My Dear.

El hechizo de la luna.

Orihime sonrió. Ichigo frunció el ceño. Y él, simplemente sacó su mano derecha de los bolsillos del pantalón, levantándola en un gesto de saludo.

Era la hora de la salida y él la esperaba recargado en la pared frente a la entrada. Orihime corrió a su encuentro e Ichigo iba a seguirla, pero Rukia lo detuvo jalándolo del brazo.

-Hola-dijo ella saludándolo-¿esperaste aquí todo el tiempo?

-no-dijo él volviendo a meter su mano en el bolsillo- di una vuelta por los alrededores. Encontré la cafetería donde trabajas.

-¿de verdad?-ella ensanchó su sonrisa-¿recordaste algo?

Él negó.

-¿iras a tu trabajo?-preguntó el pelinegro levantado la vista, alguien del otro lado de la calle lo miraba ceñudo.

-síp, ¿quieres acompañarme?

Él asintió sin dejar de ver al hombre de cabello naranja que a su vez lo veía furioso.

-mujer-dijo cuando echaron a caminar-¿Quién es él?

-¿quién?

-el chico de cabello naranja.

-Ah es Kurosaki kun, un amigo mío.

-ya.

-o-o-o-

-¡Ah suéltame, Rukia!-dijo Ichigo quitando bruscamente su brazo-¿¡no ves que se va con él!?

-¿y qué?

-¡se supone que él estaba muerto! ¿Qué demonios hace aquí? ¡Él dijo que ya no habría una segunda vez!

-Ichigo- Rukia tragó saliva intentando calmarse y no golpear a su amigo de forma brutal-No creo que debas intervenir. Si él de una u otra forma sigue vivo, es por algo. Quizás la muerte no ha sido suficiente para evitar que ellos dos estén juntos.

-¿pero qué dices?-la miró con la ceja levantada-ahora me vendrás con cursilerías…

-no son cursilerías, lo estás viendo por ti mismo.

-o-o-o-

-¡Hola!

-¡ah Orihime chan, hoy llegas temprano!-dijo su jefe con una sonrisa, que se transformo en un gesto de curiosidad cuando vio al chico de ojos verdes detrás de ella. Con un gesto le dijo a la chica se acercará y le susurró al oído- ¿es tu novio?

La chica se puso roja y negó repetidamente con la cabeza.

-N…no, nada de eso…es, es un amigo.

-ah ¿en serio?-el jefe los miró achicando los ojos con sospechosísmo-¿segura? Hacen buena pareja.

-¡jefe!

-jejeje, bueno, bueno. ¿Cómo te llamas?-le pregunto al muchacho que lo miró confundido como si de pronto le pusieran un acertijo imposible de resolver.

-no lo sé-dijo.

-¿cómo que no?

-Jefe-Orihime intervino y le contó que el muchacho había perdido la memoria y que ella quería ayudarlo, el hombre la escuchó atentamente y luego se dirigió al chico que los miraba en silencio.

-oye muchacho ¿te gustaría trabajar aquí? Tal vez mantenerte ocupado te ayude a recordar.

-me encantaría.

-perfecto, Orihime chan enséñale lo que tiene que hacer.

-Sí, gracias jefe.

-o-o-o-

-o-o-o-o-o-o-

Los días que siguieron se construyeron de una rutina confortable y amable. Todos los días él la acompañaba al colegio, ante las miradas fulminantes de Ichigo, miradas que se repetían a la salida, cuando iba por ella. Se dirigían después a la cafetería donde ambos trabajaban.

La cual sufrió un cambio repentino de fama, y era muy concurrida. Debido a los dos dependientes que la atendían. Una mujer hermosa, de agradable sonrisa, que se convertía en el amor platónico de los asistentes masculinos, y un hombre, elegante y atractivo, que con su actitud estoica atraía al público femenino. Así la cafetería se volvió famosa por sus guapos dependientes.

Cuando el arduo trabajo terminaba, se despedían de su amable jefe y emprendían en camino de regreso a casa con bolsas de pan. El cual cenaban uno al lado del otro, mientras ella hablaba, y él la escuchaba.

-¿sabes?-le dijo ella en una ocasión, él levanto la vista- es un poco complicado no poder llamarte por tu nombre.

-¿qué podemos hacer?-dijo él- si no lo recuerdo.

-¡te inventamos uno!-le sonrió levantando su brazo como si se le ocurriera una grandísima idea.

-¿cómo cual?

-mmm no sé-dijo mordiéndose los labios-¿qué tal Midori?

-es nombre de mujer-reclamó él.

-pero tus ojos son verdes, te queda perfecto.

-para nada, es nombre de mujer, prefiero quedarme sin nombre.

-jejeje pero de verdad quiero llamarte de alguna forma.

Él la miró y en su rostro se dibujo una leve muy leve sonrisa.

-llámame Anata.

-¡¿qué?! Podrían pensar mal.

-tks, entonces… déjame sin nombre. Cuando la encuentre, ella me dirá quién soy.

-cuando la encuentres…¿te refieres a tu novia?-él asintió-¿crees que te este buscando?

-no lo sé, pero sí, al menos eso espero.

Orihime lo miró y le dio un sorbo a su té. Su novia…cuando la encontrará, se marcharía. Y al pensar eso por alguna razón sentía un hueco en su estomago, una angustia que no le gustaba nada.

-¿estás bien?-preguntó él al ver su seriedad.

-sip.

-o-o-o-

-¡nos vemos!

Ichigo bufó, otra vez ella se iba con él.

-quita esa cara-le dijo Tatsuki-das más miedo que el de costumbre.

-tú no entiendes.

-entonces explícame. A mí él me cae muy bien y Orihime desde que lo conoce sonríe más a menudo. Me pregunto si se estará enamorando de él.

-no digas tonterías.

-¿Por qué no? Ya viven juntos.

-¡¿Qué?!-

-¿No lo sabías?-Tatuki se llevó la mano al mentón.

-Esto sí que no se lo perdonó, maldito Ulquiorra- Ichigo comenzó a caminar para perseguirlos, pero fue tacleado por su amiga.

-déjate de tonterías, ahora saldrás con que estás celoso.

-no son celos-dijo ofendido-se trata de la estabilidad emocional de Inoue. Se trata de su vida, si está con él, estará en peligro.

-¿porqué?

-porque… luego te digo-dijo él echando a correr como loco. Tenía que enfrentar a Ulquiorra, tenía que decirle que no podía estar cerca de ella o la lastimaría.

-o-o-o-

Entró corriendo y resoplando. Pero debido al lugar y para no crearle problemas a Orihime, Ichigo se calmó y con paso firme se acercó a él.

-oye-le dijo-sal un momento, necesito hablar contigo.

El muchacho lo miró y luego a Orihime que se encogió de hombros. Lo pensó un segundo y después siguió al pelinaranja.

-te escuchó-dijo cuando la puerta del establecimiento estuvo cerrada.

-¡Quiero que te alejes de Inoue!

-¿Por qué?

-porque debes hacerlo, ella no podrá soportar la carga que tu significas, no de nuevo. Si no te alejas por las buenas…

-¿vienes a amenazarme? ¿Eres su novio? ¿Estás celoso?

-n…no nada de eso.

-entonces, no te entiendo. Escucha, voy a marcharme pronto, pero mientras tanto quiero estar a su lado-dijo dando media vuelta para regresar a su trabajo.

-¿por qué?

-yo también me lo pregunto.

-o-o-o-

-Inoue- Ichigo se paró frente a su pupitre con los brazos cruzados y su clásico ceño-¿quiero preguntarte algo?

-dime Kurosaki kun-le dijo ella esbozando una sonrisa.

-¿por qué estás viviendo con ese tipo?

-ya te lo dije, necesita mi ayuda.

-si necesita ayuda pero no la tuya. Dile que se vaya.

Orihime frunció el ceño por primera vez ante Ichigo, aquellas palabras simples le habían molestado.

-¿por qué tengo que decirle eso?

-por tú bien

-¿por qué por mi bien?

-porque sí.

-Kurosaki kun, discúlpame pero esta vez no puedo escucharte.

-¡Inoue!

-él no se va hasta que así lo quiera.

-Pero, ¿por qué? ¿Por qué quieres que esté a tú lado?

-no lo sé. Quizás la pregunta es ¿por qué no quieres tú que esté a mi lado?

-o-o-o-

La noche llegó y ambos se miraron. Habías charlado hasta que, sin darse cuenta la oscuridad los había cubierto. Él levantó la vista y miró por la ventana, el cielo no tenía ni una sola nube, pero si una Luna enorme y brillante.

-yo tengo un sueño-dijo de pronto y ella lo miró atenta, eran raras las ocasiones en las que él hablaba mucho-estoy en un bosque profundo, en su interior está la persona que amo. Pero nunca le encuentro, corro a través de él y me siento tragado por él. Solo quiero encontrarle…

-lo harás-dijo ella en un susurro, no comprendía el enorme hueco que se formaba en su pecho. Acaso… ¿eran celos?

-pero eso es en mi sueño, y no lo sueño siempre. Curiosamente últimamente no ha aparecido- se inclino sobre la mesa, donde ella estaba acodada- lo que te quiero decir, mujer, es que cuando estoy despierto, cuando estoy contigo, no siento esa necesidad apremiante, ya no quiero buscar nada, porque aun cuando no tengo idea de quién soy. Mi nombre no hace falta, porque me basta tu presencia.

Orihime se sonrojó y desvió la vista hacia la ventana. Y él notó que ese perfil iluminado por la Luna, ya lo conocía.

Quizás, pensó, no tenía que moverme, en ese denso bosque solo tenía que esperar a que las nubes se disiparan a que la luz de la Luna bañara el lugar, y seguramente, justo ahí estaba ella. La mujer que ahora tenía frente a sí.

-¿y si eres tú?-murmuró

-¿eh?- ella lo miró ¿y si fuera ella? ¿Qué, si fuera ella?

Pero él guardo silencio, su ojos verdes miraron los grises de ella, en silencio, bajo la luz plateada de la Luna, se sintieron en un abruma diferente, como en un hechizo. Se hablaron sin palabras. Sus ojos lo decían todo, lo pedían todo.

En algún lugar del mundo, ellos se encontraron. El bosque era un desierto inmenso, arena blanca que se arremolinaba a su alrededor. La Luna en lo alto, y ellos, uno frente al otro.

"…¿me tienes miedo…?" Susurró el viento.

Y un "No…" flotó entre ellos.

-eres tú-dijo él de regreso en la habitación, a centímetros de ella con una mesa como barrera-no necesito buscar a nadie. Siempre has estado aquí.

Ella lo miró. Él hablaba con tanta certeza como si bajo el hechizo de la Luna hubiera encontrado una gran verdad, lo curioso era que ella también había encontrado una certeza, era algo que se removía desde su interior. Algo que brotó como agua clara desde la profundidad de la tierra. Y sonrió con ella en la palma de sus manos.

-aquí estoy-dijo estirando su brazo, alcanzado con sus dedos la mejilla pálida de él- Ulquiorra san.


Hola! Espero que les haya gusta, tengo que agilizar a estos muchachos, para que la historia avance... y también agilizarme yo que ando lenta... y con lo que amo esta pareja no me puedo permitir abandonarlos.

Gracias por su paciencia.

continuara...