Puede que fuera cobarde pero decidió desaparecer los pocos días que quedaban de vacaciones de verano, no contestó los mensajes de nadie (Eso incluía a Shaoran y sabía que estaba preocupado) excepto de Tomoyo.
Tôya notaba el cambio en su hermana y estuvo más pesado de lo normal con su hermana, Yukito observaba las peleas entre hermanos con una sonrisa tierna en la boca, porque entendía perfectamente lo que sentía su novio. Una de esas noches, la anterior a la vuelta a clase, Tôya había molestado a Sakura recordándole que seguramente se le habría olvidado hacer la tarea asignada, pero ella argumentó que ya los había hecho con Li Shaoran, después de eso se había sonrojado y había ido a lavar los platos.
— Eres muy duro con ella – Dijo tiernamente Yukito mientras tomaban té en la sala de estar.
— No lo soy. – dijo molesto.
— Solo estás enfadado porque Sakura-chan ha comprendido sus sentimientos.
— ¿Y de quién es la culpa? – dijo juguetón pellizcando la mejilla de su novio.
— Sabes que lo habría descubierto tarde o temprano. – dijo sonriendo.
— Lo sé, pero esperaba que fuera tarde. – dijo con algo de melancolía.
— Sé que en el fondo te alegras por ella. – Yukito entendía mejor que nadie a Tôya.
— Claro que no – dijo el moreno indignado – ahora tendré que soportar a ese mocoso rondando a mi hermana. – miró hacia Sakura serio. – pero supongo que entre todas las personas del planeta el mocoso es el menos malo para mi hermana.
— Viniendo de ti es una bendición para la relación – dijo Yukito mientras pasaba un brazo por el cuello de Tôya.
— Eh, aún no te he perdonado por mal aconsejar a mu hermana. – dijo Tôya. Pero fue el mismo quien acortó la distancia y lo besó.
Era verdad que Tôya opinaba que su hermana era demasiado joven para todo aquello, pero también era verdad que Kinomoto Sakura no había sido una niña ordinaria, había sido la elegida para capturar las cartas Clow y más tarde convertirlas en cartas Sakura con tan solo 11 años. Y no podía negar, por mucho que quisiera, que lo que veía entre aquellos dos niños era algo puro y fuerte, daba igual si convencía a su hermana de que era demasiado joven para tener una relación, sabía que los sentimientos entre ambos no cambiarían y sería solo una forma de aplazar lo evidente. Además, confiaba en su hermana, y, aunque odiara admitirlo, confiaba en el mocoso.
Aquellos tres días habían sido toda una revelación para Sakura, ahora que había entendido sus sentimientos todo empezaba a tener sentido. Recordaba lo mal que lo pasó cuando Shaoran estuvo a punto de volver a casa después de que los incidentes con Eriol terminaran, fue muy feliz cuando su amigo le comunicó que se quedaría. En sexto de primaria su clase debía representar una obra para el festival escolar, los chicos eligieron a Shaoran como príncipe y Sakura comentó a Tomoyo que sería divertido ser la princesa si Shaoran era el otro protagonista, su amiga no tardó ni un solo segundo en convencer a todas las chicas de elegir a Sakura como la princesa.
Fue un mes muy divertido, ambos se quedaban después de clase a ensayar, le sorprendió lo difícil que le resultaba a Shaoran aprenderse el diálogo viendo lo inteligente que era. Era muy divertido ver a Shaoran frustrarse y soltar frases en chino, que según su amigo nunca le explicaría el significado para proteger su integridad, y lo que más le gustaba de todo era que ella y solo ella era la testigo de aquellos momentos, nadie más. Le gustaba ser la única persona ante la que Shaoran pudiera mostrarse como era.
También hubo algunos chocolates de San Valentín a los que olvidó especificar que eran chocolates de amistad y debía aceptar que el chocolate de Shaoran siempre era diferente al resto, sabía cuánto le gustaba a su amigo el dulce. Tampoco había que olvidar las visitas de año nuevo a casa de su amigo cuando volvía de Hong Kong, siempre vestida con kimono y siempre con el obsequio que no había podido darle en navidad, desde que tejió para él el yukata había tomado la costumbre de regalarle algo hecho a mano. Miles de detalles que durante aquellos años habían parecido casuales y amistosos pero que ahora, desde una nueva óptica, estaban cargados de significado. ¿Cómo podía haber estado tan ciega?
Recibió una llamada de Tomoyo la noche antes de volver a clase, le proponía verse antes de entrar a clase y así poder ponerse al día, no pudo estar más de acuerdo. Si había alguien que pudiera ayudarla era su mejor amiga.
Apenas pudo dormir la noche antes, al día siguiente debía enfrentar a su amigo y no tenía ni la más remota idea de lo que hacer o decir. No le costó nada levantarse una hora antes y fue corriendo al punto de encuentro antes de lo esperado. Le estaba sentado bien el aire estival, el sol aun no calentaba el exceso y la suave brisa la ayudaba a calmarse. Saludó efusivamente a su amiga y fueron a sentarse a uno de los bancos del parque pingüino, Tomoyo le habló sobre las maravillosas vacaciones con su madre, pero parecía tener prisa por abordar otro tema.
— ¿Ha pasado algo interesante estos días? – preguntó perspicaz Tomoyo.
— ¡Hoe! – Sakura se sonrojó hasta la raíz del pelo. ¿Por dónde empezar?
Tomoyo había recibido un mensaje la tarde antes de Li, preguntándole disimuladamente si había tenido noticias de Sakura los últimos días. Aquello prometía algo jugoso.
— Por esa reacción parece que sí.
— No… Sí… Verás… ¡Agh! – aún le daba vergüenza decir aquello en voz alta. – Creo… Creo que me gusta Shaoran-kun.
— Tomoyo estalló en vítores y abrazó a su amiga con júbilo.
— ¡Estoy tan feliz! ¡Podré grabaros y hacer un montaje que emitiré en exclusiva en la boda! Hablando de boda, ¡Llevo años queriendo enseñarte el diseño de tu vestido! ¿Vendrás a mi casa a verlos? – Tomoyo estaba demasiado excitada.
— ¿Boda? ¿Vestidos? – Parecía mareada. Tomoyo se apiadó de ella.
— Me alegro mucho que hayas descubierto tus sentimientos, estoy segura de que vais a ser muy felices. – aquello entristeció a Sakura.
— ¿Qué pasa si él no me corresponde? ¿Y si me corresponde pero estoy tan nerviosa que ni siquiera podemos hablar y no funciona? ¿Qué pasa si tiene que volver a Hong Kong?
— Sakura-chan, creo que estás pensando demasiado.
— Pero puede pasar. – dijo agobiada.
— Cuando te declaraste a Tsukishiro-san y te rechazó pudiste seguir a delante y sigue siendo un gran amigo.
— No estoy segura de poder hacer lo mismo con Shaoran-kun… quizá solo me haya confundido. – dijo apenada.
— Yo creo que lo que sientes por Li-kun es mucho más profundo que lo que sentías por Tsukishiro-san, por eso estás tan asustada. – cogió a su amiga de las manos. – pero no deberías estarlo, porque tú y Li-kun siempre encontráis la forma de hacerlo funcionar. Siempre lo habréis hecho.
— ¿Tú crees? – dijo esperanzada.
— Estoy segura.
— Aún ni siquiera sé lo que siente Shaoran-kun.
— Solo hay una forma de averiguarlo – dijo Tomoyo divertida.
Shaoran esperaba en la puerta de la escuela, en las últimas noches apenas había podido dormir, ¿Qué había hecho mal? Quizá Daidouji estaba equivocada y Sakura lo evitaba porque no correspondía sus sentimientos. Había intentado contactar con ella de muchas maneras pero no había tenido éxito, por eso uso su última carta al escribir a la mejor amiga de Sakura.
Cuando Sakura vio a Shaoran oteando el horizonte el corazón le dio un vuelco, ahora que entendía que se debía a sus sentimientos por su amigo lo hacía más real. Shaoran se acercó en cuanto la vio.
— Buenos días. – dijo al llegar a su altura.
— Buenos días, Li-kun. Creo que has tenido unas buenas vacaciones – dijo con picardía. El chico la miró confundida y miró hacia Sakura.
— Buenos días.
— Buenos días. – dijo apresuradamente.
— Bueno, dejo que os pongáis al día, tengo que buscar a la profesora del coro. – dijo Tomoyo divertida.
— ¡Espera, Tomoyo! – Pero su amiga ya había entrado dentro del recinto escolar.
— ¿Te importa si te acompaño dentro? – preguntó cauto Shaoran. Sakura asintió.
Costaba imaginar que solo unos días antes esta escena no hubiera supuesto un gran impacto en la vida de Sakura, simplemente habría entrado en la secundaria hablando con su amigo sobre sus vacaciones, nada trascendente. Sin embargo ahora era incapaz de mirar en la misma dirección que su amigo sin sentir que el corazón fuera a parársele, parecía mentira que conociera a Shaoran desde los 10 años.
— Sakura – llamó su atención - ¿He hecho algo malo? ¿Algo que haya podido molestarte? – Llevaba tres días haciéndose esa pregunta.
— ¿Molestarme? No, por supuesto que no. – dijo agitando la cabeza con energía. La primera vez que le hablaba desde el día del cine.
— ¿Estás segura? – dijo intentando leer la respuesta en su expresión.
— Estoy segura. – dijo esquivando su mirada – Mira, ahí está Naoko-chan, te veo luego. – era la primera vez en todo el curso que agradecía no compartir aula con Shaoran.
Corrió al encuentro de su amiga que la saludó con efusividad, Sakura miró hacia atrás y notó como Shaoran la seguía con la mirada, preocupado. Odiaba hacer que los demás se preocuparan por ella, lo odiaba con toda su alma, y lo odiaba más todavía si quien se preocupaba por ella era Li Shaoran. Quería correr hacia él y decirle que todo estaba bien, que por fin había comprendido que estaba enamorada de él, pero no encontraba el valor. No aún. Aún era todo demasiado nuevo.
En uno de los cambios de clase decidió hacer una pregunta que llevaba toda la mañana rondando su mente, si Tomoyo había notado algo en ella seguro que sus otros amigos también lo habían notado, decidió preguntarle a Naoko porque era la más sincera y directa de sus amigas.
— Naoko-chan, ¿Crees que trato a Shaoran-kun de manera diferente? – intentó sonar despreocupada.
— ¿Li-kun? Sí, claro. – dijo como si fuera lo más obvio del mundo. – Toda la escuela cree que sois pareja.
— ¡¿Toda la escuela?! – dijo sonrojada.
— Casi toda, sí. – dijo divertida. – Siempre he pensado que hacéis buena pareja, si quieres mi opinión – lo dijo con una mirada inteligente, queriendo transmitirle su apoyo aunque no hubiera aclarado el motivo de la pregunta.
Shaoran también aprovechó uno de los descansos para abordar a Tomoyo.
— Creo que lo de pasar a la acción no fue una buena idea, solo he conseguido que Sakura me evite. – dijo entre triste y enfadado.
— Yo creo que fue un gran acierto – y no solo porque había sido su idea. – ha surtido el efecto deseado.
— ¿El efecto deseado? ¿Qué Sakura me ignore era el efecto deseado? – dijo incrédulo.
— ¿Recuerdas cuando descubriste que te gustaba Sakura-chan? – preguntó Tomoyo. Shaoran asintió, fue uno de los mejores momentos de su vida hasta ese punto. – digamos que Sakura-chan está pasando por el mismo proceso ahora mismo.
Shaoran no dijo nada durante unos segundos, segundos en los que su cerebro se debatía entre creer y no creer lo que aquellas palabras intentaban transmitirle.
— ¿Quieres decir…? – dejó la frase en el aire, como si fuera mala suerte decirlo en voz alta.
— Quiero decir exactamente lo que quiero decir, Li-kun. – Y se fue dejándolo con la palabra en la boca. Tomoyo no pretendía darles todas las respuestas a aquel par.
La hora del almuerzo fue rara, muy rara. Las chicas hicieron todos lo posible para intentar aligerar el ambiente pero era evidente que algo pasaba. Primero llegaron Sakura, Naoko y Akiho, que compartían aula, y unos minutos más tarde Tomoyo, Chiharu, Yamazaki y Shaoran. Sakura intentó disimular el nerviosismo, Shaoran intentó leer el ambiente pero al no sacar nada en claro decidió sentarse al lado de Yamazaki y Akiho. Sakura sintió el pecho encogerse cuando vio que Shaoran titubeaba y decidía sentarse lo más alejado posible de ella, ¿Estaba enfadado o dolido? No había pasado ni una semana desde que había descubierto sus sentimientos y ya estaba haciéndole daño a Shaoran. ¿No sería lo mejor intentar olvidarse de ellos e intentar volver a la normalidad? Miró a su amigo y se dio cuenta de que la miraba disimuladamente, sus ojos ambarinos repletos de preocupación, el ceño fruncido y los labios crispados. El pecho le dio una sacudida. Era absolutamente imposible prender que aquel sentimiento no existía, era una completa utopía pretender convencer a su corazón de que aquella calidez abrasadora no era real. No ahora que su corazón había palpitado al son de un amor tan puro e intenso. No ahora que todo lo que le pedía cada poro de su piel era que acortara la distancia entre ellos y tomara su mano como había hecho el día del festival.
Agradeció volver a las actividades del club para no tener que encontrarse con Shaoran a la salida. Se sentía estúpida, cobarde, pero feliz a la vez. Quería correr a los brazos de Shaoran y a la vez quería ir corriendo a casa y esconderse entre las sábanas. Daba igual cuantas veces lo pensara, cuantas vueltas le diera, al final la calidez de aquel sentimiento seguía en su pecho, palpitando fuerte con cada pulsación, recordándole en cada bombeo que no podía escapar del hecho de que estaba enamorada de Li Shaoran. Y no quería escapar, quería envolverse en ese sentimiento y empaparse de él, quería recordar una y otra vez la primera vez que su nombre salió de sus labios, la primera vez que cayó dormida en sus brazos, cada momento en que la voz clara y firme de Shaoran la había hecho reaccionar y tomar la decisión acertada, pero sobre todo quería crear más recuerdos.
Shaoran no pudo concentrarse en todo el día, estaba distraído e irritable, hecho que solo parecía divertir a Tomoyo. Si creía en las palabras de Tomoyo significaba que Sakura había aclarado sus sentimientos y que estos le correspondían. Cuando él descubrió los suyos le costaba actuar con normalidad ante Sakura, se sentía nervioso y excitado, se sentía confuso… Pero feliz. Sonrió. Si aquello era real, aunque solo fuera un poco, sería el chico más feliz de Tomoeda. Kinomoto Sakura correspondía sus sentimientos, ¿Había pensamiento más feliz que aquel? Lo dudaba.
Al día siguiente se levantó más temprano que de costumbre, practicó con las espada una hora y se preparó para la escuela, metió con cuidado el paquete que había preparado la noche anterior y salió rumbo a la escuela, arrullado por la tibieza de la mañana estival.
Sakura estaba contenta, muy contenta. Aquella noche había soñado con el día del festival, la vuelta en la noria duraba una eternidad, una eternidad apoyada en el pecho de Shaoran. Parecía estar acostumbrándose a aquel sentimiento, lo había abrazado en toda su plenitud. Aquel sueño había terminado de poner todo en su lugar, había ordenado las piezas y por primera vez desde aquel momento en el cine, amar a Li Shaoran le parecía lo más natural del mundo.
Cuando llegó a la escuela intentó ignorar los nervios y saludarlo con la máxima naturalidad posible, aunque fue incapaz de controlar el leve tartamudeo. Shaoran pareció confuso pero aliviado.
A la hora del almuerzo volvió a sentarse algo alejado de Sakura, pero esta vez solo Tomoyo se interponía entre ellos. La chica había notado el leve cambio en Sakura y no podía estar más feliz. Solo quedaba un pequeño empujón para que aquellos dos estuvieran juntos. Pero no sería ella quien los empujara, su papel allí había terminado, debían ser ellos dos quienes lucharan activamente por sus sentimientos. Shaoran no la decepcionó.
Todos recogieron y fueron preparándose para volver a clase antes de que el timbre sonara, Shaoran interceptó a Sakura antes de que se uniera el grupo. Era ahora o nunca. El paquete que lo había acompañado desde su apartamento seguía en sus manos, dándole algo a lo que sujetarse mientras buscaba el coraje para hacer aquello.
— Sakura, ¿te importa si te robo un minuto? – Dijo sonrojado. Notaba como le temblaban ligeramente las manos.
— Claro. – dijo algo desconcertada.
— Nunca te agradecí debidamente la tarta que me hiciste. – dijo sin poder mirarla directamente. – Acepta esto como muestra de agradecimiento.
Sakura miró el paquete que su amigo le brindaba. Shaoran siempre había sido un chico muy formal, sonrió tímida ante el tierno gesto de su amigo.
— No tenías que haberte molestado, aquella tarta la hice para agradecerte todas las veces que me has ayudado estos últimos años. Pero acepto tu regalo. – Cogió el paquete. No pudo evitar rozar las manos de Shaoran. Estaban húmedas por el sudor.
Abrió la caja y encontró una tarta de huevo en su interior, del tamaño justo para dos personas.
— Vaya, tiene una pinta estupenda, aunque es demasiado grande.
— Pensé que quizás el peluche querría probar un poco – dijo distraído. Sakura rio divertida.
— Estoy segura de que Kero sabrá apreciar el regalo. – Era tan atento, había pensado en su guardián al hacer aquel pastel.
Volvió a cerrar la caja e hizo el amago de avanzar para ir a clase, Shaoran la detuvo.
— ¡Espera! –dijo algo desesperado. Si no lo hacía ahora no volvería a encontrar el valor para hacerlo. – Hay algo más que quiero decirte. – Sakura lo miró esperando que continuara. – Verás… - No le salían las palabras – He oído que este fin de semana va a hacer buen tiempo y el verano está a punto de terminar… - Tenía que ir al grano. - ¿Te apetecería…? Quiero decir, si no tienes nada que hacer claro… - Sakura lo miraba confusa - ¿Te gustaría ir al parque natural a pasar la tarde? – habló tan rápido que Sakura tuvo que hacer un esfuerzo para entenderle.
— ¿Quieres decir con todos? – dijo.
— No… - ya había soltado lo más difícil, solo un último esfuerzo. – solos tú y yo.
Sakura sintió como toda la sangre de su cuerpo viajaba a su rostro. ¿Li Shaoran acababa de invitarla a salir?
— Pero no te sientas presionada, si tienes otros planes o no te apetece no pasa nada… - Sentía como todo el coraje que había acumulado se evaporaba de su cuerpo. Pero llevaba años queriendo preguntar algo como aquello, era hora de que dejara el miedo atrás. Fuera cual fuera la respuesta la oiría por fin.
— ¡Claro que quiero! – dijo más alto de lo que esperaba. Se tapó la boca al darse cuenta de cuanto había levantado la voz. Shaoran estalló en una carcajada, su risa sonó limpia y profunda, esa risa que solo emitía Shaoran en contadas ocasiones, en las cuelas siempre intervenía Sakura. Una risa de genuina alegría.
— El viernes podemos hablar de la hora y el lugar, si te parece bien. – dijo exultante.
— Me parece perfecto.
Solo el timbre rompió la conexión que se había establecido entre ambos, como si ambas miradas fueran atraídas por la fuerza de la gravedad.
