¡Hola queridos lectores! ¡Espero estén súper dúper! En realidad no sé si "dúper" llevará acento, pero como creo que es un juego de palabras de súper supongo que sí (?... Okey, ya me estoy yendo mucho del tema… ¡Aquí les traigo un nuevo capítulo del fic! Muchísimas gracias a todos por leer, me animan un montón a seguir! Pero quiero hacer un agradecimiento especial a Solitario196, gracias por seguir mis fics, por tu apoyo, por tus lecturas, y por tus reviews diciéndome qué te parece cada fic úwù

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¡Ni One Piece ni sus personajes me pertenecen, le pertenecen a Eiichiro Oda!

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Luffy, el chico de la selva

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– Disculpa, tenemos pasteles en oferta especial en la hermosa pastelería que hay justo frente a este parque – Le dijo una chica vestida con un traje rojo bastante extraño, entregándole un folleto de cómo preparar pastel de mandarinas como promoción del local, además de decir las ofertas que tenían. Luffy no le contestó nada esperando que se marchara, pero en vez de eso la mujer se quedó mirándolo fijamente.

– ¿Pasa algo? – Preguntó el moreno curioso.

– Ah, no… Es solo que… ¿Puedo saber cómo te llamas? – Preguntó la chica un poco sonrojada y entrelazando sus dedos.

– Monkey D. Luffy – Contestó el chico sin querer decir más y mirando el folleto que tenía entre sus manos sin poder entender nada de lo que decía, además de las mandarinas que había junto al pastel. Esa chica lo tenía un poco nervioso con su vista fija en él, tenía miedo de hablar demás y que se diera cuenta que no sabía expresarse muy bien.

– Monkey D. Luffy… Bonito nombre, yo me llamo Hancock, Boa Hancock, es un placer – Volvió a hablar la pelinegra estirando su mano para que él la besara, cosa que no ocurrió porque estaba demasiado concentrado tratando de descifrar las letras del folleto.

– "Que raro… Esto nunca suele ocurrir" – Pensó mirando de forma extraña al chico, y para llamar su atención se sentó junto a él y le preguntó – ¿Tienes número telefónico? – De manera coqueta, enrollando en uno de sus dedos un mechón de cabello.

– No… ¿No deberías volver a trabajar? Si te ven holgazaneando creo que tu jefe se va a enojar – Contestó Luffy levantando por fin la vista hacia ella, eso era lo que ocurría según lo que Nami le había contado y siendo ella jefa de toda una empresa...

– ¿Quieres decir…Que no sabes quién soy? – Volvió a preguntar la pelinegra boquiabierta.

– Nop – Fue lo único que contestó Luffy cruzándose de brazos y mirándola algo extrañado ¿Se supone que debía conocer a más personas? Más tarde tendría que pedirle un libro a Nami con fotos de más personas que solo las que salen en la tv.

– Ya… Ya veo… Bueno, para que te enteres yo soy la famosa Hancock, dueña de las pastelerías Hancock alrededor de todo el mundo, además de ser una muy famosa modelo y actriz… ¿De verdad que no sabes quién soy? – Volvió a decir casi no creyéndose que un hombre en la faz de la tierra no la conociera o supiera de ella.

– Bueno yo soy Monkey D. Luffy y no se lo voy contando a todos – Le dijo el moreno encogiéndose de hombros y sin entender lo que era una "modelo". Sabía lo que eran las actrices y actores gracias a los dramas que veía por la televisión.

– "Debe ser alguien de mucho dinero para andar por estos barrios y vestidos con ropa a la medida de diseñador, y es de la marca N&N, una de las más caras… Además si dijo eso de su nombre es por algo…" – Pensaba la pelinegra mordiéndose una de sus perfectas uñas mientras que hablaba entre dientes para sí misma – Esto es el colmo – Susurró. Cuando de pronto se le ocurrió algo. Debía tener si o si a ese chico rendido a sus pies, así que como bien le decía su sabia abuela "A los hombres se les conquista por el estómago".

– Tengo una idea, te regalaré uno de mis pasteles recién hechos, solo porque hoy es el día en el que estoy estrenando este nuevo local, pero si me prometes volver a comprar alguno – Le ofreció Hancock con una radiante sonrisa. Esa frase hizo que a Luffy se le iluminara el rostro, lo meditó unos cuantos segundos y luego habló.

– Bien, pero sólo si yo escojo el pastel – Le contestó finalmente mirándola con una enorme sonrisa.

– Claro, ven vamos – Y sin decir más lo tomó de un brazo y lo llevó con ella hasta el lugar. En el camino muchas personas los detuvieron para pedirle autógrafos a la bella mujer, para adularla o simplemente para saludar, aunque hubo otros que los fotografiaron discretamente con otro tipo de intenciones… Y Luffy, algo distraído, se le arrancó un par de veces porque olía distintos tipos de comida, por lo que Hancock varias veces debió salir de entre sus fans para correr a sujetarlo y que no se le escapara. Era peor que un niño pequeño.

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La pastelería estaba pintada con tonos pastel rosa y celeste, había muchos adornos por todas partes y unas pequeñas mesas de estilo barroco esparcidas en el amplio lugar. El aroma a dulce, galletas y pasteles lo impregnaba todo y las empleadas del lugar eran únicamente mujeres, las que estaban impecablemente uniformadas y peinadas de la misma forma. Había muchos pasteles que parecían deliciosos pero a Luffy se le había metido uno solo en la mente y era el que había visto en el folleto de antes.

– Entonces ¿Cuál vas a querer? – Preguntó de pronto Hancock poniéndose frente a él con sus abultados senos. De seguro eso llamaría su atención.

– El de mandarina – Contestó sin rodeos y apuntándolo como un niño pequeño, sin tomarle mucha atención a su figura.

– El…De mandarinas…Curioso… Es el que las personas menos compran… Bueno, chicas denle el que está pidiendo – Y sin tener que decir nada más una de las muchachas sacó el pastel, lo envolvió en una bonita caja y se la entrego.

– Si eso es todo entonces me voy – Dijo Luffy tomando la caja y comenzando a caminar hacia la salida, pero Hancock se puso en la puerta impidiéndole salir.

– Recuerda que debes volver a comprar aquí – decía ella guiñándole un ojo coquetamente.

– Claro, lo prometí después de todo, hasta otra Hammock – Diciendo esto esperó unos cuantos segundos mirando seria y fijamente a la pelinegra, acción que hizo que el corazón de la famosa mujer se acelerara, hasta que ya no pudo sostenerle la mirada y se corrió de la puerta para dejarlo marchar, pudiendo escuchar como las muchachas del local se despedían al unísono de él, pero entre todas la que más sobresalía era la melosa voz de la dueña del local
– Es Hancock~ –.

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Nami mientras tanto se apresuraba en terminar todos sus quehaceres, reuniones y demás para poder partir a su gran departamento, y no era precisamente porque estuviera cansada. Ese día había tenido una importante reunión con una de sus mejores amigas, Nico Robin, una de las empresarias más exitosas del país con la que estuvo largo rato hablando de negocios pero sobre todo de sus vidas. Había debido asistir a una charla de moda contemporánea para poder hacer los bocetos de la nueva temporada de ropa, debió firmar distintos papeles de autorizaciones, contratos y nuevos horizontes, tuvo tiempo para charlar incluso con Vivi y contestó algunas llamadas. En resumen; había hecho todo lo que tenía planeado y sólo le quedaba ordenar su oficina para marcharse por fin a su hogar pero algo, un gran, pesado y molesto obstáculo la detuvo.

– Hem…Nami, ha venido Sanji con un enorme ramo de flores y… Está esperando a que des el consentimiento para que pueda entrar en tu oficina – Le dijo Vivi, la que la había llamado por teléfono para no arriesgarse a abrir su puerta y que aquel tipo entrara.

– Dile que estoy muy ocupada y que no tengo tiempo para molestos problemas – Y sin más colgó el teléfono, pero en el instante en el que lo hizo su puerta se abrió de par en par.

– Cariiiñooo~ No te pongas así… Sabes que yo – Pero antes de que terminara la frase Nami ya había llamado a los guardias y estos estaban detrás del rubio tomándolo cada uno de un brazo.

– Creo que te dije que no quería volver a ver tu asquerosa cara en toda mi vida – Le dijo de muy mal genio la pelinaranja cruzándose de brazos y acercándose al chico.

– Cariño por favor…solo dame diez minutos y si después de eso no quieres volver a verme lo entenderé… Por favor – Suplicó Sanji mirándola con puchero, y Nami harta de todo el alboroto que siempre armaba miró la hora; Las cinco y cuarenta, aún tenía tiempo y si sólo eran diez minutos no habría problema.

– Bien…Déjenlo, iremos a tomar algo a la cafetería del primer piso y podrás decir lo que quieras – Diciendo esto los guardias lo soltaron, ella se despidió de Vivi y bajaron en su ascensor personal hasta la cafetería.

– Nami, todos los mensajes que te envié eran verdad… No puedo vivir sin ti, nada de las comidas que preparo saben igual, los chicos en el restaurant se burlan de mí, que soy su jefe, porque me equivoco de condimentos, ¡De condimentos! Eso sí que dice que estoy mal… ¿Entiendes?… Simplemente no puedo vivir sin ti… Piensa en la asociación que tenemos entre nuestras empresas – Le decía calmadamente el rubio mientras que se fumaba un cigarrillo.

– Ajá… Si eso era todo me voy, tengo cosas más importantes que hacer – Y diciendo esto se levantó y se dispuso a salir hacia el estacionamiento, pero Sanji la frenó tomándola del brazo.

– Vamos mi naranjita, no te pongas así… Sabes que me deseas tanto como yo a ti – Insistía Sanji casi con tono suplicante.

– Oh sí, mira cómo te deseo – Le dijo Nami dándole un fuerte empujón y aventándose dentro del estacionamiento camino a su Porsche.

– ¡Nami! ¡Creo que si sabes lo que te conviene deberías volver conmigo! No va a haber ningún otro chico que quiera estar contigo con ese carácter tan antipático y volverás a ser la solterona que eras cuando te conocí… ¡Pronto la prensa se enterará de todo y quedarás arruinada! ¡Recuerda que sé todos tus secretos Nami, y estoy seguro de que la prensa los atesorará más que yo! – Exclamó ya un poco cabreado el rubio caminando apresuradamente al lado de la chica.

– Si es así como pretendes que vuelva contigo, deberías volver por donde viniste, llevarte tus mugrosas flores y pegarte un tiro …Además te recuerdo que eres tú al que pillé en la cama con otra mujer así que el más perjudicado serías tú, además… ¿Quién le va a creer a un simple chef? – Y sin más echó a andar el motor, que rugió suavemente, y se marchó a toda velocidad.

¿Cómo era posible que él fuera capaz de tratarla de esa manera? Es decir, fue él quien la engañó, ella lo único que hizo fue tratar de amarlo y de ser feliz, lo dio todo por él, pero al parecer el amor era algo que estaba fuera de su alcance, después de todo Sanji tenía razón, ella sería una solterona. Ella no tenía corazón. Incluso su madre se lo decía cada vez que podía… Y de todas maneras había personas que nacían para el amor y otras que no, y ella pertenecía al segundo grupo.

Fue tanta la velocidad que alcanzó en el auto hasta su casa que en diez minutos ya se estaba estacionando. Tenía demasiada rabia, impotencia y decepción que no quería ni ver al moreno, por lo que al entrar su charla no fue muy agradable.

– Bienvenida – Le dijo feliz Luffy, que estaba sentado en el sofá de la sala de estar mirando revistas.

– Hola – Fue lo único que contestó Nami antes de pasar directo a su habitación y cerrar la puerta sonoramente.

– Nami, llegas un poco tarde ¿Estás bien?… Supongo que no vamos a salir ¿Verdad? – Le preguntó el moreno un poco preocupado desde afuera de la habitación, con el rostro pegado a su puerta.

– No, ahora déjame en paz ¿Si? ¡Y si quieres también desapareces! – Le gritó desde adentro de forma cortante y sin añadir nada más.

– Bien…yo…–Pero no quiso terminar la frase y se marchó a la cocina, metió la caja con el pastel en el frízer y se fue de la suite, dejando a la pelinaranja completamente sola.

Nami sintió cuando el moreno salió del departamento pero andaba de tan malas pulgas que ni si quiera quiso intentar frenarlo, después de todo él conocía el área y sabía cómo llegar ahí, además de seguro que se había enfadado y no la hablaría así que, qué más daba. Pasaron las horas, el sol se había ocultado hacía ya un buen rato y Luffy aún no regresaba, por lo que Nami –a la que se le había pasado todo el mal humor con una ducha – comenzó a preocuparse.

Salió de su habitación, en la que había pasado toda la tarde haciendo bocetos, y se paseó por el lugar hasta llegar a la cocina, donde abrió el refrigerador para beber algo de agua fría, topándose con la pequeña cajita rosada con bellos adornos diminutos. La sacó para examinarla y al ver la marca de la pastelería se sorprendió un poco; pastelerías Hancock era una de las más finas y exclusivas. La abrió y vio que había sido pellizcada, entonces supuso que eso era obra de Luffy, quien la había recibido con el mejor de los ánimos… Y ahora le estaba bajando toda la culpa por la estúpida actitud de cría que había tenido con él.

– Dios…Que idiota fui… Se suponía que hablaríamos sobre el accidente y yo… Le hablaría del trabajo y… Soy una tonta – Se dijo a sí misma sentándose en uno de los asientos junto a la barra de la cocina americana, afirmándose el rostro con ambas manos.

– Para empeorarlo todo, trajo mi pastel favorito…Tengo que ir a buscarlo, está haciendo demasiado frío y él solo anda con una camiseta encima –Y sin pensárselo dos veces se puso uno de sus remeras con capucha y tomó sus llaves – Y debo darle un teléfono celular…– Dijo finalmente saliendo a toda prisa del gran apartamento.

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Luffy, desde que había salido del edificio había empezado a sentir hambre, por lo que sin pensarlo comenzó a buscar alguna tienda en la que vendieran comida. Primero entró a una peluquería pensando que esas enormes cosas que le ponían a la gente en la cabeza eran videojuegos como los que salían en la televisión, pero en cuanto cruzó la puerta supo que no saldría en un buen rato de ahí. Las chicas que atendían lo miraron de pies a cabeza: traía ropa cara, tenía un bonito color de piel, el cuerpo bien definido… Pero su rostro no se distinguía muy bien con la enorme cantidad de pelo que traía alrededor.

– Hola guapo ¿Quieres un cambio de look? – Le preguntó coquetamente una de las chicas, acercándose rápidamente a él para que las demás supieran que sería su cliente.

– Cambio de look… ¿Eso es comida? – Preguntó él algo distraído y mirando con sorpresa todos los implementos que había en los mesones, y la gran cantidad de espejos. Podía verse desde todos los ángulos, pero lo asustó un poco el ver tantas tijeras, potes con líquidos raros, mujeres ancianas muy maquilladas y navajas abiertas.

– ¿Comida? – Preguntó riendo la chica – Eres muy divertido… Ven te arreglaré ese cabello, tienes demasiado y de seguro tu rostro merece ser más visible – Le dijo, para tomarlo de un brazo y sentarlo frente al espejo.

Le colocó una fina capa blanca encima, le mojó el cabello y se lo cepilló, todo con una rapidez única. Y Luffy estaba dejando que le hicieran lo que quisieran: había visto en los dramas que, siempre que las chicas entraban a lugares así salían guapas, así que él también lo intentaría… Si quedaba guapo Nami se sorprendería, eso era algo de lo que estaba seguro. Poco a poco vio como enormes cantidades de pelo llenaban el suelo, y para cuando la chica terminó, su cabeza se sentía más liviana. Tenía en cabello corto, traía un peinado cool, podía ver bien su rostro en el espejo, pero sobre todo se sentía observado.

– ¡Sabía que eras guapo! ¿Y qué tal? ¿Te gusta cómo quedaste? – Le preguntó finalmente la estilista, volteando la silla en la que él estaba sentado para que todas pudieran verlo mejor.

– Sí… me siento… Guapo… O mejor dicho, siento mi cabeza más liviana – Contestó rascándose algo extrañado la nuca. Era raro sentir tan poco cabello entre sus dedos.

– Guapo, ¡Si ya eras guapo cuando entraste aquí! – Le dijo otra de las chicas que trabajaba ahí.

– Es cierto ¿Cómo te llamas? ¿Tienes novia? – Le preguntaba una tercera, acercándosele con las tijeras en la mano.

– Me llamo Monkey D. Luffy, y no tengo novia – Contestaba algo abrumado al ver que todas lo miraban con curiosidad y se le acercaban lentamente. Esto no era lo que siempre pasaba en la televisión…

– Ya me tengo que ir… Tengo hambre así que… Adiós – Les dijo a todas, poniéndose en pie y sacándose la capa de encima, para sin más correr a la salida. Las chicas se le estaban acercando demasiado y sus instintos de peligro se habían activado sin que lo quisiera.

– Tan guapo… ¡Ah! ¡No me pagó! – Decía la chica que lo había atendido, corriendo hacia fuera para ver si lo veía, pero ya se había esfumado.

– Esas chicas eran agradables pero… De pronto se pusieron medio locas…– Susurraba Luffy, aun tocándose un poco el cabello.

Era extraño sentir la brisa tan fresca en su cabeza, pero le agradaba. Y entonces olfateó a lo lejos algo que llamó su atención: olía como los espaguetis que Nami le había preparado una vez. Sin pensarlo se dejó llevar por su olfato, se metió por unos pasajes angostos y llenos de gatos, tuvo que cruzar muchas calles y en una ocasión incluso casi lo chocan, pero él corría más rápido que nadie así que se había salvado por un pelín, hasta que finalmente llegó a un pequeño restaurante familiar que estaba medio escondido en otro de los tantos angostos pasajes. Entró sin saber muy bien si estaba abierto o cerrado – aunque en realidad eso le daba igual – Y se quedó parado frente a un mesón.

El lugar era pequeño, tenía poquitas mesas y las ventanas a duras penas iluminaban pero, en sí, resultaba extrañamente acogedor, con sus cuadros pequeños esparcidos por las murallas, las alfombras de distintos diseños y las mesas con sillas diferentes. Le agradaba. Y estaba observando todo en busca de alguien que pudiera alimentarlo, hasta que de la cocina salió una chica secándose las manos con un trapo.

– Oh, hola ¿Tú debes ser el reemplazante? Ven, sígueme, te mostraré lo que debes hacer – Le dijo, sonrojándose un poco. No sabía que el reemplazante de su primo sería tan guapo.

– Verás, es que vengo aquí buscando comida – Trataba de explicarle el moreno pero ella no estaba escuchando.

– Lo único que debes hacer es lavar la losa, y si te da hambre en el refrigerador hay comida… ¡Y eso sería todo! Yo ahora debo ir a comprar un par de cosas, pero si llegan clientes no te preocupes, el cocinero vendrá de inmediato a pedirles la orden y preparar lo que sea que pidan, así que ¡Nos vemos después! – Y habiéndole explicado todo, tomo un bolso de género y se marchó, dejándolo completamente solo en una pequeña cocina.

– Así que la comida está ahí – Susurró Luffy, caminando tranquilamente hacia el frízer, pero recordó las palabras de la chica y se sintió algo mal por ver un cerro de losa sin lavar, así que se puso manos a la obra y lavó todo lo mejor que pudo. Lavar los trastes sería algo así como el pago por tomar la mayoría de la comida, así que una vez que tenía todo listo y había llenado su panza, se marchó sin decir nada.

– Por fin llegué, ¿Ya lavaste todo…? – Preguntó la chica entrando animadamente en la cocina, pero no había nadie.

– Hmm… Ya no sé qué más hacer… Creo que me iré a casa, de seguro a Nami ya se le pasó el enojo con no sé quién – Se dijo mirando el cielo que ya se había oscurecido. Estaba haciendo mucho frío, la gente se apresuraba a irse a sus casas, pero Luffy no recordaba por dónde era que tenía que ir, y su nariz no percibía ningún olor familiar del sector.

– Oh oh… Creo que pediré ayuda…–

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Nami, por su parte, estuvo esperando largo rato a que el ascensor llegara, pero viendo que se demoraba un siglo decidió bajar por las escaleras, de todas formas treinta y dos pisos no eran nada… Trotó alrededor de la zona esperando encontrar a Luffy en algún lugar pero no era así, comenzó a preguntarle a las personas si lo habían visto pero nadie lo reconocía, entro en varios almacenes preguntando por él con la esperanza de por fin encontrarlo, pero nada… Empezó a sentirse aún peor por haberlo dejado salir así sin más y viendo que ya eran casi las once de la noche decidió volver a la suite, en una de esas él ya había regresado.

Tomó el ascensor de forma impaciente, contaba los minutos para llegar hasta el último, su piso, corrió cuando las puertas se abrieron y entró en la suite pero no había nadie y las luces aún estaban apagadas.

– Qué hice… Si le pasa algo yo no sé…– Se decía a sí misma sin encender aún la luz. Caminó hacia los ventanales de la sala de estar a oscuras, admirando la belleza de la ciudad por la noche y preguntándose en cuál de todas esas ajetreadas calles estaría Luffy, con la angustia atorada en la garganta.

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Continuará…

¡YYYYY eso es todo por ahora! Espero les haya gustado y se hayan divertido leyendo~

Como siempre, muchas gracias por leer!

Nos leemos pronto ;)

Bunny D. Loxar