Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama. Este Fanfiction es escrito sin fines lucrativos.
Notas del capítulo: Enfrentamiento entre Eren y Levi. Mención de lime. Capítulo algo fuerte.
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En el mundo exterior, el secuestro de Levi no era desconocido para nadie. Al contrario: Fue un tema que sacudió a las masas durante semanas. En la ciudad contaminada y ajetreada, la gente era espectadora de la noticia cruel y los medios se llenaban los bolsillos con su tragedia.
El secuestro de Levi Ackerman duró 139 días, 13 horas y 7 minutos. Un "secuestro de alto impacto" del que toda Sina y cada banco a nivel internacional se enteró.
Fueron casi cinco meses de insoportable suspenso, no sólo para Levi, sino también para los bancos de cada país. ¿Qué pasaría si se descubría toda la verdad? ¿Si, al final, lograban hacer hablar a Levi?
Afuera, los del lado de Levi tenían una fuerte discusión, que se inclinaba entre liberarlo lo antes posible o convencer a los secuestradores de que no pagarían y que lo mataran.
Y es que Levi no podía ni debía hablar. En ese caso, si Levi llegaba a traicionarlos, a los altos mandos les ayudaba más su muerte.
Y la verdad, sólo unos pocos la conocían: Los altos puestos del Banco de Sina y sus asociados, el gerente Smith, el subgerente Ackerman y aparentemente los secuestradores; entre ellos, Eren.
En el secuestro, hay que saber manejar la mentira mucho mejor que la verdad.
A través del tiempo, Levi aprendió que Eren era un prodigio para mentir. A veces le sorprendía lo bueno que era, aunque después notó un tic: Algunas veces, Eren se acomodaba el cabello de manera que cubriera sus orejas; y ese tic le pareció tan extraño que, al segundo mes, Levi entendió que el menor lo hacía porque sus orejas se enrojecían cuando mentía.
En los primeros días, el mayor le había creído una o dos cosas: Como cuando Levi le preguntó si alguien lo había buscado —en una nota que pasó por debajo de la puerta—, dado que Eren llevaba tres días sin abrir. De hecho, esa vez tampoco abrió la puerta para contestar ni le devolvió la nota —Levi pensó que podría obtener su caligrafía y sus huellas digitales si le contestaba—. Sin embargo, el castaño le respondió a través de la puerta: "Nadie ha preguntado por ti, Ackerman. Desde la semana pasada hemos estado llamando y mandando cosas para avisar que te secuestramos, pero no nos contestan. Creo que a nadie le importas. Y si seguimos viendo esa falta de interés, pensaremos que no quieren pagar por ti y no tendremos remedio más que matarte". Eren se lo dijo a altas horas de la madrugada, cuando Levi estaba quedándose dormido. El mayor había podido beber agua del lavamanos, pero nuevamente se encogía de hambre. Eren no era un buen cuidador. En lo absoluto.
Pero ¿qué acababa de decirle el mocoso? ¿Que intentaban contactar a los del banco y no había respuesta? ¿Sería cierto? Entonces, ¿lo dejarían morir? ¿O acaso Eren mentía?
Cuando el menor le dijo aquello, un Levi que se preparaba para dormir perdió el sueño. Al principio, había estado seguro de que lo liberarían, pero aquellas palabras del castaño lo pusieron a pensar…
Y había algo de verdad en eso: En ese momento, a kilómetros de ahí, los altos mandos dudaban entre rescatar a Levi o no.
Pero era mentira que los habían contactado. Los del banco simplemente barajaron la posibilidad del secuestro.
En realidad, lo que Eren hacía era aplicar tortura psicológica. Presión. Llenarlo de estrés hasta el límite. Se le daba demasiado bien, y era insoportablemente astuto.
—… Buen intento de conseguir mis huellas y mi letra, Ackerman. Pero ni yo soy tan estúpido.
Esa conversación la tuvieron a través de la puerta. Las primeras semanas, así eran todos sus intercambios: Eren no se molestaba en abrirle, ni siquiera en asomarse o hablarle de frente.
Eran secuestrador y víctima, nada más.
"Este imbécil… me va a matar de hambre" fue lo que pensó al cuarto día de estar en la recámara, y el decimocuarto día de su secuestro. Tenía que salir. Debía asomarse a la cocina o se moriría.
¿Por qué no escribía una nota pidiendo comida, así como había hecho para saber si los del banco habían preguntado por él?
"Ni loco. Hasta cree que voy a rogarle por comida. Está bien imbécil" se dijo, indagando a través del cuarto por algún objeto que pudiera ayudarlo a forzar las cerraduras. Había pocos objetos ahí, ninguno punzocortante. Entonces, se le ocurrió descomponer un artículo electrónico y extraerle los hilos de cobre, hasta fabricar un alambre que le ayudara a burlar las cerraduras: Hacer un alambre más o menos efectivo le tomó casi medio día.
Tenía que recordar cuántos pasadores había puesto "el idiota" (como le llamaba mentalmente, aunque no temía decirlo en voz alta). Eren lo había dicho: Que "si se portaba bien, lo ignoraría" y Levi estaba conforme con eso. De hecho, ahora le convenía que Eren lo ignorara más que nunca.
"Eran cinco pasadores" recordó Levi. "Tienes que botar los cinco para salir".
Iba por el segundo. Habían pasado dos horas. Estaba exhausto, pero quería seguir. Tenía que seguir. No podía más con el hambre, y no podía tardarse tanto; Eren no podía descubrir el avance que ya llevaba. El agua del grifo había calmado un poco su apetito, pero no era comida en sí. Ya no resistía las ganas de comer, sentía que apenas podía estar en pie.
"Sólo vas por algo y regresas" era lo que se repetía, suspirando con alivio al oír cómo el segundo seguro salía. Ahora el tercero. Sabía que Eren podría notar que le faltaba comida, pero ahora no quería pensar en eso. El enfado de Eren le importaba muy poco, en realidad: Le interesaba más no morirse de hambre.
Cuarto pestillo botado. Notó que empezaba a sudar, las cerraduras no eran nada fáciles. Estaba a un seguro de salir de esa jaula. Apenas lo podía creer.
Apenas.
Había un par de cosas para las que Eren era bueno:
Para destrozar a alguien psicológicamente.
Para disparar con precisión.
Para hacer tratos.
… Y para eso.
La joven gimió con fuerza al sentirse empujada contra la puerta, con la sensación de una mano subiendo por su vestido, arañando la cara interna de su muslo y subiendo más. No entendía cómo Eren lo hacía, pero era bueno: Era veloz y lento, apresurando algunos momentos y saboreando otros. Y, diablos, sus manos hacían magia; no sólo con el arma, sino también bajo las sábanas.
No se suponía que las cosas acabarían así. Se habían visto en una reunión y, horas antes, mientras se colocaba el vestido negro no tan revelador y se ponía un maquillaje más bien discreto, a excepción de los labios bien rojos, se dijo a sí misma: "No follaré con Eren hoy".
Bastaron quince minutos de conversación y dos tragos para acabar en la salida de emergencias con las manos enlazadas en el cuello del chico, sintiéndolo deshacer en dos minutos el peinado que le tomó una hora hacerse, desabrochando los botones de su abrigo para tocarla por encima del vestido…
Le humillaba recordar que fue ella quien acabó pidiéndole que se largaran de ahí, que se la llevara y la tomara, como tantas veces en el pasado. Ellos eran compañeros de trabajo y de follar y nada más. No había llamadas ridículas, ni regalos, ni fechas especiales, ni citas, ni nada. Eren era un escape de lo estúpido de su relación, de los errores de su noviazgo; él la hacía sentirse deseada, hermosa, mientras que ella no sabía exactamente qué era para Eren. Tal vez un escape también.
Y estaba bien. Era lo que les funcionaba.
—Hmmn, Eren- —gimió ella, sintiéndolo distribuir algunas mordidas en su piel, sus propios dedos estrujando los cabellos castaños cuando su mano la rozó aún más profundo…
—Qué. —Habló, secamente.
Entonces, la mujer le preguntó, directamente:
—¿Cuándo te casas? —Inquirió, sus ojos clavados en él.
Se formó un silencio incómodo antes de la respuesta.
—Para qué quieres saber. —Preguntó el castaño, hastiado.
—Para alistar el vestido que llevaré a tu boda. —Explicó.
—… y la cara de descaro. —Aportó el joven. La chica sonrió con ironía.
—Eso también. Aunque no se comparará con la tuya. —Reconoció la chica. El joven se molestó— El día que te cases, ¿acabará todo ahí?
—Quieres decir, ¿si ya no te voy a coger? —Soltó él, sin tapujos.
—Exactamente.
El castaño contestó:
—… No seré un buen esposo —reconoció—, tal como no soy un buen novio. Yo no sirvo para hacer las cosas bien.
—Te gana el descaro.
—Pues sí.
Ella suspiró, recordando algo.
—La vi hace poco… parece emocionada.
—Supongo. —Continuó él, retomando el toque en la piel suave de la chica, haciéndola estremecer.
—¿Cuánto tiempo tienes? —Se interesó ella, tocando el pecho rígido del muchacho por encima de la camisa. Tendría que preguntarle el porqué Eren siempre vestía de negro… hasta que lo oyó decir:
—Para unas tres rondas. —Replicó él, de prisa— Llegaré tarde a eso. Diré que me quedé sin balas.
—Buena excusa. —Declaró ella— Que sea rápido.
Enseguida, vio en los ojos de Eren que la tomaría ahí mismo, en la entrada de su casa y en ese suelo. Sin embargo, no se quejó, porque el joven hacía maravillas con sus manos… empezando a estimularla y a arrancarle más suspiros de aprobación.
… Hasta que oyeron algo que poco o nada tenía que ver con lo que estaban haciendo.
Se escuchó un ruido metálico de la nada, uno que la chica se apresuró en ignorar, mareada por el gozo; por otro lado, el muchacho se paralizó en el segundo en el que lo escuchó.
—¿Oíste? —Preguntó él, deteniendo el acto por completo.
—No, sigue. —Suspiró la chica.
—Espera. —Ordenó él, apartándose, pero ella se alteró:
—¡Debió ser alguna de tus balas que se cayó! —Arremetió ella, al sentirse arrancada del calor de aquel hombre.
—No sonó como una bala. —Explicó él.
—¡Estás siendo paranoico!
—No. Voy a ver qué rayos-
Pero la chica se quedó pálida e inmóvil al notar algo.
—Eren. —Lo llamó, seriamente, mientras se acomodaba el vestido y caminaba de prisa, deteniéndose frente a una puerta— ¿Esto es normal? ¿Tenías los seguros botados de esta puerta?
El castaño se puso frío.
—¿Qué hay aquí adentro? —Preguntó, muy seria.
No obstante, el chico no contestó.
Ella jamás lo había visto tan asustado; nunca. Estaba pálido y la boca casi le temblaba de asombro.
—Oye, no me digas que- —comenzó ella, impresionada y, ante el silencio, vociferó—. ¡¿Encerraste a Ackerman aquí?!
El castaño no dijo nada, sólo se quedó mirando la hazaña de las cerraduras. Nada lucía forzado. Pero tampoco se atrevía a entrar al cuarto.
—Se salió, Eren. —Determinó ella.
El joven negó con prisa.
—No, no puede; la puerta principal tiene clave, no es tan fácil de-
—¡¿Eres estúpido o qué?! —Le gritó ella— ¡¿No sabes quién diablos es Ackerman?! ¡Trabaja con claves todo el día! ¡¿Crees que unas pocas cerraduras y una puerta con clave de seguridad lo pueden detener?!
Eren no pudo responder, sólo pensaba y pensaba.
—No, él sigue aquí adentro. Lo sé. —Declaró— Pero suponiendo que salió, y eso sería el caso más extremo, no puede estar muy lejos. Además, sin importar dónde esté, yo puedo encontrarlo.
—¿De qué rayos estás hablando?
Pero, en lugar de replicar, el castaño empujó la puerta violentamente y entró.
"Me lleva la mierda".
Al oír la voz de Eren y su pareja —o quienquiera que fuera la loca—, Levi pensó que la vida le había cagado encima. Y no una cagada pequeña. La santa cagada del año.
"Me vale un carajo que follen, pero métanse al cuarto, mientras yo veo cómo abrir esta porquería y largarme antes de que terminen de joderme la dignidad".
Entonces, se quedó contemplando el último pestillo que le faltaba para salir, oyendo las voces de Eren y la mujer cerca de ahí.
"No puedo sacar el alambre de la perilla, hará ruido"
"No puedo seguir forzándola, hará ruido"
"La única salida es no mover esta maldita cosa hasta que se pongan a coger y se olviden de lo demás. Es una buena oportunidad".
Jamás en su vida, Levi deseó tanto que dos personas follaran cerca de él. Pero ahora casi lo añoraba.
"Anda, mujer: Convéncelo para que te coja y así salir de aquí".
No era que Levi tuviera miedo, pero sabía que Eren era capaz de dispararle en la única rodilla buena que tenía… y no quería quedar invalido, sin poder caminar nunca más o que las heridas le tomaran demasiado tiempo en sanar. Además, temía que las heridas de bala se le infectaran a tal grado que quedara lisiado o algo parecido, pues era una realidad: Eren nunca lo curaba, ni le daba nada para atenderse.
Bufó con fastidio, oyendo a los muchachos decirse un montón de estupideces desde el recibidor. "Claro, tenía que ser una puta. Hay que tener la autoestima bien jodida para estar con él. Esta mujer… es una criminal, es la misma lacra que él".
Suspiró.
"Voy a esperar. Sólo unos minutos y ya está".
Pero, sin aviso, sin esperarlo… se escuchó el ruido maldito que lo delató.
El alambre estaba insertado correctamente y, con una pequeña corriente de aire, el seguro se botó y la puerta se abrió, ligeramente empujada por el viento; la cerradura apenas produciendo un chirrido que alertó a Eren. Ese ruido traidor que le erizó todos los vellos del cuerpo y lo hizo maldecir a los mil infiernos.
Oyó a los dos mocosos discutir tras la puerta, mientras Levi pensaba en qué hacer. ¿Qué rayos iba a decir? ¿Y si Eren entraba y lo volvía a amarrar? ¿Y si le disparaba? ¿Y si lo encadenaba? ¿Y si lo metía en una instalación subterránea con poco oxígeno? ¿Y si lo encerraba en un pozo en medio de la nada y lo sellaba con concreto para que no pudiera salir? No, diablos, no… mientras todo esto le cruzaba por la cabeza, Levi ocultó el alambre que había sido su salvación y su desdicha. Eren no podía descubrirlo. Por ningún motivo.
Entonces, sucedió lo inevitable.
La puerta se abrió de un empujón violento, potente cuan trueno, dejando ver a un castaño enfurecido seguido de una chica muy bella, pero con una expresión fría y distante como él.
Esa chica… ¿en dónde la había visto?
Pero, antes de siquiera pensarlo, Levi sintió un impacto brutal contra un muro, como un arranque agresivo que lo hizo ver estrellas por un segundo, seguido de unos ojos verdes que se quemaban de rencor. Era la mirada de un animal sangriento que está a punto de devorar a su presa.
E inconscientemente —tal vez como consecuencia del mismo secuestro—, el cuerpo de Levi se paralizó por un santiamén, pensando que lo iban a matar.
En cuanto el cráneo del moreno chocó contra el muro con un crujido doloroso, Eren se colocó a horcajadas de él, en una posición de dominio total, temblando de odio y de rabia y de ganas de destrozarlo.
Incluso el grito de Eren parecía sacado de una película de terror; un grito tan fuerte que hizo vibrar las paredes con la potencia de su furia, de su descontrol, de su desprecio.
—¡Te di una maldita orden, una única orden de no salir! ¡¿Y tú qué haces?! —Le vociferó, con toda la cólera que lo comía vivo— ¡Vas y te limpias el culo con la única orden que te di! ¡¿Qué demonios quieres que te haga?! ¡¿Que te rompa las piernas para que ya no te puedas mover?! ¡¿Qué diablos quieres?! —Demandó, cuando de pronto sintió un empujón brutal para el otro lado, cuando Levi se giró con rabia quedando él encima de Eren; colérico, descontrolado.
—¡Quiero comer! —Le gritó el moreno, con toda la furia que sentía— ¡Comer, maldito perro imbécil! ¡¿Qué, crees que me alimento de puto aire o luz?! ¡Se supone que es tu jodido trabajo o como le digas a tu maldito crimen y ni siquiera puedes pasar un vaso con agua, pero sí tienes tiempo para estar follando con zorras como el maldito perro que eres! —Le escupió.
—¡¿A ti qué carajos te importa?! —Estalló el menor.
—¡Me vale mierda que te dé una enfermedad sexual pero haz tu trabajo como se supone que es! —Dictaminó, rabioso.
—¡Tú no me dices cómo hacer las cosas! —Devolvió el menor, forcejeando con Levi para recobrar su posición y lográndolo poco después, impactándolo con furia bajo su cuerpo— ¡A mí no me importa el dinero de tu rescate, lo mejor para mí es que te mueras!
Pero pronto sintió un empujón feroz, seguido del cuerpo de Levi sobre el suyo, mirándolo como si deseara estrellarle los dientes.
—¡Pero no es eso lo que te están ordenando! —Le gritó el moreno— ¡Seguramente tienes un montón de órdenes que tú haces rollo y te metes por donde cagas, entre ellas alimentarme, maldito costal de mierda!
—… Guau. —Soltó la chica, entre asombrada e irónica— Vaya, Eren, por fin alguien que te grita…
—Cierra la boca, Annie.
El moreno se quedó mudo.
Era esa chica. La chica del banco. Ahora la recordaba perfectamente…
Pero, ¿qué acaso esos dos no se gritaban?
De repente, los ojos de Levi se abrieron de par en par, en alerta, cuando alcanzó a ver un puño dispuesto a cruzarse por su cara.
Pero el golpe nunca llegó.
Cuando parpadeó, miró a la rubia ubicada tras Eren, deteniéndolo por el brazo. ¿Esa chica era tan fuerte?
Y, lo que más le asombró, fue escucharla declarar con severidad:
—Ya basta, bastardo suicida. Ya fue suficiente. —Dictó ella, con una expresión seca.
—Suéltame. Esto es entre él y yo. —Murmuró, intentando zafarse.
Pero Annie no lo escuchó y, en su lugar, preguntó:
—¿Cuándo fue la última vez que le diste de comer?
—Ayer.
… ¿Cómo podía mentir con tanto descaro?
—Apuesto a que Ackerman se comportó hasta hoy. —Rescató la chica, sin soltarlo del brazo— Él tiene un punto, tu trabajo es alimentarlo.
—No me vengas con idioteces. —Escupió el menor— Yo estoy a cargo.
—Lo estás haciendo mal.
—Cállate.
—Si el jefe viera cómo lo tratas…
—Me vale una mierda el jefe. —Refunfuñó— Cómo son lamebolas todos ustedes.
—Quítate. —Le ordenó la chica, apartando al castaño del cuerpo del moreno de un tirón; Levi apenas pudiendo creer la fuerza de aquella rubia— Levántate, subdirector. Habemos algunos criminales más decentes que el bastardo suicida.
A Eren le entró una risa sarcástica.
—Quieres decir, ¿tú?
Pero la chica lo ignoró.
—Estás herido. —Le comentó al moreno, quien miró hacia otro lado.
—Él no tenía que frotarse contra las cuerdas. Él solo se lo causó. —Justificó el menor.
—Y tú no tenías que amarrarlo. —Le recordó la mujer— Maldición, Eren, hiciste lo que te dio la gana. ¡Esto es todo lo contrario a lo que te ordenaron-!
—Y yo les dije que no se metieran —señaló el castaño.
La chica se cruzó de brazos y lo observó, con firmeza.
—Si no aprendes a comportarte con él, voy a hablar. —Lo amenazó la rubia— No puedes tratarlo así, son las órdenes.
Eren puso una cara de repugnancia.
—… Ya eres un perro del jefe. Qué asco, Annie.
Pero la joven contestó:
—Pues tú también deberías aprender a callarte y hacer lo que te dicen, y dejar de sentirte un puto Dios sólo porque sabes disparar. Fuera de eso, estás podrido.
Pero lejos de ofenderse, el castaño sólo replicó con calma:
—… Sabes que puedo dejarte muy mal con palabras, Annie. —Le advirtió— Así que, si tú no controlas cómo me hablas, yo tampoco tengo que hacerlo contigo. Y lo que tengo para decirte no te va a gustar. —Aclaró. —Haz lo que quieras con él, pero que se te olvide que lo voy a tratar diferente. Él no merece un buen trato de mí. No merece nada. —Sentenció y, finalmente, reveló— La única razón por la que lo defiendes es porque a ti también te secuestraron, y te identificas con él por lo que te pasó. Pero él no es como tú. Él es mucho peor.
Tras esas palabras, Eren se retiró, sin mirar atrás. Mientras tanto, la chica se ofreció a ayudar a un moreno que la miraba con recelo. No podía confiar en ella. En lo absoluto.
Ambos eran la misma porquería, y no podía entender cómo esa mujer podía dejarse tocar por unas manos que destruían, suspirar por alguien tan torcido como Eren. Algo malo tenía que tener esa chica.
Levi jamás cometería un error así. Fijarse en algo tan ruin e inhumano como Eren.
A pesar de la situación que acababa de vivir, por primera vez en dos semanas, Levi sonrió para sus adentros por un segundo: Aunque había sido descubierto en su intento, el moreno se había enterado de algo: Eren se había asustado al imaginar su huida, por eso le había gritado. Más que furia, en Eren, Levi había visto terror. Empezaba a sospechar que había algo más que esa estúpida clave, que el bendito rescate: Había un mensaje más allá, una herida profunda que Eren quería curarse provocando otra peor.
Aunque no logró huir, su esperanza de hacerlo aumentó como nunca antes. Poco a poco, el mayor empezaba a entender cómo funcionaba Eren. El mocoso era puro impulso y emoción, y eso Levi lo podría usar a su favor.
Fin del capítulo 4.
Notas: Hola. Gracias a quien leyó el capítulo anterior y éste. He contestado por chat o PM; gracias por haberse hecho un espacio para leer el fic y comentar, fue muy agradable leerlos/as, de verdad c: Les deseo suerte en sus proyectos y que estén muy bien.
Sin más, cualquier comentario, crítica constructiva o denuncia judicial a Eren, pueden hacérmela saber.
Abrazos.
