Capitulo beteado por Frany Fanny Tsuki~
Los días han pasado y el amor de Kagura crece, tanto que se puede leer en su frente. Ella maldice cada momento donde es casi descubierta, o peor aún pasa algún tipo de vergüenza, todo porque ella ha cogido la mala costumbre de ponerse a soñar. No puede evitar recordar el preciso momento cuando él llamó su atención, deslumbrándola. Kagura suele repetir ese momento en su mente, imaginando que hubiera pasado si ella hubiera tenido el valor de saludarlo.
¿Y si lo busca? ¿Y si le dice que lo ha estado viendo desde hace poco tiempo? Sería mucho pedir que la mire como hace con Sadaharu, que le dé suaves caricias como hizo con el pequeño can.
¡¿Pero qué tontería piensa?! Kagura niega con la cabeza en imaginar esas tonterías, ¿se está volviendo loca? ¿Desde cuándo desea que la traten como un perro?
Intento no pensar en él, pero fue en vano, no crean que es una chica cien por ciento perdida en el amor. En cuanto toma conciencia del tiempo perdido, o de que Soyo y Gin-chan se le quedan mirando extrañados, solo presiona los labios para irse al baño o a su cuarto a descargar la frustración. No logra entender que le pasa. ¿Es tan fuerte el primer amor? ¿Cómo es posible que un pequeño gusto puede desbordarse pasando los límites y ponerla ansiosa? Porque cuando Kagura lo ve patrullando y tiene que pasar por su lado o incluso cuando ya paso y está a unos metros siente su caminar raro, pone su espalda demasiado recta, saca el poco pecho que tiene, pero que conste que tiene. Siente que él la mira, aunque no sabe si es real.
Por eso decide actuar. Empero solo ella sabrá de ese amor que siente. Soyo no debe saberlo, y mucho menos Gin-chan, en solo imaginar que su tutor se entere... Kagura prefiere intentar escapar por la ventana nuevamente. Por eso ella lo conquistara en secreto, solo que aún no tiene la fecha, aunque sabe que debe ser pronto. Muy dentro de ella no sabe si después de graduarse podrá hacerlo.
Por eso debe evitar todo lo que pueda a ser descubierta.
Los días han pasado. Gintoki y Kagura tuvieron que regresar a casa a pie debido a que la moto del peliplateado se descompuso. La bermellón dio una mala mirada a su tío, quien, por no haber dado un buen mantenimiento a su medio de transporte, los hacía caminar justo en un día donde el frío está peor que nunca.
—Me dijeron que hoy en la tarde me darían la moto —menciono Gintoki, de quien no era su culpa que su andar pareciera más rápido dejando atrás a la bermellón — Entonces tú te quedas en casa y yo…
— ¡Auch! — se quejó la jovencita al chocar su nariz y frente con el frío poste, provocado que cayera sentada. Gintoki volteo encontrándose a su adorable sobrina en el piso con el rostro enrojecido.
— ¿Kagura? ¡Oh! ¿Tratas de ordenar tus ideas? —pregunto el peliblanco que fue hacia el pequeño accidente de su sobrina
—Odio esto-aru—dijo Kagura sabiendo la causa de su descuido.
— ¡Kagura! —la llamo el peliplateado con urgencia.
— ¡Si! —respondió la bermellón mientras abría una enorme bolsa con galletas de arroz.
Era un lindo sábado por la tarde, ella no había comenzado con los deberes y obviamente no los haría hoy. Y su guardián supuestamente estaba encargado de hacer la cena, él y el lindo delantal rosa que ella elaboro en el club de costura, donde Soyo había permitido su breve permanencia con el fin de tener un regalo de cumpleaños para Gin.
—Puedes explicarme ¿porque el viejo calvo me ha llamado tan alterado? —Preguntó molesto con ambos manos en su cintura dando aspecto a los de un jarrón.
—Puede que esté en esa época del mes, Gin-chan —dijo Kagura devorándose de una bocanada la galleta de arroz.
— ¿Época de mes? ¿Tu padre tiene útero? —Pregunto indignado.
— ¿Tú también Gin-chan-aru? —pregunto la bermellón queriendo sacar de las casillas a su tío y distraerlo de su propósito de interrumpir su merienda.
—Me comento que le pediste un perfume. ¿Es que tu colonia de Minnie Cat no es lo suficientemente dulce?
—Las chicas de mi edad usan otras cosas-aru. —dijo molesta sin evitar poner un puchero.
— ¿Ah? ¿Quieres una de Barb*e? O tal vez de las princesas de Dinkey.
— ¡Maldito permamentado! —exclamo con vergüenza la bermellón.
—Más respeto conmigo.
— ¿Quieres respeto-aru? Bien, pues con todo mi cariño y amor te comprare esas fórmulas que usa papi y mucho colágeno para la caída del cabello —gritó enfadada.
Gintoki ignoro los gritos de la bermellón regresando a la cocina, con una mueca de concentración, quito las espinas del pescado que asaría. Borro su expresión al recordar el regalo de cumpleaños que le dio a su pequeña hace unos días.
Unos zapatos de tacón color negro. Fue extraño, si bien los compro sin dudar y no crean que era por el descuento y la promoción de que por cada 700 yenes gastados accedía a un cupón de parfait.
Trago grueso, sacudiendo su cabeza y alejando ideas absurdas. Ella solo le pidió eso por sus complejos. Si, solo eso. Aun absorto en sus pensamientos se sorprendió un ladrido que lo saco por completo de aquellas ideas terroríficas.
— Sa-sadaharu, nunca crezcas por favor.
— ¡Kagura-chan! ¡Kagura-chan! —La llamo Tokugawa Soyo, amiga leal de nuestra protagonista — ¿Estas durmiendo? —Pregunto dudosa ya que la bermellón se hallaba con la vista perdida mirando a la nada, enrollo el cuaderno que traía a la mano acercando un extremo al oído de su amiga y con el otro en sus labios— ¡Kaguraaa! —Sonó su voz de forma grave, despertándola.
— ¿Qué pasa? —Pregunto exaltada y a la defensiva.
— ¿Qué pasa contigo? Te he llamado desde hace rato.
—…
— ¿No dirás nada?
—Ayer no dormí bien-aru. —Respondió Kagura un poco distante.
—Pero tenías los ojos abiertos—objeto Soyo.
— ¿Técnica secreta ninja?
Tokugawa la miro desconfiada. Suspiro retirándose, olvidando por completo el decirle a su amiga que la llamaban de la clase de profesores
—Sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea —dijo una hermosa rubia que miraba atenta a la alumna que tenía delante.
—Estoy bien Tsukki —aseguró Kagura.
—Has estado muy distraída—menciono la rubia— estamos preocupados.
—Son solo ideas de Gin-chan.
— ¿Así? Ayer te pregunte por la traducción de uno de los párrafos y me dijiste que el cielo era azul.
—Pero el cielo es azul-aru —comentó.
—Estamos en invierno ¡El cielo esta gris y esa no era la traducción! —exclamó la rubia profesora quien se aseguró mentalmente de restar puntos en la nota de bermellón.
— Tokugawa Soyo — una alumna de otra aula llamo desde afuera del salón a la castaña.
— ¿Si? –pregunto la castaña acercándose a la puerta.
—Te llaman de la sala de maestros.
— ¿Eh? ¿Sabes por qué? —preguntó curiosa.
—Para nada —dijo la otra alumna antes de irse.
—Qué raro.
La castaña camino directo a la sala de profesores, dudando e incluso pensando que se habrían equivocado en llamarla, no encontraba razón por la cual sería solicitada por alguno de los maestros.
Abrió la puerta encontrándose a solas con Ginpachi-sensei, profesor de Historia y tío de Kagura. Había un poco de confianza entre ellos debido a su cercanía con Kagura. Sin embargo, esto no quita el respeto que le tiene como docente de aquella Institución Educativa.
—Ah, Ginpachi-sensei ¿usted me llamo? —pregunto aún sorprendida.
—Así es, Tokugawa-san. —Dijo el peliplateado con una cara demasiado seria.
— ¿Qué puedo hacer por usted, sensei?
—Necesito hablar contigo sobre Kagura. —Comento muy serio el peliplateado — Siéntate.
—Lo escucho.
—Tú eres su amiga, ella está contigo de arriba y para abajo… debes haberlo notado, ella esta distinta. —comento Gintoki acercándose y bajando la voz al grado de un susurro.
—Creo que se a lo que se refiere —asintió Soyo haciendo los mismo que su profesor.
—Ella esta distraída, distante, por no decirlo más idiota.
—Sí —concordó con el maestro —y para soñando despierta.
—Sí —Afirmo Gin— además ¿te has dado cuenta que está comiendo menos?
— ¡Sí, la otra vez vi que dejo la mitad de su comida! Además, que no se compró nada saliendo como usualmente lo hace.
—La otra vez me exigió unos zapatos, esos de tacones ¿tú sabes algo? —preguntó.
—La otra vez… bueno… —la castaña dudo en contar una inquietud con la bermellón.
— ¿Que? ¿Qué sucede?
—Es algo intimo—confesó la castaña. Era obvio, de contarlo Kagura podría dejarle de hablar, después de todo no podía olvidar su cara avergonzada.
— ¿Intimo? ¡Es mi sobrina! — Arrugo el entrecejo— dime ¿Qué le está pasando a mi Kagura-chan? — aquellos iris la miraban de forma seria, Gin no se comportaba como un adulto serio, pero en ese momento le preocupaba cual era el motivo por el que su pequeña este de un humor tan extraño.
—La otra vez ella quería usar… bueno…—seguía algo dudosa, pero la presión de Ginpachi la aturdía. — ¡Espere! —Abrió los ojos alarmada — ¡Primero prometa que no decomisara nada! —condiciono, sacando valor de quien sabe.
— Tokugawa… —Ginpachi la nombro con un tono más grave.
—Le presté un labial —soltó arrepentida, mirando hacia abajo teniendo como vista sus manos, alzo la cabeza para ver los ojos de pescado muerto del profesor —que casualmente hoy no traje. —añadió ganándose un suspiro del peliplateado.
Gintoki la miro aburrido, estaba listo para repetir como disco rayado lo que siempre les decía a todos los alumnos y no solo por un labial, ellos traían revistas, CD de música, DVD, videojuegos, solo una vez perdono la vida a un alumno y era uno que lo atrapo leyendo la Jump en una de las escaleras. Lo saludo con la cabeza y lo ignoro, sabiendo que aún había grandes promesas en esa escuela. Y ahora…
—Sabes que están prohibidos esos arti… ¿sabes qué? Nada, por más que se pongan reglas los muchachos de ahora los rompen. Además, ¿porque te sorprende eso? —preguntó.
—Nunca vi a Kagura estar interesada en estas cosas, es más nos burlábamos de las chicas que usaba esos maquillajes exageradamente. La verdad le quedo muy bonito ese labial. —dijo Soyo encantada, recordando lo lindo que se veía Kagura con el labial y su inexperiencia al no saber ponérselo.
—Ah, ¿y por eso le regalaste todo ese maquillaje?
— ¿Qué? —pregunto extrañada, aunque Gintoki no presto atención a ese detalle.
—Ese estuche con cepillos de tinta negra, paletas de colores y no sé qué más—comento Ginpachi, observando como la sonrisa de Soyo se ensanchaba pudiendo competir con el Gato de Alicia en el País de las Maravillas. Soyo quien estaba impresionada por lo recién dicho. No hacía falta escuchar más. Tenía todas las piezas, solo le falta una y era…
¿Quién?
— ¿Tokugawa? —la llamo Gintoki ante el silencio y la extraña sonrisa sin fundamento de la castaña.
Soyo debía zafarse de esta escena llena de chisme. Debía irse antes de decir algo más y dejar al descubierto a Kagura.
—Ah, es que la vi muy interesada y no estaba muy convencida del regalo que le di en su cumpleaños. Además… ¡Ah! —dio un gritó exagerado.
— ¿Qué sucede? —se alarmo Gintoki.
— ¡Yo olvide dejar mi tarea de la anterior clase! —dijo preocupada.
—Creo que no llegamos a nada. Por favor si te enteras de algo avísame.
— ¡Claro! —Dijo la castaña saliendo a toda velocidad.
Una vez fuera del salón de profesores dio un salto emocionada, poco le importo que un alumno que caminaba en dirección opuesta la mirara sorprendido. Soyo empezó a caminar buscando con la mirada a Kagura
Al no encontrarla en el salón donde todos almorzaban salió al patio, se dirigió a una de las bancas de los jardines de la escuela, encontrándola perdida en sus pensamientos. Se sentó a su lado, sin ganar atención alguna. Observo el rostro de su amiga, era visible una pequeña sonrisa, los ojos brillosos, se reprendía por no darse cuenta. Pero lo pasado es pasado, y el presente está ansioso e inquieto por sus movimientos y palabras.
Puso una mano en el hombro de su amiga, sin éxito en despertarla, la sacudió ganando la atención completa de ella. La miro, ya había perdido mucho tiempo, y necesitaba la información con urgencia. Decidió agarrar al toro por los cuernos y comenzar a actuar.
—A ti te sucede algo—dijo Soyo enfrentando a la chica de cabello bermellón.
— ¡No-aru! —respondió exaltada Kagura al verse descubierta.
— ¡Vamos dime! Sabes que yo te cuento todo—rogó la castaña.
—Pero no me sucede nada.
— ¿Segura? No suenas convincente… has actuado muy raro y eso no es normal en ti.
—No se dé hablas, Soyo-chan.
—Entonces deben ser ideas mías.
—Así es-aru —respondió muy segura de sí la bermellón. Sin embargo, eso no conformaría a la castaña.
—Te la pasas soñando despierta, estas distraídas, no comes, y resulta que yo te he regalado mucho maquillaje —enumero tratando de sonar molesta en el último hecho.
—Hablaste con Gin-chan. —Kagura la miro entrecerrando los ojos, totalmente desconfiada.
— ¿Quién es? —preguntó ignorando lo recién dicho por su amiga.
—No sé de qué hablas-aru —respondió con simpleza Kagura.
—Vamos —insistió la castaña —le dije a Ginpachi-sensei que fui yo quien te regalo el maquillaje —trato de persuadirla — ¿porque te compraste maquillaje?
—Porque, ¿Por qué no puedo hacerlo-aru? Solo quería… es para… —trato de decir la bermellón sin éxito alguno, no podía formular ninguna excusa sensata.
—Es por la misma razón que andas despistada —Afirmo Soyo —Yo sé que tienes —dijo segura de sí, tratando sin mucho éxito de sonar amenazante —sería una pena que Ginpachi-sensei se enterara que estas muy enamorada.
— ¿Me estas chantajeando? —pregunto incrédula, Soyo no era capaz.
— ¿Entonces si hay algo? ¿Es eso? —preguntó la castaña haciendo a un lado el chantaje que nunca lograría.
—Puede que si sea por algo…—respondió apenas la bermellón, pero para Soyo eso era suficiente. No es como si pudiera obtener algo más.
— ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¿Cómo se llama? ¿De qué salón es? ¿Ya han salido?
—Espera, Soyo-chan. Cálmate. — Dijo teniendo competa atención de la castaña. — No… —suspiro dándose por vencida con las mejillas rojas, acepto todo. —No sé cómo se llama— dijo pudiendo ver la confusión en el rostro de su amiga —No es de esta escuela y como te darás cuenta no hemos salido.
—No es de aquí —dijo Soyo sentándose en la banca, sin entenderlo completamente —entonces ¿Cómo es su uniforme? Podríamos…
—No es de ninguna escuela —la interrumpió avergonzándose más —Ni si quiera sé qué edad tiene.
— ¿La persona que te gusta es mayor? ¿Es menor? Es un chico ¿verdad? —pregunto avergonzada por haber pensado que sería un chico.
— ¿Tratas de insinuar algo? —La miro aburrida.
— ¡Claro que no! Es solo que aún estoy sorprendida, nunca te interesaban estos temas. —tosió un poco tratando de cambiar el tema —No sabía que te gustaban mayores. Eso explica mucho— dijo sonriente. —aunque la pregunta sería ¿Qué tan mayor es?
— ¿De qué hablas? —preguntó.
—Es que eso explica porque no le haces caso a varios chicos de la escuela.
— ¿Hacerles caso? ¿De quién hablas?
—No es divertido si te lo digo— se rio. — Entonces, comencemos de nuevo. — Dijo Soyo sacando uno de los panes que había comprado Kagura, lo abrió y se lo extendió animada — ¿Cómo lo conociste? —Pregunto, ganándose un quejido de la bermellón.
—Esto es humillante —dijo con pesadez. Aceptando el pan que había abierto la castaña por ella.
—No, no, no. No nos iremos hasta que me digas todo.
Kagura miro con detenimiento los ojos de su amiga, había determinación en ellos y sabía que no se moverían de allí hasta que ella cantara. Eso y con la flojera que tenía para seguir resistiendo decidió hacerle caso.
—Tuganas, pero mi información tiene precio— se cruzó de brazos.
— ¿Pijama el viernes? Toda la comida que puedas comer. Lo acepto — Dijo divertida.
Kagura rodo los ojos, no tan convencida. Se mantuvo en silencio, recordando el día que vio al castaño salir del parque, recordó cuando había veces donde se quedaba escondida o simplemente se paraba indiferente viendo "hacia otro lugar" para ver como el policía se adentraba al bosque donde los niños no entraban por miedo a perderse. No va a negar que lo siguió, esto último saco un grito agudo de Soyo.
Kagura había visto al castaño a cierta distancia, ella vio como él abría la caja y le daba de comer al pequeño cachorro, quien al ser alzado se abalanza al rostro del castaño para darle lamidas y le daba cabeceadas tiernas. Soyo soltó un "Awww" que la incómodo einquieto. No puede negar que le fastidio que Soyo también lo encontrara tierno, tal vez comenzaba los famosos celos, pero solo ella quería tener conocimiento de eso. Solo ella quería hallarlo tierno y solo ella quería enamorarse de él. No dio más comentarios de eso. No le dijo que vio como el castaño jugaba con el pequeño can, retando al cachorro a jalar un peluche un poco más pequeño que el perro, sacando gruñidos tiernos que sorprendían y animaban al castaño a jalar un poco más fuerte, vio como lo acariciaba hasta hartarse y mucho menos que siempre al llegar le preguntaba "¿Cómo estás?" "¿Estás listo para salir?" se mordió el labio guardándose eso para ella.
Lo siguiente que le dijo fue que ella se quedó allí por horas, era obvio que debía esperar a que el castaño se vaya y cuando eso paso guiada por la curiosidad se aproximó a Sadaharu para acariciarlo, si bien el perro le meneo la cola al principio todo cambio cuando ella hablo. Sadaharu había soltado un chillido aterrado tratando de escapar de la caja, ella asustada lo cargo y lo pego a su pecho acariciándolo y dándose cuenta que, para el pequeño can, el policía que lo cuidaba era todo su mundo. Sonrió por ello, no conocía al castaño, pero sabía y daba por hecho que era una buena persona. No solo jugaba con el cachorro, porque eso cualquiera haría, sino que también cuidaba de él, en solo ver lo saludable que estaba y lo feliz que era, ella no pudo evitar acariciarlo cada vez que el joven se iba.
Termino su relato contándole a la castaña que desconocía la forma, pero Sadaharu había escapado o se había perdido al jugar. Encontrándolo con una joven desesperada por encontrarle un dueño al no ser capaz de tenerlo.
—Que buena mujer. Lo tuvo con ella hasta que encontró un dueño. — dijo Soyo asombrada.
— ¿Eso no es normal-aru? —pregunto extrañada la bermellón.
—No —negó la castaña con la cabeza — Si lo piensas… Sadaharu ha estado en una caja. Así que lo más probable es que el chico que te gusta lo encontrara en una.
—Es cierto.
—Hay personas que los dejan así, a su suerte.
—Que desgraciados-aru —dijo Kagura imaginándose en qué estado podría haber estado su pequeño Sadaharu. Si ella los hubiera visto, de seguro les habría dado la gran golpiza de sus vidas.
—Oye, ¿y que más pasó? —pregunto curiosa la castaña.
—Eso es todo, al parecer él desistió de buscarlo. Me quede en el parque algunos días, pero él solo pasaba y no miraba hacia allí.
—Por un momento pensé que era amor a primera vista, pero… —cambio de tema al escuchar la mueca de asco de Kagura —me doy cuenta que es más que eso. Has visto a través de él. Te enamoraste de sus buenas acciones— Kagura asintió dándole la razón con duda, no dijo que de lejos el castaño le parecía guapo, eso definitivamente se llevaría a la tumba— Es tan romántico, Kagura-chan —dijo finalmente endulzando su voz.
— Soyo, harás que el almuerzo me caiga mal-aru.
—Entonces eso es todo… no tenemos ninguna información de él. — Dijo Soyo preocupada — ¿no lo has seguido hasta su casa? ¿O has preguntado por su nombre? ¿El apellido?
— ¿Me has visto cara de acosadora? —pregunto indignada.
—Cla-claro que no, Kagura-chan—respondió nerviosa, al ser ese su primer pensamiento.
— ¿Su trabajo? —Pregunto —Seguro en su camisa tenía algún logo. O tal vez no es tan mayor y este en la universidad —comento emocionada.
— ¡Si! ¡Él es policía! Siempre lo veía holgazaneando de camino a la escuela, pero nunca me había llamado la atención. —recordaba claramente como a veces lo veía durmiendo en las bancas del parque o apoyado en alguna pared de una casa inmóvil.
—Ya que sabemos que él frecuenta esos lugares con ese motivo, es fácil de localizar.
—Lo sé, por eso… —se calló pensando en lo que diría.
— ¿Por eso?
—Es hora que Gura-sama comience con un ataque directo-aru. —respondió confiada.
Kagura quería empezar lo más antes posible. Ya no es suficiente seguir soñando el cómo se conocerá con el joven policía, era momento de vivirlo. Por desgracia para Soyo toda la semana tendría que quedarse en el club. Y no podría detener a Kagura, quien sabe si luego la bermellón se arrepentía y nunca más tendría el valor de hacerlo.
Con cuidado y cautela, y rogando por no tener la mala suerte que haya alguna revisión sorpresa para los alumnos. Soyo llevo un poco de su maquillaje, perfume, hilo y aguja.
— ¡No!
—Dijiste que querías recortar tu falda —protesto Soyo con una tiza en la mano.
—Pero momentáneo, si Gin-chan lo nota me comprara una más larga. — lo medito por un momento— Aunque sería genial Soyo-chan. Podría esconder muchas cosas ahí abajo.
Ambas escolares se miraron, sonriendo al mismo tiempo, Kagura se desabrocho la prenda para enrollarla un poco haciendo que le quedara seis dedos arriba de la rodilla. Muy alto para su gusto, pero esto hacia ver más largas sus piernas. Soyo le soltó el cabello volviéndola a peinar, con un spray perfumo el cabello bermellón Kagura dejándolo hidratado.
— ¿Hago el peinado de siempre? —Soyo miro a su amiga por el espejo.
—Si —respondió —Kagura —sabes que no puedo quitarme los adornos.
—Me parece bien. Con algo así, no se olvidará de ti. —este comentario logro sonrojar a Kagura.
Al terminar el peinado de siempre, enrollo los mechones que adornaban su cara con unos tubos de goma, dejo de prestarles atención para aplicar ligeramente polvo compacto que al momento de rozar con la pequeña nariz de la bermellón la hizo estornudar como toda una dama, el sonido desgarrador de un "achu" y el polvo compacto que con el ligero aire que salió de la nariz de Kagura hizo que la cara de Soyo quedara mal maquillada sin su intención. Haciéndolas toser escandalosamente.
Una vez arreglado todo el desorden con cuidado esparció un poco de rubor rosa para que diera vida a su pálida piel, rizo las pestañas. Finalmente, retiro los tubos de goma dejando pequeños rizos que desarmo levemente dándole un toque más juvenil. Para Kagura y Soyo ya todo estaba listo.
—Espera, ponme eso— Kagura ilusionada señalo el rímel que descansaba en el lavabo del baño.
—No creo que sea buena idea, nunca lo has usado, así que de seguro te pesaran las pestañas o peor aún podrías frotarte sin darte cuenta.
Kagura soltó un quejido desanimado.
—Yo quería saber cómo funciona.
—Pensé que te negarías a todo esto Kagura-chan—Soyo estaba muy sorprendida de verla interesada en los productos cosméticos. Era tan inocente la manera que Kagura quería probarlos, como si fuera el gran descubrimiento de una joya perdida.
Kagura, abrió los ojos desconcertada por lo recién dicho por su mejor amiga, sinceramente, le desagradaba todo el tema del maquillaje más por las personas que los usaban en la escuela o en algún reality con demasiada audiencia, las alumnas eran muy frívolas en la escuela, ocupadas metiendo sus narices en las revistas. Comprándose todo lo que salía. Debía admitir que era eso lo que más le desagradaba. Verlas absorbidas y criticando a quien no pensara como ellas.
—Esto me recuerda a mami—Kagura se miró en el espejo recordando que una vez tuvo la misma vista, hace unos años. Mostro una mirada nostálgica y triste que no pasó desapercibida por la castaña —ella tenía una mesa llena de cremas y maquillaje —miro hacia el techo recordando la esencia, la intensidad que sintió al verla, como si ella pudiera aparecer delante suyo, sonriendo serenamente— Muy pocas veces lo usaba. Una vez cogí esto— agarro el polvo compacto. —Y me lo esparcí en toda la cara —miro hacia los lápices de colores que tenía Soyo. Pensé que estos lápices negros eran para remarcar los lunares —se rio— no pensé que eran para los ojos.
—Yo también, pensé igual— Soyo rebusco en su neceser sacando un esmalte para uñas. — Una vez pinte un dibujo con esto —ambas se rieron.
—Yo pinte la radio de papi, así que ya no sabía que estación escuchaba.
—Oye, ¿y que te dijo tu mamá? —pregunto Soyo al ver un poco de brillo en la mirada de su amiga.
—Ella solo me llevo al espejo, y me dijo que no hacía falta que use todo eso porque yo era bonita.
Soyo la abrazo con cuidado. Si la castaña sentía unas ganas inmensas de llorar, debía suponer que la bermellón también.
Pero no, Kagura no lloro. Solo se apreció en el espejo. Sabía que en algún momento usaría esas cosas, en estos momentos se sentía más cerca de su madre, era extraño, pero esos aromatizantes olores la llevaban devuelta a China. Hace muchos años, sentada a un lado observando como su madre se colocaba con cuidado un labial, se giraba a verla y le plantaba un cariñoso beso en la frente debajo de su cerquillo que arreglaba, sonriéndole amorosamente, recordando que ella fue siempre un tesoro para esa bella mujer.
—Creo que ya es hora —dijo Kagura una vez que el recuerdo finalizo, había pasado tanto tiempo y ella solo lograba recordar pequeños fragmentos del tiempo que paso con Kouka.
—Si —dijo Soyo viendo el reloj.
Ya todo el alumnado debía haber ido a casa o estar en los clubes, ella pondría alguna excusa obviamente por el retraso, además que era la primera vez que llegaba tarde así que no la regañarían tanto.
Antes de despedirse, con la bermellón chocaron las manos y se repartieron un poco de sukonbu para calmar los nervios. Ahora todo dependía de Kagura. Era el momento que entre en acción.
La joven de ojos azules salió de la escuela con los pequeños cambios empleados en ella. Camino hacia su casa como siempre y antes de cruzar la pista se detuvo a mirar el semáforo, estaba en rojo, agudizo su vista hacia la otra calle encontrando una cabellera castaña, saco un frasco del tamaño de su dedo de la cartera y apretando el spray, una dulce esencia inundo sus fosas nasales y mojo su cuello, lo guardo rápidamente y cruzo la pista ante el cambio de color que la invitaba a cruzar, camino erguida, sacando el poco pecho que tenía. Un desconocido que cruzaba junto con ella se quedó mirándola aun cuando tenía que girar para la derecha.
Kagura camino directo hacia el castaño quien vestía el uniforme típico de los ladrones de impuestos, dudo un poco al tenerlo tan cerca, carraspeo llamando su atención "tiene cara de idiota" fue lo primero que se dijo a si misma cuando él se quitó esos lentes negros que impedían que viera su mirada carmesí ¡Quería tomarle una foto!
Y ahí fue cuando se dio cuenta que olvidó pintarse los labios con el labial que Soyo la había animado hace tiempo a usar porque era un color natural, perfecto para que ella no se avergonzara.
Kagura se perdió en su mirada, temerosa por su descuido "¿Debo abortar la misión? ¿Qué hago?" pensó.
— ¿Sucede algo? — Los ojos rojos dejaron de verla para ver arriba de su cabeza deteniéndose al a ver un tipo que miraba hacia ellos. Kagura giro la cabeza buscando la misma vista del castaño, era el tipo que cruzo con ella, no le quitaba la vista. Sougo creyendo entender la situación — ¿Acaso te están acosando? Papá no te dijo que debías dar una patada en la ingle si te tocaban.
—No —dijo apenas, sorprendida de escuchar su voz "Suena a que es un otaku virgen" "No te impresiones tanto Kagura"
—Entonces… ¿te perdiste? —"Ni que estuviera en primaria, cara de niña" pensó la pelirroja asociando de esa forma al castaño por las facciones tan delicadas que tenía.
—No… yo perdí mi identificación de estudiante— dijo mintiendo.
Claramente no era así. Pero no tenía ni idea de que excusa poner para hablar con ese idiota. Si bien se había arreglado para hablar con él, se olvidó de lo más importante, y véanla ahí. Muy en el fondo quería asegurarse que era un idiota que no valía la pena para tenerlo en sus pensamientos todos los días y para su desgracia en cada maldito instante.
— ¿Tu identificación de estudiante? —Pregunto de nuevo haciendo creer a la chica de cabello bermellón que era un retrasado— Acompáñame.
— ¿Para qué?
—Necesito tus datos, en caso de que alguien lo traiga. Además de revisar si ya lo llevaron ahí —dijo un poco irritado.
Se supone que hoy vigilaría las calles en aquella zona tranquila sin hacer nada, ahora venía una niña de ¿catorce años? Maldijo su suerte y a su jefe porque tendría que ver la cara de ese adicto al cigarro. La niña lo siguió en silencio sentía su mirada de vez en cuando. Llegados a la comisaria le pidió a "Jimmy" una hoja lista para escribir, miro a la mocosa que tenía una mirada irritada por que tres de sus compañeros no le quitaban la mirada. No sabía si arrestar a sus colegas, por ver con deseo a una menor o sentir lastima por la difícil situación que ellos pasaban para interesarse en cualquier par de piernas que se les cruce. Pero ¿unas piernas con pañales?
—Oigan, ¿No tienen nada mejor que hacer? —Pregunto al trío que miraba a la pelirroja, se asustaron por el tono de voz usado y se fueron disculpándose nombrándolo por el cargo superior al de ellos.
Quería terminar rápido e ir a comprar algo para comer.
Pidió a la joven que lo esperase, se acercó a Yamazaki preguntando si alguien había dejado algún tipo de identificación, ante la negación del pelinegro regreso sentándose en una cómoda silla al frente de donde estaba la pequeña estudiante para tomarle los datos.
— ¿Tu nombre?
—Kagura Yato
— ¿Edad?
—Dieciséis años —levanto su mirada para verla mejor y cogió un corrector para borrar el número catorce que había puesto, pensaba que las chicas de dieciséis eran más desarrolladas. Podía importarle menos.
— ¿Tienes alguna de donde pudiste perder la identificación? —Volvió a levantar su mirada ante el silencio de la adolescente — ¿No sabes?
—Yo… no lo sé— "Mil veces mierda" Si lo sabía, estaba ahí en su mochila, pero de repente su mente quedo en blanco y retrocedió un paso al ver que el castaño se había puesto de pie con una cara molesta.
—Dices que posiblemente esté en tu casa, bajo tu cama— "En realidad está aquí atrás, en mi mochila" se mordió la lengua para no soltar aquello, le pareció divertido la cara de molestia que el joven policía había puesto. Además, que ya le estaba molestando el tono que el castaño empezó a usar, como si ella fuera una tonta.
— ¿Me crees idiota? —Y ahí murió todo el acto de una joven madura y educada —Ese fue el primer lugar que revise.
El castaño oculto su mirada, quería agarrar a golpes a esa chiquilla maleducada que había perturbado su tranquila ronda, tal vez debería invitarla a que salgan afuera, llevarla a un callejón y darle un par de azotes.
—Pequeña— "zorra" pensó, definitivamente cuando esa mocosa creciera se volvería una molestia, esas típicas mujeres que se quejan de todo — ¿estás segura de haber revisado todo? Puede que mamá te esté esperando con eso en la mano —dijo tratando de sonar agradable, en vano porque Kagura ya se había dado cuenta de la actuación que daba el castaño porque era eso una simple actuación.
A Kagura comenzaba a temblarle su ojo derecho. Que se creía ese idiota para llamarla "pequeña" esa palabra comenzó a hacer eco en su cabeza molestándola, se había esforzado en verse como una adulta. Se había rizado las pestañas y había recortado su falda, sin olvidar que se había puesto un perfume caro de mujer. Puta publicidad falsa de seguro el chico del comercial volteo a ver a la chica por el escote ¿Es que no podían ser más específicos? De ser así se hubiera puesto un poco de papel de baño en el sostén.
—Señor —sonara cliché, pero si quería tratarla como mocosa, ella lo trataría como viejo, leyó el membrete —Señor Okita estoy segura, incluso puse a buscar a mi perro por toda la casa—dijo tratando de convencerlo.
Pero él estaba seguro de que era una mala broma o ella superaba la estupidez con límites, ¿cómo es que un perro buscaría una identificación?
— ¿Sucede algo? — pregunto una tercera persona en esta escena, un pelinegro un poco más alto que el castaño, era definitivo esa mocosa se había ganado un precioso segundo lugar en su lista de personas que torturaría, él quería pasar un día sin ver la cara del imbécil de su jefe, y ahora lo tenía en frente.
—No pasa nada Hijibaka-san.
— ¿Estás seguro, Sougo? Deberías estar afuera… Me llamaste Hijibaka ¿verdad?
En cuanto a Kagura más tarde se regañaría a si misma porque su corazón la traiciono al dar un brinco, por escuchar al sujeto que apestaba a tabaco llamar al castaño "Sougo".
"¿Tienes su primer nombre?"
"¡Si, por fin lo tengo!" Pensó un poco mareada por la abrumadora emoción que recorría su cuerpo y no podía manifestar con libertad sin parecer una chiflada. Trató de aguantar recalcando que la atiendan.
El pelinegro la miró,para luego fijar esos orbes azules al castaño mientras una sonrisa se asomaba de sus labios.
— ¿Sigues triste? — su voz sonó con un tinte burlón— ¿No puedes ni terminar con pedir los datos a un estudiante? —Suspiro— eres muy molesto. Vamos, dame eso, yo tomare sus datos
— ¡No! —Gritaron tanto Kagura como Sougo. La primera por no querer que interrumpa la charla que tenía con el castaño y el segundo no dejaría que le vieran como un estorbo.
— Pero ¿qué les pasa? — Pregunto confundido el pelinegro y algo asustado por el grito en conjunto.
—No hace falta ya término, Hijibaka-san—se recompuso el castaño volviendo a ver a la bermellón topándose con los enormes ojos azules de la escolar, quien pestañeaba tratando de parecer adorable, esto extraño a Sougo y Hijikata causando una mala impresión en el segundo nombrado.
—Dame tu número—pidió el castaño.
Esto la desconcertó un poco y la felicidad la inundo, había dado un gran avance, es decir ¿no era como avanzar un nivel? Le pedía su número, debería hacerse la difícil ahora.
—No te importa—lo miro soberbia cruzando sus brazos a la altura del pecho.
— ¿Ah? Maldita— susurro. Sougo había tirado al caño su personalidad de buen policía cordial con las personas por más que estas abusen de ser idiotas, tosió un poco ya que tenía a su superior a lado —y ¿cómo se supone que te llamen si encuentran tu identificación?
—No eres amable—se sorprendió la bermellón no dejando ver su reacción por más tiempo dándole una sonrisa forzada.
—Y a ti parece que te faltan neuronas —dijo Sougo perdiendo la paciencia. Por favor que alguien lo ayude. Se le arruinaron todos los planes, su estómago ruge por el hambre y ahora esa chiquilla lo mantenía ocupado por más tiempo del que él que debía dedicarle. Si no le daban el maldito teléfono él podía jurar que se llevaría a la mocosa a un salón más privado y le enseñaría algunas cosas dolorosas.
—Por favor, danos tu teléfono —intervino serio Hijikata interrumpiéndolos.
— Hijibaka-san, ¿no tienes nada más que hacer? — Pregunto Sougo con un falso tono amigable —ya le dije que yo me encargo.
— ¿Estás seguro? —Pregunto burlón—Parece que fueras a hacer algo de lo que te puedes arrepentir.
—Soy un profesional Hijibaka-san —dijo dulcemente —Jovencita, me daría su número por favor.
Ese dialogo saco un escalofrió en todos los oficiales de aquella comisaria mirando atentamente a la escolar. Kagura lo miro seriamente, dando un suspiro que liberaba toda la tensión que traía.
—No aguantas nada-aru. —Dijo tensando aun peor a los demás —además ¿no deberías disculparte? Si mal no recuerdo dijiste que me faltaban neuronas.
—Señorita— interrumpió ahora Yamazaki —por favor denos algún contacto. Si no tiene celular, el teléfono de su casa o un correo electrónico.
—Sí, o mejor aún que tal el número de tus padres… pequeña. —comento Sougo burlón.
Por más que fuera una escolar no dejaría de prestarle atención y no a su físico, pero si a sus reacciones, desde que menciono al perro algo en ella no le agradaba. Sougo había notado el desagrado de la bermellón ante la mención con inferioridad de su edad. Tomaría ventaja de esto ¿era infantil? Que importa, la molestaría para al menos saciar su enojo por su itinerario arruinado.
—Que grosero en llamar pequeña a una mujer, Señor Okita.
— ¿Una mujer? —Repitió burlón. Haciendo que tanto Yamazaki y Toshiro tragaran grueso— Esta bien, señorita— Sougo acepto en llamarla así, a ver si apresuraba su estancia ahí y se iban—Vamos deme algún contacto para localizarla, ando muy ocupado.
Kagura rodo los ojos ante la mentira recién dicha por el castaño.
—Si no fuera por mí seguirías durmiendo. Deberías agradecerme, por mi estas justificando el sueldo que recibes.
— ¿Qué dijo? —pregunto Hijikata mirando mal al castaño.
—Mocosa —Sougo la maldijo muy dentro de él ¿qué es lo que quería lograr esa mocosa? —Una niña no entendería el trabajo arduo de un policía.
— ¿Así? Pues no lo entiendo-aru. Solo me llevo una mala impresión de…
—Señorita, por favor cálmese —pidió Yamazaki.
—Oe, no interrumpas —lo regaño Toshiro, quien quería seguir escuchando lo que la bermellón había visto del castaño. Esto no se iba a quedar así. Él sabía que Sougo era un holgazán, pero mientras nadie se diera cuenta no solía tomarlo en cuenta.
Okita rio lentamente, el tono grave de su risa llamo la atención de los demás creyéndolo desquiciado.
—Creo entender… no tienes un teléfono celular… es eso ¿verdad? ¿Papá te dijo que no te lo compraría hasta que demostraras un poco más de responsabilidad? No te apenes, puedes darme el teléfono de la casa.
—¡Eso no es cierto! —se avergonzó la pelirroja, abriendo la mochila para sacar su celular blanco mostrándolo ante todos. Sougo se lo quito rápidamente alejándose de la bermellón que lo miro amargada.
—Muchas gracias por la colaboración— dijo el castaño agitando el móvil para prenderlo, el cual para su suerte estaba sin ningún patrón o contraseña. Reviso los contactos de la bermellón para dar con el nombre de "Yo" memorizo el numero tirándoselo devuelta a la bermellón quien lo cogió haciendo un puchero.
—Ten más cuidado— lo reprendió Hijikata, pensando en que el celular caería al piso esparciéndose en pedazos.
—Ella se lo gano. —Dijo Sougo mirando divertido el puchero de la bermellón y alimentando su ego al ser el causante de la mirada llena de furia retenida de la fémina. —Jovencita, nosotros nos comunicaremos con usted en caso de que alguien reporte su identificación. Aunque le aconsejo sacarse otro —comento, a decir verdad, no tenía ni a más mínima intención de volverse a contactar con la escolar malcriada —De igual forma ya están hechos los papeles puede irse tranquila a casa. —Dijo dando fin a la instancia de la bermellón en la comisaria
Kagura proceso lo recién dicho, sonrió agradeciendo a todos. Una vez que paso por el lado del castaño no pudo evitar mirarlo directo a los ojos, borrando la sonrisa que había brindado a los demás. Se sentía claramente estafada. Ese tipo no era ningún ángel y aunque en el fondo siempre pensó que tal vez había exagerado un poco. No se esperaba que aquel policía, Okita Sougo, fuera todo lo contrario. Un perverso demonio. Ella exigía que el devuelva la placa. ¿Cómo es que logro sacársela? ¿Dónde estaba su vocación de ser un cordial policía? Se notaba que era un amargado, tal vez un pedante. Sin embargo, no comprendía. Aquella estafa, la ilusión rota no era suficiente para que su corazón dejara de latir como loco ante la cercanía, ante la timidez y evasión de su mirada al chocar con la mirada rojiza de castaño.
Necesitaba conocerlo más. Tenía que decepcionarse, ella nunca se ha enamorado antes y era lógico que esto no bastaba para hacerla desistir. Kagura necesita adentrarse en su mente, comprender el funcionamiento de sus cables, cualquier cosa que lo lleve a actuar así.
El problema es que ya no sabe si quiere desistir de ese sentimiento o quiere buscar una excusa para seguir así, porque, aunque odiara las reacciones que él tiene en ella debe admitir que le gusta estar enamorada. Le encanta ese sentimiento recién descubierto que la pone de buen humor. La hace brincar de la cama y la ayuda a acostarse temprano solo para pensar en él sin que nadie lo notase.
Tal vez solo debía volverse importante para él. ¿Qué tan difícil puede ser? Ella es excelente haciendo amigos. Solo necesita tiempo para que ese tipo se doblegue de amor por ella, pero ahora…
—Nos vemos —se despidió la bermellón dando un pisotón fuerte en el pie del castaño logrando que emitiera un quejido lleno de dolor. No era de hacer menos. Ella tenía una increíble fuerza y que le haya tomado el pelo no aplacaba su enojo.
Salió victoriosa de la comisaría, solo por ahora se contentaría de hacerlo doblegarse de dolor.
Unas horas después nunca había pensado que sería tan difícil el contestar una llamada a Soyo, menos aún mentirle. Kagura no reporto algún avance significativo, solo que él no la tomo en cuenta, y que la había llamado pequeña. No importa lo que él piense porque vaya que iba hacerlo arrepentir de tratarla como una escolar de secundaria. Definitivamente cambiaria muchas cosas en él.
Pero por ahora debía ocuparse de sus tareas, como por ejemplo sacar a Sadaharu a pasear. Apenas abría la puerta el canino salía dando ladridos. Algo tierno para ella.
Una vez que llego al parque, animo a Sadaharu para que liberase todo el estrés que traía desde casa. Después de haber terminado de jugar Kagura no esperaba volverse a encontrar con aquella mujer que le regalo a Sadaharu. El can corrió hacia ella parándose y apoyándose sobre las piernas de la castaña quien se agacho a acariciarlo.
— ¡Has crecido mucho! —Comento la castaña sorprendida por verlo un poco más alto y robusto que el mes pasado— ¿Cómo te va? — Se dirigió al pequeño en lo que la bermellón se acercaba a medida que la correa retráctil cedía. La castaña se puso de pie mirando detalladamente a la escolar —Quería volverte a ver… eh…
— Kagura —completo la bermellón ante la duda de la castaña— ¿Cómo se llama-aru?
— Hijikata Mitsuba —sonrió la mujer. —De verdad, quería volver a verte, bueno en realidad volverlos a ver a ambos.
Kagura se inquietó por lo recién mencionado, pero aquella mujer no la asustaba, al contrario, por lo recién hablado con Soyo ya sentía que podía confiar en ella.
Sin embargo, lo que la joven no sabía es que muy pronto encontraría una nueva excusa para juntarse con el castaño.
Se que me he demorado mucho, lo siento. Pero aquí esta... al fin los dos se han conocido y ya pueden notar lo "bien" que se llevan.
Como se pueden haber dado cuenta... esto no será fácil para Kagura. Sí algo puedo pedir... es que le tengan paciencia a mi Sougo y no, no es que no se dará cuenta que trae loca a Kagura xD
Pregunta 1: ¿Ustedes creen que en el siguiente capitulo se vuelvan a encontrar?
Esta vez no puse ningún adelanto y la verdad es por que no estoy segura si lo tengo. Todavía estoy indecisa de con que escena continuar... solo puedo decir que Kagura la tendrá muy difícil.
Si les gusto, ya saben que pueden dejar review. Lo saben... lo saben...
