Esa Cara De Tu Alma
Capítulo Tres: Tamaki.
La mañana caía pesada. Había un frío mortal y ella se estaba removiendo inquieta en su cama. Pero claramente estaba más calmada que noches pasadas. ¿Soñaba? No, simplemente tenía sucesos repetidos de su divorcio y de cuando le arrebataron a su nena. Se levantó con su reloj y su cabello hecho una maraña. La cena de anoche fue un fracaso victorioso, sin duda.
Se calzó sus zapatos y se dirigió a la ducha. Su baño duró sólo 15 minutos, en los cuales tuvo la mente en blanco, el agua fría golpeó su cuerpo y la obligó a despabilarse. El jabón le perfumó la piel a jazmines, y el shampoo su cabello a rosas. Por unos instantes pensó en ponerse un traje formal caqui, pero recordó que Kyouya la iba a sacar, de nuevo, a salir. Al parecer no se debían confiar por lo de su padre, debían mostrar que eran una pareja feliz a punto de dar el siguiente gran paso. Suspiró y se vistió con unos pantalones y una blusa de tirantes, arriba se colocó un suéter de lana y se calzó unas botas.
Comenzaba a sacar cosas para hacer su desayuno cuando escuchó el timbre, que le hizo levantar la cabeza de un tirón e hizo que se golpeara contra la mesa. Se quejó un poco al levantarse y caminó hacía el culpable a su desgracia sobándose un posible chichón.
-¿Kyouya? ¿Qué haces aquí? –Preguntó haciéndose a un lado dándole paso, él venía con una caja grande en las manos.
-Pensé que cómo somos novios podría venir en cuanto y cuando se me diera la gana. Te traje un regalo. –Dijo extendiéndole la caja. La recibió con recelo, era peligroso recibir obsequios de Kyouya.
-¿Cuánto me costara? –Preguntó en voz baja, sintió un pequeño temblor en las manos proveniente de la caja. Miró con interrogación a Kyouya quién sólo se encogió de hombros, levantó un poco la tapa. -¡Es un perro! –Exclamó terminando de abrirla. Era un pequeño Cocker negro, tenía unos enormes ojos azul oscuro que la miraban con curiosidad mientras movía el rabo con fuerza.
-Creí que era apropiado que tuvieras uno. ¿Vives sola, no? –Asintió. –Pues qué mejor que un perro que te cuide la casa.
-Gracias, de verdad. –Le sonrió bajando a la perra, después de examinarla dio con que no tenía lo que diferencia al macho. –A Mitsuki le encantan los perros. –Murmuró mirando al pequeño can olfatear todo. Su estómago rugió recordándole su golpe y que no había comido.
-Vamos, te invito a desayunar. –Haruhi entrecerró los ojos.
-¿Qué quieres Kyouya? –La desconfianza afloró por sus labios. Tal vez podría haber cambiado cuanto quisiera, pero el recuerdo del Kyouya joven seguía muy firme y fresco en su memoria, las consecuencias de su amabilidad implicaban costos, a veces, muy altos.
-Me ofendes Haruhi. –Sonrió y la luz resaltó sus ojos a través de las gafas que usaba. El canino ladró luego de corretear un rato, y se le restregó a Kyouya. –Anda, vamos a comer.
Abrió la boca para negarse, pero su estomago renegó volviendo a evidenciar su carencia de nutrientes. –Está bien. –Gruñó avergonzada. Él evitó esbozar una sonrisa, últimamente lo hacía mucho. ¿La razón? Estaba fuera de su entendimiento, pero debía admitir que le gustaba en cierto modo que fuera Haruhi quien lo hiciera sonreír.
-¿A dónde quieres ir?
-A mi oficina. –Dijo segura.
-No, tonta, a comer. –Rió incrédulo de ella. Y aumentó su sonrisa al ver que sus mejillas se tornaban ligeramente más rosas. Masculló entre dientes un "Escoge tú", le asintió en respuesta. –Anda, sube a mi auto y nos vamos ya. ¿Tienes donde dejarla? –Ella negó.
-No tenía necesidad de cuidar de un perro, así que no tengo donde. –Se encogió de hombros.
-¿Tienes listón? Podemos amarrárselo al collar y atarla en tu patio. –Miró a la cachorra que se había echado a sus pies. –No creo que rompa el listón.
-Deja y busco. –Dijo subiendo por las escaleras. Buscó en su habitación algo que se asemejara más o menos a un listón. Por suerte recordó que la última vez que quiso hacer un regalo más o menos decente y compró listón, un metro, además de tela, para un intento de vestido. Fracasó rotundamente. Pero igualmente guardó todo lo que no se echó a perder o que no acabó hecho girones. Tomó todo el listón y bajó corriendo las escaleras. –Toma, aunque dudo mucho que resista.
-Puede que sí, puede que no. –Le contestó agachándose después de tomar el cordón. Comenzó a llamar a la cachorra, que corriendo se acercó y él pudo atajarla suavemente anudándole el listón a su collar. –La amarraré en tu puerta trasera, le dejo un poco de agua y después de que desayunemos le compramos comida. ¿Te parece? –Haruhi asintió observándolo cargar a la pequeña mascota. Se sentó en lo que esperaba, pensó en que no podría encontrar un bol para darle agua, pero minutos más tarde él regresó haciéndole señas para irse.
En el trayecto repasó las imágenes de aquella cena. Le parecía tan confuso en esos momentos que quiso pensar que no fue su imaginación y que el alcohol cumplió parte de su función aturdiéndola. Incluso miró de reojo a Kyouya para ver algo que la hiciera desistir de aquello, pero sólo estaba concentrado en la carretera, además tenía un vestido en su closet cómo de pasarela que le gritaba que sí pasó.
Hizo una promesa silenciosa de rechazar la tercera copa de alcohol que alguien le invitara.
Pensó mejor en otra cosa, sí ya habían pasado la parte que incumbía a Kyouya sólo quedaba la suya… La que encerraba más tiempo, más dificultades. Un paso en falso y era seguro que fracasarían, su matrimonio, por ejemplo, debía ejecutarse. Minoru estaba solo pero aún así tenía a su niña con él, y sí ella la peleaba casada tenía muchas más esperanzas de triunfar. Su corazón se agitó al pensar en el matrimonio. Su primera experiencia no fue miel sobre hojuelas, además Kyouya era diferente… ¡Sólo repetía y repetía un tema que ya sopesó y aceptó!
¿Qué no era su lema "Resignación Ante Todo"? Sin pensárselo mucho hizo una mueca de disgusto mientras miraba por el retrovisor. Soltó un murmullo que más bien fue un gruñido molesto ininteligible.
-¿Te pasa algo? –Le preguntó mirándola de lado, ella se acomodó mejor en su asiento y negó después de un rato.
-No nada es sólo que… -Le sonrió un poco. –No importa.
-Uhm, cuando quieras hablar dilo y ya. –Dijo con seriedad volviendo al camino.
-Es qué… -Dudó mordiéndose los labios. –Tengo algo de, mm, miedo con respecto a lo que sigue. Lo que me compete a mí, aunque creo que es mejor dicho qué, a los dos.
-Je, es comprensible. ¿Tienes miedo a casarte conmigo? –Sonrió burlón y ella bufó mirando por la ventana. –No has tenido una grata experiencia antes, digo, de no ser cierto el divorcio nunca se hubiera efectuado. Recuerda que esto es una farsa, que en realidad no somos nada. Qué en cuanto obtengas lo que buscas se iniciará un divorcio inmediato y cada quién se irá por su lado.
"Cada quién se irá por su lado." Se estremeció con la idea. No quería perder a un amigo, no de nuevo, no a él. Sólo imaginarlo la mareaba, ¿por qué? Por el simple hecho de qué él era el responsable de arreglar su disco. De hacer que nuevas cosas sucedieran, le debía mucho.
-No es eso. –Dijo con la voz ahogada. –Es que, me volviste mi mundo de cabeza. –Gimió casi afligida. No le sorprendió, sólo inspiró profundamente. -¿Dónde iremos?
-A un lugar cerca a las afueras, creo que te gustará. –Dijo y no volvieron a decir. Haruhi comenzó a jugar con un mechón de cabello mientras su mente divagaba sobre cualquier cosa y ninguna en especial.
-Después yo necesito ir a mi oficina. –Soltó luego de un gran rato en silencio. –No puedo dejar de ir, no puedo cargar a Tamao con trabajo. Y en poco tiempo tengo una audiencia con un cliente.
-¿Hay más abogados allí, no? Ellos se pueden hacer cargo, di que estás enferma o… -Ladeó su sonrisa. –Qué estás embarazada.
-¡No! –Soltó causándole gracia a Ootori. –Ellos saben mi postura respecto a más hijos y además está el tema de la boda. –Mojó sus labios antes de continuar. –Eres millonario y podrían pensar que de repente, o de antes, me volví una interesada caza-fortunas. –Frunció el ceño. –Y ambos sabemos que no es así.
-… Sólo en parte, Haruhi. –Le dijo. –Por qué aunque después de que consigas la custodia de tu hija esto acabe, tú trabajarás en mi bufete. Mi precio ya se pagó. –Añadió. Pronto llegaron a un lugar que tenía pinta de cabaña y no de restaurant, él aparcó y bajaron. Entraron y el aroma a café recién hecho los recibió de lleno. También se percibía en el aire la esencia a la canela y ese aroma de pan recién hecho.
La jaló a una mesa cercana a la ventana. Una mesera se les acercó y Kyouya ordenó por ambos. Se sintió de nuevo cómo una adolescente, cómo aquella vez que Kyouya comió su primera hamburguesa con ella, y eso la hizo sonreír vagamente. ¡Qué tiempos tan ajenos parecían hoy día!
Comieron en silencio, más Haruhi. Aunque entre bocado y bocado miraba a Kyouya, no parecía incomodar al moreno, o lo ocultaba muy bien.
Entró entre pasos cortos y veloces. Había olvidado que su ropa era informal y que ella siempre usaba traje para ir al bufete, no una blusa de botones que insinuaba sus curvas ni mucho menos aquel pantalón pegado de mezclilla. Kyouya había sido muy amable al llevarla a su trabajo, y le causó preocupación la pobre perrita que quedó sola en casa, así que le otorgó sus llaves a Kyo para que él se hiciera cargo de lo que pudiera hasta que ella llegase y lo demás era cuento. Aunque para qué mentir, quería hablar con su nena para contarle de su nueva adquisición, de paso hacer que su ex-marido le dejara tenerla un rato.
-¡Señorita Fujioka! –Le saludó Tamao claramente sorprendida. –Qué bueno que abandona los colores térreos. El rojo le sienta bien. –Le dijo con una sonrisa pícara que le formó unas arruguitas alrededor de los ojos.
-Eh… Gracias Tamao. –Apuró avergonzada. - ¿Hay novedades?
-El señor Morimoto llamó. –Frunció los labios con enfado. –Dice que sí eso va a pasar, el no encontrarla, cada que llame mejor buscará una nueva abogada. Qué ni sus más grandes títulos compensan plantarlo al teléfono. –Gruñó, ese hombre no era ni el emperador de China para exigirle nada.
-Mejor, cancele todos mis compromisos respectos a su caso. –Le dijo. La pobre mujer no pudo sino abrir la boca sorprendida.
-¿Está segura? –Ella le asintió, en este caso no soportaría a un mimado. No esa vez, ni en próximas. Tamao le hizo caso con renuencia, pero el tiempo que llevaba con Haruhi le daba más pros por hacer caso a su juicio que a su moral, no por nada era buena en lo que hacía, se recordó.
-¿Algo más? –Susurró más calmada luego de ver borrado de la agenta lo correspondiente a Morimoto.
-Uhm, sí. Ha recibido tres llamadas de un señor que no quiso dejar su nombre. –Comentó. –Y la señorita Mitsuki volvió a llamar, su padre fue quién habló más, dijo que tenía asuntos de los que hablar con usted.
-No tengo de que hablar con él. –Farfulló con indiferencia. –Pero sí tiene que ver con mi hija lo haré. –Miró su puerta y frotó su cuello, le causó algo de resquemor mirarla. Dio unos pasos hacía ella y se volteó. -¿Tamao?
-¿Sí?
-Tómate dos semanas de vacaciones. –Le dijo antes de entrar completamente. Todo seguía igual que hace unos días, eso le dio una sensación extraña. La obligó a pensar en sí estaría haciendo lo mismo de cada día, sí soportaría los caprichos de sus clientes… Sí seguiría resignada a ver y hablar con su hija contadas veces.
Le mareó la sinceridad de su respuesta inmediata: Sí.
-¿Lo comprendes? –Escuchó la voz de su padre. Él no tenía expresión en su rostro, con una mano sostenía aquél aparato sujeto a su oído y miraba a la nada buscando algo lógico que le negara lo que escuchó.
-Sí. –Contestó. Ahogó una exhalación, no comprendía bien que pintaba allí. –Pero, ¿qué es lo que quieres que haga?
-Interferir, nada está concretado.
-No haré nada malo, que te quede claro. –Frunció el ceño comenzando a molestarse. –Menos con él, no con él, ya no más.
-No me decepciones. –Le siseó con formalidad antes de colgar. Apretó sus puños al oír el sonido de la llamada colgada, de impotencia.
-Perdón, Kyouya. –Le susurró a la nada, llamó a otro número. Sintiendo la culpa nacer de su pecho y estancarse allí.
Estaba sentada archivando sus papeles, leyendo los nuevos y creando nuevos memorándum. Anotó algunas cosas de la información que, sus clientes suponían, ayudarían al caso que tenían, cierto era que sólo podían validar argumentos y no era meramente central. Su cabeza comenzaba a doler por pensar en todo el trabajo que aplazó en dos días. Bendito Dios que era organizada.
-¿Haruhi? –Ella se paralizó momentáneamente, esa voz le sonaba conocida. Esa voz era la de…
-¡Tamaki! –Él simplemente sonrió tal y cómo ella recordaba.
El sol comenzaba a salir entre las nubes casi con timidez. Kyouya había regresado a la casa de Haruhi luego de comprar comida para el can y otras cosas que podría necesitar, luego de asegurarse que la cachorra estuviera bien, se dirigió a su oficina. Lo sabía por qué le había dejado una nota en su mesón.
Se sentía extraña, luego de la visita de Tamaki no estaba para nada tranquila. Le había dejado algo perturbada. Además en su memoria tenía fresca la promesa de una tarde juntos, para hablar, también con Kyouya. Igual no se lo esperaba y le descolocó.
Dejó entrar a la pequeña canina. Debería pensar en ponerle nombre… Era negra y tenía sus ojos azules. ¿Darkness? No. Ella no tenía cara de darkness.
-¿Te parece llamarte Yuna? –La pequeña canina ladró moviendo el rabo frenéticamente. Haruhi dejó escapar una sonrisa a la par que acariciaba su cabecita. –Yuna será.
Ahora volviendo a lo de Tamaki… ¿Qué pretendía? ¿Kyouya sabía y no le quiso decir? Pero en dado caso de ser así, ¿qué era lo que sabía Kyouya? Según Tamaki él sabía que estaba en la ciudad. Pero sus motivos debió tener para no decirle nada, no quería permitirse dudar de él, no ahora, no cuando supuestamente empezarían con los planes de boda. Debía confiar más en Kyouya.
Conocía al rubio pero había pasado mucho tiempo desde esos días. La gente cambia, ella misma cambió. Y vaya si no. Con lo de Minoru…
¡Cierto! Tenía que hablar con él. Marcó el número que se sabía al derecho y al revés.
-¿bueno?
-¿Minoru?
-No, soy un alienígena que se apoderó de su casa. –Se burló aquella voz tan conocida para ella.
-Tantos años y sigues siendo un estúpido. –Farfulló con molestia. – ¿Me vas a decir para qué querías hablar conmigo?
-Mitsuki. –Musitó con tranquilidad.
-Dime pues que pasa con ella, ¿se enfermó? ¿Necesita algo? –Preguntó con urgencia.
-No, últimamente ha estado algo deprimida. Al parecer fue el aniversario de los padres de Kanna Higurashi. –Frunció el ceño sin ver a donde iba realmente. –Me comentó que le encantaría tener unos padres juntos y felices cómo los de Kanna.
-Ya. –Susurró aturdida. –Y… ¿A dónde quieres llegar? –Escuchó un resoplido por parte de Minoru.
-Creo que lo mejor para Mitsuki sería que volviéramos a intentarlo…
-¡¿Bromeas?! Lo intentamos Minoru, yo lo intenté. Tú intentaste intentarlo y aún así no funcionó, adoro a mi hija pero tenernos juntos sería peor para ella. –Soltó hablando con rapidez, a Mitsuki le bajaría el sol con la luna y las estrellas, pero volver con Minoru… -Además me voy a casar.
-¿qué? ¿Te vas a casar? –La incredulidad que escuchó de parte de él la hizo fruncir el ceño. –No supiste ser buena esposa, Haruhi, toma de referencia nuestro matrimonio, mi niña.
-No soy tu niña.
-Acéptalo Haruhi, a pesar de todo sigues sintiendo algo por mí. –Sintió la rabia burbujearle en sus venas, apretó los puños sintiendo ganas de colgarle el teléfono. –No creo que quieras condenar a quien quiera que se haya atrevido a proponerte matrimonio. No sería justo para ese pobre diablo, él único que podría estar contigo soy yo. Ya sé a lo que me atengo. ¿Has pensado, demonios, en nuestra hija?
-Claro que lo he hecho. Pero yo necesito rehacer mi vida…
-Tú me amas. –No fue una pregunta, se lo afirmó. Haruhi se quedó callada sintiendo algo removérsele en el estómago y un nudo formándose en su garganta. ¿Qué le podía decir? ¿Qué sí? –Tú silencio habla por ti, mi amor.
-No soy tu amor. –Masculló con dificultad. –No te amo.
-Puedes hacerte tonta a ti misma, pero no a mí, te conozco. Sé que te sigue doliendo nuestro divorcio, que me extrañas.
-No, yo extraño a Mitsuki, a ti no. Nunca a ti.
-Pequeña mentirosa, sé que me quieres… cómo yo te quiero a ti. –Cerró los ojos y colgó. No soportaría más. Ahora recordaba un poco lo frustrando de su matrimonio, Minoru era un egocéntrico de primera, ella no podía sobresalir, no con él.
Minoru la reprimía. Pero en parte era verdad, le quería mucho, incluso tal vez aún sentía algo, aunque prefería aunarlo al hecho de que Mitsuki estaba en sus manos… por el momento.
Su matrimonio no fue el mejor, sus personalidades chocaban cuando debieron chocar y aún así no impidió que tuviera una visión de que todo podría ser más positivo. Qué se podía tapar el sol con un dedo. Simplemente era preferible, más cuando había un pedacito de ambos uniéndolos más, o quizás, separándolos con la misma eficacia. Adoraba a su hija y cómo hubiera deseado poderle haberle dado una familia unida y amorosa. Ella y Mitsuki se tuvieron que acostumbrar a Minoru, más ella. Minoru jamás mostraría la otra cara de la moneda a Mitsuki.
Minoru superficialmente vendía la idea de un hombre seguro, amoroso, seductor y completamente en un cambio continuo y favorable a los que le rodeaban. La otra parte de él, la negativa, era la parte insegura de su pareja, ella, celoso en altos grados, inseguro de su éxito en los campos económico-monetarios que manejaba cómo contador y jefe en administración, alguien que sin duda podría hundir a las personas más cercanas con su pesimismo y esa constante retracción. Una persona que, sin conocerla bien, te podría intimidar y que si conocías siendo tú una persona con hambre de éxito y ganas de triunfar podrías intimidarlo de tal forma que te reprimiría cómo mejor supiera. Un hombre atractivo y embaucador.
Ella misma, cómo muchas otras mujeres antes y después de su matrimonio, se había enamorado de la imagen que él vendía. Desgraciadamente ella con su constante esmero por lograr sus metas lo opacó y con ello logró intimidarlo, lo que conllevó a la larga con el rotundo fracaso de su matrimonio.
Una lengua mojada y caliente sobre su mano la trajo de vuelta al presente. –Yuna. –Murmuró mirando los ojos de la cachorra, que le devolvía la mirada con un brillo curioso.
Minoru nunca quiso tener una mascota, "Demasiada responsabilidad. –Decía. –Con Mitsuki tenemos suficiente"
¡Basta!, se gritó mentalmente, ¡Deja de pensar en Minoru!
Mañana… Mañana saldría con Kyouya y… Con Tamaki.
La simple idea la atemorizaba, ¿qué era lo que pasaría?
-No, simplemente creo que todo esto es… sorpresivo. –Masculló Kyouya apretando con fuerza los puños, poniendo sus nudillos blancos por la tensión de su agarre.
-Podrías cancelar. –Sugirió Tamaki con una sonrisa.
-¿Haruhi está de acuerdo? –El rubio asintió.
-De acuerdo es una afirmación un poco fuera de lugar, está ansiosa. Mi pobre hija debió extrañarme estos años… -Susurró dramáticamente Tamaki, poniendo una mano en su frente. Kyouya ahogó un suspiro de frustración.
-¿Qué tramas? No me da buena espina esto.
-Nada, sólo quiero pasar tiempo con mi yerno y mi hijita adorada. –Dijo con una sonrisa ladeada.
-Después de lo que pasó. –Siseó con un carraspeo. –Creo, y me temo, que no confío mucho en tu palabra. –Su mirada fue dura y le dolió a su amigo. En parte se lo merecía, él debería aceptar que mejor él que otra persona. –Haruhi me es… útil en estos momentos y sí haces alguna…
-Sé que te sigue doliendo lo que ocurrió Kyouya, pero no deberías aferrarte al pasado. Además Haruhi es mi amiga, cómo lo eres tú, ¿no puedes dejar de lado la hostilidad? –Rogó con cansancio.
-Sabes que mañana no puedo ir, ¿y me pides que no dude de ti? –Sonaba incrédulo, y así era cómo se sentía, además del enfado que comenzaba a quemarle las venas. –No soy estúpido.
-Nunca he dicho que lo seas. –Se apuró a comentar.
-No, pero tampoco ha hecho falta. Sé que algo tramas Suou, y lo descubriré.
-Haruhi no es Hitomi. –Soltó con seriedad. –Haruhi es diferente, es ella misma la que hace la diferencia.
-Igualmente no te importa, que yo recuerde en la escuela tú estabas enamorado de ella.
-… Y tú también. –Contraatacó Tamaki poniéndose recto contra la silla.
-Eso no importa, fue en el pasado. –Se defendió frunciendo el ceño y tensando la mandíbula.
-Lo de Hitomi también es pasado.
-No es igual.
-Sí lo es.
-Será sólo mañana, después si se da otra ocurrencia tuya semejante, yo acompañaré a mi prometida. –Dijo con la mandíbula tensa. Tamaki se dio por satisfecho pues sonrió ampliamente.
-Oh, mi querido Kyouya, nada me gustaría más. –Musitó con un brillo en la mirada. Kyouya sintió un mal presentimiento, algo le decía que no debería dejar que Tamaki estuviera a solas con Haruhi.
Acá reportándome lista para sus tomatazos. ¿Qué tal el capi? ¿Bueno, malo, peor que malo, o bórralo? Jeje, igual sé que merezco un golpe por tardar tanto.
Ya apareció un Host más aparte de Kyouya y con terceras intenciones. ¿Qué trama Tamaki? (Eso se obvió un poquito, jeje) Eso más o menos quedó dicho, pero ¿Quién es Hitomi Kouyama? ¿Qué relación hubo entre Hitomi, Kyouya y Tamaki? Y por cierto, quién habló más de tres veces sin hallar a Haruhi, No Fue Tamaki.
El siguiente capítulo será: ¿Qué me ocultas, Kyouya?
¡Encuesta!: ¿Les gustaría un Omake con la historia de Haruhi y Minoru? (Sería independiente de la historia, aunque no mucho, por supuesto)
Un beso y un abrazo a todas las lindas personas que me dejan sus bellísimos comentarios, me alegran el día ;D. Igual a todas aquellas que se toman la molestia de leer, aunque no comenten. Por cierto, los anónimos pongan su correo donde se pide, porque si no, no tengo a donde responderles el comentario :)
¡FELIZ AÑO NUEVO! (Retrasado pero seguro jaja xD)
