labios sobre los de la chica. El chico le acarició el rostro, examinándolo meticulosamente, para luego empujarla con brusquedad, caminando hacia él.
- ¡Hey! – dijo el hacker al ver había querido empujarla, pero se detuvo en seco al notar que a la chica no se le había movido ni un cabello. ¿No la había lastimado?
- Desgraciado – lo llamó de pronto GC, a solo un par de metros suyo – ¿Qué le haz hecho? ¿Por qué la lastimaste? – gritó enfurecido, con acento francés.
- ¿Perdón? – dijo confundido el hacker. ¿Se atreví a acusarlo a él de haber golpeado a Maï?... Ese chico se estaba ganando una buena paliza.
- ¿Qué por qué la lastimaste así? – gritó y la chica llegó para colgarse de su brazo, claramente disgustada con todo ello.
- GC él me curó, el no… él no… - Trataba de completar su oración pero no podía.
- ¿Te lastimó? – terminó al tiempo que la abrazaba por la cintura, provocando un simulado tic en cierto pelirrojo.
- Non – dijo la chica apartando el rostro, levemente sonrojada, sin querer que Matt vea cómo la trataba GC.
- ¿Quién fue? – preguntó entonces Matt, queriendo meterse de algún modo, ganándose una mirada rabiosa de parte del otro chico.
- Non – dijo y GC abrió los ojos como platos, frunciendo de más el ceño.
- ¿Quién? – preguntó con fingida calma y la chica negó lentamente con la cabeza – ¿Por qué no dices nada? – la regañó de mal modo, haciendo que agache la vista, más que avergonzada por que Matt esté allí presente.
- No le hables así – la defendió Matt, haciendo que el chico le envíen una mirada cargada de odio. ¿Quién se creía?
- No eres quién para hablarme así, así que cállate – escupió tratando de acercarla a su cuerpo, sintiendo la clara resistencia de ella.
- ¿Ah, si? – cuestionó acercándose un paso, haciendo que el otro retroceda arrastrando a la chica; Es solo un cobarde, pensó – Te desafío a que seas hombre y lo demuestres – dijo y el otro soltó a la chica para avanzar amenazante hacia el pelirrojo. Pero antes de que su puño lo golpee, sintió una corriente eléctrica que llegaba desde su hombro hasta la punta de sus dedos, dejando muerto su brazo completo, que cayó como colgando desde su hombro. ¿Qué diantres era eso?
- ¿Maï? – nombró asombrado, buscándola con la mirada, sabiendo que solo ella era capaz de hacer algo así con el cuerpo de otra persona, encontrándola abrazando al chico de remera a rayas con lo que parecía desesperación.
- Ella me quiere – dijo envolviendo los hombros de la chica que escondía en su pecho, el rostro – Si tu la aprecias un poco, insecto, dejarás aun que sea de hablarle de ese modo – le amenazó, acariciándole los cabellos a la chica. El de ojos miel dudó ¿Por qué Maï lo defendía así? ¿Acaso ella... ella lo había cambiado?
- Non, Matt – de pronto dijo la chica separándose de él, mirándolo a los ojos demasiado intensamente. Matt debió usar toda su fuerza de voluntad para no besarla, ya que estaba GC allí; se limitó a morder su labio inferior, como tantas otras veces.
- Te ayudaré, bonita, lo prometo – dijo y le acarició el rostro suavemente, haciéndole cerrar los ojos y ruborizar el rostro – Trata de estar bien, ¿Si? – preguntó y ella agachó el rostro hacia su palma. Le encantaba que él la toque, era alg oque iba más allá de su control o comprensión.
- Oui monsieur, mais pour maitenant, au revoir– dijo liberándolo con esfuerzo, acercándose a GC, ayudándolo a incorporarse y caminar hasta el edificio que había frente – Mañana – dijo antes de entrar y cerrar la puerta despacio.
Matt quedó de pié, en medio de la calle, solo pensando y tratando de atar cabos sueltos, pero era difícil, ya que si no era GC quién la lastimaba ¿Quién era entonces? Maï no había querido decirles. Sacudió la cabeza y caminó hasta su auto, al día siguiente le preguntaría sobre eso.
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Llegó cansado, desanimado. La casa estaba en completo silencio y penumbras, por lo que solo caminó hasta el sillón y tomó entre sus manos su cabeza, pensando. ¿Qué diablos haría? Sabía que tenía el apoyo de Mello, sabía que Melissa ya quería a Maï como una amiga, pero eso no cambiaba mucho las cosas. No sabía qué era lo que la lastimaba de ese modo, no sabía qué era lo que le ocultaba, no sabía porqué temía tanto. Si GC la estaba esperando, cosa que jamás había hecho hasta el momento, significaba que la organización que trataban de manejar estaba teniendo problemas, pero eso ¿Se vinculaba con Maï de algún modo directo? Algo le decía que si. Debía tener en cuanta las habilidades de la chica, sabía que era una asesina profesional, pero ¿Era por eso? ¿O por algo más? Entre sus incógnitas, el sueño lo venció, haciéndolo quedarse dormido sobre el sillón.
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Despertó temprano. Aún con sueño y con una jaqueca de aquellas, se puso de pié y encendió la cafetera. Pensó en dónde se había quedado la noche anterior, pero una punzada en sus sienes le hizo perder el hilo nuevamente. Buscó sus cigarros y se extrañó el encontrar la caja con tan solo tres tubos ¿No había comprado esa caja ayer en la mañana? Mello no fumaba, Melissa mucho menos, entonces… ¿Maï? Abrió sus ojos como platos. Tal vez los duendecitos de la nicotina se los habían robado. Sonrió ante su mal chiste.
Encendió uno y degustó. Debía pensar en cómo ayudar a Maï, pero para ello, debía de conocer mucho de ella. Si era eso, y sabía con toda seguridad que era eso, eso haría.
Sirvió su café y vio la hora, faltaban 2 horas aún para que deba ir por ella. Sonrió y tomó las llaves de su auto, para salir a prisa, obedeciendo un extraño impulso en su mente.
Condujo por la ruta casi vacía a las 5:30 de la mañana para llegar a su destino rápidamente. Bajó del auto y caminó hasta la puerta del edificio donde la noche anterior había visto desaparecer a su Maï.
Se asomó por una ventana, encontrando a dos personas hablando calmadamente, pero no pudo oírlas, por lo que continuó buscando una forma de entrar o espiar.
Rodeó el edificio, encontrando que estaba en bastante mal estado. Por detrás estaba roto, faltaba el techo y las paredes que había estaban dañadas, pero no como si se hubiesen desplomado por una mala estructuración, era más bien, a propósito, golpeada o cortada.
Continuó rodeando y encontró, de pronto, una muralla de unos dos metros de alto. Se fijó a su alrededor, encontrando un cajón grande, el cual movió y se subió para ver qué había detrás.
Se encontró con un bastante precario gimnasio al aire libre, había bolsas para golpear, sogas colgadas, palos algo finos puestos en fila como haciendo un camino y otras cosas. Una puerta se abrió de golpe y salieron 3 chicas, bastante jóvenes y bonitas. Matt las vio colocarse en fila y luego esperar, como en un régimen militar.
Luego de dos segundos, salió Maï, vestida con unas calzas blancas, que ajustaban sus largas piernas y arriba tan solo un corpiño deportivo; su cabello estaba sujeto en una cola de caballo trenzada. Detrás de ella salieron varios varones, que la miraban sin recatos. Matt se sintió furioso, al ver cómo uno se le acercaba y trataba de establecer conversación, pero fue enorme su gusto al ver que la azabache levantaba su mano entre ellos, cortante, y caminaba para situarse en uno de los extremos de la fila femenina.
Un hombre enorme, entonces, salió de la entrada y las chicas se pusieron todas firmes.
- Descansen chicas – indicó y todas se relajaron – Buen día para todas y quisiera presentarles al escuadrón de varones que tiene la organización – habló claro y firme, el hombrezote – Estos chicos están aquí, por que son los mejores de los mejores de su escuadrón – dijo con tono firme, pero todas las chicas, Maï incluida, rieron divertidas. Los chicos parecieron ofendidos, y Matt notó que entre ellos estaba GC. ¿Por qué diantres lo la había defendido del zoquete que le había ido a coquetear?
- Si estas señoritas no están a la luz de lo que hacemos, rogamos que no rían de nuestro trabajo – dijo uno, bastante enojado.
- Si TU no estás a la luz de lo que NOSOTRAS hacemos, pendejo, cierra la boca y no molestes – dijo una chica rubia de ojos azules, con tono prepotente. El chico que había hablado, dio un paso al frente, claramente molesto, pero la chica no hizo nada, miró a Maï, que afirmó una vez con la cabeza antes de dar un paso al frente, colocándose justo en frente del mastodonte. Matt sentía el corazón en la garganta, al verla ponerse en guardia.
- MUÉVETE – ordenó y le dio una bofetada, pero, más de mover un poco la cabeza, la chica no retrocedió, continuó con sus ojos azules clavados en los del sujeto.
- ¿Puedo? – de pronto habló con voz contenida, apretando los puños y la mandíbula.
- Si – habló el que estaba a cargo, el mastodonte de verde militar.
- Límite – escupió haciendo sonar sus nudillos y su cuello. El chico frente suyo se extrañó, poniendo una sonrisa burlona en sus facciones, haciendo notar una cicatriz en una de sus mejillas.
- Tiene que moverse para entrenar, pero que le duela – dijo y Matt, aún a la distancia, pudo ver la sonrisa macabra de su Maï. Se inclinó un poco, bastante felina, y dio un salto, para alcanzar la cara del chico con sus manos. Lo golpeó varias veces con sus puños, al tiempo que envolvía su cintura con las piernas. Luego, tendió las manos hacia atrás hasta apoyarlas en el suelo, formando un puente como había hecho con cierto gamer y, con bastante fuerza, levantó al chico, haciéndolo volar sobre su cuerpo y caer al suelo con impulso. Ni siquiera se detuvo ahí, se incorporó sobre él y enterró dos de sus dedos en el cuello de su víctima, habiendo inmovilizado sus dos brazos en una llave con tan solo una mano.
- Alto – dijo el hombre y Maï quedó estática. El hombre se acercó e inclinó a su lado, para ver más de cerca al joven que sufría, al perecer, bastante dolor – Estas chicas no están para juegos, no las provoques y tengan cuidado todos – habló a los demás que miraban a la azabache con ojos enormes – Ella es la más hábil de todas, pero las demás no se quedan atrás – terminó y con una seña, hizo que Maï deje al chico, que respiró con fuerza, como si le hubiese faltado el aire. La pelinegra, entonces, sonrió, y le tendió una mano, en un gesto de paz. El chico la aceptó y dio la impresión que apretaba con mucha fuerza sus manos, ya que la chica hizo una mueca de dolor, pero luego, frunciendo el ceño, devolvió el apretón haciendo quejarse al chico.
- ¡Maï! – gritaron dos de las chicas y se acercaron para separarlos. Ambas le preguntaron si estaba bien, a lo que ella afirmó y sonrió algo vacilante. La restante, la única que parecía mayor que la pelinegra, gritó al que la había lastimado.
- La vuelves a tocar y te matamos, ¿Entiendes? – vociferó antes de acercarse a la chica y abrazarla por la cintura, haciendo que esconda su rostro en su pecho.
- Basta, niñas – dijo el hombre y todas afirmaron, volviendo a colocarse en fila – Ahora, mariquitas, quiero que me den 20 vueltas para calentar – dijo y los chicos rieron.
- ¿Solo 20? – preguntó uno, bastante socarrón.
- 20 de las de ellas, ineptos – dijo y las chicas ya estaba en sus posiciones haciendo puentes y comenzando a avanzar de ese modo, viéndose bastante tétrico. Los chicos, algo contraídos, las imitaron comenzando a velocidades más rápidas, pero quedándose en el camino en las últimas vueltas. Matt observaba todo bastante conmocionado ¿Eso hacía su Maï todas las mañanas? Las 20 vueltas se hicieron y las chicas comenzaron a estirar de inmediato, mostrando su flexibilidad a los chicos, que trataban de imitarlas pero no lograban mucho – Quiero veinte más – dijo y los cinco varones se colocaron en puente nuevamente – No de esas, inútiles, de esas – señaló a Maï que ya había comenzado a dar una vuelta caminando solo con las manos, haciendo una vertical perfecta.
- No podemos hacer eso – dijo un chico, molesto pro que le hiciesen hacer aquellos ejercicios de niñas – es demasiada presión para nuestros cuerpos – se quejó y el hombresote sonrió.
- ¿Demasiada presión? – repitió burlón – Maï, muéstrales – dijo y la chica afirmó, para ponerse de pié hacia atrás y saltar a los palos que había en fila; colocó sus manos en uno y comenzó a avanzar con ellas sobre los palos – Eso es presión – dijo el hombre – Chicas – llamó a las otras que siguieron de cerca de la pelinegra – Esto es presión – susurró a los varones – ¡Firmes! – gritó y todas se detuvieron, quedando en una sola mano – Bajen – dijo y comenzaron a hacer flexiones. Los chicos estaban bastante sorprendidos, pero no tanto como el joven pelirrojo.
- No creo que ellas hagan eso cada día – murmuró uno y Maï, de un salto apareció a su lado, para tomarle un brazo y realizar dos dolorosas llaves diferentes en cada uno de sus brazos, ofendidísima.
- ¡Repítelo! – desafió antes de golpear con la rodilla la espalda del joven, que alcanzó a colocar las manos en el suelo para no impactar con él. Se levantó ágilmente, pero volvió de inmediato al suelo por un golpe de la pelinegra – ¡No sabe que es dolor, no sabe nada! – gritó lanzándose contra en chico nuevamente, comenzando a golpearlo. El chico, logró, en un momento, devolver el golpe, pero la chica siguió como si nada. Luego de unos minutos, dos de sus compañeros no aguantaron y salieron a defenderlo, tomando a la chica de las muñecas, torciéndolas en su espalda y el otro tomando sus tobillos.
- ¡Maï! – gritó la mayor, de cabello castaño claro y ojos grises, tratando de meterse, siendo parada por la chica.
- ¡No! ¡Quiero demostrar! – vociferó doblando sus muñecas, soltándose del agarre y golpeando a los chicos que la sostenían, dejándolos en el suelo – No saben qué es dolor – dijo con la voz temblándole, de pié en medio de los tres varones, antes de caer de rodillas, con las respiración por demás agitada y cara algo más pálida de lo normal.
- ¡Maï! – la castaña se le acercó y tomó en brazos – Señor, aún no desayunamos – dijo esperando una orden del hombre, impaciente por el estado de la joven.
- Vayan a comer algo, entonces, y me dijeron que la niña tendría que irse de nuevo por hoy – dijo el wall-man pensativo.
- ¿Qué? – gritó GC – Maï… ¿Volverás con ese tipo? – gritó furioso.
- Es trabajo, y… es orden de su padre – dijo como excusándose, algo débil.
- Hablaré con él, no puedes seguir yendo allí para que te maltrate – dijo y todas las chicas dieron un respingo, para mirar a la pelinegra.
- ¿Qué está diciendo? – preguntó la castaña.
- No es Matt; él es lindo y…. – pensó un momento – bueno, mucho – dijo mirando a los ojos a sus compañeras – No su culpa – dijo con fervor – Él me cuida – dijo antes de sonreír un poco. Las jóvenes se miraron entre ellas.
- Sabemos que no es… Matt – dijo la rubia – si así hubiese sido, ya lo tendríamos en la sala de tortura por cómo está Maï – dijo acercándose un poco, como protegiéndola de la mirada de los jóvenes.
- Pronto lo averiguaremos – dijo una pelirroja, tomando de la mano a la pelinegra – Debemos terminar de controlar al tal Matt y luego…
- No, Matt no – dijo Maï de pronto enojada.
Hasta que no estemos seguras de qué es lo que te lastima, así debe ser – dijo la castaña severa y Maï agachó el rostro, con ojos brillantes. Aquella debía jugar el papel de líder en ese equipo.
- No llores – dijo la rubia, acercándose con cuidado, ante lo que la azabache se soltó y salió a la carrera, bastante veloz, metiéndose por donde había entrado.
- ¡Maï! – gritó GC queriendo seguirla, pero la rubia lo detuvo.
- Déjala, debe prepararse para salir – dijo firme.
- No quiero que lo siga viendo, no le hace bien – escupió, furioso.
- Matt le hace todo el bien que tu no le haz hecho en todos estos años – dijo la pelirroja, amenazante.
- Déjala que sea feliz con un chico que de verdad ve la joya que es ella, que la trata como debe ser tratada una chica, no como…
- Un objeto – dijeron las tres chicas al unísono, entornando la mirada. GC agachó la mirada, aún enojado, pero sin decir nada.
- Ya es suficiente, chicas, prepárense para seguirlos, este día descubrirán si es él, realmente o no, para sacarlo de la lista de no ser él – dijo el hombrezote – Y ustedes, desgraciados, me van a dar 50 vueltas en el suelo ¡YA! – vociferó y todo el grupo de jóvenes hizo respecto lo que se les había mandado.
Matt no podía salir de su asombro. ¿Quién diablos lastimaba a Maï? Bajó del cajón y corrió a la calle. Se acercó a su auto y una puerta se abrió a sus espaldas. Maï salió de la entraba con un labio roto y sujetando su hombro.
- ¡Maï! – gritó. ¿Qué le había pasado? La chica lo miró y corrió a su alcance, para saltar a sus brazos. Matt la estrechó contra su pecho, pero al escucharla quejarse se alejo y descubrió su hombro de la chaqueta negra, descubriendo una herida bastante profunda. Miró a la chica a los ojos y se inclinó para besarla en los labios por un segundo. La chica cerró los ojos con fuerza, reprimiendo las ganas de responderle, pero él estaba en peligro si así hacía. Al separarse, el chico le acarició el rostro, mirándola por unos segundos y, tomándola de la mano, la guió hacia la entrada.
- ¿Matt? No – dijo tirando para que dejen de avanzar.
- No, Maï, está todo bien – dijo y abrió la puerta. De aquella entrada salían tres pasillos, dos hacia los lados y uno enfrente – ¿Hola? – preguntó y alguien se asomó por el del frente – Está lastimada – dijo y la castaña se acercó a la carrera.
- ¿Cómo? – preguntó de inmediato, fijándose los golpes – ¿Acaso fuiste tú? – preguntó con ira. La pelinegra quedó en silencio.
- No, salió así y no tengo ningún arma blanca como para hacer eso – señaló el corte en su hombro y la chica se relajó; en verdad no era Matt.
- Gracias por avisar y, es un placer, Matt – dijo tendiéndole la mano.
- Vaya, se nota que ha hablado de mi – dijo mirando de reojo a la pelinegra, notándola nerviosa, asustada, para luego estrechar la mano de la otra chica.
- Y que lo digas – murmuró y lo miró seria - ¿Sabes acaso de la situación? – preguntó.
- No saben que la lastima, ¿Verdad? – preguntó y la mayor afirmó con pesadez.
- Nos han mandado a vigilarte, ya que más o menos desde que comenzó con ese trabajo está recibiendo daño de alguien – dijo antes de suspirar – Sabemos que no eres tú, pero aún así debemos cumplir con las órdenes que nos dan – dijo y Matt afirmó, sintiendo más presión en su mano, producto del miedo de Maï.
- No te preocupes – dijo – solo una cosa quiero saber – dijo surgiendo de su mente una idea algo loca, pero aún así con un porcentaje alto de ser real.
- ¿Si?
- ¿Por qué la dejan sin comer? – preguntó serio. La chica frunció el ceño y todo se le aclaró. Era algo de lo que no sabían ni ellas ni él, algo que pasaba en los breves momentos en los que estaba sola.
- Nosotras no la…
- Espera – la interrumpió – Si nos van a vigilar, vengan al departamento, allí hablaremos mejor de esto; aquí, mírala – ambos dirigieron sus ojos a la chica, que miraba hacia el pasillo derecho, aterrada, como si hubiese algo allí que la estuviese asustando – Aquí algo no huele muy bien, vengan y allí hablaremos – dijo.
- En 10 minutos saldremos – dijo y acarició el cabello ya suelto de la menor, que, sobresaltada, la miró con la respiración agitada – Maï, cálmate, estará todo bien – trató de calmarla, pero la chica seguía agitando su respiración.
- Non… non – dijo entre respiraciones y Matt la abrazó, haciéndola esconder su rostro en su pecho. Los hombros de la chica ralentaron su ritmo a medida que los segundos pasaban. Al Matt liberarla, acarició su rostro; Maï se inclinó sobre su palma y miró de reojo a la castaña.
- Salgan ahora, que si GC los ve, no será muy bueno – dijo y salieron apresurados al auto por el pelirrojo, quien cada vez peor se sentía con todo ello, sin dejar de lado el sentimiento de que se acercaban a una respuesta.
Bien, ojalá pueda escribir el otro pronto, así no las dejo mucho tiempo así de colgadas, pero tengo que esperar que pase la época de parciales... ADEMÁS TENDRÉ UN MES DE VACAS FRÍAS! Allí me podré poner al día, chichis...
Gracias por los favoritos, alertas y demás... y en especial a Elle0105, Nova Mentis y Taitta, quienes se tomaron el tiempo de mandarme un review, KANSHASHI MASHU, CHICAS!
Ahora, seré cara dura, pediré reviews, ya que NECESITO SABER QUÉ DIABLOS PIENSAN! Q ue opinen, chicas, vivimos en países libres, no les cuesta nada apretar aquí abajo y poner si les gustó, si está cochino, si quieren que mejore algo o lo que sea...
Bien, me voy a estudiar, que no recuerdo nada en las evaluaciones por los nervios... :S
Besotes y suerte...
Ayiw...
14/05/2012
