Hola a todos los que se toman un ratito en leer mis cosas, mil gracias a aquellas personas que me dedican unos minutos de su tiempo comentándome, quienes la guardan en favoritos, etcétera.

¿Alguna vez les ha pasado que pretendían que algo fuera corto pero de repente crece solito? Eso me ocurrió con esta historia, prometo que habrá intensidad porque amo este tipo de cosas, mientras adelanto un poquito.

Agradezco a

Ty Pathenopaeus: Agradezco tu apoyo desde el principio, yo siento que no soy buena escribiendo pero prometo mejorar ;)

Mirialia Alden: ¡Muchas gracias! claro que si, esta historia planea ser algo teoricamente corto, espero que la disfrutes.

Guest: Aww ¡Gracias!Prometo mejorar mi escritura y te dedico este capítulo, verdad que Pichit es un sol? es maravilloso.

Lead: ¡Gracias! Ya llegaré a qué tanto Víctor aprovecho su vida para escribir, y quizá eso le ayude con Yuuri porque el pobre se está metiendo en líos sin darse cuenta

Capítulo 4

Yuuri estaba francamente impresionado, Vitya era tan hermoso en el hielo, sonaba un poco raro cuando lo pensaba, pero ese hombre tenía una presencia casi sobrenatural. Su inicio no fue perfecto, titubeó, pero en cuanto el ruso se sintió seguro pudo ejecutar algunos saltos ¿cómo era posible eso?

—Dijiste que quizá no recordarías como hacerlo, eres un mentiroso. —Yuuri fruncía el ceño, una de las cosas que no le gustaban en absoluto es que se burlaran de él.

—No lo soy, no lo había hecho en uno años. —Con una sonrisa hermosa el ruso clavó un doble Axel como si fuera lo más normal en el mundo.

—Si eso fuera verdad no podrías hacer dobles y triples tan fácil. —Yuuri aún no estaba convencido de que no le vieron la cara. Después de unos veinte minutos salieron de la pista, estaban cansados, pero continuaron con la plática.

— Es más común de lo que crees que en Rusia nos enseñen a patinar desde pequeños Yuuri. Quizá solamente me equivoqué de carrera y tengo talento para esto.

—Bueno, ciertamente sabes de tu profesión, algo me dice que eres buen editor.

—No lo sé, lidiar con escritores gruñones es difícil en ocasiones.

El resto de la tarde fue genial, Yuuri jamás se había sentido tan a gusto con alguien antes. Víctor se encontraba en el cielo, ese dulce japonés era adorable, en el fondo también algo gruñón aunque sabía ocultarlo con una capa de buenos modales. Comieron juntos en un restaurante italiano después de que el ruso se volvió insistente en su antojo de pasta, inclusive fueron al cine aunque era algo tarde. El japonés quedó impresionado, allá donde iban el aura de Víctor les abria camino entre las masas como si la gente se detuviera a admirarle por unos segundos.

Paso el tiempo, sin darse cuenta las salidas se hicieron más frecuentes. Por lo general el día de descanso de Yuuri lo pasaba casi por completo con el ruso, cuando sus compromisos en la Universidad o el trabajo les impedían estar juntos entre semana se veían un par de horas o como mínimo se escribían.

A los dos meses de salidas juntos Yuuri se sentía profundamente fascinando, nunca en toda su vida se había conectado así con otra persona o se había sentido más atraído físicamente. Víctor no sabía cómo explicar todo el asunto, su relación con el japonés era por simple diversión en un principio, luego llegó el momento en que todo cambió y se sentía cálido por dentro al esperar con ansia ver al muchacho, hasta soñaba con él.

La relación fue ganando un lugar importante en el día a día de ambos. Víctor se levantaba por la mañana esperando ansioso por saber del japonés y corroborar si podrían verse. Yuuri sonreía más, inclusive en las clases se distraía un poco pensando en el ruso y se sentía en las nubes. Pichit apoyaba con todo lo que podía al par, le agradaba ayudar a "la feliz pareja" esperando que por fin su mejor amigo consiguiera a alguien en su vida.

Un viernes por la tarde la relación de amistad cambió. Eso ocurrió después de que Víctor pasó a recoger a Yuuri después de que terminaron sus clases, por primera vez irían rumbo al departamento del ruso. Todo surgió gracias a la enfática discusión respecto a las posibilidades del japonés de aprender a jugar billar; el chico insistía en que eso, el golf y pescar no eran precisamente actividades que encontrara "estimulantes".

Luego de una larga plática por WhattsApp Víctor invitó a Yuuri a su hogar, se encontraron a las afueras de la Universidad y se dirigieron al rumbo a la casa del ruso, montados en el muy exótico convertible rosa del mayor. Víctor pretendía enseñarle a jugar aprovechando la mesa de billar que poseía.

Al llegar al complejo habitacional el lugar dejó a Yuuri boquiabierto. El edificio era demasiado lujoso, el elevador era increíble, pero el departamento era simplemente asombroso y gigantesco. El japonés sentía que perdía dinero por solo estar en ese lugar, no sería extraño que el ruso hubiese empleado a algún decorador de interiores para arreglar todo de manera tan elegante, sobria y moderna ¿acaso como editor se ganaba tanto? ¿la familia de Vitya sería adinerada?

El japonés fue conducido a un cuarto que tenía un gran mueble con pequeños apartados donde se podía apreciar una pantalla plana, películas, un reproductor de música, etcétera. Igualmente, al fondo de la habitación había una pequeña cantina bien surtida, en medio de la habitación estaba la famosa mesa de billar.

De repente Yuuri recordó las primeras veces que se vio con Víctor, él se ofrecía a pagar todo, luego pareció entender que la idea no le agradaba en absoluto y dejó de sugerirlo. El japonés sabía que quizá le parecía demasiado orgulloso, pero era un rasgo de su personalidad el ser equitativo y justo en esas cosas; sus pensamientos fueron interrumpidos por la suave voz de Víctor.

—Yuuri, te preguntaba si quieres algo de beber, yo me serviré un whisky. —El japonés parpadeó unos segundos procesando todo, el hecho de que Vitya fuese o no rico no debía afectarle, eran amigos, le agradaba y seguía siendo la misma persona.

—¡Oh!¡claro! te acompaño con lo mismo. —La ceja de Víctor se alzó con un gesto de incredulidad.

—¿Estás seguro? En lo que llevo de conocerte jamás te he visto beber. —La mirada de preocupación del ruso lo dejó sin habla, era muy dulce con él.

—No tolero mucho el alcohol, no es como que sea abstemio. —La verdad es que Yuuri sabía que no era buena idea beber dado a su historial de "pérdida de memoria", pero jamás se había puesto especialmente mal por un trago o dos.

—Entonces mejor te doy algo de jugo de naranja. —Yuuri frunció el ceño ofendido.

—¡No soy un niño! —Yuuri se había olvidado que ese hombre podía parecerle el más bello que había visto, pero también era el más desesperante, su resuelta honestidad le sacaba de su zona de confort.

—¡Está bien! toma —le dijo Víctor pasándole un trago luego de servirlo —elige querido Yuuri ¿rayadas o lisas?

—Rayadas

La mesa de billar era de fieltro azul y caoba, parecía que fue hecha bajo pedido; las que Yuuri recordaba eran verdes en madera sencilla, de verdad que el lugar completo era un derroche. Todo el asunto y el lujo rodeando a Vitya hacía que se pareciera tanto a Víctor, sobre todo porque actos tan simples como que el japonés le comprara un algodón de azúcar al pasear le hacían muy feliz... El ruso pasó un rato más explicando de nueva cuenta el objetivo del juego, parecía fácil.

Cuando decidieron concentrarse en jugar resultó que el japonés lo encontró hasta divertido. Al principio era pésimo, pasaron cosas graciosas como que al no golpear la bola blanca en el centro sino muy abajo terminaba saltando en la mesa como si fuera un conejo, en otras ocasiones el impulso era tan fuerte que incluso la bola blanca terminaba ahogándose en sus tiros exitosos. Solo una vez solicitó la ayuda al ruso, cuando para lograr lo que quería debía impulsar el taco en una trayectoria especialmente difícil.

—Vitya ¿cómo debería golpear aquí? creo que me atasqué. —La dedicación de Yuuri por aprender correctamente las cosas era adorable, se concentraba en las bolas de billar con una constancia encantadora. Tenía poco de conocerle, pero estaba seguro que a cualquier cosa que le gustara se entregaba en cuerpo y alma, Víctor estaba fascinado.

—Claro que no, mira. —Víctor se colocó detrás de él, tomando sus muñecas dirigiendo el tiro de manera exitosa.

Lo que ninguno de los dos esperaba era que la cercanía inocente de ese momento les afectara tanto. Ambos eran conscientes de la atracción que experimentaban por el otro, pero nunca se habían tocado mucho. Las manos del ruso eran tan cálidas, la espada de Yuuri estaba pegada al pecho contrario percibiendo la fuerza de ese cuerpo, el aroma de Víctor mezclado con una colonia costosa que no supo identificar con notas de madera y cítricos le encantaba, se sentía maravilloso.

Por su parte el ruso sentía a Yuuri temblar ligeramente a su toque, sabía que los japoneses eran reservados por naturaleza, pero este tipo de estremecimiento era tan sexy. La cercanía y temperatura del menor era tan sublime, su piel era tan fragante pese a no usar ningún perfume. El japonés olía a hierbabuena y Víctor tuvo que contener el impulso de hundir la nariz en el cuello de su invitado, también deseaba pegarlo todo lo posible a él.

Pasaron algunos segundos así, sin intentar despegarse uno del otro. Cuando Yuuri volteó ruborizado para mirar al ruso a los ojos vio una emoción indescifrable en ellos. Los labios de ambos se aproximaron y se tocaron de manera suave, como los aleteos de mariposa sobre una flor, el contacto duró unos segundos y se separaron.

Yuuri aún ruborizado intentó hablar, pero fue sorprendido de nueva cuenta por un asalto, esta vez más demandante. El japonés se dejó llevar por todo y le permitió al mayor explorar su boca, nunca se sintió mejor en la vida. Un calor nacido en su rostro descendió por su pecho y se asentó en su estómago, no pudo ahogar un gemido suave en el beso.

Víctor se sentía superado por la situación, se estaba comportando como un adolescente enfermo de amor. Giró del todo a Yuuri, retiró el taco de sus manos y lo tomó por la cintura pegándolo a su cuerpo. El japonés colocó los brazos sobre el cuello del mayor y hundió las manos en su cabellera, definitivamente el ruso no dejaba de sorprenderse de lo bien que se sentía todo, de lo correcto que parecía.

La lengua de Yuuri participaba del beso, pero de manera tímida, eso calentó a Víctor a niveles insospechados, ese chico era adorable. Poco a poco la intensidad subió por parte de ambos, aprovechando que el japonés estaba tan concentrado en lo que hacían el mayor lo elevó tomándolo de la cadera y lo sentó sobre la mesa de billar, se colocó entre sus piernas notando como ambos estaban excitados y reanudó el contacto entre sus bocas.

Para Víctor no era suficiente, las tímidas manos de Yuuri deslizándose sobre su pecho lo enloquecían. El ruso detuvo un momento el beso y observó su obra, el muchacho estaba sonrojado, agitado, con una erección notoria entre sus piernas. Sin pesarlo mucho el mayor empujó con el taco las bolas de billar dispersándolas, incluso tiró algunas de la mesa, luego recostó al menor y hundió la boca en el delicioso cuello del japonés mientras colaba las manos bajo la camiseta que llevaba para acariciarle de manera insistente.

El ruso estaba en la gloria, los temblores de Yuuri bajo su toque lo enardecían, habría continuado en ello, le habría hecho el amor en esa mesa de billar de no ser porque el muchacho le detuvo.

—Vi- Vitya, por favor…¡de- detente! —Víctor se detuvo, no quería, creía que era posible, pero lo hizo. Observó a Yuuri, seguía igual de tentador y hermoso recostado sobre la mesa de fieltro azul.

—Lo siento Yuuri, lamento haberte asustado. —La respiración de ambos estaba acelerada y seguían excitados, el ruso se incorporó ayudando al japonés a hacer lo mismo.

—No es eso. —Yuuri evitaba mirarlo a los ojos, parecía tímido cuando hace unos segundos había respondido tan bien a sus caricias, eso preocupó al mayor.

—¿Entonces no te gusto de esta manera? Tú me gustas mucho. —Esas palabras fueron dichas con toda la vulnerabilidad y ternura que existían en el alma de Víctor, desnudando su sentir con ello, como hacía años que no ocurría.

—También me gustas de esta manera Vitya. —Las manos de Yuuri acariciaron de manera tímida el rostro del ruso al pronunciar esas palabras.

—Es bueno saberlo Yuuri, ¿entonces quieres ir más despacio? ¿te gustaría iniciar algo conmigo?

—Yo nunca he salido con un chico… Pero tú de verdad me gustas Vitya, quiero iniciar algo contigo.

—Me alegro tanto, entonces ¿me detuviste porque no lo has hecho con un hombre? —De nuevo esa franqueza que resultaba estresante para el japonés. Sí, estuvieron a punto de tener sexo. Sí, a Yuuri le encantó sentirse así de perdido por el momento, jamás lo había conseguido con alguien ¿Por qué tenía que preguntar cosas tan bochornosas?

—No lo he hecho con nadie, nunca me había sentido así. —Confesar cosas tan embarazosas para Yuuri era de lo peor, casi esperaba la misma reacción que tenían todos cuando expresaba eso en voz alta, un montón de risas. Eso no ocurrió, la mirada incrédula del ruso seguida por una sonrisa dulce y comprensiva le dio repelús.

—Entonces querido Yuuri, debes enamorarte primero de mí. —La aseveración del mayor provocó que el japonés se sonrojara hasta la raíz del pelo y recibiera un casto beso en la frente, de verdad deseó que la tierra se lo tragara, gracias al cielo la calentura de ambos había bajado.

—Comienzo a arrepentirme de esto. —El japonés sentía tal bochorno que quería huir y esconderse.

—No deberías ¿te parece si te preparo una cena para mañana? Soy un buen cocinero. —Víctor trataba de aliviar la tensión de momento, lo dijo con una sonrisa encantadora que derretiría glaciares.

—¿Intentas seducirme como a una chica? —Yuuri había captado la necesidad de reír de la situación tan extraña y se unió a la comicidad.

—¡Por supuesto que no! Si solo intentara seducirte te habría ignorado hace unos minutos y te habría comido entero. —El ruso sonrió de nueva cuenta, de manera aún más sexy, Yuuri pensó que si se lo proponía podía causarle un paro cardíaco.

Si intentas enamorarme deberías hablarme de libros ¿me mostrarás los que tienes? —El japonés no podía dejarlo así, decidió pensar en una respuesta ingeniosa y fue lo que mejor se le ocurrió. Víctor rió de buena gana de manera jovial y abrazó a Yuuri arrastrándolo de nuevo a la mesa de billar, recostándose ambos en ella, esta vez el menor sobre él.

—Me gustas mucho, eres uno en un millón ¿verdad querido Yuuri? ¡Me encantará mostrarte mi colección de libros!