La confesión.

Capítulo 4.

XXIII

Volvió a ver a Eren en la hora del almuerzo y le dio el mismo trato de siempre, ignorando cada una de sus miradas suplicantes durante la comida. En las prácticas de la tarde lo obligó a entrenar duramente a la par de su escuadrón, bajo la exigencia de un grupo de elite, donde tuvo un desplante cuestionable. Luego se abocaron a su entrenamiento personal. Esto último fue tiempo desperdiciado. Eren no pudo transformase, estaba en exceso distraído.

—Oye, niñato, ¿acaso no te tomas esto en serio? —gruñó Aureo, increpándolo—. ¿¡Crees que es un juego!?

—Lo siento —se disculpó Eren, sin mirar a nadie en particular—. No he estado durmiendo bien y me siento cansado. Prometo que mañana cumpliré lo que debo hacer. Perdónenme por esta vez.

Petra le puso una mano en el hombro. Levi notó que a su oficial no se le había pasado por alto la actitud abatida del mocoso.

—¿De verdad estás bien? —preguntó preocupada.

—Sí, no se preocupe. Procuraré dormir bien hoy —insistió Eren, sin cambiar su versión. Petra tuvo que resignarse a esa respuesta, aunque por supuesto no le había creído ni media palabra. Que ella se atreviera a mirarlo a él en busca de una explicación era otra prueba de lo inconforme que estaba.

—Tch —masculló Levi—. Nos hace perder el tiempo.

—No sea tan duro, capitán —suplicó Petra.

—Sigan entrenando velocidad con el equipo de maniobras —mandó a los demás, ignorándola y luego se dirigió a Eren—: ¿Puedes hacer eso?

—Sí, señor. Puedo —respondió, poniéndose de pie tambaleante, le dio la espalda para seguir a los otros que ya se alejaban.

—No te sobresfuerces —ordenó.

—Descuide. —Eren se detuvo y le dio una mirada triste por sobre el hombro—. De verdad puedo hacerlo.

Y sin decir más, se unió al resto del escuadrón en los ejercicios. Para él era obvio que el chico no quería decepcionarlo fallando otra vez. Levi procedió a vigilarlo, dispuesto a detenerlo si lo notaba en su límite. No podía permitirle colapsar por motivos personales que nada tenían que ver con su preparación para la próxima expedición.

¿Iba a ser así de difícil separar lo sucedido entre ellos y su relación militar?

Si lo pensaba por él mismo, sí era capaz de hacerlo. Podía tratar a Eren con la distancia usual, tal como su posición lo exigía. Sus emociones ante su acercamiento sexual —evento imposible de olvidar debido a las molestias en la parte baja de su cuerpo— podían ser apartadas frente a lo importante: entrenarlos para sobrevivir.

Al parecer para Eren no era tan fácil.

«De verdad es un crío», pensó.

Definitivamente tendría que tomar medidas drásticas.

XXIV

No fue hasta la noche cuando volvieron a encontrarse a solas. Al menos ya había tomado una decisión importante para ese momento.

—Capitán… —suplicó Eren, alcanzándolo en un pasillo de la segunda planta cuando iba rumbo a su habitación.

—¿Qué? —respondió de mal talante, volviéndose hacia él. Su intención siempre fue hablar con Eren a la mañana siguiente por considerar que había tenido suficiente mierda para un día. Simplemente no tenía ganas de hacerlo en ese instante, aunque como ya era costumbre, el chico venía dispuesto a desbaratar hasta sus más mínimos planes, imponiendo su infantil voluntad.

—Está enfadado conmigo ¡y lo entiendo! Le juro que entiendo el por qué —largó Eren de corrido—. ¿Pero de verdad no tengo ni la más mínima posibilidad de iniciar algo con usted sin faltarle el respeto? No es mi deseo ofenderlo, pero no puedo renunciar a…

—¿Todavía no te aburres de lo mismo? —interrumpió.

Vio a Eren apretar ambos puños.

—Usted me dijo que ya había tenido lo que quería y eso no es así. Señor, puede ser que me haya malentendido. Cuando dije que "quería estar con el capitán" no me refería a tocarlo. Quiero estar con usted en todas las formas posibles, teniendo su cuerpo, su mente, su alma. Quiero recibir todo lo que usted pueda dar. Por favor, yo…

—Se acabó —cortó Levi. Apoyándose en la pared de brazos cruzados, le comunicó lo que había decidido hacer—: te transferiré.

Eren abrió los ojos, muy grandes y verdes. Lucía espantado por la idea.

—Quedarás al mando de quien decida Erwin —siguió hablando—. Probablemente será Mike Zacharias, quien es el segundo más fuerte después de mí. El tribunal lo aceptará.

—¡Señor, no es necesario que haga eso! —reaccionó Eren—. Por favor, hablemos claramente, tal como usted quería hacerlo esta mañana.

—Ya pasó el tiempo en que pudimos hablar y aclarar todo esto —desestimó lacónico—. He sido demasiado tolerante contigo.

Levi pudo leer al chico con facilidad: Eren sintió miedo al notarlo tan determinado a expulsarlo de su unidad. De ninguna manera quería terminar lejos de él. Eso expresaba su mirada.

—No me saque de su escuadrón, por favor, quiero luchar bajo su mando—suplicó.

—No me importa lo que tú quieras. Ya lo he decidido.

—Haré lo que usted quiera —insistió Eren.

—Muérete y desaparece —replicó de inmediato.

Eren se congeló. Bajó su mirada, asintió y se fue, visiblemente herido para los ojos de Levi.

—Así está mejor —dijo en voz alta, entonces elevó la vista al techo.

Hace horas había dejado de mentirse a sí mismo. Algo en su interior no se arrepentía de lo sucedido. Quizás porque nunca estuvo con alguien que pudiese ponerlo así de duro. Lo provocado por Eren había acabado siendo una sorpresa agradable. Una que no le interesó detener.

De esa forma terminó por asumir que, si estaba con la mierda hasta el cuello, había sido también por su culpa y ambos debían hacerse cargo de las consecuencias. Eren lo pagaría siendo transferido. El mismo lo pagaría admitiendo públicamente que era incapaz de hacerse cargo del crío, lo que era una perspectiva bastante humillante.

—Tch…

No creía que Eren entendiera de qué forma era difícil también para él la decisión que había tomado, pero en vista de su reciente conversación, su perspectiva cambió por completo. Eren parecía haber aceptado su derrota.

Quizás después de todo podía continuar con su deber, sin expulsar al mocoso de su escuadrón. Tampoco le parecía una decisión justa si tenía en cuenta que, siendo un superior, la mayor cuota de responsabilidad era suya por haber aportado para llegar a ese nivel de caos.

XXV

Petra sabía que algo andaba peor que nunca. Podía sentir una tensión invisible entre Eren y el capitán Levi. El primero parecía quebrado, como si de pronto hubiese perdido toda voluntad para moverse y estuviese caminando por mero impulso. El capitán, en cambio, estaba actuando igual que siempre, aunque parecía observar con preocupada atención cada maniobra del chico.

Los otros miembros del escuadrón también tenían miradas extrañadas en sus rostros.

—¿Eren está enfermo? —dijo Gunter en voz alta—. Luce terrible.

Petra presentía que esa no era la razón. Teniendo en consideración lo que había visto aquel día, con Eren noqueado por el capitán, sabía que algo más había pasado entre ellos. Algo infinitamente más terrible.

Una vez más se cuestionó qué diablos estaba sucediendo, pero intentar averiguar algún detalle enfrentando a su superior sería tiempo perdido. Lo conocía lo suficiente para saber que no le diría nada.

¿Preguntarle a Eren en ese estado?

Eso estaba fuera de discusión. Le parecía cruel hurgar en la herida y convenció a sus compañeros para respetar el silencio del muchacho.

—Confíen en Eren —instó, con energía—. Nos contará lo que le está sucediendo cuando se sienta preparado para ello.

—¿Por qué deberíamos darle ese espacio? —masculló Aureo, con tono de reclamo—. Desde que llegó no ha hecho más que traerle problemas al capitán.

—Porque ahora es uno de nosotros —replicó Gunter.

—Estoy de acuerdo —intervino Erd—. Mantengámonos al margen de la situación.

Petra les dio una mirada agradecida y se giró hacia Aureo:

—Desde ahora controlarás tu antipatía con Eren —amenazó—. Si no, yo misma te daré tu merecido.

Aureo pasó saliva intimidado y desvió la vista hacia un lado.

—Hagan lo que quieran —dijo en tono de orden.

—Sigue sin resultarte el imitar al capitán —suspiró Petra, pero al menos había logrado su objetivo.

«Si nos necesitas, confía en nosotros, Eren —pensó preocupada—, estamos aquí para ti».

XXVI

Mike ingresó al despacho y sonrió. Erwin que lo conocía bien comprendió de inmediato a qué se debía.

—Vaya —se sorprendió—, eso es algo que nunca pensé que podría suceder. Incluso cuando eres tú quien me previno de ello.

—Levi huele a Eren. A kilómetros.

—Entiendo.

Erwin puso una expresión de preocupación.

—Me gustaría ser tan positivo al respecto como tú —comentó.

—Descuida —dijo Mike, mirando por la ventana, le dio la espalda—. De este modo el chico pasará a ser algo más que su máxima responsabilidad. Lo protegerá con todo su poder, pase lo que pase, incluso si los que aprecia resultan muertos.

—Esperemos que no sea así —replicó Erwin.

—Si nos atacan de la forma en la que tú crees que sucederá, es fácil determinar que al menos el 40% de nuestras fuerzas serán eliminadas. Si considero que el escuadrón de Levi tendrá la mayor responsabilidad resguardando a Eren, es posible que sean exterminados.

—Eres alguien temible, Mike.

Erwin no le había dado mucha información sobre la próxima expedición, pero el mayor había llenado los vacíos con impresionante precisión.

—Podría decir lo mismo de ti —replicó Mike, inclinándose sobre él, selló sus labios en un beso profundo. En medio del contacto, Erwin fue capaz de colar su pensamiento más honesto:

—Me alegra tenerte de mi lado.

XXVII

Levi bufó exasperado. Esa mañana estaba siendo un caos, ya que un soldado no identificado había asesinado por la noche a Sawney y Bean, los titanes en los que Hanji había estado experimentando. Erwin lo mandó a llamar con Zacharias. Suponía que para determinar cómo proceder, por lo que ambos se encontraban caminando en silencio en esa dirección.

Mike inspiró ruidosamente.

—Te he dicho que no me huelas —masculló Levi.

—Hueles distinto, Levi.

Levi apretó los dientes ante el tono insinuante. ¿Era posible que supiera lo que había pasado con Eren? Maldición, quizás sí. Zacharias tenía fama de oler a los titanes a más de dos mil metros de distancia.

De reojo vio a Mike sonreír victorioso al notar que el golpe había tenido efecto. Levi rumió su molestia en su fuero interno y no tardó en replicar tocando el punto que sabía más sensible:

—Yo no necesito olerte para saber a "qué" hueles —insinuó de vuelta—, quizás debamos preguntarle a más gente si piensa lo mismo.

—No te atreverías —aseguró Mike, tranquilo.

Levi lo había tratado lo suficiente para notar, detrás de su careta, el tono de preocupación.

—Ni te molestes en descubrir de lo que soy capaz —desafió—. Me pregunto cómo sería para ustedes si perdieran su tranquila privacidad.

Entró sin tocar. Erwin lo miró extrañado y cruzó una mirada con Zacharias. Levi notó al perro hacer un gesto en que se podía leer que sí, habían discutido, pero que no tenía importancia, antes de retirarse y salir.

Erwin no tardó en comenzar a explicarle los detalles de la próxima expedición. Iba a ser complicada, quizás como ninguna otra. Y el plan estaba basado en proteger a Eren. A lograr que regresara con vida sin ningún rasguño mientras detectaban a los infiltrados. Era obvio, ahora más que nunca, que el enemigo estaba entre ellos. Erwin parecía haberlo visto venir antes que todos.

—¿Estás de acuerdo? —preguntó Erwin, al terminar de exponer.

—Tu cortesía está de más. Si lo has decidido, no puedo hacer nada.

—Estás más cortante de lo usual, Levi, ¿ha pasado algo?

Levi pensó con bastante intensidad que ya estaba cansado de las insinuaciones, por lo que guardó silencio.

—Me han reportado que el estado anímico de Eren no es el mejor —comentó Erwin, como si hubiesen estado hablando de ello.

Levi le mantuvo la mirada y Erwin cerró sus ojos.

—Averigua qué le sucede y haz algo sobre eso —ordenó—. Lo necesitamos en las mejores condiciones para partir. Además, debe controlar al titán al menos un día antes de nuestra salida.

—¿Es todo? —preguntó Levi, desinteresado.

—Es todo —confirmó Erwin.

XXVIII

Levi alcanzó a avanzar un par de pasillos, luego de salir del despacho de Erwin, antes de encontrase con Eren, quien venía corriendo en su dirección. Se puso a la defensiva, pues le recordó una situación que ya habían vivido. Sin embargo, Eren no se lo llevó de encuentro, si no que se detuvo a tres metros de distancia.

—Lo dejaré en paz, pero por favor, no me saque de su escuadrón —jadeó, agitado por la carrera, poniendo las manos en sus rodillas. Para Levi fue claro que se acababa de enterar de su entrevista con Erwin y había corrido por él pensando que el motivo de su reunión era su transferencia—. De verdad quiero luchar bajo su mando. Es lo que más quiero. Por favor, reconsidérelo.

Lo midió en silencio, parecía genuinamente preocupado.

—Señor —agregó Eren, poniéndose más serio—, de verdad estoy arrepentido de mi forma inaceptable de acercarme a usted.

—Lo hecho, hecho está. No debes arrepentirte. Es lo que querías, ¿no?

—Sí —reconoció Eren—, pero no es lo único que quiero de usted.

—No tengo nada más, muchacho idiota —cortó.

—¡Usted no me entiende! —exclamó Eren frustrado.

—Ni me interesa hacerlo. Si eso era lo que necesitabas para mantenerte en un comportamiento correcto, lo acepto —afirmó, con tono calmo—. Ahora cumple con tu deber controlando al titán. Pronto saldremos de expedición y es necesario que lo domines a más tardar mañana. Lo sucedido hoy ha acelerado todos los planes.

Eren dejó su mirada descansar en el suelo.

—¿Entonces… no me sacará de su unidad?

—No lo haré —replicó. El chico elevó el rostro sorprendido—, pero compórtate desde ahora, Eren. No hay espacio para más errores.

Y con eso se refería ambos. Como capitán, su resolución final había sido asumir la responsabilidad sobre las acciones de Eren, al igual que sobre las propias que hubiesen permitido que la situación llegara al punto que habían alcanzado. Desde ahora no erraría de nuevo y tampoco permitiría que él lo hiciese.

El mocoso también pareció comprender la importancia de lo dicho, pues su mirada mostró determinación y dijo:

—Sí, señor. No lo decepcionaré.

XXIX

Tras esa conversación, Eren por fin comenzó a actuar correctamente y todo pareció estar en su sitio. A la mañana siguiente lo vio correr a cuadrarse y soltar su típico saludo: "Buenos, capitán Levi". Esa era una rutina que nunca había variado desde el primer día en que llegaron al castillo.

A Levi le seguía dando la impresión de que solo le faltaban las orejas y la cola para parecer un perro faldero. Pero a pesar de que volvía a cumplir con sus costumbres y responsabilidades de forma eficiente, se le notaba decaído.

Entrecerró los ojos. No estaba seguro de qué sentía frente a eso, pero le molestaba verlo con esa actitud tan apagada.

—Señor, ¿Eren está bien? —preguntó Petra, parándose a su lado. Desde allí podía ver al mocoso hablándole a un caballo, durante un minuto muerto de su entrenamiento y formación en cabalgatas.

Ante su silencio, ella agregó:

—Estoy preocupada por él. Se le ve como… roto. Herido a más no poder. ¿No es muy niño para sufrir así?

Levi, que había leído el historial de Eren, sabía que el crío había pasado por cosas peores en el ataque a Shinganshina. Esto no debería serle tan difícil de sobrellevar, pero contrario a lo que esperaba, parecía estarle afectando mucho. Alguna cosa molesta tendría que hacer al respecto. Y no solo por las órdenes que Erwin le había dado.

Algo en su interior rugía por reparar al chico que, según su subordinada, había roto.

—Maldito niñato…

Petra lo miró con sorpresa.

—Estará bien —prometió—. Concéntrate en tus deberes, Petra.

XXX

Eren se sintió triste y enrabiado cuando su madre había muerto, pero más que nada impotente por no haber podido hacer nada para evitarlo. Ahora volvía a tener esa combinación de emociones, por motivos muy distintos, pero que no lastimaban menos. ¿Tuvo alguna vez posibilidad de algo con el capitán? ¿O todo había sido una fantasía?

Ya no podía estar seguro. Nunca vio nada que lo hiciese pensar, en realidad, que Levi tenía algún interés por él, pero de algún modo se le había metido en la cabeza que podría… ¿tentarlo? Ni siquiera entendía cómo lo había pensado.

Quizás el problema era que no lo había pensado. Ni un poco.

Ahora tenía claro que nunca tuvo ningún derecho, ni para tocarlo, ni para desearlo, ni para… celarlo. Ni para imaginarse el más mínimo beso con él.

Pero al instante en que pensaba en eso recordaba la ocasión en que pudo entrar a su boca. Había sido breve, pero su sabor, oh, su sabor no podía olvidarlo, al igual que su miembro endurecido entre sus manos.

Entonces le era imposible evitar masturbarse al recordar el cuerpo del capitán entre sus brazos, aunque al final, saber que nunca lo tendría de esa forma de nuevo lo llevaba a sentirse desgraciado tras todo ese placer. Lo más patético era que le entraban ganas de llorar, pero se las aguantaba.

Tenía lo que merecía, ¿no? Él se lo había buscado.

Había logrado alejar al capitán Levi más allá del punto en que podía hacer algo para recuperarlo.

—¿Recuperarlo? —repitió en voz alta— No puedo recuperar lo que nunca tuve.

Continuará…


¡No duden en comentar! Hasta la próxima ;)