Capítulo 3B: ¿Por qué?

Miss Hood olvidó por completo que había quedado con su marido en el autódromo. La involuntaria revelación que la corredora le había hecho desestabilizó todas sus estructuras y en ese estado no podía estar en ningún lugar que no fuera su casa. Una mezcla de angustia e impotencia la había invadido. ¿Por qué? ¿Qué tenía esa rubia de especial para que su padre le permitiera conducir su VW? Seguramente se debía a su desfachatez. Su perseverancia. Estaba más que segura que inicialmente no se lo había permitido. La imagen de su padre negándole a Emma la posibilidad de subirse siquiera al Volkswagen le venía a la mente como un nítido recuerdo, casi como si lo hubiese presenciado. Seguro le había insistido. Y mucho. Quizás lo había hostigado noche y día con súplicas a las que ella no había tenido acceso. O tal vez no, tal vez lo había comprado con esa picardía que la caracterizaba. Ese brillito que aparecía en sus ojos verdes al sol, grises a la sombra.

Gina se recostó y apenas apoyó su cara en la almohada comenzó a llorar. Tomando aire de forma cortada, cada tres o cuatro sollozos golpeaba con el puño la parte del colchón que no cubría su cojín. ¿Por qué? Esa pregunta la ahogaba. ¿Por qué su padre se había tenido que ir al cielo? ¿Por qué corrió esa noche, si él siempre decía que sus reflejos sólo eran buenos para carreras diurnas? ¿Por qué la había dejado sola? ¿Por qué jamás la había dejado correr? ¿Por qué ella nunca se atrevió a revelarse mientras él estaba vivo? Ya con su dinero y con sus pertenencias podría haberse comprado un auto y manejarlo. Podía haberlo corrido e incluso, si lo hubiese intentado, podría haber corrido el escarabajo con el que solía llevarla al Colegio todas las mañanas de su infancia y con el cual su padre había ganado tantas carreras de joven. Pero la pregunta que más la perturbaba en ese momento era otra: ¿Por qué no se había atrevido a subir a aquel autito amarillo luego de la muerte de su padre? ¿Qué la había hecho venderlo a un don nadie sin siquiera quitarle los colgantes de la guantera? ¿Por qué había sido que no los había mandado a quitar? Su memoria le estaba jugando una mala pasada. Tan sólo recordaba que hacía seis meses que salía con Robin cuando su padre falleció, y que ella no estaba en el país por encontrarse en la NASCAR apoyándolo. Quizás él recordara qué había pasado con el auto.

Por la tarde, Robin intentó ponerse en contacto con su mujer pero no tuvo éxito. Regina nunca atendió su teléfono celular, aunque él supo que ella se encontraba en la casa puesto que su ama de llaves se lo informó, al igual que le notificó que la dama había dejado la orden estricta de no aceptar ningún llamado para ella durante el día. Confundido, decidió hablar con Tinkerbell con la esperanza de que su representante estuviera al tanto de lo que motivaba el extraño comportamiento de su esposa. Justo cuando estaba por comunicarse vía telefónica, ella lo llamó.

Robin: ¿Tink? Justo deseaba hablar contigo.

Rose: Soy realmente oportuna, ¿Verdad? –Se muerde una uña, la parte y la escupe- Tú primero. Debería comenzar yo porque soy la dama en esta charla, pero los modales no son tu fuerte.

Robin: Dime, ¿qué quieres?

Rose: Anda, habla tú, sé que de lo que contrario me interrumpirás antes de que termine la idea.

Robin: Okay. ¿Sabes qué ha pasado con Regina? No estaba en el autódromo cuando llegué y no se presentó a mi lado en ninguna nota.

Rose: No tengo idea. Es tu esposa, no la mía.

Robin: Ya quisieras. Me refiero, quizás imaginas qué puede ser lo que le está ocurriendo.

Rose: Oh, no, no, no. Se equivoca señor. Regina no. No es mi tipo en ab-so-lu-to. Y sobre lo que pudo haberle pasado… mira la verdad no sé, hoy la crucé en el autódromo por la mañana y ya actuaba de un modo extraño. Alegó que "debía irse" y se marchó. Es rara, qué se yo. De todos modos hoy fue la prensa gráfica, no cambia que no se haya presentado. Mañana podemos alegar fiebre o un resfriado que la obligó a mantenerse en cama. No había reporteros en la mañana, nadie recordará que bordeó la pista temprano. Además, si alguno lo hace, perderá importancia. Con que mañana no falte a la cita con la TV alcanza.

Robin: Bien, hoy por la noche hablaré con ella. Tú para qué me llamabas.

Rose: Para recordarte que mi contrato no incluye dedicación exclusiva –remarca – ya que te negaste a pagarla… y que voy a representar a Swan también.

Robin: -Se exalta – ¡QUÉ! ¡No! De ninguna forma, estás completamente loca. No puedes hacer eso.

Rose: -Ingresa a un bar- Sabes perfectamente que sí. Y voy a hacerlo. –Hace un gesto al mozo con la mano para que le traiga un café, y señala un cenicero-.

Robin: ¿Ella te solicitó? No lo creo.

Rose: Claro que no. Hoy le ofrecí mis servicios. En el autódromo. Todo mientras tu mujer contaba pajaritos ensimismada en su mundo.

Robin: ¿Aceptó? Me extraña, tiene un perfil muy bajo.

Rose: No aceptó pero lo hará. Dalo por seguro. –El mozo le alcanza un cenicero, y enciende un cigarrillo. Da una pitada y exhala, provocando un círculo de humo- Conoces mis métodos Hood, sabes casi todos mis trucos. –Otra bocanada de humo sale de sus labios- No fallo; y sé que te percatas de ello.

Robin: Los conozco y aun así me das qué pensar. No entiendo por qué tienes necesidad de traicionarme. ¿Cuánto puede pagarte esa buena para nada?

Rose: Nada. El contrato que le ofreceré cuando venga a mí se tratará de un generoso porcentaje respecto de sus regalías. Hoy quizás no resulte una moneda –tira un poco de ceniza- pero mañana serán millones. –Sonríe- Y un alto porcentaje de ellos serán míos.

Robin: -Furioso- Bueno, que esos millones te sean efectivos pronto porque a partir de este momento estás DES-PE-DI-DA Rose Tinkerbell.

Rose: -Sin inmutarse, da otra pitada y vuelve a dejar caer ceniza- Oh, Rob… lo lamento por ti y tu tonto orgullo. No puedes despedirme.

Robin: Claro que puedo. –Eleva la voz- ¡Y lo haré!

Rose: No, no puedes. Es decir, no te conviene. Sé demasiado de ti como para que intentes desafiarme. –Apoya el cigarro en el cenicero y saca el labial para retocarse lo que se le quitó con el pitillo de éste- No querrás arruinarlo todo, estando a punto de tocar nuevamente las nubes con las manos.

Robin: Yo ya estoy en el cielo, cualquier representante querría tomar tu lugar gustoso, ¡Aun por menos dinero!

Rose: Probablemente. –Saca el espejo, se mira y retoca- Pero tú no vas a darles ese gusto.

Robin: Rose, mi pasado no puede empañar mi presente. Resulta que hoy estoy limpio y no hay nada que me ate a ti y a tus psicopatías.

Rose: Hasta hace dos días yo era tu amiga, ahora soy una psicópata –toma el cigarro y da otra pitada- curioso cambio de perspectiva le has dado a nuestra relación. –ríe, socarrona- Lamento informarte que tienes mala memoria, Hood. Es cierto que la historia de tu familia está limpia al igual que tu actual prontuario sexual, pero no así tu pasado, ni el de tu mujer. –tira ceniza- ¿Es necesario que te recuerde el… –frunce la voz-… triste acontecimiento de la muerte de su padre? Ese inesperadísimo accidente que le costó la vida y la consagró como tu mujer, completamente débil e ignorante… No me busques. Sabes que sé mucho y no quieres que hable.

Robin: -Se aleja del paso peatonal del autódromo y baja la voz- Calla, no tienes pruebas.

Rose: Eso no lo sabes. Quizás no las tenga, pero tengo en mi poder el verdadero testamento del viejo y la carta en la que le cuenta a Regina toda la verdad acerca de ti y lo de su media hermana, Zelena. –Burlona- Quisiera ver la reacción de tu adorada Ginita cuando lea el manuscrito de su padre y recite en voz alta "Y es así como su madre me odió desde aquel entonces, y transmitió su bronca hacia mi hija, tu hermana, Zelena. Si al llegar este papel a tus manos, todavía no la conoces, búscala. Cúmpleme este último deseo. Vivan lo que les quede de vida en fraterna unión. Recuerda el dicho: los hermanos sean unidos, esa es la ley primera". Bah, anciano cursi. –Exhala humo- En momentos así agradezco ser hija única.

Robin: No era tan viejo. Creí que habías quemado esos papeles.

Rose: -Mueve la cabeza hacia arriba y suelta una carcajada, aún con el cigarrillo entre sus dedos- ¿En serio me creías capaz de hacer semejante tontería? ¿Quemar la principal arma de destrucción que tengo? Estados Unidos no formó parte del desarme nuclear, Japón se arma constantemente y yo soy una eterna neoyorquina orgullosa de pertenecer a este mundo de basura mercante al que llamamos capitalismo. –Toma aire- Jamás me quedaría atrás. Aunque…

Robin: Me juraste que lo habías hecho y te creí.

Rose: Oh, seguro la Tink amiga lo habría hecho. Lástima que la psicópata no. Te creía más inteligente, Rob. –Apaga el cigarrillo y echa algo de agua al cenicero para enterrar la colilla.- Bueno, en realidad no. Por eso acepté ensuciarme contigo. Sería mi garantía de supervivencia. –Mira hacia la entrada- Ah, te tengo que dejar. Bien, supongo que reconsiderarás tu postura. Y ni te gastes en mandar a tus matones a allanar mi casa y el estudio. Si quieres encontrar los documentos, los deberás mandar a rastrear en las principales cajas de seguridad de Suiza. –Corta.- Imbécil.

Xxx: Epa… esa no parece forma de recibirme, Rose.

Rose: Lo lamento, es que acabo de cortar el teléfono. –Se levanta y le da un beso- Me tiene para males. Me pedí un café porque no sabía cuánto tardarías. Aún no lo trajeron, supongo que pueden ser dos.

Xxx: Prefiero un licor o algo un poco más fuerte. Tuve una mañana eterna.

Rose: Bien, si tú prefieres. –Hace señas al mozo- ¿Y bien? ¿Puedes hacer lo que te pedí?

Xxx; Claro. Pero tiene un costo. Sabes que prefiero cortar con lo sano, soy prolijo, no dejo rastros.

Rose: Sí, pero la mantención me cuesta dinero y no voy a cargar una vida inocente en mi espalda.

Xxx: -Arquea una ceja.-

Rose: Una más. ¿Tienes cigarros? Este paquete vino húmedo. Rescaté tres o cuatro pero se me hace más difícil fumarlos.

Xxx: -Saca un paquete y se lo extiende-

Rose: Gracias. –Llega el mozo- ¿Puede ser un licorcito de chocolate para el señor, por favor? –El mozo asiente, y ella prosigue- Te decía. No quiero hacerle daño. Sólo darle un susto. Necesito su puesto. Además –se estira- le voy a hacer un favor. Para que conozca los gajes del oficio. Te pedí el de chocolate porque los demás dan asco. Aquí ni siquiera conocen el de dulce de leche.

Xxx: Como quieras.

Esa noche, Robin llegó muy enfadado a su hogar. La ausencia de su esposa y la insolencia de su representante habían logrado quitarlo de sus casillas. Al ver a Regina recostada, la despertó de un saque y la tomó del brazo. Él le pidió explicaciones, pero al estar ella tan dormida apenas pudo rogarle que se duche y se calme. Inicialmente se negó, a los gritos y moviendo agitadamente los brazos. Luego notó que su mujer tenía los párpados hinchados, por lo que probablemente había estado llorando un largo rato. Decidió entonces bañarse para relajarse un poco y calmar tanta furia. Al fin y al cabo, lo ocurrido no podía modificarse pero el día siguiente podía ser mejor.

Al salir de la bañera, Gina había dejado su cuarto. Estaba abajo, revolviendo unos documentos viejos.

Robin: Gina, ¿qué haces?

Regina: Estoy buscando los archivos de la venta del VW.

Robin: ¿Cuál?

Regina: -Se da vuelta y apoya sobre un cajonero- El de mi padre. –Gira nuevamente- pensé que debían estar por aquí, junto a los de la venta de la casa.

Robin: No, no van a estar allí.

Regina: -Se detiene- Ah, ¿Y dónde puedo buscarlos?

Robin: Es que no están aquí, los debe tener Tinkerbell.

Regina: ¿Tink? ¿Por qué tendría que tener tu manager los papeles de mi auto?

Robin: Ey, ey, relájate. Cuando falleció tu papá estabas muy débil y…

Regina: -Lo interrumpe- Lo recuerdo perfectamente. ¿Qué tiene que ver con que Tink tenga esos documentos?

Robin: Bueno, yo quise desligarte de ocuparte de ello y le delegué la venta a ella.

Regina: ¿A Rose? ¡Me dijiste que te ibas a encargar tú!

Robin: Si amor, pero yo estaba a punto de correr en la liga. Tenía también muchos compromisos. Sabía que aún no confiabas tanto en Tink pero tampoco podía dedicarle el tiempo que requería. Es por eso que ella se encargó. –La toma del mentón- Pero ya ves, es una mujer de confianza. –Tratando de disimular la bronca que sentía por su representante en ese momento- jamás fallaría.

Regina: -Baja la vista y luego se corre- Bueno, bien, pero me gustaría tenerlos.

Robin: -Abre los brazos- Podemos pedírselos, no creo que haya problemas con eso.

Regina: -Bien, mañana después de las conferencias hablaré con ella. –Se toca la cien- Es que… no puedo recordar a quién se lo vendí. En realidad tampoco es que interese demasiado, ya está vendido y bueno, yo… es sólo que me gustaría recuperar las cosas que estaban dentro de él y no recuerdo qué fue de ellas o por qué no las conservo.

Robin: Bueno, eso sí puedo respondértelo. Lo hablamos al momento de la venta. Quien lo compró lo quería entero. Con todo lo que llevaba dentro. Estuviste de acuerdo y así se lo llevó.

Regina: ¿Y con qué finalidad lo quería así? ¿Tenía algo que ver con mi padre el comprador?

Robin: No lo sé. Tampoco me lo preguntaste en el momento así que no me ocupé en averiguarlo. Quizás Tinkerbell tenga alguna idea.

Regina: Bien. –Suspira.-Me hará bien obtener algunas respuestas.

Robin: Ven, vamos a la cama, amor. Mientras puedes contarme por qué te fuiste sin esperarme del autódromo. –La toma por la cintura y la dirige hacia la escalera.- Puedo estar sin ti, pero no quiero hacerlo.

Regina: -Sube- Es largo. Tuve una maña mañana. Me sentía muy mal.

Robin: Lo noto. Estuviste llorando.

Regina: Sí, igual ya pasó. Mañana estaré allí.

Robin: Si ya pasó, no entiendo por qué sigues hablando con congoja, como si la angustia te tironeara los botones del pijama. –La para frente a la puerta del dormitorio y le desabrocha dos botones, a la altura de sus pechos.-

Regina: -Lo besa, apagada- Vamos, estoy agotada. –Se acuesta-.

Robin: ¿Agotada? Me ha dicho Rubí que dormiste todo el día. Hoy te negaste a atenderme el teléfono ¿y ahora resulta que estás agotada?

Regina: No he tenido un buen día Rob, ya te lo he dicho.

Robin: Sí, pero no me has dicho por qué.

Regina: Ya no tiene importancia.

Robin: No tiene importancia pero por eso casi arruinas mi día. Llego a la casa, trato de calmarme, de estar contigo y cuando quiero pasar tiempo con mi mujer, resulta que está –hace comillas con los dedos- "cansada".

Regina: Sólo quieres tener relaciones conmigo porque estás enojado.

Robin: -La toma de los talones, trayéndola hacia el pie de la cama- Quiero follar contigo porque eres mi mujer. De vez en cuando me corresponde, ¿no?

Regina: Si quieres cogerme, deberías replantearte los métodos.

Robin: ¡Ja! Ahora la señora se pone pretenciosa.

Regina: Es sólo que no es tan fácil. No estoy bien, Rob.

Robin: Yo tampoco estoy bien, pero creo que si pudiera estar contigo siquiera una, ¡una! Vez estaría mejor.

Regina: De verdad, no quiero pelear.

Robin: Yo tampoco. –Frunce la voz- Tampoco quiero pelear contigo. –Se le acerca y comienza a olerla. La huele desde los dedos de sus pies hasta llegar al bolsillo trasero de su pijama. Ella no se mueve. Cuando introduce una de sus manos por debajo del elástico de la bombacha, ella lo quita.- ¡¿Pero qué mierda?!

Regina: No Rob, ya te he dicho. ¡No!

Robin: No ¿Qué? ¡Eres mi mujer! ¿Qué parte de eso no entiendes?

Regina: Que lo sea no te permite hacer conmigo lo que quieras.

Robin: -La toma del cuello del ajuar de cama y la trae hacia él- No, pero tú vas a querer.

Regina –Intenta zafarse- Suéltame. Suéltame o grito.

Robin: -La besa por la fuerza, y ella lo patea. Se tira sobre ella en la cama.-

Regina: -Corre la cabeza hacia un costado- ¡Rubí! ¡Rubí, ven!

Ella intentó moverse hacia la izquiera del sommier para llamar por la campana. No la dejó, y se calmó. Abrió el cierre de su bragueta y comienzó a agitarle el miembro. Robin tomó aire y se relajó. Estaba muy exitado, así que largó los brazos de la mujer para tomarle los muslos. Fue allí cuando Gina aprovechó y safó uno de sus brazos para jalar de la campana, mientras con una patada le dio justo en los testículos.

Robin: -Se toma los testículos- ¡Maldita hija de perra!

Regina: ¡Rubí! Ru…-Te tapa la boca, y ella trata de morderlo par safarse. Tocan la puerta.-

Rubí: ¿Señora? ¿Se le ofrece algo?

Robin: No Rubi, ya está, gracias, puedes irte.

Rubí: Me llamó la señora, señor. Permiso, ¿puedo pasar?

Regina: -Aprovecha la distracción de Robin y le muerde la mano- Pasa, Rubí, yo te llamé.

Robin: -Se para y apresura a subir el cierre del pantalón-.

Rubí: Permiso, ¿se les ofrece algo?

Regina: Sí, -se acomoda-Por favor, Rubí, prepárale el cuarto a Robin junto al jardín. Hoy no dormiremos juntos puesto que no me siento bien y quizás se trate de algo contagioso.

Robin: -Mirando a Regina, fulminante- No creo que sea necesario… cariño.

Regina: -Arquea ambas cejas- Oh, ya creo que lo es.

Rubí: -A Robin- Bien, entonces ya se la preparo, señor. ¿Quiere acompañarme para elegir las sábanas?

Robin: Claro, -en susurro, a Regina- qué maldito costal de mierda eres. –Arroja un almohadón.- Vamos.

Esa noche, Robin durmió en el nuevo cuarto y Regina se encerró con llave una vez que él abandonó la habitación. Las cosas no iban bien, y según las respuestas que obtuviera al día siguiente, podrían llegar a ir peor.


Este cap se lo dedico al Pulpo Paul que comenzó a incursionar en el arte del fumado(?).

Jajajaja joda, pero en serio, gracias todos los que leen y los que recomiendan. Su apoyo es re importante para seguir el fic. Mañana las que preguntan por el secreto de Lu van a tener un cap especial.

¡Saludos!