Desamparados: Hōmuresu
Sufrimiento comprendido.
Naruto sintió como una cálida mano le acariciaba la mejilla derecha, y luego ser absorbido por la oscuridad. Instantes después, la luz empezó a chocar contra sus parpados cerrados, y por la constante molestia abrió sus ojos lentamente cubriéndose con sus brazos.
Una vez acostumbrados al ambiente, se enfocó en su entorno. Se encontraba al borde de una cornisa a la mitad de una montaña, lo suficientemente alta para poder notar las condensadas nubes a su alrededor. Abajo suyo podía admirar una caída en picada, de unos cien metros, que terminaba en un gigantesco bosque que parecía rodear toda la zona, solo siendo cruzado por un gran rio. Mientras que para arriba, había una escalada rocosa que parecía cortar el cielo.
Entonces recordó que aquel paisaje ya lo había visto en un sueño, aunque esta vez era diferente. En el cielo se presentaban nubarrones oscuros y relampagueantes, que soltaban miles de millones de gotas sobre el bosque, que trataba a toda voluntad de aferrarse y cubrirse de los fuertes vientos que le azotaban. Pareciendo una triste y genocida guerra, en la que el sombrío cielo disparaba sin tregua a un inocente bosque que se aferraba y desgarraba de la tierra.
El pequeño apretó con su mano derecha su pecho. Podía sentir como el bosque era herido por el viento, y como este luchaba por ¿una esperanza? No lo entendía.
Desvió su vista a los costados, notando un estrecho camino; en ascendencia a la derecha y bajada a la izquierda.
Antes de pensar en recorrer cualquiera de los caminos. Una silueta de su estatura se apareció a su izquierda, como la que conoció en su habitación, era oscura y sin apariencia clara. Esta le tomo de la mano, produciéndole una leve sensación de calor.
—Esta es tu mente, o mejor dicho una pequeña porción… que está conectada a tus emociones, ¿impresionante no? —pregunto la silueta, notando la sorpresa en su contraparte —No entiendes, pero algún día lo harás y te sorprenderás… bien, para que comprendas lo que hay en tu interior o la razón que te diferencia del resto, primero debemos adaptar tu mente… sino los guardianes impedirán el paso, ¿alguna pregunta? —consulto con tranquilidad.
—Etto… —musito rascándose con vergüenza la cabeza.
—Vale, no hay necesidad de que comprendas todo ahora… así que iremos a lo principal del asunto, ¿te parece? —Cuestiono y observo la asentida del niño antes de proseguir —Con tu consciencia e intelecto actual nos costaría mucho abrir todas las puertas… así que iremos por las más relevantes y menos problemáticas —decía para sí, —el prisionero no será rebelado, en apariencia ni nombre… pero su jaula puede ser visitada, es ahí donde nos dirigiremos. Si cumplimos con las paradigmáticas estructuras, se nos irán abriendo las puertas y tu ser crecerá en consecuencia… aunque será difícil y doloroso para ti —advirtió con neutralidad, intensificando el calor que le proporcionaba al pequeño —para que te sea comprensible, yo guiare tus pasos e iluminare el sendero… tu solo continuaras y observaras todo, sin importar lo que suceda no debes dejar de caminar. —indico con seriedad.
—Em… ¿pero no tenía que adaptar mi mente primero? —pregunto el niño, sin llegar a entender nada en absoluto.
La silueta pareció reflexionar durante un corto periodo, haciendo que el vaho que desprendía se hiciera más espeso.
—No tengo mucho tiempo… este cuerpo, esta forma no son producto de mis habilidades y por ende mi control es solo temporal… —comento con serenidad, —la adaptación será rápida si cruzamos una sola puerta… una que tiene la cualidad de anexarse con otras, no con todas pero si con la buscamos. Si logramos pasarla tu comprenderás lo que te diferencia del resto —explico, finalizando con un: —¿Empezamos?
Con la simple y nerviosa asentida del rubio, la sombra soltó su agarre y apoyo sus manos sobre la rocosa pared de la montaña. La vista del pequeño se fascino, al ver la distorsión que se produjo. Una puerta de madera y talla fina se materializo, remplazando lo que antes era firme roca.
—Recuerda: no dejes de caminar, sigue adelante y no mires atrás… sin importar cuanto dolor y miedo te invadan… —comento con serenidad.
La puerta se fue abriendo lentamente, mostrando un dominante espacio blanco destellante que parecía infinito: sin paredes, suelo o techo… simple espacio vacío y vistoso.
Con una asentida el pequeño ingreso, al instante la puerta se cerró. Con nerviosismo empezó a caminar, observando y perdiéndose en el espacio…
Un agujero oscuro se abrió y de su interior descendió el rubio, cayendo y mojándose en el canal inmundo de una alcantarilla. Con rapidez el pequeño se levantó, al sentir el horrible olor que irrumpió en sus fosas nasales. Miro por un momento el lugar donde se encontraba y suspiro.
No sabía cuánto tiempo se había tardado en salir de aquel atormentador lugar, pero estaba sumamente contento de haberlo hecho. Comprendía mísera y levemente el funcionamiento de la post-sala… aunque ahora eso no le importaba, estaba en otro lugar extraño. No creía haberse equivocado de puerta, no, estaba seguro de que era la correcta. Con decisión siguió donde sus sentidos le indicaban.
No tardó mucho en llegar a un imponente callejón sin salida. La oscura alcantarilla terminaba en una sala de gigantescas dimensiones, que era cortada por una increíble reja de no menor tamaño, cuyo centro era remarcado con un trozo de papel, que llevaba subscripto únicamente el kangi: sello.
—Esta es la jaula, la indómita prisión que te aísla del resto… que te vuelve único, entre millones de humanos —comento la enigmática silueta ahora era envuelta por un vaho rojizo, apareciendo frente a las rejas, —aquí, mi presencia se hace mayor… por consecuente puedo tomar más forma —explico el hecho que el pequeño no pregunto pero que sorprendió.
—No entiendo ¿Esta es la razón? ¿Qué es lo hay dentro de ella? ¿Por qué esta en mí? —pregunto desesperado el pequeño, cuyos ojos fulguraban indomables.
Su cuerpo, su alma y su mente se encontraban adoloridos y cansados. El viaje y el recuerdo de su vida pesaban demasiado, y no le permitían pensar con claridad. Aunque de todos modos, de encontrarse bien su comprensión seria la misma. Un niño no poseía tal grado de conocimiento o percepción, y menos alguien tan ajeno a las personas.
—Te hicieron, al nacer, el carcelero de una poderosa existencia… haciéndote inhumano y diferente. Te sacrificaron para poder contenerme, para salvar sus vidas y te olvidaron para condenarte al dolor, a la soledad —relato de forma seseante y venenosa la cantica voz, que se hacía imponente y divina a los oídos del niño —Los guardianes prohíben que te diga más. Mantienen mi lengua y alma dormidas, cualquier mención o pista grande los atraerá… pero ahora, eres consciente de la maldición que te impusieron aquellos que te lastiman, de los que te aíslan por ser lo que de ti hicieron.
El pequeño se arrodillo, su cabeza le palpitaba dolorosamente. Había ingresado en demasía la información en tan corto tiempo, su cuerpo podía tener una regeneración acelerada pero su mente era otra historia.
La silueta se posiciono al lado del pequeño y le abrazo, transmitiéndole el calor que necesitaba para aliviarle el sufrimiento. Sabía que el niño todavía no comprendía nada del asunto, mas allá de algunas unas cuantas e insignificantes cosas, pero eso era justo lo que necesitaba como base.
—Escucha, —menciono la silueta con serena-monotonía, tras haber calmado el afligir del pequeño —yo no te puedo decir más, pero… tú puedes investigar y encontrar las respuestas, tanto afuera como adentro de tu mente. Si estás de acuerdo, yo guiare tus pasos… también puedes hacerte fuerte para evitar ser lastimado ¿Qué dices? —sugirió aumentando el calor que le proporcionaba, al mismo tiempo que el vaho rojizo se hacía más denso.
—D-de acuerdo, dime que tengo que hacer —contesto Naruto con determinación…
Hacía poco más de dos años que había descubierto la jaula que se hallaba en su interior, y desde entonces había empezado entrenar en solitario. Recordaba perfectamente aquel día, en el que su vida dio un giro completo.
Una fresca brisa acaricio el cuerpo, sudado, del pequeño rubio. Sacándolo de sus recuerdos con un leve escalofrío. Haciendo que el niño tiemble ligeramente y abra los ojos, que notificaron como la noche se hacía paso.
Él se encontraba parado sobre la cabeza tallada del cuarto Hokage. Observo a la aldea: Los edificios, las casas y la imponente torre resguardados tras una gran muralla, con todos sus diversos colores iluminados suavemente por cada farol al contraste de la noche. Era una vista que le fascinaba.
Cerro sus grandes orbes azules, para aspirar un poco del puro aire y sentirlo, con mayor intensidad, recorrer su interior. Volvió a abrir sus ojos, ahora enfocándolos en el cielo oscuro. Una mirada penetrante y absorbente, que brillaba sutil a las sombras.
—Pequeño, deberías acostarte temprano hoy… —musito como cual cantico celestial, una melódica y delicada voz.
Sin voltear ni moverse, el rubio niño asintió. Y tras un corto y último vistazo a la aldea, empezó su carrera hacia su departamento. Le tomaría un hora llegar, al estar en el otro extremo pero ese era el único lugar en el que podía entrenar tranquilamente. Sin llamar la atención, a pesar de que siempre la había buscado.
El día siguiente no era uno más, sino el inicio de un nuevo ciclo. Su aventura, el camino a recorrer se daría con el primer paso atento y lento, sin emocionarse demasiado por el afán de conquista sino aficionado por el saber a caminar.
—Kiku… asegúrate de estar despierto —susurro Naruto acelerando sus paso.
Lunes, primer día de la semana y de algunos trabajos… uno que siempre molesta, porque todos somos perezosos tras un corto y relajado descanso. Pero este era uno que se apreciaba anualmente, montones de chicos y padres se ilusionaban con un inicio, con un futuro lleno de gloria y aventuras. La academia ninja abría sus puertas a nuevas promesas, y jóvenes entusiastas se reunían a cumplir sus sueños o legados.
Uzumaki Naruto no era exentó a ello, y por la misma emoción no había conseguido conciliar, plenamente, el sueño. Por lo que no fue extraño que estuviera de camino a la academia mucho antes de que esta abriera.
—La academia abre las puertas a las ocho, pero hoy será a las siete y media para el discurso de bienvenida… —susurraba para sí, el rubio mirando como el cielo se aclaraba lentamente —falta más de media hora. Tiempo suficiente para adormilar las ansias —tras decidirse con una asentida, aspiró y se desalojó del aire consecutivamente en un respirar calmo y profundo.
Un ejercicio útil que su mentor le había enseñado, cuya finalidad era clara. Y este día en particular, requería de toda la serenidad posible con la que pudiera contar, por lo que aquello le venía de maravilla.
Al conseguir su objetivo, termino el camino restante y, al faltar unos cuantos minutos, se dedicó a esperar sentándose en un columpio.
Los primeros en llegar fueron los instructores, que se detuvieron al instante al notar la presencia del solitario chico. No era algo anormal aquella reacción, sino cotidiano. Las miradas frías, acusatorias y furibundas continuaban con su curso, pero ya no cohibían al niño que con el tiempo acostumbro a recibir.
Minutos más tarde, casi la totalidad del alumnado se encontraba escuchando el discurso que brindaba el Hokage a los ingresantes. Uno significativo, cautivante y alentador, como se esperaba de su persona.
Luego de ello, los alumnos fueron guiados a sus respectivos salones y maestros. Una vez ahí, cada quien tomo un asiento, y prosiguieron con las presentaciones. Estas se dieron sorprendentes, ya que muchos eran, ni más ni menos que, los hijos de los más grandes clanes de la aldea. Y quizás los que más revueltos trajeron fueron tres: dos prestigiosos y uno inesperado.
La primera que sorprendió y despertó la curiosidad fue cierta heredera de ojos platinados, que no tomo mucha nota y en tono apenas audible murmuro su nombre. Algo inesperado para la gran mayoría, que conocía a sus familiares Hyuga.
El segundo destaco y conquisto a más de una chica con su sola figura. Otro alumno de gran apellido, y con una estima muy superior por ser el hermano menor de otro prodigio. Uchiha Sasuke se hizo notar con una postura engreída.
El último fue todo un espectáculo, algo inesperado e ridículo. Su nota no puede ser más que relatada:
Este no se había presentado como la mayoría, sino que cuando fue su turno; simplemente se levantó de su lugar y con paso serio se dirigió al frente parándose en el lugar del profesor, irritándolo.
—Soy Uzumaki Naruto, y voy a ser el mejor Hokage —exclamo el niño rubio, con una gran sonrisa.
La mitad de los presentes lo conocía, y no tardaron mucho en largarse a reír a todo pulmón, no pudiendo evitarlo casi la totalidad se contagió. No los podían culpar, el chico rubio no tenía un fuerte aspecto y su vestimenta colorida no hacía más que ridiculizarlo. Pero ahí no terminaba su nota.
—Uzumaki-kun siéntate, y despiértate que parece que todavía estas soñando —dijo el profesor con una media sonrisa.
La burla fue clara, y con las risas el chico se mostró molesto. Antes de volver a su lugar miro al profesor con enojo:
—Seré el Hokage, y tú… te sentaras a ver mi grandeza —con un tono alto comento el rubio, mientras volvía a su lugar apresuradamente. Y se recostaba su cabeza entre sus brazos de forma ofuscada sobre su banco, por lo que nadie pudo apreciar como una leve sonrisa se le formo.
Instantes después, y una vez que el mar de risas se calmó. El profesor tomo asiento con una sonrisa, por la humillación que le había provocado al niño, aunque su expresión cambio al momento que apoyo su trasero. La sonrisa fue borrada y un par de lágrimas descendieron de sus ojos, al tiempo que, como un resorte, se paraba y largaba un sonoro grito, que enmudeció a las masas.
Todos observaban atentos al profesor mascullar un sinfín de palabras inentendibles, sin la menor idea de lo ocurrido.
—Uzumaki, estas castigado… vete al pasillo —ordeno entre dientes un furioso maestro.
—¿eh? ¿Por qué? —pregunto el chico, que se levantó con una expresión de sorprendida inocencia.
—¡Solo vete al pasillo!
Antes de salir el rubio, murmuro tan bajo que solo el profesor llegara a escuchar: —Debería sentarse y relajarse, sensei —para luego cerrar la puerta e imaginarse la mueca de su víctima.
El profesor tendría algunos inconvenientes para sentarse ese día, producto de algunas tachuelas y espinas dejadas en su silla.
Y así fue como Naruto, comenzó con su gran ciclo de estudios, bromas y entrenamientos ninjas. Estas pequeñas artimañas se extendieron hasta la aldea misma, y a quien se burlase o humillase al niño sabría que no tardaría en tener alguna sorpresa.
Los meses pasaron volando. Llevando a los estudiantes y habitantes de la aldea por muchísimos pasajes a lo largo del tiempo, entre bromas pesadas y pequeñas riñas hasta la masacre de los Uchiha.
Aun, a pesar de toda la tensión, el miedo y la desgracia vividos, el tiempo siguió su curso. Sin detenerse al consuelo de unos y a la pasión de otros, solo dejando puntos coloridos en una línea infinita incolora.
Si bien dicho eso, el transcurro en el que avanza disminuyo. Algo común en finales de año, a periodos de exámenes en la academia.
El pequeño veía con desgano el libro de historia, con el que estaban trabajando en la academia. Tenían como deber leer desde la página treinta hasta la treinta y cinco, le aburría estudiar algo que no le interesaba pero no podía dejarlo y desaprobar. Con un suspiro abrió el libro y se dirigió a la página marcada leyendo el título: Yondaime Hokage el héroe. Bajo este había una gran imagen del zorro de nueve colas.
—K-kyübi… —susurro el niño con los ojos bien abiertos… Tras haber completado la lectura.
No tenía dudas, lo que se encontraba en su interior no podía ser otra cosa. Entonces el cuarto le había transformado en el carcelero de tal inmensa criatura, para salvar a la aldea… Ahí resaltaba el significado de aquellas alusiones que los aldeanos le brindaban: demonio, monstro y niño zorro.
—Por esto no me dieron el libro, para que no descubra la verdad —musito con seriedad el pequeño. Sus ojos brillaban con intensidad y entusiasmo, esta era la primera pista y respuesta que a sus enigmas. —Voy a tener que agradecerle a Hinata —menciono como esta le había prestado el libro en secreto, cuando los profesores no se lo dieron.
Fin del Capítulo.
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Notas:
Uh, no tengo escusas por el retraso… solo que en lugares puntuales del fic, me quede con lagunas y explicaciones además de replantearme el curso que tomar.
Por eso pregunto y pido consejos: como parámetros os presento estos
-acelerar la trama (saltear ciertos hechos, que luego colocare como memorias)
-poner más diálogos.
-tamaño de los capítulos (más o menos largos)
Si pueden contestarme estaré muy agradecido, sin quitar crédito a aquellos que me estén siguiendo y espero estar entreteniendo.
Respuestas:
Gothic-hinata: Espero que te haya agradado este cap. Sobre si va a ser un harem, no lose todavía. Me gustaría que dieras tu opinión sobre la pareja más adelante, cuando todos los personajes se hayan presentado… gracias por leer mi fic.
Yuhoelmer: Me alegro que te guste, y gracias por comentar.
Eduardo: Pues, tampoco lo eh visto mucho… de todos modos, espero que te siga interesando el fic.
Sin más, saludos y nos estamos leyendo.
PROXIMO CAPITULO: Trampas y juegos.
