Bendición en campo de guerra, niñez olvidada
I
La lluvia azotaba aquella ciudad en ruinas. Una niña estaba corriendo, trataba de esquivar cada charco que veía para hacer el menor suido posible. En cada esquina o lapida de cemento, observaba con cuidado para ver si no había nadie alrededor que la pudiera atrapar.
Los rojos… así les decía ella. Siempre estaban con unos pesados trajes color rojo quemado, cubriendo sus rostros con máscaras como si estuvieran lidiando con una peste. Ella no entendía muy bien que pasaba. El lugar en el que nació estuvo así desde el principio. En todo lo que llevaba de su corta vida nunca había tratado con alguien de su edad, era como si los niños se los hubieran llevado a la tierra de nunca jamás, como en aquel cuento que la abuela Tsunade le contaba.
Al llegar a una esquina, miró repetidas veces a los lados, fijó su objetivo lo cual era una montaña de escombros y echó a correr hacia ella tirándose al suelo al final para abrir una pequeña compuerta que estaba oculta. Estaba oscuro pero ella conocía perfectamente el lugar. Después de todo, ella había crecido en ese lugar y se lo conocía como la palma de su mano.
Siguiendo su camino a hurtadillas, pegó su mano izquierda a la pared para mitigar todo el ruido posible, pero no sirvió de nada.
– ¡Megumi! – Gritó una mujer y la niña pegó un gritito – ¿en dónde demonios te has metido?
–Yo… – la niña murmuró bajo para sí misma, volteó y vio a Tsunade que estaba cruzada de brazos – salí a ver la lluvia – una risita nerviosa acompañó su claro rostro, aun así, Tsunade no quitaba su enojo. – Lo siento.
–Te lo he dicho muchas veces, – dio un suspiro, se acercó a la niña y le dio un golpe en la cabeza – no debes salir, si te atrapan jamás regresaras aquí.
–Ya sé – la niña hizo un puchero – pero es aburrido permanecer adentro todo el tiempo, quiero jugar, correr, ver a otros niños.
–Sabes bien que no hay otros niños salvo tú.
La niña cabizbaja se acercó a Tsunade y le abrazó las piernas, la señora de ojos chocolate y cabello rubio consoló a la pequeña niña. Le pasó sus dedos por el sedoso cabello negro, se agachó a la altura de Megumi y vio sus ojos verde oscuro.
–Te prometo que esta pesadilla no durara mucho.
–Creo que eso me lo vienes diciendo desde que tengo uso de razón – Megumi desvió la mirada e infló sus cachetes.
–Hay gente que hace lo imposible para que los pocos que quedamos aquí tengamos una vida mejor, además, tienes que hacer también tu parte.
– ¡Sí!
Se adentraron al lugar, en el suelo había cables de distintos calibres de color negro, entraban y salían a diferentes habitaciones de las que iban pasando. Por el pasillo que cruzaban, la luz estaba intermitente y se escuchaba a menudo un goteo. Tsunade se colocó frente a una pared y en la esquina inferior derecha había una lámina vieja que al levantarla la pared se abrió por un lado y pasaron por ella. Dentro daba un lugar más iluminado y más colorido, parecía una casa de una familia normal.
– ¿No quieres antes algo de comer? – Preguntó Tsunade a la niña – hay estofado.
–Lo comeré después de terminar mi tarea.
Pasaron una sala comedor, un pasillo, tres habitaciones y después entraron a un cuarto que al prender la luz estaba lleno de computadoras y toda una sala de operación de lo más equipado.
–Bien pequeña bribona – le colocó la mano en la cabeza cuando Megumi se sentó frente a una computadora y se puso unos lentes de armazón grueso color negro – es hora de hacer el trabajo.
– ¡Sí!
Tenía escasos seis años y ya era toda una gran hacker. Ella se encargaba de infiltrarse en el sistema de operaciones de la sociedad de los "rojos". Trataba fervientemente entrar a su sistema y descubrir que era lo que planeaban, por qué habían comenzado todo aquello, donde estaban las personas secuestradas y que hacían con ellas. Llevaba intentando eso desde que decidió saber dónde estaban sus padres. O peor aún, si estaban con vida.
Estaba preocupada, el pavor la invadía por conocer la verdad y más porque aún era una niña que no podía hacer mucho pero ella tenía el sueño de ver a sus padres y ser una familia feliz.
ACCESO DENEGADO.
La pantalla siempre botaba ese mensaje. La frustración aparecía pero siempre lo volvía a intentar. Tsunade la miraba a la distancia y alababa su esfuerzo y su perspicacia. Era sólo una niña y llegaba más lejos que cualquiera. Seguramente había sacado eso de sus padres.
Lo recuerda muy bien, ese día habían golpeado fuerte a su puerta. En esa época se escuchaba que miles de personas estaban desaparecidas y el pánico en el país se hizo claro cuando los ciudadanos comenzaron a retirarse a buscar refugio en otras naciones. Ella había decidió quedarse, después de todo, ella no tenía muchas opciones, no tenía familia y sus pocos conocidos había huido o le había tocado la misma suerte que los desaparecidos. Se había dado por vencida, se decía mil veces que una vieja como ella no valía la pena y prefería esperar su muerte en su hogar. Viviendo con el miedo a todo.
Cuando abrió la puerta fue grande su sorpresa. Un hombre llevaba cargando un bulto; aquel sujeto lucia desesperado, tenía sudor por todo el rostro y estaba agitado.
–Por favor, se lo ruego – extendió aquel bulto y descubrió que era un bebe – cuide de Megumi.
No, era lo que quería decir. Váyase, era lo que su cabeza ordenaba mientras se agazapaba a la puerta pero escuchó la sonrisa juguetona de la niña.
–Su madre ha sido llevada por ellos, por favor cuídela, sáquela de aquí – rogó desesperado el joven pelirojo.
–Usted… – fue lo único que salió de su boca.
–Tuve que escapar para sacarla, ella no puede tener el mismo destino, se lo ruego cuide de ella.
Se la entregó y cuando Tsunade la sostuvo en sus brazos el hombre huyo corriendo del lugar. ¿Qué iba a ser con una niña? ¿A dónde huiría? Ella, ella no podía, si algo le pasaba a ella el futuro de la niña estaría aún más oscuro.
Cerró la puerta de la entrada y corrió a su habitación, dejó a la niña en cama y esta sólo se limitó a reír. Tsunade la miró. ¿Por qué a ella? Seguro aquel hombre era su padre y la sacó en cuanto tuvo la oportunidad, pero lo más lógico hubiera sido que él escapara con la niña si la madre ya estaba en garras de ellos.
Le dio mucha vuelta al asunto y las respuestas no llegaban. La niña comenzó a moverse en exceso hasta quedar destapada de la ligera y diminuta manta. Estaba únicamente en pañales y en uno de sus brazos tenía un brazalete de plástico que decía "Espécimen 00".
–Esos bastardos planeaban usarla…
El simple hecho de pensar que estarían usándola la hizo estremecer y cargar a la niña.
–Muy bien pequeña bodoque – la niña la miró y le dio una sonrisa – no sé de dónde voy a sacar la fuerza pero te voy a proteger hasta donde pueda.
Agorafobia.
Tsunade era consiente que tenía que dar lo mejor de sí por Megumi. Cuando empezaron los ataques por parte de la milicia y los valientes ciudadanos comenzaron a defender, la ciudad comenzó su máximo deterioro y ahí fue cuando salió del escondite de su sótano.
Con un profundo miedo, comenzó a deambular por las extintas calles de la ciudad. Comenzaba sudar frio y su respiración se hacía entre cortada, de vez en cuando se detenía en las paredes para recobrar el aliento y mirar a Megumi quien la miraba atenta.
La chiquilla resultó ser tranquila, le calculaba unos 5 meses pero no lloraba para nada, no era como cualquier bebe que se veía antes, aquellos chillones berrinchudos que daban ganas de ahorcarlos. Megumi era tranquila y cuando quería alimento o un simple cambio de pañal, miraba a Tsunade intensamente con sus ojos esmeralda. Al menos esa parte la tenía fácil, si no, seguramente hubiera llorado con ella por el pánico que le produciría.
Siguió caminando, escuchaba sus pasos y sentía una presión en la cabeza que creería le iba a estallar. Pronto llegó a lo que antes era una pequeña clínica. Se armó de valor y decidió entrar. La puerta de cristal estaba en su mayoría rota, en el piso había mucho polvo y había un sinfín de cosas tiradas. Entre más observaba sus temblores se hicieron presente. Entró por un pasillo y vio una camilla, dejó a Megumi en ella y Tsunade se sostuvo en la pared.
–Ahora no, por favor…
Trataba de recobrar el aliento pero era inútil, sentía una fuerte presión en el pecho y la cabeza le daba vueltas. Entre sus males escucho a Megumi llorar.
–No creas que tus lloriqueos me harán bien – como pudo se dirigió a Megumi, cuando la bebe la miró detuvo su llanto de forma abrupta y comenzó a reír – ¿te estas burlando de mí? – Cargó a Megumi y le acarició el rostro – no sé por qué te voy a decir esto pero gracias.
Siguió su curso observando con detenimiento el lugar. Vio una puerta que conducía a un túnel, siguió por ese camino y una luz tenue. A ese punto, Tsunade no sabía si seguir o regresar pero de algún modo, su curiosidad la impulsó a mirar. Vio unas cuantas personas, tenían armas, comida y medicamentos. Estuvo a punto de dar la vuelta, pues no estaba muy segura si era ellos de fiar, pero la pequeña comenzó emitir ruiditos y eso alertó a las personas.
– ¿Quién anda ahí? – El sonido del seguro de una arma se escuchó y Tsunade comenzó a temblar de nuevo – ¡Salga o disparo!
Tsunade cayó al suelo temblando cubriendo a Megumi con sus escasas fuerzas.
–Espera – se escuchó la voz de otro hombre
Se escucharon pisadas aproximarse hacia ellas y Tsunade continuó sostenido a Megumi mientras comenzaba a llorar.
–Descuida, no te haremos nada – el hombre se agachó a su altura y le tocó el hombro, de forma instintiva Tsunade trato de apartarse
–Yo lo siento – gimoteó sin ver bien a la persona que tenía en frente.
– ¿Tsunade?
Bueno, después de mil años, he vuelto con un capi más.
Como verán, esta es la primera parte de un capitulo "enorme" espero les haya gustado, Muchas gracias por los reviews, fav y también por darle like a mi FB ( )
Espero verlos pronto en otro capitulo!
Mata ne! n_n/
